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domingo, 4 de marzo de 2012
miércoles, 29 de febrero de 2012
Dos ventanas
El tiempo cumple su ciclo. A pesar de todo, comienza a percibirse la primavera. Por estas tierras aun no han florecido los almendros, las mañanas todavía son frías y hemos tenido uno de los inviernos más secos de las últimas décadas. Pero algunas ventanas se han pintado de color a nuestro paso.
sábado, 18 de junio de 2011
El misterioso asunto de las relaciones personales
Nadie tiene la receta para que mejore una relación que se ha enturbiado en unas pocas semanas. Es curioso cómo a veces se intenta arreglar algo y termina estropeándose más y donde había complicidad ahora hay desencuentro. Y duele. Al paseante ahora le ha dado por meditar triste sobre estas cosas fijándose en las puertas del barrio viejo que lleva dentro.
viernes, 17 de junio de 2011
Puertas que envejecen de forma brusca
Es sorprendente cómo algunas puertas se cierran y envejecen de forma brusca y no vuelven a abrirse nunca por mucho que se llame a ellas. El paseante se queda de pie y atónito, ante ellas, buscándose una llave que dejó olvidada dentro.
miércoles, 6 de abril de 2011
Aldaba y cerrojo
Hay gente que se empeña en decir que está disponible solo porque ha puesto una aldaba en la puerta, justo al lado del cerrojo.
viernes, 15 de octubre de 2010
Calle Arenal esquina Calle San Nicolás
Hacía frío en Miranda de Ebro, un frío húmedo de otoño. El río corría lento, entre aquende y allende, quizá corría por dentro, buscando ensimismado -desde tan lejos- desembocar en su mar.
martes, 28 de septiembre de 2010
sábado, 25 de septiembre de 2010
Dayana
miércoles, 22 de septiembre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
martes, 7 de septiembre de 2010
Escalera de emergencia
viernes, 20 de agosto de 2010
Puerta y llave fósil
miércoles, 18 de agosto de 2010
martes, 8 de junio de 2010
martes, 27 de abril de 2010
La fachada de mi casa es amarilla
Hoy me he desorientado. Qué hacer cuando uno espera que el semáforo se ponga verde para cruzar la calle y no recuerda el camino a casa. El daltonismo hace que el verde no sea más que una posición y cuando se pierde el sentido de orientación tampoco sirve de nada pintar la fachada de la casa de amarillo.
martes, 30 de marzo de 2010
sábado, 16 de enero de 2010
La cultura en Internet y los guardianes del secreto
Internet tiene muchos riesgos pero ninguno de ellos se relaciona con la ocultación de los conocimientos.
A veces me da la impresión de que algunos críticos de esta herramienta de comunicación de lo que se lamentan de verdad es de que se acabe su función como controladores de la cultura: muchos editores y escritores consagrados (o que creen serlo o que se sienten heridos por no serlo) insisten en denostar la red electrónica y juran que no les interesa ni les aporta nada, al igual que músicos, académicos, docentes, marchantes, etc. En otro campo, es lo mismo que sucede con la gestión de la información y los periodistas.
Por otra parte, en Internet es tan rápido conocer la opinión de los receptores de un producto que muchos de los artistas y gestores de la cultura y la información no se sienten cómodos: da la impresión de que añoran los tiempos en los que no tenían ninguna relación con su público pero no quieren perder los beneficios económicos y de posición social que han venido ocupando gracias a que existe un público que consume lo que ellos producen, sin comprender que en una sociedad occidental actual gran parte de la población desea ser activo en el proceso y no un mero sujeto pasivo.
En el fondo, hay un temor a que la estructura tradicional de reparto del pastel cultural se altere y que haya más gente opinando, produciendo y consumiendo que no tenga que pasar necesariamente por sus manos y que pueda gestionar sus propios conocimientos y productos artísticos.
Al igual que los nuevos formatos de televisión -muy relacionados con el formato electrónico- han disminuido las cifras de audiencia para los canales y lo harán más en el futuro, Internet ha provocado que haya más públicos (en plural) que puedan encontrar lo que buscan sin pasar por los guardianes del secreto. Y más autores produciendo.
Además, las posibilidades de reproducción y su rapidez asustan a los creadores que pretenden ganarse la vida con sus obras a la manera en la que se ha venido haciendo en el último siglo: todo producto volcado en Internet, si tiene éxito, tiende a convertirse en anónimo o a contar con múltiples atribuciones en poco tiempo. Esto ya ha sucedido en la historia de la cultura: durante la mayoría de las épocas, la autoría no es considerada un valor; el resto, con el tiempo, produce una acumulación de la que se nutren los siguientes artistas sin conocer la trayectoria de un motivo o un recurso. La cultura siempre tiende al bien mostrenco, incluso en los grandes nombres. Sólo a partir del Renacimiento se produce una cierta ralentización que se agudizó con el nacimiento del concepto de originalidad artística en el Romanticismo. Pero incluso estos períodos se construyen a partir de la intertextualidad que es, en sí misma, una forma de anonimato: sorprenderia a los no informados una mera lista de obras que no son de quien les han dicho que son los libros de texto escolares. Pero es con Internet cuando el proceso de trasformación en bien común y anónimo se acelera exponencialmente, al igual que el libre acceso de los que buscan algo a diferentes focos de información y bases de datos que les ayuden a contrastar lo que encuentran si así lo desean.
Esta cuestión es una clave esencial para comprender el conocimiento en la red y es difícil de conjugar, en el estado actual de las cosas, con la mentalidad anterior a Internet sobre la autoría y sus rendimientos en cuanto a prestigio social y ganancias económicas. Y dificulta el trabajo de los guardianes del secreto: por eso rabian.
A veces me da la impresión de que algunos críticos de esta herramienta de comunicación de lo que se lamentan de verdad es de que se acabe su función como controladores de la cultura: muchos editores y escritores consagrados (o que creen serlo o que se sienten heridos por no serlo) insisten en denostar la red electrónica y juran que no les interesa ni les aporta nada, al igual que músicos, académicos, docentes, marchantes, etc. En otro campo, es lo mismo que sucede con la gestión de la información y los periodistas.
Por otra parte, en Internet es tan rápido conocer la opinión de los receptores de un producto que muchos de los artistas y gestores de la cultura y la información no se sienten cómodos: da la impresión de que añoran los tiempos en los que no tenían ninguna relación con su público pero no quieren perder los beneficios económicos y de posición social que han venido ocupando gracias a que existe un público que consume lo que ellos producen, sin comprender que en una sociedad occidental actual gran parte de la población desea ser activo en el proceso y no un mero sujeto pasivo.
En el fondo, hay un temor a que la estructura tradicional de reparto del pastel cultural se altere y que haya más gente opinando, produciendo y consumiendo que no tenga que pasar necesariamente por sus manos y que pueda gestionar sus propios conocimientos y productos artísticos.
Al igual que los nuevos formatos de televisión -muy relacionados con el formato electrónico- han disminuido las cifras de audiencia para los canales y lo harán más en el futuro, Internet ha provocado que haya más públicos (en plural) que puedan encontrar lo que buscan sin pasar por los guardianes del secreto. Y más autores produciendo.
Además, las posibilidades de reproducción y su rapidez asustan a los creadores que pretenden ganarse la vida con sus obras a la manera en la que se ha venido haciendo en el último siglo: todo producto volcado en Internet, si tiene éxito, tiende a convertirse en anónimo o a contar con múltiples atribuciones en poco tiempo. Esto ya ha sucedido en la historia de la cultura: durante la mayoría de las épocas, la autoría no es considerada un valor; el resto, con el tiempo, produce una acumulación de la que se nutren los siguientes artistas sin conocer la trayectoria de un motivo o un recurso. La cultura siempre tiende al bien mostrenco, incluso en los grandes nombres. Sólo a partir del Renacimiento se produce una cierta ralentización que se agudizó con el nacimiento del concepto de originalidad artística en el Romanticismo. Pero incluso estos períodos se construyen a partir de la intertextualidad que es, en sí misma, una forma de anonimato: sorprenderia a los no informados una mera lista de obras que no son de quien les han dicho que son los libros de texto escolares. Pero es con Internet cuando el proceso de trasformación en bien común y anónimo se acelera exponencialmente, al igual que el libre acceso de los que buscan algo a diferentes focos de información y bases de datos que les ayuden a contrastar lo que encuentran si así lo desean.
Esta cuestión es una clave esencial para comprender el conocimiento en la red y es difícil de conjugar, en el estado actual de las cosas, con la mentalidad anterior a Internet sobre la autoría y sus rendimientos en cuanto a prestigio social y ganancias económicas. Y dificulta el trabajo de los guardianes del secreto: por eso rabian.
miércoles, 22 de julio de 2009
Ojo
domingo, 5 de abril de 2009
Sin apunte
viernes, 3 de abril de 2009
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