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miércoles, 9 de enero de 2008

Frío


Frío es tocar una baldosa blanca del cuarto de baño
con el pie desnudo:
darse cuenta, en ese justo momento,
de que has perdido todo, en vértigo circular,
por el sumidero
y de que la esponja ha despellejado tu alma
hasta dejarla ya inexistente
y te ha sellado la huella acero de lo que no volverás a ser
porque nunca fuiste.
Frío es secarte con morosa exactitud cada parte del cuerpo
y percibir que ya no te duele nada
porque todo ha quedado sin espacio ni tiempo.
Frío es vestirte con el traje negro,
anudarte la corbata
y sentarte a esperar que vengan a por ti.
Y te lleven.
Gracias, Piluca.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Retrato de hombre oculto y fatigado.

Retrato del paseante de La Acequia en los servicios públicos de la Estación de Autobuses de Béjar.

Estoy muy cansado. Estos días siento la fatiga como si hubiera calado en mis huesos, quizá por efecto de la niebla húmeda de las últimas semanas, tan parecida a las de mi infancia, nieblas que encerraban el horizonte en un minúsculo punto durante un tiempo difuminado. No llego a todo y las tareas se van acumulando sobre la mesa; me irrito con más facilidad de la recomendable y no atiendo a los que quiero como debería. Hoy ha comenzado a helar y no ha mejorado mi situación: el hielo ha caído inmisericorde sobre la tierra y parece recrecer mi cansancio. Vuelven síntomas de hace unos meses y miro los efectos de la edad en mi cuerpo como si hubieran brotado inesperadamente y no llevaran allí unos años. Voy contando los días que me quedan para los festivos próximos y no me consuela porque sé que son fechas nerviosas y estresantes.

Pilar Serrano Verde, Piluca, me ha pedido en un correo electrónico que sea más directo en la expresión de mis emociones en este blog: que me desnude de símbolos y personajes. Comprende que La Acequia ha construido un tiempo narrativo, un espacio y un personaje. Como dice Ramón, es la materia la que construye el espacio y el tiempo, que no preexistían. Y materia, aunque no lo quieran algunos, es lo que somos. Pero aunque Piluca lo comprende, me pide una voz menos disfrazada.
Es complicado. Voy cargado de lo que otros han vivido, han contado y han visto: casi es mi oficio. Estos tiempos son proclives para mirar las cosas y narrarlas a través de la cultura: parodia, intertextualidad, postmodernismo. El arte se construye sobre arte, como las viejas ciudades que crecen sobre los cimientos de su propio tiempo histórico. Quizá hemos añadido unas gotas escépticas: ya no nos creemos nada de lo que nos han contado, pero no podemos volver al adanismo, que es un motivo artístico que ha dado siempre mucho juego.
Mi mirada hoy está cargada de tantas cosas, Piluca, y de tanta fatiga que sólo puedo aportar esta fatiga misma, que procura ser comprensiva y calmada y comprometida en lo que puede. Así voy, dejándome fragmentos de mí mismo al rozarme con las cosas. A veces consigo asomar por entre los retales que llevo encima. A veces. Y, como mucho, obtengo una imagen borrosa de mí mismo.

viernes, 22 de junio de 2007

Una cena atrasada y por algo será que llueve a gritos.


Ayer celebramos la cena tradicional de la que ya he hablado aquí con ocasión de una pérdida dolorosa. Este año, por algún viaje y otras circunstancias, la hemos retrasado hasta finales de junio. Estuvimos Teo, José María, Marién, Piluca, Valentina y quien esto escribe. Faltaron, por varias razones, Begoña, Vicky, Jorge, María y Berta. Fueron unas horas agradables compartiendo conversación y raciones. Es un grupo heterogéneo al que el azar de la vida -la mejor forma para encontrarse- ha juntado en las aulas. Precisamente esta heterogeneidad es lo más atractivo de la reunión.
Teo acaba de obtener la habilitación nacional para Catedrático de Universidad y es un orgullo ser su amigo, aunque él me tenga que aguantar las puyas inocentes contra su defensa del cine francés. José María, que quiere tomarse la cultura y la vida a sorbos sabios como el que prueba un buen vino, nos jubilará a todos como estudiante. Fue ingeniero y es, sobre todo, una persona viva. Marién, ya lo he dicho, es constancia pura incansable. No sé de dónde saca su tiempo y su energía. Piluca nos ha crecido y ha ganado en fuerza sin perder sensibilidad y agudeza. Valentina, la nueva incorporación, es tenaz, optimista y de gran capacidad práctica. En el grupo hay un catalán castellanizado que no ha perdido su acento, una burgalesa que ha pasado por Valladolid y Zamora, una siciliana que ha terminado tomando pinchos en el Parral con entusiasmo, un viajero impenitente que lleva media vida entre Francia, Portugal y Argentina y que de Valladolid llegó a Soria y terminó en Burgos.
Hubo buena comida, buen vino y mucha conversación en un barrio -Las Huelgas- que ojalá se salve de la destrucción y la fealdad. Terminamos irrumpiendo en un local en el que se nos miró como a los forasteros que entraban en el saloon de las películas del oeste.
Piluca nos trajo bajo el brazo ejemplares de Llueve a gritos (Madrid, Taller de escritura de Burgos, 2007), obra colectiva en la que se coleccionan relatos de varios escritores con prólogo de Alejandro Núñez Peña. Aunque aparecen como aprendices de escritores, los logros son excelentes. Piluca (Pilar Serrano Verde) nos regala tres muestras diferentes de su bienhacer. Pastas rojas y flores secas es un perla a partir del chispazo de la memoria y la soledad. Piedras cuenta con un diálogo ingenioso y manipulador que nos conduce hacia el corazón vacío de la protagonista. Y Secretos y mentiras retrata con silencios la destrucción de una pareja con una frase -modelada como imagen- que no puedo olvidar: "Tacho los días del calendario en los que nos hacemos daño".
Y ya me acuerdo -qué frágil la memoria- de la recomendación: Historia universal de la infamia, de Borges (1935). Cualquiera de los relatos.