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jueves, 1 de diciembre de 2016

Cosas de libros (final de la lectura de Niebla de Unamuno) y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima


Unamuno, en la Oración fúnebre por modo de epílogo, reproduce el monólogo interior de Orfeo, el perro de Augusto. Es a él al que le toca extraer las últimas reflexiones sobre el final de su amo. Este ingenioso rasgo desconcierta siempre al lector no avisado, al lector que no está dispuesto a admitir tonterías en las novelas. Un rasgo más de lo que pretende el autor con Niebla. Este humorismo, del que ya hemos hablado, para decir cosas serias. Orfeo piensa sobre el extraño animal que somos los seres humanos, animal enfermo:

¡Qué extraño animal es el hombre! ¡No está nunca en donde debe estar, que es a lo que está, y habla para mentir y se viste!

El lector que busca argumento, el lector que no quiere que lo sorprendan de verdad, como debe sorprender la literatura, se aburrirá soberanamente con Niebla. No es culpa del autor, es culpa de la lectura insuficiente (de la que pocas veces se habla por miedo a la reacción de la industria del libro como valor comercial).  En Niebla se habla de todo, pero sobre todo de la vida. Se vive como se escribe esta nivola, según van sucediendo las cosas, no como nos la cuentan las novelas previsibles y ordenaditas que no deparan más que pequeños enredos argumentales y comodidad de lectura. Capítulos antes de esta Oración, sucede la escena más famosa de la narración, el encuentro entre el personaje (Augusto) y su creador (Unamuno) que así, muy cervantinamente, se convierte en personaje también y, por lo tanto, sueño. Unamuno da un paso más allá de Cervantes: no solo tiene idéntico genio literario -metaliterario- sino que lo usa para hablar de la misma vida, de la existencia del ser humano: ¿somos en realidad o somos solo sueño de alguien que nos sueña? ¿Tenemos libertad auténtica? Como resume Domingo, cosas de libros. A lo que responde Augusto:

Cosas de libros..., cosas de libros... ¿Y qué no es cosa de libros, Domingo? ¿Es que antes de haber libros en una u otra forma, antes de haber relatos, de haber palabras, de haber pensamiento, había algo? ¿Y es que después de acabarse el pensamiento quedará algo? ¡Cosas de libros! ¿Y quién no es cosa de libros?

En efecto, ¿no somos todos un relato autobiográfico y los demás uno biográfico nuestro? Por eso, si queremos demostrar nuestra propia existencia debemos desarrollar voluntad propia, como hace este Augusto que comienza siendo un niño mimado e insustancial y termina muriéndose a propósito. Lo malo es que hasta su muerte se convierte en mero relato de los demás: asistolia o producto de una sentada, suicidio o muerte tonta, sueño de Unamuno o recuerdo en Orfeo. Y cuando Orfeo muera, quién recordará de verdad a Augusto... o a nosotros, que lo leemos.

Y noticias de nuestras lecturas

Excelente la forma en la que Pancho ha visto cómo la niebla puede instalarse en un casino provinciano y en la vida de una persona tan aparentemente ordenada como Víctor, el amigo del protagonista. Y nos reserva un descubrimiento -para mí, al menos- al final de la entrada.

Luz del Olmo concluye su relectura de la obra haciendo un interesante balance de la novela en el que no falta nada... ni Orfeo. Os lo recomiendo.

No os podéis perder de ninguna de las maneras la entrada en la que Mª del Carmen Ugarte analiza una de las claves de esta novela de Unamuno: el lenguaje. Os ayudará a comprenderla mejor.

Hasta el capítulo XXIII llega Gelu en su comentario de la obra. Y señala, con todo acierto, lo divertido de la narración de Unamuno.

Mª Ángeles Merino reseña con acierto la sesión presencial que tuvimos el pasado martes para comentar la obra de Unamuno. Y a su entrada remito para quien quiera saber cómo disfrutamos entre gordolobos y páginas de Niebla...


Anuncio de la próxima lectura



En diciembre leemos Don Quijote en Manhattan (Testamento yankee), la nueva novela de Marina Perezagua, uno de los valores en alza de la narrativa española. Nacida en Sevilla, licenciada en Historia de Arte en la Universidad de Sevilla, vive en Nueva York desde hace años. Tras dos libros de cuentos, Criaturas abisales (2011) y Leche (2013) publicó Yoro (2015). Esta novela concitó el interés crítico y de los lectores, ha sido traducida a varios idiomas y alcanzó el XXIV Premio Sor Juana Inés de la Cruz, uno de los más prestigiosos en hispanoamerica, que premia la obra de escritoras con obra original en español. Curiosamente, la primera edición de este Premio fue para otra obra de fondo cervantino, Dulcinea encantada, de la mexicana Angelina Muñiz-Huberman. En esta recreación de los personajes de Cervantes encontraremos a don Quijote y Sancho en pleno Manhattan contemporáneo... De hecho, sin quererlo, enlazamos Niebla, en donde Unamuno afirma que es imposible resucitar a Don Quijote, con esta novela en donde se hace tal cosa...La novela ha sido publicada por Los libros del Lince.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Eso del amor es cosa de libros y otras disquisiciones disparatadas en Niebla de Unamuno y noticias de nuestras lectura.


La caricatura en la que se basa gran parte del humorismo de Niebla nos permite comprender mejor las razones cotidianas de los personajes, aquellas que de verdad los guían cuando los hallamos en sus círculos privados. Para ello, el narrador se esconde y deja que sean los diálogos y los monólogos los que pongan en evidencia sus comportamientos. La narración está llena de buenos ejemplos. Víctor, el amigo del protagonista que tan formal y hasta erudido prologuista nos pareció, aparece en el capítulo XIV jugando al ajedrez -no hay juego que tenga fama de más intelectual- pero con una carga que él llama moral pero que los lectores pronto podríamos poner otro calificativo. Tras muchos intentos por tener un hijo y después de doce años, su mujer se ha quedado embarazada. La irritación que les provoca hace que aquello que tanto deseaban se convierta ahora en una molestia intolerable que provoca que su mujer ni salga de casa por una insoportable sensación de ridículo. Donde primero se evidencia es en lenguaje. Llaman a su futuro hijo el intruso puesto que viene a romper la vida apacible que llevan, su rutina.

No hay institución ni valor que Unamuno no caricaturice y extreme para, agrandándola de esa manera humorística, hacernos ver la hipocresía con la que individuo y sociedad afrontan las claves que dicen ser las que soportan el mundo. No se libra ni el esfuerzo personal (Augusto desarrolla voluntad solo cuando se enamora pero pronto pervierte su sentimiento y acaba intentando seducir a Rosario, la planchadora), ni la paternidad, ni la familia, ni la fe, ni el amor, ni la generosidad de las buenas acciones, ni la lealtad, ni la amistad, ni el matrimonio...

Eugenia y Ermelinda, sobrina y tía, abordan en el capítulo XV el matrimonio. Ella nos aparece inicialmente -solo inicialmente, pero no deseo desentrañar el argumento para quien no haya leído la novela- defensora del matrimonio por amor: 

- Pero si no lo quiero, tía...

A Eugenia no le gusta Augusto... porque es bueno:

- Pues por eso no le quiero, porque es tan bueno como usted dice... No me gustan los hombres buenos.
- Ni a mí, hija, ni a mí, pero...
- ¿Pero qué?
- Que hay que casarse con ellos. Para eso han nacido y son buenos maridos.
- Pero si no lo quiero, ¿cómo he de casarme con él?
- ¿Cómo? ¡Casándote! ¿No me casé yo con tu tío...?

Y la tía alecciona a la sobrina sobre el matrimonio por amor:
 
- (...) Mira, eso del amor es una cosa de libros, algo que se han inventado no más que para hablar y escribir de ello. Tonterías de poetas. Lo positivo es el matrimonio. El código civil no habla de amor y sí del matrimonio. Todo eso del amor no es más que música...
 
Por si fuera poco, el protagonista no es más que una caricatura de un filósofo que dialoga con un perro y se queda dormido tras divagar sobre si el cuerpo de su amada Eugenia es alma o no. Ese diálogo (o monólogo) con Orfeo termina colocando todo en su sitio:

- (...) Y ahora vamos a dormir, Orfeo, si es que nos dejan.

Y así nos lleva hasta la parte final del libro, tan citada pero casi siempre sin poner en relación con todo esto de lo que hablamos, con lo que no llegaremos a comprenderla de verdad.
 

Durante el mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet. La última entrada sobre Niebla se publicará el jueves 1 de diciembre.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo recrea en verso la mente de Augusto y su justificación del sueño propio o sueño de otros. Un tema central de la novela.

Pancho entra, de la mano de Unamuno, en la intimidad de la familia de Eugenia y nos presenta a ese padre anarquista místico... impagable.

Mª Ángeles Merino nos regala una entrevista entre Austri y Augusto para que comprendamos mejor las razones de este y nos planteemos la existencia de todos...

Desde el capítulo XI al XVIII de la novela nos lleva Gelu para comentarnos el descubrimiento de la mujer por parte del protagonista... bueno, de la mujer abstracta a la mujer concreta y a todas las mujeres.

Mª del Carmen Ugarte propone una lectura del persona de Eugenia que no os podéis perder de ninguna de las maneras: ¿feminista o frívola?

El próximo martes 29 se celebrará, a la hora habitual pero en el nuevo espacio del Antiguo Hospital Militar de Burgos, la reunión del Club de lectura en su formato presencial. El jueves 1 de diciembre se publicará aquí la última entrada con el comentario de Niebla para dar comienzo a la lectura de Don Quijote en Manhattan, de Marina Perezagua. La primera entrada sobre esta novela la publicaré el 8 de diciembre. Nos acompañará hasta el 29 de diciembre.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Un canario que abre la puerta de la casa (El humorismo en Niebla) y noticias de nuestras lecturas.



La caída de un canario desde un balcón propicia la entrada de Augusto en casa de los tíos de Eugenia. Esta situación, en todo cómica, lleva al disparatado Augusto al seno de una familia no menos disparatada: un anarquista místico y teórico, una interesada tía que pone el dinero por encima de todo y una joven que odia su oficio y no quiere más que casarse con otro pretendiente tan vago como el propio Augusto pero sin su fortuna económica. Todo queda propuesto como tema para un vodevil, una novela barata sentimental o un enredo cómico que busca el mero entretenimiento. Todo es exageradamente disparatado, una caricatura de sociedad que, sorprendentemente -como toda buena caricatura- se parece demasiado a la realidad. La sonrisa que nos provoca la situación esconde también una cierta inquietud al ver nuestro mundo tan bien retratado.

En el prólogo de la obra, Unamuno (por boca de su personaje Víctor Goti) propone toda una teoría sobre el humorismo. Lo distingue de la sátira y de la ironía. No es un humorista Quevedo, por ejemplo, satírico que se decanta siempre por el sermón: "Como humorista no hemos tenido más que a Cervantes". Los españoles quieren "reírse, pero es para hacer mejor la digestión y para distraer las penas, no para devolver los que indebidamente se hubiesen tragado y que puede indigestaárseles, ni mucho menos para digerir las penas". Una de las cosas que descoloca al lector actual y pretendidamente informado es que no espera de Unamuno una novela de este tipo, sino seria, filosófica y hasta aburrida, si se me apura.

Al contrario, Niebla es una obra divertida, llena de humor y situaciones entretenidas que nacen del mismo carácter de los personajes. A pesar del simbolismo que subyace, lo que ocurre es reconocible por cualquiera. El autor se coloca desde el primer momento -desde el mismo prólogo- en la línea del humor más certero, el que se usa para hablar en serio de las cosas más serias de la vida. A partir de una consciente parodia de las novelas populares del momento trabaja los personajes y las situaciones desde el humor. Incluso la misma técnica metaliteraria de la novela. Pero no para una banalidad. Tras la sonrisa se esconde una crítica a las personalidades pusilánimes y la falta de voluntad de la sociedad española, pero también una honda reflexión sobre la propia existencia del ser humano y el libre albedrío. Pero lo que primero nos llama la atención es eso mismo, el humor con el que se construye la historia. La carga de profundidad viene después.

Pues eso, no hay nada más serio que el humor bien hecho.

Durante el mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo escribe sobre Augusto y propone, de forma inteligente, un camino lector que lleve de Unamuno a Borges... Me apunto la sugerencia para el próximo curso.

Aprovechando que Unamuno es Salamanca, Mª del Carmen Ugarte nos deriva la lectura de Niebla para poponernos la de Pensión Salamanca de Susana Martín Gijón. Y el juego de dispersión resulta acertado, claro...

Mª Ángeles Merino sigue comentando la novela con su amiga Austri, con la que mantiene un diálogo muy apropiado para la ficción y la autoridad del creador, aparte, claro de anotar las acciones de Augusto.

Hasta el capítulo X de la narración nos lleva Gelu para subrayar en su comentario el carácter inmaduro del personaje.

Desde el inicio con Augusto en construcción hasta el final, con No me pises que llevo chanclas, el comentario de esta fase inicial de la novela por Pancho es pura delicia para no perderse.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

jueves, 10 de noviembre de 2016

El azar y la calle en el inicio de Niebla de Unamuno y noticias de nuestras lecturas, con final cervantino.


Es extraordinario el primer capítulo de Niebla. Al igual que lo son el prólogo, el postprólogo y la nota con la Historia de Niebla (un cuerpo preliminar que es parte de la misma novela y que debe leerse para comprenderla plenamente). Nada se nos dice del protagonista (porque se ha creado ya suficiente interés por parte del lector en esos textos introductorios) y serán sus acciones y su monólogo interior quien nos lo presenten. El narrador en tercera persona no tiene necesidad de indagar en su interior. Su salida a la calle es toda una definición del personaje, comprobando si llueve o no en un gesto que desciende desde su nombre y gesto imperial (Augusto) hasta el acto cotidiano de abrir un paraguas. Su divagación metafísica sobre el objeto que le protege de la lluvia lo lleva hasta la misma razón de la existencia de Dios. Y después se echa a la calle como quien es, una persona sin norte en la vida, arrojado al azar. En el fondo es un vago (rico, huérfano y sin nada que hacer en la vida), distraído, disperso en todo pero que se sublima a sí mismo a través del pensamiento, un pensamiento que, según su opinión, lo separa de los demás y le aparta de su pereza, como si pensar fuera su trabajo. Pero a través de sus monólogos interiores conocemos que su pensamiento no es más que un conjunto de divagaciones sin mucho fundamento.

Lo cierto es que se echa a la calle decidido a seguir al primer perro que se le cruce pero finalmente sigue a una mujer, se obsesiona con ella por el azar del encuentro y es incapaz de reconocerla cuando se vuelve a cruzar con ella cara a cara pero ella sí se fija en él... Este encuentro y desencuentro, como propósito inicial de la novela nos deja perplejos a los lectores ante la psicología del personaje protagonista, porque en los dos capítulos iniciales hay todo un estudio completo de su personalidad a través de sus acciones. Para él la vida es la niebla, la suma de pequeños incidentes del que lo saca esa decisión de cortejar a Eugenia, a la que no conoce pero recrea en su imaginación. Enamorado de una imagen, como un romántico, parece despertarse en él la voluntad y con ella poner un motor en su vida.

Se divierte Unamuno en estos capítulos iniciales -al humorismo dedica buena parte de las palabras de sus textos preliminares-, incluso en el nombre de la portera. Como ya nos ha dado en el prólogo y en postprólogo las razones para seguir leyendo en un ingenioso y cervantino juego con el lector, ahora nos regala el retrato de una personalidad que, de otra forma, parecería llevarnos a una sátira cómica sin mayor interés. Pero sí lo tiene. Basta con seguir leyendo.

Durante el mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet.

Noticias de nuestras lecturas


Luz del Olmo comienza la lectura de la obra de Unamuno desde la posición del sueño como vida. Sus preguntas nos adentran en la obra y, por supuesto, en la propia vida.

Mª Ángeles Merino recurre al sabor para recordar quién era cuando leyó por vez primera Niebla. Y de la mano de Austri comenta dialogando el prólogo y el postprólogo entre lo que sabía entonces y lo que sabe ahora.

Pancho escribe un excelente comentario del arranque de la historia tras el prólogo y el postprólo que os recomiendo no os perdáis. En él están todas las claves de este festín literario en el que consiste la escritura de Niebla.

Gelu nos resalta las partes esenciales del inicio de la novela y comenta cómo en ella se muestra lo festivo, zumbón y juvenil de Unamuno.

Mª del Carmen Ugarte destaca de forma aguda la importancia del diálogo en esta novela como técnica narrativa y argumentativa. No os perdáis esta entrada.




Una de las participantes en este club de lectura, María del Carmen Ugarte me manda la noticia de la publicación de su artículo sobre Lo que don Quijote nunca dijo. Falsas atribuciones fraseológicas a Cervantes, publicado en el último número de la revista Paremia. Este club nació con la primera lectura colectiva, completa y virtual que se haya hecho del Quijote usando las posibilidades de la red 2.0 y en alguna de las entradas comentamos este aspecto. Os invito a leer este interesante, ameno y esclarecedor artículo en este enlace.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Niebla, Unamuno y la nivola como forma narrativa revolucionaria y noticias de nuestras lecturas.


Cuando publica Niebla en 1914, Miguel de Unamuno es una personalidad reconocida de la España de su tiempo. Profesor de Universidad, filósofo reconocido, articulista de éxito, poeta, novelista y dramaturgo. No solo eso, es famosa su condición pública de removedor de conciencias y hombre activo en cuestiones políticas y sociales. De hecho, aquel mismo año fue depuesto de su cargo de Rector de la Universidad de Salamanca por el gobierno. No fue un hombre cómodo para los gobernantes de su tiempo en ningún caso. Esta inquietud -que se correspondía con su misma psicología y actitud ante la vida- la traslada al orden de la literatura. Niebla significa un cambio de registro muy significativo en el orden de su pensamiento literario. Es tan consciente de ello que renuncia incluso a denominarla novela y construye un neologismo, nivola. Es definitorio que, en el juego literario, no sea ni siquiera él quien lo formule, sino un personaje de la narración, Víctor Goti, que llega al término casi por casualidad fonética tras relatar una anécdota atribuida a Eduardo Benot por Manuel Machado, quien calificara a un soneto en alejandrinos de este como sonite:

Pues así es como mi novela no va a ser novela sino..., ¿cómo dije?, navilo..., nebulo..., no, no, nivola, eso, ¡nivola! Así nadie tendrá derecho a decir que deroga las leyes de su género... Invento el género, e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place. ¡Y mucho diálogo!

En pocos fragmentos está mejor condensando el afán de novedad que está construyendo el lenguaje de la modernidad literaria que nace con los autores de la mal llamada generación del 98 (Unamuno, Baroja, los Machado, Valle Inclán) y que en realidad pertenecen a la misma estirpe literaria del modernismo que cambiará la forma de afrontar el arte. En el citado fragmento hallamos radical deseo de modernidad, de novedad, de ruptura con lo anterior, de experimentación artística y libertad del artista, metaliteratura... Todo ello se presenta con ese magnífico juego que se establece entre el Prólogo (escrito por el personaje Víctor Goti, que presenta una obra de su creador, Miguel de Unamuno) y el Post-prólogo (escrito por el personaje Miguel de Unamuno que polemiza con su propio personaje, dándole, a la vez condición real). Entre estos juegos literarios, el tema esencial de la novela: el libre albedrío personal, la propia existencia más allá del creador -el autor o Dios.

Con ese pulso literario y el toque de humor, ironía y seriedad que encierran estas páginas iniciales Unamuno acaba de pasar de ser un buen novelista a ser un autor que revoluciona la manera de narrar: mayor riesgo, mayor experimentación y mayor profundidad sin que se note. No hay mejor razón para adentrarnos en la lectura de este texto.

Durante el mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho escribe una excelente entrada para comenzar con Niebla. En ella está toda una propuesta de cómo enfocar esta novela. Por algo ha sido uno de los más insistentes defensores de que don Miguel debía entrar en la lista de nuestras lecturas.

Mª del Carmen Ugarte comienza su lectura de Niebla resaltando muy acertadamente el juego que establece el autor con el lector desde la primera línea de la obra en ese Prólogo que nadie debería saltarse.

Gelu resume y comenta los aspectos iniciales de la obra que hacen de esta un ejemplo de la genialidad de Unamuno.

Fotografía de Miguel Martín Camarero para la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de  Burgos. A mi izquierda, Manuel Sancho, Presidente de la Asociación. A mi derecha, Miguel Ángel Santamarina.

El pasado jueves celebramos el encuentro de los lectores con Miguel Ángel Santamarina para comentar su novela Queremos que vuelvan. Se celebró en el Salón de actos de la Biblioteca pública de Burgos de la Plaza de San Juan, cuyas instalaciones fueron cedidas amablemente por sus responsables, a los que quiero agradecer aquí todas las facilidades dadas. El acto fue abierto por Manuel Sancho, el Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, con su habitual elegancia y acierto. Durante hora y media estuvimos debatiendo sobre la novela negra y su forma de enfocar la realidad y sobre todas las claves de Queremos que vuelvan, la primera novela de este autor que debuta en la literatura. Una de las cosas más sobresalientes de Miguel Ángel Santamarina es la claridad y entusiasmo a la hora de enfrentarse a su condición de escritor, lo que le hará mejorar. Sin duda, nos dará sorpresas agradables en el futuro.

Mª Ángeles Merino da cuenta detallada de lo ocurrido en ese encuentro con Santamarina, antes de pasar a Niebla. Esta es su entrada.



Gelu llega al comentario de las cartas LIII a LIX de esta obra que nos ocupó hace unas semanas. Y en ellas resalta la condición de político y hombre de bien... para tomar nota.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Siempre nos quedará la belleza de una rosa o cómo hablar de literatura en un jardín


Siempre nos quedará la belleza de una rosa. Sé que muchos no estarán de acuerdo, pero la belleza siempre salva y la belleza puede hallarse en cualquier lugar y en cualquier tiempo, en los lugares más pequeños, en los diminutos giros de los pétalos de una flor, por ejemplo. La belleza inesperada de una rosa.

El martes, cuando llegué a clase, les pedí a mis alumnos que se pusieran los abrigos. Salimos a pasear -a explorar, casi- el jardín central del antiguo Hospital Militar convertido ahora en Facultad universitaria. Tras unos años de cierto abandono, han comenzado algunas intervenciones para mejorarlo, pero no sé si eso le vendrá bien a este espacio. A mí me gusta esa sensación de jardín casi olvidado en el que los rosales crecen más allá de lo que suelen dejarlos las tijeras de podar, se encuentran piñas caídas en la pasada temporada, la fuente seca y algo desvencijada, la tierra de pinar en algunas zonas y las acículas que cubren una parte del césped: las agujas espirituales de los pinos.

Dimos un paseo y fui contándoles la historia del lugar y las diferentes especies que en él se hallan (castaños de indias, pinos, cedros, acacias, sauces, rosales...) y alguna más singular y extraña por estas tierras como el árbol del amor que en estas fechas parece haber sufrido una ruptura sentimental y está lánguido y macilento. Les hice reparar en los muchos gordolobos de las zonas no ajardinadas, algo tan frecuente que suele pasar desapercibido y que tiene toda la paciencia para ir ganando esbeltez desde la roseta basal inicial hasta las delicadas y maravillosas flores amarillas de su tallo, les hablé también de todos los usos que las personas han dado a esta planta tan común en nuestras tierras y tan hermosa. Ante el lauro recordé la costumbre de coronar de laurel a los poetas como si fueran antiguos héroes de las Olimpiadas y un humilde rosal silvestre me sirvió para hablarles del escaramujo y sus propiedades.

Como no podemos juzgar los espacios ni la historia solo por nuestro presente, comenté que espacios como ese supusieron un salto cualitativo en la medicina militar y en la atención a los enfermos, cosas que luego se aplicarían a la medicina civil. La misma concepción de un hospital como aquel hablaba de un tiempo en el que los arquitectos quisieron dotar de un espacio amable, natural, al complejo hospitalario. Tan diferente a lo que ocurrió con los hospitales de los años sesenta, torres con escasa calidad humana, o con los más modernos y eficaces actuales que se inventan ridículos jardines zen como mera decoración que nunca son pisados por los enfermos. Como si a los arquitectos -mejor, a los políticos que los contratan-, se les hubiera olvidado que el ser humano debe estar siempre en contacto con la naturaleza.

Cuando los pinos del jardín fueron plantados eran jóvenes los escritores modernistas, con los que hemos comenzado el curso y España andaba con esa cosa que nos llevó a una guerra con los Estados Unidos de América. Quizá algunos de los enfermos o los médicos, en sus ratos de ocio, leyeron a Antonio Machado sentados en los bancos del parque. O eso quiero yo imaginar. Ya eran un poco más grandes cuando Juan Ramón Jiménez modificó para siempre la poesía contemporánea española tras su viaje de recién casado. Y mucho más -aunque no tanto como ahora- cuando todo cambió hacia la sublevación militar y la guerra civil española, testimoniada en el jardín por la lápida de piedra a un soldado alemán fallecido en un accidente aéreo en los años de conflicto. ¿Llegaron hasta allí los ecos del último gesto de libertad de don Miguel de Unamuno, cuando pronunció, hace hoy ochenta años su famosa frase ante el alarde de violencia y sinrazón de los fascitas que ocupaban el claustro de la Universidad de Salamanca? Venceréis, pero no convenceréis.

Este curso que imparto arranca con los modernistas, con el impulso creciente hacia una nueva España más moderna, más abierta hacia el mundo, mejor, en definitiva. Pasa por las tensiones políticas y sociales que recorrieron toda Europa. Y termina con aquel espantoso baño de sangre que cerró de un portazo el mejor período de la moderna historia española. Por eso mismo, ahí están las rosas, la belleza de las rosas que siempre salva. Como cantaba Rubén Darío, botón de pensamiento que quiere ser la rosa. Haber tocado el poema hasta la rosa, decía Juan Ramón para explicar su no le toques ya más, que así es la rosa. La belleza insospechada de la rosa, buscada pero insospechada siempre cuando aparece, porque no por perseguirla se consigue. Como en estos días de octubre, en los que ha cambiado el tiempo y ya hace frío y hay que buscar el sol en las horas centrales del día pero ahí están los rosales llenos de botones, de rosas que se abren, de rosas ya deshojándose. Pero siempre bellas.

Volvimos al aula y allí, en vez de encender el ordenador y conectarlo a internet, como suelo, tomé un libro de una alumna y comentamos juntos la Sonata de otoño de Valle Inclán, esa sonata que ya vimos aquí hace tiempo y en la que Valle se juega el tipo con un magistral uso del lenguaje, parodiando inteligentemente la novela galante, la novela histórica, el género de las memorias y construye un monumento literario como hay pocos en nuestra literatura, en el que somos capaces de quedar atrapados por una persona tan poco recomendable como su protagonista. Qué grande Valle jugando con las palabras y resolviendo el complicado reto de que el protagonista diga una cosa y sus acciones vayan por otro sentido bien diferente y el lector asista a todo ello paladeando cada palabra.

martes, 1 de abril de 2014

Presentación en Burgos de Por tierras de Portugal. Un viaje con Unamuno, de Agustín Remesal


Mañana acompaño al autor en la presentación en Burgos de Por tierras de Portugal. Un viaje con Unamuno (Zamora, La Raya Quebrada, 2013), de Agustín Remesal. El acto tendrá lugar en la sede de la librería Hijos de Santiago Rodríguez (Plaza Mayor, 22) a las 19:30 horas.

Agustín Remesal (Gema, Zamora, 1947) es un conocido periodista español con larga y exitosa trayectoria profesional como corresponsal de RTVE en París, Nueva York, Londres, Lisboa y Jerusalén. Después de sufrir el injusto e indiscriminado ERE, junto a otros profesionales de la empresa pública, se jubiló en el año 2007. Lo que se perdió RTVE lo ganaron los lectores porque desde entonces ha cuidado más una de sus facetas menos conocidas, la escritura. Gaza, una cárcel sin techo (2008) era, hasta ahora, su libro más meritorio. Por su labor profesional ha obtenido premios como el Francisco de Cossío de periodismo (2013), uno de los más prestigiosos.

Por tierras de Portugal. Un viaje con Unamuno es un excelente libro que resultó finalista en el último Premio de la Crítica de Castilla y León. Se trata de un doble viaje. El primero es el relato de los viajes más importantes que Unamuno realizó a Portugal, un territorio amado por el Rector de la Universidad de Salamanca en el que buscaba tanto el descanso como el encuentro amable y provechoso con amigos y motivos para la escritura y la reflexión. Este relato podría haber sido árido y académico pero Remesal, sin abandonar el rigor de la investigación, noveliza los viajes y construye una figura de Unamuno que contribuye mucho a que comprendamos a don Miguel a partir de su mirada, sus palabras e intereses y sus relaciones personales. El segundo viaje es el del presente, en el que el viajero -el propio Remesal- busca los mismos paisajes que visitó Unamuno, rastrea sus pasos y redescubre Portugal -en España tenemos necesidad de redescubrir a nuestro país vecino porque siempre hemos vivido ignorándolo-. En estas páginas está Unamuno, está Remesal, pero también está contada la historia de un siglo peninsular. Una historia de desencuentros y encuentros que es una de las losas más tristes que tienen nuestros países, que tanto deberían haber compartido en realidad.

El libro se lee con facilidad y de él se aprende mucho y se disfruta más. Está excelentemente escrito, en un castellano vivo, sosegado y castizo y que atrapa al lector tanto por lo que cuenta como por cómo lo hace. De España y Portugal, de don Miguel de Unamuno, de iberismo, de viajes y perspectivas históricas, del pasado, presente y futuro de todo esto hablaremos mañana en la presentación de este libro que merece la pena ser atendido por todos los amantes a la lectura.


miércoles, 10 de octubre de 2012

En torno al casticismo

Me detengo, en clase, en la explicación de este ensayo que publicó Miguel de Unamuno en La España Moderna de febrero a junio de 1895. Se proponía Unamuno lanzar un método de comprensión y análisis de lo que sucedía en España entonces, la intrahistoria. Estudiar lo propio de una cultura, de un país, lo que permanece esencialmente -el alma de una nación-, buscar las causas que han conducido a su decadencia y marasmo y ver la forma de reaccionar. Unamuno recupera el pensamiento romántico puesto que busca en el pueblo y en sus manifestaciones tradicionales estas claves; pero también el pensamiento liberal romántico, al afirmar que todo se rompió a mediados del siglo XVI, cuando España se cerró al contacto exterior y puso como brazo ejecutor a la Inquisición, que acabó enraizando tanto en la cultura española que se convirtió en inquisición latente cuando se suprimió. Falta en España la reforma espiritual que se hizo en el resto de Europa y que aquí había dado grandes frutos en esa primera mitad del siglo XVI y, en especial, en la mística. El cierre de las fronteras mentales provoca la decadencia y la enfermedad, como les pasa a los cuerpos que solo respiran el aire que exhalan. Cuanto más se mira a sí misma una nación y estrecha sus fronteras morales, menos preparada está para regenerarse. De ahí la necesidad de que soplen nuevos aires, afirma, de que España se europeíce de verdad, más allá de la moda superficial.

Quizá esta es todavía una tarea pendiente. Aunque suene raro hablar ahora de Europa.

jueves, 15 de marzo de 2012

Hacer poética mi manquedad y noticias de nuestras lecturas, con el anuncio de la próxima.


Al Marqués le quedan pocos recursos al final de la Sonata de invierno. Ha envejecido, ha ido eliminando de la lista de mujeres con las que mantenía relaciones un buen puñado a las que ha causado una tremenda crueldad, incluso ha perdido un brazo en una acción nada heroica aunque acepte el dolor con entereza. Su pensamiento se concentra en qué hacer a partir de ese momento para continuar su carrera de seductor. E intenta tres caminos: la seducción de una novicia demasiado joven como para poder prevenirse ante la labia del seductor, conservar el dominio sobre una mujer con la que mantenía relaciones hasta ese momento y usar la lástima. El resultado de las dos primeras ya lo conocemos: la vida de la joven novicia -que resulta ser su propia hija- acaba destrozada; no acepta el sacrificio de María Antonieta que decide cuidar a su marido enfermo y Bradomín debe tragárselo con gran violencia contra sí mismo que acaba echando sobre la mujer. El tercero merece un momento de análisis porque Bradomín hace con su manquedad lo mismo que con el resto de su vida: poetizarla, engrandecerla a través de la sublimación estética. Como hizo con su relación con Concha o con la Niña Chole, como hizo con su mezquina actuación en Italia o como sublima a través de la tradición una guerra sucia en la que todos actúan sin ninguna grandeza, comenzando por el Rey carlista.

De la necesidad, virtud. Como Bradomín ha perdido el brazo, desde el principio saca partido a su nueva situación: seduce a quien le atiende a la cabecera de su cama y terminará echándole en cara a María Antonieta que si le deja ya nadie le querrá por manco. Es significativo que la frase fundamental (hacer poética mi manquedad) la pronuncie cuando es recibido por la Reina y esta se entristece pero considera que, al menos, está vivo. Bradomín encuentra ya la forma exacta de trasformar su herida en cortejo, en elegante gesto en la Corte:

- Dios no ha querido concederme el morir por vos.

Las damas se limpiaron los ojos, emocionadas de oírme: Yo sonreí tristemente, considerando que aquella era la actitud que a lo adelante debía adoptar con las mujeres para hacer poética mi manquedad. 

En la Corte, en la que todo es refinada hipocresía, tiene éxito su juego estetizante y la Reina le contesta:

- Los hombres como tú no necesitan de los brazos, les basta con el corazón.

Aun más, un obispo murmura en voz baja:

- Dios nuestro señor ha permitido que conservase la mano derecha, que es la de la pluma y la de la espada.

Este juego define todo lo que son las Sonatas: la sublimación literaria de una realidad que no tiene nada de hermosa o que, precisamente por no serlo, permite ese minucios trabajo de estilización de Valle. Juego difícil, como ya he dicho, en el que sin ocultar lo que sucede nos vemos seducidos por la palabra.


Noticias de las Sonatas

Gelu continúa con sus entradas en las que la selección de frases, cuando está bien hecha, ilustran mejor que otra cosa la intención del autor al escribir las Sonatas.

 En la entrada de Pancho sobre el pasaje que llega tras la pérdida del brazo, vemos a Bradomín casi ensoñando la realidad para disfrazarla: no dejéis de apreciar la forma en la que analiza la consecución del ritmo.

Llega Mª Ángeles Merino al momento en el que Bradomín es herido y la vida se le gira. No os perdáis su trabajo infatigable de ilustración.

Anuncio de las nuevas lecturas


El trabajo y otras circunstancias me han impedido programar con tiempo las próximas lecturas que quiero proponeros. Como podríamos encontrarnos ciertas dificultades para encontrar todos los libros que seleccionemos, vamos a ordenar los próximos meses de otra manera mientras publico la encuesta que elegirá los siguientes títulos. Os anuncio que, entre ellos, habrá dos autores que son celebrados este año en España por diferentes motivos: uno bien conocido por todos, Miguel de Unamuno; el otro, alguien de quien se celebra el centenario del nacimiento y a quien merece la pena recuperar, Dionisio Ridruejo.

Mientras tanto, os propongo una novedad en el club de lectura de La Acequia: dos obras de teatro cuya filmación se conserva en la página de Televisión Española. Ambas grabaciones son excelentes y pertenecen al programa Estudio 1, del que hablé hace unas semanas en este espacio.

La primera que comentaremos será Urtaín, de Juan Cavestany, producida por Animalario que podéis ver en este enlace. Es una de las mejores obras del teatro reciente español. Os pido que veáis la obra y la comentéis los próximos jueves, hasta el 19 de abril. Permite muchos tipos de comentarios: sobre el texto, la actuación, el montaje escénico. Pero también os pido recuerdos asociados a las canciones o a los sucesos que se relatan en la obra, todo un ejercicio de memoria colectiva. O asociaciones con otras obras y películas sobre el mundo de los boxeadores como juguetes rotos. Os aseguro que tiene muchos ángulos posibles y estoy seguro, conociendo vuestras aportaciones, que os resultará ameno.

domingo, 14 de marzo de 2010

Unamuno y la paradoja


De Unamuno se ha escrito mucho y se han podido afirmar cosas contrarias. Unamuno vivía en la paradoja: casi era su forma de sentir y de argumentar. Por eso fue, durante mucho tiempo, socialista pero, a la vez, tradicionalista; contrario al nacionalismo vasco pero amante de lo local y del nacionalismo español; creyente pero carcomido por las dudas que le impedían afirmar racionalmente lo que emocionalmente sentía; símbolo contra la dictadura de Primo de Rivera e impulsor de la II República pero defensor de los sublevados en 1936 contra el Gobierno legalmente establecido. Cuando le quedó claro su inmenso error fue de los pocos que tuvo el valor de decírselo a los culpables a la cara sin importarle las consecuencias: supo estar a la altura de su nombre y esos momentos lavan cualquier tipo de equivocación anterior.

Sus análisis sobre el ser humano y sobre España no servían ni sirven como forma colectiva de salvación ni de regeneración. Entre otras cosas, porque sus propuestas son siempre individuales en contradicción clamorosa con sus bases teóricas colectivas.

La intrahistoria no sirve, en realidad, más que para afirmar la radical soledad dolorosa del ser humano que busca refugio en el sentir del grupo como consuelo, como cuando el protagonista de su novela San Manuel Bueno, mártir, se calla al afirmar en la misa que oficiaba la creencia en la vida eterna.

En el fondo, su concepción de lo tradicional español es un imaginario inventado para ordenar el mundo tal y como uno amuebla su casa para estar cómodo y que no se le descabalen las cuentas de la compra diaria en un momento de crisis.

Quizá la mayor paradoja de Unamuno fue que quiso llevar la honda irracionalidad de su pensamiento como propuesta social en un momento en el que la irracionalidad superficial de tantos sólo podía causar centenares de miles de muertos. El problema que no supo apreciar Unamuno es que muchos piensan que sólo pueden solventar sus propias contradicciones destruyendo a los que no piensan como ellos y que, desencadenada la destrucción, ya nadie está en condiciones de escuchar otras palabras que no sean las que reclamen sangre. No se puede dar argumentos de alto irracionalismo filosófico a los que no piensan: y eso tardó en comprenderlo Unamuno.

Pero aunque no sirvan como solución colectiva, los textos de Unamuno profundizan tanto en la honda y permanente contradicción del ser humano que siempre es oportuno pasear leyéndolos en cualquier mañana.

miércoles, 11 de abril de 2007

Verdades

(Fotografía de Elena Ojeda.)

Unamuno, del que ya hablé aquí, no se inventó Salamanca, pero contribuyó en gran medida a construir su imagen actual. La ciudad le ha reconocido en varios homenajes. El de la fotografía es el víctor que se ha grabado en la que fue Casa Rectoral, que ocupó durante tanto tiempo. En él se ha utilizado uno de los muchos lemas de don Miguel: "Primero la verdad que la paz". No sé qué intención tenía quien decidió grabarlo, espero que no intentara apropiárselo para su propia verdad. La verdad antes que la paz. Quizá Unamuno no reivindicaba más guerra que la de uno consigo mismo.
En aquella época muchos estaban convencidos de la existencia de una verdad. Antonio Machado también la buscaba, aunque, a diferencia de Unamuno no invitaba al conflicto, sino a compartir la tarea -don Miguel y don Antonio eran muy diferentes-:
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
(LXXXV)
La mayoría la buscó en sus propios intereses y afirmó que no había más verdad que ésa, la suya. Llegó a radicalizarse la búsqueda, porque se hacía no tanto como camino que había que andar sino como negación del contrario. Así llegamos a una Guerra: por no buscarnos en los ojos de los demás. ¿Estamos ahora en la misma dirección?
Ninguno de ellos la encontró. ¿No existe? Dichosos aquellos que creen en una certeza. Pero más dichosos aquellos que toleran las certezas y dudas de los otros. Ellos no necesitan grabar ningún lema en una pared.

domingo, 18 de marzo de 2007

Una mañana de domingo


Esta mañana me he lanzado a la calle. Salí pronto: quería ver desperezarse a esta vieja ciudad provinciana, antes de que se borraran de los rincones los rastros de mis recuerdos y se hicieran evidentes los cambios que la trasforman cada día. Quería pasearla un domingo por la mañana, tomar un café en una terraza entretenido con la lectura de los periódicos y sus suplementos, visitar alguna exposición. Me acerqué a la ribera del río y allí, entre las flores de los setos se alocaban unos abejorros. En la playa, jugaban un par de niños perseguidos por un perro. Una pareja madura, sentados en el césped, iniciaban ritualmente una extraña gimnasia oriental. Parecían felices.

Recorrí antes las calles sin prisas, observando las fachadas de las casas restauradas del centro, que lucen ahora bellezas insospechadas. La plazuela del Salvador, qué hermosa. Evité a propósito la Plaza Mayor, en la que ya han montado parte de las gradas para la Semana Santa, y que nunca me gustaron.

En el patio del Palacio de la Diputación expone sus obras el colectivo Bocallave, que tiene su corazón en Ciguñuela, con el título genérico de Para abrir boca.



Reconozco que no tenía más información sobre ellos que algún suelto en el periódico y una divertida entrevista en una emisora de radio el pasado sábado. Todas las piezas deben incluir la palabra bocallave, con cuyo sentido se juega en la exposición en diferentes niveles. La propuesta, que suma artes diversas como la música, la pintura y la escultura y que nos lleva desde el lienzo hasta la instalación -ya no nos debería sorprender- es interesante, aunque irregular. Me atrajo, por inquietante, el óleo de Lourdes G. de Nicolás titulado precisamente Bocallave. La exposición se completa con un DVD y una magnífica revista-libro en la que, además de fotografías de las piezas expuestas, se encuentran colaboraciones de otros autores. En sí misma ya es todo un manifiesto. Me sorprendió. Me agradó. Ojalá cuaje la Asociación Bocallave.
En mi paseo topé con una modesta exposición fotográfica en la Sala Cultural Caja España que evitó un matrimonio que caminaba delante de mí (-Mira, fotografías viejas, ¿entramos? -Si quiero ver fotos viejas te miro a ti). Dentro, comprendí que la modestia del blanco y negro me trasmitía toda una época a través de Unamuno: Don Miguel de Unamuno. Una vida en fotografías. Mirándolas me di cuenta de la conciencia de sí mismo que tenía don Miguel. Pero él podía permitírselo. Hay fotos familiares, semipúblicas y públicas: Unamuno con su familia, orlas universitarias, actos públicos, tertulias, posando para un retrato de cuerpo entero, leyendo en la cama... Entre todas ellas volvió a golpearme una que ya conocía, en la que se le ve entre la multitud, a la salida del famoso enfrentamiento con Millán Astray en 1936. Unamuno, que acaba de exponer su vida a la furia sangrienta de aquellos fascistas que daban vivas a la muerte y mueras a la inteligencia, sale un tanto aturdido pero erguido y reconocible por el medio de aquel estrecho paso ocupado por hombres con el brazo en alto. Poco después moriría. También habrán muertos todos los otros retratados, pero don Miguel sí merece nuestro recuerdo. Más allá de la extravagante figura legendaria, vemos a Unamuno comprometido: desterrado, participando de la proclamación de la II República y de sus actos oficiales, enfrentándose a una multitud hostil...
Quizá para recuperarme, acudí al Patio Herreriano, a ver de nuevo algunas de mis piezas favoritas de la exposición permanente del Museo de Arte Contemporáneo Español. Quise buscar la pureza de la vanguardia para olvidar aquella fotografía. Y fui derecho a la magnífica escultura titulada Homenaje a Blume, de Moisés Villèlia (1954). El autor talló con amor la madera de pino hasta conseguir este resultado que resume todo el movimiento del atleta, suspendido en el aire. Pero el placer ya era amargo.
Salí a la calle de nuevo. Necesitaba sol. Y la ciudad también. Adiviné, en una lejana nube que cruzaba, la silueta de Blume, girando sobre sí mismo, pero siempre impulsado hacia adelante.