El inicio de Mala hierba, la continuación de La Busca, deja claro que no basta con tener buen fondo, acumular experiencias o sentir la inclinación hacia el cambio de vida. Manuel nos aparece como en la primera entrega: sin la voluntad ni energía suficiente para cambiar. En la primera conversación con Roberto, al que reencuentra y se convierte en su protector, queda claro que Manuel no sabe cómo mejorar su vida y que confía en quienes se encuentra para ello. En definitiva, es una persona sin voluntad, clave temática de esta obra y una de las reflexiones filosóficas más importantes de aquellos tiempos. En un monólogo interior, breve, pero significativo, Manuel reflexiona sobre esto mismo ante la insistencia de Roberto: "Es como si me dijesen que tuviera un palmo más de estatura". Esta conciencia de su propio problema no le lleva a poner las bases para salir de él sino a constatar su propia impotencia y coger rabia a su protector por no facilitarle directamente el trabajo que busca.
La fortuna y una especie de simpatía que despierta en aquellos con los que se va topando, le deparan que ahora su situación mejore. Gracias a la intervención de Roberto se instala en un peldaño más alto de la sociedad y puede escapar del mundo de los golfos al que parecía destinado: ya no está en los márgenes de la sociedad. Pero Baroja ha sabido despertar inquietud en el lector, que ya aprecia a este muchacho como si debiera protegerlo él mismo: corre el riesgo, en cualquier momento, de caer de nuevo en su anterior vida puesto que no es él quien domina sus pasos y se deja llevar por unos y otros.
El que haya ascendido un peldaño en la escala social y que las calles que frecuenta ahora no sean las mismas de la primera novela, no significa que Manuel que se libre de incurrir en delitos. Lo que sucede es que ahora son de guante blanco. La sociedad madrileña que frecuenta ahora sigue evidenciando los mismos males que los barrios obreros y marginales anteriores: suciedad, fealdad y falsedad, sobre todo. Manuel va de uno en otro amo, desempeñando trabajos o participando en estafas. En todo ello se acomoda y aprende pronto, pero nada le impulsa a tomar decididamente uno u otro camino en su vida, el suyo propio.
Noticias de nuestras lecturas
Merche Pallarés vuelve al blog para contarnos su visita a la casona de los Baroja, en Vera del Bidasoa.
Gelu selecciona los pasajes que más le han interesado de La Busca y, a la vez, da cuenta de la música que se cita en la novela.
Pancho recorre -con excelentes ilustraciones- la vida de Manuel desde la muerte de su madre hasta que es recogido por el Sr. Custodio, quizá la etapa más brutal de su vida. Pasa después a comentar la vida de Manuel en casa del trapero, con clave narratológica incluida.
Luz del Olmo recrea su Madrid y busca en él el retratado por Baroja en La Busca. Una excelente entrada. Antes había publicado otra imprescindible: cómo Ramón Gómez de la Serna retrata a Baroja y nos facilita la entrada a su obra.
Paco Cuesta vuelve con fuerza: amplía la mirada a la trilogía, desde la mala transición hacia el mundo urbano... Después, presta atención al retrato de la vida bohemia con la que comienza Mala hierba.
Mª Ángeles Merino nos cuenta cómo la aparición de la hija del trapero conmociona y cambia la vida de Manuel, que no sabe reconocerse lo que le pasa y tomar cartas en ello, por mucho que el lector lo tenga claro...






