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miércoles, 15 de marzo de 2017

De Aranda de Duero a Sevilla pasando por el Pisuerga


Salgo de viaje. Mañana jueves día 16 de marzo me encontraré en la librería Bayo de Aranda de Duero (Burgos) a las 20 hs. junto a Ape Rotoma. Ape ha nacido y vive en Aranda. Es autor de dos libros que tienen su merecida posición en la poesía española de carácter urbano que afronta la vida y la experiencia artística desde la realidad más cotidiana. Acaba de reeditarse su primer poemario, 149 PCE y Mensajes de texto y otros mensajes es un libro que va teniendo aire de clásico dentro de esa línea poética. A Ape Rotoma lo conocí personalmente en Olmillos de Sasamón hace un par de años, en las jornadas poéticas que allí se celebran todos los veranos y en la que los asistentes somos tratados con tanto cariño que repetimos siempre que nos es posible, y nos volvemos a ver ahora. Es evidente que la poética de ambos es diferente pero por eso me resulta más interesante este encuentro porque la poesía debe buscar el diálogo y ofrecer un ábanico múltiple de posibilidades. No soy de los que encierran lo poético en una voz única y en normas. Como dice el cartel que anuncia el acto, Poesía entre amigos. El tercer amigo es Tinín Bayo, el librero, lo que ya define a este hombre inquieto, impulsor de la cultura en Aranda y tantas otras cosas. El acto termina con la posibilidad de recitar por quien desee hacerlo.

En la librería Bayo presenté el 29 de junio de 2013 Esguevas, en compañía de mi querido amigo y autor de las fotografías de ese libro, Javier García Riobó, y ante un público atento que llenó el local. El trato de Tinín Bayo fue tan cariñoso que siempre he querido volver por allí, pero no pude hacerlo ni con Echo al fuego los restos del naufragio ni con piel, que llevo ahora. Ser librero -librero de verdad- en una localidad pequeña se asemeja mucho a ser una institución que debe protegerse y alentarse. En tiempos de grandes superficies y librerías virtuales entrar en uno de estos espacios culturales en una localidad del tamaño de Aranda es encontrar el sosiego suficiente para detener durante unos minutos la velocidad de la vida.

Después de Aranda bajaré a Salamanca y a Béjar, para encontrarme con amigos y con la sierra. Allí daré un abrazo muy fuerte a Luis Felipe Comendador, que está mimoso. No sé si me dejará ver las pruebas de imprenta de la antología de su poesía que se publicará en las próximas semanas y que era tan necesaria como justa. De todas las formas, hablaremos de poesía y del mundo, no importa el orden.

Y la próxima semana en Valladolid en el magnífico ciclo organizado por Javier Dámaso sobre Poesía en Vallladolid. Presento y modero la mesa de las 19:30 del miércoles 22, con Belén Artuñedo, Angélica Tanarro y Mario Pérez Antolín.


No terminan ahí mis quilómetros de estos días. El miércoles 23 estaré en la presentación oficial de los actos que conmemoran en Sevilla el bicentenario del nacimiento de José Zorrilla a través del convenio firmado entre la Casa Zorrilla del Ayuntamiento de Valladolid y el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, del que soy coordinador académico.

Os pido disculpas si no tengo el suficiente sosiego para actualizar el blog durante estos días.

martes, 11 de enero de 2011

La voz poética y las víctimas. Orden de alejamiento, de Belén Artuñedo


Hay una forma de intimismo en la poesía que nos lleva inevitablemente hacia los otros: quizá es la forma más descarnada y veraz de ser poeta, la de convertir la palabra propia en interrogación solidaria sobre la situación de aquellos que están junto a nosotros y cuya condición de víctimas de diferentes situaciones no podemos ignorar a no ser que pasemos por la vida sin conciencia, alejados de todo más allá de la hipocresía de la limosna.

El extraordinario poemario Orden de alejamiento, de Belén Artuñedo (Béjar, lf ediciones, 2009) pertenece a este tipo de poesía que se aleja del retoricismo ideológico o la palabra hueca que intenta dar lecciones de solidaridad. No ve a los otros -ni a los lectores- desde una posición superior, sino que indaga desde dentro hasta el punto de que la palabra, el poema, el libro, sirven como forma de comprender tanto las emociones de la voz poética como la de aquellos que sufren la violencia, el exilio, la destrucción de la identidad por la historia. Estos poemas pesan tanto como cuando se siente en las propias entrañas el dolor ajeno. Artuñedo no nos muestra el resultado poético hasta el último poema: todo lo otro es el proceso de identificación, de empatía, de conocimiento. Antes que una racionalización ideológica, la autora nos muestra la solidaridad de las emociones: es la voz poética la que siente todas las formas de violencia, incluida la del silencio de la historia. Sólo así tiene sentido la página escrita, como muestra Insania, último poema que sirve como Epílogo del volumen y clave poética:

Más allá de la página ya no hay nada que ver.
Llama si quieres,
intenta que te dejen entrar
pero en tanto dolor ya no hay lugar
para miradas invitadas.
(...)
Es esta página nuestro asentamiento
al filo del arraigo y del desgarro.
(...)
De este lado la celda es confortable,
el muro hospitalario, la trampa imperceptible.
Al otro lado se encuentran los errantes

Esta profundización poética en el dolor del otro para comprenderlo y compartirlo, en su condición de víctima de múltiples forma de violencia, no puede dejarnos indiferentes y más allá de conmovernos nos daña inevitablemente por dentro si es auténtica:

Ni tu página ni la mía pueden pasar
y responder

indemnes

con voz de alma

a tanto ruido:

Dónde has nacido

Adónde vas

Por qué te marchas

El poemario se estructura en cuatro secciones: Orden de alejamiento (sobre la violencia ejercida en el ámbito doméstico e íntimo con el silencio de todos, la aceptación tácita por las estructuras tradicionales  -hay toda una reflexión sobre el hogar- y las emociones desatadas en la víctima que comprende que sólo la instrospección en sí misma puede sacarla de su situación), Éxodos (sobre la violencia histórica o económica ejercida sobre los otros a los que se les desarraiga hasta convertirlos en masas en movimiento constante), Desapariciones (una introspección biográfica de la voz poética sobre la propia ausencia y la de los otros) y el menmcionado Epílogo.

El volumen se completa con las ilustraciones de Casilda García Archilla, un trabajo tan minucioso y acertado que consigue subrayar la intidimidad y la solidaridad del texto.