martes, 18 de julio de 2017

Descanso veraniego


Como hago desde el inicio del blog en el año 2006, durante las próximas semanas este espacio entra en período veraniego. Ya sabemos que el verano no parece tiempo para los blogs. Sin embargo, este año no lo cerraré del todo sino que, a la manera de lo que solemos hacer en las casas, permanecerá en una semipenumbra con las persianas bajadas pero no del todo. Aún recuerdo cómo se filtraba la luz a través de los listones de la persiana de la casa de mis padres en las tardes largas del verano de mi infancia. Dentro, la casa permanecía cerrada y fresca aún en las horas más calurosas del día. Aquella luz filtrada de los veranos es la sensación más exacta que conozco de estar en casa...

Este verano reduciré mi presencia aquí y las visitas a los blogs amigos, publicaré de forma inconstante notas de lectura y reseñas de libros que debo desde que sus autores o las editoriales me los han enviado. Durante el curso, las ocupaciones a veces impiden el sosiego suficiente para hacerlas. Como saben los visitantes asiduos de este espacio no me limito a dar noticia de las solapas de los libros que leo o reproducir las notas de prensa de las editoriales, como es demasiado habitual entre los llamados críticos literarios en prensa o internet. Un verano de lecturas que comparto con quienes quieran leerme. Seguiré también de forma inconstante en las otras redes sociales en las que publico.

En septiembre La Acequia volverá a su ritmo diario a las once de la noche -hora española-, si es que la incertidumbre de la vida me lo permite, claro.

Os deseo un feliz y provechoso verano. Lento, como aquellos que vivíamos en la infancia en los que el mundo entero parecía detenerse.

lunes, 17 de julio de 2017

Somos pequeños momentos.


Somos pequeños momentos, una suma en perspectiva de acciones cotidianas y pensamientos a la que luego llamamos biografía. Es difícil contarnos, a veces demasiado, cuando nos damos coherencia en el relato de nuestras vidas -esa coherencia que ninguno de nosotros tenemos- y no nos reconoce el espejo. Qué sencillo y fácil todo cuando solo somos ternura, hermandad, abrazo. Apenas nada en un horizonte abierto, pero algunos momentos, los más sencillos y naturales, qué sublimes precisamente por compartidos. Son los pequeños gestos los que nos definen, las palabras menos gritadas y rotundas. El suave declinar de la jornada junto a quienes te abrazan.

sábado, 15 de julio de 2017

Yo vi tocar a SaRon Crenshaw


Yo vi tocar a SaRon Crenshaw blues
una noche de julio entre castaños.
Por un momento, el mundo parecía
tener arreglo. SaRon, con su guitarra roja
bajó del escenario para tocar entre el público
a un metro de la gente.
Allí estaba el bluesman a la distancia de un brazo,
elevándose feliz sobre nosotros cerrando los ojos.
Con su música había fijado las estrellas
en una canción larga como una vida
en unos minutos de albero.
Se movía SaRon con lentitud
y todos sonreían.
El mundo parecía un sitio para vivir.
SaRon siguió tocando en la noche
y pensé en las malditas cosas solo un segundo.
Después miré a SaRon de vuelta al escenario
junto a la banda abrir la noche
como una mano descorre una cortina
tocando su guitarra roja.
© Pedro Ojeda Escudero, 2017

viernes, 14 de julio de 2017

Noticias del club de lectura


(Esta entrada debió publicarse ayer jueves pero me fue imposible elaborarla. Sirva esto como disculpa.)

Camino ya del período vacacional, anuncio el primer listado de obras que leeremos en este Club de lectura el próximo curso por si alguno de los lectores que lo siguen quiere tenerlo en cuenta a la hora de hacer la maleta durante el descanso veraniego de las próximas semanas o aprovecha el menor ritmo de compromisos que siempre impone el mes de agosto. En los primeros meses del curso lo completaré con las novedades interesantes del mercado editorial o propuestas de lectores que sigo recibiendo en mi correo electrónico o en comentarios a las entradas tanto en el blog como en Facebook. Si hubiera algún cambio de orden o de títulos, lo anunciaré con suficiente antelación.

Como advierto cada vez que propongo un listado, este es tan solo uno de los muchos posibles y, en esta ocasión, lo elaboro a partir de mis gustos y de lo manifestado por los seguidores más habituales. Son ya muchos los libros que hemos leído juntos, basta con comprobarlo en la columna de la derecha de este blog (en la versión web), en donde se encuentran los enlaces a las lecturas ya realizadas. Dado que abordamos un título al mes, puede ser compatible con otras lecturas. De hecho, a lo largo del año publico reseñas y anuncios de otros libros que pueden servir también de propuestas.

Hechas estas advertencias, los primeros títulos que os propongo son:

-Septiembre.  Algunos lectores del formato presencial me pidieron continuar con la lectura de Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga, el último de los títulos leídos en el curso que cerramos. Para darles tiempo a terminarla y programar el encuentro con el autor, durante el mes de septiembre tendremos otra lectura complementaria para iniciar el curso. Así arrancamos con una selección de novelas breves de María de Zayas, que daré a conocer antes de que termine julio. Tanto la autora como su obra sorprenderá a quien no las conozca. Hay varias ediciones críticas en el mercado y se puede acceder en internet de forma gratuita a textos correctos.

-Octubre. La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez (Planeta, 2017), una novela negra  ambientada en la España contemporánea que consolida al autor en su carrera literaria.

-Noviembre.  En el presente año se conmemora el bicentenario del nacimiento de José Zorrilla, en cuyas labores de asesoramiento y organización estoy implicado. Con este motivo, durante este mes leeremos su drama Don Juan Tenorio, la obra más representada de la historia del teatro español, pero lo haremos de una forma especial, como anunciaré al regreso de vacaciones. El Club de lectura visitará la Casa Museo de Zorrilla de Valladolid y participará en alguna de las actividades del bicentenario.

-Diciembre. La noche que no paró de llover, de Laura Castañón (Planeta, 2017). La autora es vieja conocida de este blog y volverá a encontrarse con los lectores.

-Enero. Pedro Páramo de Juan Rulfo. Un clásico que no puede faltar en ningún club de lectura. Hay varias buenas ediciones en el mercado.

-FebreroEl hombre pez de José Antonio Abella (Valnera, 2017). Abella es también un viejo conocido de este club y regresa con una historia tan bien escrita como apasionante.

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El Club de lectura de La Acequia comenzó el jueves 24 de abril de 2008 con la primera lectura colectiva del Quijote realizada en el mundo con los medios de la web 2.0. Esta iniciativa de lectura de la novela cervantina permanece abierta para aquellos que quieran sumarse a ella en cualquier momento en este enlace y puede usarse como la única guía de lectura completa del Quijote disponible hoy en Internet, con licencia Creative Commons 4.0.


El éxito del proyecto impulsó el lanzamiento de uno de los clubs de lectura más antiguos en Internet en español, gratis y en abierto. Durante el curso académico se propone la lectura de un título al mes, de todos los géneros: narrativa, poesía, teatro y ensayo. Se alternan autores clásicos con autores vivos y por él han pasado títulos de Miguel de Cervantes, Óscar Esquivias, Gustavo Adolfo Bécquer, Eduardo Mendoza, Valle-Inclán, Lope de Vega, Juan Cavestany, Almudena Grandes, Pío Baroja, Lorenzo Silva, Antonio Machado, Miguel Delibes, Jesús Carrasco, Benito Pérez Galdós, Antonio Muñoz Molina, Pablo Neruda y Laura Castañón, Gonzalo Torrente Ballester, María Teresa León, Leandro Fernández de Moratín y José Luis Sampedro, Avellaneda, Carmen Laforet, José Antonio Abella, Carmen Martín Gaite, Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina, Fermín Herrero, Núñez de Arce, Diego Fernández Magdaleno, José Jiménez Lozano, Pedro Calderón de la Barca, Emilia Pardo Bazán, José Cadalso, Sara Mesa, Mariano José de Larra... El listado completo de obras puede consultarse en la columna derecha de este blog.

La ventaja de este club de lectura es que absolutamente voluntario. Nadie tiene más pretensión que el de la lectura en común de las obras y el encuentro con los autores que quieren acompañarnos. No depende de ningún interés editorial y, por lo tanto, aquí no leemos bajo presiones comerciales o modas. Quien quiere sumarse a la lectura y a las actividades que programamos a lo largo del curso es bienvenido y puede hacerlo en parte del listado anual o en su totalidad, compartiendo con todos sus opiniones -que no tienen por qué ser siempre positivas- o en silencio, como guía de lectura personal. Y, además, al leer un libro al mes puede hacerse compatible con cualquier plan de lectura personal o con los propuestos por otros clubs de lectura.

Desde el año 2011 cuenta con dos formatos:
 
  • El club de lectura virtual, al que pueden sumarse libremente todos los aficionados a la literatura. En La Acequia se publican todos los jueves entradas correspondientes al libro del mes, más un resumen de las noticias de las lecturas en las que se enlazan los blogs del resto de los participantes. También puede seguirse el club de lectura a través de comentarios en las entradas correspondientes o como meros lectores.  Súmate a la página del Club en Facebook en este enlace.  Si decides seguir la lectura publicando aportaciones en tu blog, te agradecería que me lo comunicaras para incorporarlas en las noticias semanales.
  • El club de lectura presencial, sostenido por Alumni Burgos (antes, Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos), que se reúne una vez al mes para comentar el título correspondiente. Se programan también encuentros con los autores de las obras (hasta ahora hemos celebrado sesiones con Laura Castañón, José Antonio Abella, Fermín Herrero, Diego Fernández Magdaleno, Jaime Covarsí, Miguel Ángel Santamarina o Care Santos y viajes a los espacios de algunas de las obras leídas (El hereje nos llevó a Valladolid, El río que nos lleva a Aranjuez y las Crónicas de la guerra de África a Tánger, con Cervantes y Jaime Covarsí viajamos a Alcázar de San Juan y Campo de Criptana). Este segundo formato tiene plazas limitadas y hay que inscribirse al comienzo de cada curso, siendo necesario asociarse en Alumni Ubu.


ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.


Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino nos adentra en el verano de la mano de un santo lector... y de Azorín, claro.

miércoles, 12 de julio de 2017

Hambruna en Somalia


Los informativos han dedicado unos pocos minutos a una nueva hambruna en Somalia y otros países africanos. No tan nueva en realidad. Dicen que puede ser la mayor de la historia conocida pero no había saltado a los grandes medios de comunicación hasta hoy. He oído a un hombre joven contar cómo murieron primeros sus cabras, luego su mujer, después cinco de sus hijos. Recorrió treinta quilométros para encontrar ayuda en un campamento de refugiados. Allí se recupera antes de volver a su aldea. Pide ayuda, quiere que salven al resto de sus hijos y poder tener de nuevo un rebaño de cabras. Apago la radio. Termino mi café, sigo con mi trabajo.

martes, 11 de julio de 2017

Una puesta de sol


Un estudio científico ha demostrado que los monos que se reúnen a la puesta del sol en no recuerdo qué lugar de la India no tienen más pretensión que ver atardecer. No buscan allí comida ni refugio, quizá solo la opurtunidad de participar en esa experiencia de forma conjunta, de compartir la emoción que supone. Posiblemente no todos. Alguno habrá que vaya a regañadientes arrastrado por el temor a quedarse solo, otros empujados por el movimiento del grupo, como quien se mueve porque alguien se mueve a su lado. Quizá solo pase en esa comunidad porque en ella exista un individuo que haya mostrado al resto la emoción de ver ponerse el sol; quizá fuera alguno de los antecesores de la manada, hace cientos de años y la costumbre se haya convertido en tradición aprendida y respetada.

Sea como sea, los científicos han propuesto que esa colonia de primates se reúne en ese lugar cada atardecer solo para ver ponerse el sol. Un día tras otro interrumpen sus juegos, sus peleas, la necesidad de alimentarse o de buscar descendencia y se dirigen hacia el lugar desde el que la puesta de sol les ofrece la vista más espectacular, solo por el placer del ocaso, antes de sentir las respiración de los felinos que han aprendido que la puesta de sol es un momento adecuado para la caza.

Algunos expertos proponen que esa fue la primera experiencia que provocó la reflexión más allá de la mera supervivencia cuando ensayábamos el camino hacia la humanidad. Y ahora sabemos que pudo ser compartida, que algunas experiencias emocionales no son exclusivas de los seres humanos. El pensamiento es diferente, saltar del placer emocional y físico que provoca una puesta del sol a pensar qué supone para nosotros la noche, el temor a la oscuridad y anticipar que el sol saldrá al día siguiente.

Pero nos subimos a una peña y nos paramos a ver el atardecer, los matices de los colores, la brisa que se levanta en ese preciso momento en el que el sol se oculta en el horizonte. Y qué difícil es pensar en ese momento. Y todo regalado a diario por la naturaleza de las cosas. ¿Cuánto hace de tu última puesta de sol, de ese momento justo en el que se acalló el rumor de tu pensamiento? Si no la recuerdas, estás desorientado.

lunes, 10 de julio de 2017

domingo, 9 de julio de 2017

Como un cuento


Las tormentas de estos días han lavado las hojas de los árboles y el verde cobra matices: las hojas de los castaños, los erizos, las hojas de los robles y nogales. Y el cielo azul. La fuerza del agua ha descarnado los caminos, dejándolos en el terreno apelmazado por los pies de los caminantes y la piedra. El terreno tiene las marcas del agua, cárcavas como heridas abiertas y recientes. Bajo la hierba vieja agostada por los calores han surgido brotes verdes, los helechos se adensan y dotan de misterio de siempre al monte. Ando estos días refugiado en la sierra terminando trabajos pendientes pero en la mañana temprana y fresca la sierra es una llamada que me adentra en lo que nunca debería haber olvidado. Hacia la umbría el bosque, como un cuento.

viernes, 7 de julio de 2017

Como avena silvestre tu cabello


Como avena silvestre tu cabello
en la mañana húmeda de la sierra de Béjar.
Ayer llovió con hambre ferocidad de otoño,
con los robles hincándose en las nubes;
hoy brillan los nogales ya cargados de frutos,
las peñas espejadas y los silbos del viento.

¡Qué limpia se despeina la melena
pajiza al sol que lame la montaña
cuando tu boca dice
frescor de agua profunda
y verde!

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

jueves, 6 de julio de 2017

Balance del curso en el club de lectura y noticias


El próximo curso, el club de lectura de este espacio cumplirá diez años. Hasta donde se me alcanza, con este formato es el más antiguo que existe en español en internet.

En abril de 2008 se me ocurrió lanzar la idea de leer juntos El Quijote a razón de un capítulo por semana. Muchos fueron los que se embarcaron en esa locura y la experiencia fue maravillosa gracias a las aportaciones de todos. En este enlace ha quedado como la guía de lectura más completa de la novela cervantina en abierto y gratuita, para aquellos que quieran adentrarse en sus páginas.

Unos años después se sumó al proyecto el formato presencial gracias a Alumni Burgos (anteriormente Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos), que impulsó el club ampliándolo. Hemos disfrutado de lecturas en común, la presencia de autores, la colaboración con otros clubs de lectura y viajes motivados por las lecturas anuales. En abril del próximo año, fecha del aniversario, daré cuenta de todo esto.

El curso que ahora cerramos ha sido un tanto azaroso, con algunos planes que hemos tenido que modificar, pero finalmente también ha sido provechoso y lleno de experiencias. No todas las lecturas han gustado por igual. Con la ampliación del número de lectores que siguen de una manera u otra el club, también, por lógica, han llegado las diferencias de opiniones. Pero esto es bueno. Cualquier proceso de selección de un listado conlleva su riesgo. En este club hemos probado varios. En ocasiones he sido yo el que ha lanzado toda la lista, en otras la lista ha salido por votación entre todos. Últimamente se mezclan ambos criterios.

Mi condición de miembro del Jurado del Premio de la Crítica de Castilla y León me lleva a incorporar al ganador anual a los listados de lectura, siempre con éxito. También se ha producido otra circunstancia que expongo con mucho cariño. Algunos de los autores han generado una simpatía -tanto por su obra como su personalidad- y esperamos sus novedades para incorporarlas lo antes posible. En otras ocasiones -con desigual fortuna- hemos introducido algunos de los títulos más vendidos en la temporada.

Por ahora, este club no renuncia a alguna de sus señas de identidad: leer obras escritas originalmente en español y alternar títulos de autores vivos con otros fallecidos. De esta manera se organizan -con alteraciones provocadas por circunstancias concretas- los nueve o diez títulos que leemos juntos al año, procurando aproximarnos a novela, poesía, teatro y ensayo. El formato presencial cuenta con una organización más convencional en cuanto a lo que representa un club de lectura pero todas las actividades organizadas son en abierto y pueden participar todos los interesados; el formato virtual se establece a través de las entradas de los jueves en este blog -en las que se relacionan las de los blogs amigos- y en la página de Facebook del club y todos los interesados pueden asociar sus propios espacios virtuales, comentar en las entradas o en el muro de Facebook o seguir en silencio las lecturas.

En este curso 2016-2017 hemos leído las Cartas marruecas de José Cadalso, Queremos que vuelvan de Miguel Ángel Santamarina, Niebla de Miguel de Unamuno, Don Quijote en Manhattan de Marina Perezagua, una selección de las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, Patria de Fernando Aramburu, A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales, Media vida de Care Santos, Brillante de Luis Ángel Lobato y Pasos en la piedra de José Manuel de la Huerga. Una cosecha diversa para gustos diferentes. En la columna de la derecha del formato para web de este blog el curioso puede encontrar el enlace a cada una de ellas.

Como esta entrada ya ha salido muy larga, dejo para la próxima semana la relación de lecturas previstas para el próximo curso y los meses correspondientes. De esta manera, aún admito recomendaciones de lecturas que se pueden dejar como comentario aquí, en Facebook o comunicarme por correo electrónico. Recordad que en este club, a diferencia de lo que ocurre en otros, no nos guía el deseo de estar a la última ni el peso publicitario de las editoriales. Podéis proponer clásicos, títulos por los que ya haya pasado un tiempo. Procuremos siempre que sean fáciles de encontrar incluso en el extranjero, porque algunos de los lectores no residen en España. Por ahora, están en la cartera La sirena de Gibraltar de Leando Pérez, El hombre pez de José Antonio Abella, La noche que no paró de llover de Laura Castañón, Don Juan Tenorio de José Zorrilla (coincide con la celebración del bicentenario del nacimiento del autor, en cuya organización estoy directamente implicado) y una selección de las novelitas amorosas de María de Zayas.

Noticias de nuestras lecturas.



Pancho sigue disfrutando de la novela de Torrente Ballester que leímos aquí hace tiempo, demostrando que quizá lo hicimos muy deprisa porque, de pronto, escribe una deliciosa entrada en la que vemos la variedad de esa narración y lo que puede hacernos disfrutar. Y termina, no sé cómo, con Dire Straits, que le vienen bien y todo.


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles anterior hayan publicado los blogs amigos asociados a esta lectura.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog.

martes, 4 de julio de 2017

Noche de verano


En la noche, te miro
desde el balcón abierto.

Es tu espalda desnuda
el verano completo;
la luna me regala
la curva de tu cuerpo.

Duermes tranquila y libre.
En la sombra, te beso.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

domingo, 2 de julio de 2017

De París a Torquemada


El puente de Torquemada tiene un trazado sinuoso para salvar el río Pisuerga. Por allí debió entrar José Zorrilla en la localidad en febrero de 1846. Casi al final del puente, a su derecha, pudo contemplar un imponente molino de cinco piedras. De frente, la iglesia parroquial de Santa Eulalia, en donde reposaron varios meses los restos mortales de Felipe I de Castilla, el Hermoso, en una de las etapas de aquella extraña peregrinación que lo condujo por tierras de Castilla para cumplir su petición de ser enterrado en Granada. Cuenta la leyenda que la reina Juana ordenó que ninguna mujer entrara en la iglesia porque quería a su esposo para ella sola. Algunos dicen que no fue allí donde esta muestra de enajenación de la reina sucediera sino en el convento de las Bernardas de Santa María del Escobar, en el cercano pago del Monjío, y que diera la orden para alejar a Felipe de las monjas, pero ese día no estaba Zorrilla para esas disquisiciones históricas. La estancia de la reina fue más larga de lo previsto porque allí le sobrevino el parto de su última hija, Catalina, que llegara a ser reina de Portugal. Pero también hubo de acortarse porque se declaro una epidemia de peste en la población.

Zorrilla iba a cumplir 29 años y llegaba desde París. Ya era uno de los escritores españoles de mayor fama de España, en pleno triunfo desde que se diera a conocer ante la tumba de Larra en 1837. En 1844 había estrenado su Don Juan Tenorio, el drama que, pasando algún tiempo, le otorgara una definitiva plaza en la literatura universal, se habían publicado varios volúmenes con su poesía y sus obras se representaban con éxito en los teatros de toda España. En París estaba en tratos con la editorial más importante de Europa, Baudry, se relacionaba con los grandes escritores franceses de aquellos tiempos y, sobre todo, disfrutaba de su condición de escritor, lo que había querido ser desde siempre, sobre todo desde que un día del inicio de verano de 1836 huyera de esa misma villa en la que ahora entraba. Había sido expulsado de la Universidad de Valladolid y temía con razón la reacción de su padre. Pudo más el miedo a enfrentarse a un padre rígido y severo, de ideas absolutistas, que había ejercido con mano dura el cargo de supertintendente de la policía en Madrid en los tiempos de la Década Ominosa de Fernando VII. Robó una yegua y no paró hasta Valladolid. Había decidido ser libre, ser escritor y hacer su propia vida rompiendo con la familia asumiendo todas las consecuencias. Tenía solo 19 años y todo el futuro por delante. En Valladolid vende la yegua robada y con el dinero se paga el pasaje a Madrid.

Diez años después regresa a Torquemada. Las relaciones con su familia no habían mejorado. Su padre no podía entender aún las razones para tirar sus estudios por la borda, que se dedicara a la literatura como profesión, que tuviera una vida desarreglada y que se hubiera casado con una viuda mayor que él. Nada de su hijo le gustaba ni admitía como compensación el rápido e innegable triunfo que había obtenido.

Zorrilla regresaba a Torquemada, en donde se encontraba la casa solariega de la familia, en la que había pasado largas estancias veraniegas de niño. En la iglesia de Santa Cruz de esta localidad palentina había situado el cuento en prosa La mujer negra o una antigua capilla de templario, con el que inauguraba en 1835 sus colaboraciones en El Artista, la más importante revista del romanticismo español. El cuento es propio del romanticismo, lleno de misterios y truculencias y podría haberse localizado en cualquier lugar pero Zorrilla imagina la historia en los lugares que conoció de niño y que estaban vinculados a su propio conflicto familiar.

La madre de Zorrilla había enfermado unos meses antes -en septiembre hizo testamento- pero nadie le escribió para advertírselo. A París le llegó una carta de su padre que, en tres líneas le despachaba la noticia del fallecimiento de doña Nicomedes en Torquemada y le pedía que regresara sin pedírselo directamente, de una forma abrupta que ponía de manifiesto el difícil trato que había entre ambos. Zorrilla no lo dudó. Rompió los contratos, zanjó los negocios abiertos en París y marchó hacia Torquemada.

Es dífícil de comprender lo que podía pasar por su cabeza al cruzar el puente de Torquemada, camino de la casa familiar. A su padre le había avisado de su llegada a través de una carta fechada en Burgos el 8 de febrero. Se ponía a su disposición y le proponía pagar todas sus deudas y ayudarlo con sus problemas ante el gobierno liberal. Durante semanas soñó con retirarse a vivir en Torquemada, ampliar la casa, alejarse de la corte y de la vida que había llevado hasta ese momento. Zorrilla fue una persona emocionalmente dado a la inestabilidad, entregado a los afectos. Quizá en su propuesta viera la oportunidad de recuperar a su padre pero haciéndole ver que había triunfado por sus propios medios. Pero la convivencia debió ser difícil y aunque regresó en algunos momentos puntuales a Torquemada, su idea de refugiarse en la casa solariega no se llevó a efecto. Volvió de nuevo en octubre de 1849, cuando recibiera la noticia del fallecimiento de su padre, que tampoco lo llamó a su lado al sentirse enfermo. Su vida se rompía. Sus éxitos y fama no hacían más que crecer pero la inestabilidad emocional también. Sus padres habían muerto sin demandar su presencia, el matrimonio con Matilde estaba completamente roto. Zorrilla estuvo de nuevo en Torquemada desde octubre de 1840 hasta mayo de 1850 y allí se encontró con la enorme frustración de tener que vender la casa familiar por las deudas contraídas por el padre, de las que se hizo cargo. Desde ese momento, la vida de José Zorrilla fue una huida constante hacia adelante: marchó de España, estuvo en Francia, en México, en Cuba. Tardaría en regresar.

Torquemada fue un recuerdo constante para Zorrilla. Por una parte, los veranos de la infancia, los recuerdos de la casa solariega y la ilusión de una vida tranquila; por otra, el dolor asociado con el recuerdo de la ruptura familiar, de la muerte de sus padres. Aspectos de una biografía apasionante, moderna y que debe ser leída con mucha mayor atención de lo que ha sucedido hasta ahora, por lo general.

De todo eso y de algo más hablé ayer en el Salón de actos del Ayuntamiento de Torquemada, en los actos organizados por esta corporación para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Zorrilla. Agradezco las atenciones prestadas por el alcalde, el teniente de alcalde y la concejala de cultura de Torquemada y por Paz Altes, que presentó el facsímil de Zorrilla: su vida y sus obras, el estudio de Narciso Alonso Cortés recientemente publicado por el Ayuntamiento de Valladolid. Fue un día muy agradable en una localidad castellana llena de interés para cualquier viajero que quiera pasar un tiempo entre su gente.