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jueves, 31 de enero de 2013

No basta con los buenos propósitos y noticias de nuestras lecturas


El inicio de Mala hierba, la continuación de La Busca, deja claro que no basta con tener buen fondo, acumular experiencias o sentir la inclinación hacia el cambio de vida. Manuel nos aparece como en la primera entrega: sin la voluntad ni energía suficiente para cambiar. En la primera conversación con Roberto, al que reencuentra y se convierte en su protector, queda claro que Manuel no sabe cómo mejorar su vida y que confía en quienes se encuentra para ello. En definitiva, es una persona sin voluntad, clave temática de esta obra y una de las reflexiones filosóficas más importantes de aquellos tiempos. En un monólogo interior, breve, pero significativo, Manuel reflexiona sobre esto mismo ante la insistencia de Roberto: "Es como si me dijesen que tuviera un palmo más de estatura". Esta conciencia de su propio problema no le lleva a poner las bases para salir de él sino a constatar su propia impotencia y coger rabia a su protector por no facilitarle directamente el trabajo que busca.

La fortuna y una especie de simpatía que despierta en aquellos con los que se va topando, le deparan que ahora su situación mejore. Gracias a la intervención de Roberto se instala en un peldaño más alto de la sociedad y puede escapar del mundo de los golfos al que parecía destinado: ya no está en los márgenes de la sociedad. Pero Baroja ha sabido despertar inquietud en el lector, que ya aprecia a este muchacho como si debiera protegerlo él mismo: corre el riesgo, en cualquier momento, de caer de nuevo en su anterior vida puesto que no es él quien domina sus pasos y se deja llevar por unos y otros.

El que haya ascendido un peldaño en la escala social y que las calles que frecuenta ahora no sean las mismas de la primera novela, no significa que Manuel que se libre de incurrir en delitos. Lo que sucede es que ahora son de guante blanco. La sociedad madrileña que frecuenta ahora sigue evidenciando los mismos males que los barrios obreros y marginales anteriores: suciedad, fealdad y falsedad, sobre todo. Manuel va de uno en otro amo, desempeñando trabajos o participando en estafas. En todo ello se acomoda y aprende pronto, pero nada le impulsa a tomar decididamente uno u otro camino en su vida, el suyo propio.


Noticias de nuestras lecturas

Merche Pallarés vuelve al blog para contarnos su visita a la casona de los Baroja, en Vera del Bidasoa.

Gelu selecciona los pasajes que más le han interesado de La Busca y, a la vez, da cuenta de la música que se cita en la novela.

Pancho recorre -con excelentes ilustraciones-  la vida de Manuel desde la muerte de su madre hasta que es recogido por el Sr. Custodio, quizá la etapa más brutal de su vida. Pasa después a comentar la vida de Manuel en casa del trapero, con clave narratológica incluida.

Luz del Olmo recrea su Madrid y busca en él el retratado por Baroja en La Busca. Una excelente entrada. Antes había publicado otra imprescindible: cómo Ramón Gómez de la Serna retrata a Baroja y nos facilita la entrada a su obra.

Paco Cuesta vuelve con fuerza: amplía la mirada a la trilogía, desde la mala transición hacia el mundo urbano... Después, presta atención al retrato de la vida bohemia con la que comienza Mala hierba.

Mª Ángeles Merino nos cuenta cómo la aparición de la hija del trapero conmociona y cambia la vida de Manuel, que no sabe reconocerse lo que le pasa y tomar cartas en ello, por mucho que el lector lo tenga claro...


jueves, 24 de enero de 2013

Buscar la solución dentro de uno y noticias de nuestras lecturas.


En La Busca existe el vértigo de la vida de los miserables, de aquellos que parecen estar condenados por nacimiento a vagar en los márgenes de una sociedad a la que dificilmente podrán acceder. Ni siquiera el trabajo honesto se ofrece como verdadera posibilidad para ellos: son el elemento frágil del que se puede prescindir a la primera ocasión sean o no culpables de aquello de lo que se les acusa, hayan cometido una sola falta del tipo que sea, puede que ni siquiera se adapten a un trabajo sin horizonte alguno en el que se les somete a unas condiciones que les impide tener una verdadera vida digna. Nos retrata una capa de la sociedad que no suele llevarse a la literatura pero que existe, que ha existido siempre aunque muchas veces se cierre los ojos ante ella. Baroja decide adentrarse sin moralinas en esos barrios, en las casas y tabernas que frecuentan y retratarnos su complejidad, su forma de organizarse al margen de la legalidad oficial. No piensa Baroja, ante esa realidad, que la solución venga de las instituciones ni de la caridad ni de la mano de organizaciones políticas. El único motor que puede arrancar a alguien de ese tipo de vida es conservar dentro un hueco de voluntad, una especie de conciencia que haga desagradable ciertos comportamientos.

Manuel ha llegado al final de La Busca sin haber podido gobernar su vida. Es un muchacho cuando llega a Madrid y mientras su madre vivía podía estar bajo su protección, pero tras su muerte se ve empujado a una vida llena de penurias. Pero siempre se siente diferente, hay un margen de desconfianza, una especie de institinto de supervivencia cultural que lo empuja hacia afuera, aunque todo parece condenarle a no conseguir escapar. La estancia en casa del trapero, el sr. Custodio, le permite comprender que aun en la basura hay posibilidades de regeneración. Por eso, cuando ya no puede volver a la trapería y regresa a la calle, entre los golfos, conservamos una cierta esperanza de que pueda escapar de esa vida y alcanzar una integración en la sociedad que le permita una vida menos incierta.

Sabe terminar esta novela Baroja de la misma manera que ha conducido la narración, sin demorarse en detalles y pidiendo la colaboración del lector: tenemos la esperanza de que así sea, pero no la certidumbre. Para ello deberebemos leer la segunda parte de esta trilogía.

Noticias de nuestras lecturas


Pancho, en su última entrada, nos ilustra sobre la incertidumbre de la vida laboral y de la vida misma de estos personajes sumidos en la miseria. No echéis en saco roto sus reflexiones sobre el estilo de Baroja. Como debo hacer justicia, me olvidé de reseñar su quinta entrega sobre La Busca: en ella podréis ver cómo Baroja inserta temas en la unidad central, con una naturalidad que asombra.

Mª Ángeles Merino escribe una magnífica entrada sobre cómo llega Manuel a trabajar para el trapero. No os perdáis ni las ilustraciones ni la intención.

Esta es la última entrada sobre La Busca. Pasamos a leer y comentar, a partir de la próxima semana, la segunda novela de la trilogía La lucha por la vida, Mala hierba (1904).

viernes, 18 de enero de 2013

El substrato de la trapería y noticias de nuestras lecturas



Un trapero, el señor Custodio, rescata a Manuel de la miseria en la que se había convertido su vida tras la muerte de su madre. Cuando parecía que el muchacho estaba condenado a terminar como tantos otros con los que se relaciona, el trapero, con unas pocas palabras, le cambia el destino: "ven conmigo. Yo necesito un chico... Te daré de comer". Manuel lo sigue. En parte porque no tiene nada que perder y tiene hambre y frío, pero fundamentalemente porque dentro de él todavía hay algo que le dice que no puede seguir así, una especie de motor vital que le sostiene con una pequeña esperanza y que le diferencia de sus compañeros de aventuras, pero un motor que podía apagarse en cualquier momento. Cuando parece su destino irremediable, Baroja le pone en el camino al señor Custodio. Y es todo un símbolo: el trapero se dedica a recoger la basura de la ciudad, los desperdicios de una sociedad a los que da nueva vida. De lo que la ciudad se desprende nacerá de nuevo la vida.

La casa en la que vive el señor Custodio, la trapería, es un símbolo de este giro narrativo: significa esa nueva esperanza para Manuel. En el patio se acumula todo lo que el trapero ha ido recogiendo por las calles de Madrid. Tras clasificar la basura, queda en el suelo del patio de la trapería una especie de substrato en el que se pueden encontrar los más variados objetos. El señor Custodio sabe aprovechar todo aquello.

Cuando Manuel, inevitablemente -puesto que su camino vital aun no se ha cerrado y todavía es lo suficientemente ingenuo como para caer en una ilusión que le lleva a un nuevo peregrinaje- tenga que volver a la calle, ya ha aprendido algo nuevo de la vida del trapero: hasta en la más humilde basura existe el germen de una nueva vida, siempre y cuando se tome la rienda de las propias decisiones. Ese cambio se concreta en una acción violenta: Manuel aun no sabe encauzar esa nueva energía, pero ya no es un muchacho pasivo arrastrado por la vida.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino viaja hacia el centro mismo del Barrio de las Injurias y otros lugares retratados por Baroja en La Busca. Entrada impresncindible por su calidad y su documentación.

Pancho, al abordar los pasajes dedicados al circo y el asesinato que se comete -y del que no es testigo el protagonista, como bien subraya-, analiza a la perfección la técnica narrativa barojiana.

Gelu nos regala una acertada entrada en la que se detiene en la música citada por Baroja en la novela. Un buen punto de vista.

El próximo jueves terminaremos con el comentario de La Busca para comenzar con la segunda novela de la trilogía.

jueves, 10 de enero de 2013

Vagabundeo y voluntad y noticias de nuestras lecturas.


Manuel vagabundea por Madrid: no dura mucho en los varios trabajos que ejerce. Incluso pasa una temporada durmiendo en la calle y malcomiendo y llega a participar de un ambiente propio de delincuentes. Junto a él hay otros personajes atrapados en esa vida, con sus propios códigos de conducta y de justicia, diferentes -a veces parodia- a los de la sociedad convencional. Tras la muerte de su madre vive en la calle con todas las consecuencias y esos párrafos nos lo muestran participando de grupos de muchachos harapientos que se mueven por Madrid sin destino fijo, buscando un poco de comida, pasar el rato o refugio para la noche o la vida. El lector llega a tener la sensación de que son como una bandada de pájaros. Era una realidad social que estaba a la vista de cualquiera pero que no solía llevarse a la literatura ni al arte en general: Baroja presta atención a este fenómeno como pocos escritores en España. Tiene raíces propias en el realismo francés y, especialmente, en el Naturalismo. Pero su tratamiento es modernista: tanto por el trazo con el que lo pinta como por su simbología. De allí solo se puede salir, como insiste Roberto, con una voluntad, con un objetivo constante. Aquellos que no lo tienen están condenados a tener la vida de miseria tan crúdamente retratada en La Busca. Manuel, el protagonista, no deja de ser un muchacho al que la vida le ha ido empujando. Hasta ahora no ha manifestado tener la voluntad necesaria para salir de la vida que lleva, en alguna ocasión parece ser todo lo contrario, alguien fácilmente manejable. Pero algunos rasgos nos muestran que tiene el suficiente potencial dentro. Solo necesita algo que le ayude a reafirmarse en ese potencial. Esto es lo que atrapa al lector en las páginas finales de la novela: el deseo de que Manuel halle la forma de salvarse, de dar el paso adecuado en la encrucijada en la que se encuentra.

Noticias de nuestras lecturas

Si alguien quiere comprender la grandeza del estilo de Baroja, que lea el soberbio comentario de Pancho sobre la descripción en La Busca de la Corrala del Tío Rilo.

Luz del Olmo nos sugiere -en un texto bien cargado de literatura- una perspectiva de análisis al ofrecernos la imagen plástica de los cuadros de Ricardo Baroja como cotejo del texto de La Busca.

Dos cosas de gran interés nos propone Mª Ángeles Merino en su última entrada: por una parte, la rapidez del relato de Baroja; por otra, el debate sobre su misoginia. No os perdáis esta entrada.

sábado, 5 de enero de 2013

Los lugares y las gentes y noticias de nuestras lecturas


Como uno propone y Dios dispone, ayer no cumplí mi palabra de publicar esta entrada y me redimo hoy. Algo de pereza, algo de melancolía y unas gotas de meditación me apartaron ayer de mi tarea. Sé que sabréis disculparme.

Baroja es un constructor de ambientes y personajes. Lo hace con pocos elementos, muchas descripciones son apenas unas frases pero el ambiente queda retenido en la mente del lector porque lo hace de forma muy visual. A diferencia de las largas descripciones de las novelas realistas, Baroja usa los recursos exactos para que el lector haga el resto del trabajo con su propia experiencia. Es, sin duda, otro tipo de técnica literaria que el de la novela anterior. Algunos han sugerido la influencia del cine. Algo puede haber de eso, pero también el de los pintores de la época, al estilo de José Gutiérrez Solana. Ya no se describe minuciosamente un lugar sino que se le sugiere con los elementos justos. Lo mismo sucede con los personajes, a los que nos encontramos tras una brevísima presentación más en su diálogo y acciones -a veces mínimos gestos.

Hay algo en La busca que debemos indicar: la adecuación de ambientes y personajes es tratada como símbolo vital. Esos personajes se han ajustado a los espacios que habitan y parecería imposible encontrarlos en otros. Vivir en la pensión en la que arranca la acción termina por imprimir un carácter, así como frecuentar las tabernas en las que trascurren algunos capítulos.

Cuando no sucede algo así, el autor busca algo, proponer una distorsión al lector. Las damas de la alta sociedad que acuden a la Doctrina generan en ese espacio un paréntesis hipócrita: por parte de quienes van allí a por la recompensa material pero también por parte de ellas mismas, que cierran los ojos ante lo que sucede en realidad. Lo mismo ocurre cuando Roberto frecuenta los bajos fondos: no pertenece a ellos, pero en ellos busca algo, hasta con cierta desesperación misteriosa. O su extraña prima, que también tiene su propia búsqueda misteriosa en esos lugares que le son tan impropios. Y aquí una de las claves de la lectura: ¿es posible escapar del lugar al que uno pertenece?

Noticias de nuestras lecturas

Gelu, que nos trae un relato breve barojiano, nos recuerda, con oportunidad, algunas películas realizadas sobre novelas de Baroja, tan abandonado hoy por el cine español.

Mª Ángeles Merino primero se pone a la tarea de describir el ambiente de la pensión con la que arranca la obra y en el medio de esa tarea se detiene en reflexión clave para comprender la intención del estilo de Baroja. Mª Ángeles, que hasta en su felicitación del Año Nuevo nos trae a don Pío, nos lleva de la mano a pasear barojianamente por los cerros de Úbeda. Todo un acierto.

Pancho desentraña, con sutil inteligencia, la técnica narrativa barojiana, en especial en lo que hace a la presentación de los personajes. No os lo perdáis.

Ele Bergón supera todos las circunstancias adversas y nos regala una imagen de don Pío situada en un lugar bien conocido para todos los amantes de Madrid.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Un autor narrador que se oculta y noticias de nuestras lecturas


El recurso técnico más importante de cualquier narración es siempre la figura del narrador. No solo quién nos cuenta la historia sino cómo se relaciona con nosotros, los lectores. Y esta es una de las diferencias notables entre La busca tal y como se publicó en el folletín de El Globo y la versión en libro definitiva. Aquellos que hayáis manejado un texto en su versión definitiva en una edición no crítica no habréis leido la Introducción con la que arrancaba en el folletín y que luego suprimió Baroja para el libro. En ella se nos presenta un personaje, hijo de Silvestre Paradox, como autor de la novela. Su intención es, de forma burlesca, desvelar el verdadero origen de su familia por ciertas desavenencias con su tío, exministro (No hubiera impreso quizá estos apuntes si mi tío el ex ministro no me hubiese jugado una mala pasada, despidiéndome de su casa con el pretexto de que yo hacía el amor a su hija): destruir, desde dentro, la pretendida gloria familiar mostrando el origen humilde y todo el proceso de su ascenso.

Esta introducción es una verdadera joya metaliteraria que cuenta el proceso de escritura y su finalidad y gira entorno a varias claves: además de confesar su intención vengativa, quien se presenta como autor dice no saber escribir bien, hacerlo por no servir para otra cosa y estructurar la obra como proceso de retrato del ascenso social familiar que acompaña con cuadros vivos de la capital de España: En Madrid comenzaré por los golfos, y seguiré hacia arriba, pasando por el obrero, el comerciante pequeño, el comerciante grande, el trepador, hasta llegar al aristócrata. Es decir, actualizar la narrativa galdosiana enfocándola en la realidad contemporánea.

Entre los estudiosos hay quienes no consideran esta pieza introductoria como necesaria para comprender la novela y alaban el acierto de Baroja al suprimirla en su versión como libro. Evidentemente, la idea del autor al repensar la obra para imprimirla como libro había cambiado con respecto a su origen. No tanto la ideología del texto como su construcción literaria. Visto desde este punto de vista, la obra, al prescindir de esta Introducción en la que este fingido autor se presenta, cambia: ya no es un personaje quien nos cuenta la historia, un personaje con una intención personal de venganza, sino un autor que retrata una sociedad con más altas miras. El foco ha crecido y gana con ello. Pero en la Introducción suprimida hay una clave de lectura que conviene tener en cuenta: este proceso de ascenso que se refleja en la novela y su localización en Madrid es una lectura durísima de la España del momento, que crujía entre modernidad y miseria y en la que aun regían muchas de las normas de la picaresca y que no tendría remedio mientras no cambiara:

Un país de saldo, sí. España me da la impresión de un país que compra sus instituciones y su civilización en una prendería. España está a nuestra altura, compra ideas viejas como nosotros compramos capas usadas en casas de préstamos.

No se altere el lector: la fecha de este texto es 1903... 



Noticias de nuestras lecturas



Pancho comenta el inicio de la novela con tantos aciertos que es mejor ir a su entrada: acertado análisis de la forma de entender la posada tan llena de gente diversa que está siempre a la puerta o la ventana, unos encima de otros.

jueves, 20 de diciembre de 2012

La lucha por la vida de Pío Baroja, folletín y novela, con noticias de nuestras lecturas


La trilogía de Pío Baroja La lucha por la vida, tal y como la podemos leer hoy, se publicó en 1904 y se compone de La busca, Mala hierba y Aurora roja. Sin embargo, las novelas no fueron concebidas así. Tal y como era frecuente desde el siglo XIX, Pío Baroja entregó su manuscrito para que fuera impreso como folletín en El Globo, diario ilustrado fundado por Emilio Castelar que se publicó en Madrid desde 1875 hasta 1932. 


Baroja, en aquel momento, se encargaba de toda la parte literaria del periódico que, por entonces, defendía una ideología liberal democrática y contaba con un número de lectores amplios que buscaban en él no solo una ideología afín sino un periódico muy desarrollado técnicamente.


Lo entregado por Baroja a la imprenta de El Globo comprendía tan solo los dos primeros títulos de la futura trilogía. El tercero surgió de la misma necesidad de la escritura y de completar la narración.

Se publicó la primera entrega el martes 4 de marzo de 1903 y se anunciaba, en la primera página del periódico, de la siguiente manera: 

Conforme hemos ofrecido a los lectores, hoy comenzamos a publicar en forma de folletón y en la tercera plana, la novela inédita del ilustre escritor Pío Baroja intitulada La busca, en la que el autor, sin prejuicios morales, sociológicos ni literarios, con absoluta independencia, pinta la terrible vida de los miserables y los tristes.
La busca es la obra más importante de Baroja; es un libro ameno, sugestivo, escrito serenamente, en el cual las descripciones trágicas se mezclan a los rasgos de humorismo.
Estamos seguros de que nuestros lectores seguirán con creciente interés el desarrollo de La busca, que es un interesantísimo estudio novelesco, una verdadera novela picaresca; un libro de honda y amarga psicología, donde sangra el corazón torturado de los humildes, de los vencidos, de los que luchan por la existencia desde el arroyo.

El texto, posiblemente inspirado -o incluso redactado- por el mismo Baroja, nos pone tras algunas de las pistas de cómo fue concebida y de cómo pretendía ser recibida la novela, tanto en su ideología (prestar atención al mundo de los humildes) como en su raíz literaria (la mezcla de lo trágico con el humor y la alusión a la novela picaresca como género). La voluntaria adscripción a la tradición picaresca, tan aludida desde entonces por los críticos, es toda una declaración de intenciones: no habrá un argumento al uso sino una suma de cuadros cuya vertebración viene dada por la vida del protagonista que intenta salir de su condición miserable.

Este origen folletinesco (del que muchos lectores actuales no son conscientes) deja su impronta, en especial en las dos primeras novelas: la extensión de los capítulos, la forma de escribir pensando siempre en la recepción directa del espectador y en la construcción de unidades -las entregas diarias- que capten rápidamente la atención del lector, la construcción de un narrador pintoresco y con retranca -recurso adelgazado luego en el formato definitivo al suprimir el prólogo que lo presentaba-, etc.


Noticias de nuestras lecturas

P. Merino (Pamisola), nos introduce en su lectura del Quijote, en la que se introdujo la realidad brutal de los acontecimientos externos. No os perdáis este recuerdo ni el cuento que motivó.

De la mano de un grillo -sus añorados secundarios- nos introduce Mª de los Ángeles Merino en La Busca, cuyos ambientes hace bien en calificar de sórdidos. De la misma Mª Ángeles se me pasó reseñar aquí una acertada aportación suya al placer de la lectura: la que se hace con y para los alumnos, en defensa, además, de la escuela pública. Recomendable.

Pancho, acertadamente, contextualiza la obra en un momento en el que los avances científicos y técnicos y los nuevos aires de modernidad convivían con ese mundo de miseria que tan bien retrata Baroja en la novela. No os perdáis, tampoco, su aportación en cuanto al estilo de la obra.

Gelu comienza con la novela y, como siempre, nos facilita enlaces de todo tipo que nos ayuda a comprender su lectura.

He tenido unos días llenos de trabajo. Si se me ha pasado alguna de vuestras contribuciones, os pido que me lo hagáis notar para corregir la omisión.

El lector de Julio Verne, elegido mejor libro
 del año 2012 por los internautas de El País.

El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes, nuestra lectura anterior, ha sido elegido como el mejor libro del año 2012 según los internautas del periódico El País. Podéis ver la información aquí.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Las bibliotecas públicas y noticias de nuestras lecturas


Recuerdo aun cuando entré por primera vez en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid. El edificio del Paseo de Recoletos estaba en una de sus muchas e interminables obras que duraron décadas, pero no importaba. Aun no se había iniciado el proceso de informatización ni nadie soñaba con que todos tuviéramos acceso, a través de Internet, a una biblioteca aún de mayor tamaño. Era imprescindible la consulta de las viejas fichas en cartón, anotadas pacientemente por la mano de los bibliotecarios. Todo me pareció inmenso porque yo era incapaz de fijarme entonces en las contradicciones y miserias que toda institución de este tipo guarda. No importaba.

En realidad, podriamos medir a un país por el número, cuidado y actividad que dedica a sus bibliotecas públicas. Debe haberlas de todos los niveles: para especialistas y para niños que aprenden a leer jugando con sus padres. Hoy un país se mide también por la facilidad con la que ha puesto en Internet, digitalizados, todos sus fondos de archivos y bibliotecas. España aun tiene un largo camino pendiente.

He visitado muchas a lo largo de mi vida -todos hemos tenido una de preferencia a lo largo de nuestra vida- y he visto también su trasformación: cuando yo era niño eran lugares en los que se podía oír el minutero de un reloj y el ruido que hacen las hojas de papel al pasarlas. Hoy es difícil que se guarde ese silencio en cualquier biblioteca española. Y he de reconocer que algunas se han convertido en espacios molestos y ruidosos, impulsados por modas a actividades de todo tipo que a veces molestan a los usuarios que solo quieren ir allí a leer. de hecho, muchas bibliotecas públicas han perdido su condición de espacio para leer y solo son lugares de préstamo de libros. Pero siempre es preferible a no tenerlas, por supuesto.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho nos ofrece su primera aportación a esta serie. Como siempre, acierta: la lectura da satisfacciones, pero hay un nivel de esfuerzo que es parte también de esa recompensa. Su segunda entrada la escribe desde la emoción de quien no solo disfruta leyendo sino también de quien disfruta viendo leer a los demás, todo un ejemplo de cómo debe gestionarse una pequñea biblioteca pública. Imprescindible su lectura.

No os perdáis tampoco el cuento de Luz del Olmo sobre la lectura, oportunamente borgiano, por supuesto.

Mª Ángeles Merino nos da cuenta excelentemente de la exposición celebrada en Burgos sobre La familia de Pascual Duarte, una entrada que despierta las ganas de (re)leer esta novela, que tanto sirvió para remover las aguas de la literatura del siglos pasado.

Noticias de nuestra próxima lectura


Iniciamos la lectura de la Trilogía de Pío Baroja titulada La lucha por la vida. Como recordaréis, propuse su lectura porque quería comprender cómo los novelistas trataron en su día épocas de cambios críticos en la sociedad con el objetivo de entender mejor lo que nos pasa en estos momentos. El primer título de la trilogía, La busca (1904) nos ocupará desde hoy hasta mediados de enero.