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miércoles, 15 de junio de 2016

Queremos que vuelvan, de Miguel Ángel Santamarina


Esta tarde, en el Museo de la Evolución Humana de Burgos, he presentado, junto a Leandro Pérez, la primera novela de Miguel Ángel Santamarina (Burgos, 1972).  Queremos que vuelvan (Círculo Rojo, 2016) es una novela ambientada en la España de 2012 con el mejor pulso de la novela negra que nos descubre un autor con una excelente capacidad para este tipo de narración. No solo está muy bien escrita -cosa que no es habitual en la proliferación de este género en los últimos tiempos- sino que también juega inteligentemente con todos los recursos. La novela parte de la desaparición de Bruno y Mario, dos adolescentes, en la noche del 15 de agosto de 2012 y la investigación periodística para encontrarlos. Javier Redondo, un periodista con una vida desastrosa -se acaba de quedar en el paro, su novia lo ha dejado-, se implica en la investigación de una forma que le hará recorrer un retrato completo de la sociedad española: los sótanos más tenebrosos de una sociedad con la moral destruida y en la que impera la corrupción y la banalización de todas las relaciones. De la lectura de esta novela surge, inevitablemente, la esperanza de que al mal, la corrupción y la banalización del dolor convertido en espectáculo, pueda oponérsele de alguna manera la sinceridad en las emociones y la honestidad, sea esta lo que sea.

Queremos que vuelvan va más allá del relato de la investigación, es una fotografía veraz de España en los inicios de la crisis sistemática que vivimos todavía. En ella quedan reflejados prohombres corruptos sin moral y los entresijos de funcionamiento del sistema, el peso de los medios de comunicación -la decadencia de la prensa escrita y el auge de la televisión basura- y de las redes sociales y una sociedad entera que se ha venido abajo. Leer la novela, aparte de lo atractivo de la intriga principal que se disfruta como lector desde el excelente arranque (una chica joven en una cafetería espera la salida de un autobús hacia otra ciudad sin que sepamos bien los motivos), es presenciar buena parte de lo que somos. Santamarina nos pone ante un espejo en el que no quedamos bien porque nos reconocemos en nuestras flaquezas y, sobre todo, en lo que hemos permitido que se haya convertido nuestra sociedad. Aparte de las influencias, fácilmente reconocibles, de literatura anglosajona, quiero señalar que esta novela me ha llevado a las mejores novelas de Juan Madrid o a Plenilunio (1997), de Antonio Muñoz Molina, primera gran novela española en la que se denunciaba a los programas televisivos que hicieron fortuna gracias a perder todo escrúpulo moral a la hora de manejar el famoso caso de las niñas de Alcácer, al que se hace referencia explícita en la novela de Santamarina.

Todos los personajes tienen encarnadura real, incluso aunque sean fácilmente reconocibles los tópicos propios del género al que pertenece la novela (el investigador -aquí periodista- con una vida desastrosa, el policía que tiene sus propios intereses en el asunto que debe esclarecer, el presentador de televisión falto de escrúpulos, más una decena de secundarios, todos ellos creíbles), El lenguaje es directo y eficaz, los diálogos oportunos y hacen avanzar la acción, que se mantiene siempre en el justo equilibrio entre lo truculento y el relato de los acontecimientos manejados hábilmente por el autor para que la intriga no decaiga. Juega con una estructura que parte los tiempos y los espacios despertando la curiosidad del lector sin que este pierda el hilo de lo narrado. Se salta de Alcorcón -en donde ocurre la desaparición de los personajes- a Burgos, de la focalización de unos a otros y se insertan de vez en cuando pasajes en cursiva que van explicando lo que ocurrió realmente.

Al terminar la novela, el lector tiene la sensación de que todo aquello ha sucedido, no que haya podido suceder. No creo que sea posible mejor definición para esta novela que mide muy bien los tiempos de la intriga, entretiene y provoca una reflexión acertada sobre nuestra sociedad.

Durante la presentación de la novela. De izquierda a derecha: Leandro Pérez, Miguel Ángel Santamarina y Pedro Ojeda

jueves, 21 de mayo de 2015

España en Sefarad de Muñoz Molina, anuncio de La gratitud de Fermín Herrero y noticias de nuestras lecturas.


Escribir España en Sefarad, como he hecho yo en el título, es una redundancia. Sefarad es la forma en la que parte de la comunidad judía reconoce a España. De ahí que los judíos expulsados de Castilla en 1492 se denominen como sefardíes y su idioma -el castellano que hablaban y cuya conservación hasta nuestros días es una extraordinaria aventura cultural-, sefardí. Muñoz Molina titula Sefarad a esta novela de novelas y así se llama el último de sus capítulos o apartados. En el libro, ya lo hemos tratado en estos comentarios semanales, recoge historias de la gran tragedia del siglo XX europeo: el choque de las grandes ideologías totalitarias -fascismo, comunismo pero también capitalismo- con el individuo. Este adquiere condición de víctima de aquellas, como también del tiempo o de la enfermedad.

A lo largo del libro son varias las veces que recoge la historia de los judíos europeos en el siglo XX: desde el mundo opresivo de Kafka hasta el exterminio que decretaron los nazis. Aparecen también los sefardíes, como en la historia del director del Ateneo español de Tánger. No en vano, a pesar de ser una novela que se proyecta hacia la universalidad, la voz narradora es la de un español que teje la historia desde un ejercicio consciente y lúcido de memoria y autobiografía. Por eso, en el último apartado del libro coinciden el título del capítulo y el título de la novela: Sefarad. La memoria le lleva al narrador hacia su infancia y el recuerdo de la judería de Úbeda, cerca de la casa familiar. Y la propia historia se construye desde la memoria de los exilios de la historia de España: desde el destierro de los judíos castellanos en 1492 hasta el último, el de los desterrados por la guerra civil y la dictadura franquista, en un campo tejido de lápidas de nombres, algunos conocidos y otros anónimos:

Quién podría rescatar los nombres que fueron tallados hace doscientos años sobre esas lápidas, nombres de gente que existió con tanta plenitud como yo mismo, que tuvo recuerdos y deseos, que tal vez pudo trazar su linaje remontándose hacia atrás a lo largo de destierros sucesivos hasta una ciudad como la mía, hasta una casa con dos estrellas de David en el dintel y un barrio de calles muy estrechas que se quedó desierto entre la primavera y el verano de 1492 (...). Sepulturas modestas y fosas comunes jalonan los caminos de la gran diáspora española.

Y así cita las tumbas del padre de Lorca en los Estados Unidos, las Azaña o de Machado en Francia, la lista de los sefardíes de Rodas enviados a los campos de exterminio nazis. Y de aquí, de toda esta conciencia y materia real se ilumina la clave de esta novela, que es, en el fondo, la respuesta personal de Antonio Muñoz Molina al debate sobre la muerte de la novela que corría por los años en los que la escribía:

Cómo atreverse a la vana frivolidad de inventar, habiendo tantas vidas que merecieron ser contadas, cada una de ellas una novela, una rama de ramificaciones que conducen a otras novelas y otras vidas.

Toda esa reflexión sobre la historia de los totalitalismos, de Europa, de España, de sí mismo, termina encerrada en el recinto de la Hispanic Society pero no como una biblioteca o un archivo cerrado y polvoriento sino como un refugio para poder estudiarla, pensarla y meditar sobre ella sin perder la propia memoria y la propia esperanza, que se teje de cosas tan básicas como la concha encontrada por el hijo en la playa de Zahara de los Atunes y que le acompaña al narrador en su escritorio durante el proceso de escritura.

Noticias de nuestras lecturas.

El martes pasado tuvimos la reunión del Club de lectura en su formato presencial. La sesión, que celebramos en la habitual sala de la Biblioteca General de la Universidad de Burgos, resultó sumamente interesante y pusimos sobre la mesa todos los grandes temas de esta novela de Muñoz Molina. En la última entrada de Mª Ángeles Merino tenéis los apuntes que tomó de lo allí ocurrido, que puede servir de cierre y reflexión de esta lectura.

Luz del Olmo cuenta su experiencia última como lectora de Sefarad: la identificación con alguno de esos personajes, clave para comprender esta novela de novelas.

Lectura de La gratitud, de Fermín Herrero



Las próximas semanas las dedicaremos al comentario de La gratitud (Visor, 2014), el poemario con el que Fermín Herrero obtuvo el Premio Jaime Gil de Biedma y el Premio de la crítica de Castilla y León. Fermín Herrero ha sido galardonado también con el Premio de las Letras de Castilla y León. Nos acercamos, pues, a la palabra de uno de los poetas más importantes de España en la actualidad, en un título que es la culminación de una trayectoria que lleva a la indagación sobre los temas esenciales del ser humano sin perder nunca el contacto con la tierra. Sorprenderá la altura de esta voz y la certeza de la expresión a quien no conozca a este autor.

Después del libro de Fermín Herrero cerraremos el curso con las Crónicas periodísticas de la guerra de África, de Núñez de Arce, una las primeras escritas en este género en España.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 14 de mayo de 2015

"Un apocado funcionario de provincias". Quién nos cuenta la historia en Sefarad de Muñoz Molina y noticias de nuestras lecturas.


La clave narrativa de la obra viene definida en la misma novela: Unas cosas traen otras, como unidas entre sí por un hilo tenue de azares triviales. Sefarad se nos presenta en el subtítulo como Una novela de novelas, definición que sorprende a sus lectores cuando entran en un texto que aparenta no tener estructura definida, que parece hablar de cosas sueltas sin más hilazón que la de exponernos los casos en los que el poder de las ideologías y de los sistemas políticos y financieros ha sembrado la historia del siglo XX europeo de millones de víctimas. Parece, sin más, un recuento de casos concretos que sirven de símbolo de lo ocurrido: una lista de perseguidos, asesinados, desplazados en la que casi todos podríamos reconocernos. Este recuento lo realiza una voz narradora que podemos identificar fácilmente con el propio autor, más aún si conocemos otras obras de Muñoz Molina o sus colaboraciones en la prensa periódica española. Se confecciona como si se tratara de una suma de relatos breves, pequeños ensayos, crónicas periodísticas, etc. Pero hay un momento en el que el lector se da cuenta de que no es así.

En el capítulo titulado Olympia, la voz narradora principal se hace más presente y esta presencia crecerá en el resto de la novela. El narrador nos habla sin tapujos de sí mismo y de su pasado. Una historia en la que es fácil rastrear elementos autobiográficos de Muñoz Molina porque él mismo los ha convertido en materia literaria otras veces. El narrador recuerda aquel apocado funcionario de provincias que fue desde su presente, un tanto asombrado de todo lo que le ha cambiado la vida desde entonces, cuando solo podía soñar tener la que luego, en gran medida, ha llevado, llena de experiencias, viajes y literatura. Y este es, exactamente, el hilo narrativo vertebrador de esta novela de novelas. En realidad, Sefarad es el relato de este viaje biográfico del propio Muñoz Molina contado desde una única perspectiva: el encuentro a través de estos años de mudanza vital con las historias de las víctimas. A estas tiene acceso a través de lecturas de libros, investigaciones propias, encuentros que ha podido tener debido a sus viajes gracias a que cambió su vida para decidirse por la escritura, testimonios orales de personas a las que ha conocido, etc. En el relato deja ver continuamente esos rastros de sí mismo vinculados al encuentro con las historias de las víctimas. Estos rastros pueden ser triviales, como dice la cita con la que arranco este texto, recuerdos de lo que él hacía cuando se documentaba para la novela, lo que le había sucedido en el momento de la redacción del texto, el fugaz encuentro con una mujer en el Palacio de Cristal del Retiro que había sido una niña del exilio español hacia México incluso cuando ni siquiera podía imaginar que su trayectoria literaria le llevara hasta poder escribirla, la comparación de los tiempos de la tragedia que relata y los tiempos de su vida cotidiana cuando la escribe, etc.

Al presentarse claramente en Olympia como voz narradora, Muñoz Molina nos lleva directamente al personaje-narrador que había construido en los años inmediatamente anteriores en otras novelas suyas (singularmente en El jinete polaco y en Ardor guerrero) y en sus colaboraciones semanales en la prensa. Su lector habitual lo ha reconocido inmediatamente y se siente guiado por la voz narradora porque, entre otras cosas, se identifica en buena parte con sus experiencias biográficas e ideológicas (Muñoz Molina durante años representó un sector importante de la población española en ambas circunstancias). Y esta es una de las claves de lectura de Sefarad: la identificación vital o ideológica del lector con lo que cuenta la obra. En esto consiste el éxito de su recepción o su fracaso, cosa que sabe el propio autor desde el mismo momento en el que elige una voz narradora tan pegada a sí mismo, en la que van integrándose todos los relatos. Vistos así, estos construyen una especie de pasado, de herencia humana que recibe el propio narrador cuya tarea ética será asimilarlas y trasformarlas en texto literario para convertirse en su portavoz:

Al inventar uno tiene la vana creencia de que se apodera de los lugres y las cosas, de la gente acerca de la que escribe (...), puedo tener la sensación de que nada de lo que invento o recuerdo está fuera de mí, de este espacio cerrado. Pero los lugares existen aunque yo no esté en ellos y aunque no vaya a volver, y las otras vidas que viví y los hombres que fui antes de llegar a ser quien soy contigo quizás perduran en la memoria de otros.

Este narrador se sabe una pieza más en la cadena del ser humano que se construye a través de la memoria, el recuerdo y el testimonio.

Noticias de nuestras lecturas

El autobiografismo de Muñoz Molina impulsa a Luz del Olmo a regalarnos un delicioso relato de su marcha a Madrid y primeras experiencias en la capital.

Myriam Goldenberg resume la esencia del texto de Muñoz Molina con su propio certero y emocionante pensamiento y testimonio. No os lo perdáis.

Paco Cuesta escribe un extraordinario análisis de la perspectiva del lector enfrentado al juego de voces narradoras de Sefarad, clave para entender la novela.

Mª Ángeles Merino sigue conducida por sus dos lectoras en medio del calor burgalés -que ya se fue- y anda entre zapateros, monjas, morcillas y café con hielo... Cómo leen entre líneas estas dos mujeres.

El próximo martes, en el lugar y la hora habituales, tendremos el encuentro del Club de lectura en su formato presencial para comentar Sefarad de Muñoz Molina. El jueves de la próxima semana cierro el comentario de Sefarad para iniciar el de La gratitud, el poemario de Fernín Herrero.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 7 de mayo de 2015

Sefarad de Muñoz Molina como novela de testimonios y noticias de nuestras lecturas.


Como no podía ser de otra forma, el hecho de que Muñoz Molina manejara en Sefarad algunas biografías y hechos históricos ha levantado desde su publicación una polémica a la hora de interpretar  histórica e ideológicamente la novela. Tratar de acontecimientos tan sustanciales para la historia contemporánea europea como el nazismo, el stalinismo o la II Guerra mundial trae, como consecuencia, dejar sectores ideológicos descontentos. Ser igualmente crítico con unos y con otros, con el franquismo o con el capitalismo que implica la emigración económica y destruye el natural tejido de relaciones humanas, siempre provocará ofendidos. Abordar en una novela figuras como la de Willi Müzenberg -activista comunista que terminaría enfrentándose con Stalin y que murió en extrañas circunstancias y que también tuvo protagonismo en la Guerra civil española- supone, para algunos, cruzar una línea que no debe ser franqueada.

A esto se suma la animadversión que ha despertado siempre Muñoz Molina por igual desde sectores de la derecha y de la izquierda españolas que no le perdonarán nunca ni su éxito de crítica y público ni su aceptación de honores como la dirección del Instituto Cervantes de Nueva York, su condición de académico o el Premio Jerusalén. Aquellos no le perdonan su claro posicionamiento contrario al franquismo y su perpetuación en muchos aspectos de la democracia nacida en 1978, así como la defensa de la herencia civil de la II República española; estos que se desmarcara pronto de la ortodoxia de izquierda y se convirtiera en un defensor del camino hacia la socialdemocracia abandonando el marxismo. Un cuento suyo de la primera etapa cuenta (como si estuviéramos en una película de serie b) cómo todos los antiguos militantes de izquierda que siguen manteniendo la fidelidad a los pensamientos prosoviéticos se han convertido en muertos vivientes en una localidad fantasma a la que regresa el protagonista. En las reseñas críticas sobre estos aspectos de Sefarad siempre he detectado, tanto en las que provienen de un sector como en las que provienen de otro, cierto apriorismo ideológico que impide, lógicamente, que el que así se manifiesta pueda disfrutar de una sola línea de la novela.

Muñoz Molina pertenece a esa primera raíz de la postmodernidad que critica las grandes ideologías políticas y las creencias religiosas entendidas todas ellas como verdad única. Para comprender esta raíz nos debemos situar en una época en la que el mundo se había colapsado precisamente por el enfrentamiento entre todas estas verdades y ante ellas el individuo había quedado desarbolado, su condición destruida y su memoria liquidada. De hecho, esta misma condición que alerta contra verdades únicas es la que le ha llevado a escribir, recientemente, Todo lo que era sólido, que ya hemos comentado en este club, contrario al capitalismo financiero salvaje que nos ha conducido a la última gran crisis global y ha fomentado la corrupción.

En Sefarad Antonio Muñoz Molina no escribe un tratado histórico ni un ensayo sino una novela pero aún así no quiere renunciar a la verdad de lo narrado: da pereza o desgana inventar, rebajarse a una falsificación inevitablemente zurcida de literatura. Los hechos de la realidad dibujan tramas inesperadas a las que no puede atreverse la ficción. Pero el lector no debe engañarse por estas palabras. Estamos en el terreno de una novela -volveremos sobre esta cuestión técnica en otra entrada- en la que se entrecruzan varias voces narradoras y unas usan a otras no con la clave histórica que exigen muchos a Sefarad sino con otra. Más aún cuando los mismos hechos pueden ser interpretables y de hecho lo son por diferentes historiadores -¿Münzenberg se suicidó como afirmaba el gobierno de Vichy, fue asesinado por los nazis o por lo enviados de Stalin?, ¿fue de verdad un comunista convencido durante toda su trayectoria como activista, fue un espía doble, fue un traidor o una víctima, cuál fue su verdadero papel en la movilización en apoyo del bando republicano en la Guerra civil española?-. Siempre me ha resultado curioso que algunos historiadores exijan que un novelista cumpla lo que ellos interpretan que es la verdad cuando no hay un consenso mínimo entre los especialistas.

En realidad no hay ninguna polémica general sobre la interpretación de Sefarad, sino algunas voces que reaccionan contra la novela exigiéndole condición de ensayo histórico e interpretación según una u otra ideología recubierta de método científico. Hay que aclarar, también, que Sefarad no es una novela histórica. Entre otras cosas, porque está escrita en el presente del narrador principal que busca integrar en él el valor testimonial de lo acontecido en esa gran tragedia del siglo XX europeo en el que se enfrentaron los individuos desarmados contra la maquinaria totalitaria de ideologías diversas y que cubrió el continente -y el resto del mundo- de millones de víctimas -heridos, muertos, emigrantes, desplazados-. Ese narrador se convierte, así, en portavoz de esos testimonios concretos que selecciona y pone en orden para presentárnoslos no tanto porque esté de acuerdo con todos y cada uno de ellos sino porque se identifica con ellos en su condición de víctima, de desplazado, de indefenso ante las rigideces ideológicas, religiosas o morales sobre las que nos previene puesto que su presencia sigue siendo una tentación presente. No es, por lo tanto, objetivo ni lo pretende: trabaja desde la conciencia de que las ideologías totalitarias, los pensamientos únicos, las formas tan estrictas de regir nuestras vidas, han destruido a los individuos y han regado la historia del siglo XX de muertos y afectados de todo tipo. Y siguen haciéndolo.

No es la historia tradicional lo que predomina en Sefarad ni lo que busca el autor sino el valor testimonial de la voz del individuo que ha sido víctima suya. Sea este un emigrante andaluz a Madrid por motivos económicos y sociológicos, un joven fascista español alistado en la División Azul que comienza a cuestionarse la razón de su presencia en Rusia, un judío sefardí que se salvó de los campos de concentración o la viuda de un activista comunista caído en desgracia después de haber sido culpable por alimentar el monstruo que termina devorándolo. Y el testimonio de la víctima, por lo tanto, no tiene la misma razón que la certeza histórica sino otra, de raíz ética. Si no se es capaz de comprender este rasgo de la novela, no se podrá comprender nada de Sefarad y solo se la criticará desde la trinchera ideológica.


Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte García nos lleva hacia la historia de la Hispanic Society y sabe enlazarla -en la entrada y no os perdáis sus respuetas en los comentarios- con un núcleo esencial de la novela de Muñoz Molina.

Myriam Goldenberg presta atención en su entrada a la historia de la monja y el zapatero: estereotipos propios de un cuento tradicional español que termina convirtiéndose en un relato del país y de unos individuos en los que la libertad y la esclavitud no son siempre como pensamos.

Mª Ángeles Merino nos lleva, de la voz de sus personajes comentaristas, a varias historias -de Rusia al zapatero-, pero quiero resaltar cómo consigue, a través del diálogo de ambas, conectar con esa forma "liosa" de contar las historias de esta novela.

Luz del Olmo escribe una epístola a Igor -ella podrá aclarar si real o fingida- para emocionarnos al conectar las historias de Muñoz Molina con historias que nos llevan a la realidad de lo vivido.



Pancho llega a su acertadísima lectura de la novela de Martín Gaite con una entrada en la que remata las conclusiones de una historia que parece condenar a -casi- todos sus personajes a una vida en círculos. No os la perdáis.

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jueves, 30 de abril de 2015

¿Qué harías tú si fueras la víctima que espera en Sefarad de Antonio Muñoz Molina? y noticias de nuestra lecturas



Muñoz Molina ya había relatado esta figura del que espera en Beltenebros, una novela que crece con el tiempo. De hecho, aquel relato era un juego entre el que espera y el que busca en el que, de pronto, pueden cambiarse los papeles. Pero es en Sefarad donde la figura de aquel que espera que lleguen a por él, que lo detengan o incluso lo maten, culmina en la narrativa de Muñoz Molina. No en vano la novela se inicia con una cita de El proceso de Kafka.

Una de las acciones más despiadadas del poder sucede cuando alguien ha puesto tu nombre en una lista sin que tú lo sepas. Puedes comenzar a percibir cosas extrañas: hay gente que ya no te llama, que deja de saludarte sin motivo, que te rehuyen si piensan que con eso pueden ser identificados contigo o ser acusados de poca lealtad al poder. Comienzas a tener problemas en tu trabajo, en tus tiendas de siempre, en tu barrio, entre tus vecinos. Una de las habilidades del poder en estos casos es convertir a la víctima en responsable y acusarla de cosas de las que no puede defenderse. La segunda fase de proceso es que la víctima se sienta culpable: busca en sus acciones la responsabilidad de lo que le ocurre, en sus relaciones y amistades, en lo que dijo o no dijo. Cuando el poder consigue esto, el perseguido se ha convertido ya en un reo aunque no esté en prisión, queda destruido y solo le queda esperar a que vengan a detenerlo si no tiene la posibilidad de huir tan lejos que no puedan ir a buscarlo. Muñoz Molina relata los casos de judíos que fueron entregados por Stalin a Hitler o aquellos que pudieron huir a países que después fueron conquistados por los nazis.

En esto se parecen todos los poderes autoritarios y así lo indica Muñoz Molina. Llega un momento en el que la víctima solo puede esperar a que vengan a detenerlo aunque pasen años desde que ha llegado a la conclusión de que ya está en la lista. Porque al principio uno se niega lo que ocurre y mira para otro lado cuando llegan, como en el poema de Bertolt Brecht, a por unos y a por otros. Porque así comienzan todos los poderes autoritarios: desagregando a la sociedad, atomizándola en grupos y quebrando la solidaridad para que los grupos resultantes sean tan pequeños y sin verdadera armonía ni fuerza que uno siempre tenga la posibilidad de pensarse entre los otros, los que no corren peligro.

Todo esto lo describe Muñoz Molina con tanta fuerza en Sefarad que uno siente la misma angustia que los ejemplos de individuos perseguidos por Hitlet o por Stalin. Como esa mujer que tiene lista la maleta para cuando vayan a por ella y tardan meses. Muñoz Molina resuelve este dilema narrativo apelando directamente al lector (en realidad el narrador se apela a sí mismo pero lo convierte en una pregunta para el receptor general del texto): Qué harías tú si fueras esa mujer perdida en una vasta ciudad extranjera y hostil, si te hubieran quitado tu pasaporte y el documento provisional de identidad (...). En efecto, qué haría cada uno de nosotros, que hasta ese momento habíamos vivido en la comodidad o en la interesada ignorancia de lo que ocurre a nuestro alrededor, si de pronto descubriéramos que estamos en la lista que alguien ha elaborado con nuestro cómplice silencio anterior y que solo es cuestión de horas, de días, de meses, que alguien llame a nuestra puerta por la noche y nos arranque de lo que hasta entonces llamábamos hogar sin que hayamos cometido más delito que pensar de forma diferente, dar nuestra opinión, pertenecer a una familia con una religión  o unas costumbres que no son las mayoritarias aunque esa religión o esas costumbres o incluso la familia de la que procedemos ya no signifique nada para nosotros. No podemos argumentar contra esa decisión porque no responde a razones lógicas. Quizá hasta estábamos de acuerdo en fases anteriores de su desarrollo, antes de que nos afectara personalmente, porque apreciábamos que daba cierta paz y orden a las cosas, daba una idea y unas consignas con las que nos sentíamos más o menos a gusto y todo, nos parecía, funcionaba como debe funcionar en una sociedad moderna. Esta es una de las lecciones cívicas de Sefarad: no deberíamos nunca dejar pasar las fases iniciales de un poder autoritario, el ciudadano debe estar siempre alerta ante las primeras manifestaciones, que se repiten tanto a lo largo de la historia porque cuando se ha hecho grande funciona como una trituradora de individuos y cualquiera de nosotros puede convertirse en víctima.

Pocas veces uno se siente tan interrogado como en esta obra de Muñoz Molina porque lo que nos cuenta, lo sabemos, no solo es una cosa de un pasado remoto sino de algo que pesa sobre nuestra condición de seres humanos. Y que sigue ocurriendo a nuestro alrededor. La pregunta fundamental de esta obra es esa, qué harías tú.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo comenta Sefarad de la mejor manera: construyendo un relato que lo explica. Un reltao, por supuesto, de viajes y vidas.

Paco Cuesta halla la sustancia de la recepción de la obra. Todo un acierto. Y este acierto lo convierte en entrada de consulta imprescindible para que comprendamos la forma en la que Muñoz Molina compone esta recepción emocional de la obra y otra en la que da con una de las claves de la novela a partir del cruce de voces narradoras en una historia surcada de trenes cargados de historias individuales que tejen a su vez la colectiva.

Mª Ángeles Merino lleva eficazmente a sus comentaristas hasta el capítulo de Copenhague. Una Europa surcada de trenes y de historias...

Mª del Carmen Ugarte nos hace prestar atención a una clave de lectura de la obra: el testimonio de las mujeres que vivieron un tiempo atroz.

Myriam Goldenberg repasa la memoria del señor Salama, el judío sefardí de Tánger que recupera a los que ya no están después después del holocausto. Excelente entrada. No os perdáis las ilustraciones, oportunas.


Pancho continúa su comentario de Entre visillos, relatando cómo la autora va cerrando los relatos que nunca tendrán un final exacto porque todos ellos son fragmentos. 

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.


jueves, 23 de abril de 2015

El desplazado en Sefarad de Antonio Muñoz Molina y noticias de nuestras lecturas.


El lector entra en Sefarad y, de pronto, se encuentra en un territorio conocido, como si todo lo que se narrara en esta obra le contara su propia historia. Excepto aquellos que nunca hayan tenido que cambiar de lugar, los afortunados cuya vida no haya mudado apenas nada desde la infancia, los que no hayan sentido el pellizco de la añoranza y no logren comprender esa niebla tan húmeda y penetrante que es la nostalgia. Tampoco aquellos que no sientan como propia la historia del eterno exilio que es la historia humana.

Sefarad nos cuenta los relatos de los desplazados, de los exiliados, de los perdedores, de las víctimas de la historia como si fuera el nuestro. Aquel que no logre comprender este relato y emocionarse con él debería preocuparse (como el que asiste impasible ahora a la muerte de cientos de personas en el Mediterráneo cuando buscan una oportunidad para sus vidas). Una de las aportaciones perdurables de la época llamada postmodernidad en sus primeras décadas -que es la clave ideológica desde la que debemos abordar esta obra- es la de comprender el mundo desde otro ángulo: las grandes ideologías y creencias han arrasado millones de biografías al implicarse con los órganos del poder, al controlarlos de forma exclusiva. Religiones, capitalismo, colonialismo, nacionalismos, comunismo, fascismos, etc. Todas estas ideologías depredadoras se juntaron en el siglo XX para culminar la historia vista como Historia única. Debían triunfar sobre las otras formas, dominar la sociedad y organizar las vidas de los individuos sin dejar que estos tuvieran más que una aparente libertad. El resultado fue la muerte de millones de personas, la destrucción de las biografías de tantos como sobrevivieron pero apenas pudieron rehacer sus vidas. El mundo entero se llenó de desplazados a causa de la guerra, de personas que murieron en los campos de batallas, en campos de concentración, de hambre o enfermedades, de otros que no murieron pero sus vidas quedaron para siempre afectadas.

Pero Muñoz Molina no entra en este relato de relatos describiendo directamente esa tragedia por la que atravesó la humanidad en el siglo XX y que parece que ahora hemos olvidado o queremos olvidar como si solo fuera un capítulo más en un libro de historia de bachillerato del que extraer pocas consecuencias, quizá como si nos hablaran de la guerra de los Cien años. Muñoz Molina entra en la tragedia de la humanidad por la biografía concreta de individuos, describiendo sus emociones y sensaciones, convirtiendo al narrador en su portavoz emocionalmente implicado. Esta sensación de verdad llega al lector y este decide, desde la primera página, si quiere implicarse en ella o no.

Fiel a su estilo, Muñoz Molina entra en Sefarad convocando su propia memoria y nostalgia (en el tono narrativo, en los temas, en los personajes, en el estilo) y la de varias generaciones de lectores que ahora están por encima de los cuarenta años, a los que apela. El primer relato con el que se enfrenta el lector es la historia de toda una España de los años sesenta y setenta: los desplazados por motivos económicos. Millones de personas que tuvieron que emigrar desde sus pueblos o pequeñas ciudades provincianas a Madrid o a otra gran capital para buscar aquello que les prometía un futuro mejor. Hay un fuerte sentido de desarraigo: la gran ciudad -el capitalismo que ha construido el mundo actual- no les ha dado aquello que les prometía, lo que impulsó su primer gran viaje biográfico en busca de la felicidad y cuando regresan a su tierra natal esta se ha trasformado tanto que ya no es la suya. Están condenados, por lo tanto, a vivir en el mundo de los recuerdos, ese mundo de la infancia y la primera juventud en el que todo era más amable y los ritmos más humanos y que ya es imposible recuperar. Es significativo que en una obra con un mensaje tan universal y tan globalizador como Sefarad se comience por la propia experiencia biográfica de unas generaciones de españoles, relatada con ciertos tonos costumbristas y revelando el mundo personal del autor. Significativo y apropiado porque nos hace saltar con él de lo local a lo global. Todos pertenecemos a esa tipología de los desplazados.

Ese es el primer viaje en el que se reconocerán gran parte de los lectores porque bien ellos o bien sus familias tomaron aquellos trenes para instalarse para siempre en el mundo de los desplazados por muy lejano que se halle aquel día en el que iniciaron el viaje. Incluso aunque no se hayan movido de su ciudad han realizado este viaje: basta con cerrar los ojos y recordar la infancia. Hay un momento, como en todo relato nostálgico, en el que el paraíso de la infancia o la juventud se rompe, se instala en la memoria porque ya es imposible recuperarlo. Y en muchos casos esta ruptura no se debe a la evolución normal de una biografía que todos estamos en condiciones de aceptar sino a la intervención de elementos que un individuo no puede controlar: la industrialización despiadada de un país que decide los flujos migratorios en beneficio de un desarrollo cuestionable e insostenible, una guerra motivada por nacionalismos fabricados a partir de las emociones más elementales y groseras, la intervención del poder sobre las vidas de los seres humanos. Y se inicia, entonces, un largo viaje que parece no terminar nunca.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino recupera dos comentaristas de sus entradas sobre Todo lo que era sólido para comentar Sefarad. Y hace bien, porque en ese diálogo que establecen entre ellas todo fluye y se comprende: Sefarad, como algo que nos hace, que nos impulsa.

Mª del Carmen Ugarte sigue su comentario de la novela con el acertado sentimiento de regreso: la vuelta, a tantas cosas, que preside buena parte de esta obra de Muñoz Molina.

Myriam Goldenberg entra en Sefarad de una manera que nos aproxima a la recepción de esta novela de novelas, que puede incorporar también nuestro propio relato de vida. Lectura apasionante.


Pancho se centra en algunos pasajes sustanciales que nos ayudan a comprender a Natalia, la única persona que será capaz de salvarse de ese círculo pequeño de la ciudad de provincias. Nos os perdáis las fotografías de esta entrada.

Recojo en estas noticias las entradas que se hayan publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 16 de abril de 2015

El reto de escribir Sefarad, de Antonio Muñoz Molina, y noticias de nuestras lecturas.


A la altura de 2001, cuando se publica Sefarad. Una novela de novelas (este es su título exacto con el que debería citarse siempre, veremos por qué en una próxima entrada), Antonio Muñoz Molina ya era un nombre consagrado en la literatura española y se le consideraba como una de las voces más reconocibles de su generación, aquella que había nacido durante el franquismo pero no comienza a escribir hasta el inicio de la Transición a la democracia. Desde Beatus Ille (1986), que pasó prácticamente desapercibida para el público, hasta la anterior a Sefarad, Carlota Fainberg (2001), su obra creció sumando el aprecio de la crítica y el de los lectores. El invierno en Lisboa (1987) llamó la atención sobre aquel joven novelista que practicaba un tipo de literatura que se ajustaba tanto a los gustos y preocupaciones de un sector amplio de su generación. Siguieron Beltenebros (1989) y El jinete polaco (1991, Premio Planeta). Aquella una obra clave en su género y esta una demostración de un tipo de literatura que nunca ha abandonado a Muñoz Molina: el reflejo autobiógrafico de los cambios producidos en España desde mediados del siglo XX, que también está presente en Ardor guerrero (1995). La obra de Muñoz Molina creció también ensayos y artículos en la prensa, hasta convertirse en uno de los intelectuales con presencia más reconocible y opinión más coherente, sobre todo en su planteamiento de la herencia republicana y en la dignidad del ser humano frente al poder. En el año 1995 fue elegido miembro de la Real Academia Española y desde 1990 viaja por el mundo como uno de los autores más importantes del panorama español del último período. Así llegó a pisar, por primera vez, Nueva York, que se ha convertido en residencia habitual para él, repartiendo su tiempo entre América y España. Y esta es la clave en la que quiero encuadrar la escritura de Sefarad.

Antonio Muñoz Molina se propone en Sefarad un cambio profundo en su escritura. No en la temática central del individuo frente al poder, del enfrentamiento entre los derrotados de la historia y la sociedad de pensamiento único, no en la perspectiva de la reconstrucción de una identidad y una biografía. Estos temas le han acompañado siempre en todas sus obras. El cambio de Sefarad implica un crecimiento intelectual notable.

En 2001 Muñoz Molina era un nombre indiscutible en las letras españolas pero en toda su obra había manifestado la necesidad de apertura al mundo, tanto de la sociedad española como de la cultura. Al recalar largos períodos en Estados Unidos comienza a sentir la necesidad de novelar otras cosas que no se reduzcan a temática española y busca la universalización de su escritura, tanto en el tono como, sobre todo, en la forma de abordarlos. Y surge el riesgo temático y técnico de Sefarad. Una novela de novelas, en la que se hace materia narrativa la lucha de los individuos contra la sociedad totalitaria. Aunque parte -de ahí el título- de un motivo sacado de la historia española -el destierro de los sefardíes de la Corona de Castilla-, su propósito es elevar el tiro y tratar ese tema desde un ángulo que pueda ser comprendido en cualquier parte del mundo, que pueda interesar porque toca temas universales, que se han repetido a lo largo de la historia. Desde mi punto de vista, con esta novela -que es una obra maestra en su género- no solo presenta su candidatura al Premio Príncipe de Asturias de las Letras -que obtendrá en 2013- o el Premio Jerusalén -del mismo año- sino al Premio Nobel de la literatura. Al tiempo.

Noticias de nuestras lecturas

Esta entrada de Paco Cuesta serviría, por sí sola como una introducción a la lectura de Sefarad. Para no perdérsela.

Mª del Carmen Ugarte se suma también a esta lectura. Su forma de arrancar es precisa: cuestionar la forma de leer la novela, que te obliga, de pronto, a frenar y preguntarte por lo que estás leyendo.


Myriam completa su magnífico análisis de las relaciones sentimentales de la novela de Vargas Llosa con el planteamiento del juego amoroso que tiene su núcleo en la pareja de don Rigoberto y doña Lucrecia.

Como sabéis, el último martes tuvimos la reunión mensual del Club de lectura en su formato presencial para comentar, en este caso, El héroe discreto de Vargas Llosa. La reunión -apretada por necesidades de agenda- fue muy variada y divertida y en ella hablamos de esta novela y preparamos las lecturas de Sefarad de Antonio Muñoz Molina y La gratitud de Fermín Herrero. Podéis ver una completa crónica de lo ocurrido en esta entrada de Mª Ángeles Merino.



Si alguien se pregunta cómo se puede enlazar la ciudad de provincias de Entre visillos con Bruce Springsteen, que acuda a esta entrada de Pancho que, además, encuentra un núcleo de tratamiento de emociones de la novela y lo explica. Y si alguien quiere saber por qué Sabina, que vaya a esta otra, en la que se comenta uno de los capítulos esenciales para comprender el juego de perspectivas narrativas que usa hábilmente la autora.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

jueves, 10 de julio de 2014

Balance del curso del Club de lectura y noticias de nuestras lecturas


Con El río que nos lleva de José Luis Sampedro cerramos el presente curso del Club de lectura y nos tomamos el verano de descanso. Ha sido un curso intenso y gratificante. Hemos leído 5 novelas, 1 libro de cuentos, 1 poemario, 1 obra de teatro y 1 ensayo. Como es habitual, se ha procurado dar variedad a los géneros y se han intercalado autores vivos y autores fallecidos, obras más conocidas y otras casi olvidadas. Comenzamos el año con el éxito de la temporada en la narrativa española y lo cerramos con la recuperación de un título imprescindible de un autor fallecido hace poco y al que cabía hacer este homenaje por su significado moral en los últimos años en España. Cada lector tendrá sus preferencias. Yo he podido apreciar la buena recepción del ensayo de Muñoz Molina, que nos ha permitido reflexionar sobre las causas de la crisis actual y su desarrollo, también la sorpresa que ha supuesto Intemperie y El río que nos lleva y, para algunos, el libro de cuentos de María Teresa León, poco conocido. La novela de Torrente Ballester ha tenido una recepción diversa: hay quienes no han podido con ella y quienes han quedado enganchados en su mundo y continúan leyéndola y saboreándola a sorbitos. Pero sin lugar a dudas, la mejor recepción la ha tenido Dejar las cosas en sus días, de Laura Castañón, que ha sido leída y comentada con muchas ganas por los participantes.

Estos nueve títulos han sido: 

Intemperie de Jesús Carrasco.
La estafeta romántica de Benito Pérez Galdós.
Todo lo que era sólido de Antonio Muñoz Molina.
Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda.
Dejar las cosas en sus días de Laura Castañón.
La saga/fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester.
Rosa-Fría, patinadora de la Luna de María Teresa León.
El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín.
El río que nos lleva de José Luis Sampedro.

Aparte de mantener una reunión cada mes en el formato presencial sostenido por la encomiable labor de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos y de las entradas semanales de los blogs participantes en este club recogidas en mi entrada de los jueves en La Acequia y de los comentarios que suscitan entre quienes siguen las lecturas, este curso se ha añadido la página de Facebook (en este enlace) en la que también se recogen las opiniones y comentarios de quienes prefieren esta red social.

Sin duda, la novedad de este año ha sido la participación de la novelista Laura Castañón en un encuentro que tuvo lugar el 25 de febrero en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos. Al éxito de público se sumaron la cercanía y la apasionada forma de contar historias de la autora y el acto resultó muy interesante. Tenemos el firme propósito de que los encuentros con los autores sean más frecuentes y se abran, como en este caso, al público en general.

Leer es un placer cuando se hace en solitario, aumenta cuando se comparte lo leído. Y enriquece escuchar y leer las visiones de los demás. También a los autores.

Dejo para el próximo jueves la lista de lecturas del próximo curso que, como sabéis, se inaugura con la segunda parte del Quijote de Avellaneda.

Te invito a que dejes, en esta entrada o en el muro de Facebook, un comentario con tu propio balance del curso y tus sugerencias para el próximo.

Noticias de nuestras lecturas

Myriam hace un extraordinario análisis de los arquetipos y símbolos de El río que nos lleva usando el I Chin. Más que recomendable.

Gelu sigue con su selección de frases y búsqueda de ilustraciones y vídeos para mejorar nuestra lectura de El río que nos lleva de José Luis Sampedro.

Mª Ángeles Merino da voz a El Americano para completar la polifonía de voces de esta novela de Sampedro construida entre el individuo y el grupo. Un personaje apasionante, sin duda.

Pancho continúa disfrutando y haciéndonos disfrutar de La saga/fuga de J.B. No os perdáis cómo enreda con los tuits y con las reuniones... que se resienten en su siguiente entrada, en la que se habla hasta del cólera morbo...

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

Cómo seguir el Club de lectura de La Acequia

El Club de lectura de La Acequia comenzó el jueves 24 de abril de 2008 con la primera lectura colectiva del Quijote realizada con los medios de la web 2.0. Esta iniciativa de lectura de la novela cervantina permanece abierta para aquellos que quieran sumarse a ella en cualquier momento en este enlace y puede usarse como la única guía de lectura completa del Quijote disponible hoy en Internet, con licencia Creative Commons 4.0.

El éxito del proyecto impulsó el lanzamiento de uno de los clubs de lectura más antiguos en Internet en español, gratis y en abierto. Durante el curso académico se propone la lectura de un título al mes, de todos los géneros: narrativa, poesía, teatro y ensayo. Se alternan autores clásicos con autores vivos y por él han pasado nombres como Miguel de Cervantes, Óscar Esquivias, Gustavo Adolfo Bécquer, Eduardo Mendoza, Valle-Inclán, Lope de Vega, Juan Cavestany, Almudena Grandes, Pío Baroja, Lorenzo Silva, Antonio Machado, Miguel Delibes, Jesús Carrasco, Benito Pérez Galdós, Antonio Muñoz Molina, Pablo Neruda y Laura Castañón, Gonzalo Torrente Ballester, María Teresa León, Leandro Fernández de Moratín y José Luis Sampedro, etc.

Desde el año 2011 cuenta con dos formatos:
 
El club de lectura virtual, al que pueden sumarse libremente todos los aficionados a la literatura. En La Acequia se publican todos los jueves entradas correspondientes al libro del mes, más un resumen de las noticias de las lecturas en las que se enlazan los blogs del resto de los participantes. También puede seguirse el club de lectura a través de comentarios en las entradas correspondientes o como meros lectores.  Súmate a la página del Club en Facebook en este enlace.

El club de lectura presencial, sostenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que se reúne una vez al mes para comentar el título correspondiente. Se programan también encuentros con los autores de las obras. Este segundo formato tiene plazas limitadas y hay que inscribirse al comienzo de cada curso. 

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia enlazadas aquí tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

jueves, 26 de diciembre de 2013

La edad de la razón como final esperanzado de Todo lo que era sólido de Muñoz Molina y noticias de nuestras lecturas


Al final de su ensayo, Muñoz Molina proyecta la esperanza de que, a consecuencia de todo lo que nos ha sucedido, nos haya llegado, al fin la edad de la razón: "Ya no nos queda más remedio que empeñarnos en ver las cosas tal como son, a la sobria luz de lo real. Después de tantas alucinaciones, quizás sólo ahora hemos llegado a la edad de la razón". En el núcleo del texto, el autor había desarrollado la idea de que gran parte de lo que nos ha ocurrido como sociedad se debe a que hemos vivido en una ilusión como país, un espejismo que nos ha conducido a no distinguir lo real de lo no real. La circulación de dinero en un país que no tenía suficientemente asentadas las estructuras ni la mentalidad democráticas, en el que los partidos políticos pronto se convirtieron en estructuras fuertemente jerarquizadas, nos llevó a la necesaria catástrofe. En efecto, tiene razón Muñoz Molina al afirma que la democracia hay que enseñarla porque no es lo natural ni lo fácil. Y en España nadie ha hecho pedagogía democrática. Hubo entusiasmo de libertad en la época de la Transición y necesidad de acuerdos en la Constitución del 78, pero después el flujo del dinero se mezcló con las estructuras caciquiles y los intereses políticos. A partir de ahí falló todo: los medios de comunicación, los dirigentes políticos y la misma sociedad, anestesiada ante la cultura del todo gratis y la facilidad para vivir en un espejismo de opulencia. El dinero pervierte siempre. Y lo hace más tal y como llegó a España a partir de finales de los ochenta: fácil y sin control alguno en un país sin cultura democrática.

La esperanza de Muñoz Moilna es que hayamos aprendido, que los españoles dejemos de ser súbditos para ser ciudadanos con todo lo que implica este término. Ser ciudadano es un esfuerzo diario. Yo quisiera también caer en la esperanza pero las noticias no son felices: los partidos políticos siguen sin reaccionar y tienden a conservar las mismas estructuras que les han llevado a su descrédito; no hay renovación de los políticos y muchos de los que están en el poder nacional, autonómico o local son los mismos que tomaron las decisiones que nos han traído hasta aquí o que ayudaron a tomarlas sin que asuman las consecuencias de sus actos; todavía hoy la gente se mueve por las tripas y no por la razón en materias como los localismos y los nacionalismos; las nuevas caras que aparecen en la política dentro de esos partidos políticos son de una mediocridad aterradora -lo mismo sucede con las nuevas generaciones que ocupan cargos de todo tipo-; en general, los medios de comunicación siguen haciendo juego a los grandes poderes y la información más parece ruido tendencioso que investigación propia; la sociedad no termina de tomar conciencia de ciudadanía y aparece derrotada y resignada.

Me temo que no soy tan optimista como Muñoz Molina, aunque también pienso que la única solución para la verdadera y definitiva modernización de España es la que él señala: que los españoles decidamos, definitivamente, ser ciudadanos.

Un magnífico ensayo el de Muñoz Molina, que quedará como uno de los textos esenciales en el diagnóstico de lo que ha ocurrido en los últimos decenios en España y en el estudio de las claves como sociedad de este país desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino, con sus mujeres galdosianas, nos  pone acertadamente sobre la mesa algunas de las claves del ensayo de Muñoz Molina: la religión, la educación, la cultura y el nacionalismo. Todo ello tan mal gestionado por nuestros políticos.

Pancho llega al análisis de la impotancia que el dinero fácil tuvo en la destrucción de nuestra sociedad. Y comenta una de las claves del tono sincero de la obra: lo autobiográfico, una de las esencias del estilo de Muñoz Molina.

Antonio Aguilera comenta, con todo acierto, algo esencial de Todo lo que era sólido: el narcisismo y megalomanía de nuestra clase política. Y nosotros, que se lo hemos tolerado.

Myriam concluye su aportación a la lectura de Todo lo que era sólido con el resumen de las claves histórico-sociológicas que nos han conducido hasta la situación presente.

Para aquellos que no pudisteis ver el programa Salvados del último domingo, os dejo el fragmento con la entrevista que Jordi Évole le hizo a Muñoz Molina en este enlace. Reconoceréis, en lo que dice el escritor, una buena parte de los contenidos del libro que hemos comentado en este mes de diciembre.


Termina Pancho su extraordinaria aportación a la lectura de La estafeta romántica de Galdós. Quiero resaltar dos cosas hoy de ella: la selección de las citas (una acertada antología de frases clave) y la forma de desentrañar la técnica galdosiana, aquí, por ejemplo, cómo nos hace desear la continuación.


Como sabéis, la próxima semana comenzamos la lectura de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, el poemario de Pablo Neruda publicado en 1924 que nos ocupará durante el mes de enero.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Retrato de tipos y espacios en Todo lo que era sólido de Muñoz Molina y noticias de nuestras lecturas


Muñoz Molina siempre ha sido un gran retratista de personajes y ambientes. No solo en sus textos narrativos. Todavía recuerdo la magnífica serie de artículos publicados en 1998 en el periódico El País con motivo del juicio sobre el caso GAL en los que retrataba los personajes principales de aquella negra historia de terrorismo de estado. Esos artículos, además de toda una lección de periodismo judicial, supusieron un precedente claro de lo que encontramos en Todo lo que era sólido.

En Todo lo que era sólido, tras sentar las bases iniciales del ensayo, se dedica el autor a retratar ambientes y personajes. Destacan, por contraste, los despachos de la administración municipal en los que comenzó a trabajar y la desproporcionada terminal T4 del aeropuerto de Barajas. Pero también los tres retratos iniciales con los que arranca el libro: el constructor valenciano, el financiero brasileño y el presidente Rodríguez Zapatero. De los tres el lector saca la misma conclusión. la superficialidad de sus planteamientos, una sensación de que no saben bien lo que tienen entre manos pero se muestran muy seguros del camiino a seguir.

Entre esos espacios y esos personajes, el autor, Muñoz Molina, se convierte en un hombre asombrado ante la desproporción de todo, un observador al que la dirección tomada por la sociedad no deja de parecerle una pérdida del horizonte humano. Es impagable la descripción que de sí mismo hace cuando acude a visitar al financiero brasileño en la oficina de Nueva York en la que trabaja.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho comenta con todo acierto los pasajes en los que Muñoz Molina retrata el crecimiento desmesurado en España de la circulación de dinero y la trasformación del urbanismo del país.

Antonio Aguilera nos muestra una de las facetas más presentes en Todo lo que era sólido: la corrupción y el saqueo de lo público que ha tenido lugar en España porque nos desentendimos de la política.

Luz del Olmo tira de refranes en su entrada para comentar las cosas que nos han pasado y que tan bien retrata Muñoz Molina.

Paco Cuesta busca en cada uno de nosotros la falta de origen sobre la que otros han cimentado la catástrofe relatada en Todo lo que era sólido.

Los personajes galdosianos tomados por Mª Ángeles Merino siguen con su comentario de la obra de Muñoz Molina. Ahora hablan de pelotazos...

Myriam completa y desarrolla de manera admirable el tema del cainismo español que se refleja en la obra de Muñoz Molina.


No os perdáis la nueva entrada de Pancho sobre la novela de Galdós, con una excelente mirada sobre la ténica del autor para traernos noticias histórica o los avatares psicológicos de los protagonistas.


Ya tenemos cabecera para la lectura de Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, poemario que leeremos en enero. Me la ha remitido una de las comentaristas habituales de La Acequia, Rita, a la que varios de nosotros tuvimos ocasión de conocer con motivo de la Ruta de El Hereje del pasado curso. Además, acaba de abrir su propio blog, que podéis conocer en este enlace.

Como prólogo de nuestra próxima lectura de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Neruda, bien puede valer la entrada que publicó Purificación (Pamisola) hace unos días, sobre Confieso que he vivido.

Manuel Casadiego también publicó una excelente interpretación del Poema 10 de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Más que recomendable.

El martes pasado tuvo lugar, en la sala habitual de la Biblioteca General de la Universidad de Burgos, la reunión de diciembre del Club de lectura en su formato presencial. Fue un encuentro intenso e interesante porque Todo lo que era sólido daba para hablar de lo que nos ha pasado en España. Hubo intercambio de opiniones y varios puntos de acuerdo: la ceguera en la que vivimos (casi) todos, la impunidad con la que dejamos actuar a los corruptos, a los corruptores y a los que facilitaron su indeseable labor y la calidad del texto de Muñoz Molina, no exento de esperanza. La siguiente reunión tendrá lugar el martes 21 de enero de 2014. Comentaremos Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda.

Ya sabéis que recojo, en estas entradas de los jueves, los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Ceguera y aspereza civil: dos claves de inicio en Todo lo que era sólido y noticias de nuestras lecturas.


Todo ensayo nace de premisas iniciales que soportan el resto de la argumentación. Muñoz Molina propone dos muy interesantes para comenzar Todo lo que era sólido: la ceguera ante lo que ocurría en la España de la burbuja inmobiliaria y lo que él llama la aspereza civil.

La primera es común a todos los países que han vivido una burbuja inmobiliaria como la que se dio en España a partir de los gobiernos del PP presididos por José María Aznar (1996-2004), en los que se liberalizó todo el suelo disponible y se dinamizó la economía española de forma casi exclusvia con el motor de la construcción sin establecer los controles necesarios. Si el efecto más inmediato fue la creación de millones de puestos de trabajo y la rápida circulación de dinero en España, las demoledoras consecuencias de aquello explican las causas de que en España la crisis última haya sido más profunda que en otros países: escasa formación de los trabajadores y fragilidad de los puestos de trabajo generados, corrupción generalizada, crecimiento irresponsable basado en la megalomanía de los políticos españoles, falta de inversión de los beneficios en el fomento de una economía sostenible y propia, extensión de una cultura de nuevo rico en la sociedad española, destrucción de los valores éticos y sociales que marcan un comportamiento cívico, etc. Como señala Muñoz Molina, los españoles demostramos un grado elevado de ceguera para no darnos cuenta de que repetíamos los mismos errores que otros países que habían tenido la misma tentación de crecimiento fácil. Es más, adorábamos a los políticos y a los personajes más significados que lo hacían posible y no veíamos ni sus malas maneras ni su interés personal ni los casos de corrupción que los salpicaban. O, lo que es peor, las disculpábamos. Pero esto es común a todos los países en los que ha sucedido una burbuja inmobiliaria de la magnitud que tuvo España. Una de las causas y de las consecuencias de este tipo de crisis es, precisamente, que la sociedad se convierte en sorda y ciega y pierde todo comportamiento basado en la buena ética.

La segunda base sobre la que construye su argumentación es más propia de España. Se explica en raíces históricas nacionales y es una idea que Muñoz Molina ha reiterado en varios de sus escritos. Me refiero a la aspereza civil y la violencia verbal con la que se manifesta. En contra de lo que podría esperarse, este clima de confrontación no ha sucedido en épocas de carencias o problemas graves. En la Transición española se dieron una serie de pactos -acuciados muchos por la excepcionales circunstancias históricas- que favorecieron la llegada de la Democracia. Aunque estos pactos fueron contestados por ambos extremos del abanico político -incluso con violencia y asesinatos-, la mayoría de los partidos políticos y de la sociedad española favoreció una salida constitucional en la que se integró. Ante la necesidad, la sociedad reclamó pacto, estabilidad y una altura histórica.

En efecto, en la época de euforia económica sucedió algo que merecerá un estudio por parte de los sociólogos e historiadores de años venideros precisamente por haber sucedido cuando nos creíamos ricos: la aparición en la primera línea política de un estado de confrontación permanente a pesar de que todo parecía ir bien en el país. Desde mi punto de vista, esto se debió a varias causas que paso a describir.

La primera, indiscutible, es la forma en la que salió del poder Felipe González. Sobre todo desde su última victoria electoral en 1993. Los últimos años de Felipe González en el gobierno evidenciaron una decadencia de su figura que fue aprovechada por los medios de comunicación contrarios para comenzar una crispación social como estrategia para terminar a toda costa con la larga etapa en el gobierno del PSOE. Aquello ha sido reconocido, explícitamente, por varios de los que participaron, por lo que no es rumorología sino historia. José María Aznar supo aprovecharse de esa política de crispación social y definirla políticamente mucho mejor que sus antecesores al frente del PP con aquella célebre frase: Váyase, señor González. Aznar es el típico ejemplo de político que llega en el momento oportuno y sabe aprovecharlo y que cinco minutos antes o cinco minutos después no hubieran pasado a la historia.

La segunda es la estrategia de varios medios de comunicación que radicalizaron sus mensajes. La política de los empresarios de este sector comenzó a extenderse más allá de la propiamente informativa. Aparte del fortalecimiento de la prensa en papel por aquellos años -aún Internet no les había hecho daño-, el reparto de las televisiones privadas y las nuevas emisoras radiofónicas fueron el objetivo fundamental de empresas que también se relacionaban con otros sectores, como el de la construcción. De hecho, los gobiernos nacionales de uno y otro color y los autonómicos comenzaron una estrategia a través de inversiones indirectas en estas empresas de la comunicación, favoreciendo a unas o a otras según su afinidad y lealtad. Hubo casos verdaderamente escandalosos. Estos medios de comunicación han radicalizado su mensaje desde entonces y hoy vivimos casi en un territorio de banderías que no beneficia a nadie y que se ha crispado más aún con la aparición de la conocida como TDTparty. Algunos empresarios, para terminar de potenciar esta radicalización, tienen acciones en medios de comunicación contrarios que procuran atizar el fuego del conflicto para ganar la fidelidad de sus seguidores, cada vez más repartidos en compartimentos estancos. Con ello se crea una base de audiencia potencial que se proyecta en su peso en la opinión publicada, con los consiguientes beneficios por ingresos publicitarios o por posicionamiento como herramientas para la divulgación de estrategias electorales.

La tercera es la actitud con la que el PP ha accedido al Gobierno nacional tanto en 1996 como en 2011. No me refiero, ahora, a su ideario político, sino a las maneras. En ambos casos, significados miembros de este partido han demostrado un afán revanchista y un cierto tono de suficiencia, contrario a todas las maneras de la corrección política en una democracia asentada. Con ocasión de perder el poder en 2004 tampoco encajó bien la derrota y las acusaciones al PSOE de urdir una gran conjura siguen hasta hoy. Todo ello no ha contribuido a un clima de sosiego sino que ha fomentado, interesadamente, esa aspereza civil de la que habla Muñoz Molina.

La cuarta tiene su raíz en algunas claves de la política de José Luis Rodríguez Zapatero tras su acceso al poder en el 2004. Ni Zapatero ni Aznar son parte de la generación que protagonizó la Transición. A esto se suma que cada vez un sector mayor de la población se siente desvinculado de los pactos que llevaron a la Constitución española de 1978, bien por edad bien porque se han liberado de los temores y compromisos de aquellos años. Una de las grietas de esos pactos es, precisamente, todo lo englobado en la Memoria histórica. Un sector cada vez más amplio de la izquierda demanda la corrección o anulación de algunas de las bases que llevaron a aquel pacto: la concepción misma del Estado -República o Monarquía, centralismo o federalismo, independentismo, etc.-, la reparación de los derechos de las víctimas del franquismo o la condena de la dictadura de Franco a la manera de lo que sucede en Alemania con el nazismo. Esto ha provocado la reacción contraria, manifestada de una forma radical en los medios de comunicación afines a la derecha.

La quinta, el descrédito cada vez mayor de las instituciones básicas del estado español actual: partidos políticos, sistema parlamentario y Monarquía. Este descrédito se ha generado también en la época de abundancia: las imágenes de políticos imputados o condenados que no eran apartados por sus partidos, la conversión de la Monarquía en una familia mediática cada vez menos respetada por la opinión pública, el estado de algarabía continua del Congreso de Diputados, etc Sin duda, el perfecto ejemplo de cómo se ponen las semillas de la futura decadencia.

Todo ello está en la base de esa aspereza civil de la que habla Muñoz Molina. En España solo se amortiguaron los efectos de la Guerra civil provocada por el golpe de Estado de los generales en 1936 -que se sublevaron contra el poder legítimo del momento- en los pactos que llevaron a la Constitución de 1978. A partir de los últimos años de Felipe González la crispación ha regresado al país, alimentada por medios de comunicación necesitados de la cercanía al poder para subsistir y sedientos de cuotas de audiencia aun a costa de una escalada verbal que a todos perjudica. Hay poca altura política incluso para solucionar problemas históricos fácilmente solucionables, como las fosas comunes que aún existen en España con los cuerpos de las víctimas de los represaliados por el bando franquista.

La mediocridad cada vez mayor de nuestros gobernantes -tanto en sus maneras como en sus discursos- sirve, a la vez de espoleta y de mal ejemplo en un país que siempre ha estado abonado a estos radicalismos. Lo único sorprendente, en este caso, es que se diera en los mejores momentos económicos de los últimos cien años.

Ambas cosas, ceguera y aspereza civil llevaron a que no se pudiera llegar a un acuerdo de desarrollo sostenible del país que nos hubiera ahorrado las consecuencias más dramáticas de la crisis. Un ejemplo: uno de los mejores ministros de educación de los útlimos años ha sido Ángel Gabilondo (2009-2011). A pesar de que estuvo a punto de conseguir un gran pacto de estado para reformar la educación en España, a última hora todo fue imposible precisamente por la estrategia de crispación según la cual al enemigo político no se le debía dar esa baza. Es curioso que los dos grandes partidos políticos españoles solo hayan llegado a un gran acuerdo en los últimos tiempos: una reforma urgente de la Constitución española no sometida a referendum y obligada por la Unión Europea para limitar el déficit público.

Noticias de nuestras lecturas

Antonio Aguilera vuelve al Club de lectura por la puerta grande, con su primer comentario revulsivo de Todo lo que era sólido, abordando la burbuja inmobiliaria.

Pancho comienza su aportación sobre la obra de Muñoz Molina por el comentario de la portada, la cita y la autocomplacencia que nos cegó ante lo que iba a ocurrir. Excelente, como también su segunda entrada, en la que aborda las causas generales del descrédito del sistema parlamentario y una característica de la obra de Muñoz Molina: cómo parte del retrato de personajes concretos que adquieren calidad de tipos sociales que aclaran lo que en España ha pasado en los últimos años.

Paco Cuesta redacta un magnífico análisis de la perspectiva ideológica de Todo lo que era sólido, una reflexión que integra y no disgrega.

Mª Ángeles Merino sigue con su sagaz forma dialogada de comentar el ensayo de Muñoz Molina, aquí para explicar que donde había dinero ya no lo hay...

Myriam realiza una excelente aportación a la lectura: parte del texto de Muñoz Molina para hacer un análisis de las raíces de los comportamientos tan españoles mencionados por el autor y que están en la raiz de todo.

Gelu publica su tercera entrada sobre La estafeta romántica de Galdós. Llama mucho la atención el uso de las obras literarias en Galdós para la contextualización de una época.
 
Mª Ángeles Merino sigue con el comentario de Intemperie. Llega aquí al momento en el que el muchacho debe tomar las riendas de su vida y hacerse cargo incluso del pastor.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.