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jueves, 28 de febrero de 2008

Disolución de nubes con ventanas y mano del paseante


El paseante ha llegado a un grado en el que sólo parece fragmentos. La vida, quizá, no es más que una sucesión de pequeños fragmentos a los que queremos dotar de significado pero que, en realidad, no lo tienen. Nada ordena las cosas que nos ocurren más que nuestra necesidad de que todo tenga un hilo de continuidad que las explique y nos ayude a seguir adelante. Conozco gente que, por la mañana, pretende hacer un esquema del día que se le presenta. Si llega a cumplirlo se habrá manifestado sordo y ciego a la realidad porque no ha oído ni visto nada más que ese trozo de papel en el que escribió el esquema. De ahí, muchas veces, la frustración que sentimos. Cada día es nuevo porque al despertar, en realidad, renacemos, como en esos tiempos en los que la reaparición del sol o de otra estrella en el firmamento marcaba la frontera entre la vida y la muerte y no había más calendario que el momento presente. Como mucho, nuestros proyectos diarios deberían ser una propuesta de voluntad: cada día tiene su afán, dice una amiga mía. Muchas personas no resistirían levantarse de la cama sin ese afán diario: la voluntad de hacer algo. Es difícil, en nuestra cultura, levantarse a ver el día y sentirlo. Como si todas las cosas se presentaran juntas, como en la imagen, y la mano, como mucho, pudiera escoger entre todas las cosas, una sola. Seríamos más felices.

jueves, 7 de febrero de 2008

El mal del paseante



El paseante, como todos, tiene sus días malos. Días en los que duda de la certeza de su mirada, de si interesará a alguien lo que cuenta o si perderá los ánimos. Hace tiempo, para romper el temor al espacio blanco que debe llenarse con palabras y signos, recurrió a los pomelos de Vicent. Todos los que escriben periódicamente y publican su escrito de una forma u otra, antes o después sienten flojear las fuerzas. Pienso que la mejor manera de que no suceda es sentarse a escribir a diario aunque no apetezca, pero a veces fallan los temas o la expresión, o vence la pereza a la constancia. Si, además, no es nuestro oficio, aquel con el que ganamos la soldada, hay otras cosas prioritarias que nos reclaman.

Hace tiempo que decidí que La Acequia debía ser diaria y tratar, sobre todo, de cosas relacionadas con la cultura, la educación y la creación artística, aunque eso me restara lectores. Quería, en este blog, verter con tolerancia mi análisis de la sociedad actual en estos ámbitos. Y, desde entonces, este tiempo que dedico a escribir mi entrada y a comentar en los blogs amigos o dejarme ir por otros con afán de descubrimiento y aprendizaje es el único verdaderamente mío del día, el que guardo celosamente porque si no me faltaría algo. Hay muchas discusiones -tan poco originales que parecen la primera repetida con la técnica del corta y pega- sobre los blogs. He llegado a la conclusión de que me importan poco porque la realidad las ha superado. De aquellos primeros blogs pioneros que consistían poco más que en un almacén de enlaces y cosas que uno encontraba en Internet a la variedad y complejidad de lo que existe ahora hay todo un mundo cuya evolución se ha fraguado en tan poco tiempo que sorprende. Pero somos millones de personas los que dejamos constancia en nuestros blogs de todo lo que interesa: política, tecnología, cultura, creación artística, relaciones sociales.

Por eso continuo con mi entrada diaria, porque sé que amplío mi mundo, que pertenezco a una comunidad social que tiene su núcleo en un lugar concreto del ciberespacio pero se amplía cada mes con nuevos contactos, que me ayudan a comprender mejor el mundo en el que me muevo y a mirarlo de otra manera. También he querido que La Acequia sea un ejercicio periódico para experimentar las posibilidades artísticas de este medio.

Y sigo buscando la mirada. Aunque, a veces, la premura o la ansiedad me la devuelva divertida, irónica y despiadada en disolución azul en las lunas de los automóviles, como en la foto.

jueves, 31 de enero de 2008

Retrato del paseante sobre fondo de cristal y escalera en cuatro movimientos gráficos y texto




A veces te espera lo oscuro en el día más claro. No siempre la luz ayuda a encontrar el camino y no sólo porque ciegue. Podría creerse que, en el laberinto en el que consiste nuestra existencia, excepto para aquellos que prefieren habitar sólo uno de sus rincones y pueden recorrerlo a tientas o de memoria, alguien va encendiendo las luces que nos conducen de un lugar a otro a su capricho, al iluminar unos pasillos y oscurecer otros. Quién sabe si no vivimos desorientados por la luz y nuestro ámbito debiera ser más nocturno, en las tinieblas. Quizá veríamos mejor nuestra imagen degradada con el reflejo falso de nuestra esencia de seres humanos que hacen dejación continua y perversa de sí mismos. Por ello la disolución luminosa de estas escaleras, que descienden.

lunes, 28 de enero de 2008

Retrato del paseante sobre fondo impreciso de violeta en tres movimientos gráficos y texto.


Se define el violeta como un color fronterizo con lo no visible, situándolo entre el azul y el rojo, así que la luz se disuelve en púrpura en su menor longitud de onda. Es un color extraño, por lo tanto, y casi fuera de la posibilidad humana. Dicen que el violeta puro no puede captarlo la pantalla de un ordenador, lo que convierte esta entrada en un imposible. A poco que se esfuerce, este color desaparece sin ser visto y, con su certeza ambigua, de pronto nos resulta azulado o rojizo. El paseante se ha quedado perplejo ante él porque cada vez que lo ha fotografiado ha obtenido algo nuevo y no sabe a qué achacarlo, tan seguro que se sentía al perfilarse sobre fondo rojo o sobre fondo azul. Pero le hace gracia esta mutación que no es del color, en efecto, sino del ojo y el momento. A poco que uno se descuide, situándose delante de este violeta, puede dar un paso en falso y acabar disuelto para siempre. Como sabemos, los grandes artistas no pintaban la sombra negra sino violeta o morada. Y la sombra siempre nos acompaña, incluso en la noche sin luna.

viernes, 25 de enero de 2008

Retrato del paseante sobre fondo azul en tres movimientos gráficos y texto.

El paseante, sobre fondo azul, piensa en Rubén Darío porque no se ve en otros azules aunque la edad le hace renquear a veces y se sorprende a sí mismo mezclando colores o mirándolos de otro modo. Quizá su vista ya no es lo que fue o los colores ya no responden al espectro en unos tiempos en los que hasta las leyes físicas parecen mudables. Si el rojo le lleva a la pasión y la sangre, el azul de Darío le conduce al misterio severo de la literatura. Pero Darío ponía puntos suspensivos al azul... y para extrañarlo más lo escribía azur, a la francesa. En realidad, el paseante prefiere aquel añil de su infancia, que tendía de azul a violeta y que su madre usaba en los tiempos en los que todo se hacía en casa. Es curiosa la fuerza de los recuerdos de las percepciones sensoriales. Los puntos suspensivos son la clave. Vaya, con ellos, la disolución en azul ligero.

lunes, 21 de enero de 2008

Retrato del paseante sobre fondo rojo en tres movimientos gráficos y texto.



El paseante en fondo rojo. O eso se piensa. Pero todo se ha desvaído con la lluvia y el color ha tenido que pactar con la humedad del ambiente. De aquel color brillante le queda la mirada y el poso. Y la perspectiva. Quizá la sangre y la pasión, cuando la encuentra. A veces se encuentra a sí mismo y muerde con fuerza. En este mundo caótico, organizado a la manera de las muñecas rusas, gobernado según las normas trucadas de los laberintos de barraca, hace falta señalar las miserias y decir que el rey sigue desnudo. Hacer rojos los gestos más cotidianos y el roce con los otros sin sacar arrugadas consignas del bolsillo en una redacción fracasada y retórica. Dicen que se puede fabricar cualquier color, y es cierto en este mundo de diseño y trampantojo, pero el color de laboratorio deja en la boca un regusto de plástico endeble. Bastan unas gotas de sangre jacobina, como decía tener don Antonio Machado en su autorretrato, para que desaparezca el tinte falso. Aun hay que lanzarse, por tantas cosas, a la calle y al camino con pasión y energía. Eso sí, como don Antonio, desde el manantial sereno. Por eso, la disolución en rojo.

jueves, 17 de enero de 2008

El paseante se reencuentra en las lunas de la calle.

Una de las características que los teóricos de la cultura definen para el mundo actual es la reconstrucción del yo. Tras su destrucción, a finales de la modernidad, como consecuencia del fracaso de las grandes ideas que habían sustentado el progreso de la civilización occidental desde el siglo XVIII, que fundamentaban nuestras certezas, y la aparición de las teorías pscicológicas (en especial las que se elaboraron a partir de las ideas de Freud) que cuestionaban las creencias sobre el individuo mantenidas desde la era de la Teología, andamos buscando un nuevo punto de anclaje.

Desde la década de los sesenta del siglo pasado, intentamos reconstruir el viejo puzle en el que se basa nuestra identidad como individuos, al igual que las naciones buscan nuevas constituciones y el poder está cada vez más alejado de las viejas fronteras. El mundo ha cambiado desde entonces y a nosotros, los individuos, nos han modificado los bordes de las piezas del rompecabezas o, incluso, nos han escamoteado alguna, así que el resultado final ya no es el mismo o está incompleto. Esa alteración y ese vacío son ya parte de nuestra definición actual.

Así las cosas, nos pasamos casi toda la vida perdidos de nosotros mismos, ignorándonos sin saberlo. A veces surge la conciencia y buscamos nuevos pactos que nos definan en el presente. El ser humano cada vez se define más por su viviencia de lo próximo y todo, el pasado o el presente, se actualiza y manipula.

Así voy yo ahora por la calle, a la espera de encontrarme. Y me voy hallando en mi reflejo, en una vaga conciencia de lo que soy. Y en la mirada de aquellos con los que me cruzo si no están demasiado pagados de su propias creencias o evasiones.

miércoles, 16 de enero de 2008

Escaleras a la calle o pequeña explicación de las disoluciones mientras salgo por el portal.

No me he vuelto loco. O sí. O no más de lo que estaba.
Como sabéis, en La Acequia caben muchas cosas y ésta es una de ellas. Con la serie de disoluciones pretendo experimentar una nueva forma de ver las cosas a través de las imágenes, las emociones y las palabras. No hace falta caer en la locura o en la droga para hacerlo, como graciosamente han comentado varios de los visitantes asiduos de este espacio a partir de mi autoparodia en la que, además, me he divertido.
Desde su inicio, el arte ha tenido algo de magia. Hubo un tiempo en el que se confundía con las creencias sagradas y, para la conexión con otras realidades, el artista-médium-sacerdote, chamán o fabulador, a fin de cuentas, se ayudaba de drogas o trances causados por estados psicológicos provocados y colectivos, como primer actor de un ritual de grupo. El artista maldito tuvo esa herencia y muchos quedaron por el camino.

No. No me he vuelto más loco de lo que ya estaba. En esta serie, sobre todo cuando se mezcla con la autoparodia, hay mucho de ironía sobre mí mismo y de juego. Experimentación, al fin y al cabo para mirar las cosas por el haz y el envés al mismo tiempo.

Además, la confusión de nuestro mundo nos obliga a intentar verlo de otra manera, desenfocarlo para buscar sus raíces más ocultas que, al cambiar la perspectiva, se muestran tan evidentes que uno no sabe por qué no chocamos con ellas a diario.

El arte no es trascendente, pero nos explica como especie y nos proyecta hacia nuestros más ocultos deseos y temores. Y quizá, el más oculto, es vernos desnudos de tanta retórica. Para eso, después de probar lo simbólico o de ponerme tan serio que parezco un severo moralista, quiero irme por los caminos del desenfoque de la mirada para ver mejor tras rebanar de las cosas su apariencia.

Hoy me encuentro así, después de bajar los peldaños de la escalera de mi edificio, y me hallo en el portal de casa, a punto de salir a la calle, y verla.

lunes, 14 de enero de 2008

jueves, 10 de enero de 2008

Viaje por el pasillo de casa (Meme viajero y autoparódico)


Mi querido E., con el que deberé tomar pronto un café, me dirige un meme, por paseante desprevenido, en Trupitomanias. Él sabe cómo soy con estas cosas y que esta fórmula de conexión en red entre blogs, que llegan de algún sitio y van vete a saber dónde, y que deriva desde la simple simpatía emocional entre blogueros al intento de que el blog iniciador de la cosa ascienda en número de enlaces, cuando llegan a mí son giradas hasta que, a veces, no se reconocen con el origen (pero para eso le enlazo, por si alguien quiere saber las reglas primeras). En este meme se debe decir dónde se quiere viajar con las siguientes normas que deben copiarse al añadir el destino propio:
…….. Copiar ……..

Normas:
1. Poner tú nick con la dirección Url del post donde realizas el meme.
2. Al lado de tu nick, la ciudad y país al que te gustaría viajar, con la explicación de por qué ese sitio y no otro, y una imagen del lugar o que represente cierto lugar.
3. Añadir los lugares y nicks anteriores (no hace falta que copies también la imagen).
[...]
Espineli -> Pues yo me daría un viajecito espléndido por Nueva York, pasar por Manhattan, Brooklyn y su puente, Central Park, ver el Empire State y la Estuatua de la Libertad. Dicen que un barrio (espero que no sea muy pijo) de Chealsea puedes probar la hamburguesa de queso azul, debe de ser simplemente legendario.
Trupitomanias -> Me gustaría ir a Egipto a ver las pirámides.. y todo lo de por allí.. sip creo que seria al sitio que me gustaría ir.. también iría encantado a argentina para conocer aquello tene que ser un país inmenso y siento curiosidad también.

La Acequia-> Al paseante de La Acequia, como es sabido, le gustan los paseos solitarios y contemplativos, mientras mira lo que hay a su alrededor. Como llevo tiempo dando vueltas por ahí sin saber a dónde llegar y antes de desear marcharme a una isla desierta con un buen libro y provisiones para aguantar hasta después de las próximas elecciones, he decidido, desde hace unos días, viajar hacia dentro. Algunos dirían que vaya viaje, sobre todo por lo desenfocado de las imágenes, pero a los que tal argumentan, si vienen de malas, les diría que arrieritos somos y ya nos encontraremos y que se anden con ojo no vayamos de viaje en viaje hasta el destino. A los que vienen de buenas les podría invitar al viaje, pero para eso tendrían que traer su propio desenfoque. Ya lo saben. Es esto tan así que he decidido redescubrir mi casa, por si se me había olvidado y no redecorar porque ya tengo la vida muy accidentada. Comencé por el pasillo, y ahí sigo, intentando llegar al fondo, porque creo que allí hay colgada una lámina en la que la hermana de un famoso pintor ya muerto, de bigote estrafalario y voz impostada (el pintor, que no la hermana), mira el mar desde una ventana abierta. Cuando llegue, quizá os lo diga. O no.
…….. Dejar..De..Copiar …….
Y como hay que remitir el meme, se lo envío a mi querido Álvaro, de La lúgubre góndola, que, desde que colgó su felicitación navideña no se ha atrevido a arrancar la hoja del calendario. Con todo el cariño. (Por supuesto, le permito suprimir algunos pasajes de mi viaje.)