miércoles, 7 de diciembre de 2016

Un año de la presentación de mi poemario piel

Con Luis Felipe Comendador, hace un año.

Hoy hace un año presenté mi poemario, piel, en el Museo Casa Chacinera de Candelario. Desde que volviera a escribir y publicar después de un largo silencio, este es mi tercer libro (después de Esguevas y Echo al fuego los restos del naufragio). Con él he visitado varias ciudades y me he encontrado con personas maravillosas entre el público y entre los lectores que se han puesto en contacto conmigo después de leerlo. Ya su escritura me deparó enormes satisfacciones. Contaba en él mi feliz hallazgo de una fórmula para cantar el paisaje, la amistad y el amor tras mis dos anteriores títulos, que abordaban el dolor, la pérdida y la tristeza. Sabía escribir desde la tristeza y he aprendido a hacerlo desde la alegría, cosa que yo pensaba imposible en mi manera de acercarme a la literatura hasta ese momento. Aunque este libro ya da paso a nuevos proyectos, aún se resiste a ser olvidado. Todavía tengo pendientes algunas presentaciones que me llevarán a nuevas tierras y más amigos. Estos compromisos me permitirán una despedida lenta de estas páginas. Anunciaré las citas con tiempo. Aunque la tirada fue mayor de lo habitual para un poemario de este tipo, quedan muy pocos ejemplares a la venta y se han reservado unos cuantos para las presentaciones que faltan.

Después de visitar tantas ciudades con este libro, aún recuerdo la emoción íntima de la presentación en Candelario ante un grupo de amigos que quisieron acompañarme. Entre ellos estaban algunos de los que compartieron conmigo los paisajes y las experiencias que llevé a los versos. Qué bien sonó esa intimidad en el Museo Casa Chacinera -¡qué maravilloso espacio para estos encuentros en los que la respiración del público cercano es tan necesario!- de ese pueblo tan bello y con tan buena gente, Candelario.

Por otra parte, como conocen los lectores habituales de este espacio, lo obtenido con la venta del libro contribuye a financiar los proyectos de la ONG SBQ SOLIDARIO, esa locura en la que anda Luis Felipe Comendador.

Os invito a recorrer las entradas que viajan a lo largo de este año de la mano de piel para comprenderlo mejor (pinchando en este enlace: las entradas se recuperan en orden inverso a su publicación, de más reciente a más antiguo).

martes, 6 de diciembre de 2016

Luis Felipe Comendador en los cerros del Alto Trujillo


Actualizo esta entrada al día siguiente de su publicación para advertir que desde Facebook no se puede acceder a ella. Alguien ha decidido denunciarla y se ha bloqueado su contenido, acceso y difusión en esa red social. No logro entenderlo. Juzguen ustedes por su cuenta.

A Luis Felipe Comendador


A veces, la fatiga de las cosas.
Nada sirve de nada, seguirán
muriendo a centenares en los cerros
sin nombres registrados, como pájaros
que no pueden saltar en los jardines.
Pero hay que estar,
hay que estar siempre
para levantar acta
de los que no figuran en los libros
ni como números
porque nadie anotó sus nombres
y dar fe de su vida
antes de que los mate
la burlona sonrisa de la historia.
Se te acercan los niños a las manos
con todo lo que tienen: nada y ojos,
unos ojos enormes que te miran
con su inocencia antigua. Estos niños
solo tienen presente
y un carro,
un carro enorme,
que empujan
ladera arriba.
A media cuesta
hacen un alto,
se secan el sudor
y siguen.

© Pedro Ojeda Escudero, 2016

lunes, 5 de diciembre de 2016

Refugio


El domingo subimos a la Peña de la Cruz. Los bancos de niebla se había agarrado a la sierra pero de vez en cuando se abrían claros que permitían disfrutar del paisaje. Apenas queda ya nieve, las últimas lluvias y que no aprieta el frío, han hecho que se retire. El refugio estaba lleno de gente y celebramos allí el encuentro y la alegría con unos buenos huevos fritos con panceta y patatas, una fuente  de carne y vino tinto. ¡Brindar porque estamos vivos en ese mismo momento! Qué más da lo que ocurra mañana.

(Alguien me hizo ver, hace tiempo, que en mis textos está presente la necesidad de refugio como tema recurrente. La vida es una intemperie que solemos atravesar solos. Por eso es tan importante estar en paz con uno y mirar tanto hacia afuera como hacia adentro, en busca permanente de un equilibrio que pocas veces se consigue. En ocasiones, consiste en pactar con uno mismo una especie de armisticio. Si nos aventuramos dejamos siempre atrás lo que nos hacía creer seguros, de ahí el temor de muchos que no se atreven a variar la rutina en la que se sienten seguros aunque esa rutina sea también cadena que no le deja lugar a la emoción o lo ata con aquello que le hace infeliz. Hay quien se amputa las emociones para no sufrir, pero es condición humana. A veces entra también la intemperie en nuestra casa y convierte las paredes en jaula de lamento o las derriba de un soplo y descubrimos la fragilidad y el frío. Si tenemos fortuna, cada cierto trecho un refugio nos acoge. Disfrutemos allí, como si ese instante fuera a ser eterno y apiadémonos de quien no tiene la fortuna de hallar nunca un refugio en el camino.)

domingo, 4 de diciembre de 2016

¡Ah de Lerma! ¿Alguien responde?


¡Ah de Lerma! ¿Alguien responde?, grité desde el mirador que asoma a la vega del Arlanza. Grité como se hacía antes, cuando se llamaba para comprobar si había alguien en la casa en la que se entraba. ¡Ah de Lerma! Sin embargo, lo hacía hacia afuera, hacia el paisaje que se abría ante mis ojos: el río Arlanza jugando con la tierra, una blanca senda hacia la chopera, la sierra al fondo. Detrás de mí, la villa ducal trazada para ser corte y reflejo del poder de su señor. Podría haber gritado en cualquier otro lugar lo mismo. ¿Hay alguien libre que me oiga? ¿Quedan seres humanos sin señor? ¿Alguien responde?

sábado, 3 de diciembre de 2016

La nieve primera



He mirado la sierra esta mañana
-apuntada de blanco-,
quién sabe qué es la nieve
cuando oculta el paisaje.

Las primeras nieves ejercen un curioso efecto sobre el paisaje. De pronto descubrimos las montañas. Estaban ahí pero ahora parecen más cerca, más altas, con un cierto misterio de lo inalcanzable. Han caído sobre las cumbres como si nos advirtieran del invierno. Es hora de refugiarnos en la casa y hablar con los amigos, con los otros. Quizá con el otro que viene con nosotros. Que nos reclama.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Autorretrato con espejo y escalera


Mirarse al espejo y hallar la noche llena de ángulos. Precisa, acogedora, definitiva. A veces un espejo te abre hacia todos los abismos. Por eso hay quien los cubre con lienzos.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Cosas de libros (final de la lectura de Niebla de Unamuno) y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima


Unamuno, en la Oración fúnebre por modo de epílogo, reproduce el monólogo interior de Orfeo, el perro de Augusto. Es a él al que le toca extraer las últimas reflexiones sobre el final de su amo. Este ingenioso rasgo desconcierta siempre al lector no avisado, al lector que no está dispuesto a admitir tonterías en las novelas. Un rasgo más de lo que pretende el autor con Niebla. Este humorismo, del que ya hemos hablado, para decir cosas serias. Orfeo piensa sobre el extraño animal que somos los seres humanos, animal enfermo:

¡Qué extraño animal es el hombre! ¡No está nunca en donde debe estar, que es a lo que está, y habla para mentir y se viste!

El lector que busca argumento, el lector que no quiere que lo sorprendan de verdad, como debe sorprender la literatura, se aburrirá soberanamente con Niebla. No es culpa del autor, es culpa de la lectura insuficiente (de la que pocas veces se habla por miedo a la reacción de la industria del libro como valor comercial).  En Niebla se habla de todo, pero sobre todo de la vida. Se vive como se escribe esta nivola, según van sucediendo las cosas, no como nos la cuentan las novelas previsibles y ordenaditas que no deparan más que pequeños enredos argumentales y comodidad de lectura. Capítulos antes de esta Oración, sucede la escena más famosa de la narración, el encuentro entre el personaje (Augusto) y su creador (Unamuno) que así, muy cervantinamente, se convierte en personaje también y, por lo tanto, sueño. Unamuno da un paso más allá de Cervantes: no solo tiene idéntico genio literario -metaliterario- sino que lo usa para hablar de la misma vida, de la existencia del ser humano: ¿somos en realidad o somos solo sueño de alguien que nos sueña? ¿Tenemos libertad auténtica? Como resume Domingo, cosas de libros. A lo que responde Augusto:

Cosas de libros..., cosas de libros... ¿Y qué no es cosa de libros, Domingo? ¿Es que antes de haber libros en una u otra forma, antes de haber relatos, de haber palabras, de haber pensamiento, había algo? ¿Y es que después de acabarse el pensamiento quedará algo? ¡Cosas de libros! ¿Y quién no es cosa de libros?

En efecto, ¿no somos todos un relato autobiográfico y los demás uno biográfico nuestro? Por eso, si queremos demostrar nuestra propia existencia debemos desarrollar voluntad propia, como hace este Augusto que comienza siendo un niño mimado e insustancial y termina muriéndose a propósito. Lo malo es que hasta su muerte se convierte en mero relato de los demás: asistolia o producto de una sentada, suicidio o muerte tonta, sueño de Unamuno o recuerdo en Orfeo. Y cuando Orfeo muera, quién recordará de verdad a Augusto... o a nosotros, que lo leemos.

Y noticias de nuestras lecturas

Excelente la forma en la que Pancho ha visto cómo la niebla puede instalarse en un casino provinciano y en la vida de una persona tan aparentemente ordenada como Víctor, el amigo del protagonista. Y nos reserva un descubrimiento -para mí, al menos- al final de la entrada.

Luz del Olmo concluye su relectura de la obra haciendo un interesante balance de la novela en el que no falta nada... ni Orfeo. Os lo recomiendo.

No os podéis perder de ninguna de las maneras la entrada en la que Mª del Carmen Ugarte analiza una de las claves de esta novela de Unamuno: el lenguaje. Os ayudará a comprenderla mejor.

Hasta el capítulo XXIII llega Gelu en su comentario de la obra. Y señala, con todo acierto, lo divertido de la narración de Unamuno.

Mª Ángeles Merino reseña con acierto la sesión presencial que tuvimos el pasado martes para comentar la obra de Unamuno. Y a su entrada remito para quien quiera saber cómo disfrutamos entre gordolobos y páginas de Niebla...


Anuncio de la próxima lectura



En diciembre leemos Don Quijote en Manhattan (Testamento yankee), la nueva novela de Marina Perezagua, uno de los valores en alza de la narrativa española. Nacida en Sevilla, licenciada en Historia de Arte en la Universidad de Sevilla, vive en Nueva York desde hace años. Tras dos libros de cuentos, Criaturas abisales (2011) y Leche (2013) publicó Yoro (2015). Esta novela concitó el interés crítico y de los lectores, ha sido traducida a varios idiomas y alcanzó el XXIV Premio Sor Juana Inés de la Cruz, uno de los más prestigiosos en hispanoamerica, que premia la obra de escritoras con obra original en español. Curiosamente, la primera edición de este Premio fue para otra obra de fondo cervantino, Dulcinea encantada, de la mexicana Angelina Muñiz-Huberman. En esta recreación de los personajes de Cervantes encontraremos a don Quijote y Sancho en pleno Manhattan contemporáneo... De hecho, sin quererlo, enlazamos Niebla, en donde Unamuno afirma que es imposible resucitar a Don Quijote, con esta novela en donde se hace tal cosa...La novela ha sido publicada por Los libros del Lince.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Los insolentes


Con Miguel Ángel Santamarina me embarco en un nuevo proyecto de encuentros literarios, Los insolentes (aquí nos tienes en la presentación del proyecto en Televisión) Creemos que el nombre es ya, en sí mismo, una declaración de intenciones. Nuestro deseo es acercar la literatura y a los autores al público de una forma dinámica, con formatos diferentes a los habituales y en los que se mezclen la literatura, la música, la danza, el teatro y cualquier otro tipo de manifestación artística que encaje en cada evento. Intentamos aprovechar la calidad artística y la predisposición al encuentro con el público que hoy es habitual pero que muchas veces no tiene un cauce adecuado para juntarse en propuestas que hagan crecer cada una de las partes en un conjunto atractivo tanto para los escritores como para los artistas que colaboren y el público. Un público en el que queremos aunar tanto al que es lector habitual como al que no lo es, al que frecuenta librerías como al que no lo hace, quien asiste a presentaciones de libros como quien nunca lo ha hecho.

El guion principal siempre tendrá relación con la literatura y cada encuentro tendrá un tema que dé unidad al conjunto. Todos los géneros tendrán cabida (narración, poesía, teatro, ensayo, prensa, etc.), Los espacios elegidos no serán los habituales o, por lo menos, no tendrán el uso habitual y quien acuda siempre encontrará sorpresas además de poder estar muy cerca de los autores y compartir tiempo con ellos, interesarse por sus obras, opinar, proponer e interactuar de forma creativa. No habrá una periodicidad concreta puesto que la idea no es convertir el proyecto en rutina. Cada cierto tiempo convocaremos al público a una fiesta de la literatura en pequeño o en gran formato. Aunque inicialmente estos encuentros se organizarán en Burgos, no descartamos desplazarnos a otros lugares. De hecho, ya tenemos alguna oferta más que interesante, que estudiamos para los próximos meses. Y un proyecto de fiesta literaria en abril, que celebraremos en espacio abierto en Burgos.

Presentamos el proyecto con el primer encuentro literario que hemos llamado Burgos Negro, que se ha celebrado las ocho de la tarde de hoy en La Casa de las Musas, un lugar con nombre y estética más que apropiada para la propuesta. Agradecemos a los propietarios del local haberse prestado a esta locura. Hemos centrado este encuentro en la novela negra escrita en Burgos. Han sido protagonistas del evento Leandro Pérez (autor de Las cuatro torres, que está a punto de continuar la saga de Juan Torca con la segunda novela, de aparición inminente en Planeta), Juan Carlos Martínez Barrio (autor de El libro de los sueños y La noche sobre dos ríos) y Miguel Ángel Santamarina (autor de Queremos que vuelvan, que ha sido objeto de comentario en el Club de lectura de este blog en las pasadas semanas). Quizá sea la novela negra la que mejor encuentre la forma de poner en evidencia las características esenciales de la sociedad actual. Por ello y porque se han juntado desde el 2014 hasta el presente varias de interés publicadas por autores relacionados con Burgos, hemos comenzado con esta modalidad narrativa. Los tres autores dispusieron de un tiempo para exponer su relación con la novela negra. Quienes tuvimos la fortuna de escucharlos disfrutamos de un seminario sobre el género de alto nivel que resultó, además, muy ameno.

Nuestros generosos patrocinadores han sido la librería Luz y Vida, la Cerveza artesana Dolina (que ha ofrecido una cerveza a los asistentes y ha presentado en el acto, como primicia, su nueva gama de cerveza... negra, una cerveza ligera y resfrescante), drmusic, mucho más que una tienda de música, y el youtuber y experto en comunicación audiovisual Danix con X. Manuel, de la empresa burgalesa Resistible, nos presentó su proyecto de ataúdes ecológicos y, como no hay novela negra sin muerto y asesino (uno de cada, por lo menos), Miguel Ángel y yo nos hicimos fotos dentro de la caja, así como dos personas del público, que, por sorteo, resultaron ser víctima y asesino. Agradezco mucho al público su entrega y participación en este encuentro con la literatura y su disposición a participar en el reto de asistir a algo diferente a lo habitual. La sala completó el aforo disponible.

También contamos con la participación de los músicos Joaquín García y Fran Martín de Loeches, que lanzan con esta ocasión, un nuevo grupo con vocación de continuidad, The Insolents. Todo un lujo, desde luego. Por cierto, con ellos pude comprobar de nuevo una lección que aprendí hace tiempo. Si estuvieron magníficos durante el encuentro, cuando se desalojó la sala y estábamos recogiendo, Alberto (profesor de piano en la Escuela de Danza de Burgos) comenzó a tocar el viejo y desafinado piano que nos había servido de expositor para los libros y Joaquín y Fran lo siguieron con el contrabajo y la guitarra. Qué minutos... Nunca abandones un lugar en el que haya músicos creativos hasta que no enfunden sus instrumentos y se vayan...

Agradecemos también la repercusión que ha tenido este proyecto en todos los medios de comunicación de Burgos y en las redes sociales.

Este proyecto no me retira de los anteriores. Cada público, cada formato, exige una manera diferente de planteamiento. Seguiré con el blog, con el Club de lectura y con las presentaciones habituales de libros, buscando acercar la literatura a todos los públicos. Pero siempre he querido buscar nuevos formatos, rompedores, atractivos para todo tipo de personas. Conocer a Miguel Ángel Santamarina, que está lleno de vitalidad, capacidad de trabajo y creatividad, que no se rinde ante los obstáculos, ha sido una gran oportunidad para proyectar este nuevo formato común.

martes, 29 de noviembre de 2016

En las cosas pequeñas corre la sangre


En las cosas pequeñas corre sangre
de animales y tierra separados
por las cosas sublimes.

Y al viento las banderas y los himnos,
palabras que reposan
junto al cuchillo.
Tanta sangre en el musgo
espesando el camino
de las hormigas,
empapando con una sed extraña
los líquenes pegados a los robles.

No hay lugar en el mundo que no haya sido
apelmazado
por la sangre.

© Pedro Ojeda Escudero, 2016

lunes, 28 de noviembre de 2016

Y hubo tiempo para un café


El sábado por la mañana llovía en el parque del castillo. Una lluvia fina y fría. Quizá subiera yo abrumado por todas las tareas pendientes, pensando en los días que puedo sacar a las semanas que faltan antes de Navidad para rematar las cosas y organizar la agenda. A estas alturas, claro, ya debería haberme comprado la del año que viene y comenzado a colonizarla con anotaciones a lapicero -las que pueden ser cambiadas después de confirmadas-, en bolígrafo negro -las citas normales del trabajo- y a rotulador rojo -las que no deben pasárseme, a veces envueltas en la doble llamada de un círculo o una flecha-. Ya no me fío de mi memoria.  Quizá fuera demasiado deprisa o demasiado agobiado o demasiado todo, sin sentir siquiera la fatiga de la subida. De pronto, me crucé con una concentración de vehículos a distancia gobernados casi todos por adultos y algunos niños venidos de diferentes ciudades. Iban a la velocidad de sus vehículos, subiendo las cuestas, derrapando con la hierba o el barro. Se mojaban pero sonreían. Recuerdo que un día de Reyes Magos mi padre apareció con un coche teledirigido. Menos completo que estos del sábado. Supe después que mis padres no pudieron pagarlo y fue un detalle de la empresa, pero no importa. El tiempo que me duró aquel coche  -se estropeó pronto- fue la estrella de mis juguetes. Estos del sábado se reunieron todos en el mirador del castillo, desde el que se contempla toda la ciudad antigua, con el regocijo de sus dueños, que esta semana se encontrarán en Vitoria. Sonreían. Sonreí. Me volví y te dije -al fin, qué ciego-: ¿Tomamos un café? Y hubo tiempo para el café. Sin agenda.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Es hermosa la noche


Es hermosa la noche
que trasforma tu cuerpo,
feliz enredadera,
¡nudo, simiente y tiempo!

© Pedro Ojeda Escudero, 2016

sábado, 26 de noviembre de 2016

¿A qué vuelta se acuesta un perro?


Mi padre contaba reiteradamente uno de esos chistes tradicionales que no tienen gracia pero que le acaban acompañando a uno toda la vida:

- ¿A qué vuelta se acuesta un perro?

De niño me fijaba en esa costumbre de los perros de dar vueltas antes de echarse. E intentaba contarlas para poder responder a mi padre la siguiente vez que me contara el chiste. Pero nunca me salían las cuentas. Él insistía:

- ¿A qué vuelta se acuesta un perro?

También contaba repetidamente otro de perros, igual de malo e inocente (¿Sabes por qué hacen las plazas de toros redondas?... Para que no se meen los perros en las esquinas). Eran chistes aprendidos en la infancia que contó a lo largo de toda su vida. A él le hacían mucha gracia y yo me imaginaba su infancia, en una ciudad sin calles asfaltadas, con adoquín en otras, con solares en las calles en los que crecía la maleza y con tiempo para contarse chistes repetidos, previsibles, reconocibles, sabidos mil veces. En esa época en la que había perros en las calles. Perros que podían o no ser de alguien pero que todo el mundo conocía en el barrio. He conocido alguno de esos, de los que ya no hay. Recuerdo uno al que su amo -ya mayor y con poca movilidad- abría la puerta de su piso. El perro bajaba solo hasta el portal y esperaba a que un vecino le abriera la puerta de la calle. Daba vueltas a la manzana sin cruzar nunca a la acera de enfrente. A su manera, saludaba a todos los conocidos que se encontraba: al frutero, al del bar, a los vecinos más amables, a los niños cuando volvían del colegio, incluso al policía de barrio. Cuando había paseado lo suficiente, volvía a su portal. Esperaba hasta que un vecino le abriera la puerta y subía hasta el piso en el que vivía. Hoy ya no hay perros en la calle. Perros como aquellos a los que me refiero, claro. No estoy seguro de que sea solo por razones sanitarias, que comprendo, claro, sino porque en nuestra vida todo está gobernado por el automóvil y la desperzonalización. Ni siquiera nosotros nos encontramos bien en la calle de nuestras ciudades, cada vez menos. Hoy un perro en la calle no es nadie, nadie sabe quién es su amo e inspira temor. Tan lejos estamos de la naturaleza.

¿Que a qué vuelta se acuesta un perro? Como me decía mi padre, a la última.