domingo, 27 de mayo de 2018

¿Cómo nos imaginamos dentro de diez años?


¿Alguien recuerda el llamado milagro español de las últimas décadas del siglo XX? Salíamos de una dictadura, se llegaban a acuerdos políticos, se trasformaba la mentalidad social, construíamos un país creativo y dinámico, la esperanza en un futuro mejor se instalaba en todas las casas, se consiguió salvar la amenaza de un golpe de estado... ¿Queda algo de eso hoy en un país atirantado, inactivo, perplejo? Y, sobre todo, ¿cómo nos imaginamos dentro de diez años? Me gustaría decirte que de todo sale, que el tiempo se hace rueda de la fortuna, que hay que tejer cada día para que mañana tengamos la  labor hecha. Mientras tanto, a mi trabajo voy, a mis soledades y mis compañías me atengo, en el día a día me encuentro con el mejor de los ánimos.

sábado, 26 de mayo de 2018

Historias de gatos


Una antigua pareja mía tenía gato. Se murió. Tuvo otro.
*
Si los gatos dominaran el mundo todos seríamos ratones, como ahora.
*
Cuando cae, el gato cae de pie. Por eso procuro no caerme.

jueves, 24 de mayo de 2018

El nómada en Los refugios de la memoria de José Luis Cancho y noticias de nuestras lecturas


En la isla de la Gomera, José Luis Cancho cierra un ciclo. Había obtenido allí una plaza como maestro y decide renunciar a ella y comenzar una vida como nómada. Esta tendencia ya había aparecido en su vida a los dieciséis años, cuando viaja durante meses por Europa, pero ahora tiene un significado más profundo: había cerrado ya su activismo político, su militancia en la primera fila que tanto le había expuesto y trasformado y a la edad en la que muchos piensan en asentarse en un lugar, formar familia, contar con un horario laboral y un trabajo estable, lo deja todo: Cumplía así con un nuevo abandono, con una nueva dimisión, con una nueva renuncia. Se echa al mundo y recorre Latinoamérica descubriendo en sí mismo una nueva faceta, un fragmento nuevo de ese autorretrato en que consisten estas memorias:

Antes me convertiría en un nómada, en un vagabundo, en un mendigo en busca no tanto de bellas ciudades como de rincones en los que ahuyentar la desazón permanente del que busca sin saber muy bien lo que busca.

De toda esa búsqueda nos cuenta apenas unos retazos pero tan intensos en la memoria escrita que bastan para fijar su imagen caminando por el mundo en una mirada hacia el exterior contaminada en parte de sus recuerdos más personales, aquellos que le suscita el barrio en el que vivió hasta que abandonó Valladolid (el barrio de San Pedro que construye en sus obras en espacio mítico como barrio del Carmen con tres elementos que levantan un triángulo mítico referencial: la casa de los padres, la antigua cárcel provincial de Valladolid y el cementerio del Carmen). Siguiendo a Proust -uno de sus autores-, Cancho atraviesa caminos polvorientos en Sudamérica como si todavía recorriera las calles sin asfaltar de aquel barrio, igual que el olor de las higueras o el sabor de la flor de la acacia son desencadenantes de los recuerdos. Pero cuando mira lo que tiene delante las imágenes que nos traslada son de una verdad tan intensa que alcanza factura poética, como el desierto de Atacama florecido, que se trasforma en él en una poderosa metáfora de la vida. El autor, como muchos de nosotros, camina por el mundo, atraviesa paisajes maravillosos y desconocidos, conoce gente, vive experiencias de todo tipo (a veces peligrosas) pero siempre lleva dentro el mapa del territorio de la infancia.

Esta descripción del nómada es una de las cosas más interesantes de este libro tan apasionante y bien escrito. El nómada atraviesa el mundo sin detenerse en fronteras, cargando encima todo lo que es -memoria y presente- y aprendiendo a vivir con la renuncia y la extrañeza, incluso de sí mismo: La vida es más insólita a medida que envejezco. El que fui me resulta cada vez más misterioso.

En pocas ocasiones se ha escrito con tanta precisión y armonía ese parte de la vida que nos convierte en nómadas, casi apátridas de nuestra propia biografía -si no fuera por esa persistencia del olor de la flor de la acacia.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo comenta Los refugios de la memoria a partir de la misión de contar y de la falta de rencor de estas páginas. No os perdáis su aproximación.




El pasado sábado 19 de mayo presenté los Premios de la Crítica de Castilla y León en la Feria del libro de Burgos. Estuvo presente José Luis Cancho y con él hablamos de su obra Los refugios de la memoria en un encuentro más que agradable y en el que salieron a la luz todos los aspectos claves del libro: la memoria individual y la memoria colectiva, el nomadismo del autor, su dedicación a la escritura, las claves estéticas de la obra... Como siempre, la detallada y estupenda crónica de Mª Ángeles Merino me ahorra dar más datos. A ella os remito.



Pancho continúa su comentario de Akúside, de Ángel Vallecillo, nuestra anterior lectura. En el de esta semana llega al análisis de la hipocresía que se esconde en el nuevo régimen instalado tras el triunfo del nacionalismo independentista... y termina, para bien de todos, con unas bulerías del Cabrero.






Ayer miércoles, con los miembros del club que decidieron acercarse, visitamos la exposición El rostro de las letras en su actual ubicación, el Arco de Santa María de Burgos. Resulta interesante comprobar la importancia que la imagen fotográfica ha tenido en la relación de los escritores con el público: ha sido divulgadora, medida publicitaria, ha favorecido el coleccionismo, ha construido personalidades públicas... Como la exposición circula por España desde el 2015 (a veces ajustándose a temáticas concretas) seguro que tendréis oportunidad de visitarla en alguna ocasión, os lo recomiendo. Si no, podéis acceder a esta página para una visita virtual. Esta visita os reportará no solo información sobre esta relación entre escritores, fotógrafos y público sino también un recorrido apasionante por la historia del retrato fotográfico en España.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Historias de marineros


En las viejas historias de marineros, cuando un motín triunfaba, al antiguo capitán y el puñado de quienes le habían sido fieles hasta el final se les abandonaba en el mar en una barca con un poco de agua potable y unas galletas. A los amotinados que fracasaban a veces les ocurría lo mismo. En otras ocasiones se les colgaba del palo mayor. En las largas noches de verano de mi infancia imaginaba un barco cuya tripulación se amotinaba continuamente hasta que solo quedaban dos sobre la cubierta, claramente insuficientes para gobernar la nave. Ya no quedaban barcas desde el cuarto motín. Cuando la historia llegaba a ese momento, en el que ambos marineros se miraban ferozmente enfrentados, se terminaban las vacaciones y las tareas escolares me hacían olvidar el relato de aquel barco del motín permanente en el que solo quedaban ya dos marineros en mitad del océano, un capitán y un rebelde, ambos varias veces amotinados y que hasta ese momento habían sabido apuntarse al lado del vencedor.

lunes, 21 de mayo de 2018

Danzante


¡Qué gesto más hermoso te aproxima
al cielo de esta tarde, el prodigioso
giro de quien se sabe victoriosa
sobre las leyes físicas! El cuerpo
nada sobre las cosas y retiene
en el salto la vida y la belleza.

© Pedro Ojeda Escudero, 2018

domingo, 20 de mayo de 2018

Los machos son los que tienen corbata


Y en esto, el gorrión se aperchó en una de las sillas de la terraza. Dejé el café en la taza y me quedé observándolo, su elegancia sencilla, el giro de su cabeza. Era macho, por la corbata. Mi padre me enseñó en los tiempos en los que aún se comían pájaros fritos en las tabernas de los barrios y de los pueblos: los machos tienen corbata. No hace tanto. En España casi todo lo que nos parece extraño en otros países a los que consideramos subdesarrollados está a menos distancia que una biografía: la llegada del agua y el alcantarillado a los pueblos, el asfaltado de las calles de los barrios, la entrada en casa del teléfono de ruleta, aquellos televisores en blanco y negro, los niños en pantalones cortos y las rodillas raspadas jugando al fútbol en los solares de las ciudades, las niñas saltando a la comba, los chavales cazando gorriones con carabina, las mujeres con la cabeza cubierta. Recuerdo los merenderos en los que acaban las calles de mi ciudad con aspiración de carreteras y su olor a gambas a la plancha los domingos. El gorrión saltaba, nervioso, de silla en silla en la terraza del bar. Recuerdo también una adivinanza antigua que decía que el gorrión era el único animal que come en España pero nunca anda en España y ahí tengo a este pardal, dando saltitos cortos para demostrarlo. Desmigo la pasta que me han traído con el café y se la ofrezco. La picotea. Es verdad, Mayca, se han hecho a nosotros como me decías, han aprendido a ser pequeños raterillos de nuestras migajas, como aquellos niños sucios y llenos de mocos de las películas y de la biografía de mi padre, en la posguerra, que estaban a lo que caía, a veces dado a veces hurtado. Ya ni siquiera hay niños y ha descendido la población de pardales, pero todo está ahí, a la distancia de una biografía. Como la voz de mi padre: los machos son los que tienen corbata y me hacía así, con la mano.

viernes, 18 de mayo de 2018

Mañana lenta de julio


Verte dormir
en la mañana
y es ya domingo
lento de julio
en la entresombra
de tu abandono
a mi mirada.

© Pedro Ojeda Escudero, 2018

jueves, 17 de mayo de 2018

El punto de partida de Los refugios de la memoria de José Luis Cancho y noticias de nuestras lecturas.


Hay varias formas posibles de abordar Los refugios de la memoria de José Luis Cancho. Algunos lectores buscarán en estas páginas el testimonio vital de aquel joven estudiante que en la mañana del 18 de enero de 1974 cayó desde el tercer piso de la comisaría de policía de Valladolid. Su caso es recordado aún porque conmocionó a la sociedad española -al menos a la que discrepaba de la dictadura franquista pero a muchos que no se contaban en ese lado no les pasó desapercibido lo que podía significar interna y externamente- a pesar del control que la censura ejercía sobre los medios de comunicación. El propio autor ha vivido con las consecuencias de esa fama y los efectos que tuvo su caso en la vida universitaria y en el activismo opositor de entonces. Suele ocurrir que muchas personas exigen del protagonista de un caso así que se quede detenido en el tiempo: como si estuviera condenado a caer repetidamente por aquella ventana. Cancho dedica cinco páginas al suceso que lo lanzara a una fama no buscada. Y de esas cinco páginas llama la atención la profundidad de las reflexiones expresadas a partir de las preguntas, no retóricas sino que entran en el terreno de la exploración de la memoria y de los hechos: la interrogación como forma de adentrarse más y más en la memoria y en el pensamiento, preguntas que quizá se haya hecho muchas veces el autor. De las cinco páginas, dos las dedica a un policía cuya declaración sobre los hechos coincidía con la suya en muchos aspectos y se pregunta quién fue y qué fue de él.

Parece obvio que ese puede ser el punto de partida de un relato autobiográfico. Pero no lo es, en absoluto, la manera en la que lo trabaja el autor. A partir de ahí comienza un intenso relato cuya reflexión principal es el paso del tiempo y la manera de contarlo. Predomina la elipsis, que da un atractivo especial al texto puesto que no en vano Cancho lo denomina autorretrato fragmentario. El autor, en efecto, se detiene en aquello que le importa hoy: la mencionada reflexión sobre el paso del tiempo, la manera en la que ha llegado a ser el que es y su declarada relación con la escritura. No solo con las novelas que ha escrito sino con el mismo proceso de la escritura:

He hablado del poder de la ficción, de la influencia que ejerce en nuestra percepción de la realidad, de cómo puede llegar a imponerse sobre esta.

En ese proceso -que es a la vez el del escritor y el de la persona- se llega a una cierta desnudez, incluso en el lenguaje (A medida que envejezco mi lengua se empobrece), también en un cierto distanciamiento de sí mismo que le permite la reflexión directa sobre su pasado. El estilo de este libro, contenido y poético y siempre exacto, lo refleja.

En un texto como este es inevitable que los que lo lean con profundidad se interroguen sobre sí mismos: su compromiso, su vida, su forma de entender las cosas. Aquellos que buscan solo el testimonio de un activista político que da cuenta de su lucha contra el franquismo pronto perderán el interés puesto que ese no es el texto que ha escrito José Luis Cancho. Sale ganando el lector que busca más allá, que sabe apreciar el relato del tiempo que pasa y los efectos que causa. Además, claro, está el propio interés por la escritura de Cancho, autor de novelas como El viajero junto al mar (1999), Grietas (2001), Indicios (2004) y Lento proceso (2013). De todo ello hablaremos en las próximas entradas de los jueves.


Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte se adentra por las páginas del libro de José Luis Cancho deteniéndose en algunas de las claves más importantes del mismo: lo autobiográfico y la experiencia literaria; la memoria individual y colectiva. No os perdáis este comentario para comprender el libro.

Mª Ángeles Merino escribe una extraordinaria entrada introductoria a la lectura de la obra de Cancho. En ella están sus recuerdos y las claves para abordar este trabajo de la memoria.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.





Desde hace unos años colaboro de forma asidua con la Feria del libro de Burgos. La presente edición se inaugura este viernes 18 y se clausura el 27 de mayo. El sábado 19 participo presentando los últimos Premios de la Crítica de Castilla y León. Estará presente José Luis Cancho, autor de Los refugios de la memoria y sobre esta obra y otras muchas cosas hablaremos con él. El acto tendrá lugar a las 13:00 hs. en la Sala Polisón del Teatro Principal. Entrada libre hasta completar el aforo.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Un árbol torcido. Sobre escritores malditos y establecidos.


Hay una cosa en la que coinciden los escritores malditos con los escritores establecidos: la manía de enderezar las cosas a su medida.

(Sírvase de entenderse también para cualquier otra especialidad de la vida.)

martes, 15 de mayo de 2018

Epifanio y el gato de Shcrödinger


Epifanio abrió la caja en la que había encerrado al gato y estaba vivo y muerto. Él, no el gato. Aprovechó para acompañar en el sentimiento a sus seres queridos, a los que hacía demasiado tiempo que no veía.

lunes, 14 de mayo de 2018

Gritos


No sé, quizá esté equivocado, pero a mí siempre me había parecido que gritar no es pensar ni actuar. Nos echan puñados de pienso y actuamos como ocas que creen que guardan su territorio. Pero el corral es de otros. Y así, de tanto gritar, llegamos cansados al momento de hacer que las cosas cambien de verdad. El grito suele tener un poder catártico, depurativo, sobre todo cuando se profiere en grupo. Recogemos las pancartas y las banderas y volvemos a casa, más tranquilos, como si fuéramos héroes. Los que gritan, además, suelen hacerlo por cosas que merecen la pena pensar y por bagatelas. Lo mismo se concentran los vociferantes para cambiar una ley o actuar como grupo de presión ante lo que consideran una situación injusta (pero no siempre sino de forma selectiva según la atención de los medios de comunicación ¿por qué en algunos casos sí y en otros no?) que por el resultado de un estúpido concurso musical televisivo o por el fracaso de un grupo deportivo. Tengo un problema con los que gritan: no puedo escucharlos, incluso aunque sus demandas sean justas. No hablo, claro, del grito dolorido, del grito de quien quiere dar de comer a sus hijos. Ayer oí cantar un canto primitivo en un programa de televisión sobre los que quieren llegar a nuestras costas arriesgando sus vidas en unas frágiles embarcaciones: han sido torturados, las mujeres violadas, sometidos a esclavitud, han pasado hambre, frío, sed. Eran cantos de sabiduría milenaria que trasformaban la tristeza en esperanza. Me conmocionó ese canto como no me conmociona ningún grito. No hablo de ellos sino de quien grita para trasmitir una idea, que ya no es idea sino consigna o tuit de un puñado de caracteres en una estéril red social. Ruido. Cuánto ruido en una sociedad que no piensa. Pan y circo.

Dejadme un minuto antes de que vuelva el ruido, solo un minuto.

madre, te escribo esta
con un lápiz de carpintero
me han dejado un teléfono
quiero decirte tantas
cosas que he visto estos años
que falto de tu lado
que echo mucho de menos
tus manos
me dieron una manta
y agua
en el barco de rescate
y miro la hermosura turquesa del mar
mientras bebo despacio
como tú me enseñaste
la niña sudanesa comenzó
a cantar en su lengua
su voz era el imbat más cálido
yo no la comprendía, madre,
pero seguí su canto
muy lento
como cuando mi padre
cantaba por las noches
a las estrellas
mientras yo me dormía
la niña
cantaba para el hijo que lleva en el vientre
desde que atravesó Libia
y nos unimos todos a su canto
hasta el más bello joven etíope

los blancos nos miraban
y en sus ojos
también había madres
pero ellos no saben cantar
todos callaban
escuchándonos

qué rojos más intensos
al atardecer, cuando llegamos al puerto
a tierra firme
después de tanto
que me faltan tus manos

© Pedro Ojeda Escudero, 2018