domingo, 24 de mayo de 2015

La jornada electoral de hoy


Escribo esto cuando aún falta una hora para cerrar las urnas y comenzar el recuento de la jornada electoral de hoy en España. Dejaré programada la entrada para que se publique a la hora habitual en La Acequia. Después, buscaré la información sobre los resultados en Internet, en la radio y en la televisión. Por lo tanto, lo que escribo ahora puede no tener sentido dentro de unas pocas horas.

Dado que no son unas elecciones generales, la primera lectura de los resultados deberá ser local y regional. Es tan importante esto, que el único dato cierto que conozco a estas horas es que en los lugares en los que se ha presentado un candidato que ha despertado la ilusión de los votantes se ha aumentado significativamente el porcentaje de participación ciudadana. De esto deberían tomar nota los partidos políticos y no de otras cosas. En los ayuntamientos, todavía hoy, sigue pesando más el conocimiento de los candidatos e intereses muy concretos y directos. En Tierra de Campos conozco pueblos en los que las familias extensas controlan los ayuntamientos desde hace muchos años. Son tan pocos los que residen habitualmente en estos municipios que quienes lo hacen se sienten con más derechos y buscan alianzas en las que están implicados antes los intereses personales, de sectores o grupos, que el bien común. Y España, a veces se nos olvida, está jalonada de pequeños núcleos de población.

Sin embargo, el reparto del mapa municipal y autonómico afectará a la política general. En este año trabado de citas electorales todo está implicado. Más que nunca. De hecho, los analistas políticos vaticinan que, según sea el resultado de las elecciones celebradas hoy, las generales podrían adelantarse al mes de septiembre porque el gobierno no podría aguantar una situación de desgaste tan evidente, sobre todo por el descontento que se podría generar dentro del partido que lo sustenta, fragmentado ya en guerras internas.

El desgaste de los partidos tradicionales es evidente. Los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) demuestran que tras el 15M (las jornadas de acción ciudadana del 15 de mayo de 2011 y posteriores) estos partidos comenzaron un descenso sin pausa en la intención de voto que se debe a un doble motivo: los casos de corrupción han protagonizado la información política del país todas las semanas desde entonces y, en contra de lo que había ocurrido hasta ahora, comienza a pasar factura a los partidos políticos implicados -aunque no en todos los casos ni de la misma manera-; los movimientos de indignación popular se han consolidado en agrupaciones, plataformas y partidos que han visibilizado la acción ciudadana de una forma no vista en España en la historia democrática reciente. Todo ello se visibilizó en las elecciones al parlamento europeo celebradas el año pasado y puede cristalizar en el día de hoy.

La aparición de un nuevo partido -Podemos- y la rápida expansión de uno minoritario -Ciudadanos-, terminó por alterar el relativamente tranquilo panorama político español nacido de la época constitucionalista. Han recogido votantes decepcionados, otros que se habían desentendido de la política hace tiempo, registran la incorporación más interesante del voto joven de los últimos años, etc. De hecho, todo esto ya ha tenido repercusiones notables: cambios en los liderazgos de los partidos tradicionales en la oposición, eliminación de las listas electorales de muchos implicados en los casos de corrupción, guerras entre familias políticas que han socavado la credibilidad de algunas organizaciones y han terminado con la filtración a la prensa de datos que buscaban hacer daño al rival y han terminado por perjudicar a la organización entera, mayor vigilancia sobre la transparencia en la gestión, necesidad de dar cuenta de muchas acciones que hasta ahora nadie explicaba, una mayor atención del ciudadano a lo que dicen y hacen sus políticos, etc.

Ha habido otra circunstancia notable: las consignas políticas de estos últimos meses se han centrado sobre todas estas novedades de una manera exclusiva con lo que apenas se han escuchado debates ideológicos ni propuestas concretas de interés. Algunos candidatos se presentan sin programa.

Sea cual sea el resultado electoral de hoy, el panorama político español parece cambiar y permanecerá así durante unos años, hasta que se asiente la nueva situación. Será difícil una mayoría absoluta, pero esto no es necesariamente bueno ni malo, vistos los antecedentes en uno y otro sentido. Obligará a pactar, a negociar y hacer política durante las próximas semanas. Será cuestión de estar atentos para que la nueva política no se parezca demasiado a la antigua y se convierta en mero reparto de papeles y toreo de salón alejado del ciudadano. Muchos de los políticos hasta ahora dominantes desaparecerán de la escena, algunos de los nuevos serán circunstancia, otros se consolidarán. Como estamos en España, algunos políticos claramente sustituibles seguirán en el poder porque los electores lo habrán querido. Es hora de que aparezcan ya nuevas caras en la política española en puestos de relevancia: llevamos demasiados años con los mismos, que tampoco es que hayan demostrado su eficacia de manera sobresaliente. A las pruebas me remito. Y, por último, espero que el ciudadano haya aprendido las lecciones de lo ocurrido en los últimos años y considere como algo de su propio interés la política y el control diario de sus gobernantes. Será la única forma de que las nuevas formaciones no se acomoden y las antiguas se regeneren. Hace falta.

sábado, 23 de mayo de 2015

El espino albar del prado de la Señora.


¿Se ha quemado el espino albar del prado de la Señora en el último incendio? Me dicen que fue superficial, que ardieron solo las ramas secas del monte, la pelusa de los chopos, los álamos y los castaños de indias,  también algunos restos del otoño pasado, que no me preocupe, que las huellas del incendio desaparecerán en unas semanas. Que la zona aún está verde por el agua de las últimas lluvias y de las fuentes que empapan las laderas.

Comienza la temporada de incendios en nuestros montes. Según las estadísticas, la mayoría se deben a la acción humana (accidental o intencionada), agravados por el abandono en el que se encuentran. No solo porque la población de esas zonas haya disminuido o porque las personas que viven en su entorno ya no necesiten recorrerlos para recoger leña seca con la que calentar sus casas, ni porque hayan casi desaparecido oficios centenarios que se dedicaban a convertir en bienes de consumo lo que el monte ofrece. Sobre todo es por la desidia de las administraciones y el vandalismo de los que van a nuestros campos y los ensucian o tienen comportamientos imprudentes.

Recuerdo que en los libros en los que yo estudiaba cuando era un crío se hablaba de la desertificación de España y de los problemas medioambientales que ello generaría. Pues aquí seguimos, dejando que nuestros montes se quemen año a año. Ya no hace falta abrir uno de esos libros escolares que olían a nuevo en septiembre, ni volar una hora en avión sobre nuestra geografía. Desde cualquier aparato conectado a Internet puedo visualizar en este mismo momento aquello que estudié y que me parecía tan lejano como los pronósticos para el año 2000. Ya estamos aquí, ya hemos llegado. Y esta España urbana sigue devorando su entorno rural, quizá para esconder su origen como el nuevo rico que se avergüenza del oficio de sus padres.

Por cuánto tiempo seguirá allí el espino albar, en el prado de la Señora.

viernes, 22 de mayo de 2015

Jornada de reflexión



Mañana sábado, en España, es jornada de reflexión de cara a las elecciones locales y autonómicas que se celebrarán el domingo. En el día previo a las elecciones está prohibido pedir el voto, manifestarse, realizar cualquier acto que se considere electoralista, publicar encuestas que puedan influir en los votantes, etc. Esta legislación se ha quedado obsoleta. De hecho, en otros países con democracias asentadas no se conocen restricciones similares. La necesidad de una jornada de reflexión nace en tiempos en los que la democracia es algo desacostumbrado y frágil. Su mera existencia, como la prohibición de vender alcohol el día de los comicios que rige aún en algunas partes del mundo, indica una sospecha de las autoridades: o bien los ciudadanos son inmaduros e influenciables y hay que protegerlos o bien son gente proclive a la asonada y hay que controlarlos. Volvemos, de nuevo, a la desconfianza que tienen los políticos con los ciudadanos. Es algo tan obsoleto en tiempos en los que existe Internet y las redes sociales que funcionan a través de los teléfonos móviles, que resulta ya una extravagancia. Siempre ha sido así: las personas de orden necesitan controlar a aquellas que, según ellas, no lo son y proteger a los ciudadanos considerados insuficientemente responsables de sus actos. Pero así están las cosas.

El domingo, como siempre desde que he podido hacerlo, acudiré a votar. Por las razones de siempre, aunque, como siempre, no haya ninguna papeleta que me represente por completo porque eso es imposible y solo funciona en el mundo de las creencias y no en la realidad política. Tampoco me gustan determinadas carencias de nuestro sistema democrático, como las listas cerradas o el reparto de los porcentajes de votos. Tampoco voy con ideas diferentes a las que siempre me han guiado: detesto la corrupción, la falta de respeto al electorado, el ejercicio de atemorizar al votante, la manipulación emocional y el falseamiento de los derechos y deberes del ciudadano. Eso me ha hecho cambiar de opción política en varias ocasiones. De hecho, en esta ocasión me planteo no votar lo mismo en las elecciones locales y en las autonómicas. Yo no creo en ningún partido ni en ningún político, sino que deposito mi confianza en uno u otro con la intención de apoyar unos programas y actitudes que ayuden a hacer de este mundo algo un poco mejor, más solidario y más responsable. Todo esto es cada vez más necesario porque cada proceso electoral desde hace años es una significativa banalización de la política, mero ruido en el que no se pasa más allá de una consigna, en el que los compromisos no cuentan y el debate de ideas y propuestas brilla por su ausencia. Frente a eso, el ciudadano tiene una nueva ocasión de demostrar que sí le importa la política, que no está dispuesto a que lo aparten de ella, que quiere implicarse para que lo que ha ocurrido en los últimos tiempos no se repita. Esto es lo más importante de todo lo que se vota el domingo.

Eso sí, el día 25 comenzaré a pedir cuentas de lo que se hace con mi voto porque la verdadera labor del ciudadano es no regalar el voto ni confiar ciegamente en un político, sino ser parte de la acción política cada día.

jueves, 21 de mayo de 2015

España en Sefarad de Muñoz Molina, anuncio de La gratitud de Fermín Herrero y noticias de nuestras lecturas.


Escribir España en Sefarad, como he hecho yo en el título, es una redundancia. Sefarad es la forma en la que parte de la comunidad judía reconoce a España. De ahí que los judíos expulsados de Castilla en 1492 se denominen como sefardíes y su idioma -el castellano que hablaban y cuya conservación hasta nuestros días es una extraordinaria aventura cultural-, sefardí. Muñoz Molina titula Sefarad a esta novela de novelas y así se llama el último de sus capítulos o apartados. En el libro, ya lo hemos tratado en estos comentarios semanales, recoge historias de la gran tragedia del siglo XX europeo: el choque de las grandes ideologías totalitarias -fascismo, comunismo pero también capitalismo- con el individuo. Este adquiere condición de víctima de aquellas, como también del tiempo o de la enfermedad.

A lo largo del libro son varias las veces que recoge la historia de los judíos europeos en el siglo XX: desde el mundo opresivo de Kafka hasta el exterminio que decretaron los nazis. Aparecen también los sefardíes, como en la historia del director del Ateneo español de Tánger. No en vano, a pesar de ser una novela que se proyecta hacia la universalidad, la voz narradora es la de un español que teje la historia desde un ejercicio consciente y lúcido de memoria y autobiografía. Por eso, en el último apartado del libro coinciden el título del capítulo y el título de la novela: Sefarad. La memoria le lleva al narrador hacia su infancia y el recuerdo de la judería de Úbeda, cerca de la casa familiar. Y la propia historia se construye desde la memoria de los exilios de la historia de España: desde el destierro de los judíos castellanos en 1492 hasta el último, el de los desterrados por la guerra civil y la dictadura franquista, en un campo tejido de lápidas de nombres, algunos conocidos y otros anónimos:

Quién podría rescatar los nombres que fueron tallados hace doscientos años sobre esas lápidas, nombres de gente que existió con tanta plenitud como yo mismo, que tuvo recuerdos y deseos, que tal vez pudo trazar su linaje remontándose hacia atrás a lo largo de destierros sucesivos hasta una ciudad como la mía, hasta una casa con dos estrellas de David en el dintel y un barrio de calles muy estrechas que se quedó desierto entre la primavera y el verano de 1492 (...). Sepulturas modestas y fosas comunes jalonan los caminos de la gran diáspora española.

Y así cita las tumbas del padre de Lorca en los Estados Unidos, las Azaña o de Machado en Francia, la lista de los sefardíes de Rodas enviados a los campos de exterminio nazis. Y de aquí, de toda esta conciencia y materia real se ilumina la clave de esta novela, que es, en el fondo, la respuesta personal de Antonio Muñoz Molina al debate sobre la muerte de la novela que corría por los años en los que la escribía:

Cómo atreverse a la vana frivolidad de inventar, habiendo tantas vidas que merecieron ser contadas, cada una de ellas una novela, una rama de ramificaciones que conducen a otras novelas y otras vidas.

Toda esa reflexión sobre la historia de los totalitalismos, de Europa, de España, de sí mismo, termina encerrada en el recinto de la Hispanic Society pero no como una biblioteca o un archivo cerrado y polvoriento sino como un refugio para poder estudiarla, pensarla y meditar sobre ella sin perder la propia memoria y la propia esperanza, que se teje de cosas tan básicas como la concha encontrada por el hijo en la playa de Zahara de los Atunes y que le acompaña al narrador en su escritorio durante el proceso de escritura.

Noticias de nuestras lecturas.

El martes pasado tuvimos la reunión del Club de lectura en su formato presencial. La sesión, que celebramos en la habitual sala de la Biblioteca General de la Universidad de Burgos, resultó sumamente interesante y pusimos sobre la mesa todos los grandes temas de esta novela de Muñoz Molina. En la última entrada de Mª Ángeles Merino tenéis los apuntes que tomó de lo allí ocurrido, que puede servir de cierre y reflexión de esta lectura.

Luz del Olmo cuenta su experiencia última como lectora de Sefarad: la identificación con alguno de esos personajes, clave para comprender esta novela de novelas.

Lectura de La gratitud, de Fermín Herrero



Las próximas semanas las dedicaremos al comentario de La gratitud (Visor, 2014), el poemario con el que Fermín Herrero obtuvo el Premio Jaime Gil de Biedma y el Premio de la crítica de Castilla y León. Fermín Herrero ha sido galardonado también con el Premio de las Letras de Castilla y León. Nos acercamos, pues, a la palabra de uno de los poetas más importantes de España en la actualidad, en un título que es la culminación de una trayectoria que lleva a la indagación sobre los temas esenciales del ser humano sin perder nunca el contacto con la tierra. Sorprenderá la altura de esta voz y la certeza de la expresión a quien no conozca a este autor.

Después del libro de Fermín Herrero cerraremos el curso con las Crónicas periodísticas de la guerra de África, de Núñez de Arce, una las primeras escritas en este género en España.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Elogio del silencio


Los monjes cartujos guardan silencio la mayor parte de su tiempo. Siempre es bueno guardar silencio varias veces al día. Hay personas que no pueden: Don Quijote castigó a Sancho ordenándolo callar hasta que el escudero no pudo más y amenazó con volverse a su pueblo (I,25). Conozco personas que cuando entran en casa lo primero que hacen es encender la televisión o la radio porque no soportan la soledad o el silencio o necesitan escuchar música en todo momento y en cualquier actividad. Una de las pruebas más serias de la confianza en la amistad o en el amor es la de guardar silencio juntos. Cuando es forzado este silencio compartido es espeso, se puede cortar con cuchillo, decimos, dada su densidad, que nos ahoga. Es ya un síntoma de que algo va mal en esa relación, de que quizá lo que ocurre ya no tenga remedio. Las manifestaciones físicas del que quiere hablar pero no puede las conocemos todos: se revuelve en el asiento, da paseos cortos nervioso, se congestiona incluso.

Una de las cosas más difíciles en nuestra sociedad, especialmente en las ciudades de España, es la de hallar silencio en donde refugiarnos. Nuestras calles son ruidosas, en las cafeterías hay un griterío constante, las personas usan los teléfonos móviles sin ningún respeto a quien tienen al lado, cualquiera organiza una fiesta en la vía pública sin preguntarse si molesta a alguien, en las clases de los centros de enseñanza media mis colegas me cuentan que se han habituado a dar clase por encima del rumor de las conversaciones de sus alumnos, los vecinos hacen todo el ruido que desean sin recordar que viven en comunidad, hay obras en horas y días no permitidos. No es el griterío de las corralas o el de las madres de antes llamando a voces a sus hijos desde las ventanas de los edificios de las zonas de expansión de las ciudades de los años sesenta y setenta del pasado siglo o el de la vecina a la que se escuchaba en el patio de luces cantando se han clavado dos cruces,  un ruido que se relata bien desde el costumbrismo porque interrumpe un mundo casi rural, sino de otra especie. Un ruido constante que nos aturde, que se suma al de la palabrería constante que sale de la boca de quienes están ahora en campaña electoral multiplicado por los medios de comunicación. Ruido sobre ruido para aturdirnos, para no dejarnos sosiego. No hay forma de aclarar las ideas sin silencio. No decidir comprar el pan o ir a una u otra cafetería, si obedecer o no a un impulso, sino de pensar.

Por eso es bueno, varias veces al día, alejarse del ruido, de todo ruido. Incluso del interno. No argumentar, ni pensar siquiera, pero hacerlo en silencio para gozar de la libertad propia. Como contemplar la leve deriva de una hoja verde sobre el agua del pilón de una fuente.

martes, 19 de mayo de 2015

Hoy me lloraba el ojo izquierdo


Hoy me lloraba el ojo izquierdo. No he podido dar pie con bola al tener que mirar solo con el derecho. Espero que sea solo alergia o un catarro de primavera y se pase pronto.

domingo, 17 de mayo de 2015

sábado, 16 de mayo de 2015

Treinta y ocho millones de personas desplazadas en el mundo


En estos momentos hay más de treinta y ocho millones de desplazados internos en el mundo, la cifra más alta que se conoce en la historia. A diferencia de los refugiados que, en cuanto cruzan una frontera, son protegidos por las leyes internacionales y ayudados por las organizaciones que se encargan de velar por ellos, los desplazados internos están sometidos a las circunstancias de su país y a las decisiones de sus gobiernos y de los señores de la guerra regionales. Estos, en muchos casos, son los causantes de su situación. En otros, son incapaces de velar por ellos porque no tienen los medios adecuados o, simplemente, porque no consideran que sea su obligación ni responsabilidad. En casi todos los casos, cuando permiten la ayuda internacional es tarde. En casi todos los casos la ayuda internacional tiene graves problemas para llegar a los lugares en los que se encuentran y suele sufrir la rapiña de los dirigentes locales y la extorsión de los bandos enfrentados que usan a los desplazados para enriquecerse.

Una parte de estos desplazados se debe a catástrofes naturales y la pobreza de sus países. Otra parte a la violencia y los conflictos bélicos. Hay guerras en el mundo que no salen nunca en los informativos occidentales, hay conflictos de los que no sabemos nada desde hace años, hay muertos que ignoramos porque no tienen nuestra nacionalidad. Casi todas las armas y la munición que se usan en estos conflictos han sido fabricadas en países occidentales.

Hay campos de desplazados que se formaron como sedes provisionales de acogida para los cientos de personas que habían tomado una dirección para huir. Simplemente, habían comenzado a andar y llegaron a un sitio en el que se hallaron con una frontera natural o política que no podían cruzar. Después de esos cientos fueron miles, luego decenas de miles. Hay campos de refugiados provisionales que llevan tantos años funcionando que se han convertido en ciudades permanentes identificables por el aspecto de las tiendas de campaña. Los más afortunados han podido improvisar en ellos escuelas, almacenes de comida y depósitos de agua, hospitales de campaña y lugares de reunión para tomar decisiones sobre el día a día, convirtiendo un lugar inhóspito en lo más parecido a una sociedad organizada en la que sentirse seres humanos con la dignidad que las circunstancias y otros seres humanos parecen negarles. Otros están desasistidos y no tienen las cosas más elementales que tú y yo derrochamos cada día.

A veces me imagino ser una de esas personas que caminan por el borde de un camino con todo lo que poseen encima. Que camina detrás de otros cientos que han tomado la misma dirección. No es difícil reconocerse en estas filas de seres humanos. Repaso en la historia de mi propio país y recuerdo fotografías y documentales de hace menos de un siglo con gente como yo caminando con un hatillo, una vieja maleta atada con cuerdas, tirando de un carro con unos pocos enseres o un hijo enfermo. Mujeres con un pañuelo atado a la cabeza para protegerse del viento y del sol. Cuando llego a casa por la tarde, después del trabajo, y abro con la llave, doy un beso a mi hija, organizo la cena, me tomo un vaso de agua que he llenado con el gesto fácil de abrir el grifo. Y cada día soy más consciente de lo poco que separa la pared de mi cocina, con sus azulejos y el calendario marcado con las fechas importantes, de un horizonte polvoriento que conduce hacia una ciudad inmensa de tiendas de campaña en donde buscar refugio de algo de lo que no soy responsable pero que me ha echado de mi casa. El mundo, que tan ancho parece, es pequeño. Y deberíamos ser muy conscientes de ello para comprender cómo nos conciernen las cosas que pasan en él, las cosas que de verdad pasan.

viernes, 15 de mayo de 2015

Madrugar en un día festivo


Sorprender a la ciudad a primera hora de la mañana de un día festivo es comprobar cómo el decorado de la comedia de la vida aún no está puesto.

No es cierto que a quien madruga Dios le ayude, solo que llega antes para mimetizarse con el lugar y observar la llegada de los otros y, si es listo, aprovecharse de la ventaja. Un conocido mío ya jubilado me contó que durante años siempre llegó el primero a las reuniones que en su oficina se programaban a primera hora de cada día. Se ganó reputación no solo de puntual sino también de trabajador esforzado y serio y fue felicitado por sus jefes. En realidad lo hacía porque le gustaba sentarse en el lugar más cercano a la puerta para excusarse a mitad de la reunión por el mucho trabajo que le esperaba. No lo expresaba, pero con el gesto daba a entender que lamentaba que se hubiera comenzado tan tarde por el retraso de algunos en llegar y que él quería cumplir con su agenda de la mañana. Aprovechaba el tiempo que aún duraba la reunión para tomarse un café y leer el periódico con calma sin tener que aguantar las conversaciones de los compañeros. Cuando estos salían de la reunión, le encontraban ya trabajando en su mesa. Aquellos cafés eran su mejor recuerdo de los años de trabajo.

jueves, 14 de mayo de 2015

"Un apocado funcionario de provincias". Quién nos cuenta la historia en Sefarad de Muñoz Molina y noticias de nuestras lecturas.


La clave narrativa de la obra viene definida en la misma novela: Unas cosas traen otras, como unidas entre sí por un hilo tenue de azares triviales. Sefarad se nos presenta en el subtítulo como Una novela de novelas, definición que sorprende a sus lectores cuando entran en un texto que aparenta no tener estructura definida, que parece hablar de cosas sueltas sin más hilazón que la de exponernos los casos en los que el poder de las ideologías y de los sistemas políticos y financieros ha sembrado la historia del siglo XX europeo de millones de víctimas. Parece, sin más, un recuento de casos concretos que sirven de símbolo de lo ocurrido: una lista de perseguidos, asesinados, desplazados en la que casi todos podríamos reconocernos. Este recuento lo realiza una voz narradora que podemos identificar fácilmente con el propio autor, más aún si conocemos otras obras de Muñoz Molina o sus colaboraciones en la prensa periódica española. Se confecciona como si se tratara de una suma de relatos breves, pequeños ensayos, crónicas periodísticas, etc. Pero hay un momento en el que el lector se da cuenta de que no es así.

En el capítulo titulado Olympia, la voz narradora principal se hace más presente y esta presencia crecerá en el resto de la novela. El narrador nos habla sin tapujos de sí mismo y de su pasado. Una historia en la que es fácil rastrear elementos autobiográficos de Muñoz Molina porque él mismo los ha convertido en materia literaria otras veces. El narrador recuerda aquel apocado funcionario de provincias que fue desde su presente, un tanto asombrado de todo lo que le ha cambiado la vida desde entonces, cuando solo podía soñar tener la que luego, en gran medida, ha llevado, llena de experiencias, viajes y literatura. Y este es, exactamente, el hilo narrativo vertebrador de esta novela de novelas. En realidad, Sefarad es el relato de este viaje biográfico del propio Muñoz Molina contado desde una única perspectiva: el encuentro a través de estos años de mudanza vital con las historias de las víctimas. A estas tiene acceso a través de lecturas de libros, investigaciones propias, encuentros que ha podido tener debido a sus viajes gracias a que cambió su vida para decidirse por la escritura, testimonios orales de personas a las que ha conocido, etc. En el relato deja ver continuamente esos rastros de sí mismo vinculados al encuentro con las historias de las víctimas. Estos rastros pueden ser triviales, como dice la cita con la que arranco este texto, recuerdos de lo que él hacía cuando se documentaba para la novela, lo que le había sucedido en el momento de la redacción del texto, el fugaz encuentro con una mujer en el Palacio de Cristal del Retiro que había sido una niña del exilio español hacia México incluso cuando ni siquiera podía imaginar que su trayectoria literaria le llevara hasta poder escribirla, la comparación de los tiempos de la tragedia que relata y los tiempos de su vida cotidiana cuando la escribe, etc.

Al presentarse claramente en Olympia como voz narradora, Muñoz Molina nos lleva directamente al personaje-narrador que había construido en los años inmediatamente anteriores en otras novelas suyas (singularmente en El jinete polaco y en Ardor guerrero) y en sus colaboraciones semanales en la prensa. Su lector habitual lo ha reconocido inmediatamente y se siente guiado por la voz narradora porque, entre otras cosas, se identifica en buena parte con sus experiencias biográficas e ideológicas (Muñoz Molina durante años representó un sector importante de la población española en ambas circunstancias). Y esta es una de las claves de lectura de Sefarad: la identificación vital o ideológica del lector con lo que cuenta la obra. En esto consiste el éxito de su recepción o su fracaso, cosa que sabe el propio autor desde el mismo momento en el que elige una voz narradora tan pegada a sí mismo, en la que van integrándose todos los relatos. Vistos así, estos construyen una especie de pasado, de herencia humana que recibe el propio narrador cuya tarea ética será asimilarlas y trasformarlas en texto literario para convertirse en su portavoz:

Al inventar uno tiene la vana creencia de que se apodera de los lugres y las cosas, de la gente acerca de la que escribe (...), puedo tener la sensación de que nada de lo que invento o recuerdo está fuera de mí, de este espacio cerrado. Pero los lugares existen aunque yo no esté en ellos y aunque no vaya a volver, y las otras vidas que viví y los hombres que fui antes de llegar a ser quien soy contigo quizás perduran en la memoria de otros.

Este narrador se sabe una pieza más en la cadena del ser humano que se construye a través de la memoria, el recuerdo y el testimonio.

Noticias de nuestras lecturas

El autobiografismo de Muñoz Molina impulsa a Luz del Olmo a regalarnos un delicioso relato de su marcha a Madrid y primeras experiencias en la capital.

Myriam Goldenberg resume la esencia del texto de Muñoz Molina con su propio certero y emocionante pensamiento y testimonio. No os lo perdáis.

Paco Cuesta escribe un extraordinario análisis de la perspectiva del lector enfrentado al juego de voces narradoras de Sefarad, clave para entender la novela.

Mª Ángeles Merino sigue conducida por sus dos lectoras en medio del calor burgalés -que ya se fue- y anda entre zapateros, monjas, morcillas y café con hielo... Cómo leen entre líneas estas dos mujeres.

El próximo martes, en el lugar y la hora habituales, tendremos el encuentro del Club de lectura en su formato presencial para comentar Sefarad de Muñoz Molina. El jueves de la próxima semana cierro el comentario de Sefarad para iniciar el de La gratitud, el poemario de Fernín Herrero.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Sacar la silla de enea




Cada vez tengo más claro que la conspiración mayor de nuestros tiempos es que no podamos tener un momento al día para sacar la silla de enea a la calle después de baldear para procurar el fresco y ver pasar el tiempo junto a la casa. Ver, por ejemplo, cómo cambian los colores de esta primavera que se ha declarado verano.