El final abrupto de las Crónicas de la Guerra de África de Núñez de Arce se debe a un fuerte desacuerdo con el diario para el que trabajaba como corresponsal. Desde febrero, al menos, se percibe en los textos de Núñez de Arce un cambio de signo que se concreta en varias cosas. En primer lugar, la sustitución de la figura heroica de Prim -no en vano, el general más afín a la causa del progresismo puro defendido por el director de La Iberia, Pedro Calvo Asensio- por la de los negociadores y el mismo O'Donnell, pero también alusiones cada vez más constantes a que el conflicto bélico no se había declarado como guerra de ocupación sino como guerra de prestigio que intentaba solo recuperar el honor de España. Está también la enfermedad, no aclarada, que motiva el traslado a la Península de Núñez de Arce durante un tiempo. Desde esos momentos, Núñez de Arce se dedica más a escribir un relato costumbrista, por una parte, y a justificar que España renuncie a la guerra -a pesar de los preparativos para marchar sobre Tánger-, firme el tratado de paz y se retire del terrero conquistado salvo unos pequeños emplazamientos para proteger Ceuta. Núñez de Arce, quizá por interés propio, quizá por haber visto en directo las consecuencias de una guerra, defiende la postura de O'Donnell y eso, inevitablemente, le hará chocar con La Iberia, renunciar a la corresponsalía y abandonar el periódico. La Iberia no publicará directamente su última crónica, en la que explica su postura, sino recogiéndola de otros periódicos.
La guerra había terminado. La posición de España en el norte de Marruecos era insostenible: la expedición había sido pésimamente planificada en aspectos básicos como la intendencia o el sanitario -las enfermedades causaron más muertes que los enemigos- y ni siquiera sirvió para recuperar el prestigio exterior español como potencia. Pero sí sirvió para una causa interna: generó, más que cualquier otro conflicto anterior, una idea de nacionalismo liberal español en el que se reunían diversas clases sociales y todas las regiones del país. A este respecto, recomiendo leer con calma los pasajes dedicados por Núñez de Arce al cuerpo de ejército de los voluntarios catalanes. También sirvió, por supuesto, para consolidar durante un tiempo el poder de O'Donnell.
Sea como sea, esta guerra quedó en el imaginario popular del país. Y las crónicas de Núñez de Arce y el volumen en el que meses después recogiera sus textos con sustanciales variantes, contribuyeron a ello. Fue el primer conflicto español que se siguió a través de la prensa de una forma moderna. Núñez contribuyó con su prosa a crear un estilo de cronista de guerra que aún hoy existe. En él se mezcla el relato de los hechos bélicos con las escenas costumbristas, la opinión con el reportaje.
Con esta entrada terminamos el comentario de las Crónicas de Núñez de Arce. En las próximas haremos balance del curso, anunciaremos las lecturas del próximo y otras novedades.
Noticias de nuestras lecturas
Mª del Carmen Ugarte comenta con todo acierto el pasaje de la llegada de las tropas de voluntarios catalanes al frente africano, uno de los más significativos de la obra.
Mª Ángeles Merino, en ese seno cotidiano y familiar desde el que comenta acertadamente esta lectura, llega a la esperanza que generó la victoria de Tetuán y las posibilidades que abría para España.
De la laberíntica construcción de una casa en esta novela de Torrente Ballester en la que se intenta someter a razón científica el caos, hasta Sabina. No me preguntéis cómo, pero de eso solo es capaz Pancho en esta entrada.
Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.



