sábado, 25 de octubre de 2014

Mapas antiguos de España: España en el mundo (siglos XV al XIX)


Todavía recuerdo un atlas infantil que manejé de niño. Tengo grabado en la memoria un mapa de España en el que se resaltaban los productos más característicos de cada una de las regiones: cereales en Castilla, altos hornos en Vizcaya, vacas y minerales en Asturias. Se acompaña el producto de una pareja de paisanos vestidos con el traje regional correspondiente. Antes de la era de Internet me gustaba tener un atlas actualizado del mundo y coleccionaba los planos de las ciudades que visitaba. Me recuerdo de muy niño confeccionando mapas de mi mundo conocido y de mis mundos soñados. No recuerdo ya si había fin del mundo en ellos o quizá no quiero recordarlo.

Siempre hemos necesitado de mapas. A veces dibujados con un palo en la arena. Cuando la Terra Incognita era mayor que la conocida el mundo aparecía como temor o como un reto. Ante una frontera -un límite en un papel, un valle en el horizonte- el ser humano siempre ha tenido dos opciones: amurallarse o marchar hacia lo que no conocemos. Aún hoy.

Durante gran parte de la historia de la humanidad los mapas eran uno de los secretos mejor guardados. Su publicación o su divulgación a los enemigos se condenaba con la muerte. Disponer de un mapa eficaz suponía la diferencia entre la vida y la muerte, el éxito o el fracaso de una empresa, la victoria o la derrota en un conflicto bélico. Una de las cosas más importantes que trajo el progreso de la libertad fue el derecho a tener un mapa: sucede hoy mismo cuando los satélites impiden la visión clara de determinadas zonas a través de programas como Google Maps.

El avance del conocimiento geográfico y las nuevas herramientas técnicas traen consigo mejores mapas: podemos viajar con el dedo sobre uno de ellos a miles de quilómetros o poner chinchetas en los lugares visitados, imaginar cómo serán nuestras próximas vacaciones o la mejor ruta para recorrer el mundo en bicicleta. Esta tarea -de alta esencia humana- hoy la delegamos en programas informáticos a los que muy pocas veces desobedecemos. Nos perdemos con eso la sorpresa. Es curioso: hoy ya no queda Terra Incognita y en gran medida hemos matado el juego de imaginar la sorpresa de lo desconocido.

Algo de todo esto pensaba mientras veía esta excelente exposición, Mapas antiguos de España: España en el mundo (Siglos XV al XIX), cuyos fondos proceden de la colección particular de Rodríguez Torres / Ayuso (montada expresamente para la Sala Municipal de exposiciones de la iglesia de las Francesas, Valladolid, hasta el 30 de noviembre). En el recorrido hay muestras desde los inicios de la cartografía hasta principios del siglo XX, con algunos de los ejemplos más notables.

Quizá hoy hayamos cartografiado ya todo nuestro mundo físico, pero todavía nos queda gran parte de la tierra desconocida más apasionante, más terrible y más bella, la que se encuentra en el interior del ser humano.

viernes, 24 de octubre de 2014

En el café


En los cafés he estudiado, he besado, me he enamorado, me han dejado y he dejado, he conversado con amigos, he leído miles de páginas de periódicos, he sentido que el mundo entero se terminaba y que el mundo entero nacía, he planeado revoluciones y he caído en el escepticismo ante la historia del mundo. Pero sobre todo he sentido la pausa necesaria para recomponer el traje y el gesto y volver a salir a la calle.

jueves, 23 de octubre de 2014

que son el demonio y Dios como la araña y la abeja, significado de las historias intercaladas en el Quijote de Avellaneda y noticias de nuestras lecturas


Avellaneda sigue el modelo de la primera parte del Quijote al incluir las historias intercaladas pero solo en parte. Aunque los personajes con los que se encuentran don Quijote y Sancho cuentan sus propias historias, estas nunca llegan a tener la calidad, extensión y estructuración narrativa de las entrecruzadas de Cervantes que se resuelven en la venta. Se parecen más a las de cualquier otra novela de camino de las que se publicaron en aquellos tiempos en las que el encuentro era el motivo verosímil para juntarse personas de diferente condición y narrarse sus vidas.

Tampoco tiene la misma intención literaria. Cervantes jugó con las historias intercaladas para cubrir todas las formas narrativas posibles hasta entonces y subordinarlas al realismo vertebrador con el que trataba la historia central. Quizá porque no comprendiera el sentido de este juego cervantino que parodiaba todo tipo de narración posible o quizá porque no le interesara para sus fines morales, Avellaneda abandona esa experimentación narrativa. De hecho, en el Prólogo alude a que las Novelas ejemplares de Cervantes publicadas poco antes son "más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas", con lo que demuestra no haber comprendido el verdadero sentido de la ejemplaridad de estas novelitas (o haberlo hecho y de ahí el reconocer su ingenio pero llevar el agua a su molino). Recordemos que Cervantes, en su colección de Novelas hacía lo mismo que en el Quijote pero sin historia que les diera un hilo de continuidad: un muestrario de formas narrativas llevadas, a través del juego intertextual y la parodia, a otras dimensiones novedosas.

Hay dos historias en el Quijote apócrifo que van más allá del mero cruce de información entre los que se encuentran en el camino y nos recuerdan las historias intercaladas cervantinas: el cuento del rico desesperado y el de los felices amantes. Ambas detienen el argumento de la historia de don Quijote y Sancho: son historias que cuentan los personajes, precisamente, para entretener el tiempo. Desde el inicio de las narraciones largas en formato de novela, estas se interrumpían -bien por obra del autor bien por mano del editor- para contar historias más pequeñas. Se buscaba, con eso, alargar la lectura, jugar con el ritmo de la narración central y dar variedad al libro. Al lector de entonces le gustaban estas historias intercaladas, disfrutaba de ellas y las buscaba en las novelas.

Pero Avellaneda tiene un objetivo muy concreto al introducirlas. En primer lugar, observando el índice de la novela se puede comprobar que están situadas en la parte central de forma muy meditada. Suponen, por lo tanto, una pausa justo en la mitad de la historia, un descanso para el lector, su entretenimiento y también una estrategia de suspensión para aquel que quiera saber cómo termina la historia de este Quijote loco y este Sancho simple. Pero también algo más: reforzar la lectura moral que Avellaneda hace de la historia de don Quijote. Estas dos historias intercaladas (ambas con fuentes que nos llevan a la Edad Media) son verdaderamente ejemplares en cuanto a la moral postconciliar se refieren. El final durísimo de la primera, con un castigo total del pecador y el final dulcísimo de la segunda con el triunfo del arrepentimiento, dejan muy clara la propuesta nada oculta de esta segunda parte. Se incluyen en ese mismo orden: el inevitable castigo del mal y el triunfo del bien.

Hay suficientes ediciones en el mercado, muchas fiables: Cátedra y Poliedro, por ejemplo. Se puede tener una buena copia digital gratuita en este enlace


El Quijote de Avellaneda nos acompañará en el Club de lectura de La Acequia durante los meses de septiembre y octubre.

Esta lectura es un complemento de la que dio origen a este Club de lectura, la primera experiencia de lectura colectiva completa de la novela de Cervantes en la que se usaban todas las herramientas de la web 2.0. que ha quedado como la única guía de lectura de este tipo de esta obra. Recomiendo consultarla en este enlace, en especial lo que se dijo de los últimos capítulos del Quijote cervantino.

Leer a Avellaneda nos servirá para preparar las actividades que haremos el próximo curso, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino consigue publicar su entrada tras pelearse con los sabios y los genios de las ondas... y así nos deja un texto lleno de relevancia para ver cómo en Avellaneda está todo bien explícito.

Pancho nos lleva al juego de la sortija de la mano de su Sabina y bien ilustrado -qué bien aprovecha los viajes.

Gelu nos lleva hasta el melonar de forma inmejorable en su nueva entrada con selección de textos.

Mª del Carmen Ugarte nos recuerda el uso de los sentidos en Avellaneda. Y nos regala un Forges que yo no conocía.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Pinar



Todo pinar tiene algo extraño: entre paseo y desmemoria. Uno se adentra en ellos vestido de domingo como quien hace hambre para el aperitivo y termina con la extraña sensación de que se ha perdido algo de sí mismo pegado a la resina de los troncos. Se gira a buscarlo y está perdido. De allí solo le sacará vivo la brújula de la infancia, la madre llamando para acudir a comer a la frágil mesa desmontable, un refresco puesto a enfriar en el barreño metálico con una gran barra de hielo. Entre aquello y ahora, el extraño silencio almohadillado que recoge las pisadas en la arena del monte.

martes, 21 de octubre de 2014

Ni uno solo de ellos puede servirnos.


Un día tras otro, las noticias recogen nombres de grandes personalidades de las historia reciente de España que son imputadas o condenadas en procesos judiciales por corrupción, malversación, fraude, etc. A estos se suman los nombres de aquellos que no pueden ser ni imputados ni condenados porque sus casos han prescrito o han fallecido. No hablamos solo de personas con mayor o menor relieve en la vida pública sino de nombres que han sido responsables de la gestión pública española y de decidir nuestras vidas: políticos, altos funcionarios, banqueros, empresarios, sindicalistas, consejeros de las grandes empresas de este país y conseguidores varios que viven en las antecámaras del poder. No es el tendero de la esquina sino quien legisló, quien aplicó las leyes, quien desarrollo sus normativas, quien contribuyó al desarrollo de un sistema económico y financiero concreto. Son las mismas personas que desde las tribunas parlamentarias, los medios de comunicación y su actividad pública nos dijeron cómo debía construirse nuestro sistema democrático, nuestras normas de convivencia, de relaciones laborales. Son las mismas personas a las que hemos escuchado reiteradamente darnos lecciones sobre cómo debíamos comportarnos o los sacrificios que debíamos hacer en los momentos más duros. Junto a ellos hay otro nutrido grupo de grandes personalidades que no han sido -hasta ahora- implicadas o condenadas en procesos judiciales pero que permanecen en silencio sin declarar nada contra sus antiguos amigos, socios o rivales políticos. Alguno de ellos, incluso, se permite defenderlos o, incluso, recordarnos los lados positivos de las acciones políticas y sociales de los que han sido implicados o condenados. De Pujol, se nos dice, no debemos olvidarnos de su labor para la estabilidad del sistema de la restauración democrática. De Rato, se nos dice, no debemos olvidarnos que contribuyó a crear la mayor época de expansión económica que ha conocido España e, incluso, llega a parecerles el mejor ministro de Economía de la historia española.

Nos toman por tontos y quizá lo seamos. Se tapan las vergüenzas entre ellos para que no veamos cómo todos -los que ahora son imputados o condenados, los que no lo han sido pero estuvieron allí y callaron, miraron para otro lado o no se dieron cuenta a pesar de tener responsabilidades en sus cargos que los hacen corresponsables de todo aquello- contribuyeron a la construcción de un sistema esencialmente corrupto y sin control ninguno. Que solo cuando el hedor ha sido tanto que no se ha podido esconder debajo de la alfombra a causa de la crisis económica han salido todas sus trampas a la luz sin que nadie pueda frenarlas comprando los medios de comunicación, presionando a los jueces o insinuando que pondrían a funcionar el ventilador. O, simplemente, repartiendo prebendas, líneas de ferrocarril, hogares de jubilados o piscinas municipales en pueblos que no las necesitaban.

No. Son culpables todos: los que lo hicieron y los que lo toleraron. Los ciudadanos fueron torpes, mediocres e insensatos votándolos, pero son ellos y solo ellos los que construyeron un sistema como este en el que cualquiera podía meter la mano en la caja de los fondos públicos y aquel que denunciaba la situación era ninguneado, acallado, apartado o perseguido. Son ellos y solo ellos -los que hicieron y los que lo toleraron- los que nos han traído hasta aquí. Cualquiera podría haber construido el sistema político de la democracia: la inercia histórica empujaba a ello. Si no hubiera habido unos nombres hubiera habido otros, nadie es insustituible en estas coyunturas históricas en las que todos los vientos soplan a favor. Pero solo ellos estuvieron allí para meter la mano en la caja pública, para regalar prebendas, para enriquecerse, para tejer una red de influencias e intereses, para abrirse las puertas giratorias que les permitieran suculentos retiros de la política, para callarse ante lo que otros hacían, para mirar a otro lado. No tapa el hedor que hicieran algo bueno. Estas alfombras están ya demasiado sucias, hay que buscar otros nombres. Ni uno solo de los que estuvieron allí aunque no se llevaran ni un céntimo si no se atreven a denunciar, a expulsar a los corruptos: estuvieron allí, como concejales, como ministros, como diputados, como asesores, como miembros de las jerarquías políticas, económicas, financieras, mediáticas. Ni uno solo de ellos puede servirnos. Y si no presentan listas abiertas para poder borrarlos ni una sola de las listas en las que figure uno solo de ellos.

lunes, 20 de octubre de 2014

Carmina Burana de Carl Orff por la Orquesta Sinfónica de Burgos


El pasado sábado día 18 asistí al Concierto extraordinario del 20 aniversario de la fundación de la Universidad de Burgos con el que la Orquesta Sinfónica de Burgos inauguraba su temporada. Se agotaron todas las localidades de la Sala Auditorio Rafael Frühbeck de Burgos del complejo del Fórum de la Evolución. Se inició el acto con un merecido homenaje al maestro Frühbeck de Burgos, recientemente fallecido. Junto a la Orquesta participaron en el concierto el Coro Universitario, la Coral de Cámara y la Escolanía del Conservatorio Profesional de Música. Bajo la dirección del maestro Javier Castro Villamor, los papeles solistas correspondieron a la soprano Alicia Amo muy acertada en todo momento, el tenor Gerardo López que suscitó opiniones contrarias por su forma de interpretar y un correcto barítono José Miguel Torres un tanto irregular pero en un tono más que aceptable.

Es loable el trabajo de la OSBu desde su fundación en el 2005. Poco a poco aspira a ser algo más que una orquesta con una mira local y este crecimiento pausado sin saltos en el vacío pero con la constancia de quien quiere un proyecto que se consolide es su mejor aval. Son necesarios empeños así para retejer la cultura en red que necesita cualquier país. Solo de la consolidación de muchos proyectos como este puede salir un verdadero amor a la música y solo de esta red puede salir una cantera constante de buenos músicos. Los artistas geniales nacen de vez en cuando pero hay que fomentar un caldo de cultivo en el que todos los años se desarrollen las facultades y se genere un público amante de las manifestaciones culturales. Incluso en época de crisis económica. La elección del Carmina Burana Carl Off es buen ejemplo de todo ello y su acertada ejecución la manifestación de que todo esfuerzo tiene su recompensa cuando se aúna la honestidad con el esfuerzo y un poco de ambición a la hora de crecer mirando hacia el futuro. Mi enhorabuena a la OSBu, a los coros participantes y a la programación de este concierto dentro de los actos con los que se celebran los primeros veinte años de vida de la Universidad de Burgos.

Podéis ver la grabación del Concierto completo en este enlace.

domingo, 19 de octubre de 2014

Miles de mariquitas y un viento frío que barre la cima del Mencilla.












Miles de mariquitas en la cima del Mencilla. Con sus élitros rojos con puntos negros, agarrándose a las piedras al sol protegidas del viento. Miles de mariquitas en la cima del Mencilla, a 1932 metros, y un viento frío e intenso, barriendo constante la cumbre.

Al abrigo de una peña nos sentamos Paco y yo a compartir la bota de vino de la Ribera y el chorizo de Villafuertes con pan de Ibeas que él había traído y cargado durante la ascensión en su mochila. Al lado, un joven delgado y alto, de Arcos de la Llana, en donde paró la reina Juana con el cadáver de su esposo Felipe el Hermoso, daba cuenta de su almuerzo, mucho menos sobrio que el nuestro. También le sacábamos años entre Paco y yo al joven de Arcos. El chorizo casero de Villafuertes pica en el paladar y sabe a leña de roble lo justo y a casi dos mil metros repara el ánimo y las fuerzas. El de Arcos nos había adelantado en la ascensión. En la montaña, cada uno debe ir a su ritmo. Arriba, el viento frío y las mariquitas agarradas con firme ligereza en las piedras. Abajo, calor de este veranillo intenso que ya no puede ser el de San Miguel y todavía no es el de San Martín. Pero aquí arriba las manos se quedaban frías mientras la mirada buscaba en el horizonte los picos señalados por Paco: allá, lejos, ahora que se despeja la bruma, la montaña palentina con el perfil inconfundible del Espigüete y el Curavas; aquí, más cerca, la sierra de la Demanda, con el Trigaza y el San Millán y un poco más lejos, hacia La Rioja, el San Lorenzo.

Habíamos pasado por Pineda de la Sierra y dejado atrás la absurda estación de esquí de Valle del Sol, ya cerrada, un ejemplo del derroche y el poco pensar de nuestros políticos que tanto aplaudimos en su día sin darnos cuenta de que la fiesta la pagamos nosotros. En la ladera crecen ya los pinos entre los remontes porque la naturaleza siempre aguarda que nos cansemos de jugar a amaestrarla. La ascensión, en realidad, comienza desde el refugio de Esteralvo y en algunos momentos pica hacia arriba la ladera y fatiga. Cuando entramos en el hayedo todo se hace misterio de otoño interrumpido en los corros en donde el sol se hace dueño aún de la temperatura al abrigo del viento. Setas y huellas de jabalí que por la noche buscaron raíces y hongos y las formas caprichosas de algunos árboles. Al salir del hayedo nos espera la constante llamada del viento. En la Concha aprieta ya y se echan de menos los guantes pero hay que seguir hacia arriba, hasta la cima, para sentarse a comer chorizo picante y pan y aceptar gozosos dos trozos de queso que nos pasó el de Arcos, queso curado de oveja de los páramos del Esgueva.

Y mientras tanto, yo aprendía las lecciones de Paco: el San Millán, el San Lorenzo y allá abajo, Tinieblas. Lo dejo hablar, admirando toda la vida que tienen sus palabras y sus ojos. Y mientras tanto, el de Arcos , que se quedará arriba más tiempo, bebe un poco de vino tinto, come su bocadillo y las mariquitas se nos suben a las perneras de los pantalones. Miles de mariquitas y un viento constante que barre todo lo que no importa de verdad, que se ve tan diminuto desde la cima hasta que bajemos y retomemos el afán de cada día. Pero eso no es aún, en la cima del Mencilla: la montaña palentina, la sierra de la demanda. Al fondo, el San Lorenzo.

sábado, 18 de octubre de 2014

viernes, 17 de octubre de 2014

Nihil novum sub sole


Ese tipo de personas que claman contra las injusticias, las irregularidades y las trampas del mundo y que agachan la cabeza y las aceptan en su vida cotidiana por su propio interés o cobardía. O que llegan a beneficiarse de todo esto acumulando cargos y haciéndose los imprescindibles pero que nunca darán la cara por nada ni por nadie en público mientras cabildean luego en los despachos. Ese tipo de personas que se muestran soberbios con los que no tienen poder y humildes con los poderosos. Este tipo de personas cuya estrategia vital es nadar y guardar la ropa, que cuando alguien les pone en un aprieto no lo dudan y se ponen de parte del que manda. Ese tipo de personas que dicen ser independientes pero su criterio será siempre ir a lo suyo aunque cada día al llegar a casa, tengan arcadas: a estas se acostumbran al poco tiempo. Sobre ellas se construye la falta de moral de un país como este, no nos extrañemos luego de que a alguien le den una tarjeta opaca al fisco y la use.

jueves, 16 de octubre de 2014

Hago en eso como quien soy o cómo desactivar la peligrosidad de un loco y un necio cervantinos y noticias de nuestras lecturas.


Hago en eso como quien soy, exclama Sancho en el capítulo X, ante las recriminaciones de don Quijote (Por ahí se echa de ver que eres goloso, y que no es tu principal intento buscar la verdadera honra de los caballeros andantes, sino, como epicúreo, henchir la panza). En el capítulo siguiente, el narrador insiste en que don Quijote estaba rematadamente loco, y Sancho ayudaba más a todo con sus simplicidades y boberías.. En el noveno, su protector, Álvaro Tarfe, define a ambos en conversación con Sancho: de su locura y vana fantasía y de vuestra necedad todo se puede presumir. Gracias a esto, puede sacar a don Quijote del serio apuro en el que se había metido con la justicia.

Este es el punto de partida de Avellaneda: los personajes cada vez se parecen más a lo que los demás dicen de ellos, pero solo por los extremos. Avellaneda adelgaza su complejidad porque su objetivo es otro. Toda la narración trascurre por lo políticamente correcto -incluso los momentos más escatológicos- puesto que quien hace mal, acaba pagando. Los golpes y burlas recibidos por don Quijote y Sancho en esta continuación ya no son fruto de un desajuste entre un mundo soñado y un mundo real sino la consecuencia lógica de las locuras y las simplicidades. Incluso Álvaro Tarfe, que va ganando enteros como personajes, controla la medida de estas consecuencias: libera de la prisión a don Quijote porque está loco pero no duda en exponerlo a las burlas de sus amigos para pasar un buen rato a su costa. Es un buen ejemplo de lo que pretendo decir: solo se permite esta locura cuando es controlada, cuando se convierte en acción bufonesca sin peligro alguno. Ambos, Quijote y Sancho, son meros títeres para provocar risa. Y cuando actúan sin la protección de Álvaro Tarfe les cae encima el castigo por sus acciones en forma de golpes, amenazas o pérdida de libertad.

Avellaneda consigue un elaborado y perfecto andamiaje moral: desactiva la peligrosidad implícita de la pareja al hacerlos sólo loco y necio. Y una vez desactivada toda su peligrosidad para la estructura social, esta puede caer sobre ambos cuando no hay nadie que los ampare para usarlos en beneficio propio. El autor de esta continuación es mucho más que un mero simplificador de estos personajes cervantinos: es un inteligente moralista que actúa con enorme talento moral y literario. No se trataba solo de apropiarse de la obra de Cervantes o de hacerle un feo a don Miguel, sino, sobre todo, de hacerla entrar por los cauces ortodoxos de la España de su tiempo. Avellaneda fue inteligente y consiguió un artefacto perfecto: los lectores no podían sentir empatía por don Quijote y Sancho, sólo eran un buen motivo para la risa y para reconducir esta hacia un final correcto.

Hay suficientes ediciones en el mercado, muchas fiables: Cátedra y Poliedro, por ejemplo. Se puede tener una buena copia digital gratuita en este enlace


El Quijote de Avellaneda nos acompañará en el Club de lectura de La Acequia durante los meses de septiembre y octubre.

Esta lectura es un complemento de la que dio origen a este Club de lectura, la primera experiencia de lectura colectiva completa de la novela de Cervantes en la que se usaban todas las herramientas de la web 2.0. que ha quedado como la única guía de lectura de este tipo de esta obra. Recomiendo consultarla en este enlace, en especial lo que se dijo de los últimos capítulos del Quijote cervantino.

Leer a Avellaneda nos servirá para preparar las actividades que haremos el próximo curso, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes.

Noticias de nuestras lecturas

Pido disculpas a Pancho. En un error imperdonable me olvidé de reflejar en mi entrada del pasado jueves la suya de hace dos martes, Nudo corredizo, en la que comenta de forma excelente la entrada en prisión de don Quijote y la reaparición de un secundario que nos crece, don Álvaro de Tarfe.

Mª del Carmen Ugarte llega al episodio del melonar y la doble tanda de golpes, que tanto marcan ya definitivamente los personajes para el lector de este Quijote.

Mª Ángeles Merino sigue con su comentario a tres voces: por suerte, hasta le documentan sobre los cuernos cervantinos y una olla quijotesca...

Gelu continúa con su selección de citas y referencias quijotescoavellanadas. No os perdáis las últimas de esta entrada que hace referencia al Capítulo V.

Paco Cuesta analiza, con todo acierto, la figura de Sancho en la obra de Avellaneda.

Luz del Olmo nos trae las reacciones del Sanchico al leer el capítulo III de Avellaneda, dice que sin mucho entusiasmo... pero sin quitarle ojo.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

miércoles, 15 de octubre de 2014

martes, 14 de octubre de 2014

Yo llegué a la política bien comido o cómo el problema en España no es el virus del ébola sino la chulería política.


Las intolerables declaraciones del consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, sobre el contagio de una enfermera que atendió a los misioneros afectados por la epidemia de ébola muertos en un hospital de la capital de España, que remató con una frase según la cual no le importaría dimitir porque había llegado a la política bien comido son el síntoma del problema de la gestión política de este asunto sin que aún haya tomado esa medida. En esas declaraciones culpabilizó a la enfermera como única responsable de lo acontecido. 

Antes o después tendría que producirse el primer contagio de esta enfermedad fuera de Áfica. La movilidad que implica el mundo globalizado en el que vivimos lo hacía inevitable. Este no es el problema. En los últimos días se ha tenido noticia de un segundo caso, en los EE.UU y antes o después sabremos de un tercero. En ambos, los afectados son personal sanitario pero la respuesta ha sido muy diferente en los EE.UU. y en España. Aunque en ambos casos se ha demandado por parte de los profesionales cambios en el protocolo de actuación y mejora en la formación previa, la gestión política del asunto ha diferido mucho.

Fuera de África no existe crisis del ébola. La alarma sanitaria está en unas zonas localizadas en África, como bien saben todas las organizaciones que se han volcado en el tratamiento de los enfermos, intentando establecer un cordón sanitario que no solo salve a las poblaciones locales sino que impida la expansión de la enfermedad. Sin embargo, hasta que la enfermedad no ha saltado fuera del continente africano parecía que no existía para occidente. Los países occidentales son culpables por no invertir suficientemente en cooperación y no desarrollar estudios sobre enfermedades que parecen afectan exclusivamente a países pobres. En América fue un viajero ocasional el que llevó el virus. En España una publicitaria acción organizada por el gobierno de la nación la que trajo al país a los dos misioneros contagiados. No discuto la humanidad de la acción, sino que se intentara una campaña que contribuyera a recuperar el prestigio de nuestros gobernantes que se apresuraron a elogiar el sistema público de salud que llevan años desmantelando con medidas de privatización y de recorte presupuestario pero que se han demostrado incapaces de gestionar una alarma sanitaria de esta relevancia pública.

Al presidente del gobierno español ya se le conocen otros casos de incapacidad de gestión de una situación de urgencia: le sucedió como ministro con ocasión del hundimiento del Prestige y la mayor catástrofe natural ocurrida en la costa española, le ha sucedido con la gestión de la cuestión catalana y le ha vuelto a ocurrir con el ébola. No será la última vez porque es parte de su carácter. En un programa de televisión del pasado domingo se confrontaron seguidos dos vídeos con las declaraciones del presidente de los EE.UU y del presidente del gobierno español. La comparación causaba vergüenza ajena. 

No solo ha sido el presidente del gobierno español el que ha fallado. La gestión de la ministra de Sanidad, Ana Mato, exige su cese inmediato puesto que incluso el Consejo de Ministros la ha desautorizado implícitamente al delegar el asunto en la vicepresidenta del gobierno, cuyo poder crece día a día puesto que parece ser la única que tiene sobrada inteligencia y serenidad en los tiempos de crisis o que, al menos, las aparenta e intenta trasmitir tranquilidad a la opinión pública.

Pero el primer problema de la gestión política de la cosa pública en España es gente como Javier Rodríguez, el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Es intolerable actuar con chulería y desprecio a la opinión pública en tiempos como estos, es despreciable responsabilizar a la enferma de todo sin hacer autocrítica de la acción propia, es irresponsable poner al frente de organismos públicos a personas con esa forma de actuar y hablar. 

En España hemos tenido demasiados políticos de este tipo, alcaldes manifiestamente corruptos que han sido votados una y otra vez por los ciudadanos, políticos que han demostrado su incapacidad para la gestión en tiempos de crisis que han sido elevados a su máximo nivel de incompetencia, políticos que cuando hablan pronuncian reiteradamente expresiones de desprecio a la ciudadanía en general, a sectores sociales determinados o personas concretos. Políticos que trasmiten un ejemplo nefasto a la sociedad española tanto por su incapacidad en la gestión como por sus maneras. Personas mediocres a las que hemos dado el poder de decisión sobre nuestras finanzas y nuestro desarrollo, nuestra educación, nuestra salud, nuestra cultura. Ni uno más.