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miércoles, 26 de junio de 2024

Ava Gadner contempla el Misisipi y suena una canción

 


Dicen que las magnolias son anteriores a las abejas y que la singularidad de sus flores se debe a que buscaban la polinización por un tipo de escarabajos. Sea como sea, ahí está esta abeja castellana, ignorando que entra en una casa que no es suya, como los que se cuelan en el banquete de una boda afirmando que vienen de parte del novio o de la novia, según cuadre; como cuando Ava Gadner se coló en Magnolia (1951), la tercera versión cinematográfica del musical Show Boat. Era tan extraña en aquella película que decidieron prescindir de su voz en las canciones, pero qué importa. Recuerdo o imagino que Ava lleva un traje de cintura imposible y una sombrilla de tela y que un vapor de ruedas de paletas surca el Misisipi mientras alguien canta Ol´ Man River. El vapor Cottom Blossom, con su teatro, suelta amarras. Siempre que escucho la palabra magnolia imagino a Julie LaVerne mirando el río, los ojos verdes de Ava hacia el atardecer de la corriente.

sábado, 3 de enero de 2015

En la plaza de Santa Ana


A la puerta de la Cervecería Alemana, un guía explicaba en inglés a un grupo de turistas cómo Hemingway se reencontró allí con el pulso de Madrid tras la guerra y se apropió de la mesa junto a la ventana. Pero eso solo fue un minuto y por suerte lo dejaron en paz buscando su calma en el vaso que tenía delante. El resto del tiempo fue un seminario sobre las tapas. Yo prefiero la historia de Ava Gardner en aquel local buscando la sombra de Luis Miguel Dominguín. Entré un momento pero ella ya no estaba: lleva huyéndome algunas décadas. Todo era hoy bullicio en la tarde soleada de la Plaza de Santa Ana. Y frente al Teatro Español Federico García Lorca buscaba metáforas a la espera de que el aire traiga al fin azahar, menta y albahaca. Quizá algún día la primavera retorne y podamos proseguir la marcha.