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jueves, 26 de enero de 2017

Su honestidad se igualaba a su hermosura: La española inglesa de Cervantes y noticias de nuestras lecturas con anuncio de la próxima


De la colección de Novelas ejemplares, La española inglesa es uno de los textos más elaborados por Cervantes pensando en el lector de la época aficionado a la narrativa como entretenimiento. En efecto, en principio este lector no hallará sobresaltos técnicos ni críticas sociales evidentes ni aspectos desagradables que pudieran tenerlo incómodo en la lectura como puede encontrarse en otros títulos de las Novelas ejemplares. El argumento deja claro que se hablará de un amor basado en la virtud personal y en la fuerza de las convicciones y que, por lo tanto, triunfará de todos los trabajos (es palabra que usa el protagonista Ricaredo y que nos lleva por línea directa al título de una obra mayor cervantina emparentada con esta, el Persiles) y circunstancias que depare la fortuna. Nos hallamos, es bien claro, ante una novela bizantina. Esta modalidad narrativa nos lleva a una peripecia enredada y entretenida, con varios incidentes que suspenden su ánimo una vez que se ha vinculado con la suerte de los protagonistas.

La española inglesa contiene todo lo necesario: protagonistas virtuosos que se mantienen firmes frente a todas las adversidades (un doble cautiverio que lleva a Isabela y Ricaredo a vivir en ámbitos peligrosos para su integridad y su fe); descripciones de lugares alejados por los que transitan los personajes durante nada más y nada menos que diecisiete años (Cádiz, Londres, Italia, Sevilla); un argumento con varios momentos de efecto que suspenden el ánimo del lector (doble anagnórisis, noticias falsas, un plazo que expira). También contiene la lucha maniquea entre el bien y el mal, entre la honradez y la envidia, entre el amor y los celos. Los personajes positivos aman siempre, intensamente, por encima de cualquier circunstancia (las separaciones durante años, la fealdad ocasional de Isabela, la mala fortuna con la que se presenta en Sevilla Ricaredo) porque están enamorados de la virtud que encuentran en aquel a quien aman, no de las prendas físicas o las riquezas. Es un tópico del género, claro. En la época de Cervantes la novela bizantina contenía esos dos elementos: la aventura constante de los protagonistas que cambian constantemente su fortuna durante años pero también la virtud que los mueve en todas sus acciones y que los preserva, finalmente, de todo mal. Esta virtud es personal siempre, no procede de su condición social ni de cualquier otra circunstancia. Como corresponde a esta modalidad, los protagonistas nunca proceden del mundo humilde: los lectores aficionados a las historias bizantinas son siempre de clases acomodadas y buscan construirse un mundo que funciona por valores en los que se reconocen y que imaginan como las bases de la sociedad que quieren construir como proyecto: virtud, honestidad, fiabilidad -véase, por ejemplo, la insistencia de Cervantes en poner de manifiesto en esta novelita que los banqueros son siempre honestos y cumplen lo pactado, es decir, que el sistema financiero funcionaba, lo que delata ya que Cervantes retrata un mundo cambiante en el que la cuna no es suficiente y se impone el capital-. Por eso, la reina de Inglaterra no cede al matrimonio solo porque Ricaredo sea hijo de Clotaldo y le obliga a ganarse su permiso realizando una acción que lo merezca (es un ideal continuamente manifestado por Cervantes en sus obras). En el fondo, este género y también la novela que comentamos contiene una propuesta ideal de mundo en el que la virtud siempre sale triunfante y existe una alianza de fuerzas sociales y divinas que conspiran para que sea así venciendo a las fuerzas del mal. Una lección de comportamiento para los jóvenes y un refugio ante un mundo que no va por ese camino. Cuando uno entra en las páginas de este tipo de novelas se ve alterado como lector por tanta circunstancia en manos de la fortuna pero sabe que todo acabará en boda. Un final feliz que compensa tanto de los avatares  y sustos que deparara el argumento como del mundo en el que vive. De ahí su enorme éxito.

En medio del conflicto entre católicos y anglicanos, Cervantes pone todo lo positivo en el mundo católico -no se entendería de otra manera-, aunque sin hacer demasiada fuerza en el conflicto religioso más allá de ciertos convencionalismos. La reina Isabel parece moverse por estas cuestiones en sus decisiones sobre las personas y aparece retratada con benevolencia. Incluso en su estancia como cautivo en Argel, Ricaredo encuentra la ayuda de turcos a los que previamente había liberado.

En estos aspectos Cervantes no se nos muestra como demasiado innnovador de la novela bizantina y busca directamente al lector habituado a estas tramas, pero sí juega a reformar la modalidad. Especialmente, en la ambientación. Nos dibuja unos personajes ingleses que ya no son el odioso enemigos de los españoles, sino como nosotros puesto que la diferencia no estriba en la nacionalidad sino en el comportamiento personal. La mayor parte de la novela sucede en Londres, pero está anclada a la realidad española contemporánea: Cádiz y Sevilla, con una fecha de inicio (1596, fecha en la que los corsarios ingleses saquearon Cádiz) y una alusión a la veracidad de la historia cuando alude, al final de la novela, a que los protagonistas todavía ocupan la casa sevillana cercana al convento de Santa Paula "que después la compraron de los herederos de un hidalgo burgalés que se llamaba Hernando de Cifuente".

Busca Cervantes girar hacia el realismo este género de novelas aventuras. Y lo consigue plenamente. Es la mayor ruptura que introduce en La novela inglesa, que respeta escrupulosamente su fin moral, explícitamente expresado en el párrafo último:

Esta novela nos podría enseñar  cuánto puede la virtud y cuánto la hermosura, pues son bastante juntas, y cada una de por sí, a enamorar aun hasta los mismos enemigos; y de cómo sabe el cielo sacar de las mayores adversidades nuestras nuestros mayores provechos.

Hasta ahí llega el narrador que se hace visible al final de la novela resumiendo expresamente el relato de la estancia en Londres. Hasta ahí nos conduce Cervantes en una novela de extraordinaria técnica y pulso narrativo que se lee aún hoy como lo que fue en su época: una novela de aventuras entretenida en la que todos quisiéramos que fuera cierto en el mundo lo que sucede en la historia. Es decir, que la virtud siempre triunfara...

Esta lectura de La gitanilla, Rinconete y Cortadillo y La española inglesa que nos proponemos durante enero, continúa la de El licenciado vidriera y el Matrimonio engañoso y  Coloquio de los perros que hicimos en su día. Todo este conjunto de lecturas puede consultarse en la etiqueta Novelas ejemplares.

No es difícil hallar buenas ediciones de las Novelas ejemplares cervantinas en el mercado. Por suerte, disponemos de muchas ediciones críticas dirigidas al público académico que pueden ser también usadas por los lectores no expertos y que están disponibles a buen precio.  Estos textos son también accesibles en buenas ediciones electrónicas en abierto que pueden hallarse en el más que recomendable portal dedicado al autor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en este enlace.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte publica una entrada sobre La giranilla que no os podéis perder: la posición de la mujer en la obra de Cervanes, el realismo crítico, la introducción de hechos históricos en un género que no solía tenerlos... Una maravilla.

Paco Cuesta aborda uno de los aspectos esenciales de la obra cervantina, aquí centrándose en las novelas ejemplares propuestas: el tratamiento literario de la mujer. No dejéis de leerlo.

Myriam Goldenberg analiza con acierto alguna de las causas del buen tratamiento que depara Cervantes a la nobleza inglesa en esta obra, cosa que siempre ha intrigado a los lectores y estudiosos de La española inglesa.

Pacho comienza su comentario de Rinconete y Cortadillo, para llegar hasta el acta formal porque incluso los delincuentes de la España imperial aprecian la burocracia. No os perdáis las ilustraciones, ni el vídeo final, una delicia.

El pasado martes tuvimos la reunión habitual del Club de lectura en su formato presencial. Resultó bien cervantina, como da cuenta en su blog Mª Ángeles Merino, que me ahorra tener que resumirla. Por cierto: en este formato presencial, el Club ha cumplido ya seis años. Recuerdo que en el virtual nació en la primavera de 2008.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.


En el mes de febrero leemos Patria de Fernando Aramburu

Durante el mes de febrero leeremos Patria, de Fernando Aramburu. Esta novela ha sido la novedad más celebrada del mundo literario español en la temporada. Se han sucedido las reseñas elogiosas y las alabanzas de los lectores desde que saliera al mercado, tanto por la calidad de la escritura de Aramburu como por el tema tratado. Una noticia reciente anuncia que será convertida en una serie para la televisión. Nos ocupará en el club presencial hasta el 2 de marzo (la sesión del club de lectura tendrá lugar el martes 7 de marzo). Como siempre, publicaré aquí una entrada cada jueves con un comentario y enlazando las aportaciones de los lectores que se sumen y me lo comuniquen.

jueves, 19 de enero de 2017

El propósito de Cervantes en Rinconete y Cortadillo y noticias de nuestras lecturas


La primeras líneas de Rinconete y Cortadillo son todo una lección de cómo comenzar una narración:

En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía, un día de los calurosos del verano, se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años: el uno ni el otro no pasaban de diez y siete; ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados; capa, no la tenían; los calzones eran de lienzo y las medias de carne.

Cervantes se proponía, en esta novela, dar un giro a la picaresca, el modelo que tomaba. Ya sabemos que este es el propósito verdadero de toda la colección de las Novelas ejemplares, girar cada uno de los géneros narrativos que tocaba para romper el canon establecido y hacerlos evolucionar. Sabemos también que esta novela se hallaba escrita mucho antes de que se publicara en 1613 y que circulaba de forma manuscrita. En ese gran juego literario que es el Quijote aparece mencionada como uno de los títulos que estaban en poder del ventero para que fueran leídas en comunidad. Rinconete y Cortadillo es un buen ejemplo de la mesa de trucos a la que alude el autor en el prólogo. Han sido muy estudiadas las claves de la propuesta cervantina frente a la picaresca de su tiempo, muy conocedor del Lazarillo, la novela que diera origen al género: dos protagonistas en vez de uno, ambos sin demasiada necesidad de meterse a delincuentes porque no están condicionados por sus orígenes familiares y sin amos a los que servir, dueños en gran medida de su destino al menos como se podía ser dueño de la vida de cada uno en los inicios del siglo XVII.

Cervantes utiliza la aventura de ambos para retratar el mundo de la delincuencia sevillana ambientándolo en el famoso patio de Monipodio. Su recreación de una asociación de delincuentes no se olvida de nada: relaciones entre sus miembros y de todos con la sociedad de orden, descripciones de ambientes y comportamientos y una espléndido trabajo con el lenguaje dándonos a conocer la jerga de los bajos fondos de la delincuencia sevillana (esto, en sí mismo, ya es una joya artística). Imagina Cervantes los encargos de las actuaciones delictivas anotados en unos libros de actas como parodia de un mundo tan reglamentado y registrado como el de la España de su tiempo. Si la complicidad de los alguaciles del momento está reflejada con ironía, estos encargos son un dibujo demoledor. La gente de bien debe recurrir a esta asociación de maleantes para cumplir venganzas y advertencias ante la ausencia de una justicia de verdad. Sevilla era la ciudad con más movimiento de España y en ella se podía hallar lo mejor y lo peor de la sociedad pero siempre en un estado en el que la justicia no existe.

Pero hay algo que salva a la novela del pesimismo: el carácter de los dos jóvenes protagonistas, que parecen jugar a delincuentes más que serlo y su final. En él se alude a que Rinconete solo pasó unos meses en esa compañía. En ellos no perdió su juicio moral, lo que justifica los calicativos últimos del narrador al prometer la nunca cumplida continuación:

pasó con ella adelante algunos meses, en los cuales le sucedieron cosas que piden más luenga escritura; y así, se deja para otra ocasión contar su vida y milagros, con los de su maestro Monipodio, y otros sucesos de aquéllos de la infame academia, que todos serán de grande consideración y que podrán servir de ejemplo y aviso a los que las leyeren

Cervantes parece querer agarrarse a la posibilidad de que dentro de cada uno se encuentren todas las posibildades, incluida la de apartarse del mal camino. Pero ahí está el demoledor retrato de un mundo lleno de miserias en el que todo está jerarquizado contra lo que decía ser el gran imperio español del momento. Un ejercicio de inversión por el que Cervantes se acercaba a la realidad de su tiempo, desde esa venta del Molinillo del inicio tan bien localizada hasta cada uno de los espacios sevillanos aludidos.

Esta lectura de La gitanilla, Rinconete y Cortadillo y La española inglesa que nos proponemos durante enero, continúa la de El licenciado vidriera y el Matrimonio engañoso y  Coloquio de los perros que hicimos en su día. Todo este conjunto de lecturas puede consultarse en la etiqueta Novelas ejemplares.

No es difícil hallar buenas ediciones de las Novelas ejemplares cervantinas en el mercado. Por suerte, disponemos de muchas ediciones críticas dirigidas al público académico que pueden ser también usadas por los lectores no expertos y que están disponibles a buen precio.  Estos textos son también accesibles en buenas ediciones electrónicas en abierto que pueden hallarse en el más que recomendable portal dedicado al autor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en este enlace.

Noticias de nuestras lecturas

El próximo martes 24 tendremos la reunión habitual del Club de lectura en su formato presencial. A los participantes ya les ha debido llegar la comunicación. En este formato presencial terminamos con el comentario de La española inglesa el próximo jueves para comenzar en febrero con el de Patria, de Aramburu.

Anda Mª del Carmen Ugarte entre tildes polémicas y se topa con Rinconete y Cortadillo. Su comentario nos trae un análisis impecable del lenguaje de la novela cervantina que no os podéis perder.

Mª Ángeles Merino escribe, con la ayuda de su amiga Austri, una entrada en la que está todo lo necesario para comprender esta novela cervantina. No te la pierdas, que hasta las abejas se ponen a jugar a las cartas...

Pancho da cuenta del final de La gitanilla y todas las circunstancias que nos llevan desde el mundo de los gitanos hasta la trasformación gracias a la fiesta literaria. Y termina con Camarón, eso es un broche de oro.
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Miguel de Cervantes en el cuarto centenario de su muerte. Sobre mi conferencia en el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla.

 

Me gusta este Miguel de Cervantes que se nos presenta después de las investigaciones de los últimos años y los hallazgos de archiveros y bibliotecarios. Por fin se está consiguiendo trabajar con profesionalidad antes que con ideología y juicios preconcebidos. No sólo se descubren nuevos documentos sino que se recuperan otros que la mayoría de los cervantistas habían consultado exclusivamente a través de copias y traslados, en demasiadas ocasiones sin el contexto de los papeles y los archivos en los que aparecieron. En otros casos, se daba por buena la interpretación simplemente porque coincidía en la línea ideológica que de Cervantes tenía cada cual, sin ir al documento directamente. La digitalización y difusión en red de estos documentos es tarea necesaria. El apoyo al trabajo en archivos, imprescindible. Con él se pone a disposición de todos un material que nos ayuda a revisar mucho de lo que se ha venido diciendo sobre Cervantes. Ojalá pronto tengamos a libre disposición en internet todos los documentos cervantinos -incluso los falsos y dudosos.

Lejos de la repetida afirmación de que sobre Cervantes desconocemos gran parte de su vida, que ha llevado a rellenar con suposiciones -algunas veces, peregrinas- las lagunas, hoy en día podemos afirmar que tenemos documentada gran parte de su biografía. O, al menos, que la tenemos documentada mucho más que para otros escritores de su época. También es cierto que sobre otros sabemos más, pero eso depende de la vida pública que tuviera cada uno y de sus orígenes familiares. La vida particular, los deseos, el pensamiento, etc., es otra cosa. Cervantes mantuvo -por lo que tenemos constatado hasta ahora- una discreción que no podemos reprocharle por mucho que a los investigadores nos gustaría tener un diario escrito por su puño y letra. Hay etapas de la vida de Cervantes en las que tenemos documentada su actividad y lugar de residencia en cada año. En concreto, los documentos descubiertos o rescatadados en archivos de su larga estancia en tierras andaluzas nos dan un registro muy interesante de su actividad como comisario encargado de abastecer la Armada Invencible, sus viajes por aquellas tierras y sus problemas con la justicia y algunas de sus relaciones personales. Como es lógico, cuando Cervantes ocupa puestos administrativos aumenta la documentación, así como cuando solicita mercedes por servicios al rey o puestos vacantes para pasar a las Indias.

Entre los documentos aparecidos en los últimos días, me han parecido de suma relevancia las noticias de la recuperación y difusión completa de la lista de heridos tras la batalla de Lepanto en un hospital de Mesina en marzo de 1572 en la que se encuentran dos personas con el nombre de Miguel de Cervantes y el hallazgo de la documentación de un juicio en Valencia en el que Cervantes participó como testigo. A la espera del debate que suscite entre los cervantistas en los próximos meses (de la segunda apenas se ha difundido la noticia y falta un mayor estudio en detalle), completan un panorama interesante. El primero de ellos puede aclarar algunas disfunciones percibidas en la biografía de Cervantes. El hecho de que se cruzara -una o varias veces- con otra persona con su mismo nombre puede ayudarnos a cribar mejor los varios documentos en los que aparece un segundo Miguel de Cervantes (como el que habla de una persona con esa nombre participando como cautivo en la construcción de una mezquita en Estambul), que no sería ya el autor del Quijote (por lo tanto, ya no tienen por qué ser falsificaciones sino documentos que se refieren a otra persona), colocar en su sitio algunas leyendas que en algún momento tuvieron cierta fuerza -como la visita de don Juan de Austria a un Miguel de Cervantes que sería ya el otro y no el nuestro- y dar nuevas pistas para interpretar tanto la historia del cautivo de la primera parte del Quijote como la forma en la que juega con el doble de su personaje en la segunda parte haciendo, incluso, que se certifique mediante acta ante escribano quién es el original y quién la copia. Puede ayudar a comprender la adopción de Saavedra como segundo apellido en su firma a partir de un deteminado momento, tras la vuelta de Argel. También me parece de relevancia el segundo documento (a falta de que se divulgue completamente). Nos habla de un Cervantes que presta testimonio en un juicio a los pocos días de su llegada a Valencia tras su rescate y que habla sobre cuestiones y relaciones referidas a su período como cautivo.

Los cervantistas, desde que Mayans y Siscar publicara la primera biografía de Cervantes redactada por encargo para la edición del Quijote (Londres, 1738), han solido oscilar entre la interpretación de los datos disponibles en cada momento y una visión muy sesgada de ideología sobre el autor y su obra. Eso ha provocado que desde posiciones contrarias se denostara a Cervantes o se forzara una visión contraria. Hemos tenido un Cervantes contrarreformista, uno judeoconverso, un ortodoxo a machacamartillo y otro heterodoxo altamente consciente de serlo en todo desde bien joven. Hemos tenido un Cervantes que sabía muy bien su posición en el mundo a temprana edad y otro que no sabía ni por qué había escrito el Quijote. Es tan amplio el abanico de Cervantes que había para todos los gustos y para no ponerse de acuerdo nunca. Entre otras cosas porque lo que no se había documentado se interpretaba o se inventaba según el criterio de cada biógrafo, de cada cervantista y de cada lector.

De hecho, la mayor parte de nosotros hemos caído en algún momento en la trampa que nos tendió el propio Cervantes, que fue el primero en construir su propia imagen como si se tratara de un personaje más de su invención. Estoy por decir que esta construcción de una identidad es la mejor de las obras de Cervantes y el mayor de sus juegos entre la realidad y la ficción, como le gustaba hacer en sus narraciones. Y lo hizo en documentos oficiales y en sus trabajos literarios. En este sentido, Cervantes se demuestra radicalmente moderno -a la vez que muy contemporáneo de una época en la que la apariencia era un valor social- y nos presenta a una persona con una necesidad de fabulación tanto por cuestiones biográficas como por la construcción de una imagen que le sobreviviera para la fama posterior. Cervantes, a partir de un momento en su vida, pensó en sí mismo tras la muerte y se afanó por dejarnos una visión mejorada de sí mismo en la que situó todo lo que le hubiera gustado ser. En gran medida, aquello que era pero las circunstancias personales y la época no le permitieron completar. Eso es lo que hace en los prólogos de sus obras y en los juegos metaliterarios de la narración del Quijote. Cervantes fue muy consciente del poder de la imprenta.

No pienso que Cervantes fuera un hipócrita fabulador. Tan solo lo veo como un superviviente a su tiempo y sus avatares biográficos que se imaginó poder ser de otra manera y quiso siempre tener una vida muy diferente a la que tenía. Eso es, en gran medida, el Quijote. En este sentido, quien mejor ha sabido interpretar todos los datos modernos sobre Cervantes sin fabular una construcción ideológica que los torciera, es José Manuel Lucía Megías, quien ya ha publicado dos partes de la biografía Cervantes -la juventud y la madurez- y está a punto de publicar la tercera. Lucía Megías se pega a los datos conocidos y construye un Cervantes real, aunque quizá se exceda en alguna interpretación personal, como cuando considera que no pensó hasta muy mayor en la literatura más que como una forma de ganar posiciones personales de cara a una carrera como letrado (pienso que hay mucho de esto, pero que Cervantes siempre valoró la literatura en sí misma). Antes que él, Jean Canavaggio había marcado ya el camino.

Con los documentos redescubiertos y hallados en las últimas décadas, la imagen de Cervantes se resitúa. Los avatares biográficos esenciales no cambian pero debemos reinterpretarlos: nace en Alcalá de Henares y muere en Madrid; no hay aval documental de su procedencia judeoconversa, ni de estudios regulares de ningún tipo; su vida -y la de su familia- está llena de choques con la justicia; tras una primera etapa en la que se forma de manera autodidacta y con la guía de López de Hoyos y otras personas que pudo tratar en academias literarias, marcha a Italia y se enrola en los tercios españoles y combate en Lepanto y otras batallas posteriores. Es apresado por el corso (con toda seguridad, no cuando quiere abandonar el servicio en el ejército sino cuando acude a la corte para solicitar el puesto de capitán) y llevado a Argel. Tras regresar a la Península, dedica buena parte de su vida a labores al servicio de la Corona (viaje a Orán y Lisboa, cargos como comisario y recaudador de impuestos en Andalucía) y a un intento de ganar dinero y nombre con la literatura, consiguiendo un cierto éxito en el teatro. Después, Cervantes se aleja de los cargos públicos y se dedica a negocios privados y al servicio de diferentes señores (el duque de Béjar, el conde de Lemos), que no siempre se comportaron con él como esperaba. Y en esta última etapa se vuelca en la literatura con la fiebre del que es consciente de que se le termina el tiempo. Comprende, al fin, que es el lugar en el que todo depende exclusivamente de su capacidad para inventar un mundo que corrija, en buena medida, lo que ha vivido, incluida su propia biografía. Esa biografía que él mismo viene reinventando en documentos oficiales desde que pidiera su carta de servicios para regresar a España. Por eso, en su obra está el poso de una vida plena y muy consciente de la realidad de su época. No debemos olvidar que Cervantes, en contra de lo que era habitual en su tiempo, viaja mucho, participa en batallas, comparte tertulias con algunos de los mejores escritores españoles e italianos, es cautivo en Argel, tiene ocupaciones administrativas, pasa varias veces por la carcel, ve cómo su familia se arruina y endeuda para sacarlos a él y a su hermano del cautiverio, cómo varias mujeres de su familia tienen que dedicarse a vender su afecto para vivir, conoce el éxito literario y su marginación frente a los autores más jóvenes, está en contacto con los círculos del poder pero nunca puede sacar el suficiente provecho para vivir sin sobresaltos, etc. Algunas personas podrían haber vivido una parte de todo esto, pero es difícil encontrar muchas con un abanico de circunstancias tan completo y variopinto. Y, además, los documentos nos presentan uno o varios cruces biográficos con alguien que se llamaba como él y tenía una vida, en parte, paralela.

Se nos presenta Cervantes como una persona que intentó integrarse en los círculos próximos del poder para asegurarse una estabilidad, que se reinventó varias veces para sobrevivir a los avatares personales y que nunca perdió la esperanza ni la confianza en sí mismo. No es un Cervantes tan amable como se nos presenta en su obra ni tan positivo como lo han visto los cervantistas más progresistas (yo mismo fui un apasionado de la perspectiva judeoconversa, que no puede sostenerse en documentación frente a la ya demostrada para Teresa de Jesús o Fernando de Rojas), pero sí un Cervantes vivo, un superviviente en tiempos difíciles, una persona muy inteligente y crítica con su tiempo.

Su biografía y personalidad tiene unos lados oscuros que lo alejan de la santidad, la visión imperialista o la tensión exigente de la heterodoxia permanente y lo hacen muy reconociblemente humano: ni su comportamiento en Lepanto fue heroico -no era más que un soldado inexperto que tuvo la fortuna de sobrevivir a las heridas recibidas-, ni su actitud en Argel fue ejemplar -siempre estuvo del lado de los presos más importantes y poderosos para establecer relaciones de cara a su regreso a la Península y salvar mejor su vida en aquella dura experiencia-, ni su comportamiento como Comisario y recaudador ni su vida personal resultarían hoy modelos aceptables a seguir según lo que solemos interpretar por corrección.

Los documentos nos dibujan a Cervantes como una persona con formación letrada adquirida con esfuerzo fuera de los estudios regulares, que intentó siempre ganarse la vida dentro de un sistema muy difícil para los que carecían de fortuna personal, que procuró la proximidad de quien le pudiera ayudar en sus aspiraciones para estabilizar económicamente la vida, que vivió cosas de tanto impacto personal como batallas cruentas -Lepanto fue una carnicería inútil-, un cautiverio lejos de su tierra, estancias en prisión, etc. Lo más interesante es que Cervantes sacó de ello nutriente para su literatura y que por eso esta siempre se nos presenta viva y realista.

De todo esto hablé ayer en mi conferencia en el Círculo Mercantil e Industrial y Sevilla, pronunciada en el curso de los actos que conmemoran el IV Centenario de la muerte de Cervantes. Después centré mi intervención en cómo esta nueva interpretación a partir de los documentos arrojaba luz a las relaciones de Cervantes con Sevilla y la presencia de esta en su obra. Presencia que se debe al conocimiento profundo de la ciudad que alcanzó por la estancia en sus calles tras una vida tan azarosa anterior, justo cuando acaba de adoptar el apellido Saavedra, con todo lo que esto podría significar para reinventarse una de las varias veces que tuvo que hacerlo. Sevilla es una ciudad clave para la biografía cervantina y para su imagiario literario. Incluso para su afición y dedicación al teatro (su recuerdo de Lope de Rueda, por ejemplo, o su trato con comediantes en la ciudad). Singularmente -pero no solo-, esta Sevilla está presente en Rinconete y Cortadillo, en donde mejor observamos cómo Cervantes cuenta la historia de la España imperial desde los de abajo, una parte imprescindible para el engranaje social de un mundo inmerso en la hipocresía moral y en la construcción de unos valores que no regían en las calles de una gran ciudad como Sevilla, en donde podía hallarse lo mejor y lo peor de la España de su tiempo pero todo ello mezclado, sin ningún impulso superior -salvo los escrúpulos de Rinconete mencionados al final del relato-, un impulso que sí encontró en el Quijote, por ejemplo. Quizá porque aquí hay un personaje -loco, extravagante o soñador- que juega a la posibilidad de que se pueda cambiar el curso del mundo con la acción individual como ejemplo.

Agradezco a la Junta directiva del Círculo Mercantil e Industrial (una institución central en las actividades culturales sevillanas) la posibilidad de hablar de Cervantes en plena calle Sierpes, un lugar bien cervantino, por cierto. Un recuerdo que no olvidaré nunca.



jueves, 8 de diciembre de 2016

Don Quijote en Manhattan y noticias de nuestras lecturas


Sin haberlo pretendido intencionadamente, podríamos enlazar esta lectura con la precedente. En el capítulo XXXIII de Niebla, el protagonista, Augusto, pregunta a Unamuno, ya autor-personaje: ¿Cree usted posible resucitar a don Quijote? Unamuno se ha dormido y Augusto se le aparece en sueños para hablar con él. Aquel amenaza con resucitarlo por haberse muerto sin su permiso. Imposible, afirma el autor al contestar a la pregunta de su personaje. Quizá Cervantes matara a su don Quijote, entre otras cosas, para evitar que alguien lo continuara como hiciera Avellaneda y sacara provecho a su costa desvirtuando el personaje como lo hizo el apócrifo. Partidario del realismo narrativo, dejaba imposible esta resurrección a no ser que se recurriera a la ficción no verosímil o a la fábula. No consiguió del todo, sin embargo, su propósito. El personaje ha sido recreado, llevado y traído desde el momento mismo de su primera lectura hasta el presente, con mejor o peor fortuna. Es condición de los clásicos, por otra parte.

Continuaciones del mundo quijotesco ha habido muchas desde que se publicara en 1605 la primera parte escrita por Cervantes. En algunas de ellas se retoma la situación justo tras la muerte de don Alonso. Así, por ejemplo y por no ir más allá, Andrés Trapiello en dos narraciones escritas con la ocasión del cuarto centenario de la publicación de la primera parte y de la segunda (Al morir don Quijote y El final de Sancho Panza y otras suertes). Trapiello llevaba a los personajes cervantinos hasta América -a donde parece que quiso ir el propio Cervantes sin conseguirlo-. Y en América aparecen de nuevo de la mano de Marina Perezagua en la novela que nos ocupará en este club las próximas semanas. Pero en una América distinta. No es la de su tiempo, sino la actual. Y no en la América hispana sino en Manhattan, como reza el título que debería siempre citarse completo: Don Quijote en Manhattan (Testamento yankee). Esto de llevar los personajes cervantinos a Nueva York no es nuevo. Ya lo  hizo Albert Boadella con Els Joglars en Un lugar de Manhattan, escrita por encargo para conmemorar el cuarto aniversario de la primera parte y estrenada el 4 de noviembre de 2005 en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares. La obra partía de un planteamiento inteligente, aunque algo fallido en su desarrollo: contrastar a los dos personajes cervantinos con la sociedad contemporánea y comprobar cómo esta estaba incapacitada para comprenderlos y aceptarlos. Jugaba Boadella al metateatro y la parodia de actitudes contemporáneas y nos presentaba unos Quijote y Sancho fontaneros en Manhattan. En ella, además, se construía una escena en la que se presentaba a dos actrices encarnando un don Quijote yankee y un Sancho hispano con la música de fondo de La guerra de las galaxias. Esta última referencia también está presente también en la novela de Marina Perezagua, aunque esto no tiene por qué significar ni que la autora conociera esta referencia ni que influyera en su novela.

Marina Perezagua hace aparecer a don Quijote y Sancho en Manhattan sin preguntarse inicialmente sobre su conexión con el argumento de la novela cervantina ni las razones de su presencia allí ni de su conocimiento del inglés o del manejo de las tarjetas de crédito. No importa: la razón inicial de esta novela es su condición de fábula. Partir de un elemento inicialmente inverosímil es característica de este género. Algunos lectores pueden sentir cierto rechazo inicial a esta situación pero es una convención literaria perfectamente asumible. Una inteligente manera de hacer pasear a los personajes cervantinos por la ciudad-metrópoli más significativa en el último siglo y permitir el contraste de su visión con la realidad contemporánea. Diego de Torres Villarroel rescató a su admirado Quevedo y lo acompañó por la corte madrileña en sus Sueños morales. Visiones y visitas de Torres con don Francisco de Quevedo por Madrid con la misma finalidad.

Don Quijote es una novela de camino y, como tal, una revista de la sociedad de su tiempo (entre otras muchas cosas, claro). Marina Perezagua rescata esta condición para que don Quijote y Sancho pasen revista de la nuestra. Pero de la estructura, los personajes y los temas hablaremos en las próximas entradas.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte entra en materia como la misma autora de la novela y así nos pone todos los principios para comenzar a leerla, paseo por Manhattan y muchas otras cosas...

Paco Cuesta arranca su lectura de la obra de Marina Perezagua con un inteligente guió que la une con la intervención de Sancho Panza al comenzar la segunda parte del Quijote. Como debe hacerse, claro.

Mª Ángeles Merino se lanza a la aventura de comentar la novela de la mano de Austri y el propio Cervantes... comienza en La Isla de Burgos y no me extrañaría que nos llevara hasta Manhattan mismo...


Pancho continúa con Niebla, el título que hemos leído estas pasadas semanas. En esta ocasión presta atención a la estructura que se repite en algunos capítulos y el ritmo que impone en la lectura... y termina con Coldplay.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

sábado, 25 de junio de 2016

Elogio de la libertad. Discurso pronunciado en la ceremonia de graduación de la promoción 2016 del Grado de español de la Universidad de Burgos


Elogio de la libertad.
Discurso pronunciado como padrino en la ceremonia de graduación 
del Grado de español de la Universidad de Burgos (24 de junio de 2016).



Sr. Vicerrector de Cultura, Deporte y Relaciones Institucionales, Sr. Decano de la Facultad de Humanidades y Comunicación, Sr. Coordinador del Grado de español, queridos alumnos graduados, compañeros, amigos y familiares:

CUANDO don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro, y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asunto de sus caballerías, y, volviéndose a Sancho, le dijo:
-La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve, me parecía a mí que estaba metido entre las estrecheces de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos; que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquél a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

(Miguel de Cervantes, Don Quijote, capítulo LVIII de la Segunda parte)

Se cumplen cuatrocientos años del fallecimiento de quien escribiera estas palabras y en vuestra ceremonia de graduación no podían dejar de ser escuchadas porque no solo son el núcleo de la acción de don Alonso Quijano el Bueno cuando decide salir al mundo a reparar las injusticias que en él hallare tras transformarse primero a sí mismo sino el verdadero impulso de todo ser humano que tenga la esperanza de ser dueño de su destino.

Hay muchas formas de ser libre. Tantas como formas de ser esclavo. No todas ellas fáciles de identificar. Más allá de la necesidad de comer que nos conduce a aceptar aquello que de otra forma nos parecería inaceptable y del drama de las personas a las que la violencia –sea del tipo que sea, puesto que en este mundo globalizado que haya hambrunas en algunas regiones es parte de la violencia institucional de los intereses financieros y políticos- les ha afectado en la dignidad hasta el punto de que han caído en un estado que ha colapsado su voluntad y hasta su pensamiento, está en las decisiones que tomamos cada día la opción de ser libres o ser esclavos, la de comportarnos como seres humanos con criterio propio o hacerlo de forma servil. Incluso cuando necesitamos comer –nosotros o nuestros hijos- y aceptamos condiciones de esclavitud para poder hacerlo, deberíamos luchar para tener como un sello en el pecho la inquietud de la libertad, como le pasaba a don Quijote en casa de los duques.

Don Quijote aspira a ser libre. Porque la libertad es un camino, no un final ni una utopía. Recelad de quien os prometa utopías como esos parques temáticos propios de esta sociedad consumista que nos convierte el mundo en trampantojo para turistas. Don Quijote decide marchar a Barcelona porque alguien se ha empeñado en que cumpla un destino escrito que lo llevaba a Zaragoza, o decide liberar a los galeotes que iban encadenados por orden del rey. También apoya la libre elección de amor de los jóvenes frente a las convenciones sociales que obligaban a casarse por intereses familiares. Y lo hace arriesgándose en cada momento. La mayor parte de las veces acaba apaleado o apedreado o se ríen de él, porque es condición de serviles atacar a quien actúa con libertad. Pero de vez en cuando consigue el respeto de aquellos que tienen el suficiente interés como para detenerse a contemplarlo más allá de su extraño aspecto, de las armas anacrónicas que porta o de la bacía de barbero que le sirve de casco.

La libertad es ese camino que lleva a don Quijote de su pueblo manchego a la playa de Barcelona cuando el destino parecía no quererlo alejar de su aldea. En él hay que esforzarse a diario y transigir muchas veces cuando se trata del respeto a los otros. Cervantes quiere que su novela trascurra por un mapa reconocible de la España de su época porque sabe que la libertad debe trabajarse en el espacio de la realidad a pesar de que cada día puedan reírse de la persona extravagante que quiere hacer mejor el mundo. Se encontrará muchas veces solo, ninguneado e incluso acosado y difamado por el colectivo de seres gregarios al que ha decidido no pertenecer. También sabe Cervantes que para que una sociedad sea libre deben serlo primero sus individuos. Y que los más conscientes de esa condición deben comenzar el camino.

No sé bien qué os hemos enseñado estos años que habéis pasado bajo el amparo académico de la Universidad. Pero me bastaría con que os hayamos enseñado esto de lo que habla Cervantes por boca de don Quijote. Sin esa conciencia de la libertad no puede haber mejora individual, ni social. No puede haber un verdadero progreso material acorde con las necesidades del ser humano ni verdadera ciencia, porque todas las épocas en las que la ciencia y la tecnología se han puesto al servicio de la falta de libertad han supuesto un dolor intenso, expolios, guerras y gobiernos criminales.

El Quijote es la historia de un lector. Después de la descripción, lo primero que se nos dice de él es que su casa está llena de libros, que se gasta buena parte de su hacienda en adquirirlos y que se pasa las noches enteras leyéndolos. Siempre se ha tomado esto como parodia de los libros de caballerías pero en la novela cervantina hay otros personajes que también leen. La parodia no está en que don Quijote lea o que sus lecturas sean historias de caballerías sino en el juego narrativo de confrontar las historias fantásticas de las caballerías con el mundo real. En El licenciado Vidriera hay un estudiante que de tanto estudiar se vuelve loco y se cree hecho de frágil cristal. Este licenciado sí se ha trastornado, de don Quijote nos quedará siempre la duda. ¿Es locura, juego o voluntad de ser diferente haciendo lo que todos pensamos que debe hacerse pero no nos atrevemos? ¿No es parte de su libertad gastarse la hacienda como le dé la gana incluso en contra de sus herederos y amigos o salir al mundo aunque parezca extravagante su decisión? Después de ser salvajemente golpeado por el mozo de mulas en el capítulo IV de la primera parte, a don Quijote lo encuentra un labrador de su pueblo y ante lo que él entiende por desvarío del cerebro de su vecino, quiere volverlo a la sensatez:

-Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.

-Yo sé quien soy -respondió don Quijote-; y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.

                Una gran parte de nuestra libertad proviene de la cultura. Me gustan mucho las definiciones que de ella da el Diccionario de la Real Academia. En su segunda acepción se trata del “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Es decir, la más pura esencia de la libertad. Podemos ser libres incluso en una sociedad que no nos lo permite con su estructura social, sus leyes y sus costumbres. Tosca, paternalmente o de forma tan sutil como en gran parte de nuestra vida actual. Podemos ser libres gracias a la cultura y desde nuestra libertad como individuos favorecer la libertad de toda la sociedad. Quizá por eso algunos gobiernos aparentemente democráticos no apoyan la cultura con entusiasmo, no invierten en este necesario alimento de todo ser humano. Y aquí es en donde entra la tercera acepción del Diccionario: “Conjunto de modos de vida y costumbre, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”

                Lo sabía Cervantes. Por eso hace entrar a sus protagonistas en el mundo de los Duques. Estos han leído mucho: conocen, incluso, la primera parte del Quijote (ya sabemos que una de las genialidades de esta novela cervantina es que los personajes son conscientes de ser personajes). Pero su forma de entender la cultura no es la de la libertad sino que la instrumentalizan para que les sirvan todos los demás de entretenimiento y convierten a Don Quijote y Sancho en poco más que bufones aparentando respetarlos. Cuando la cultura está en manos de los otros, ni nosotros podemos ser libres como individuos ni la sociedad lo es. En la corte de los Duques sucede lo que siempre ocurre en cualquier sociedad en la que falta la verdadera libertad: hay serviles, delatores, interesados y se respira un ambiente de opresión y control del disidente aunque aparentemente vivamos de forma cómoda y regalada. Por eso quiere salir de allí don Quijote.

Incluso, aunque no lo puede racionalizar de la misma manera, lo sabe Sancho, que renuncia a ser gobernador porque ha dejado de ser libre y vuelve junto al hidalgo. Él proviene de otra forma de entender el mundo, más práctica y por eso continúa la cita con la que arrancábamos este discurso:

-Con todo eso -dijo Sancho- que vuesa merced me ha dicho, no es bien que se quede sin agradecimiento de nuestra parte doscientos escudos de oro que en una bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como pócima y confortativo la llevo puesta sobre el corazón, para lo que se ofreciere; que no siempre hemos de hallar castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen.

Sancho no deja de ser Sancho aunque evolucione a lo largo de la novela. Pero no nos engañemos. La verdadera libertad es contagiosa cuando se conoce de cerca. Y Sancho, que no ha leído nada, que solo portaba en sí la cultura popular de su tiempo, la propia de un campesino de La Mancha (que es mucha y no debemos despreciarla pero no contenía el concepto de la libertad individual ni, mucho menos, el de la libertad social), ha visto el ejemplo del que antes era su amo y que se ha convertido ya en su amigo. Y decide seguir junto a él el resto del camino ya sin más interés que aquella aventura extravagante que les llevará hasta donde nunca había llegado ninguno de los personajes de la literatura universal. Igual que había decidido compartir comida y conversación con su vecino Ricote a pesar de que era consciente de estar incumpliendo una orden del rey que prohibía todo trato –y menos amistoso- con los moriscos expulsados. Pero era su vecino y lo conocía de toda la vida y las leyes son abstractas y no se adaptan bien a todas las circunstancias.

Y aquí estáis vosotros. Habéis terminado vuestros estudios universitarios. Y si lo hemos hecho bien, si hemos servido de algo, habréis adquirido aquí lo necesario para que tengáis juicio crítico. Es decir, para que seáis libres. Debéis actuar como tales no solo por vosotros. Y debéis hacerlo en el plano real del mundo sin dejar de soñar en el horizonte aunque nunca pueda alcanzarse. Eso ya lo sabemos y no debería provocarnos frustraciones ni amargura ni rencor sino la alegría del camino en medio de todos los sinsabores, temores y golpes que nos deparen la vida y aquellos que sienten miedo ante la libertad ajena.

Esta sociedad está cambiando, nuestra época histórica se trasforma. Más rápidamente que nunca en la historia de la humanidad. Y en este momento os necesitamos libres. Necesitamos que cada uno de vosotros salgáis de vuestras casas, que salgáis de esta institución y que hagáis cada día vuestras vidas sin caer en servilismos, sin caer en la tentación de dejaros arrastrar por las consignas fáciles y cómodas y que extendáis esa libertad con vuestro trabajo diario y con vuestro ejemplo.

La cultura que habéis adquirido estos años tanto por nuestro estímulo como por vuestras propias inquietudes y la que adquiráis a partir de ahora en un proceso de sedimentación y renovación constante debe ayudaros a tomar decisiones que no suelen ser fáciles. De ellas dependerá vuestra libertad como individuos pero también algo más importante. Si vosotros sois libres la sociedad será mejor. 

Es la comisión que lleváis junto al título que acredita vuestros estudios y la beca que ahora vamos a imponeros. No hay otra forma de entender la Universidad, incluso en estos tiempos en los que parece predominar el mero valor mercantil de los estudios superiores y todo se traduce en cifras y parámetros de calidad que no miden lo importante. Porque lo importante no es que recordéis el año en el que fue escrito el Quijote para cumplimentar un formulario sino que en él se habla de libertad. Que hagáis esas palabras vuestras y que sepáis trasmitirlas a las generaciones siguientes.

Vuestros estudios son humanísticos, no lo olvidéis nunca, incluso aunque en vuestros trabajos futuros os pidan que pongáis valor económico a lo que hagáis. Vuestros estudios tratan sobre el ser humano y sus creaciones culturales. Es decir, sobre cómo un individuo alcanza el juicio crítico, como llega, por lo tanto, a ser libre y cómo puede hacer que la sociedad también lo sea y las razones por las que otros no pueden alcanzarlo.

No conozco misión más elevada que la vuestra. Estoy convencido de que estaréis a la altura de ese reto, os conozco y sé que seréis capaces.

Enhorabuena y muchas gracias.

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miércoles, 22 de junio de 2016

Ilustrar e interpretar gráficamente el Quijote cervantino



No se suele decir que, curiosamente, el primer ilustrador del Quijote fue el propio Cervantes. En el capítulo VIII de la primera parte, al narrador -ese personaje/narrador que se llama Miguel de Cervantes y que construye la principal arma de modernidad de la obra al dinamitar la fiabilidad que hasta ese momento sostenía a los narradores de este género de novelas- se le acaba el material usado para contarnos las aventuras de don Quijote. Es justo el momento en el que Cervantes pasa de escribir una gran novela a regalarnos la mejor novela que se ha escrito nunca. Remito aquí al comentario que escribí de este momento (aquí y aquí). Al arrancar el capítulo noveno resume la situación en pocas pero sabrosas palabras:

DEJAMOS en la primera parte desta historia al valeroso vizcaíno y al famoso don Quijote con las espadas altas y desnudas, en guisa de descargar dos furibundos fendientes, tales que, si en lleno se acertaban, por lo menos se dividirían y fenderían de arriba abajo y abrirían como una granada; y que en aquel punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa historia, sin que nos diese noticia su autor dónde se podría hallar lo que della faltaba.

Y pocas líneas después nos dice que, en el manuscrito arábigo hallado en el Alcaná de Toledo, hay una representación dibujada de la aventura con el vizcaíno, que detalla:

Estaba en el primero cartapacio, pintada muy al natural, la batalla de don Quijote con el vizcaíno, puestos en la mesma postura que la historia cuenta, levantadas las espadas, el uno cubierto de su rodela, el otro de la almohada, y la mula del vizcaíno tan al vivo, que estaba mostrando ser de alquiler a tiro de ballesta. Tenía a los pies escrito el vizcaíno un título que decía: Don Sancho de Azpetia, que, sin duda, debía de ser su nombre, y a los pies de Rocinante estaba otro que decía: Don Quijote. Estaba Rocinante maravillosamente pintado, tan largo y tendido, tan atenuado y flaco, con tanto espinazo, tan hético confirmado, que mostraba bien al descubierto con cuánta advertencia y propriedad se le había puesto el nombre de Rocinante. Junto a él estaba Sancho Panza, que tenía del cabestro a su asno, a los pies del cual estaba otro rétulo que decía: Sancho Zancas, y debía de ser que tenía, a lo que mostraba la pintura, la barriga grande, el talle corto y las zancas largas; y por esto se le debió de poner nombre de Panza y de Zancas, que con estos dos sobrenombres le llama algunas veces la historia.

Con esta ilustración verbal -que no hace más que jugar con todas las descripciones de los personajes que hay a lo largo de la novela-, Cervantes daba cuenta, por una parte, de la moda cada vez más extendida de publicar novelas con grabados más o menos elaborados y, por otra, de su capacidad para reflexionar sobre todos los aspectos que se relacionaban con el mundo de la escritura, incluida la divulgación de la obra manuscrita o impresa con dibujos alusivos. Recordemos también el juego del prólogo de las Novelas ejemplares en el que finge un retrato de Jáuregui para realizar un autorretrato. Un juego tramposo y de tan sutil inteligencia que ha tenido engañados a generaciones de cervantistas e incluso a la Real Academia.

Desde entonces, la iconografía cervantina y quijotesca es tan numerosa que va siendo inabarcable. Pronto las obras se acompañaron de grabados sobre el propio autor -es interesante comprobar cómo fue construyéndose edición a edición la imagen de la manquedad de Cervantes- y sobre sus personajes. En especial, como es lógico, de don Quijote y Sancho. Los que participaran en aquella aventura de leer el Quijote completo de forma colectiva usando por vez primera las posibilidades de la web 2.0 que lancé a través de este blog en el año 2008, recordarán que una interesante aportación fue la recopilación de imágenes alusivas a Cervantes y el Quijote, muchas de ellas no almacenadas en los varios repositorios que existen sobre la cuestión en Internet. Más allá de la mera ilustración del Quijote, a veces nos encontramos obras que parten de la novela para construir una obra personal por parte del autor.

Viene todo esto a cuento porque estos días he podido disfrutar de dos interesantes exposiciones con ilustraciones quijotescas. La primera, El Quijote. Reconstrucción de su historia. Ediciones e ilustraciones (Sala municipal de exposiciones de la Casa Revilla de Valladolid, hasta el 10 de julio), comisariada por Dolores Durán Úcar. Se muestran ella los ejemplares de la Colección Senovilla, una colección particular que reúne un fondo muy interesante. Evidentemente, no está todo -no conozco colección pública o privada que tenga todo Cervantes- pero lo mostrado es de excepcional calidad y merece ser conocido. Es fácil encontrar las imágenes en internet, pero verlas en su contexto físico -la lámina, la página del volumen-, es indispensable para conocer su relevancia y la evolución de la tradición de ilustrar el Quijote a lo largo del tiempo y las culturas -hay ejemplos excepcionales de Quijotes orientales.

La segunda exposición, la he podido contemplar hace unas semanas en el Parador de Ayamonte, por recomendación oportuna de José Luis Rúa: Hombre perturbado en el país de las tentaciones, del artista ayamontino Manuel Moreno Morales. Este proyecto expositivo se suma a la edición limitada  (solo trescientos ejemplares) de AMC Editores en colaboración con el Museo Iconográfico del Quijote de Guanajuato (México), uno de los mejores sobre esta materia, en el que se reúnen veinte láminas a gran formato de Moreno Morales con El Quijote hoy. Diccionario de citas famosas del mexicano Manuel del Bosque. Moreno Morales ha conseguido algo que parece imposible hoy tras cuatrocientos años de iconografía quijotesca: realizar su propia visión del Quijote, diferente y personal. Es un Quijote onírico lleno de luz, en diferentes técnicas, con una innegable fuerza en la trasmisión de la visión del artista y una calidad excepcional. Nos introduce en el sueño quijotesco en el que todo puede ser posible bajo un propósito bien explicado en el folleto de la obra: "El Quijote es una lección de vida. Idealismo y realismo se funden como en cada uno de nosotros invitándonos a descubir que todo lo que hacemos y por lo que luchamos en nuestra vida tiene como propósito alcanzar una meta, cumplir un sueño, una ilusión". Tiene mucha razón el autor. De hecho, don Quijote cuando dejó de soñar con esa meta, se abandona en Alonso Quijano el bueno para morir.


sábado, 21 de mayo de 2016

Misterios del Quijote, monólogo teatral de El Brujo


El pasado mes de marzo tuvo lugar en el Teatro Zorrilla de Valladolid el estreno absoluto de los Misterios del Quijote, el nuevo monólogo teatral de Rafael Álvarez, el Brujo. El estreno se dio el 5 y yo vi la función del día siguiente, así que no pude asistir al acto de homenaje al actor con el que el empresario Enrique Cornejo le dedicaba una de las butacas del local que llevará para siempre su nombre.

Con motivo del cuarto centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, el Brujo estrenó el 15 de junio de 2005, en el Claustro de los Dominicos de Almagro, un monólogo en dos actos, El ingenioso caballero de la palabra, basado en un texto con el que Emilio Pascual adaptaba la obra cervantina, que ha tenido buen recorrido nacional  e internacional. el espectáculo que nos propone el Brujo ahora, con motivo del cuarto centenario de la segunda parte retoma mucho de aquel, al que se hace referencia en el texto nuevo.

Misterios del Quijote, con texto del propio actor, mantiene el juego entre ficción y realidad en este espectáculo: juega el Brujo a ser él mismo -la historia de su padre, que contaba historias del Quijote, es de una emotividad profunda, aparte de un inteligente guiño metaliterario- y a ser los personajes en los que se desdobla sin dejar de ser siempre un actor, el actor, es decir, esencia teatral. Porque es desde ese lugar desde el que se construye este monólogo -más metateatral, si cabe, que los anteriores-, desde la esencia pura del actor que nos cuenta una historia y que nos engaña con la verdad o nos da la verdad con la mentira, teatro siempre. Así es, a la vez, un juglar primitivo, un narrador oral o un actor de método, todo sucesivamente, como si la forma de actuar se construyera con capas con las que juega entre divertido y serio el Brujo despojándose y vistiéndose magistralmente. Muchas de las situaciones son provocadas por ese juego actoral y pueden entenderse desde niveles muy diferentes: gustarán igual al que no sabe el trasfondo metateatral de lo que hace el Brujo como al que lo conoce perfectamente.

Es desde esa historia inicial desde donde debemos comprender la obra, su padre contando historias del Quijote a un niño que terminará representando el personaje contándonos las historias del Quijote para devolver toda la dignidad al padre y a su memoria, como si al final del viaje de la vida comprendiera que el padre tenía sus razones y todo fuera cuestión de perspectiva. Desde ese punto inicial se construye un texto guiado por la autoconciencia de los personajes de la novela cervantina (personajes que se saben personajes), el juego ficcional de la no autoría del propio Cervantes (el texto tendría origen en un manuscrito juglaresco), el difícil concepto de la libertad y el relato de alguno de los pasajes del Quijote, sin pretender agotar para nada el relato completo de la novela.

La obra se basa fundamentalmente en ese actor que encarna el Brujo y que ha construido -como hiciera el propio Cervantes- un personaje con una forma propia desde la que hacer teatro entre la comedia y el drama, entre el amaneramiento y la profundidad. Al Brujo se le ama o se le odia, pero no deja indiferente nunca. Su forma de actuar y construir a partir del cuerpo y la voz el escenario y la historia completa es ya sobradamente conocida y nadie es capaz de hacerlo hoy en día en el teatro español como lo hace él. Reconozco que no puedo ver muchas veces seguidas al Brujo pero ocasionalmente me admira, me seduce y me gana. En este montaje todo funciona y está medido en duración, alternancia de tonos y ritmos. Yo disfruté y el público del Teatro Zorrilla se apasionó.

lunes, 16 de mayo de 2016

Cervantina, de Ron Lalá. No dejen de verla


He aquí un espectáculo ejemplar en todo. El reto de la compañía Ron Lalá tras el merecido éxito de En un lugar del Quijote (2013) era difícil. Estrenada el pasado 14 de enero en el Teatro de la Comedia de Madrid, Cevantina. Versiones y diversiones sobre textos de Cervantes no solo iguala aquella obra sino que la supera. Yo he podido verla el pasado sábado 14 de mayo en el Teatro Calderón de Valladolid.

Bajo la dirección de Yayo Cáceres, este espectáculo musical nos propone un divertido, inteligente y crítico acercamiento a la figura y la obra de Cervantes, capaz de convencer y entretener tanto al mejor de los cervantistas como al público que jamás ha leído nada del mejor autor español de todos los tiempos ni está dispuesto a perder un minuto en ello (se juega en varios momentos con esta situación como agudo y ácido chiste).

No es un viaje al pasado sino hacer de Cervantes un clásico de nuestro tiempo y por eso la obra está llena de guiños actuales que encajan, a la perfección, con el pensamiento y los textos cervantinos. No sé cuántos de los espectadores se habrán visto impulsados a consultar las obras de Cervantes después de asistir a esta representación, pero sí que supongo que habrán tenido la impresión de que sus obras no son las aburridas páginas de un clásico de lectura obligatoria en los centros de enseñanza.

El espectáculo se propone como la evidencia de un virus, la cervantina: Si usted padece los síntomas (ataques de risa inteligente, lucidez lúcida, ironía aguda y defensa de la libertad) podría estar contagiado; sentimos comunicarle que no hay vacuna, así que póngase cómodo para viajar al mundo de Cervantes (texto extraído del folleto). Esos son los hilos conductores del montaje: risa inteligente, lucidez aguda y defensa de la libertad. Se construye con un elemento recurrente, la presencia de la Musa, un personaje divertidamente siniestro, que se aparece cada cierto tiempo a Miguel de Cervantes para contribuir a su condición de escritor y fama póstuma a cambio de dolor, sacrificios y renuncias (su manquedad, la imposibilidad de una vida confortable y familiar, el problema constante de la falta de dinero). A partir de ahí se escenifican textos extraídos de los prólogos cervantinos, Don Quijote, El celoso extremeño y El viejo celoso, El coloquio de los perros, El hospital de los podridos (entremés atribuido a Cervantes), El licenciado Vidriera, El retablo de las maravillas, La Galatea, La gitanilla, Persiles y Sigismunda, Rinconete y Cortadillo y Viaje del Parnaso. Uno de los efectos de esta obra es poner en evidencia algo ya sabido: Cervantes era un hombre de teatro y tanto sus versos como su prosa contienen un potencial escénico por la plasticidad de sus argumentos, la caracterización de sus personajes y el uso de la lengua.

Especialmente sugerente me ha parecido el acercamiento a los textos en los que Cervantes habla de sí mismo (los prólogos y el Viaje del Parnaso). Los más divertidos para el público han sido los minutos dedicados a El hospital de los podridos (muy bien traído a las circunstancias actuales al contar con la colaboración de los espectadores que deben declarar con qué cosas se sienten podridos), Rinconete y Cortadillo y La gitanilla.

Todo el espectáculo tiene un ritmo adecuado -su hora y media se hace corta-, en el que alterna la música con la declamación y predomina el humor pero sin dejar nunca la crítica a la situación actual -referencias a la corrupción política, el 21 % de IVA, el escaso aprecio de los gobernantes y la sociedad española a la cultura, etc.-. Los elementos escenográficos y el tratamiento de la luz son funcionales y adecuados para las mutaciones continuas -la forma de construir el Guadalquivir con un barreño con ruedas es un chiste brillante. como el tratamiento del trono de Monipodio-, el vestuario perfecto a partir del negro básico, la música original, divertida y bien interpretada. Nada falla en este engranaje perfecto a medias entre lo juglaresco y Monty Python, con el que Ron Lalá consolida una forma propia que ojalá nos dé muchas más satisfacciones en el futuro. Todos los actores resultan acertados individualmente y como conjunto.

El público, que llenaba el Teatro Calderón, se lo pasó bien, colaboró con los actores y los recompensó con merecidos aplausos, puesto en pie.

Vayan a verla. Se divertirán de forma inteligente y comprenderán por qué hay que leer a Cervantes no como clásico sino como contemporáneo. Sobre todo ahora, que parece que la literatura de verdad, la que enseña a pensar por cuenta propia, no cabe en los programas educativos de ningún nivel de enseñanza.

lunes, 9 de mayo de 2016

La gitanilla de Miguel de Cervantes por la compañía de danza flamenca de Carmen Cortés


Estrenado el 3 de julio de 2015 en el Festival de Teatro Clásico de Almagro, no se puede decir que este espectáculo haya tenido mala fortuna dado el número de funciones que desde entonces ha tenido por todo el país. Carmen Cortés afrontó la adaptación a la danza de La gitanilla de Cervantes como un reto necesario de mirada a un clásico de cara al cuarto centenario de su muerte, que se conmemora en el presente año. Acompañada en la dirección escénica de José Maya, la coreografía y la dirección artística es de la propia Carmen Cortés. Yo he visto el montaje el pasado domingo día 8 de mayo en el Teatro Calderón, a pesar de que hace tiempo me prometí no volver a ese teatro en un domingo -por razones obvias- y preferir cualquier otro día de la semana.

En la adaptación de la novela cervantina nos proponen un juego inverso: Preciosa y Andrés recuerdan su historia de amor cuando son mayores. Este juego se objetiviza en la primera parte del espectáculo con un espejo y la alternancia en los papeles de los protagonistas de bailarines mayores y jóvenes. Precisamente en esta parte está lo mejor del espectáculo. Ver bailar a Carmen Cortés como una gitana vieja para dar paso a jóvenes bailarinas que usan otra técnica es asombrosamente certero tanto para entender a Preciosa como para percibir la posición central de Carmen Cortés en la danza española actual. Se construye, así, un personaje de Preciosa con facetas variadas que van desde la jovialidad a la tragedia y el desgarro. Carmen Cortés baila como debe hacerlo al construir ese personaje adecuándolo a sus condiciones y a su significado como bailaora y coreógrafa. Así, nos propone una lectura muy interesante que matiza y dialoga con Cervantes. Como en el cuadro inicial, cuando los bailarines se van girando para ponerse frente al público mientras se escuchan las frases iniciales de la narración de Cervantes, tan duras con los gitanos.

Si el espectáculo hubiera continuado la propuesta inicial de esos excelentes primeros minutos estaríamos hablando de un montaje inolvidable. En general, toda la primera parte -mientras está en escena el espejo- funciona y sorprende. Carmen Cortés no hace concesiones fáciles al espectador. Lleva La gitanilla hacia el baile y el cante flamenco y lo hace dialogar con algunas danzas propias de la escuela bolera y, al aparecer el bailarín Esteban Berlanga en el personaje de Andrés joven, con la danza clásica (que usa eficazmente para indicar la diferencia de estamento social). Todo funciona en esa primera parte (primeros bailarines, cuerpo de baile, propuesta escénica, músicos y cantaores) y me sorprendió mucho la frialdad del público de domingo vallisoletano. Ni la consabida seriedad del público de esta ciudad justificaba su falta de reacción.

No puedo opinar lo mismo de la segunda parte del espectáculo. Hay un momento en el que la fuerza inicial del espectáculo se pierde. Lo que se nos quiere decir es confuso y a veces incomprensible. La mezcla de tipos de danza deja de funcionar como sí lo había hecho en la primera parte: uno no sabe bien a qué viene la jota, por ejemplo; la propuesta de danza contemporánea queda completamente desconectada del resto de lo que ocurre en escena y Esteban Berlanga hace lo que puede cuando hubiera sido más piadoso haberlo dejado en oscuro unos minutos; algunos miembros del cuerpo del baile se pasean sin sentido por el escenario. En un momento, se gira La gitanilla hacia unas Bodas de sangre, lo que no tiene ningún sentido leída la obra de Cervantes y vista la primera parte. El final del espectáculo es confuso y se tiene la impresión de que se termina en ese momento porque en algún momento hay que hacerlo (el montaje dura una hora y quince minutos y se hace largo).

Por otra parte, en la función a la que asistí el sonido falló estrepitosamente, cosa imperdonable en una compañía profesional y en un montaje de este tipo. Desde su malhadada restauración -que lo dejó bonito pero destrozó la acústica-, el Calderón supone un reto para los técnicos de sonido, cosa sabida en toda la profesión. Por eso es más inexplicable lo ocurrido, contando con que era la tercera función dada en este teatro. Los micrófonos de voz fallaron durante todo el espectáculo y en un momento dado -el que contiene gran parte de la filosofía del montaje- se hizo incomprensible el texto. Si el público había estado frío en la primera parte, a partir de ese momento hasta yo desconecté de lo que ocurría en escena durante unos minutos.

En definitiva, una primera parte excepcional de una propuesta original que se pierde en la segunda parte y que necesitaría repensarse con calma y reducir en su duración a menos de una hora.

lunes, 2 de mayo de 2016

Visita a Alcázar de San Juan y Campo de Criptana


Así, para salir de dudas de si gigantes o molinos, el Club de lectura se ha desplazado a tierras manchegas. Como saben los más antiguos lectores de este espacio, el propósito de leer juntos desde este blog nació en el 2008 con la primera lectura colectiva completa y virtual del Quijote que se ha llevado a cabo usando los recursos propios de la web 2.0 (el proyecto ha quedado disponible, en abierto y gratuita, como la única guía de lectura de la novela completa en internet, en este enlace, para que aquellos que estén interesados la usen y puedan sumarse puesto que mi compromiso es continuar dando respuesta a estos lectores). No es el único tributo que hemos pagado a Cervantes y su obra. Un poco a traición leímos la continuación de Avellaneda y este mismo curso hemos comenzado -seguiremos más adelante- la lectura de las Novelas ejemplares. Tengo el proyecto de realizar un encuentro al final del año que cierre este centenario Cervantes, tan mal tratado ahora -y entonces- por el estado y por tantos que solo se han acercado a él para aprovecharse de su fama y negarle el mérito. Aquel soldado de escasa fortuna en vida ha visto cómo tantos han hecho dinero y fama gracias a sus obras.

He de reconocer que tengo una inclinación favorable hacia Cervantes. Un hombre que tuvo los vientos en contra a lo largo de su vida, cargado de deudas, de una familia que le dio problemas constantes, lisiado en una batalla que pronto dejó de interesar pero cuya importancia él siempre se encargó de reclamar como testigo de los acontecimientos, preso varios veces, ninguneado por los escritores de su tiempo, que vio cómo no solo se le negaba la importancia literaria que tiene sino que le quisieron robar el beneficio económico de su gran obra, etc., pero que nunca dejó de estar con la mente activa y luchadora y que, como escritor, fue un constante innovador. No solo en vida. Son muchos los que le han negado desde su fallecimiento hasta el presente. En su contra, está el Quijote, siempre renovado y listo, esperándonos. Ya lo he contado muchas veces. Sucede que a veces tengo que volver -por una charla, por una clase- a un pasaje u otro de esta novela. Y allí me quedo. Desde los quince años, cuando lo leí por vez primera en aquella edición de letra minúscula de la colección Austral que hoy no podría consultar ni con gafas.

El Club de lectura, en su formato presencial, mantenido por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, se ha trasladado a Alcázar de San Juan este pasado fin de semana. Los anfitriones, Carmen y Antonio, miembros del club, se han volcado en atenciones y han organizado un perfecto encuentro. No solo nos abrieron generosamente las puertas de su casa sino que también han facilitado las visitas a los puntos más importantes de la localidad. El sábado, concertaron unas gachas tradicionales en un bar de la Plaza de España (allí, por cierto, tuve un encuentro emocionante con un lector asiduo de este espacio, Luis Miguel. Situaciones como estas me suceden cada vez con más frecuencia y me deparan momentos de buena conversación y amistad). La comida, en el patio de su casa, nos reservaba la sorpresa de una buena ración del guiso de las bodas de Camacho, así que en ese momento fuimos más Sanchos que Quijotes.

Tras la comida mantuvimos un interesante encuentro con Jaime Covarsí, que nos habló de su novela, Confesiones del apócrifo Cervantes (TAU ediciones, 2016), que ya he comentado en este espacio, cuando la presenté en Cáceres el pasado 14 de abril. Se trata de una novela de intriga bien estructurada, ambientada en Sevilla en la actualidad pero que tiene como motivo el hallazgo de unos documentos que revelan la auténtica identidad de Avellaneda. Covarsí, filólogo, profesor de lengua y literatura en secundaria y buen conocedor de Cervantes, también contribuyó a que la conversación nos llevara hacia la personalidad y la obra de este autor. Fueron dos horas y media de amena e interesante charla en la que también estuvo presente su editor, Antonio Burillo. Covarsí es un autor que crece en cada obra, decidido a hacerse un hueco en la literatura actual, con gran capacidad para mejorar y que ya deparó un buen debut con El bastón de avellano (TAU, 2015), que ya ha alcanzado la segunda edición. Ambas novelas reúnen el interés de la trama con un cuidado por la prosa y juegos metaliterarios que no entorpecen su lectura. Estoy convencido de que no será su última relación con este club de lectura. Al día siguiente, se presentó la novela en la bodega de la Casa Museo de Esquivias.

Por la tarde visitamos Alcázar de San Juan y, sobre todo, algunos espacios relacionados con Cervantes. En la iglesia parroquial de Santa María pudimos ver la copia de la famosa partida de bautismo que, junto a otros elementos, ha dado lugar a la creencia de que Cervantes nació en esta localidad manchega. Los cervantistas lo han descartado hace tiempo con sólidas razones, pero es ahora cuestión menor cuando se habla de un sentimiento muy arraigado en esa localidad. No voy a ser yo quien les quite ese sentimiento a quienes quieran sentir a Cervantes como propio. Cervantes, aunque naciera en Alcalá de Henares -o allí fuera bautizado, por lo menos-, lo hizo accidentalmente y terminaría convirtiéndose en un personaje universal, que es lo que es, en realidad. Pero quiso dotar a su obra más importante de carácter netamente manchego. No nació en Alcázar de San Juan, pero conocía todo aquel territorio a la perfección y lo llevó a ser referencia de un mito universal, como han hecho otros autores con una patria natal o adoptada. No puede entenderse el Quijote sin estos lugares de la Mancha, desde luego. Y Alcázar de San Juan es uno de los posibles "lugares de la Mancha de cuyo nombre" no quiso acordarse Cervantes.

Alcázar de San Juan es una localidad que merece ser visitada y conocida, también por sus habitantes, acogedores y abiertos al visitante y entusiastas en la promoción de todo lo propio. No puede dejar de visitarse el Museo del hidalgo, una reconstrucción muy ilustrativa de un tipo de casa notable de la zona en tiempos de Cervantes.

El domingo 1º de mayo nos acercamos a Campo de Criptana, en donde se conservan bien restaurados tres molinos tal y como debieron ser a finales del siglo XVI (tienen la declaración de Bien de interés cultural). No deberíamos olvidar que en los tiempos en los que se escribió el Quijote, los molinos de viento eran una innovación tecnológica radical, que trasformó esta industria y también el paisaje. El impacto visual, su interés técnico, los cambios introducidos en el sistema de producción de harina, la cierta liberación de propiedad y explotación que supusieron con respecto a los otros molinos, no pasaron desapercibidos a Cervantes. Su introducción en la novela es otra muestra más del retrato realista de su época en el Quijote. Y verlos por dentro es necesario para comprender la famosa aventura en la que don Quijote arremete contra ellos pensando que son gigantes. Posiblemente sea una de las más interesantes formas de contar la lucha del individuo contra la máquina.

Hacía frío en la sierra el domingo, pero pudimos disfrutar de unas detalladas y apasionadas explicaciones de un guía japonés sobre el funcionamiento de los molinos -una divertida anécdota que podría reflejar el carácter universal de la obra cervantina-, que también nos mostró -esto sí es un nuevo guiño de la historia- el museo dedicado a Sara Montiel, que se encuentra en uno de los molinos.

En definitiva, un viaje interesante, en el que hemos aprendido mucho, hemos intercambiado opiniones. Una experiencia para el recuerdo. Yo me he vuelto con la idea de que, gigantes o molinos, lo importante es que no hicieron parar a don Quijote y hoy los tenemos al servicio de Cervantes.


Parte del grupo (teníamos a unos cuantos perdidos por Alcázar de San Juan) con Jaime Covarsí, autor de Confesiones del apócrifo Cervantes (primero por la izquierda) y Antonio Burillo, su editor (TAU ediciones). En el monumento dedicado a don Quijote y Sancho Panza en la Plaza de España de Alcázar de San Juan.



Estas dos fotos corresponden al Museo dedicado a Sara Montiel (natural de Campo de Criptana) en el molino Culebro.
Vista desde el torreón del Gran prior Don Juan de Asutria (Alcázar de San Juan).