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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Me asomé al mar de Cádiz


Me asomé al mar en el Parque Genovés de Cádiz . Cádiz es la ciudad en donde arranca la historia constitucional de España, con la promulgación allí, en 1812, de la primera Constitución española. Han venido después unas cuantas más, no siempre producto de un consenso. España no ha sido país de muchos consensos sino de victorias de unos sobre otros. La última, la más trágica, que cerró en falso la violencia de la guerra civil. Esto ha hecho que los textos constitucionales españoles no se suelan modificar sino derogar por las armas o sustituirlos por otros. Tampoco conviene sacralizar una Constitución, es solo un marco de convivencia que define lo que un país es en un momento determinado. Lo que sucede en España es que no nos solemos fiar los unos de los otros e introducimos en los textos constitucionales artículos que deberían estar en reglamentos y leyes, no en la Constitución, con lo que atamos las manos a las generaciones siguientes si no consiguen establecer nuevos consensos suficientes para modificarlos. Hay tanta carga de heridas históricas en este país, temores, suspicaciones y deseos de dejarlo todo atado, que gastamos demasiada tinta para que no se nos escape nada. Para cuando gobiernen los otros, claro. El caso es que luego, curiosamente, se nos olvida desarrollar algunos de los puntos sustanciales de una Constitución, que quedan así en un limbo legal y, como tales, en papel mojado. Los que atañen a derechos irrenunciables de un ciudadano en una sociedad moderna. No tenemos tiempo para ello, estamos demasiado ocupados en reescribir todas las leyes cada cierto tiempo o echar mano del decreto ley cuando no se consigue la mayoría necesaria en el parlamento.

Dicen los que creen en esa superchería de la homeopatía que el agua tiene memoria. ¿Qué memoria tiene de nosotros este mar de Cádiz y de aquellos debates que condujeron al texto de 1812? ¿Qué memoria del continuo conflicto de nuestra historia? ¿Guardará memoria de mi gesto, de mi forma de asomarme al mar, como yo la guardo de su rumor constante?

martes, 6 de febrero de 2007

La ciudad que sonríe


Te debo un poema desde Cádiz. “La ciudad que sonríe”, la llaman. Abierta al mar, desfila hacia la tierra dejándose ver. Qué sonrisa, tu boca. Y tus ojos, entre el fresco desgaire de tu flequillo.
Vi tus ojos, en medio de la bahía. Y olía, el aire de mar, a tu risa.