De nuevo se ha fallado el paripé del Premio Planeta (edición número 56), que el año pasado recayó en Álvaro Pombo sin que tuviera demasiada trascendencia ni para la carrera literaria de este autor ni para las letras españolas actuales.
Esta vez los agraciados han sido Juan José Millás, ganador con una novela de corte autobiográfico, El mundo, y Boris Izaguirre, finalista con otra que los medios de comunicación califican de melodrama, Villa Diamante. Se cumple, por lo tanto, la costumbre de los últimos años de premiar a un escritor de nombre consolidado junto a una figura popular habitual en los medios de comunicación.
Juan José Millás es uno de los mejores articulistas españoles de hoy y un gran novelista. Boris Izaguirre es un hombre mediático -como se dice ahora- que comenzó su carrera como escritor de guiones para telenovelas en su país natal. Ambos, pues, saben escribir y conocen el mercado literario en el que se han especializado cada uno. Si cumplen con sus biografías serán dos textos que debemos leer. Mi opinión sobre el hecho de que se presten a estas cosas me la reservo porque ya, a estas alturas, no voy a criticar que alguien que escribe vea pagado su trabajo de esta forma. Ni que quien arriesga su dinero como empresario privado del objeto literario dote un premio para lanzar publicitariamente un texto. Es mucho dinero. Otra cosa es que todavía haya quien se preste a contar las cosas de otra manera. O esos premios que llevan nombres de ciudades pero que son decididos de la misma manera por los editores con la aquiescencia de las instituciones públicas.
Espero que Millás e Izaguirre lo disfruten y que la editorial, con este sello o con otro de los que posee, utilice las ganancias para publicar y lanzar a jóvenes que necesitan ese respaldo. Leeré, por supuesto, las novelas y, si merecen comentario, aquí dejaré constancia.