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jueves, 11 de octubre de 2018

Doce años de La Acequia


Tiene el agua corteza
de espejo, densidad
de paisaje y mirada
de misterio
profundo.
Se dice agua y se dice
todo lo que llevamos
en vida.
También lo que no somos.
© Pedro Ojeda Escudero, 2018

Este blog cumple hoy doce años. Vuelvo a daros las gracias a todos vosotros.

**
Breve historia de La Acequia (pincha sobre los enlaces para acceder):
Primera entrada (11 de octubre de 2006).
Razón del título del blog (12 de octubre de 2006).
Primer año.
Segundo.
Tercero.
Cuarto.
Quinto.
Sexto.
Séptimo.


miércoles, 11 de octubre de 2017

Once años de La Acequia


Esta tarde, a primera hora, tomé una fotografía desde el autobús, a la salida de Salamanca, al pasar por el río Tormes. Agua y viaje. Por eso quizá defina bien uno de los significados de este blog que hoy cumple once años y 3239 entradas. Nadie es el mismo después de once años, nadie sale indemne de lo vivido. Once años ya. Gracias a todos los que leen este espacio, algunos desde sus inicios. Seguimos.

Breve historia de La Acequia (pincha sobre los enlaces para acceder):
Primera entrada (11 de octubre de 2006).
Razón del título del blog (12 de octubre de 2006).
Primer año.
Segundo.
Tercero.
Cuarto.
Quinto.
Sexto.
Séptimo.

martes, 11 de octubre de 2016

Diez años de La Acequia


La Acequia llega hoy a los diez años y con esta se han publicado 2971 entradas. Nadie es la misma persona después de diez años, ni aislado del mundo. ¿Quién era yo hace diez años y qué conservo de aquel que fui, qué he perdido, qué he ganado, qué decisiones me han hecho ir por un camino y no por otro? Supongo que aquí he dejado buena cuenta de ese recorrido: opiniones, emociones. En textos y fotografías. En gran medida, un blog es un diario o, al menos, un cuaderno de anotaciones. Quizá me bastara con leerme en orden cronológico para comprenderlo. Me asaltarían también los recuerdos de lo que estaba haciendo y de lo que me ocurría en el momento de redactar determinadas entradas. 

Desde el 2006 me he decantado cada día más por la escritura y esa decisión también la he llevado a mis clases en la Universidad. Pienso que las ha mejorado. Desde el 2006, como todos los que viven, he sufrido pérdidas y decepciones, dolores y tristezas profundas y menos profundas. Pero también he disfrutado satisfacciones y muchas alegrías. He perdido amigos y he ganado muchos más. He descubierto -a mi edad- el paisaje más allá del asfalto urbano y las pequeñas cosas que están ahí, esperando que uno se agache para verlas o se acerque a ellas -más, más cerca, como me decía mi amigo Javier G. Riobó, que me mostró el camino hacia la fotografía.

Como cada año, repito que La Acequia está amenazada de incertidumbre, como el primer día. No sé si dejaré de publicarla mañana o seguirá durante muchos años. Escribo las entradas a diario -salvo en las raras ocasiones en que las dejo programadas- y sé que llegará un día en el que me ponga ante el ordenador y decida no publicar más, como han hecho decenas de autores de blogs con los que me he ido relacionando a lo largo de este tiempo. Todo tiene su ciclo. Por ahora, no ha llegado al final del suyo este espacio. Todavía tengo cosas dentro que me gustaría compartir con quienes me leen. A ellos, a vosotros, los que seguís La Acequia -algunos desde hace diez años-, os debo mucho de esta constancia de escribir a diario. Gracias.

Sigamos.

Breve historia de La Acequia (pincha sobre los enlaces para acceder):
Primera entrada (11 de octubre de 2006).
Razón del título del blog (12 de octubre de 2006).
Primer año.
Segundo año.
Tercer año.
Cuarto año.
Quinto año.
Sexto año.
Séptimo año.

lunes, 21 de abril de 2014

La despedida de Caminando en el desierto


Tengo una sensación de superviviente. Los más antiguos lectores de La Acequia recordarán la historia. José Antonio Ortuño, siempre generoso con su tiempo en los proyectos comunes, nos fue uniendo en Blogofago a todos los blogueros relacionados de una u otra manera con Burgos (La Acequia, le debe también el diseño de la cabecera actual).

Como era moda entonces, se convocó para el 28 de abril de 2007 un encuentro en una cafetería en la que aparecimos los autores de siete espacios muy diferentes en sus propósitos. De aquella reunión salió la idea de construir un lugar común al que José Antonio -que siempre ha sido muy perspicaz para ello- dio el nombre de Burgosfera. Este espacio común se mantuvo desde el 2 de mayo de 2007 hasta el 19 de septiembre de 2012. El proyecto creció desde los siete convocantes hasta el centenar largo, se enriqueció con la variedad de personalidades, tonos e intenciones, provocó nuevas reuniones, dio el salto al mundo académico en las primeras jornadas en las que una Universidad española analizaba el fenómeno y, sobre todo, sirvió para poner de manifiesto la utilidad de los blogs como herramienta de comunicación, información y opinión.

Para mí tuvo un valor añadido. Gracias a aquella reunión inicial y las que siguieron, conocí un puñado de personas activas, interesantes, muy respetuosas con las opiniones de los otros, dispuestas a colaborar desinteresadamente con los demás, con ganas de hacer cosas y mostrar el resultado de sus acciones, muy lejos de la imagen que se tenía por aquellos años del internauta como un ser solitario que apenas se interesaba por actuar en el mundo.

De aquella reunión inicial solo queda La Acequia. También Neoburgos, pero el espacio de Edu (que contribuyó mucho al proyecto no solo con su presencia activa sino con la creación de una lista de correo que nos sirvió de medio de comunicación interno) nunca fue un blog y ha pasado por diferentes etapas. Bien es cierto que alguno de los que cerraron su espacio inicial han abierto otros -el más fecundo ha sido José Antonio, que recientemente ha regresado con la calidad de siempre, también los creadores del tan añorado A vista de cerdo- puesto que en casi todos la motivación inicial de comunicación, creación y opinión era más que una moda. El uso de la web 2.0 -y su evolución posterior- era solo una herramienta para encauzar esa inquietud. De una u otra forma, algunos anunciándolo y otros no, los blogs que participaron en la reunión inicial se han cerrado o han dejado de actualizarse. Esto no supone reducir el valor de esta herramienta. Lo que sucede es que la diversidad de plataformas y posibilidades del mundo virtual ha especializado cada tipo de formato como algunos vaticinábamos. También hay que contar con el desgaste personal que supone mantener durante años un blog, especialmente cuando se hace con nombre y apellido públicos.

Ayer domingo 20 de abril, Francisco Campillo anunciaba que dejaba de publicar Caminando en el desierto, blog decano de Burgos dado que se abrió el 6 de septiembre de 2005 (el puesto de blog decano de Burgos pasa a ocuparlo, si no estoy mal informado, el Ucraniano Aniano, unos meses anterior a La Acequia y que siempre estuvo pero no estuvo en la Burgosfera). Desde que supe que cerraba la revista Shukran, proyecto hermano de su blog, temía este anuncio y vigilaba atento las novedades de Caminando en el desierto. He de reconocer que su entrada de ayer me conmocionó no solo porque supone dejar de tener una voz moderada y sensata en un tema no resuelto y en el que tanto debería implicarse la sociedad española. Me conmocionó porque me deja ante mis propias dudas sobre cuándo debe terminar el ciclo de La Acequia, el único blog que sigue publicándose de los que fundaron la Burgosfera. Es una duda que me asalta de vez en cuando puesto que sé que este espacio, como todo en la vida, tendrá un final.

El texto con el que se despide Fran es una muestra perfecta de su personalidad de hombre entregado con las ideas nobles, soñador y moderado a la hora de combatir las opiniones de los demás con la firmeza de la suya. En su día hice un elogio de su actividad, que todavía mantengo: su blog era el único necesario de todos los nuestros, aunque comprendo el desgaste que supone un espacio con un tema -el del pueblo saharaui- que parece haberse enquistado social e históricamente por los intereses estratégicos de las naciones implicadas. Sé que Fran seguirá impulsando actividades y participando de las de otros que él considere justas y espero que antes o después retome aventuras en Internet que nos permitan estar informados de ellas. Quien lleva dentro las ganas de mejorar el mundo no pasa desapercibido.

martes, 3 de diciembre de 2013

Noticias de Fernando Portillo Hombre


Por suerte, La Acequia siempre me ha deparado sopresas agradables. Nunca he tenido la tentación de entender el mundo de los blogs -el de Internet, en general- como una realidad aparte sino como una herramienta de comunicación. Una más de las que utilizo diariamente. Para mí, este espacio es muchas cosas, una miscelánea en la que compendio gran parte de las cosas que me interesan en la vida. Y La Acequia se ha convertido en un proyecto en el que vuelco otros y del que salen más aún. De aquellos primeros tiempos de los blogs recuerdo sobre todo la alegría de conocer a decenas de personas que aportaron muchas cosas a mi vida y que me ayudaron a ampliar mi horizonte, personas que tenían una gran inquietud, opiniones y creatividad. La gran mayoría de los blogs de esa época han cerrado pero los recuerdo a todos y lo que me aportaron.

Fernando Portillo Hombre ha venido hoy a mi despacho. Los más antiguos lectores de La Acequia lo recordarán: tuvo su propio blog durante un tiempo, primero asociado a un medio de comunicación burgalés, luego independiente. Terminó cerrándolo por causas que ahora no hacen al caso. Participó en la lectura del Quijote y nos regaló su autorretrato quijotesco -el que encabeza esta entrada- como hicieron muchos otros -una de las cosas de las que me siento más orgulloso de aquel proyecto, la primera experiencia de lectura colectiva y virtual completa de la novela cervantina, que ha pasado a ser estudiada como modelo de club de lectura a través de la web 2.0- y acudió a la comida con la que celebramos su final.

Hoy ha venido a hablar de la vida y del tiempo, de la amistad. Ambos nos hemos intercambiado las últimas vivencias y las nuevas ilusiones. Venía con un excelente novedad que presentará en breve en Burgos, uno de esos proyectos que a uno le acompañan toda la vida y en el que no se escatiman esfuerzos. Por ahora no puedo decir más, pero daré noticias suyas en unos días. Me quedo hoy con la alegría del reencuentro y la emoción de sabernos vivos y en el camino, a pesar de todo.

viernes, 11 de octubre de 2013

Siete años de La Acequia


La Acequia cumple siete años. He revisado la primera entrada, la razón del título del blog y todas las que he publicado anualmente con este motivo (2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012). Mantengo todo lo dicho en ellas y hoy no quiero repetirme.

Soy y no soy el mismo, conservo aquella incertidumbre inicial y las pocas certezas que me acompañan. Desde 2006 han sucedido muchas cosas en mi vida, como en la de todos, algunas buenas y otras malas. De ellas he sacado la lección oportuna. Mi vida ha cambiado en cosas muy importantes -es decir, en las personales- y no he salido indemne de algunas circunstancias por las que he pasado, pero conservo las ganas de conocer a las personas con las que me voy encontrando y de mirar lo que sucede a mi alrededor con la curiosidad de quien quiere aprender. Y fruto de todo esto es La Acequia. Soy menos tajante en mis afirmaciones, pero también he decidido que mi vida es mía y no de aquellos -los verdaderamente poderosos y los otros, los gobiernos, los dictadores de pasillo, la mala gente de café y mirada torva, los soberbios y egoístas que no miran más que por sí mismos- que quieren dictar mis pasos sin consultarme antes o que son capaces de jugar hipócritamente con las emociones sin importar el daño que causan o de abandonar a las personas cuando más necesitan ayuda. Mi vida es mía y yo decido mis pasos y mis responsabildades, también mi opinión.

Pesan más las cosas buenas: los abrazos, las palabras, las sonrisas, la colaboración entre amigos, el calor de la familia. Curiosamente, ahora me siento más joven que hace siete años, con más ganas de cumplir proyectos y seguir adelante. Y entre estos proyectos La Acequia tiene un lugar destacable en mi vida.

El mundo, visto al menos desde España, se ha hecho más hostil y por eso pienso que es más necesario que nunca que expresemos nuestros pensamientos y emociones y participemos en la vida pública a través de los medios que estén a nuestro alcance, los tradicionales y los nuevos. Pienso que debemos mirar hoy más que nunca, más lejos porque solo así saldremos adelante. Ya no es cuestión de salvarnos cada uno porque buscando el propio tablón naufragaremos todos. Escribir en La Acequia es una parte de mi compromiso.

Gracias a todos los que durante estos siete años habéis dejado aquí vuestras palabras, a todos los que habéis colaborado en los proyectos que he apoyado desde este espacio. A todos aquellos que vistáis de forma asidua La Acequia.

martes, 28 de mayo de 2013

Blogs y barcos en botellas


Un blog es muchas cosas y cada uno debe decidir qué le impulsa no tanto a abrirlo como a mantenerlo. Yo he contado muchas veces aquí mis razones. Un blog se abre a veces por impulso, por experimentación, por necesidad de comunicar una emoción o una idea, por moda, por trabajo. Pero mantenerlo es otra cosa. Para hacerlo hay que superar los ciclos de desánimo, el pudor de que a uno se le lea y el miedo a que no se le lea, la insistente mirada del que quiere sorprender al que escribe en su intimidad, los ataques anónimos, la agresiva presencia de la publicidad basura, las polémicas, los plagios. Para hacerlo con constancia y durante un tiempo prolongado hay que tener cosas que decir, por supuesto, pero este no es el tema de hoy. Al principio, quien abre un blog personal -no uno profesional en un medio que se encarga de publicitarlo- tantea su camino casi en secreto. Si tiene éxito, pronto encontrará en la familia, en los amigos y en las relaciones laborales tres grupos de personas: aquellas que no se han enterado, aquellas que se han enterado y lo usarán en contra del autor en cuanto puedan aunque jamás le reconozcan que lo leen, aquellas que se han enterado y comparten con él ese conocimiento para alabarlo o para criticarlo. Por supuesto, que si el blog dura un tiempo habrá personas que cambien de grupo. Es como todo en esta vida: si a uno le gusta hacer botellas con barcos dentro -o barcos con botellas fuera- siempre habrá alguien que le pregunte que para qué demonios pierde el tiempo en hacer algo así y otros que le propongan poner una tienda para vender las botellas y los barcos porque no comprenden que quien hace el barco no quiera ganar dinero con ello necesariamente. Y por supuesto siempre estará el que no se dará por enterado a menos que el constructor de barcos le regale uno. Cosas de la vida.

martes, 22 de enero de 2013

Gacetilla en homenaje a Jesús


Estos días he corregido exámenes y trabajos, he acometido reparaciones y tareas domésticas, he acudido a mi gimnasio, he visto a amigos, asesorado a dos alumnas sobre sus futuras Tesis Doctorales, he acompañado a mi madre, he ido a ver una extraordinaria obra de teatro en un local lleno de espectadores, media hora de carrera diaria a buen ritmo, he sacado del armario por primera vez en este invierno la bufanda y me he decidido por una que heredé de mi padre, he trabajado con una compañera y amiga sobre el teatro del siglo XIX, avanzado en la redacción de varios proyectos narrativos, he corregido las pruebas de imprenta de un libro que firmo con un amigo, he besado y me han besado, he visto una sonrisa y he sonreído, he cocinado pasta con salsa de setas, he visto el sufrimiento de una amiga, he cuidado del hámster de mi hija, he leído mucho, probé a desconectar de las noticias de la triste e indignante actualidad española sin conseguirlo y he recibido la noticia del fallecimiento de otro compañero de singladura virtual (¿cuántos son ya?) que tantas cosas dejó en La Acequia y en su propio espacio y al que tanto apreciaba. Va por ti, Jesús, que tanto apreciabas la vida en toda su complejidad y plenitud y que nunca dejaste de tener pasión por vivirla. Que la tierra te sea leve, compañero.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Ha muerto Manuel de la Rosa, Tuccitano.



La fotografía es la última imagen de cabecera del perfil de Facebook
 de Manuel de la Rosa, al que todos fuimos viendo crecer también como fotógrafo y
 pienso que resume bien tanto su filosofía de vida como su forma de entender el arte.


Hoy me ha llegado la noticia del fallecimiento de Manuel de la Rosa, Tuccitano. Aún recuerdo sus primeros comentarios en La Acequia y mi llegada a su blog, La distancia no es el olvido. Qué bello nombre para un proyecto personal como aquel, en el que la palabra y la imagen se usaban de forma tan extraordinaria. Manuel se sumó a varios de los proyectos que lancé en este espacio, especialmente a la lectura del Quijote, en la que tanto aportó, incluida la construcción de un espacio en la que se enlazaban todos aquellos que participaron en esa locura, Mis lecturas del Quijote, esfuerzo generoso que todos le agradecimos.

Manuel era una persona cariñosa, generosa y entusiasta, amante de su profesión, lleno de ilusiones y proyectos. Como tal lo recordaré siempre y como tal quedará su huella en La Acequia.

En los años que lleva abierto este espacio, son varios los compañeros que he perdido. El primero de ellos, nuestro querido Manzacosas, ahora Manuel de la Rosa. No es el mundo virtual ajeno a la muerte, pero gracias a él podemos aún disfrutar de todo lo que quiseron darnos.

Gracias, Manuel. Que la tierra te sea leve.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Cara a cara

El vidrio adquiere la propiedad de la sangre de forma muy extraña cuando se dispara contra el espejo. Sobre todo si uno está a ambos lados de la bala y se mira cara a cara.

Si quieres saber la razón de este texto, pincha aquí.

jueves, 11 de octubre de 2012

Seis años de La Acequia


El 11 de octubre de 2006 publiqué la primera entrada de este blog. Desde entonces han ocurrido muchas cosas. Yo soy y no soy el mismo y mi vida, salvo algunos detalles, se parece poco a la que llevaba entonces. El mundo ha cambiado, pero tampoco ha sido una sorpresa porque los aspectos esenciales de este cambio se apuntaban ya entonces. En el 2006 había unos caminos abiertos y el mundo y yo hemos trascurrido por algunos de ellos, a veces no elegidos voluntariamente.

Las entradas en La Acequia han acompañado mi vida y mis inquietudes en estos seis años y las han reflejado tanto por escrito como en imágenes. También han servido como cauce a intereses profesionales y docentes. Como producto de mi escritura y de mi mirada, han reflejado también mis estados de ánimo. Desde 2006 hasta hoy he tenido, como todos, alegrías y tristezas, ilusiones y decepciones, proyectos exitosos y fallidos. En el camino, se han quedado personas, amistades y amores pero también he ganado otras personas, amistades y amores. Nunca se sabe cuándo alguna pérdida deriva en ganacia. Algunos de mis mejores amigos actuales me han venido de la mano de La Acequia y siempre es un placer recibir la visita en este espacio de los viejos conocidos y de los nuevos lectores.

De los compañeros de viaje de aquellos tiempos quedan pocos en activo, pero quedan. Y se han sumado a los nuevos. He visto abrir y cerrar blogs, he tenido tentaciones de cerrar el mío, como todos, por desánimo, falta de tiempo, presiones de las personas cercanas, incomprensión de muchos, mofa de otros motivada por la envidia cuando vieron que La Acequia crecía y aparecía en la prensa o en los listados de los blogs más visitados del mundo hispánico o era usado en las aulas como referente didáctico, he sufrido plagios y ataques de spam y anónimos con intención torcida, etc. Pero también he tenido el placer de conocer a otros autores de blogs ilusionados con lo que hacían, decididos a aportar su opinión o a publicar los resultados de su trabajo creativo. He podido apreciar que algunos de los proyectos que yo lanzaba en este espacio tenían eco, muchas personas me han agradecido el tiempo que han pasado leyendo lo que yo escribía aquí o la información y opinión que publicaba. Sé que se ha usado como referente en las aulas para que los alumnos aprendieran sobre algunos de los temas tratados o se motivaran para expresar su creatividad. Pesa mucho más lo bueno que lo malo, sin duda. Por mi carácter, además, lo malo queda apartado pronto.

La aparición de las redes sociales, singularmente Facebook (en la que también estoy presente en este perfil), han restado cierto vigor a los blogs tal y como se concebían en el 2006, casi como la única forma de publicar comentarios o enlaces. Estas redes integran mejor la opinión rápida, el contacto personal con los amigos, dan mayor ilusión de privacidad a aquellos que no quieren exponerse al público general, los juegos, los enlaces con noticias externas, etc. Curiosamente, algunos que criticaban como inútiles los blogs han quedado enganchados a redes sociales o chats. En el mundo de los blogs, que se puede combinar con estas redes sociales, permanecen aquellos que tienen muy clara su visibilidad y las razones para aceptarla. Como si ya se hubiera decantado este formato.

No sé si seis años son muchos o pocos, aunque en Internet hay un pequeño porcentaje de espacios personales que tengan esta vida. Ni siquiera sé si La Acequia tiene por delante seis horas, seis días o seis años más de vida. Lo que sí sé es que mientras se publique, será un espacio como ha sido hasta ahora y en el que los comentarios de todos los que queréis dejar la huella en él serán siempre bienvenidos.

Con motivo de este aniversario, la entrada de hoy
 correspondiente al Club de lectura se traslada al próximo domingo.

Consulta aquí la primera entrada del blog


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Adiós a Burgosfera 2.0


Como los más antiguos lectores de La Acequia recordaréis, este blog está inscrito en la Burgosfera. De la fundación del proyecto tras el primer encuentro celebrado por los autores de blogs relacionados de una u otra manera con Burgos el 28 de abril de 2007 y noticias posteriores, ya he dado cuenta aquí en varias ocasiones. De los seis blogs iniciales que estuvimos presentes en la fundación se creció rápidamente hasta el centenar. El proyecto fue pionero en España y tuvo rápidamente visiblidad no solo entre los lectores de blogs de la ciudad sino también en la sociedad burgalesa. Contó con una presencia académica significativa al poco tiempo, en unas Jornadas celebradas en la Universidad de Burgos que coordiné y que supusieron la primera ocasión que, en una Universidad española, se estudiaba el fenómeno entonces creciente de los blogs. De aquel primer encuentro nació la idea de construir un agregador de blogs que nos reuniera a todos, Burgosfera 2.0. Ahora decimos adiós el agregador. Aunque este hecho podría haber pasado desapercibido por la forma en la que se ha producido, he querido dedicarle esta entrada con cierta nostalgia por lo que supuso.

Visto desde hoy, el proyecto tuvo varias etapas. Los que estamos desde su principio recordamos con mucho cariño sus inicios: explorábamos una posibilidad recién creada y percibíamos cómo tanto el grupo como cada uno de los blogs participantes crecían tanto en visitantes como en eco en la sociedad. Al poco, el grupo afianzó unas redes que lo enlazaban con blogs nacionales e internacionales y se percibía una especialización de cada uno en campos diferentes que, sumados, lo dotaban de un atractivo panorama global de lo que significa escribir un blog. También se percibió una creciente atención de los medios de comunicación a lo que sucedía en la Burgosfera paralelo al interés despertado en instituciones públicas, organizaciones de todo tipo e, incluso, en los partidos políticos. Pero había algo más en aquellos inicios: las relaciones personales que se dieron entre los autores de los blogs afianzadas en los varios encuentros que se dieron, algo de incalculable valor y que nos une todavía hoy a muchos, aunque hace tiempo que no nos vemos todos.

El proyecto creció tanto que pronto se unieron a la Burgosfera decenas de blogs que solo buscaban la agrupación en el agregador y que no tuvieron más presencia en el grupo que esta. Lo que pocos sabían es que todo el esfuerzo de mantenimiento del agregador recaía en una sola persona y que los varios momentos en los que se provocaron algunos conflictos -propios del crecimiento de cualquier proyecto de este tipo- se solucionaron entre unos pocos. No porque se privara a nadie de participar en una u otra cosa -puesto que la Burgosfera siempre ha sido algo abierto- sino porque son más los que se apuntan a los beneficios que al esfuerzo de sacar adelante las cosas. Vaya aquí, por lo tanto, mi reconocimiento a mi querido Blogofago -en homenaje a él lo escribiré sin tilde, como acostumbraba-, al que tanto debemos todos.

Yo no quitaré de la columna de la derecha el enlace a la Burgosfera, aunque ya no remita a ningún sitio. Para mí y para La Acequia significó mucho en la etapa inicial de actividad en Internet. Y puedo decir que alguna de las mejores personas que he conocido en los últimos años son autores de blogs que se unieron al proyecto o que se relacionaron con él en aquellos años.

Sirva también todo esto como una reseña de un ejemplo de la historia del fenómeno de los blogs que, desde su punto de partida como un espacio en el que el autor anotaba las cosas que le gustaban de lo que iba encontrando en Internet, pasó pronto a significar un amplio panorama de posibilidades que se ha mantenido hasta hoy, incluso después del éxito de algunas redes sociales como Facebook o Twitter. Todavía tiene sentido escribir y mantener un blog personal, a pesar del esfuerzo que supone.

jueves, 7 de junio de 2012

El placer de la lectura colectiva y noticias de nuestra lecturas

Se puede leer para uno mismo. No importa el lugar ni el formato. Podemos leer para nosotros en el rincón más escondido de nuestra casa, en un jardín o en el metro. Podemos hacerlo con un libro en papel o en un soporte electrónico. Esta lectura íntima, que generalizó en occidente el desarrollo de la imprenta y la aparición de una clase social, la burguesía, que tenía el tiempo de ocio que construyó el hábito de la lectura, es necesaria: es la mejor forma de asimilar un texto, de hacerlo propio.

Pero también se puede leer en comunidad. Desde el inicio del texto escrito hay quien ha leído para otros que no sabían, no podían o no querían hacerlo. El texto leído así nos llega a través de la boca de otro, de la entonación de otro, de la expresión de otro, que puede ser un profesional o no de la lectura, pero que trasforma el texto para entregárnoslo. Curiosamente, esta forma, que era la más habitual hasta hace medio siglo, ha perdido fuerza e incluso muchos no logran adaptarse a ella con comodidad cuando alguien les lee. Hubo tiempos en los que se aprovechaban momentos en los que no se podía leer para que nos leyeran: en el trabajo, en el refectorio, en el oficio relgioso, un autor a la compañía a la que quería colocar su obra teatral, etc. Pero eran otros tiempos: para este tipo de lectura se necesita el tiempo y el sosiego necesario para reunirse en comunidad, cosa muy alejada de nuestro ritmo de vida actual.

Y hay otra forma de lectura colectiva que combina lo privado y lo público. Leer cada uno para sí el texto y luego comentarlo con un grupo, darlo vida entre varios y aprender unos de otros, porque cada texto se enrique con sus lectores. Desconfío siempre de aquellos que piden una única lectura para cada texto.

Desde el inicio del Club de lectura de La Acequia hemos construido una comunidad de lectores. Algunos siguen las lecturas de forma silenciosa, otros colaboran publicando sus comentarios o sus interpretaciones tanto aquí o en mi perfil de Facebook como en sus propios espacios.

Cerramos este curso del Club de lectura con mi agradecimiento a vuestra colaboración y participación en el proyecto. He aprendido mucho de vosotros y me gustaría seguir contando con vuestra ayuda a partir de septiembre.

Noticias de La Viuda valenciana


Paco Cuesta publicó una magnífica entrada subrayando las cuestiones esenciales de la adaptación televisiva de la obra de Lope. Imprescindible si queréis comprender las claves de cómo hacer bien este traspaso.

Algunas lecturas para el verano

A lo largo de las próximas semanas iré publicando, a sugerencia vuestra, algunos de los libros con los que llenaré mi verano. No os daré cuenta de los que pertenecen a mi profesión de forma específica, pero sí de aquellos que pueden ser de interés general.

Por ahora, os anuncio, porque sé que algunos necesitáis tiempo para locarlizar los títulos y otros queréis leerlos con calma antes, que el primer libro con el que comenzaremos el curso en septiembre será El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes. Ya os anunciaré el día en el que comenzaré a publicar mis comentarios.

Entre los libros que me acompañarán este verano se encuentran algunos con los que quiero comprender cómo se afrontaron momentos de crisis en otros tiempos. Comienzo con la relectura de la trilogía titulada La lucha por la vida de Pío Baroja, compuesta por tres novelas básicas de la literatura española: La busca, Mala hierba y Aurora roja. Completa la leí hace más de veinte años. Creo que ya toca volver a ella.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Acto de clausura del Club de lectura de la Universidad de Burgos

 (Fotografía de Miguel Martín Camarero)

Ayer tuvo lugar la última sesión de este año académico del Club de lectura de la Universidad de Burgos. Como saben los habituales lectores de La Acequia, este Club es el formato presencial del que comenzara en este espacio el 24 de abril de 2008, cuando lancé la idea de la primera lectura colectiva y virtual del Quijote que se realizara en el mundo utilizando las herramientas de la web 2.0 y a la que os sumasteis muchos de vosotros con una generosidad y entusiasmo que terminó por unirnos en una gran familia que ha seguido junta en muchos proyectos posteriores y, sobre todo, en una red de opinión y sentimientos que nos ha enriquecido a todos.

Tras el comentario de La viuda valenciana (que, en el formato virtual, cerraremos mañana jueves), se unieron las autoridades académicas y celebramos un entrañable acto de clausura en el que agradecí la compañía de todos los participantes en los malos y buenos momentos, su ánimo y participación activa en el proyecto y me comprometí a presentar en breve novedades en las que espero contar con todos.

El acto de lectura es una mezcla de soledad y compañía. En el fondo, aunque leamos en nuestra dependencia más retirada, leemos en comunidad: otros lo han hecho antes que nosotros y lo harán después. Compartir la experiencia de la lectura -como compartir la experiencia de ir al cine o ver teatro o asistir a un concierto- es una de las mejores formas de crecer intelectualmente y en emociones. Además, tengo la firme creencia de que mi profesión es mucho más que aquello que entra en mi contrato administrativo. Por eso, seguiré leyendo en compañía de todos y aquellos que se sumen a los proyectos futuros serán bienvenidos a esta hermandad de lectores que hemos formado desde aquella locura quijotesca.

viernes, 13 de abril de 2012

Balance de una semana de pruebas

En La Acequia, esta semana hemos estado de pruebas. Como sabéis los visitantes habituales, he probado el videoblog: con imágenes y recitado de textos; con editoriales en los que hablaba directamente sobre temas que me preocupan estos días. Os agradezco a todos el interés mostrado en estas pruebas, los matices y críticas que me habéis hecho llegar por varias vías (comentarios directos en las entradas, correos electrónicos, etc.). Una de las cosas más interesantes de la web 2.0 es la inmediatez en las reacciones. Aunque este blog lo escribo yo, desde el principio, como recordaréis los más antiguos lectores, se ha creado una comunidad en red que ha propiciado el intercambio sereno de ideas y que es una de las cosas que más me satisfacen de este proyecto. No creo equivocarme si digo que todos nos encontramos cómodos aquí. La Acequia nunca ha rehuido la intervención en cuestiones de actualidad y las polémicas y en el blog me he pronunciado ideológicamente sobre temas de actualidad, pero siempre se ha hecho desde la serenidad de la opinión que tiene en cuenta las ideas de los demás. Pienso que el diálogo nunca se hace con ruido. Y que ya hay demasiado ruido en el mundo que nos impide oírnos.

El salto al videoblog es algo que me rondaba la cabeza desde hace tiempo. Tiene varias dificultades: en primer lugar, en La Acequia ya hay una costumbre, una forma de encontrarse con las entradas y esto debe respetarse siempre; en segundo lugar, exige una ténica y una práctica que todavía estoy lejos de dominar (me habéis señalado, con acierto, la poca naturalidad lógica de quien inicia un camino o los defectos en el sonido). En el debate se ha suscitado una doble cara interesante del videoblog: por una parte, algunos apreciáis que con este formato llega mejor el mensaje y se conoce más de cerca al autor; por otra, la presencia de la imagen y la voz de quien opina parece dificultar la reacción de quien visita el blog, que se convierte más en un espectador que en un comentarista. Dicho de otro modo: el videoblog puede llegar a más gente pero puede reducir el número de las aportaciones de los visitantes a través de sus comentarios.

Es innegable que el videoblog es el producto que mejor resume e integra las características técnicas de este formato: tanto para la opinión y la información como para la creación. Sin embargo, todavía necesitamos la palabra escrita para meditarla con calma y espero que esto sea así durante mucho tiempo. De hecho, algunos habéis reclamado el texto de los poemas recitados o de las frases pronuciadas en el video.

Como sabéis, uno de los objetivos que me llevó a escribir La Acequia fue la experimentación con este formato y el estudio académico, desde dentro, de un fenómeno que por entonces comenzaba y hoy es una práctica habitual. Por eso, no dejaré de probar cosas nuevas y de agradeceros la sinceridad en la opinión.

La Acequia seguirá como hasta ahora, con el predominio de la palabra escrita y la imagen fotográfica. Pero también incorpora el videoblog -bien para proyectos de creación como los varios que he publicado ya en los meses pasados, bien para la opinión crítica sobre aspectos de actualidad-, aunque lo haré con cautela y procurando mejorar las cuestiones ténicas y la naturalidad en la expresión. Pienso que los tiempos que corren y los que vendrán van a ser muy duros para todos y que es hora de participar en las cuestiones de actualidad de todas las formas posibles. Sé que mi video-editorial sobre los globos sonda en materia de educación, a pesar de todas sus deficiencias formales, circula ya en Internet de una forma en la que no podría hacerlo una entrada normal de La Acequia.

Más que nunca, gracias a los que hacéis que cada día me siente ante el ordenador con nuevas ilusiones.

martes, 10 de abril de 2012

Algo de retórica. Sobre la declamación en el blog, con notas para una teoría general sobre esta herramienta de Internet

Estos días pasados colgué en el blog dos entradas con videos en los que recitaba sendos poemas. Ambos textos tienen más de veinte años y fueron publicados, en su día, en revistas literarias de corta vida pero intensa y de las que guardo gratos recuerdos. Pertenecían a un libro que, en su conjunto, es inédito, aunque se haya ido publicando fragmentariamente. Revisitados ahora para un empeño nuevo, realicé modificaciones sobre los antiguos poemas y los sumé a dos videos grabados para el Proyecto agua, cuya versión definitiva irá sin recitado.

Como muchas de las cosas que hago en La Acequia, han supuesto un ejercicio de estilo, de escritura y publicación: crear no es otra cosa que un ejercicio constante que jamás termina y allá quien piense que ha conseguido el poema perfecto puesto que cada texto publicado es solo una aproximación y un tanteo. Para mí ha sido muy importante la forma en la que han llegado estas entradas a los visitantes asiduos de este espacio y sus comentarios en las entradas. Porque nada como el blog permite a un autor conocer la reacción de quien le sigue y que recibe cada entrada en lugares, tiempos y situaciones diferentes y nada monocordes.

Quise unir varias de las cuestiones que puede aportar un blog y que, de una u otra manera, ya había experimentado con anterioridad. Era consciente del riesgo. No hace demasiado tiempo, alguien me dijo, cuando recité un fragmento del Quijote para una entrada de la lectura colectiva que hicimos aquí de esta obra, que le incomodaba: consideraba la voz como algo muy personal. No entendí, pero eso ahora no importa, si quien se veía afectado por esa ruptura del ámbito personal era quien recitaba o quien oía recitar, ambas cosas muy interesantes para ser meditadas. Yo no consideré que mi voz se expusiera porque era parte meditada de mi forma de publicar aquella entrada.

En el fondo, muchas personas no pueden considerar aun el blog más que como palabra escrita sumada a la imagen (cada uno da preferencia a una o a otra) y se sienten extrañados ante otras posibilidades, cuando es una herramienta eficaz para sumar todas las posibilidades artísticas. Esto suele suceder con aquellos que han experimentado la lectura como algo íntimo, reservado a ámbitos personales.

Una de las cosas más interesentes en la recepción del producto artístico en el siglo XX es comprobar cómo se ha dado la vuelta a la forma de recepción. A partir de la generalización de la alfabetización y de las posibilidades económicas de consumir cultura escrita, esta se ha visto reducida a los espacios privados (como tal lo es leer un libro en el metro o en una cafetería, aislándose de todo lo que a uno le rodea) y cada vez es menos pública. Una significativa inversión de la forma de consumir cultura que antes era predominantemente oral. De ahí que el recitado de un poema, cuando no responde a nuestra forma de lectura para uno mismo, nos produzca una extraña sensación. Incluso el teatro ha cambiado completamente: desde que, a finales del siglo XIX, se decidiera apagar las luces de la sala (en España fue la primera actriz María Guerrero quien introdujo esta costumbre porque consideraba que el público iba a verla a ella y no a los vecinos de palco): hay una ilusión de intimidad. De hecho, una de las formas de vanguardia más importantes del siglo XX y lo que va del actual, es romper esa ilusión y enfrentar al público del espectáculo con la realidad de que asiste a un espacio colectivo y nada íntimo. Esto mismo se encuentra detrás de movimientos comprometidos como el de los cantautores: sus canciones se convertían en himnos colectivos para ser cantados con la conciencia de grupo. Pero sobre esto deberemos volver otro día porque, de hecho, Internet ha roto también con la intimidad en la recepción artística: quien usa las herramientas de la web 2.0 se siente parte de un grupo y sabe que es recibido de forma inmediata por el autor. Por mucho que abra el ordenador de madrugada, en la soledad de su salón.

Como todas las formas de publicación, el blog tiene sus riesgos puesto que lo que importa no es tanto la producción de los textos como su recepción. De hecho, el desarrollo de las posibilidades de Internet ha facilitado -de una forma no conocida antes tanto por la sencillez de las herramientas como por la comodidad y diversidad de su uso- que podamos descargarnos a nuestros diferentes sistemas de reproducción videos, textos, programas de televisión o de radio, para verlos/escucharlos cuando queramos. Se producen, entonces, interesantes desajustes: nuestro programa favorito de la radio de madrugada, escuchado en el metro cuando vamos a trabajar, nos aburre mortalmente; la algarabía festiva del programa que no nos perdemos nunca a las cinco de la tarde, resulta incómodo escuchado en el horario nocturno de nuestro trabajo. El poema que nos pareció, en su recitado, que nos conmocionaba nos resulta, en una situación no adecuada, falso. O al revés: escuchado en la situación propicia, aquello que nos pareció pretencioso nos resulta apasionante. Sucede con algunas películas: vistas en su día nos resultaron exageradamente pretenciosas, vistas de nuevo en otro tiempo podemos comprenderlas. Todo ello de una forma más intensa que lo que ocurría con el libro impreso.

Internet, además, nos ofrece otra interesante situación que potencia y complica la recepción y que no puede escaparse a quien usa sus herramientas: dos personas pudieron recibir, al mismo tiempo, mis entradas últimas, pero una las leyó en América y otra en Europa, a dos horas diferentes de su día -aunque coincidan en el tiempo general-, en dos situaciones completamente diferentes, incluso en dos estaciones del año opuestas. Esto no se da -o se da con menos intensidad- cuando ambas personas están en la misma sala al mismo tiempo, especialmente si se encuentran en frente de quien recita, sobre todo si quien lo hace detecta la situación anímica de los presentes. El autor que escribe en Internet es menos dueño de su obra que en los formatos tradicionales y, por lo tanto, está más expuesto a una recepción múltiple.

Un buen recitado público debe hacerse adecuando al público el tono, el ritmo y el juego con las emociones. Un buen recitado público de poesía y una clase de secundaria o una presentación promocional para unos clientes: lo que tiene buen éxito un día no lo tendrá al siguiente o el mismo día con otro grupo. La representación teatral que en unos lugares funciona de forma eficaz para despertar la emoción trágica, en otros provoca la risa. Esto sucede, más aun, con el cambio de tiempo: aquella película que nos resultó lírica y profunda ahora nos parece cursi; los poemas de Bécquer que tanto nos gustaron en la adolescencia, llega un momento en que nos resultan insoportables y sentimentaloides; la ropa con la que tan a gusto estuvimos en los años ochenta ahora ni siquiera la colgaríamos en nuestro armario.

Esto es imposible, en términos generales, en Internet: nadie puede publicar algo controlando al público que tiene delante, a no ser que cierre el acceso a su espacio a unos pocos a quienes conozca lo suficiente. Ni siquiera aunque lo haga mediante multiconferencia. Se suma, además, que las herramientas de la web 2.0 aportan algo que no existía antes: la inmediata reacción del receptor, que puede comentar la publicación de forma directa ante la comunidad de los lectores y ante el autor. Muchos autores no están preparados para esto: prefieren ignorar a sus receptores y para ellos el papel supone un refugio, un dique emocional que no quieren o soportan traspasar, como si no escribieran para nadie más que para uno mismo o para aquellos que solo les aportan elogios. Como mucho, recibirá en unas semanas las críticas de los especialistas y en unos meses unas pocas palabras de aquellos que asistan a sus presentaciones y firmas de libros. Después, algunas cartas más o menos filtradas por el editor.

Esta es una de las novedades de esta herramienta: la conexión directa con quien recibe lo que uno publica. En el momento en que un blog no filtra los comentarios, está expuesto ante quien comenta, para bien o para mal. Muchos no están preparados para ello y terminan cerrando su espacio o la posibilidad de los comentarios, sobre todo aquellos que no piensan en que publicar en un blog, aunque el circuito de visitantes no sea muy amplio, supone apuntarse a la dinámica que siempre han tenido los escritores en los formatos tradicionales. Si escribimos un blog público nos ponemos en la misma situación que un autor o un periodista que firma su texto y no deberíamos ignorar esto nunca a la hora de iniciar la andadura puesto que antes o después recibiremos un ejemplo de lo que expongo y la lección puede ser dura emocionalmente para quien no esté preparado suficientemente para ella. Cuando alguien escribe novelas o libros de poesía, se convierte en un autor. No puede evitar ni controlar la recepción que sus obras tienen. Tampoco puede hacerlo con la imagen que los lectores crean del autor al que siguen de forma asidua. En la prensa, que es más inmediata que el libro, los columnistas fijos terminan creando un personaje, que es quien se ofrece ante los lectores y que no tiene por qué coincidir con el autor real aunque tenga puntos en común con él: cosa que muchos lectores no están preparados para asumir. Inevitablemente, quien escribe y quien visita un blog de forma diaria durante años, incurren en lo mismo de forma más o menos consciente pero sus receptores tienen unas posibilidades de interacción que no tenían los de los formatos tradicionales. Y sus circunstancias de recepción son tan diversas como las de estos formatos pero condensadas en pocas horas o, incluso, minutos. Por eso, habrá que trabajar nuevas formas retóricas de acercamiento a esta recepción. Siempre que no resulten descafeinadas para gustar a todos en todas las circunstancias posibles. Eso sería renunciar al riesgo que supone toda obra artística o toda exposición pública de una opinión.

domingo, 25 de marzo de 2012

El coste personal de tener un blog. Consejos para un bloguero que comienza


Desde que abrí este espacio, en octubre de 2006, he visto cerrar muchos blogs con los que había establecido una red social. Algunos fueron tan importantes en los inicios de La Acequia que los echo de menos casi a diario. En compensación, otros muchos han aparecido nuevos. Algunos de los autores que han cerrado sus blogs han dado las razones, otros no: se han limitado a cerrarlos. En ocasiones, ni siquiera hay despedida y uno puede visitar, con cierta añoranza, la última entrada publicada preguntándose qué habrá pasado con aquella persona con la que se había establecido una corriente de intercambio de ideas, emociones y propuestas y a la que, en ocasiones, se había llegado a conocer en algunos de los frecuentes encuentros que se organizan. Es frecuente, también, que quien cierra un blog lo reabra pasado un tiempo o cree otro, cediendo a la misma necesidad que le llevó a publicar la primera entrada (necesidad de comunicarse, de expresar emociones, de publicar textos o fotografías que de otra manera no podría dar a conocer, etc.) y retome los viejos contactos o establezca otros nuevos más acordes al nuevo giro que ha dado a su espacio virtual.

Publicar un blog tiene un coste personal para muchos autores. Este coste es asumible cuando las ventajas son superiores. A veces el coste personal es solo de tiempo: se necesita tiempo para escribir, publicar, aprender y mejorar, también para difundir el propio blog y ampliar la red de contactos. Pero ese tiempo se puede sustraer, sin más, de muchas actividades diarias que no nos resultan tan placenteras. Hay un momento en el que el tiempo que se dedica a un blog en crecimiento es mucho, por lo tanto, mantenerlo abierto debe traer una rentabilidad determinada: bien con beneficios económicos por la publicidad que se aloja en él, bien personales porque satisface la necesidad de difundir las ideas, de contactos personales o de divulgar la propia obra de creación. A veces el rendimiento procede de razones laborales: un blog puede posicionarte en un sector profesional y, aunque no te de dinero directamente, te permite convertirte en una referencia en ese sector y, a medio plazo, eso tiene un beneficio. En otras se convierte en la mejor forma de darte a conocer al público que te interesa.

Pero hay blogs que suponen un desgaste personal. Cuando uno publica un blog -o escribe poesía, o tiene una afición que su entorno no comprende como coleccionar saltamontes para lo que debe salir al campo todos los fines de semana- se expone a las miradas ajenas. Antes o después, todos los que escribirmos un blog y, además, lo hacemos con nuestro nombre y apellidos pasamos una etapa en la que nos damos cuenta de que en nuestro entorno comienzan a darse comentarios que revelan que no gusta nuestra dedicación al blog. Generalmente, al inicio de la andadura hay que soportar bromas. Luego nos damos cuenta de que hay personas que nos conocen y que se cruzan con nosotros a diario, cuando no conviven con nosotros, que leen nuestros escritos como si fueran un diario íntimo al que acceder para el cotilleo o para comprender las razones de algo que ha sucedido durante el día. Ese es el momento en el que muchos cierran su blog: no pueden asumir el coste personal que supone la mirada irónica o la crítica. O que se utilice en contra de uno lo que se ha escrito en el blog con otras intenciones. Es frecuente, en las discusiones, que algunos tengan que oír cómo se achaca al blog -al hecho de mantener un blog- la culpa de las desaveniencias o de la falta de concentración en el trabajo o del calentamiento climático.

Cada uno tiene sus razones para cerrar un espacio o para continuar publicándolo, todas válidas. Siempre que alguien me pregunta, cuando llega el momento de la duda, digo lo mismo: haz balance de lo que te aporta y del coste personal que supone. La cuenta final indicará si tienes que cerrar el blog, mantenerlo, cambiarlo de temática o publicar más o menos entradas semanales y visitar más o menos blogs amigos. Pero en el balance recomiendo poner siempre un componente: la autonomía personal. No dejes nunca que otros decidan por ti, no cedas sin más al chantaje emocional o a la crítica fácil o a la envidia o al temor que provocan los comentarios de los demás sobre tu blog. Si lo haces, lo lamentarás siempre y, antes o después, pasarás esa factura a quien te forzó a dejarlo. Y si lo haces por presiones ajenas, antes o después echarás de menos el blog, como aquel que pintaba o escribía o hacía senderismo de joven y veinte años después se da cuenta de que tiene una asignatura pendiente con su pasado.

Hace mucho que hice mi propio balance y por eso La Acequia sigue publicándose: es algo mío y no permito que otros decidan sobre este espacio (excepto Blogger cuando se enfurruña). Superadas aquellas primeras etapas de incertidumbre, sé que el peso de las casi mil setecientas entradas publicadas aquí me ha terminado dando la razón. Eso sí, como todos los proyectos, La Acequia, algún día, tendrá su final. Pero lo decidiré yo. Si no me muero antes, claro.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Abercrombie & Fitch o cómo ha cambiado todo.

La apertura en Madrid de una de las tiendas de la cadena norteamericana Abercrombie & Fitch ha desencadenado la esperada polémica -fomentada por la empresa por razones publicitarias- sobre la poca ropa de los dependientes que atienden a los compradores, pero también una queja de los periodistas especializados de los grandes medios de comunicación puesto que no se les ha dejado acceder de forma prioritaria al local. Su queja aumenta cuando critican que sí se haya permitido la entrada previa a los autores de blogs más importantes sobre moda en España. Todavía recuerdo -no fue hace tanto tiempo- cuando la situación era la inversa: en ningún acto -cultural, político, social- se permitía la entrada a los autores de blogs, por muy importantes que fueran y los organizadores buscaban, con ridícula ansiedad, la presencia de los fotógrafos y las cámaras de los medios de comunicación tradicionales: nada mejor que el acto fuera recogido el domingo por el periódico local. Han cambiado tanto los tiempos que aquellos editores de periódicos que negaban cualquier interés a la red ahora se afanan en corregir su ceguera de estos años. Algunos, me temo, llegan demasiado tarde puesto que su espacio en Internet ha sido ya ocupado. De que los dependientes sean modelos con poca ropa hablaremos otro día, que este no es un espacio financiado por esta empresa de ropa.

miércoles, 6 de julio de 2011

El paseante hace inflexión sobre sí mismo

Una amiga me sugiere que publique hoy el siguiente texto: "El paseante hace una inflexión sobre sí mismo porque necesita analizar las huellas de los pasos recorridos hasta el momento. Gracias a todos". No le falta la razón en el sabio consejo.

Mientras me lo pienso, como todos los veranos, el ritmo de publicación de La Acequia cambia. Durante el mes de julio se reduce el número de entradas semanales. En agosto solo se publicarán las correspodientes a la lectura de Bécquer, los jueves. A la vuelta del verano, La Acequia tampoco será la misma.

miércoles, 29 de junio de 2011

Entrada número 1500


Esta es la entrada número 1500 publicada en La Acequia. Desde octubre del 2006 hasta hoy este espacio ha ido creciendo, en especial, gracias a sus lectores y comentaristas. Os doy las gracias a todos y espero que sigamos juntos durante mucho tiempo.