Unamuno, en la Oración fúnebre por modo de epílogo, reproduce el monólogo interior de Orfeo, el perro de Augusto. Es a él al que le toca extraer las últimas reflexiones sobre el final de su amo. Este ingenioso rasgo desconcierta siempre al lector no avisado, al lector que no está dispuesto a admitir tonterías en las novelas. Un rasgo más de lo que pretende el autor con Niebla. Este humorismo, del que ya hemos hablado, para decir cosas serias. Orfeo piensa sobre el extraño animal que somos los seres humanos, animal enfermo:
¡Qué extraño animal es el hombre! ¡No está nunca en donde debe estar, que es a lo que está, y habla para mentir y se viste!
El lector que busca argumento, el lector que no quiere que lo sorprendan de verdad, como debe sorprender la literatura, se aburrirá soberanamente con Niebla. No es culpa del autor, es culpa de la lectura insuficiente (de la que pocas veces se habla por miedo a la reacción de la industria del libro como valor comercial). En Niebla se habla de todo, pero sobre todo de la vida. Se vive como se escribe esta nivola, según van sucediendo las cosas, no como nos la cuentan las novelas previsibles y ordenaditas que no deparan más que pequeños enredos argumentales y comodidad de lectura. Capítulos antes de esta Oración, sucede la escena más famosa de la narración, el encuentro entre el personaje (Augusto) y su creador (Unamuno) que así, muy cervantinamente, se convierte en personaje también y, por lo tanto, sueño. Unamuno da un paso más allá de Cervantes: no solo tiene idéntico genio literario -metaliterario- sino que lo usa para hablar de la misma vida, de la existencia del ser humano: ¿somos en realidad o somos solo sueño de alguien que nos sueña? ¿Tenemos libertad auténtica? Como resume Domingo, cosas de libros. A lo que responde Augusto:
Cosas de libros..., cosas de libros... ¿Y qué no es cosa de libros, Domingo? ¿Es que antes de haber libros en una u otra forma, antes de haber relatos, de haber palabras, de haber pensamiento, había algo? ¿Y es que después de acabarse el pensamiento quedará algo? ¡Cosas de libros! ¿Y quién no es cosa de libros?
En efecto, ¿no somos todos un relato autobiográfico y los demás uno biográfico nuestro? Por eso, si queremos demostrar nuestra propia existencia debemos desarrollar voluntad propia, como hace este Augusto que comienza siendo un niño mimado e insustancial y termina muriéndose a propósito. Lo malo es que hasta su muerte se convierte en mero relato de los demás: asistolia o producto de una sentada, suicidio o muerte tonta, sueño de Unamuno o recuerdo en Orfeo. Y cuando Orfeo muera, quién recordará de verdad a Augusto... o a nosotros, que lo leemos.
¡Qué extraño animal es el hombre! ¡No está nunca en donde debe estar, que es a lo que está, y habla para mentir y se viste!
El lector que busca argumento, el lector que no quiere que lo sorprendan de verdad, como debe sorprender la literatura, se aburrirá soberanamente con Niebla. No es culpa del autor, es culpa de la lectura insuficiente (de la que pocas veces se habla por miedo a la reacción de la industria del libro como valor comercial). En Niebla se habla de todo, pero sobre todo de la vida. Se vive como se escribe esta nivola, según van sucediendo las cosas, no como nos la cuentan las novelas previsibles y ordenaditas que no deparan más que pequeños enredos argumentales y comodidad de lectura. Capítulos antes de esta Oración, sucede la escena más famosa de la narración, el encuentro entre el personaje (Augusto) y su creador (Unamuno) que así, muy cervantinamente, se convierte en personaje también y, por lo tanto, sueño. Unamuno da un paso más allá de Cervantes: no solo tiene idéntico genio literario -metaliterario- sino que lo usa para hablar de la misma vida, de la existencia del ser humano: ¿somos en realidad o somos solo sueño de alguien que nos sueña? ¿Tenemos libertad auténtica? Como resume Domingo, cosas de libros. A lo que responde Augusto:
Cosas de libros..., cosas de libros... ¿Y qué no es cosa de libros, Domingo? ¿Es que antes de haber libros en una u otra forma, antes de haber relatos, de haber palabras, de haber pensamiento, había algo? ¿Y es que después de acabarse el pensamiento quedará algo? ¡Cosas de libros! ¿Y quién no es cosa de libros?
En efecto, ¿no somos todos un relato autobiográfico y los demás uno biográfico nuestro? Por eso, si queremos demostrar nuestra propia existencia debemos desarrollar voluntad propia, como hace este Augusto que comienza siendo un niño mimado e insustancial y termina muriéndose a propósito. Lo malo es que hasta su muerte se convierte en mero relato de los demás: asistolia o producto de una sentada, suicidio o muerte tonta, sueño de Unamuno o recuerdo en Orfeo. Y cuando Orfeo muera, quién recordará de verdad a Augusto... o a nosotros, que lo leemos.
Y noticias de nuestras lecturas
Excelente la forma en la que Pancho ha visto cómo la niebla puede instalarse en un casino provinciano y en la vida de una persona tan aparentemente ordenada como Víctor, el amigo del protagonista. Y nos reserva un descubrimiento -para mí, al menos- al final de la entrada.
Luz del Olmo concluye su relectura de la obra haciendo un interesante balance de la novela en el que no falta nada... ni Orfeo. Os lo recomiendo.
No os podéis perder de ninguna de las maneras la entrada en la que Mª del Carmen Ugarte analiza una de las claves de esta novela de Unamuno: el lenguaje. Os ayudará a comprenderla mejor.
Hasta el capítulo XXIII llega Gelu en su comentario de la obra. Y señala, con todo acierto, lo divertido de la narración de Unamuno.
Mª Ángeles Merino reseña con acierto la sesión presencial que tuvimos el pasado martes para comentar la obra de Unamuno. Y a su entrada remito para quien quiera saber cómo disfrutamos entre gordolobos y páginas de Niebla...
Luz del Olmo concluye su relectura de la obra haciendo un interesante balance de la novela en el que no falta nada... ni Orfeo. Os lo recomiendo.
No os podéis perder de ninguna de las maneras la entrada en la que Mª del Carmen Ugarte analiza una de las claves de esta novela de Unamuno: el lenguaje. Os ayudará a comprenderla mejor.
Hasta el capítulo XXIII llega Gelu en su comentario de la obra. Y señala, con todo acierto, lo divertido de la narración de Unamuno.
Mª Ángeles Merino reseña con acierto la sesión presencial que tuvimos el pasado martes para comentar la obra de Unamuno. Y a su entrada remito para quien quiera saber cómo disfrutamos entre gordolobos y páginas de Niebla...
Anuncio de la próxima lectura
En diciembre leemos Don Quijote en Manhattan (Testamento yankee), la nueva novela de Marina Perezagua, uno de los valores en alza de la narrativa española. Nacida en Sevilla, licenciada en Historia de Arte en la Universidad de Sevilla, vive en Nueva York desde hace años. Tras dos libros de cuentos, Criaturas abisales (2011) y Leche (2013) publicó Yoro (2015). Esta novela concitó el interés crítico y de los lectores, ha sido traducida a varios idiomas y alcanzó el XXIV Premio Sor Juana Inés de la Cruz, uno de los más prestigiosos en hispanoamerica, que premia la obra de escritoras con obra original en español. Curiosamente, la primera edición de este Premio fue para otra obra de fondo cervantino, Dulcinea encantada, de la mexicana Angelina Muñiz-Huberman. En esta recreación de los personajes de Cervantes encontraremos a don Quijote y Sancho en pleno Manhattan contemporáneo... De hecho, sin quererlo, enlazamos Niebla, en donde Unamuno afirma que es imposible resucitar a Don Quijote, con esta novela en donde se hace tal cosa...La novela ha sido publicada por Los libros del Lince.








