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martes, 26 de junio de 2018

I Tenorio en la calle en la ciudad de Valladolid

La escena de la Hostería del Laurel, con la fachada del Colegio de San Gregorio.
La asociación Amigos del Teatro de Valladolid perseguía un sueño desde hace una década: montar el drama Don Juan Tenorio de José Zorrilla en las calles vallisoletanas y ha encontrado este año el apoyo decidido en el Ayuntamiento de Valladolid, con el corazón de la actividad puesto en la Casa Zorrilla. La feliz unión que se produjo en el montaje del pasado sábado 23 de junio hay que celebrarla. Esta compañía, además, puede lucir los galones de ser la decana en España a la hora de llevar a escena la obra de Zorrilla puesto que lleva setenta y cinco años haciéndolo siempre con éxito de público y, en las últimas temporadas, con indiscutible éxito de crítica (como Amigos del Teatro cuarenta años pero hay que sumarle su origen como compañía de Ángel Velasco). Desde hace años monta este drama todos los meses de noviembre en el teatro Zorrilla de Valladolid a la altura de cualquier compañía profesional española. Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que en estos momentos, si alguien quiere ver en España un Don Juan Tenorio clásico de gran calidad no tiene mejor oferta que acudir a sus montajes. Por otra parte, no hay ninguna compañía profesional en España que tenga esta obra en su repertorio anual, como sucedía antes, y las que se deciden a montarla se forman especialmente para la ocasión o lo hacen esporádicamente.

Inevitablemente surgirá la comparación con la propuesta de Don Juan en Alcalá, que desde 1984 congrega a miles de visitantes en una fiesta declarada de interés turístico regional, también con algún otro proyecto fallido o montajes ocasionales fuera de locales teatrales (hablo solo de España, claro, porque hay experiencias en el extranjero singularmente atractivas, como las escenificaciones del Tenorio que acomete anualmente con gran éxito la Compañía Nacional de Teatro Clásico Fénix Novohispano de México, que ha llegado a representarlo en el metro).

Esta propuesta del Tenorio en la calle de Amigos del Teatro de Valladolid tiene su personalidad, que la aleja del Don Juan en Alcalá: el respeto al texto y a la mejor tradición escénica del Tenorio, fuera de todo tipo de lucimientos de directores de escena, actores, adaptadores o empresarios; la coherencia del cuerpo de actores y todos los responsables, desde el director hasta el último de los miembros de la compañía, que llevan muchos años integrados en una misma forma de entender la obra y representarla, nada vulgar ni antigua; la huida de todo efecto mediático que propicia la contratación de actores populares con dinero público mirando más el logro publicitario que el espectáculo teatral, etc. Este proyecto, además, tiene otra singularidad: cada año se montará en un barrio de la ciudad, porque persigue el acercamiento de la obra y del teatro a todos. Busca también por lo tanto, formar espectadores. No solo es un Don Juan Tenorio en Valladolid sino que es un verdadero Don Juan itinerante. De todas las formas, no es cuestión de rivalizar ni de comparar, sino de celebrar que el drama se represente en la calle, que el teatro salga a buscar a los espectadores y que todo ello contribuya a acercarlo al público. Todo suma en beneficio de la cultura y del teatro.

En esta ocasión se ha contado con cuatro tablados en lugares absolutamente emblemáticos, muy próximos y que Zorrilla conoció en vida. En ellos, pues, no hay que inventarse una relación con el autor del drama, que era otro de los alicientes de esta primera vez. El primero se instaló en la fachada del Colegio de San Gregorio (Museo Nacional de escultura) para las escenas de la Hostería del Laurel y de la calle; el segundo, en el lateral del Palacio de Pimentel en la plaza de San Pablo, para las escenas del convento y de la quinta de don Juan; el tercero y cuarto, para la segunda parte de la obra, en los jardines de la Casa de Zorrilla, museo instalado en la casa natal del autor romántico que se ha convertido en referencia cultural de la ciudad. Ha de recordarse, para los que no lo conozcan, que desde hace años se representan las escenas del panteón en ese mismo lugar, en el mes de noviembre y que allí se crea una situación muy especial para la ocasión y que, por lo tanto, parte de la experiencia no es nueva ni se ha diseñado para esta ocasión.

En este I Tenorio en la calle todo resultó muy bien. Los cambios de tablado fueron resueltos con rapidez y eficacia por los actores y el personal técnico. El público se mostró respetuoso, soportó el calor, los cambios de lugar y estar varias horas de pie y asistió muy interesado a la representación. Los jardines de la Casa de Zorrilla se llenaron, hasta un punto en el que no hubiera sido conveniente más espectadores.

Lo que es más importante, la representación fue brillante, en especial las escenas de la quinta de don Juan, con Vidal Rodríguez (don Juan), Jesús Cirbián (don Luis) y Pedro Martín (don Gonzalo), excepcionales cuando se encontraron juntos en la escena. El diálogo entre don Juan y el Escultor (Joaquín Yllera) ha sido siempre resuelto con gran solvencia por esta compañía, así como los diálogos en la quinta y el panteón entre don Juan y doña Inés (Laura Peláez). Del resto del cuerpo de actores se puede decir que están a la altura que se requiere en todo momento, aunque quiero destacar  en esta ocasión a Adela Valentín como Brígida y Jesús López (Avellaneda), quien da el carácter perfecto para su personaje. Como he dicho antes, la ventaja de esta compañía es que saben que la importancia de su propuesta es la coherencia del conjunto, la unidad en la representación y la forma de actuar y la manera cohesionada de decir el verso, lo que permite ver el Don Juan Tenorio y no a uno u otro actor o el montaje particular del director. Tiempo y ocasión hay para ver otras propuestas a partir del drama de Zorrilla, por supuesto, pero yo siempre invito a entrar en la obra por la fiesta teatral que es esta obra en su montaje clásico, que demuestra, cuando se hace con la pasión de los Amigos del Teatro de Valladolid, que sigue siendo actual y entretenido.

Este año, además, sucedía algo especial. Después de dieciséis años, se despedían de sus papeles Vidal Rodríguez y Jesús Cirbián. De hecho, cuando se daban la réplica estuvieron a la altura de sus mejores funciones y se despidieron con una honestidad y humildad que avala su trabajo durante estos años para que haya lucido la compañía entera. Es un difícil reto para quienes los reemplazarán en la próxima temporada pero conociéndolos perfectamente, estoy seguro de que estarán a la altura del mejor montaje clásico del drama de Zorrilla que puede verse en la actualidad.




Vidal Rodríguez (Don Juan Tenorio) y Jesús Cirbián (Don Luis Mejía)
 se despedían de sus papeles respectivos con esta función después de 16 años interpretándolos.
Las escenas de la quinta de Don Juan se representaron en el lateral del Palacio de Pimentel.



El escenario para la cena, preparado en los jardines de la Casa Zorrilla.
Vídeos de mi presentación de la función junto a Félix Hernández,
 presidente de la Asociación de Amigos del Teatro de Valladolid.




Reseña en El Norte de Castilla, aquí.
Excelente galería de fotografías de El Norte de Castilla, aquí.

martes, 27 de marzo de 2018

Celebrando a José Zorrilla en Logroño

Mañana miércoles 28 de marzo a las 19:30 doy una conferencia en el Ateneo Riojano de Logroño (C/ Muro de Cervantes, 1). Hablaré de José Zorrilla como escritor profesional y su lucha por la defensa de la propiedad intelectual. También haré un balance de lo que ha significado la celebración del bicentenario de su nacimiento y la importante y profunda revisión de su personalidad. La entrada es libre hasta completar el aforo y estaré encantado de saludar a todos los que puedan acercarse. El acto ha sido organizado por la Cátedra de español, dirigida por Enrique Balmaseda Maestu y Elisa Borsari, dentro del ciclo Encuentros con los clásicos españoles, gracias a una invitación de mi colega y amigo Francisco Domínguez Matito.

A partir de mañana inicio unos días de descanso en los que no publicaré en el blog con la asiduidad con la que lo hago normalmente, aunque sí procuraré respetar las entadas correspondientes del Club de lectura.

Y si estás pensando en presentarte a un premio de poesía, te recuerdo que estamos en los últimos días de plazo del Premio de poesía Gil de Biedma convocado por la Diputación de Segovia, uno de los más prestigiosos del panorama en español. Aquí las bases.

lunes, 19 de febrero de 2018

Noticias de los días que llevo desaparecido


Algún día daré cuenta de la actividad de estas últimas semanas, que me ha impedido publicar aquí al ritmo habitual desde mi aviso de la conferencia sobre las relaciones de Zorrilla con la vida social de su época en el Museo del Romanticismo. Después han venido varias actividades relacionadas con el bicentenario del autor romántico que se han sumado a lo habitual y a los compromisos adquiridos. Vengo aquí a decir que voy desocupándome y que poco a poco retomaré el ritmo de publicaciones del blog: esta semana daré varias entradas correspondientes al Club de lectura, que lo dejé con Pedro Páramo que si muerto o no y no he hincado el diente aún al próximo titulo, El hombre pez, de José Antonio Abella. Abella vendrá a Burgos la tarde del próximo martes 27 de febrero para encontrarse con los lectores que quieran acompañarnos.

Para los interesados comunico que mañana martes día 20 acompaño a Luis García Jambrina en la presentación en Burgos de su novela El manuscrito de fuego, una nueva entrega de la serie que dedica a Fernando de Rojas. A caballo entre la novela histórica y la novela de misterio, aborda el apasionante caso del asesinato del bufón Francesillo de Zúñiga. Recomiendo no perdérsela. La presentación tendrá lugar en el Palacio de la Isla a las 19:30. Entrada libre hasta completar el aforo. Para no perdérsela.



Y el resto, bien. En estas semanas explico a Góngora a un grupo de alumnos que demuestran una gran creatividad e interés. De ellos es la figurilla cuya fotografía encabeza esta entrada, que tiene mucha enjundia. Y en mi despacho he colocado el cuadro que me regaló en el 2009 Pilar Martínez Navarro con motivo de nuestra lectura del Quijote. Un buen sitio: es el fondo que verán los alumnos con los que me conecte por cámara desde mi ordenador. Tenía esa deuda con Pilar, que me hizo ese regalo con todo el cariño para conmemorar la primera lectura colectiva y virtual que se haya hecho del Quijote completo usando las redes sociales. No se lo dije en su día: llegó roto a mi domicilio por el trasporte y ahora luce como nuevo tras volverlo a enmarcar. Por supuesto, quien se decida a hacerme una visita tendrá café y pastas gratis.



miércoles, 7 de febrero de 2018

No podía vivir sin sociedad alguna


Este jueves 8 de febrero, a las 19:00 hs. daré una conferencia en el Museo del Romanticismo de Madrid con el título No podía vivir sin sociedad alguna. José Zorrilla y las reuniones de sociedad de su tiempo. Esta conferencia se encuadra dentro de las actividades programadas en torno al bicentenario del nacimiento del poeta romántico (Valladolid, 1817 - Madrid, 1893). En ella hablaré de cómo José Zorrilla, a pesar de su tendencia a huir de las reuniones de sociedad tan típicas en el siglo XIX, no pudo evitar participar en alguna de ellas a lo largo de su vida. Analizaré la importancia de dichas reuniones para la vida social y cultural de la época, para los autores que profesionalmente se dedicaban a la escritura y para la sociabilidad general en el siglo XIX. Contaré alguna de las anécdotas más significativas poniéndolas en su contexto y significado adecuado. Espero que los que se animen a acudir pasen una hora agradable y aprovechen para visitar uno de los museos más interesantes en su género en el mundo.

Entrada libre hasta completar el aforo.

miércoles, 31 de enero de 2018

Yo nací para amar y ser amado


Este viernes día 2 de febrero, en la sede de la calle Sierpes del Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, daré una conferencia a las siete de la tarde sobre José Zorrilla. Como saben los lectores asiduos de este espacio, estoy implicado en las actividades del bicentenario del nacimiento del autor romántico que se organizan desde la Casa Museo Zorrilla de Valladolid. Desde hace un año, los trabajos han sido intensos y han dado excelentes resultados. En pocas ocasiones una conmemoración de este tipo ha tenido tantas y tan diversas actividades ajustándose al presupuesto ordinario de la institución. Haré balance dentro de unos días.

Titulo mi conferencia Yo nací para amar y ser amado. José Zorrilla, una biografía moderna. En este caso abordaré la personalidad del poeta a partir del verso citado en el título y completaré un panorama del autor señalando los rasgos de modernidad en su vida y en su obra, esos que le hicieron singular en su tiempo y que pueden ser mejor comprendidos desde el presente. En contra de lo que muchos piensan a priori -España es un país de apriorismos provocados casi siempre por desconocimiento y la soberbia-, ni la obra ni la vida de Zorrilla lo convierten en un personaje convencional o decimonónico en el peor significado de este concepto. Ni siquiera su pensamiento. Que pueda estar más o menos alejado de la estética que predomina hoy también depende de qué parte de su obra leamos y cómo lo hagamos, pero no nos debería sorprender en tiempos de que todo lo anterior parece alejado del gusto presente mayoritario. Cuando nos acercamos a su biografía y sus textos sin prejuicios nos sorprende.

Tras la conferencia, se procederá a inaugurar la exposición mi exclusivo nombre de poeta, la versión itinerante de la que puede contemplarse en el Archivo municipal de Valladolid hasta el mes de abril y que, después de Sevilla se mostrará en otros lugares. El acceso es libre.

Este evento se enmarca dentro de las muchas y variadas actividades sobre Zorrilla que se han organizado dentro del convenio firmado entre el Ayuntamiento de Valladolid a través de la Casa de Zorrilla de Valladolid y el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, que yo coordino y de las que ya he dado cuenta aquí.

viernes, 26 de enero de 2018

Parada poética y ofrenda floral en homenaje a José Zorrilla


El pasado 23 de enero se cumplieron 125 años del fallecimiento del poeta José Zorrilla en Madrid. Por mucho que a algunos les pesara y les pese incluso hoy, Zorrilla era el poeta más famoso de la literatura española y ha conservado ese recuerdo en el imaginario colectivo gracias. Y esta condición se demostró en los actos de aquellos días, los que siguieron a su muerte, con la capilla ardiente en la sede de la Real Academia y su primer entierro. Nunca un escritor había alcanzado en España e Hispanoamérica semejante fama, tanto en círculos académicos como en el ámbito popular, en la prensa y en la trasmisión oral de sus obras, en poesía y teatro. De hecho, el  drama Don Juan Tenorio sigue presente como la obra más representada del teatro español. Quizá Lope de Vega es el único con el que podría compararse en este aspecto, con una diferencia: Zorrilla obtuvo esa fama con 19 años y no cesó -a veces contra su propia voluntad- hasta su fallecimiento, en una época en la que la prensa actuaba como difusor de las grandes personalidades del momento. El 21 de febrero hubiera cumplido 76 años. El 3 de mayo de 1896 se procedió a trasladar sus restos a Valladolid siguiendo los deseos expresos del escritor, que reposan definitivamente desde el 4 de abril de 1902 en el Panteón de Vallisoletanos ilustres, cuya construcción se proyectó para que fuera el primero que lo ocupara.

Desde el 21 de febrero del pasado año hasta el 21 de febrero de este 2018, se conmemora el bicentenario de su nacimiento y esta celebración coincide con esta fecha redonda de los 125 años del fallecimiento. Como saben los que leen habitualmente este espacio o siguen mi perfil en las redes sociales, estoy implicado en los actos del bicentenario bien como asesor académico del mismo en la Casa Zorrilla de Valladolid -que ha modelado una conmemoración ejemplar de la mano de Paz Altés y del que haré balance en los últimos días de febrero para que se comprenda la magnitud de lo conseguido en un país que se ha mostrado siempre cicatero en el homenaje a sus grandes personalidades- bien como conferenciante, autor de trabajos sobre el autor o también como organizador de algunos de ellos, singularmente a través del convenio firmado con el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla o el fin de semana que Béjar dedicó a Zorrilla.

Mañana sábado intervendré como tal y en representación delegada del Instituto de la Lengua de Castilla y León en la Parada poética y ofrenda floral en homenaje a José Zorrilla que conmemora el 125 aniversario de su fallecimiento. Se ha pretendido rescatar el sentido que tenían estos actos en tiempos del mismo Zorrilla porque el bicentenario ha conseguido actualizar al poeta, su biografía y su obra y ponerlas a disposición del público actual. El evento está organizado por el Ayuntamiento de Valladolid y en él se repartirá una reproducción facsimilar de extraordinaria calidad y oportunidad de los ejemplares monográficos que publicara la revista ilustrada el Blanco y negro el 4 de febrero de 1893 y el 16 de mayo de 1896 (con motivo del fallecimiento y del traslado de los restos a Valladolid, respectivamente). En esta publicación ha colaborado el decano de la prensa española, El Norte de Castilla.



jueves, 7 de diciembre de 2017

De la épica a la realidad en La sirena de Gibraltar y noticias de nuestras lecturas y anuncio de la próxima.


Una de las cosas más difíciles cuando se comenta una novela negra o cualquiera de las que contienen un misterio es analizarla sin desvelar el desenlace. No sé si podré cumplirlo del todo en esta entrada, lo que advierto para aquellos que lean una historia solo por el argumento. Aquí he dado ya otras razones para leer La sirena de Gibraltar: está inusualmente bien escrita (lo que no suele ser muy habitual en este tipo de libros), de forma verosímil, con un protagonista que es un descubrimiento y que se ajusta con precisión a un nuevo tipo de aventurero español, con personajes secundarios que completan una gama que va desde lo costumbrista hasta la modernidad, que mantiene bien la tensión y está estructurada con acierto. Sin embargo, no puedo dejar de comentar, sin dar demasiados detalles por la razón dicha, una de las claves más acertadas de la novela.

Algunos novelistas que practican este género incurren en un error: pensar que las cosas grandes que nos amenazan a todos son épicas y tienen una dimensión de grandeza conspiranoica. La realidad nos desengaña, como vemos en cualquiera de los informativos que tratan de corrupción, crímenes y delincuencia. Hasta los mayores delincuentes son seres como nosotros. Cuando un político corrupto deja de ser intocable observamos en él las miserias más humanas y la prensa nos regala sus fotografías en actitudes cotidianas o participando en horteras fiestas de pijama o en orgías en calzoncillos. La épica es cosa de distancia y arte, no de la realidad. Por eso, algunas novelas del género negro nos parecen falsas o pretenciosas. Si algunas de las que toman este camino se salvan es porque son decididamente literarias, con todas las consecuencias.

Leandro Pérez no incurre en ese error tan habitual, sino que maneja sabiamente las claves de la realidad. Inicialmente, el caso de La sirena de Gibraltar parece enraizarse en las grandes palabras que nos han ocupado en la época de la corrupción política y económica que gobernó España -si es que esto es pasado- y las investigaciones llevan al protagonista por ese lado. Alfred Hitchcock fue un maestro en el manejo de ese suspense que comenzaba con una amenaza para el mundo que conocemos y terminaba en una interesante trama de pasiones humanas, muy humanas. Es lo mismo que hace Leandro Pérez con éxito. Son las pasiones más humanas las que explican La sirena de Gibraltar, como todas las cosas que nos ocurren en el mundo por mucha épica que luego le pongamos. De ahí que esta novela nos lleve con el MacGuffin hitchcocktiano hasta la raíz de nuestros comportamientos, que explica por qué puede aparecer una joven muerta en el Manzanares y por qué ninguno de nosotros estamos libres de parecernos a cualquiera de los personajes de la trama.

Noticias de nuestras lecturas


Mª Ángeles Merino ha publicado la segunda parte de su crónica del viaje a Valladolid realizado por el club de lectura con motivo del homenaje a José Zorrilla por el bicentenario de su nacimiento. Aquí la parte correspondiente a la exposición del Archivo municipal, una detallada descripción del recorrido que puede hacerse por la muestra. Y aquí, la tercera, en la que recoge la sesión académica en la que comentamos el drama Don Juan Tenorio. Y la cuarta, con la visita a la Casa Museo Zorrilla... con fantasma y todo, para no perdérsela.

De la cárcel al convento nos lleva Pancho siguiendo el rastro de don Juan en una entrada que termina y bien terminada con Bambino.  En la siguiente comenta el cuarto acto, pura acción... hasta Elton John (nos lleva hasta aquí seducidos como doña Inés). Con todo el acierto ve como dramatización del tiempo la segunda parte del drama. Y hacia el final llega con una magistral manera de percibir la actitud de don Juan ante lo que le sucede.

Anuncio de la próxima lectura



Laura Castañón es una de las escritoras que repiten en este Club de lectura. Ya nos acompañó con su anterior novela, Dejar las cosas en su día, incluso se reunió con los lectores en febrero de 2014. Ahora regresa con La noche que no paró de llover (Planeta, 2017), que nos ocupará todo el mes de diciembre. En enero tendremos un encuentro con la autora en Burgos para comentar la novela.


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Que ya no valemos para nada o cómo Juan Torca comprende la realidad, homenaje del Club de lectura a José Zorrilla y noticias de nuestras lecturas.


Juan Torca, el protagonista de La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez es un hombre maduro que está a un paso de dejar de serlo. Todavía puede correr por el Retiro como entrenamiento físico, se encuentra en una forma aceptable y resulta atractivo para las mujeres. Pero es un hombre que ya ha dejado de ser joven y que no tiene la agilidad ni la energía de unos años antes. Sucede lo mismo en todos los aspectos psicológicos, morales y de juicio sobre el mundo. Tanto él como su grupo de camaradas pertenece a un tiempo que ya comienza a no ser el presente. Nunca fueron protagonistas de la historia, tampoco. Todos ellos son secundarios que a veces estuvieron en los grandes campos de acción que relatan los libros históricos pero que tuvieron que protegerse en grupo más como camaradas que como héroes. Esta perspectiva es frecuente en la novela negra (solo hay que recordar a Pepe Carvalho) y Leandro Pérez sabe explotarla con inteligencia y eficacia como recurso. A diferencia de Rodrigo, su hijo policía, honesto y cumplidor, Juan Torca ve el mundo como quien sabe que tiene poco arreglo en general y cada uno debe actuar como puede en las circunstancias que le rodean. Como dice Jandro resumiendo las razones para que su amigo se encuentre recuperándose en la cama tras haber sido herido y perder a la mujer a la que custodiaba: Que a Juan le cayeron tres tiros y que se llevaron a la chica. Que ya no valemos para nada.

Este es un aspecto de la novela que me interesa mucho. Este cruce de tiempos y de mundos que se expresa incluso en la necesidad de correr cuatro o cinco días a la semana (Correr no era sólo correr. (...) Olvidarse, a veces, de uno mismo. Y, en otras ocasiones, en cambio, viajar al pasado y revivir desde los sucesos más nimios hasta los más extraordinarios.), explica en buena manera los relatos publicados de Torca. La sirena de Gibraltar -como antes Las cuatro torres (2014)- nos sitúan ante un mundo que cambia y que debemos comprender. Torca ya no es joven pero puede ayudarnos porque conoce la verdadera forma de actuar de quienes controlan de verdad la vida de la gente. Viene de un pasado reciente -no necesariamente mejor- y puede comprender que debajo de todas las novedades rigen las grandes pasiones de siempre. Se encuentra con personas honestas y criminales -en potencia o no- en un tiempo que ya comienza a no ser el suyo y su carga de experiencia ante las actitudes humanas le ayudan a resolver sus casos pero también a aceptar que nunca se alcanza ni la felicidad completa ni una sociedad perfecta. Lo importante, en todo caso, es darse cuenta y comenzar a actuar en consecuencia con el resto de moralidad que a uno le quede tras el paso del tiempo.

(El jueves de la semana que viene terminamos con la serie de comentarios sobre La sirena de Gibraltar.)


Homenaje del Club de lectura a José Zorrilla 
con motivo de su bicentenario


El pasado sábado, día 18 de noviembre, los miembros del Club de lectura que pudieron acercarse, nos vimos en Valladolid con motivo de homenajear la memoria de José Zorrilla cuando se conmemora el bicentenario de su nacimiento en esa ciudad. Los actos fueron sencillos pero emotivos y para nosotros fue un honor contar con la presencia de la responsable de la Casa de Zorrilla, Paz Altés, y de  Arsenio Tejedor Nieto, el concejal de cultura de Torquemada, pueblo natal del padre de Zorrilla y en donde el escritor aspirara un día a tener casa solariega en donde retirarse. Quiero agradecer el cariño y las facilidades dadas y a los guías del Archivo Municipal y de la Casa de Zorrilla. Especialmente a Javier Calaveras, que nos acompañó también en la comida.

Los actos comenzaron a primera hora de la mañana ante la tumba de José Zorrilla en el Panteón de Vallisoletanos ilustres del Cementerio del Carmen, con la lectura del poema que compusiera para el entierro de Larra. Intervino también Luz del Olmo leyendo un poema original en homenaje a la memoria del romántico. Después, se celebró la visita a la exposición conmemorativa que se muestra en el Archivo municipal gracias a las gestiones de su director, Eduardo Pedruelo, mi exclusivo nombre de poeta. El título es un verso del autor y alude a a lo que siempre quiso considerarse. La muestra presenta un sustancioso recorrido por la biografía y la obra de Zorrilla a través de la exposición de paneles y objetos, así como una colección de las ediciones de sus textos. Como hablaré de ella en otro momento, me limitaré aquí a recomendar la visita. Hubo también, como es lógico, visita a la estatua de Zorrilla en la plaza que lleva su nombre y un breve recorrido por Valladolid, seguido de comida necesaria y festiva.

Por la tarde, visitamos la Casa Museo Zorrilla. Además de su mucho interés como museo, pudimos disfrutar de la muestra temporal de moda romántica, de la diseñadora Inmaculada Cedeño, que sirve como excelente contextualización a lo que pudo ocurrir en aquellas dependencias en vida de Zorrilla. Y en la sala Narciso Alonso Cortés de la Casa celebramos la sesión académica con el comentario de la lectura del drama Don Juan Tenorio que nos ha ocupado los pasados días.

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Una jornada para el recuerdo. Podéis ver la crónica y las fotografías en la entrada que ha publicado María Ángeles Merino con todo ello y que me ahorra una descripción más detallada.

Paco Cuesta echa su cuarto a espadas sobre el aparente conflicto entre teología y teatralidad del Tenorio. Y bien echado, claro.

Pancho sigue con el Tenorio y en esta entrada da cuenta de las claves esenciales del éxito en la recepción del drama.


Otras lecturas



Como sabéis, hace tiempo leímos La saga / fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester y Pancho decidió bebérsela a buchitos. Aquí va desde los que mean en los muros hasta don Asterisco, alborotador nocturno... no digo más.


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jueves, 16 de noviembre de 2017

Ya es todo carnaval en la Hostería del Laurel y noticias de nuestras lecturas. Continuamos con La sirena de Gibraltar.


He escrito varias entradas sobre José Zorrilla y Don Juan Tenorio. En este espacio, suelo escribir una entrada llegado el día de los Fieles Difuntos (el Don Juan no es para Todos los Santos sino para los Fieles Difuntos, pero no nos pongamos quisquillosos). Pueden consultarse en este enlace (se recuperan en orden inverso), lo que me evita repetirme aquí.

Siempre me ha gustado el Tenorio de Zorrilla. Su condición de fiesta teatral me atrae. Muchos miran el drama de forma ceñuda. El mismo autor lo hizo, despellejándola -tanto al texto como a la forma en la que se representaba- pero no consintiendo en que nadie lo hiciera. El problema es que muchos no soportan su popularidad, su éxito, su condición de engranaje perfecto para la escena, su potencial arrollador. Estos prejuicios les impide disfrutar de la obra como lo que es, puro teatro que puede tomarse en serio, en sentido paródico o en cualquiera de los muchos matices que permite el texto. Esto es lo que está detrás de su enorme éxito. El drama nos puede hacer pensar sobre la condición humana, sobre la sociedad, sobre la transgresión a las normas y sus consecuencias, pero sobre todo nos arrastra al juego. Esto es lo que se ha comprendido generación tras generación, lo que comprendieron los jóvenes del 27 cuando lo representaban todos los años en la Residencia de Estudiantes (qué inteligencia la de Federico García Lorca escogiendo para sí el papel del Escultor).

Siento pena por aquellos que no se dejan arrastrar por la fiesta teatral, la pura esencia de juego dramático que contiene Don Juan Tenorio. Allá ellos, me digo, nada más comenzar la obra de forma tan extraña para un drama decimonónico -hasta en eso se mostró osado Zorrilla-, con el protagonista en escena sin que el espectador sepa nada él, ofendido:

¡Cuál gritan esos malditos!

Y ya todo es carnaval en la Hostería del laurel de Sevilla. Incluso lo es en el panteón que Don Diego ha pagado para las víctimas de Don Juan. Porque, en el fondo, toda la vida humana es carnaval.


Noticias de nuestras lecturas

Este sábado día 18, el Club de lectura rendirá homenaje a José Zorrilla. Visitaremos su tumba en el Cementerio del Carmen de Valladolid, la Casa Museo que lleva su nombre y la exposición que con motivo del bicentenario se muestra en el Archivo Municipal de esa ciudad. Las plazas de las visitas son limitadas pero si estás interesado en el acto en el cementerio o asistir a la reunión presencial del club de lectura para comentar Don Juan Tenorio (abierta al público hasta completar el aforo), escríbeme un correo o un mensaje privado en Facebook.

Mientras se pide el papel de Brígida, Mª del Carmen Ugarte García recuerda sus Tenorios y comenta alguna de las cosas esenciales del drama y su recepción por el público.  No te lo pierdas.

Pancho nos presenta la biografía intensa de Zorrilla para que podamos comprender su obra: un bala perdida que se convierte en el autor más popular de su tiempo. Y termina con la M.O.D.A., no se puede pedir más de su entrada.

Mª Ángeles Merino recuerda su primer Don Juan, televisivo -qué añoranza de aquellos programas de Estudio1-, y define al Tenorio hoy como un yonqui del amor...

Paco Cuesta lee con finura ejemplar El burlador de Sevilla y el Don Juan Tenorio: de la teología del castigo a la del amor. Una entrada para enmarcar.

Y aquí podéis leer el poema que Luz del Olmo ha escrito para leer el sábado 18 ante la tumba de Zorrilla, en el homenaje al poeta que celebraremos todos los lectores que os queráis acercar por allí.

Continuamos con La sirena de Gibraltar


Tras el paréntesis en su lectura para acercanos a la figura de José Zorrilla a través de su Don Juan Tenorio, regresamos a La sirena de Gibraltar, la novela de Leandro Pérez que nos ocupará hasta el jueves 30 de noviembre.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
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lunes, 6 de noviembre de 2017

Devolución de la visita. Actividades del bicentenario de José Zorrilla en Valladolid.


En el marco del convenio firmado entre la Casa de Zorrilla de Valladolid y el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla para conmemorar el Bicentenario de José Zorrilla, del que he informado en otras ocasiones en este blog, este fin de semana ha tenido lugar la devolución de la visita de la delegación sevillana a la ciudad castellana.

La Casa de Zorrilla, anfitriona en esta ocasión, es un moderno museo con un programa de actividades culturales amplio y constante. Se ha convertido en uno de los lugares de referencia de la cultura de Valladolid. Se encuentra en la que fuera casa natal del poeta romántico (antigua calle de la Ceniza, acutal Fray Luis de Granada). Fue adquirida por el Ayuntamiento de la ciudad en 1917-1918 -con motivo del primer centenario del nacimiento de Zorrilla- y en las décadas finales del siglo XX se abrió al público. En ella se guardan diferentes recuerdos y muebles relacionados con el poeta donados por su viuda y otras personas. El impulso inicial del proyecto fue Narciso Alonso Cortés, a quien la memoria de Zorrilla en Valladolid debe un gran tributo. Tras la remodelación sufrida, su reapertura en 2007 la ha convertido en un ejemplo nacional de Casa Museo. Tanto su anterior responsable, Ángela Hernández como la actual, Paz Altés, han hecho una labor inmensa en este terreno. A la última se debe la organización de un programa amplio y variado de actividades para conmemorar el bicentenario, incluido el convenio entre estas instituciones de Valladolid y Sevilla que coordino.



Si el fin de semana pasado tuvo lugar la visita de la delegación vallisoletana a Sevilla, en este ha ocurrido al contrario. La parte central de esta visita era el intercambio de Tenorios aficionados: montajes de Don Juan por compañías no profesionales. En el teatro de Capitanía General se vio el de Amigos de Teatro de Valladolid, el pasado sábado pudimos disfrutar de Sevilla no existe en el teatro Zorrilla de Valladolidla personal versión de Pepe Gómez del drama romántico. El montaje del Grupo La Platea contiene una hábil versión en hora y media y tanto el público como los propios actores tuvieron una experiencia inolvidable. Hubo algo más emotivo. Recientemente, la compañía sevillana ha cambiado su nombre al de Grupo de Teatro Luisa Valles, que fue su directora, recientemente fallecida. Luisa Valles estuvo en la fase inicial del proyecto pero su muerte le ha impedido verlo culminado. Sirva esta representación como homenaje. En todo momento fueron acompañados y apoyados por los miembros de Amigos del Teatro y el personal del teatro Zorrilla, a los que hay que agradecer las atenciones y la entrega amistosa y generosa al proyecto.

Durante la visita de la delegación del Mercantil, presidida por los Vicepresidentes de la institución, Ángela Balbuena Caravaca y Fernando Rodríguez Galisteo y el Bibliotecario del mismo, Francisco Cárcamo Balboa, se celebraron varios actos protocolarios y de esparcimiento. El viernes se recorrió la ruta Ríos de luz y el sábado se visitaron el Museo de Escultura y la Casa de Zorrilla, en donde se realizó una sencillo acto de acogida lleno de cariño. Por la tarde tuvo lugar la recepción de las autoridades por parte de la Diputación -propietaria del teatro Zorrilla- y del Ayuntamiento y la representación en el teatro Zorrilla y por la noche una cena en el Círculo de Recreo, institución vallisoletana nacida en 1844 y consolidada en 1847, aunque hasta 1902 no ocupó el edificio en el que tiene su sede actual.





Finalmente, el domingo se visitó Medina de Rioseco. Aparte del interés de esta localidad, la excursión tuvo varios motivos. En Guadalcanal (Sevilla) había nacido el primer señor de Rioseco y Almirante de Castilla, Alfonso Enríquez; en esta ciudad castellana se vendía al mundo la plata de América que entraba por Sevilla; tanto en Sevilla como en Medina de Rioseco la Semana Santa es parte central del calendario anual; y el que fuera arzobispo de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo, es natural de Rioseco. Motivos más que suficientes.




Este fin de semana ha resultado intenso, lleno de emoción y complicidad. Aún faltan actos importantes en el convenio, como el traslado de la exposición Mi exclusivo nombre de Zorrilla a las instalaciones del Mercantil en la calle Sierpes de Sevilla y alguna sorpresa más que anunciaré en próximas fechas.

lunes, 30 de octubre de 2017

Actividades del Bicentenario de José Zorrilla en Sevilla



Este pasado fin de semana se ha celebrado en Sevilla parte de los actos organizados con motivo del Bicentenario del escritor José Zorrilla. Como saben los lectores habituales de este espacio, soy asesor del extenso programa de actividades puesto en marcha con este motivo por la Casa de Zorrilla de Valladolid bajo la dirección de Paz Altés. También soy coordinador del convenio que se firmó entre el Ayuntamiento de Valladolid y la Casa de Zorrilla y el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, con la intervención de la concejala de cultura del Ayuntamiento de Valladolid, Ana Redondo, y el Presidente del Círculo Mercantil e Industrial, Práxedes Sánchez Vicente. De la parte vallisoletana del convenio es responsable Paz Altés y de la parte sevillana Fernando Rodríguez Galisteo. Y nada de ello hubiera sido posible sin el impulso de Mayca Martínez Peña.

El Mercantil, como se conoce a esta institución, cumple 150 años. No conozco muchas instituciones en España que tengan esa historia y sigan en pleno vigor, con todo el impulso del proyecto inicial ampliado a las necesidades actuales de la sociedad. Su actividad es elogiable desde todos los puntos de vista. En lo que interesa para esta crónica, la organización de actividades culturales y la colaboración con asociaciones y artistas sevillanos es fecunda y redunda en un beneficio social impagable. El Mercantil es un pilar de la cultura sevillana, sin duda alguna, y he de agradecer la acogida calurosa que he tenido siempre en sus instalaciones y el entusiasmo que han mostrado en este proyecto.

El 23 de marzo pasado tuvo lugar la apertura de los actos en el Mercantil, con un magnífico concierto de la Orquesta de Cámara de Sevilla, que interpretó música del período romántico. Y este fin de semana se ha celebrado la primera parte de las actividades contempladas en el convenio. El viernes 27, en las instalaciones deportivas del Mercantil tuvieron lugar un taller infantil y uno familiar, El teatrillo del traidor y Yo, José Zorrilla, en los que los más jóvenes pudieron acercarse a la obra y la personalidad del escritor romántico gracias a Paz Altés, Javier Calaveras y Charo Vergaz con la inestimable ayuda de Diego Irimia y del personal del Mercantil y recibir como regalo un teatrillo recordable y un libro con la biografía del autor escrito para niños por Ramón García. Asistieron más de 50 niños. También se inauguró la exposición de cuadros y poemas Zorrilla, mitos poéticos, del grupo vallisoletano Guardar como, con la presencia y guía de la escritora Inmaculada Calvo.




El sábado por la tarde tuvo lugar la representación del drama Don Juan Tenorio de José Zorrilla por la Asociación de Amigos del Teatro de Valladolid, que fue un éxito absoluto. La compañía recibió la ovación de un público puesto en pie, entregado y agradecido. Los Amigos del Teatro acometen un montaje de la obra muy respetuoso tanto con el texto como con la tradición de su representación anual en los primeros días de noviembre. Desde hace cuarenta años han llenado los diferentes locales en los que lo han interpretado y construido un personal acercamiento al drama de Zorrilla que se ha convertido ya en una referencia hasta el punto de que no parecen una compañía de aficionados y pueden presentarse ante cualquier tipo de público. No es este lugar para una reseña, pero mucho de lo que proponen la dirección y la intervención de los actores es una lección para aquellos críticos con la obra romántica y un montaje base sobre el que deberían partir las compañías profesionales que se aproximen al drama con rigor según la tradición teatral o para apartarse de ella.

La representación del sábado, a teatro lleno, guardaba otro motivo de interés. Tuvo lugar en el teatro de Capitanía General de Sevilla, una de las joyas ocultas de la ciudad. Obra del arquitecto Aníbal González, es una parte de todo el complejo arquitectónico levantado en la Plaza de España con motivo de la Exposición de 1929. Hay que agradecer al Cuartel General de las Fuerza Terrestre que cediera generosamente este maravilloso espacio con este motivo y a sus responsables, por facilitar todo lo necesario para el desarrollo del acto.



Como prólogo a la representación, Ángela Balbuena Caravaca y Fernando Rodríguez Galisteo, Vicepresidentes del Mercantil, hicieron entrega de un cuadro con el cartel conmemorativo del 150 aniversario de la institución, en mención y agradecimiento por su colaboración, a Félix Hernández, director de la asociación Amigos del Teatro y a Carlos Palacio, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Terrestre.




Las actividades se completaron con el encuentro amistoso entre la delegación vallisoletana y la sevillana. Horas de visitas culturales (el sábado se recorrió el centro de la ciudad en busca de las huellas del Tenorio por el barrio de Santa Cruz) y confraternización compartiendo conversación y sobremesa. He de agradecer cómo se volcó la Junta Directiva del Mercantil pero también su personal, con mención especial de Ana Ávila y Pilar Picchi, que se entregaron a la organización y solucionaron todas las cuestiones que deben ponerse a punto en unas actividades de esta envergadura. Y, desde luego, capítulo aparte para Antonio Ocaña, que acompañó a la delegación vallisoletana en todo momento.

El próximo fin de semana las actividades del convenio se celebrarán en Valladolid, con la devolución de la visita por parte de los miembros del Mercantil. Su compañía de teatro, La Platea, representará Sevilla no existe, una personal versión del Don Juan Tenorio obra de Pepe Gómezcuyo texto sirve para plantearse la ciudad y el drama de Zorrilla como un sueño. Es parte de este intercambio de Tenorios aficionados que demuestran la actualidad de la obra y que se conserva la tradición de reponerla todos los años por esta fecha en los escenarios españoles. Tendrá lugar el sábado 4 de noviembre en el teatro Zorrilla de Valladolid.



Con posterioridad, del 2 al 16 de febrero, la gran exposición del Bicentenario, Mi exclusivo nombre de Zorrilla -que se muestra en el Archivo Municipal de Valladolid- se montará en las instalaciones del Mercantil en la calle Sierpes de Sevilla para que pueda ser contemplada por el público interesado de aquella ciudad. También impartiré una conferencia sobre el autor en las mismas fechas.


(La fotografía que encabeza esta entrada se ha tomado del cartel de la exposición Mi exclusivo nombre de poeta, que figura en la parte inferior; el resto las he tomado prestadas de la página de noticias del Círculo Mercantil e Industrial; por último, el cartel de la obra Sevilla no existe, de la página del teatro Zorrilla.)

domingo, 2 de julio de 2017

De París a Torquemada


El puente de Torquemada tiene un trazado sinuoso para salvar el río Pisuerga. Por allí debió entrar José Zorrilla en la localidad en febrero de 1846. Casi al final del puente, a su derecha, pudo contemplar un imponente molino de cinco piedras. De frente, la iglesia parroquial de Santa Eulalia, en donde reposaron varios meses los restos mortales de Felipe I de Castilla, el Hermoso, en una de las etapas de aquella extraña peregrinación que lo condujo por tierras de Castilla para cumplir su petición de ser enterrado en Granada. Cuenta la leyenda que la reina Juana ordenó que ninguna mujer entrara en la iglesia porque quería a su esposo para ella sola. Algunos dicen que no fue allí donde esta muestra de enajenación de la reina sucediera sino en el convento de las Bernardas de Santa María del Escobar, en el cercano pago del Monjío, y que diera la orden para alejar a Felipe de las monjas, pero ese día no estaba Zorrilla para esas disquisiciones históricas. La estancia de la reina fue más larga de lo previsto porque allí le sobrevino el parto de su última hija, Catalina, que llegara a ser reina de Portugal. Pero también hubo de acortarse porque se declaro una epidemia de peste en la población.

Zorrilla iba a cumplir 29 años y llegaba desde París. Ya era uno de los escritores españoles de mayor fama de España, en pleno triunfo desde que se diera a conocer ante la tumba de Larra en 1837. En 1844 había estrenado su Don Juan Tenorio, el drama que, pasando algún tiempo, le otorgara una definitiva plaza en la literatura universal, se habían publicado varios volúmenes con su poesía y sus obras se representaban con éxito en los teatros de toda España. En París estaba en tratos con la editorial más importante de Europa, Baudry, se relacionaba con los grandes escritores franceses de aquellos tiempos y, sobre todo, disfrutaba de su condición de escritor, lo que había querido ser desde siempre, sobre todo desde que un día del inicio de verano de 1836 huyera de esa misma villa en la que ahora entraba. Había sido expulsado de la Universidad de Valladolid y temía con razón la reacción de su padre. Pudo más el miedo a enfrentarse a un padre rígido y severo, de ideas absolutistas, que había ejercido con mano dura el cargo de supertintendente de la policía en Madrid en los tiempos de la Década Ominosa de Fernando VII. Robó una yegua y no paró hasta Valladolid. Había decidido ser libre, ser escritor y hacer su propia vida rompiendo con la familia asumiendo todas las consecuencias. Tenía solo 19 años y todo el futuro por delante. En Valladolid vende la yegua robada y con el dinero se paga el pasaje a Madrid.

Diez años después regresa a Torquemada. Las relaciones con su familia no habían mejorado. Su padre no podía entender aún las razones para tirar sus estudios por la borda, que se dedicara a la literatura como profesión, que tuviera una vida desarreglada y que se hubiera casado con una viuda mayor que él. Nada de su hijo le gustaba ni admitía como compensación el rápido e innegable triunfo que había obtenido.

Zorrilla regresaba a Torquemada, en donde se encontraba la casa solariega de la familia, en la que había pasado largas estancias veraniegas de niño. En la iglesia de Santa Cruz de esta localidad palentina había situado el cuento en prosa La mujer negra o una antigua capilla de templario, con el que inauguraba en 1835 sus colaboraciones en El Artista, la más importante revista del romanticismo español. El cuento es propio del romanticismo, lleno de misterios y truculencias y podría haberse localizado en cualquier lugar pero Zorrilla imagina la historia en los lugares que conoció de niño y que estaban vinculados a su propio conflicto familiar.

La madre de Zorrilla había enfermado unos meses antes -en septiembre hizo testamento- pero nadie le escribió para advertírselo. A París le llegó una carta de su padre que, en tres líneas le despachaba la noticia del fallecimiento de doña Nicomedes en Torquemada y le pedía que regresara sin pedírselo directamente, de una forma abrupta que ponía de manifiesto el difícil trato que había entre ambos. Zorrilla no lo dudó. Rompió los contratos, zanjó los negocios abiertos en París y marchó hacia Torquemada.

Es dífícil de comprender lo que podía pasar por su cabeza al cruzar el puente de Torquemada, camino de la casa familiar. A su padre le había avisado de su llegada a través de una carta fechada en Burgos el 8 de febrero. Se ponía a su disposición y le proponía pagar todas sus deudas y ayudarlo con sus problemas ante el gobierno liberal. Durante semanas soñó con retirarse a vivir en Torquemada, ampliar la casa, alejarse de la corte y de la vida que había llevado hasta ese momento. Zorrilla fue una persona emocionalmente dado a la inestabilidad, entregado a los afectos. Quizá en su propuesta viera la oportunidad de recuperar a su padre pero haciéndole ver que había triunfado por sus propios medios. Pero la convivencia debió ser difícil y aunque regresó en algunos momentos puntuales a Torquemada, su idea de refugiarse en la casa solariega no se llevó a efecto. Volvió de nuevo en octubre de 1849, cuando recibiera la noticia del fallecimiento de su padre, que tampoco lo llamó a su lado al sentirse enfermo. Su vida se rompía. Sus éxitos y fama no hacían más que crecer pero la inestabilidad emocional también. Sus padres habían muerto sin demandar su presencia, el matrimonio con Matilde estaba completamente roto. Zorrilla estuvo de nuevo en Torquemada desde octubre de 1840 hasta mayo de 1850 y allí se encontró con la enorme frustración de tener que vender la casa familiar por las deudas contraídas por el padre, de las que se hizo cargo. Desde ese momento, la vida de José Zorrilla fue una huida constante hacia adelante: marchó de España, estuvo en Francia, en México, en Cuba. Tardaría en regresar.

Torquemada fue un recuerdo constante para Zorrilla. Por una parte, los veranos de la infancia, los recuerdos de la casa solariega y la ilusión de una vida tranquila; por otra, el dolor asociado con el recuerdo de la ruptura familiar, de la muerte de sus padres. Aspectos de una biografía apasionante, moderna y que debe ser leída con mucha mayor atención de lo que ha sucedido hasta ahora, por lo general.

De todo eso y de algo más hablé ayer en el Salón de actos del Ayuntamiento de Torquemada, en los actos organizados por esta corporación para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Zorrilla. Agradezco las atenciones prestadas por el alcalde, el teniente de alcalde y la concejala de cultura de Torquemada y por Paz Altes, que presentó el facsímil de Zorrilla: su vida y sus obras, el estudio de Narciso Alonso Cortés recientemente publicado por el Ayuntamiento de Valladolid. Fue un día muy agradable en una localidad castellana llena de interés para cualquier viajero que quiera pasar un tiempo entre su gente.



domingo, 25 de junio de 2017

La sombra del Tenorio de José Luis Alonso de Santos por El Duende de Lerma


La sombra del Tenorio es un monólogo escrito por José Luis Alonso de Santos y estrenado por Rafael Álvarez, el Brujo, en 1994. No es una novedad, por lo tanto, pero su pervivencia en los escenarios habla del acierto de la obra. De la mano de Rafael Álvarez tuvo una exitosa vida. La crítica, desde su estreno, siempre la vinculó con el actor, como si no pudiera tener otra vida más allá que de la mano del extraordinario y personal que la pusiera sobre la escena. Es difícil tarea la de recoger un título tan popular, representado por uno de los actores españoles que ha creado una forma propia de estar sobre la escena. Yo vi la obra en la temporada de estreno y pensé esto mismo ya entonces.

Por otra parte, la obra es un reto para cualquier actor. José Luis Alonso de Santos escribió un monólogo de perfecta factura y eficacia -hay que decirlo: una obra maestra del teatro español contemporáneo en su género-, muy exigente para quien la interprete en la hora y media que dura. Cambia continua y endiabladamente de registro, de tono, de género incluso. Pasa de la comedia al drama, de la parodia al costumbrismo, del realismo a lo fantástico, del relato de anécdotas a las preguntas más graves sobre la identidad y las emociones humanas. Hay un momento, que toda compañía teatral teme, en el que se rompe la ilusión escénica para luego volver a levantar la famosa cuarta pared y en ese giro debe acompañarte el público.

La obra cuenta la historia de un viejo actor, Saturnino Morales, al que el azar llevó a interpretar, nada más ingresar en una compañía, el papel de Ciutti en la representación anual del Don Juan Tenorio de José Zorrilla, como era costumbre en toda España y gran parte de Hispanoamericana hasta hace unas décadas. Este azar condicionó toda su vida profesional. Ambientada en los años cincuenta, Saturnino Morales está a punto de morir y en su última noche confiesa, en un falso diálogo con la monja que lo cuida, que siempre quiso interpretar el papel del burlador protagonista y se propone realizar ese sueño. Las cuatro escenas de la obra juegan siempre con lo metateatral, la contravisión del mundo a partir de los que nunca ocupan en la historia el primer plano (una característica permanente de la obra de Alonso de Santos) y la propia biografía del personaje de Saturnino Morales, que atraviesa la primera mitad del siglo XX y la geografía española desde su condición de cómico de una compañía secundaria.

La compañía de aficionados El Duende de Lerma asumió hace unos años el reto de incorporar en su repertorio La sombra del Tenorio y ha contado para ello con el asesoramiento del autor y la dirección de Ernesto Pérez Calvo. No he podido ver su montaje hasta ayer, cuando se programó en un escenario más que apropiado, levantado en los jardines de la Casa Museo Zorrilla de Valladolid. Luis Orcajo tiene una gran experiencia como actor y ha trabajado el difícil personaje desde sus propias condiciones actorales, dotando a la obra de una profunda condición dramática. Aunque estén presentes los momentos cómicos, que funcionan como el primer día, Orcajo sitúa su registro actoral sobre todo en la persona de Saturnino Morales y en sus conflictos interiores y desde esa perspectiva propone la obra, reduciendo también el relato de anécdotas sobre el Don Juan. Vemos, pues, a Saturnino Morales antes que a un juego metateatral, lo que es un acierto para separar su propuesta de la del Brujo. Una distancia inteligente, justa y acertada puesto que Orcajo no debe ser la sombra de Rafael Álvarez. Me ha gustado este montaje, que supera con mucho la condición de aficionados de la compañía y permite demostrar que la obra de Alonso de Santos tiene vida mucho más allá de la genialidad del actor que la estrenara y puede ser encarnada por actores de la solvencia y respeto por el mundo del teatro de Luis Orcajo. No me extraña la cosecha de premios que ha recibido El Duende de Lerma con ella. Merecidos, sin duda.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Un acontecimiento editorial. Edición facsímil de Zorrilla: Su vida y sus obras, de Narciso Alonso Cortés


Pocas veces se tiene la fortuna de participar en un proyecto que, desde el principio, se sabe tocado por el don de la oportunidad. El Ayuntamiento de Valladolid publica edición facsímil de un clásico de la filología española, uno de esos textos que se han convertido en imprescindibles para el estudio de una época y un autor. Este es el caso de Zorrilla: Su vida y sus obrasde Narciso Alonso Cortés. El libro se publicó por vez primera en tres volúmenes que aparecieron desde 1916 hasta 1920 y, desde el principio, se convirtió en una obra de referencia usada y copiada por todos los estudiosos sobre la historia literaria española del siglo XIX y sobre Zorrilla. El trabajo de Alonso Cortés fue metódico en la recopilación de datos, ordenación de las referencias, establecimiento de la biografía definitiva sobre Zorrilla e interpretación de la aportación del romántico a la literatura española. Aunque investigaciones posteriores han modificado parcialmente algunas cuestiones o aportado otras referencias y hallazgos, lo sustancial del trabajo sigue siendo válido e imprescindible para cualquier estudio sobre este autor. Por otra parte, Alonso Cortés consiguió un texto que también apasiona al mero aficionado a las biografías de personalidades o la reconstrucción de una época. En sus páginas se levanta una época entera.

Alonso Cortés publicó una segunda edición de su obra, corregida y ampliada, en 1943. Entre los libros donados a su fallecimiento al Ayuntamiento de Valladolid se conservaba un ejemplar de esta segunda edición con anotaciones del estudioso que es el que se ha tomado ahora como base para esta edición facsímil. He tenido la fortuna de redactar el estudio introductorio que acompaña al texto. Y, para que este sea del todo manejable y útil para el lector general y el especialista, se publica con una herramienta fundamental de la que carecía, un magnífico índice de nombres elaborado por la profesora Irene Vallejo González.

Por otra parte, la edición está cuidadísima y se ha conseguido un volumen cómodo y elegante, con un diseño atractivo y un precio asequible para todos -ha sido una de las preocupaciones de los editores siempre-. Paz Altés ha sido el alma de esta edición, un viejo proyecto suyo, y a ella se le tiene mucho que agradecer.

Editar el volumen en los actos del bicentenario de Zorrilla es también un gesto significativo porque pone en limpio y accesible el mejor estudio que existe sobre este autor. Una de las misiones más importantes de una institución pública. Y, a la vez, constituye una especie de homenaje al autor de la monografía, trabajador infatigable, profesor de varias generaciones de estudiantes que pasaron por las aulas del Instituto Zorrilla y promotor de la Casa Museo Zorrilla.

Se presenta oficialmente el libro mañana jueves día 11 a las 13:00 hs. en la Sala principal del Teatro Zorrilla de Valladolid, en los actos de la Feria del Libro de esa ciudad. Intervienen: Óscar Puente, alcalde de Valladolid, Teófanes Egido, cronista oficial de Valladolid, Pedro Ojeda Escudero e Irene Vallejo González.

[Actualización: En este enlace puede verse el vídeo completo con la presentación, en la que intervenimos, por este orden, Óscar Puente (Alcalde de Valladolid). Teófanes Egido (Cronista oficial de Valladolid), Pedro Ojeda Escudero (autor del estudio introductorio) e Irene Vallejo González (autora de los índices).

sábado, 6 de mayo de 2017

mi exclusivo nombre de poeta




mi exclusivo nombre de poeta
La vocación de escritor en José Zorrilla

Discurso pronunciado por Pedro Ojeda Escudero en la ceremonia de imposición de becas de los colegios mayores adscritos a la Universidad de Valladolid (sábado 6 de mayo de 2017).

Sra. Vicerrectora de Estudiantes y Extensión Universitaria, sres. directores de los colegios mayores María de Molina, Menéndez Pelayo, San Juan Evangelista y Peñafiel, profesores, queridos colegiales, familiares y amigos. Sras. y sres.:

Espero que me disculpen. Hoy vengo a hablar de un mal estudiante. De un pésimo estudiante. Un estudiante que en vez de aprovechar las clases de la Facultad de Derecho en la Universidad de Valladolid se dedicaba a escribir versos y leer, leer mucho, sobre todo a los jóvenes escritores más exaltados de su tiempo. A José Zorrilla, este hábito de no estudiar le venía de lejos. A los nueve años ingresó en uno de los mejores colegios de la España del siglo XIX, el madrileño Real seminario de nobles, como nos lo cuenta en sus Recuerdos del tiempo viejo, esas memorias que constituyen uno de los mejores testimonios en prosa de la literatura autobiográfica española y que merecen ser más leídas:

En aquel colegio comencé yo a tomar la mala costumbre de descuidar lo principal por cuidarme de lo accesorio: y negligente en los estudios serios de la filosofía y las ciencias exactas, me apliqué al dibujo, a la esgrima y a las bellas letras, leyendo a escondidas a Walter Scott, a Fenimore Cooper y a Chateaubriand, y cometiendo, en fin, a los doce años, mi primer delito de escribir versos.

Perseveró en la costumbre en sus estudios de leyes en la Universidad de Toledo, a donde su padre, don José Zorrilla, le envío al cuidado de un tío suyo:

Mi tío, el prebendado a cuya casa me había enviado mi padre, que había creído recibir en ella a un pajecillo que le ayudara a misa y le acompañara al coro llevándole el paraguas y el breviario, se escandalizó de que yo leyera a Víctor Hugo; a quien él confundía, sin que lograra yo sacárselo de la cabeza, con Hugo de San Víctor, expositor de Sagrada teología, de quien él suponía que los franceses habrían encontrado algunos versos inéditos; tomó muy a mal mi amistad con algunos estudiantes de la alta sociedad de Madrid, que como Pedro Madrazo eran condiscípulos míos de colegio, y concluyó por escribir a mi padre que yo no era más que un botarate, que más iba para pinta-monas que para abogado, según los papelotes que llenaba de piedras, de torres y de inscripciones, ya en posesión de los búhos y cubiertas de telarañas.

Como sabemos, su padre era un alto magistrado que ocupó relevantes cargos en el reinado de Fernando VII, significado por su ideología absolutista y contrario al bando isabelino, por lo que sería desterrado a Lerma. Hay que imaginarse a don José mirando con prevención las inclinaciones literarias y bohemias de su hijo, que se negaba tozudamente a seguir sus pasos en la magistratura. Desesperado, lo envió a continuar sus estudios en Valladolid, al cuidado de un amigo, procurador de la Chancillería, y la protección del Rector de la Universidad, D. Manuel Tarancón, Obispo después de Córdoba y más tarde Arzobispo de Sevilla. Ya sabemos la historia. El joven Zorrilla perseveró en sus tendencias:

Atraqueme, pues de Casimire de la Vigne, de Víctor Hugo, de Espronceda y de Alejandro Dumas, de Chateaubriand y de Juan de Mena, y del Romancero y de Jorge Manrique, y no pude digerir cuatro páginas del Heinecio, ni de las Pandectas: en vista de lo cual, el procurador a quien por él estaba encargado, escribió a mi padre punto más de lo escrito por el prebendado: esto es, que yo no era más que un holgazán vagabundo, que me andaba por los cementerios a media noche como un vampiro, que me dejaba crecer el pelo como un cosaco, y que era, en fin, amigo de los hijos de los que no lo habían sido nunca de mi padre, como Miguel de los Santos Álvarez. Parece que su padre y el mío, ambos abogados relatores en otro tiempo de la Chancillería, realista mi padre y liberal el de Álvarez, no se habían mirado nunca de buen ojo. Los hijos, inconscientes y ajenos de las divisiones de los padres, nos amamos de mozos y aún somos amigos en la vejez: cuestión de los tiempos y de los caracteres.

Aún así, el comprensivo Rector le hizo ganar curso. Durante las vacaciones del verano, en Lerma, su padre lo advirtió al enviarlo por tercera vez a estudiar a la Universidad de Valladolid:

«tú tienes traza de ser un tonto toda tu vida, y si no te gradúas este año de bachiller a claustro pleno, te pongo unas polainas y te envío a cavar tus viñas de Torquemada». Era mi padre muy hombre para hacer tal con su hijo; pero ya era yo hombre perdido para los estudios serios: odiaba a Justiniano y se me daba una higa de todos los doctores in utroque de todas las universidades de España: adoraba en sueños a García Gutiérrez, a Hartzenbusch y a Espronceda; y ver una obra mía impresa, y apretar la mano de amigo a estos ilustres poetas, me parecía destino de más prez que el de llegar a ser un Floridablanca; el demonio de la poesía estaba ya posesionado de todo mi ser; y con disgusto de Tarancón y estupefacción del procurador, anuncié redondamente que así me graduaría yo a claustro pleno aquel año, como que volaran bueyes. Metiéronme, pues, en una galera, que iba para Lerma, a cargo del mayoral: pensé yo en el camino que mi vida en mi casa no iba a serme muy agradable; y sin pensar, ¡insensato!, en la amargura y desesperación en que iba a sumir a mi desterrada familia, en un descuido del conductor eché a lomos de una yegua, que no era mía y que por aquellos campos pastaba, y me volví a Valladolid por el valle de Esgueva, que era otro camino del que la galera había traído.

Al bueno de Zorrilla, pasando los años, al recordar todos estos sucesos en los Recuerdos del tiempo viejo se le debió olvidar que en aquel curso no fue tanto su negativa como su participación decidida en los tumultos estudiantiles contra el catedrático de Instituciones Canónicas lo que le empujó a ser apartado de las aulas.

Y así comenzó la historia verdadera del escritor José Zorrilla, abandonando los estudios de leyes, huido de la familia y robando una yegua, que terminó vendiendo para pagarse el pasaje en otra galera en dirección a Madrid. Tenía 19 años y quería ser escritor. Y aquí viene la lectura de su biografía que propongo hoy. Zorrilla quería ser escritor por encima de todas las cosas y lo arriesgó todo por ello. En sus primeros tiempos en Madrid pasó hambre y frío y, dado su carácter descuidado siempre en la economía, nunca nadó en abundancia de dinero a pesar de sus éxitos teatrales y su constante dedicación a la escritura como medio de vida bien pagado. Zorrilla fue lo que quiso ser, un profesional de la escritura, uno de los autores más populares de nuestra literatura. Cuando se consagró ante la tumba de Larra leyendo aquellos tremebundos versos que le lanzaron a la fama, se desvaneció y todos creyeron que era producto de la emoción pero él nos cuenta que se debió sobre todo al hambre y la falta de sueño de aquellos días oscuros de Madrid en los que, sin embargo, fue tan feliz porque había tomado las riendas de su propia vida.

Muchas veces los padres y la sociedad se empeñan en decidir los estudios de los jóvenes y no escuchan su voluntad. No sirve de nada entrar en una carrera universitaria que no queremos ejercer por mucho que la familia o la sociedad nos indiquen ese camino. Esta elección siempre debe partir de uno mismo como parte del proceso de madurez individual para poder ser responsables de todos nuestros aciertos pero también de todos nuestros errores. La vida de Zorrilla es un buen ejemplo que debemos aprender. Su padre se empeñó en que siguiera la carrera jurídica y no lo escuchó. Las consecuencias fueron durísimas emocionalmente para ambos. Zorrilla siempre lamentó que su padre no le perdonara aquello, como no le perdonó tampoco que se casara con una mujer mayor que él. Llevó a sus obras continuamente este conflicto paternofilial que, en gran medida, explica su Don Juan Tenorio. El padre de don Juan, don Diego, lo desconoce en público cuando su hijo le arranca el antifaz con el pasaba desapercibido:




DIEGO.

¡Villano!
¡Me has puesto en la faz la mano!
JUAN.

¡Válgame Cristo, mi padre!
DIEGO.

Mientes, no lo fui jamás.
JUAN.

¡Reportaos, con Belcebú!
DIEGO.

No, los hijos como tú
son hijos de Satanás.
Comendador, nulo sea
lo hablado.
GONZ.

Ya lo es por mí;
vamos.
DIEGO.

Sí, vamos de aquí
donde tal monstruo no vea.
Don Juan, en brazos del vicio
desolado te abandono:
me matas..., mas te perdono
de Dios en el santo juicio.
(Vanse poco a poco don Diego y don Gonzalo.)
JUAN.

Largo el plazo me ponéis:
mas ved que os quiero advertir
que yo no os he ido a pedir
jamás que me perdonéis.
Conque no paséis afán
de aquí en adelante por mí,
que como vivió hasta aquí,
vivirá siempre don Juan.

En el fondo, la gran novedad del Tenorio de Zorrilla es el enfrentamiento entre dos concepciones de vida y de espiritualidad católica: la antigua, la de don Diego, don Gonzalo, estricta y monolítica –aunque con matices entre ambos-; la nueva, la de don Juan y doña Inés, presidida por el amor y la posibilidad de contrición, el arrepentimiento sincero por obrar mal que se gana el perdón de Dios. Ese perdón que no obtuvo Zorrilla ni cuando escribiera su mejor drama para congraciarse con el padre defendiendo su ideología absolutista, Traidor, inconfeso y mártir.

Zorrilla debió echar mucho de menos ese perdón en 1885, la falta de reconciliación con el padre lo acompañó toda su vida y la llevó también el día en el que ingresó en la Academia, el mayor reconocimiento oficial que podía recibir un escritor en su tiempo.

Como en casi todas las cosas de su vida, José Zorrilla tuvo una relación excéntrica –como él mismo dijo- con la Real Academia Española. Fue elegido académico por primera vez en 1848 pero estaba a sus cosas (murió su padre y huyó a París para escapar del lado de su mujer) y se le pasó el plazo que entonces regía para tomar posesión. Fue elegido, de nuevo, treinta y cuatro años más tarde, en 1882. Toda una vida esos 34 años. Los mismos que tenía su amigo Espronceda cuando murió en 1842, muchos más de los que contaba Larra cuando se suicidó con 28 años en 1836 y ante su tumba se consagrara Zorrilla como la esperanza de la joven literatura española. Zorrilla, en gran medida, fue un superviviente a su época. Tomó posesión de su sillón, finalmente, el 31 de mayo de 1885, a los 68 años. La sesión fue presidida por el rey Alfonso XII y la familia real. En 1848 le correspondió la silla H, en 1885 la L. Para continuar su relación excéntrica con la Real Academia Española, pronunció su discurso en verso, como no había hecho nadie antes. En esos versos se preguntaba:

¿Qué es lo que me ha valido la honra doble

de aceptarme dos veces la Academia?

El bagaje de verso que me sigue

y mi exclusivo nombre de poeta,

que, título o apodo, estigma o nimbo,

encoroza o corona mi cabeza;

pero que, honroso título o estigma,

yo soy el solo que sin más le lleva,

el único que más no ha sido nunca

y el solo acaso de la edad moderna.

La poesía fue mi único vicio,

mas son mis versos mi única defensa,

e imponerme la prosa y el discurso,

rigor fuera en vosotros y en mí mengua.

En su discurso, Zorrilla construye un poderoso autorretrato en el que, por supuesto, está su padre:

Una guerra civil, feroz cual todas,

a mi padre arrastró tras su bandera,

a mi madre encerró tras de las nieves

de un monte, y en la atmósfera revuelta

me echó a mí como un átomo perdido;

más yo que de laurel semilla era,

eché raíz donde caí, y mi tronco

de ramas coronó la estación nueva.

No se engaña, Zorrilla, en ese discurso. Lleva en sí las espinas dolorosas de haber cruzado el mundo sin padres y sin hijos, sabe que la Academia lo aclama reconociendo en él la popularidad del poeta, no su ciencia. Pero se sabe vinculado definitivamente a la memoria colectiva de los españoles. Cuando regresó de América en 1866 hubo gente que acampó durante días en el puerto de Barcelona, al que había de llegar su barco, para recibirlo como el poeta más popular de la literatura española que había existido nunca. Cuando se le coronó como poeta nacional en Granada en 1889 acudieron decenas de miles de personas a contemplar el acto.

¿Qué pensaría Zorrilla cuando regresó a Valladolid en 1884 para ser nombrado Cronista de la ciudad, qué pensaría cuando volvió a pisar la casa en la que había nacido y en la que vivió los únicos años de verdadera armonía familiar que disfrutó? Nunca se arrepintió de haber sido mal estudiante o de haber elegido el camino de la literatura pero echó mucho de menos la vida familiar que nunca tuvo, echó de menos el amor de su padre, un padre que lo comprendiera, que entendiera que él no podía ser un jurista ni un hombre que acudiera cada día a un despacho. Pero esa misma carencia lo había impulsado a lo largo de los años, lo había llevado a buscar el éxito en la literatura y obtenerlo y conseguir, ante todas las cosas, ser poeta y vivir de su obra. La voluntad de ser lo que uno quiere ser por encima de todas las cosas y buscar el amor de aquellos que quieran entenderlo y alentarlo. Zorrilla fue un ejemplo de lo que hoy llamamos conflicto generacional entre padres e hijos, un dolor permanente en su vida, pero también fue un ejemplo de voluntad en la vocación, un joven que sintió pronto cuál era la profesión que quería ejercer y luchó por ello. El valor emocional de ese precio tiene que ponerlo cada uno a la hora de hacer balance de su vida.

Muchas gracias.