Se puede leer para uno mismo. No importa el lugar ni el formato. Podemos leer para nosotros en el rincón más escondido de nuestra casa, en un jardín o en el metro. Podemos hacerlo con un libro en papel o en un soporte electrónico. Esta lectura íntima, que generalizó en occidente el desarrollo de la imprenta y la aparición de una clase social, la burguesía, que tenía el tiempo de ocio que construyó el hábito de la lectura, es necesaria: es la mejor forma de asimilar un texto, de hacerlo propio.
Pero también se puede leer en comunidad. Desde el inicio del texto escrito hay quien ha leído para otros que no sabían, no podían o no querían hacerlo. El texto leído así nos llega a través de la boca de otro, de la entonación de otro, de la expresión de otro, que puede ser un profesional o no de la lectura, pero que trasforma el texto para entregárnoslo. Curiosamente, esta forma, que era la más habitual hasta hace medio siglo, ha perdido fuerza e incluso muchos no logran adaptarse a ella con comodidad cuando alguien les lee. Hubo tiempos en los que se aprovechaban momentos en los que no se podía leer para que nos leyeran: en el trabajo, en el refectorio, en el oficio relgioso, un autor a la compañía a la que quería colocar su obra teatral, etc. Pero eran otros tiempos: para este tipo de lectura se necesita el tiempo y el sosiego necesario para reunirse en comunidad, cosa muy alejada de nuestro ritmo de vida actual.
Y hay otra forma de lectura colectiva que combina lo privado y lo público. Leer cada uno para sí el texto y luego comentarlo con un grupo, darlo vida entre varios y aprender unos de otros, porque cada texto se enrique con sus lectores. Desconfío siempre de aquellos que piden una única lectura para cada texto.
Desde el inicio del Club de lectura de La Acequia hemos construido una comunidad de lectores. Algunos siguen las lecturas de forma silenciosa, otros colaboran publicando sus comentarios o sus interpretaciones tanto aquí o en mi perfil de Facebook como en sus propios espacios.
Cerramos este curso del Club de lectura con mi agradecimiento a vuestra colaboración y participación en el proyecto. He aprendido mucho de vosotros y me gustaría seguir contando con vuestra ayuda a partir de septiembre.
Noticias de La Viuda valenciana
Paco Cuesta publicó una magnífica entrada subrayando las cuestiones esenciales de la adaptación televisiva de la obra de Lope. Imprescindible si queréis comprender las claves de cómo hacer bien este traspaso.
Algunas lecturas para el verano
A lo largo de las próximas semanas iré publicando, a sugerencia vuestra, algunos de los libros con los que llenaré mi verano. No os daré cuenta de los que pertenecen a mi profesión de forma específica, pero sí de aquellos que pueden ser de interés general.
Por ahora, os anuncio, porque sé que algunos necesitáis tiempo para locarlizar los títulos y otros queréis leerlos con calma antes, que el primer libro con el que comenzaremos el curso en septiembre será El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes. Ya os anunciaré el día en el que comenzaré a publicar mis comentarios.
Entre los libros que me acompañarán este verano se encuentran algunos con los que quiero comprender cómo se afrontaron momentos de crisis en otros tiempos. Comienzo con la relectura de la trilogía titulada La lucha por la vida de Pío Baroja, compuesta por tres novelas básicas de la literatura española: La busca, Mala hierba y Aurora roja. Completa la leí hace más de veinte años. Creo que ya toca volver a ella.

