
Este año, el Premio de la Crítica de Castilla y León, patrocinado por el Instituto de la Lengua, ha recaído en Los frutos de la niebla, de Luis Mateo Díez. Este Premio, de cuyo jurado formo parte desde hacia varias convocatorias, selecciona la mejor obra de un autor castellano-leonés publicada en el año anterior. Luis Mateo Díez ha sido uno de los autores presentes en todas las convocatorias y este año, finalmente, lo ha obtenido por una obra compuesta por tres historias: tres novelas breves que cierran un excelente ciclo de su obra, Las fábulas del sentimiento, compuesto por El diablo meridiano, El eco de las bodas y El fulgor de la pobreza.
Sigo a Luis Mateo Díez, uno de los autores españoles más fieles a su propio estilo, desde sus primeras obras y ésta que hemos premiado es una de las que más me han satisfecho, siendo muchas las que me han gustado. Los retratos de los personajes, el ambiente que crea desde la aparente falta de grandes conflictos, por datos que van construyendo el mundo interior con una mirada que impacta al lector para inquietarlo sin alardes técnicos, son algunas de sus mejores características.
De los 10 finalistas, a la ronda final de votaciones pasaron otras dos obras recomendables: Luis García Jambrina, El manuscrito de piedra (un relato que conjuga con acierto la novela histórica y la policíaca para abordar la especial situación de la vida de Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, en sus tiempos de estudiante de la Universidad de Salamanca) y Abel Hernández, Historias de la Alcarama (una historia sobre el mundo rural y la despoblación, que atrapa tanto a los que vivieron aquellos momentos en los que se vaciaron tantos pueblos castellanos como a los más jóvenes).
Recodemos que, el mejor premio, es leer estas obras.