lunes, 27 de junio de 2016

Frida Kahlo. Fotografías de Leo Matiz en la Casa Azul


Cuando uno entra en esta exposición (Frida Kahlo. Fotografías de Leo Matiz en la Casa Azul, Sala municipal de exposiciones de la Iglesia de las Francesas de Valladolid, hata el 28 de agosto) corre el riesgo de olvidarse del fotógrafo. Pienso que esto sucede por dos cosas. En primer lugar, porque el fotógrafo, Leo Matiz, ha buscado conscientemente no ser el protagonista de las imágenes sino poner toda su calidad técnica al servicio del objeto fotografiado. En segundo lugar, porque este, Frida Kahlo ejerce una atracción tan fuerte hacia el espectador como, sin duda, lo hizo con Matiz.

Es de justicia, por lo tanto, recordar en primer lugar a Leo Matiz (el colombiano Leonet Matiz Espinosa, 1917-1998), que supo poner el arte de la fotografía al servicio de lo que ocurría en América y, especialmente, en el México que él conoció, tanto al darnos un testimonio social relevante como, sobre todo, al tratar el mundo artístico de vanguardia de los tiempos que le tocó vivir. En México se relacionó con todos los grandes artistas que se encontraban allí a mediados del siglo XX y colaboró de una forma o de otra con ellos, incluido el cineasta exiliado Luis Buñuel, aparte de retratarlos y contribuir mucho a la imagen que hoy tenemos de varios de ellos.

Esta muestra recoge medio centenar de imágenes que tomara a la artista mexicana Frida Kahlo (1907-1954) en su casa de Coyoacán y en las proximadades, en los años cuarenta. La casa, pintada de azul por la artista, se convirtió tras su fallecimiento en Museo dedicado a su vida y obra. Se organizó para conmemorar los cincuenta años del fallecimiento de la pintora y después se ha recuperado en gira por España. El núcleo principal consiste en esas imágenes en las que Frida Kahlo es la protagonista, bien como modelo única bien como parte de un grupo de artistas en el que se encuentra también su esposo, Diego Rivera. Junto a estas, se expone otro material (obras de Germán Cueto y otros) que oportunamente contribuye a contextualizar la época artística. Solo una pega: la redacción del folleto informativo. Deberían evitarse repeticiones. Como últimamente son frecuentes estos defectos de redacción o la mera copia de la información de la Wikipedia sin citarla, he de suponer que nadie se encarga de revisarlos. Y es una pena porque afea la calidad de las exposiciones.

Paseando por la exposición, observando cada imagen, la evidente potencia icónica de Frida Kahlo se impone al espectador. Cuentan sus biógrafos que aprendió a posar y a apreciar el significado que la fotografía tendría en la vida del siglo XX con su padre, Guillermo Kahlo, fotógrafo de origen alemán. Sus estudiosos han vinculado su fijación por el autorretrato con la poliomelitis que sufrió de niña y en el accidente que de joven le rompió la columna y la pierna derecha, como si se tratara de un intento continuo de reconocimiento de su propio cuerpo. Quizá se puedan unir ambas cosas. Frida Kahlo, además de una de las grandes artistas contemporáneas, supo de la fuerza con la que había que construir en la modernidad la propia imagen del artista. De hecho, su imagen se ha convertido en un icono artístico y reivindicativo y es recreada continuamente. La fuerza de su imagen no es inventada por la posteridad, estaba ya en ella y supo potenciarla conscientemente, como se aprecia en estas imágenes: Frida apoyada en una pared con juegos de sombras, posando tumbada en la hierba, junto a otros artistas... A todo ello contribuyó, con su calidad artística, su mirada inteligente y su forma de caer en la admiración por el objeto retratado, Leo Matiz. Vean esta exposición allá donde la encuentren. Merece la pena.

domingo, 26 de junio de 2016

y mañana será otro día


Esta mañana he salido a hacer algo deporte, me he duchado, he ido a votar, comprar el periódico y la barra de pan, tomar un café y darme un corto paseo. He vuelto a casa, he abierto una cerveza y la he acompañado con unas zanahorias aliñadas a la andaluza, un poco de queso y chorizo mientras me hacía de comida un revuelto de cebolla y zanahoria con un poco de trufa rallada, que he adornado con perejil y unos picos de pan integrales. He pasado la tarde trabajando (corrijo los exámenes de la convocatoria extraordinaria), he leído poesía. He dedicado un ratito a las plantas, he ajustado un poco la agenda del mes que viene. En España, hoy, ha habido elecciones generales tras el fracaso en las negociaciones para formar gobierno de la legislatura anterior. Y mañana será otro día.

sábado, 25 de junio de 2016

Elogio de la libertad. Discurso pronunciado en la ceremonia de graduación de la promoción 2016 del Grado de español de la Universidad de Burgos


Elogio de la libertad.
Discurso pronunciado como padrino en la ceremonia de graduación 
del Grado de español de la Universidad de Burgos (24 de junio de 2016).



Sr. Vicerrector de Cultura, Deporte y Relaciones Institucionales, Sr. Decano de la Facultad de Humanidades y Comunicación, Sr. Coordinador del Grado de español, queridos alumnos graduados, compañeros, amigos y familiares:

CUANDO don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro, y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asunto de sus caballerías, y, volviéndose a Sancho, le dijo:
-La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve, me parecía a mí que estaba metido entre las estrecheces de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos; que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquél a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

(Miguel de Cervantes, Don Quijote, capítulo LVIII de la Segunda parte)

Se cumplen cuatrocientos años del fallecimiento de quien escribiera estas palabras y en vuestra ceremonia de graduación no podían dejar de ser escuchadas porque no solo son el núcleo de la acción de don Alonso Quijano el Bueno cuando decide salir al mundo a reparar las injusticias que en él hallare tras transformarse primero a sí mismo sino el verdadero impulso de todo ser humano que tenga la esperanza de ser dueño de su destino.

Hay muchas formas de ser libre. Tantas como formas de ser esclavo. No todas ellas fáciles de identificar. Más allá de la necesidad de comer que nos conduce a aceptar aquello que de otra forma nos parecería inaceptable y del drama de las personas a las que la violencia –sea del tipo que sea, puesto que en este mundo globalizado que haya hambrunas en algunas regiones es parte de la violencia institucional de los intereses financieros y políticos- les ha afectado en la dignidad hasta el punto de que han caído en un estado que ha colapsado su voluntad y hasta su pensamiento, está en las decisiones que tomamos cada día la opción de ser libres o ser esclavos, la de comportarnos como seres humanos con criterio propio o hacerlo de forma servil. Incluso cuando necesitamos comer –nosotros o nuestros hijos- y aceptamos condiciones de esclavitud para poder hacerlo, deberíamos luchar para tener como un sello en el pecho la inquietud de la libertad, como le pasaba a don Quijote en casa de los duques.

Don Quijote aspira a ser libre. Porque la libertad es un camino, no un final ni una utopía. Recelad de quien os prometa utopías como esos parques temáticos propios de esta sociedad consumista que nos convierte el mundo en trampantojo para turistas. Don Quijote decide marchar a Barcelona porque alguien se ha empeñado en que cumpla un destino escrito que lo llevaba a Zaragoza, o decide liberar a los galeotes que iban encadenados por orden del rey. También apoya la libre elección de amor de los jóvenes frente a las convenciones sociales que obligaban a casarse por intereses familiares. Y lo hace arriesgándose en cada momento. La mayor parte de las veces acaba apaleado o apedreado o se ríen de él, porque es condición de serviles atacar a quien actúa con libertad. Pero de vez en cuando consigue el respeto de aquellos que tienen el suficiente interés como para detenerse a contemplarlo más allá de su extraño aspecto, de las armas anacrónicas que porta o de la bacía de barbero que le sirve de casco.

La libertad es ese camino que lleva a don Quijote de su pueblo manchego a la playa de Barcelona cuando el destino parecía no quererlo alejar de su aldea. En él hay que esforzarse a diario y transigir muchas veces cuando se trata del respeto a los otros. Cervantes quiere que su novela trascurra por un mapa reconocible de la España de su época porque sabe que la libertad debe trabajarse en el espacio de la realidad a pesar de que cada día puedan reírse de la persona extravagante que quiere hacer mejor el mundo. Se encontrará muchas veces solo, ninguneado e incluso acosado y difamado por el colectivo de seres gregarios al que ha decidido no pertenecer. También sabe Cervantes que para que una sociedad sea libre deben serlo primero sus individuos. Y que los más conscientes de esa condición deben comenzar el camino.

No sé bien qué os hemos enseñado estos años que habéis pasado bajo el amparo académico de la Universidad. Pero me bastaría con que os hayamos enseñado esto de lo que habla Cervantes por boca de don Quijote. Sin esa conciencia de la libertad no puede haber mejora individual, ni social. No puede haber un verdadero progreso material acorde con las necesidades del ser humano ni verdadera ciencia, porque todas las épocas en las que la ciencia y la tecnología se han puesto al servicio de la falta de libertad han supuesto un dolor intenso, expolios, guerras y gobiernos criminales.

El Quijote es la historia de un lector. Después de la descripción, lo primero que se nos dice de él es que su casa está llena de libros, que se gasta buena parte de su hacienda en adquirirlos y que se pasa las noches enteras leyéndolos. Siempre se ha tomado esto como parodia de los libros de caballerías pero en la novela cervantina hay otros personajes que también leen. La parodia no está en que don Quijote lea o que sus lecturas sean historias de caballerías sino en el juego narrativo de confrontar las historias fantásticas de las caballerías con el mundo real. En El licenciado Vidriera hay un estudiante que de tanto estudiar se vuelve loco y se cree hecho de frágil cristal. Este licenciado sí se ha trastornado, de don Quijote nos quedará siempre la duda. ¿Es locura, juego o voluntad de ser diferente haciendo lo que todos pensamos que debe hacerse pero no nos atrevemos? ¿No es parte de su libertad gastarse la hacienda como le dé la gana incluso en contra de sus herederos y amigos o salir al mundo aunque parezca extravagante su decisión? Después de ser salvajemente golpeado por el mozo de mulas en el capítulo IV de la primera parte, a don Quijote lo encuentra un labrador de su pueblo y ante lo que él entiende por desvarío del cerebro de su vecino, quiere volverlo a la sensatez:

-Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.

-Yo sé quien soy -respondió don Quijote-; y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.

                Una gran parte de nuestra libertad proviene de la cultura. Me gustan mucho las definiciones que de ella da el Diccionario de la Real Academia. En su segunda acepción se trata del “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Es decir, la más pura esencia de la libertad. Podemos ser libres incluso en una sociedad que no nos lo permite con su estructura social, sus leyes y sus costumbres. Tosca, paternalmente o de forma tan sutil como en gran parte de nuestra vida actual. Podemos ser libres gracias a la cultura y desde nuestra libertad como individuos favorecer la libertad de toda la sociedad. Quizá por eso algunos gobiernos aparentemente democráticos no apoyan la cultura con entusiasmo, no invierten en este necesario alimento de todo ser humano. Y aquí es en donde entra la tercera acepción del Diccionario: “Conjunto de modos de vida y costumbre, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”

                Lo sabía Cervantes. Por eso hace entrar a sus protagonistas en el mundo de los Duques. Estos han leído mucho: conocen, incluso, la primera parte del Quijote (ya sabemos que una de las genialidades de esta novela cervantina es que los personajes son conscientes de ser personajes). Pero su forma de entender la cultura no es la de la libertad sino que la instrumentalizan para que les sirvan todos los demás de entretenimiento y convierten a Don Quijote y Sancho en poco más que bufones aparentando respetarlos. Cuando la cultura está en manos de los otros, ni nosotros podemos ser libres como individuos ni la sociedad lo es. En la corte de los Duques sucede lo que siempre ocurre en cualquier sociedad en la que falta la verdadera libertad: hay serviles, delatores, interesados y se respira un ambiente de opresión y control del disidente aunque aparentemente vivamos de forma cómoda y regalada. Por eso quiere salir de allí don Quijote.

Incluso, aunque no lo puede racionalizar de la misma manera, lo sabe Sancho, que renuncia a ser gobernador porque ha dejado de ser libre y vuelve junto al hidalgo. Él proviene de otra forma de entender el mundo, más práctica y por eso continúa la cita con la que arrancábamos este discurso:

-Con todo eso -dijo Sancho- que vuesa merced me ha dicho, no es bien que se quede sin agradecimiento de nuestra parte doscientos escudos de oro que en una bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como pócima y confortativo la llevo puesta sobre el corazón, para lo que se ofreciere; que no siempre hemos de hallar castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen.

Sancho no deja de ser Sancho aunque evolucione a lo largo de la novela. Pero no nos engañemos. La verdadera libertad es contagiosa cuando se conoce de cerca. Y Sancho, que no ha leído nada, que solo portaba en sí la cultura popular de su tiempo, la propia de un campesino de La Mancha (que es mucha y no debemos despreciarla pero no contenía el concepto de la libertad individual ni, mucho menos, el de la libertad social), ha visto el ejemplo del que antes era su amo y que se ha convertido ya en su amigo. Y decide seguir junto a él el resto del camino ya sin más interés que aquella aventura extravagante que les llevará hasta donde nunca había llegado ninguno de los personajes de la literatura universal. Igual que había decidido compartir comida y conversación con su vecino Ricote a pesar de que era consciente de estar incumpliendo una orden del rey que prohibía todo trato –y menos amistoso- con los moriscos expulsados. Pero era su vecino y lo conocía de toda la vida y las leyes son abstractas y no se adaptan bien a todas las circunstancias.

Y aquí estáis vosotros. Habéis terminado vuestros estudios universitarios. Y si lo hemos hecho bien, si hemos servido de algo, habréis adquirido aquí lo necesario para que tengáis juicio crítico. Es decir, para que seáis libres. Debéis actuar como tales no solo por vosotros. Y debéis hacerlo en el plano real del mundo sin dejar de soñar en el horizonte aunque nunca pueda alcanzarse. Eso ya lo sabemos y no debería provocarnos frustraciones ni amargura ni rencor sino la alegría del camino en medio de todos los sinsabores, temores y golpes que nos deparen la vida y aquellos que sienten miedo ante la libertad ajena.

Esta sociedad está cambiando, nuestra época histórica se trasforma. Más rápidamente que nunca en la historia de la humanidad. Y en este momento os necesitamos libres. Necesitamos que cada uno de vosotros salgáis de vuestras casas, que salgáis de esta institución y que hagáis cada día vuestras vidas sin caer en servilismos, sin caer en la tentación de dejaros arrastrar por las consignas fáciles y cómodas y que extendáis esa libertad con vuestro trabajo diario y con vuestro ejemplo.

La cultura que habéis adquirido estos años tanto por nuestro estímulo como por vuestras propias inquietudes y la que adquiráis a partir de ahora en un proceso de sedimentación y renovación constante debe ayudaros a tomar decisiones que no suelen ser fáciles. De ellas dependerá vuestra libertad como individuos pero también algo más importante. Si vosotros sois libres la sociedad será mejor. 

Es la comisión que lleváis junto al título que acredita vuestros estudios y la beca que ahora vamos a imponeros. No hay otra forma de entender la Universidad, incluso en estos tiempos en los que parece predominar el mero valor mercantil de los estudios superiores y todo se traduce en cifras y parámetros de calidad que no miden lo importante. Porque lo importante no es que recordéis el año en el que fue escrito el Quijote para cumplimentar un formulario sino que en él se habla de libertad. Que hagáis esas palabras vuestras y que sepáis trasmitirlas a las generaciones siguientes.

Vuestros estudios son humanísticos, no lo olvidéis nunca, incluso aunque en vuestros trabajos futuros os pidan que pongáis valor económico a lo que hagáis. Vuestros estudios tratan sobre el ser humano y sus creaciones culturales. Es decir, sobre cómo un individuo alcanza el juicio crítico, como llega, por lo tanto, a ser libre y cómo puede hacer que la sociedad también lo sea y las razones por las que otros no pueden alcanzarlo.

No conozco misión más elevada que la vuestra. Estoy convencido de que estaréis a la altura de ese reto, os conozco y sé que seréis capaces.

Enhorabuena y muchas gracias.

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viernes, 24 de junio de 2016

piel en Ayamonte


Y llegó la hora de presentar mi poemario piel en Ayamonte.  Será dentro de una semana, el próximo viernes 1º de julio. De la mano de José Luis Rúa Nacher, al que debo la acogida y el impulso de organizarlo todo con entrega y generosidad, y con la presencia de los poetas Estrella García, Eladio Orta, Antonio Cipriano Cabrita y Pedro Oliveira Tavares. Antonio ha traducido algunos poemas de mi libro al portugués, con la colaboración de Pedro Oliveira Tavares y ambos los recitarán. Supongo que se comprenderá que esté emocionado por este gesto. Contaremos con la voz lírica de Francisco Javier Vera. Quiero agradecer también las facilidades dadas por el Área de Cultura de Ayamonte, que cede ese maravilloso centro cultural que es la Casa Grande. El cartel de la presentación es un diseño de uno de los mejores ilustradores y diseñadores gráficos actuales en España, Antonio Garrido, que ha sabido captar la esencia del libro. Tiene todo el sentido que haya sido él el autor del cartel: el mismo día se inaugura su exposición en la Casa Grande (en la Sala de las Tinajas), que invito a ver porque sorprenderá.

Tengo mucha suerte con la acogida de este libro desde que el pasado mes de diciembre lo presentara en Candelario. No solo porque en él estén presentes los paisajes y las personas que me han acompañado en los últimos años o por el cariño de los lectores, las reseñas críticas o el clima que se crea en cada presentación (siempre diferentes) sino también porque ha crecido con la colaboración, reescritura y recreación en otras artes: música, danza, pintura, grafismo... Y, sobre todo, porque no podemos olvidar el fin fundamental que ha pretendido, que es la colaboración en ese proyecto solidario de SBQ impulsado por el editor, Luis Felipe Comendador (más información de todo ello en esta etiqueta de mi blog).

Mi intención primera era haber cerrado hace varios meses el circuito de presentaciones de este libro, pero dada la acogida se prolongará hasta noviembre para dar paso después a otros proyectos. Y no podía dejar de llevar el libro a Ayamonte porque parte del libro se escribió allí, entre sus marismas y playas, paseando por las calles del casco histórico y tomando esta ciudad como punto de partida hacia la vecina Portugal. Por eso mismo también me emociona el gesto de los dos amigos y poetas portugueses, que me dejarán escuchar mis poemas -ya suyos- en su lengua.

El acto tendrá lugar en la Casa Grande de Ayamonte el viernes 1 de julio a las nueve y media de la noche. La entrada es libre hasta completar el aforo y al final se ofrecerá un vino de la Ribera de Duero burgalesa junto a un queso artesano castellano.

jueves, 23 de junio de 2016

Nadie puede más que su destino: Macías entra en escena en El doncel de don Enrique el doliente de Larra y noticias de nuestras lecturas.


Jaime, el paje de don Enrique de Villena, es el encargado de anunciar su visita al misterioso caballero negro que había entrado en el alcázar de Madrid e interrumpido la apacible jornada de caza. Sus quince años le perdonan su ingenuidad. Es él quien desbarata la estrategia narrativa planteada por el narrador de mantener oculto el nombre del misterioso caballero y nos descubre que se trata de Macías. El caballero se conmociona al oír el nombre de Elvira en la boca del adolescente y comprobar que ella no se ha olvidado de él:

-Paje, óyeme: nadie en el mundo pudiera haberme hecho más feliz con menos palabras; tú has renovado ideas que yo debiera haber abandonado hace mucho tiempo; pero nadie puede más que su destino. Si en tu vida has sospechado alguna cosa del mal que padezco, calla como la tumba; si nada has sospechado, nada preguntes, nada inquieras. Sobre todo, vuelvas o no al lado de Elvira, júrame no abrir tu boca para decir que me has visto en Madrid; toma -añadió quitándose un anillo que en el dedo pequeño traía-, toma, y éste te recordará la obligación en que quedas conmigo, y que el doncel de Enrique III no olvida jamás a las personas que una vez quiso bien. Ahora parte y calla. Nada has oído, nada has visto.

La forma de presentar a Macías proviene de la novela popular cuya estrategia copia la novela histórica romántica dado su objetivo de llegar al mayor número posible de lectores y, en especial, a los jóvenes cuyas emociones había liberado definitivamente el romanticismo. La presencia del personaje principal de la narración -el doncel de Enrique III- se había anunciado primero con el misterio -es un caballero negro, como en los mejores relatos de misterios medievales- y por las consecuencias de sus acciones, siempre enérgicas y rápidas -el final anticipado de la montería, los efectos en el ánimo de Elvira- y luego por el propio estado anímico del personaje antes de que sepamos su nombre y condición. Larra nos lo muestra desasosegado, con un gran dolor interior que arrastra desde hace tiempo, condenado a no conocer la felicidad y estar siempre en la acción para evitar el pensamiento. Macías es un joven melancólico y el prototipo del romántico. De ahí su dolor y su resignación fatal -está lejos de ser una resignación cristiana-:

«No; el infeliz Macías te probará el exceso de su amor en el mismo exceso de su silencio; él será eternamente desdichado, pero jamás tendrá valor para perturbar tu felicidad.»

Además, su aparición se ha dilatado estratégicamente hasta que conozcamos el carácter de su oponente, don Enrique de Villena, ambicioso de poder y sin escrúpulos, y el del ayudante de este, Ferrus, no menos falto de escrúpulos y adulador. Frente a ellos, Macías resplandece ante el lector. El de Villena y Macías son diferentes incluso en la fisonomía y carácter. Frente al primero, Macias aparece como un joven temendamente atractivo:

Su color era moreno, sus cabellos negros como el azabache; sus ojos del mismo color, pero grandes, brillantes y guarnecidos de largas pestañas; una sola vez bastaba verlos para decidir que quien de aquella manera los manejaba era un hombre generoso, franco, valiente y en alto grado sensible. Un observador más inteligente hubiera leído también, en su lánguido amartelamiento, que el amor era la primera pasión del joven. Su frente ancha, elevada y espaciosa, y su nariz bien delineada, denunciaban su talento, su natural arrogancia y la elevación de sus pensamientos. Ornábale el rostro en derredor una rizada barba que daba cierta severidad marcial a su fisonomía; su voz era varonil, si bien armoniosa y agradable; su estatura gallarda.

Larra enfrenta a ambos en el capítulo sexto. En un lado, un personaje de la alta nobleza y del otro, un oscuro y pobre doncel del rey. La diferencia entre ambos es social pero sobre todo moral: Macías se indigna ante la criminal proposición del conde de hacer desaparecer a su esposa para que él pueda aspirar sin problemas al cargo de Maestre de Calatrava. Aquí nace otro de los motivos recurrentes de la literatura romántica: la nobleza auténtica no se origina en el linaje sino en las acciones de cada individuo. Un cambio sustancial de concepto.

Ya tenemos, pues, todos los elementos necesarios para desarrollar el conflicto.

De esta novela hay suficientes ediciones en el mercado y tenéis una buena edición digital de acceso y descarga gratuita en este enlace de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.  Con este título damos por terminado el curso.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte analiza con sutileza algunas de las características básicas de este tipo de narraciones históricas de la época romántica a la que pertenece El doncel. Entrada más que recomendable.

Austri se hace María en la entrada de esta semana de Mª Ángeles Merino y nos cuentan la historia desde la perspectiva femenina... que tanto debió atrapar a las lectores de la época romántica.

El próximo jueves publicaré la última entrada de esta lectura y en julio será un buen momento de hacer balance del curso y comenzar a preparar el siguiente, para el que pienso algunas novedades.


La desmitificadora entrevista a Jesualdo Beldaña (otro J.B.) ocupa toda la entrada de esta semana de Pancho. Desmitificadora y excelente juego narrativo de Torrente... Para leer con calma y disfrutarla.

Comienzo a recoger sugerencias de lecturas para el próximo curso. Recordad que leeremos en común diez títulos -uno al mes-, alternando autores vivos con clásicos, siempre en español. Podéis dejar vuestras sugerencias como comentario a esta entrada, a través de correo electrónico o en mi muro de Facebook o en el del Club de lectura (os invito a seguirlo a través de este enlace).
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace

miércoles, 22 de junio de 2016

Ilustrar e interpretar gráficamente el Quijote cervantino



No se suele decir que, curiosamente, el primer ilustrador del Quijote fue el propio Cervantes. En el capítulo VIII de la primera parte, al narrador -ese personaje/narrador que se llama Miguel de Cervantes y que construye la principal arma de modernidad de la obra al dinamitar la fiabilidad que hasta ese momento sostenía a los narradores de este género de novelas- se le acaba el material usado para contarnos las aventuras de don Quijote. Es justo el momento en el que Cervantes pasa de escribir una gran novela a regalarnos la mejor novela que se ha escrito nunca. Remito aquí al comentario que escribí de este momento (aquí y aquí). Al arrancar el capítulo noveno resume la situación en pocas pero sabrosas palabras:

DEJAMOS en la primera parte desta historia al valeroso vizcaíno y al famoso don Quijote con las espadas altas y desnudas, en guisa de descargar dos furibundos fendientes, tales que, si en lleno se acertaban, por lo menos se dividirían y fenderían de arriba abajo y abrirían como una granada; y que en aquel punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa historia, sin que nos diese noticia su autor dónde se podría hallar lo que della faltaba.

Y pocas líneas después nos dice que, en el manuscrito arábigo hallado en el Alcaná de Toledo, hay una representación dibujada de la aventura con el vizcaíno, que detalla:

Estaba en el primero cartapacio, pintada muy al natural, la batalla de don Quijote con el vizcaíno, puestos en la mesma postura que la historia cuenta, levantadas las espadas, el uno cubierto de su rodela, el otro de la almohada, y la mula del vizcaíno tan al vivo, que estaba mostrando ser de alquiler a tiro de ballesta. Tenía a los pies escrito el vizcaíno un título que decía: Don Sancho de Azpetia, que, sin duda, debía de ser su nombre, y a los pies de Rocinante estaba otro que decía: Don Quijote. Estaba Rocinante maravillosamente pintado, tan largo y tendido, tan atenuado y flaco, con tanto espinazo, tan hético confirmado, que mostraba bien al descubierto con cuánta advertencia y propriedad se le había puesto el nombre de Rocinante. Junto a él estaba Sancho Panza, que tenía del cabestro a su asno, a los pies del cual estaba otro rétulo que decía: Sancho Zancas, y debía de ser que tenía, a lo que mostraba la pintura, la barriga grande, el talle corto y las zancas largas; y por esto se le debió de poner nombre de Panza y de Zancas, que con estos dos sobrenombres le llama algunas veces la historia.

Con esta ilustración verbal -que no hace más que jugar con todas las descripciones de los personajes que hay a lo largo de la novela-, Cervantes daba cuenta, por una parte, de la moda cada vez más extendida de publicar novelas con grabados más o menos elaborados y, por otra, de su capacidad para reflexionar sobre todos los aspectos que se relacionaban con el mundo de la escritura, incluida la divulgación de la obra manuscrita o impresa con dibujos alusivos. Recordemos también el juego del prólogo de las Novelas ejemplares en el que finge un retrato de Jáuregui para realizar un autorretrato. Un juego tramposo y de tan sutil inteligencia que ha tenido engañados a generaciones de cervantistas e incluso a la Real Academia.

Desde entonces, la iconografía cervantina y quijotesca es tan numerosa que va siendo inabarcable. Pronto las obras se acompañaron de grabados sobre el propio autor -es interesante comprobar cómo fue construyéndose edición a edición la imagen de la manquedad de Cervantes- y sobre sus personajes. En especial, como es lógico, de don Quijote y Sancho. Los que participaran en aquella aventura de leer el Quijote completo de forma colectiva usando por vez primera las posibilidades de la web 2.0 que lancé a través de este blog en el año 2008, recordarán que una interesante aportación fue la recopilación de imágenes alusivas a Cervantes y el Quijote, muchas de ellas no almacenadas en los varios repositorios que existen sobre la cuestión en Internet. Más allá de la mera ilustración del Quijote, a veces nos encontramos obras que parten de la novela para construir una obra personal por parte del autor.

Viene todo esto a cuento porque estos días he podido disfrutar de dos interesantes exposiciones con ilustraciones quijotescas. La primera, El Quijote. Reconstrucción de su historia. Ediciones e ilustraciones (Sala municipal de exposiciones de la Casa Revilla de Valladolid, hasta el 10 de julio), comisariada por Dolores Durán Úcar. Se muestran ella los ejemplares de la Colección Senovilla, una colección particular que reúne un fondo muy interesante. Evidentemente, no está todo -no conozco colección pública o privada que tenga todo Cervantes- pero lo mostrado es de excepcional calidad y merece ser conocido. Es fácil encontrar las imágenes en internet, pero verlas en su contexto físico -la lámina, la página del volumen-, es indispensable para conocer su relevancia y la evolución de la tradición de ilustrar el Quijote a lo largo del tiempo y las culturas -hay ejemplos excepcionales de Quijotes orientales.

La segunda exposición, la he podido contemplar hace unas semanas en el Parador de Ayamonte, por recomendación oportuna de José Luis Rúa: Hombre perturbado en el país de las tentaciones, del artista ayamontino Manuel Moreno Morales. Este proyecto expositivo se suma a la edición limitada  (solo trescientos ejemplares) de AMC Editores en colaboración con el Museo Iconográfico del Quijote de Guanajuato (México), uno de los mejores sobre esta materia, en el que se reúnen veinte láminas a gran formato de Moreno Morales con El Quijote hoy. Diccionario de citas famosas del mexicano Manuel del Bosque. Moreno Morales ha conseguido algo que parece imposible hoy tras cuatrocientos años de iconografía quijotesca: realizar su propia visión del Quijote, diferente y personal. Es un Quijote onírico lleno de luz, en diferentes técnicas, con una innegable fuerza en la trasmisión de la visión del artista y una calidad excepcional. Nos introduce en el sueño quijotesco en el que todo puede ser posible bajo un propósito bien explicado en el folleto de la obra: "El Quijote es una lección de vida. Idealismo y realismo se funden como en cada uno de nosotros invitándonos a descubir que todo lo que hacemos y por lo que luchamos en nuestra vida tiene como propósito alcanzar una meta, cumplir un sueño, una ilusión". Tiene mucha razón el autor. De hecho, don Quijote cuando dejó de soñar con esa meta, se abandona en Alonso Quijano el bueno para morir.


martes, 21 de junio de 2016

El mar en horizontal turquesa


Y una vez puesto el mar en horizontal turquesa hacia el cielo. Cuando uno sabe que si se muere mañana ha sido feliz pero que no hay prisa. Por eso mismo.

lunes, 20 de junio de 2016

He soñado ruido esquife


He soñado que no me querías, que volvían los tiempos de soledad y tristeza, hecho un ovillo en el amanecer hueco cuchillo en el estómago. He soñado sabor de sed y nuca en la boca. He soñado que nada tenía sentido y que no estaba tu cuerpo junto al mío y que en la playa hacía frío y ruido esquife.

domingo, 19 de junio de 2016

Pateras


Ninguno de los emigrantes que llegan a nuestras costas antes de que amanezca ha decidido libremente su destino. Aunque lo parezca. Cuántas acciones diarias realizamos para traerlos. Es perversa la libertad como mero juego de espejos.

sábado, 18 de junio de 2016

Ciudades que son horizonte


Hay ciudades hechas con gris huraño y ciudades de azules y blancos, ciudades que se hacen horizonte desde la primera piedra, lugar de cruce de río y mar en el que, de pronto, te sientas en una plaza y dices, ¿por qué no?

viernes, 17 de junio de 2016

La mejor forma de morir


Desde el mirador, todo el horizonte se fundía en agua y cielo. Verde turquesa y azul. La mejor forma de morir, pensó, es vivir hasta que le llega a uno la hora.