Mostrando entradas con la etiqueta Eva Marie Saint. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eva Marie Saint. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de julio de 2012

Nos dividirán y querrán convertirnos


Nos dividirán y querrán convertirnos a su doctrina: con una ley no escrita nos dirán que solo hay un camino. Comenzaremos a delatarnos los unos a los otros para demostrar nuestra condición servil y luego querremos justificarnos, pero será tarde. Y reinará la violencia: una violencia de golpes secos y sin sangre pero llena de ojos muertos y espaldas arqueadas. Nos golpearemos entre nosotros para marcar nuestras diferencias cometiendo el mayor error de nuestras vidas y querremos hacer méritos para mostrarnos sumisos, obedientes y dejarles expedito el camino creyendo así -¡qué ilusos!- que la vida nos será más fácil. Querrán privarme incluso del sosiego de tus labios y de tus brazos, que el beso sea casi delincuente, fugaz, de una urgencia que no se merece porque lo primero que nos habrán quitado es el tiempo.

Pero me niego a colaborar: prefiero estar en la lista.

Quiero besarte como nos merecemos, con la lentitud necesaria para llegar al sabor terciopelo de tu boca, con todo el tiempo preciso para hallarte. Separarme unos segundos de tus labios para mirarte a los ojos y decirte cuánto te amo antes de regresar a tu boca. Como si fuera esta noche la última de la que disponemos porque sin duda vendrán a por nosotros al amanecer, porque son insaciables. Y que la luz me sorprenda abrazándote -lo habré hecho toda la noche al velar tu sueño y dejar que te gires hacia mí para reposar tu cabeza en mi pecho cuando cambias de postura en la cama, empujándome con la suavidad de quien sabe que será obedecida-, pegado a tu espalda, y, durante un espejismo certero, la mañana se inicie con la suavidad de tus besos. Como si el mundo fuera hermoso y toda la gente buena.

lunes, 16 de julio de 2012

Nos perseguirán y llamarán culpables


Nos perseguirán y llamarán culpables: querrán aislarnos, arrancarnos de nuestra vida, querrán matarnos. Que caminemos por las calles con sensación de ahogo y culpa, que vivamos tristes y resignados. Nos dirán que ha sido nuestra la responsabilidad de todo lo que ha sucedido y tomarán medidas para que no podamos replicarlos, nos cortarán los afectos y la voz y recortarán todo lo que habíamos conseguido. Llegaremos a dudar de todo y de todos e incluso de nosotros mismos. Habrá un momento en el que no sepamos quiénes somos ni quiénes son los nuestros. Entonces deberemos recurrir a lo que nos salva para ser más nosotros y nos encontraremos: no te diré que soy inocente porque lo sabrás nada más verme de la misma manera que yo sabré que no me negarás el abrazo y los besos. Ni tu piel. Querrán reducirnos a la mera condición de perseguidos sin decirnos la verdadera causa de nuestra culpa porque la causa son ellos mismos, que piensan que ya no nos necesitan más que como peones. Pero no saben que aun queda un tren -quizá tan solo uno- en donde encontrarse y ampararse en un beso largo. Te voy a besar como nunca te han besado porque el próximo beso será de verdad y no tendrá tiempo ni urgencia de relojes. Te voy a besar de labios y mis manos recorrerán tu espalda pero primero te habré mirado hacia dentro de ti para hallarte. Y en ese momento sabré que quizá consigan vencernos pero no nos habrán derrotado porque la lucha estará ya iniciada desde el sabor de tu boca y de tu piel y de tu cuello. No conseguiré vencer porque el inocente nunca gana, pero qué más da ya si he bajado en la estación correcta tras el probar el sabor de tus labios. Y subirán otros a otros trenes para besarse. Quizá, entonces, seamos los suficientes para saber que aun hay esperanza.