Juan Ramírez de Lucas, el último amor de Federico García Lorca, murió hace dos años dejando un legado de enorme interés a una de sus hermanas con el mandato de que se diera a conocer: contenía unos cuadernos en el que Ramírez de Lucas cuenta sus recuerdos de aquel tiempo junto a varios escritos y dibujos que le había remitido el poeta en sus últimos meses de vida. Todo ello ha sido divulgado por el periódico El País y contribuye a conocer mejor los sentimientos del poeta. Hasta ahora, la versión más o menos acreditada sobre las razones que tuvo Lorca para no marchar de España a pesar del evidente riesgo de sufrir un atentado que le costara la vida en las convulsas semanas que precedieron a la sublevación militar del 18 de julio, insistían en el supuesto carácter inmaduro de Lorca. Según esta opinión generalizada, Lorca no era muy consciente del riesgo que corría y pensó que en casa de sus padres, en Granada, estaría seguro, a pesar de todos los avisos que recibió y de las ofertas de varios embajadores para acogerlo. Allí marchó, en efecto, pero no fue solo para refugiarse, sino para esperar la respuesta definitiva de Juan Ramírez de Lucas, que intentaba conseguir la autorización paterna -contaba solo con 19 años, dos menos de la mayoría de edad entonces- para marchar a México con Lorca, a donde este había sido invitado a viajar por la actriz Margarita Xirgu. Lorca, por entonces, veía claramente en el teatro la posibilidad de vivir profesionalemente como escritor y Ramírez de Lucas era un actor en ciernes cuya carrera se vio truncada por la Guerra civil. Cuántas cosas quedaron truncadas en aquel momento. Lorca sería asesinado solo un mes después de firmar aquella carta que llegó a las manos de su destinatario cuatro días después, cuando ya se habían comenzado a destrozar tantas ilusiones y cuyo texto revela que la esperanza puede conservarse incluso en los tiempos más duros.