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lunes, 2 de septiembre de 2013

Cuando no se posa. Larry Fink: The Vanities. Hollywood parties 2000-2009


En la Sala Municipal de Exposiciones de San Benito de Valladolid se muestra, hasta el 4 de noviembre, la exposición Larry Fink. The Vanities. Hollywood Parties 200-2009. Programada como una parte más de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), es una visita imprescindible tanto para los amantes de la fotografía como para los aficionados al cine y los curiosos sobre el mundo que rodea a las estrellas de Hollywood. La obra de Larry Fink y su trabajo en las fiestas que rodean la entrega anual de los Óscar, es suficientemente conocida y se ha publicado en las mejores revistas. También se ha expuesto en ciudades de todo el mundo. Por eso, es de elogiar la oportunidad de la Sala de San Benito en programar esta exposición y vincularla a la tan reputada Seminci. Ya hemos comentado en varias ocasiones que esta sala de exposiciones cuenta con una de las mejores programaciones de exposiciones fotográficas que se pueden encontrar en España desde hace años.

La muestra contiene un centenar de imágenes en blanco y negro. A Larry Fink no le interesa en estas fotografías los posados de la alfombra roja o las cuidadas fotografías que pretenden reproducir todo el glamour de las grandes artistas, sino sorprenderlas en momentos en los que no se preparan ante la cámara del fotógrafo, cuando los gestos de sus caras son verdaderos y reflejan el cansancio o la naturalidad de la expresión. Tampoco busca los ángulos más favorecedores. Muchas veces ni se preocupa en que la imagen esté bien enfocada o que salga o no movida.

Las estrellas del cine resultan así más próximas, los vestidos tienen arrugas como puede sucedernos a cualquiera de nosotros, se les notan las arrugas de la piel o el cabello despeinado horas después de haber salido de las manos de los peluqueros. Las espaldas de las mujeres muestran los huesos que tenemos todos y los maquillajes han perdido su prestancia. Larry Fink hace posible que nos sintamos dentro de esas fiestas, como en esas bodas en las que ya todo el mundo lleva horas de pie y nadie se preocupa en sentarse correctamente por mucho que valga el vestido que se ha comprado para la ocasión o las mujeres están deseando quitarse los zapatos de tacón estrenados para la ocasión. También se aprecian las emociones más sinceras: las sonrisas francas o las bellezas naturales que permanecen tanto tiempo después de haber pasado por el espejo.

A esto se añade que Fink juega inteligentemente con el blanco y negro y las luces, acentuando esa sensación de la que hablaba o que busca fragmentos de los cuerpos de los artistas o de los otros personajes que están en las fiestas, que los retrata en escorzos poco favorecedores y que no oculta las mesas en las que se hallan los platos y las copas sino que los integra en la escena como parte de la composición. Hay una imagen de Meryl Streep y de Natalie Portman que ambas hubieran prohibido si pudieran: a la primera no se la ve más que una parte del rostro en la que se le nota la edad notablemente y la segunda tiene los ojos cerrados. Sin embargo, la composición es magnífica y las líneas de los rostros y de los escotes de las mujeres ordenan toda la imagen, como sucede en otras ocasiones con los brazos o las bandejas de los camareros.

Y a pesar de todo, Fink consigue que no podamos dejar de mirar estas imágenes. No solo por su extraordinaria técnica sino porque nos propone el juego anterior y posterior al momento en el que las estrellas actúan. Y todos sentimos esa curiosidad. Fink está lejos de ser uno de aquellos fotógrafos que contribuyeron a crear una imagen idílica del star system.

Una nota final. No he ahorrado nunca felicitaciones a la Sala de San Benito por su excelente programación. Pero con esta exposición vuelve a caer en sus graves errores habituales que parecían haber desaparecido en las últimas programadas, lo que me había hecho abrigar esperanzas de que se hubieran corregido para siempre. Pero no: aquí están de nuevo los reflejos provocados por el montaje y la anodina iluminación, que hacen irritante la experiencia de ver una tan oportuna exposición como esta. Estos reflejos son desagradables e impiden la correcta contemplación de las fotografías expuestas. Y también han regresado los errores en los paneles: letras que desaparecen y faltas de ortografía. Lo que me extraña es que los periodistas que reseñan esta exposición y que suelen trabajar cómodamente con las notas de prensa emitidas desde la Fundación Municipal de Cultura, las revistas especializadas y las decenas de blogs que tan rápidamente informan de la exposición -a veces incluso antes de que se haya inaugurado- no señalen cosas tan evidentes. Como si ni siquiera hubieran estado en la sala o hubieran estado pero no hubieran mirado lo expuesto o no quisieran quedar mal con los organizadores. Ninguno de ellos se atreve a ser Larry Fink, desde luego.