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martes, 10 de febrero de 2009

martes, 17 de junio de 2008

La casa del río

¿Se necesita algo más para hablar de hogar desde una esquina de la ciudad? Hay orden, limpieza y voluntad de ser. ¿Qué es lo que puedo juzgar yo? ¿Conozco acaso las razones? ¿Qué rincón es más cierto, el suyo o el mío?

lunes, 18 de febrero de 2008

Caminar deprisa para no ir a ninguna parte

Hoy estoy cansado. Ha sido un lunes largo y extraño. En los periódicos nace un estado tapón, como en la época napoleónica, que tendrá problemas para subsistir sin la ayuda y control de las naciones que lo apoyan. Sé que todos los pueblos tienen derecho a su independencia, pero cuando ésta se convierte en manipulación titiritera y una independencia de cartón piedra que no es la anhelada por los habitantes sino la que otros le otorgan es un error. Pero es su error y la historia dará la solución, espero que mejor que la que hubo porque si no volveremos a cambiar el mapa político dentro de un cuarto de siglo. Es significativo que aquí las grandes naciones se hayan tomado tan en serio las cosas, cuando en otros casos se dilatan las soluciones a la espera de que la frustración lleve al desistimiento, la dispersión o la muerte. Será verdad que la política internacional no se rige más que por intereses.
Hoy estoy cansado. Me ha dado por pensar que la Historia de la Humanidad camina deprisa hacia ninguna parte. Dicen que nuestra época postmoderna se identifica por eso, por abrir los ojos y darse cuenta de que las grandes teorías y creencias nos han llevado a guerras continuas, al desastre y la confrontación sin más final que la destructiva. Ahora que lo sabemos nos hemos convertido en seres escépticos, que aplicamos el perspectivismo a todo hasta llevarlo a su caricatura, para no creernos nada. Así vamos todos. Bastaría con agacharse un poco y mirar desde otro ángulo para vernos correr deprisa para no ir a ninguna parte.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Los ausentes


Todos hemos notado la ausencia de alguien. Ese sentimiento vincula al ausente con nosotros y la situación por la que pasamos. Si estuviera aquí... Ahora tenemos los teléfonos móviles y enseguida llamamos a esa persona para que nos aconseje o comparta con nosotros la alegría o la tristeza. Recurrimos a este ingenio en exceso, como protestaba Pilar hace unos días. Pero parece no importanos incluso estar en un lugar en el que no tenemos intimidad: necesitamos compartir nuestra experiencia y sentir la cercanía del que está lejos.

Pero a veces el ausente no contestará a las llamadas a pesar de nuestra insistencia. Es un amigo lejano al que perdimos la pista hace años y con el que necesitamos hablar pero ya no tenemos su teléfono ni su dirrección, perdidos en un cambio de agenda. O aquel amor que resurge en nuestra memoria cuando hacemos algo -el hábito más rutinario- que nos lo recuerda.

O ha muerto. Sé de muertos cuya ausencia es tan notoria en los que lo conocieron que se hacen presentes a fuerza de echarles de menos. Están aquí, con nosotros, y aun se habla con ellos, se les pide consejo o se piensa qué hubiera hecho él o qué palabras nos hubiera dicho. Estos ausentes van configurando nuestra mente hasta que llegamos a pensar como ellos, recuperar sus gestos, sus costumbres. Incluso modelan nuestros rostros, como si fuéramos de arcilla, para que nos parezcamos cada día más a ellos y así heredamos sus cicatrices y arrugas. Poco a poco somos el ausente y aquellas sillas que quedaron abandonadas cuando se fueron vuelven a ser ocupadas. Y aquel que pasa junto a ellas piensa que se ha detenido el tiempo.

domingo, 10 de febrero de 2008

Todo está bien, como una pared delicadamente pintada de verde.


Me suelen despertar inquietud las casas cuidadas hasta el último detalle. Siempre aventuro sucesos brutales en su interior, tras la escena preparada para una revista de decoración. Busco en ellas, minuciosamente, una grieta por la que la vida, con su caos, entre y deshaga la apariencia. El minucioso cuidado ornamental me habla de esta sociedad en la que vivimos, en la que queremos habitar en un mundo limpio y ordenado y sólo admitimos lo que trastorna nuestros intestinos pensando que eso sucede en lugares lejanos, mientras esperamos los anuncios televisivos para contemplar el plástico de la belleza. Sociedad en la que delegamos la guerra para que no nos afecte, en la que somos más violentos usando la frialdad aséptica de quien da las instrucciones que del sicario. La lucha de los que nos muestran el artificio es larga y penosa porque molestan a nuestra conciencia adormecida y nos indican que, tras el delicado verde y la enramada hermosa, se oculta la mancha de humedad y moho, pero es necesaria porque, sin estos testimonios, no nos pesaría la conciencia porque andamos ciegos y protestaríamos, no tanto por pensamiento como por estética o para que no se nos amargue la suave tarde de un domingo. Hoy han coincidido, en los periódicos, la supresión de la silla eléctrica y la foto de un osario y su administrador, en quien delegamos, que nos victimiza a todos por cerrar los ojos. No son situaciones equivalentes, por supuesto, pero ambas son muestras de cómo transferimos el horror y corremos a encerrarnos en nuestro jardín, tras la tapia verde delicadamente pintada. Con la ilusión de que a nosotros no nos llega, porque somos inocentes.

sábado, 9 de febrero de 2008

He luchado contra ti pero he perdido siempre.


Nos sucede, a veces, que los combates que damos en la vida son contra nuestras propias emociones y apetencias, tan instaladas en nosotros que arrancarlas es destruirnos las entrañas. Intentamos ganarnos cada día contra aquellas inclinaciones que sabemos que nos dañan o procuramos corregir cosas de nuestro carácter que nos perjudican: agresividad, pereza, exceso de pasión, tendencias ciclotímicas. Ponemos diques que al final se oxidan, resquebrajan y revientan y lo contenido salta con más fuerza y nos atenaza: nos entregamos con fruición a ello porque recobramos el placer de lo que éramos y nos prohibíamos. Somos como esas viejas torrenteras urbanizadas de forma imprudente que son inundadas por las aguas que vuelven a su cauce. En otras ocasiones luchamos contra nuestros sentimientos, incluso con rabia. Por ejemplo, intentando olvidar aquel amor. Yo me he engañado siempre con pequeñas victorias, sabiendo, de antemano, mi completo fracaso.
En nuestras derrotas nos encontramos, más aun que en nuestros éxitos.

viernes, 1 de febrero de 2008

Serenidad


He recorrido todas las grietas desde el origen de las cosas. La ciudad me ha enseñado sus tripas y yo procedí a rajarlas con perplejidad de carnicero escéptico. Recuerdo cuando aun me temblaba la mano de la navaja, con la hoja afilada por los gritos mudos de las víctimas que debía examinar, para comprender el crimen. Hasta este punto en el que debo tomar la decisión última.

Sé cual es, sólo espero el momento.

domingo, 27 de enero de 2008

72 vers.o.s. en la calle.

72 vers.o.s., escribí alguna vez 72 versos que decían
de ti las cosas que debían decirse,
sobre tu piel y mis dedos, tu aroma, tu cuello y mis dientes,
y los arrojé a la calle para que se cruzaran con las palabras dichas
e innecesarias,
para que lidiaran las aristas de los edificios
y las miradas hoscas
y alguna farola de luz negra.
Sé que han ido deshilándose a decenas
pero ya no sé si son míos cuando me sorprenden, ya uno solo,
al cruzar la calle para comprar el débil alimento del día,
y me gritan
que te quiero tanto como tú me odias.