
Hace tiempo, robé una
Marilyn Monroe a mi muy leída
Isabel Núñez, cuyo
blog visito con frecuencia. Coincido con ella (con Isabel, digo) en muchas cosas: su estetizada mirada serena, sus planteamientos sobre lo urbano y sobre la condición de nosotros como ciudadanos, sus lecturas e incluso cuando se encrespa y lucha tenaz, como le ha sucedido con
su azufaifo. Y, además, me trae recuerdos del mar...
Pero mi primer comentario en su
blog (creo) fue para notificarle
el hurto de Marilyn. Curiosamente, a ella le gustan unas fotos en las que Marilyn toma gesto de
Audrey Hepburn. Una mezcla entre la voluptuosidad y la elegancia. ¿Cuántas capas ocultan a Marilyn y en cuál de ellas estaba? ¿O era todas ellas? ¿O estas imágenes representan cómo la soñaban los ojos de los fotógrafos? Quizá ella misma se perdiera entre tanta diversidad de sí misma. Posiblemente, al igual que su público, haya sido víctima de la tendencia a simplificar lo que se nos traslada sobre los otros, lejanos, a través de la imagen.
Además, Marilyn murió un 5 de agosto... y eso me la aproxima más aun.
Todo esto, sólo para decir que hoy le robo esta otra Marilyn, después de días de intentar contenerme y que es lo único que me saca de esta apatía agosteña. Cleptomanía...