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martes, 6 de noviembre de 2018

El paisaje


Algunos ignoran el paisaje. Como si solo fuera telón de fondo. Estoy mayor, debería decir fondo de pantalla puesto que incluso esto se ha reducido en distancia. Cuántos son los que buscan en fotografías obsesivamente en internet, lo que tienen a la puerta de casa.

De la literatura actual, la de moda, lo que más me llama la atención es esa amputación del paisaje, que me impide creerme lo que leo.

Entre la adolescencia -ahora prolongada décadas- y la madurez está precisamente eso, la consciencia del paisaje.

A veces, con las botas puestas y la mochila a cuestas, tengo la tentación de no regresar a casa. Como cuando me adentraba en los libros de aventuras en mi juventud.

Cada uno tiene un paisaje, cada uno es un paisaje y lo lleva dentro toda la vida.

Una vez más, atravieso la meseta -quizá no he hecho nada más en toda mi vida-. Me acompaña este horizonte, lo llevo conmigo. ¿Cuántas veces he cruzado estos campos?

martes, 4 de septiembre de 2018

Castilla


He visto paisajes que no olvidaré nunca: el mundo desde Monte Albán y jardines íntimos y fragantes con colibríes; la ardiente tierra de la Sierra Madre del Sur y el océano inmenso. Sin embargo, atravieso hoy la planicie castellana y, a la altura de Pizarroso, levanto la vista al cielo con asombro. El campo está agostado y pardean las colinas que se mecen hacia el horizonte, esa línea pura y abierta que llevo siempre dentro y conmigo, mi casa.

sábado, 10 de junio de 2017

Azul silencio


Cruza el tren la meseta.
El paisaje se ha vuelto
horizontal profundo.
Llanura azul silencio.
Sobrecogido, todo
grita horizontes dentro.
© Pedro Ojeda Escudero, 2017

domingo, 5 de octubre de 2014

Mi paisaje es la meseta




Mi paisaje es, ya lo sabéis, la meseta. Soy de una tierra sin límites que no comprende bien las fronteras. Esta Castilla, en realidad, está hecha para irse. A veces, después de una excursión fatigosa en pleno verano he subido a un otero y desde allí he contemplado esta tierra mía cortada a escuadra. La vista se pierde en el horizonte porque la mirada es, en realidad, el horizonte mismo. Hay que saber apreciar los cambios que las estaciones introducen en la tierra: verdes, dorados, marrones. Y en el momento oportuno la explosión de las amapolas, rojas como la sangre abierta en manantial en mitad del campo. Y los cambios en los tonos del cielo, que parece querer ser la perpendicular eterna del mundo. Hoy ya es otoño y las nubes pasaban con tanto mimo que parecían jugar al contraste con la dura tierra.

lunes, 22 de abril de 2013

Castilla y León (I). Villalar

Mañana 23 de abril, la Comunidad autónoma española de Castilla y León celebra su festividad en conmemoración y homenaje de los comuneros ajusticiados por orden del emperador Carlos V tras ser derrotados en la batalla de Villalar, que tuvo lugar el 23 de abril de 1521 en las proximades de este pueblo vallisoletano.La decapitación de los principales cabecillas de la revuelta de las comunidades se produjo al día siguiente pero no supuso el final definitivo de la revolución, que aún duró varios meses más y no se zanjó hasta el Perdón que el emperador decretó en 1522.

La revolución dejó una profunda huella en las generaciones siguientes y no se puede explicar la historia de mediados del siglo XVI español sin sus efectos. Por una parte, una capa de silencio y temor cayó sobre las principales localidades y familias sumadas al movimiento, entre las que se encontraban algunas de las más significadas tanto en la nobleza como en la fuerte burguesía urbana castellana -este espeso ambiente es palpable incluso en el Lazarillo de Tormes, esa novelita en la que se crea la narración moderna y que trascurre por tierras comuneras y uno de cuyos posibles autores, Diego Hurtado de Mendoza -amigo íntimo de una de las más profundas reformadoras del espíritu religioso católico oficial de aquellos tiempos, Santa Teresa de Jesús, cuyo legado fue luego amansado por siglos de ortodoxia-, es hermano de María de Pacheco, mujer de uno de los cabecillas comuneros, Juan de Padilla, y rebelde ella misma al ponerse al frente del movimiento en Toledo tras la muerte de su esposo.

Por otra, el emperador hubo de recapacitar sobre su forma de actuar en Castilla. La revuelta de los comuneros se extendió gravemente y amenazó seriamente su reinado, cargada de reivindicaciones razonables en un contexto histórico en el que se ponía en juego la forma en la que se construiría el futuro de la modernidad y, como todo, muy compleja. Aunque hay opiniones contradictorias, no se puede negar que en las reivindicaciones comuneras se encuentran ya principios constitucionalistas propios de una reforma estructural del sistema de gobierno que lo avanzan hacia una carta otorgada al estilo de las que se darán muchos años después. Es algo lógico: el nivel intelectual de Castilla desde mediados del siglo XV hasta mediados del siglo XVI es algo que aún debemos revalorizar. Sea comos sea, el emperador cambió radicalmente su forma de enfrentar el gobierno de Castilla, corrigiendo gran parte de las circunstancias que sublevaron a los comuneros y aceptando un puñado de sus reivindicaciones.

Castilla y León, entidad que cuenta con la suficiente historia detrás como para no necesitar justificación alguna, ha sido siempre una región cuestionada dentro y fuera de sus límites. Casi más dentro que fuera. Es parte de la forma de ser de esta tierra, tan dada a la división y bandería, que se hizo en la frontera y en la frontera se deshizo. Quizá por eso sea lógico que celebremos más una derrota que una victoria: nos da excusa para seguir practicando el victimismo, deporte nacional del territorio.

viernes, 15 de junio de 2012

Al caer la tarde


Al caer la tarde, estos campos se recogen hacia el horizonte. Todos cargamos con el peso de nuestro paisaje y a él vamos o de él huimos. Reconozco mi condición cuando me enfrento al de estas tierras: solo espacio abierto y aire. El castellano que quiere quedarse debe mirar hacia dentro o hacia abajo porque no hay nada que le retenga. Por aquí se ha mirado demasiado hacia abajo o hacia afuera por no mirar hacia adentro. Por miedo. O por pereza. Ya es hora de pensar en la próxima cosecha.

domingo, 31 de enero de 2010

Tierra de Campos y el almacén de residuos nucleares


Santervás de Campos y Melgar de Arriba se han ofrecido para acoger las instalaciones del futuro almacén de residuos nucleares de España. Ambas localidades distan pocos quilómetros entre sí y pertenecen a la comarca castellana de Tierra de Campos. Esta zona es una de las comarcas españolas más castigadas por la despoblación en la segunda mitad del siglo XX, causada por la masiva emigración a las ciudades. Muchos pueblos apenas cuentan con unas pocas decenas de residentes fijos, la mayoría de ellos jubilados. Incluso las localidades más grandes de la zona, como Villalón o Medina de Rioseco, han perdido población en las últimas décadas, a pesar de contar con mejores servicios, industria local y una oferta amplia e interesante de gastronomía, ocio y turismo, especialmente Rioseco, un lugar más que recomendable para visitar. Su economía es agrícola y ganadera, pero la tierra cada vez es menos rentable, el valor de las propiedades escaso y la ganadería decae notablemente cada año.

Hay varias causas que se han juntado para el empobrecimiento y despoblación de los pueblos pequeños de la comarca de Tierra de Campos. Una de ellas se debe a ciertas inercias tradicionales de sus pobladores, que han impedido la consolidación con éxito de un tejido de cooperativas agrícolas y ganaderas. Hay un escaso impulso innovador en esas tierras. De hecho, en los pocos pueblos en los que se ha corregido estas inercias y se han buscado nuevos factores de crecimiento, se han obtenido logros espectaculares en el entorno: basta, a veces, con una pequeña industria y una inteligente comercialización de los productos derivados de la ganadería o la agricultura. En otras ocasiones, la mejora ha venido de la mano del turismo rural o de un pequeño museo temático. O de la puesta en valor del patrimonio artístico e histórico con el que cuentan casi todos los pueblos de la zona.

Aunque algunas instituciones han sabido potenciar en los últimos años el conocimiento y las rutas turísticas -la Diputación de Valladolid es un buen ejemplo-, aun muy mejorables, en general la política de desarrollo económico rural sufre de la misma desorientación que en el resto de Castilla y León poco favorecida por el envejecimiento de la población y las pocas iniciativas locales dignas de reseña. No son pueblos atractivos para vivir a lo largo del año: no hay farmacias, a veces ni comercio, el médico pasa consulta una vez por semana y las rutas de los autocares de línea dejan mucho que desear. Sólo en verano se percibe cierta vida en ellos. De hecho, las alcaldías en estos pueblos son casi vitalicias porque no se vota tanto por signo político como por intereses familiares y de proximidad de intereses.

A pesar de esta situación y la notable destrucción del patrimonio artístico y el paisaje de la zona debida, sobre todo, al abandono y el poco aprecio de sus habitantes por lo que deberían conservar, aun es mucho lo que puede admirarse en estos pueblos y algo se viene recuperando en los últimos años. Para evitar que aumente el deterioro debería promoverse una política eficaz de patrimonio y un control más rígido de la intervención en el paisaje natural. Muchos habitantes de la zona no están de acuerdo con estas medidas y las consideran una intromisión de los de fuera en lo suyo: no son conscientes de que aquello que destruyen es lo que puede salvar sus pueblos en el futuro. Hay situaciones irremediables: muchas ermitas, iglesias, casonas, puentes de origen romano, ejemplos de construcción tradicional, etc., se han dejado arruinar; se han talado brutalmente bosquecillos, ensuciado los regatos, etc. Pero aun hay mucho que salvar. El paisaje, para quien sabe apreciarlo, es duro pero hermoso, especialmente en primavera y otoño.

Una de las consecuencias del debate sobre la instalación del almacén de residuos nucleares es que ha puesto en el primer plano de las noticias nacionales e internacionales la situación de esta comarca. Ojalá sirviera para que se hicera una política de intervención eficaz en la zona que hiciera innecesario recurrir a instalaciones de este tipo. Independientemente del debate sobre la energía nuclear, la ubicación del almacén favorecería más aun la despoblación aunque supusiera ingresar las cuantiosas ayudas económicas gubernamentales.

martes, 21 de abril de 2009

Carretera local


Siempre hay una carretera local que nos lleva a algún sitio o que nos saca de él. No tengamos prisa.

miércoles, 15 de abril de 2009

Adobe


Castilla se resuelve en adobe en estas tierras. Nada hay más cierto que el barro y la paja para guarecernos. Nada hay más cierto para que, cuando nos hayamos ido a buscar el horizonte, todo vuelva al silencio exacto de las cosas y de nosotros sólo quede la feraz nada.

martes, 14 de abril de 2009

Horizonte


Tracemos el horizonte con una línea recta, como meta de todas las esperanzas que perdimos. Y reposemos nuestras derrotas un tiempo, con un poco de queso y vino áspero. Caminemos, después, hacia otra.

lunes, 13 de abril de 2009

Tierra de Campos


Perderse en Tierra de Campos es llenarse de paisaje. No son pueblos fáciles estos, pero hay algo que serena la mirada, curvada de horizonte. Solemos olvidar que quien salió de aquí no ha vuelto porque la ausencia de frontera lo ha llevado siempre hacia adelante, quizá por huir de su centro. Y con él viaja, para siempre, el silencio de verse ante la llanura, con el receloso paso del que busca el ligero valle de un regato al que alguien arrebató la hilera de chopos para que no fuera nidos de pájaros. Tierra siempre en la que los palomares perdieron la techumbre en la última tormenta. Pero tierra en la que caminar apenas unos minutos es enfrentarse, desnudo, al ocaso, porque aquí no hay donde ocultarse.

miércoles, 30 de abril de 2008

La generosidad (Miguel Vivanco).

Todos los blogs de temática burgalesa que llevan unos meses de circulación han recibido la generosa aportación de Miguel Vivanco en sus comentarios. A mí, además, me ha querido hacer un regalo que, supongo, por mis compromisos de estos días, no he podido recibir en mano. Así que, en uno de los sobres plastificados y reciclables de correo interno de mi Universidad, me he encontrado ayer, martes, el folleto de la exposición colectiva Paisajes Políglotas, que estos días se organiza en el burgalés Consulado del Mar y en la que participa. Como ya se ha informado de esta exposición en Blogochentaburgos y Burgostecarios, sólo me queda animar a todos los que pasen por esta ciudad hasta el 7 de mayo, que acudan a verla.

Yo tengo que agradecerle otro gesto generoso: en el mismo sobre encontraba una nota de su puño y letra en la que afirmaba: "El día del libro es cualquier día", en lo que tiene toda la razón. Y, para demostrarlo, la acompañaba de dos regalos que hablan de su agudeza: dos volúmenes cuya elección es soprendente y acertada. Se trata de Tertulia de Madrid, del mexicano Alfonso Reyes, en edición de la Espasa-Calpe Argentina (Buenos Aires, 1949). Y Lecturas españolas, de Azorín, en edición de Thomas Nelson and Sons (Edimburgo, s.a.).

Digo sorprendente porque ya no se leen, lamentablemente, estas obras. En la primera, Reyes colecciona trabajos suyos sobre Azorín, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna, Galdós y Rubén Darío. Son artículos vividos, en los que se suma la experiencia personal con la finura en el análisis de la obra y estilo de estos autores. No es la filología que se hace ahora, pero quizá la que debamos hacer en el futuro.

En la segunda, que Azorín dedica a Larra, el escritor reúne artículos que reflexionan sobre el concepto de España (y de Castilla), el problema de España, como se decía, desde el siglo XVI hasta finales del XIX, porque estaba ya embarcado en la construcción de su concepto noventayochista de la historia cultural de su época. En este libro está el mejor Azorín. El final de su Epílogo en Castilla, fechado en Nebreda en marzo de 1912, le define (y nos define):

No saldrá España de su marasmo secular mientras no haya millares y millares de hombres ávidos de conocer y comprender.

Siento que el alicantino acertara.
Vivanco ha demostrado finura y olfato en el regalo. Me gustaría corresponderle. Vaya, desde aquí, hasta que pueda, mi abrazo.

martes, 2 de octubre de 2007

Revisionismo histórico.

Paisaje castellano de la Tierra de Campos vallisoletana.


Dice el DRAE que revisionismo es la "tendencia a someter a revisión metódica doctrinas, interpretaciones o prácticas establecidas con la pretensión de actualizarlas". Las enciclopedias distinguen entre revisionismo bueno y malo, siendo aquel el que procede a la luz de nuevos descubrimientos o nuevas metodologías y éste el que intenta manipular la realidad para llegar a conclusiones que tuerzan el significado del pasado sobre todo con intereses políticos.

Es un buen inicio para mi primer día de clase de Literatura histórica española, una asignatura optativa en la Licenciatura de Humanidades que siempre me ha dado satisfacciones desde el mismo día en que la concebí. En ella estudiamos la literatura de temática histórica que se ha producido en español desde las primeras manifestaciones hasta hoy y proponemos una metodología para su análisis. Es sorprendente ver cómo la literatura histórica nos cuenta lo que hemos sido siempre desde nuestro presente de receptores. ¿Significa lo mismo una novela histórica romántica para un lector del siglo XIX que para nosotros? El pobre Cid, por ejemplo, ha pasado por muchas manos.
La literatura histórica nos señala, desde lo ficcional verosímil, las necesidades colectivas de las épocas a las que pertenecen los textos: su concepto del individuo y la sociedad y las grandes cuestiones de cada tiempo. Pero a mí me suele interesar también, y más con la presencia de los alumnos erasmus que, desde diferentes orígenes, llegan a mi aula con amor por la cultura española, la revisión del concepto de España que suelen acarrear las obras literarias. ¡Y cómo se ajusta milimétricamente a la situación política de cada momento y a las corrientes de pensamiento!
Toda nación parte, para legitimarse, de una mentira histórica contada a posteriori para dar solidez a un statu quo o a una identidad colectiva. Detrás de la esencia de cada nación, por lo tanto, hay un revisionismo histórico de segundo grado que se superpone a una realidad anterior. Sólo permanecen aquellas que encuentran su lugar en el contexto geoestratégico y una fuerza interior de cohesión que las vertebra e, incluso, les da una proyección exterior que las hace respetar por otras naciones o que ayuda a su expansión. Por eso, Europa, que es para nosotros una entidad cultural similar a la que fue España en la Edad Media para los habitantes de la Península Ibérica, no termina de asentarse.
Luego, a mi vuelta a casa, he encontrado en un sobre viejas fotos de la Tierra de Campos que ahora digitalizo aunque no tengan unas condiciones perfectas. En ellas veo, sobre todo, horizontes, amplios horizontes: quizá es por eso que la historia de estas tierras se ha dilatado tanto que ha perdido el punto de cohesión. Tampoco es mal final para una nación: deshacerse en otras hasta convertirse casi en mito. Esa fue, en gran medida, la Castilla cantada por los escritores de principios del siglo XX. Gran parte de esto constituye su esencia y su permanencia pero también su debilidad como realidad política actual. Luego están los malos gobernantes y la desidia de los habitantes.

martes, 11 de septiembre de 2007

Oveja de salón.



Como ya hemos destruido el campo, ahora lo traemos a casa. Eso sí, higiénico, sin malos olores ni gastos en comida. Esta pobre oveja no tiene rebaño y mira, sorprendida, desde el escaparate, el raro pasear de los humanos. Creo que no nos comprende.


Apenas nos hemos quitado el pelo de la dehesa, quizá por eso proclamamos que el campo solo nos gusta urbanizado y con piscina o como domingueros de parrillada o para probar ese todoterreno con el que llevamos los niños al colegio y que apenas pisa la tierra. Peor aun, sólo la pisa para injuriarla, como esos quads con los que nos creemos inventar las sendas, que tanta historia tienen antes de que ni siquiera las soñemos. Conozco un caminante celtíbero , con el que tengo pendiente un esperado café, que se los topa indignado en su andar de mochila y pulmón.
Todavía no hemos aprendido a respetar lo que parece no ser de nadie. ¡Ancha es Castilla! Los pueblos que se vaciaron en los sesenta se llenan en los meses de verano de una algarabía destructiva que los toma como un parque temático en el que las antiguas leyes no escritas no existen. Para eso, cómprense una oveja de salón, aunque los mire, tierna, sin comprender sus acciones.

lunes, 30 de julio de 2007

Espadaña con nido de cigüeña en fondo de montaña.

[ Paisaje desde Mahallos (Burgos), hacia Sordillos, con la Peña Amaya al fondo. Pulsa sobre la foto para ampliarla y ver los detalles.]


El río Brullés me trajo al Odra, que también nace en Peña Amaya y que desemboca, más allá, en mi ensoñado Pisuerga. La carretera termina en Mahallos, a un quilómetro de Sordillos. Es raro ver terminar una carretera en una zona que no es de montaña, pero en estos pequeños pueblos castellanos sucede. ¿Por qué venir donde la carretera acaba? ¿Qué buscan los ojos al final del camino?


Por la comarca, la cosecha va muy avanzada y en muchas zonas ni siquiera se ven ya las pacas esparcidas por el campo. Montones de grano de trigo y cebada reposan en naves y eras. Del cereal no se quejan los agricultores, así que supongo que ha ido bien, a pesar de la plaga de topillos. El camino ondea en suaves desniveles y, en los valles de los pequeños regatos, nos espera la grata sorpresa de los árboles alineados a lo largo del estrecho cauce. En sus proximidades se pueden plantar frutales y las ramas de los manzanos, ciruelos, perales, acerolos, nogales, se inclinan con una abundate carga. Me acuerdo, casi sin querer, de mi peral sabio, que ya tiene sus primeros frutos aun verdes pero que anuncian la carne jugosa de la maduración cercana.


Siempre me han sorprendido estos milagros verdes en mitad del amarillento estío de Castilla. En todos estos pueblos te cuentan historias relacionadas con este agua inesperada, sus fuentes, los regatos, los caños. O del miedo a que se sequen, como ocurrió a veces. Cuando no se roturaba el campo hasta la extenuación, las choperas y los encinares eran más extensos y el bosque se enseñoreaba de gran parte de estas tierras. Y, a su amparo, el lobo. El origen de algunas fuentes va más allá de la Historia y te remonta a tiempos míticos, y la vertiente dada por la inclinación del terreno me hace mirar de nuevo hacia la Peña, de la que viene un viento que alivia el calor que al fin se ha decidido a instalarse estos días en este extraño verano.


Desde aquí tengo como horizonte, de nuevo, ese peñasco del que te cuentan leyendas que uno no sabe si colocar en tiempos del César, de la mal llamada Reconquista o casi ayer, en esa dura postguerra franquista. Un poco a la izquierda, la silueta brumosa de los principales picos de la montaña palentina tan ilusoriamente cercana: el Espigüete, el Curavacas... Más cerca, sobresale la espadaña de la Iglesia de San Pedro, de Sordillos. Estas espadañas coronadas de nidos de cigüeñas, brotan de pronto en el horizonte y anuncian, al cansado viajero a pie de otros tiempos, que ya llega a casa. Al final del día, sin embargo, me alejo en
autómóvil de este emblema airoso, como han hecho, tantas veces, los que han nacido por estos pueblos hasta casi dejarlos desiertos de mirada y aliento.

miércoles, 18 de julio de 2007

Casa hundida.

[Casa hundida en Villamorón, Burgos]
En Villamorón, una parte de las casas abandonadas están hundidas. Un día, una gotera invernal agrietó el techo. Quizá los dueños volvieron en verano y vieron la mancha de humedad y no le dieron importancia o pensaron que ya se pasarían unas semanas después, antes de que llegaran las lluvias. Pero no se pasaron. Dos o tres años más tarde se cayó parte del tejado, con un estruendo que ya solo asustaría a las torcaces. Al año siguiente se vino abajo una de las paredes. Y el hundimiento continuó. La construcción, de adobe, que había resistido firme con el amor de los moradores, vuelve a la tierra. Con lentitud imparable, como son las cosas de estas tierras que han visto tantos siglos de historia.

miércoles, 11 de julio de 2007

Columnas que sujetan el aire.

En estas tierras nuestras, hay demasiadas columnas sólidas que no sujetan más que el aire. Enigma para hoy: ¿sólo somos administración o también tenemos proyectos para hacer algo nuevo en la Historia?



Esta columna del Hospital del Rey de Burgos siempre me ha planteado ese enigma. Sabéis que no soy partidario de ningún nacionalismo, que no soy localista, pero me quedo mirándola y me interrogo. ¿Qué nos dice ahora esta columna? Fuimos basamento, ahora sujetamos el aire. Quizá sea mejor así.