
Extraño martes el pasado día 14 de abril. El regreso de las vacaciones deja siempre un tacto muelle en las cosas. Además, no me encuentro bien desde hace semanas. No termino de coger el aliento de la actividad diaria. Hace tiempo, estas situaciones me provocaban un confuso estado entre la ansiedad y la rabia. Ahora me dejan perplejo como un actor veterano que asiste a los primeros síntomas de que ya no podrá realizar con éxito las giras llenas de bolos con dos funciones diarias y busca acomodarse a un paso digno que disimule la fatiga inopinada. O como esos jugadores de fútbol que sobrepasan la edad óptima y saben que sólo pueden darse por completo unos pocos minutos cada partido y deben aprender a dosificarse. Aún recuerdo un viejo amigo que me advirtió de que llega un momento en el que ya sólo puedes controlar si en el desayuno quieres una o dos tostadas y el resto del día debes contentarte con ser un observador del mundo y debes guardar la mayor parte de las fuerzas para la meditación a partir de lo observado y la acción en los momentos adecuados. Es esa mirada la que dará calidad al resto de tu vida. Quizá sea sólo la primavera, que no termina de llegar del todo.
Estuve ese martes con mi amigo Teo en el concierto de piano ofrecido por el alemán Christian Zacharias, celebrado en la Casa del Cordón de Burgos. Ya he confesado aquí mis carencias musicales, pero sé que asistí a un concierto brillante ofrecido por uno de los mejores pianistas de la actualidad. Zacharias tocó la Sonata para piano nº 44 en fa mayor de Haydn, Humoreske en si b mayor de Schumann, siete de los Douze Prélude de Debussy y la Sonata para piano nº 39 de Haydn. Agradeció los calurosos aplausos con una pieza fuera de programa, el Rondó de Mozart. Es asombrosa la técnica de Zacharias, que pudo con una sala que no es muy rica en sonoridad. Su interpretación de Haydn fue brillante, sin una sola tacha. En Schumann se percibió que su talento no le lleva por el romanticismo, a pesar de la limpieza en la ejecución. Magnífico en Debussy. Con el Rondó demostró su dominio de Mozart (está considerado uno de sus mejores intérpretes), llevándolo incluso a un ejercicio de dificultad más allá de la partitura.
Ahora bien, Zacharias, que llena en cualquier sala a precios mucho más altos que en Burgos, hubo de contentarse con menos de media entrada.