Como estaba anunciado, el pasado sábado 7 de abril nos desplazamos hasta Tordesillas un buen puñado de lectores de este club de lectura, patrocinado por Alumni UBU en su formato presencial, para comprender mejor el encierro de la reina Juana en aquella ciudad castellana. Fuimos acogidos magníficamente por José Luis Sainz y Montse Rubio, del Centro de de Iniciativas Turísticas de Tordesillas, a los que tenemos que agradecer sus atenciones y la cesión de la sala en donde celebramos el encuentro académico por la tarde. El CIT de Tordesillas es una iniciativa privada de voluntarios amantes de la historia de la localidad. Si tienes interés en una visita guiada de gran calidad ponte en contacto con ellos: los ingresos que consiguen de esta manera los invierten íntegramente en un interesante programa de actividades culturales, incluida la escenificación de la entrada de la reina Juana en Tordesillas cada mes de marzo.
Con José Luis y Montse realizamos la visita guiada a las Casas del Tratado por la mañana. Para comprender mejor las circunstancias de esta reina debemos incluirla en su contexto tanto geográfico como político. Castilla era, en su tiempo, el reino cristiano más importante y rico de Europa y Juana, sin duda, se vio afectada por esta circunstancia. Como hemos apreciado en la biografía escrita por Manuel Fernández Álvarez que nos ha ocupado estas semanas, gran parte de las decisiones que se tomaron para apartarla del poder están motivadas por esta cuestión clave. Tras la muerte de su madre, Isabel, ni su padre ni su marido ni su hijo se lo iban a poner fácil. A pesar de eso, pudo ostentar durante el resto de su vida el título de reina de Castilla, del que no fue desposeída en ningún momento por la Corte. De hecho, algo que muy pocas personas saben, Carlos fue rey durante escaso tiempo -desde la muerte de su madre hasta su abdicación.
No es menos significativo que el encierro de Juana tuviera lugar en Tordesillas, en el palacio real hoy desaparecido, en un territorio muy vinculado con su madre y muy cerca de las Cortes de Valladolid. Un territorio que fue sacudido también por una de las revoluciones más apasionantes de la Europa del siglo XVI, el movimiento comunero, que estuvo a punto de hacer caer el poder de Carlos V. Tordesillas ocupa un lugar trascendente en la historia del mundo gracias al tratado que allí se firmara el 7 de junio de 1494. En virtud de ese tratado España -Castilla y Aragón, en realidad- y Portugal se repartieron el mundo.
Fue en ese lugar, en apenas unos cientos de metros, en donde trascurrió la mayor parte de la vida de Juana. Encerrada, aislada del mundo, pasó más de cuatro décadas: un lugar tan cargado de historia para aislar a una reina. Poco sabemos de lo que ocurrió en su mente en esos años. Sin duda alguna, su estado mental debió resultar afectado por este encierro y aislamiento pero no sabemos en realidad hasta qué punto porque podemos sospechar que todas las informaciones sobre ella fueron controladas por quienes decidieron tenerla allí. El desequilibrio sufrido tras la muerte de Felipe y el parto de su hija (que agravaba las condiciones mentales de la joven) podría haberse tratado mejor en otras condiciones y haber evitado su apartamiento del gobierno, pero esto es jugar a la ficción histórica. Lo único real es que fue reina pero no llegó a gobernar nunca.
Todas las circunstancias de su vida han convertido a la reina Juana en un personaje legendario, favorable a la mistificación y al tratamiento literario romántico y una lectura feminista de la historia: una mujer pasional en una época trascendente del mudo. A veces se nos olvida esta condición humana de los grandes personajes históricos. Sobre Juana seguirá escribiéndose mucho, habrá ocasión de volver a ella y a su época.
Asomarse a la vega de Tordesillas desde donde estuviera el palacio real y pasear las calles y la plaza mayor de esta localidad es comprender mejor la historia de la reina Juana. La visita merece la pena. A nosotros nos llovió pero eso no impidió que disfrutáramos de una jornada de encuentro, con comida incluida, que rematamos por la tarde con la visita al Real Monasterio de Santa Clara, un lugar único en Castilla que también tiene su propia e interesante historia desde que fue mandado levantar en 1340 por Alfonso XI como palacio de estilo mudéjar para celebrar la victoria de la batalla del Salado y acoger en él a su amante Leonor de Guzmán, con la que tuviera nueve hijos. Uno de estos hijos, Enrique II de Castilla fue el primer rey de la casa de Trastámara, nuestra Juana la última de la dinastía. Cuando le fue permitido, Juana pasaba al convento para visitar el cadáver momificado de su amado Felipe. Como si en Tordesillas se abriera y se cerrara un círculo dinástico tan vinculado con la grandeza de Castilla antes de dejar de ser para dar paso al imperio de los Austria.
Con José Luis y Montse realizamos la visita guiada a las Casas del Tratado por la mañana. Para comprender mejor las circunstancias de esta reina debemos incluirla en su contexto tanto geográfico como político. Castilla era, en su tiempo, el reino cristiano más importante y rico de Europa y Juana, sin duda, se vio afectada por esta circunstancia. Como hemos apreciado en la biografía escrita por Manuel Fernández Álvarez que nos ha ocupado estas semanas, gran parte de las decisiones que se tomaron para apartarla del poder están motivadas por esta cuestión clave. Tras la muerte de su madre, Isabel, ni su padre ni su marido ni su hijo se lo iban a poner fácil. A pesar de eso, pudo ostentar durante el resto de su vida el título de reina de Castilla, del que no fue desposeída en ningún momento por la Corte. De hecho, algo que muy pocas personas saben, Carlos fue rey durante escaso tiempo -desde la muerte de su madre hasta su abdicación.
No es menos significativo que el encierro de Juana tuviera lugar en Tordesillas, en el palacio real hoy desaparecido, en un territorio muy vinculado con su madre y muy cerca de las Cortes de Valladolid. Un territorio que fue sacudido también por una de las revoluciones más apasionantes de la Europa del siglo XVI, el movimiento comunero, que estuvo a punto de hacer caer el poder de Carlos V. Tordesillas ocupa un lugar trascendente en la historia del mundo gracias al tratado que allí se firmara el 7 de junio de 1494. En virtud de ese tratado España -Castilla y Aragón, en realidad- y Portugal se repartieron el mundo.
Fue en ese lugar, en apenas unos cientos de metros, en donde trascurrió la mayor parte de la vida de Juana. Encerrada, aislada del mundo, pasó más de cuatro décadas: un lugar tan cargado de historia para aislar a una reina. Poco sabemos de lo que ocurrió en su mente en esos años. Sin duda alguna, su estado mental debió resultar afectado por este encierro y aislamiento pero no sabemos en realidad hasta qué punto porque podemos sospechar que todas las informaciones sobre ella fueron controladas por quienes decidieron tenerla allí. El desequilibrio sufrido tras la muerte de Felipe y el parto de su hija (que agravaba las condiciones mentales de la joven) podría haberse tratado mejor en otras condiciones y haber evitado su apartamiento del gobierno, pero esto es jugar a la ficción histórica. Lo único real es que fue reina pero no llegó a gobernar nunca.
Todas las circunstancias de su vida han convertido a la reina Juana en un personaje legendario, favorable a la mistificación y al tratamiento literario romántico y una lectura feminista de la historia: una mujer pasional en una época trascendente del mudo. A veces se nos olvida esta condición humana de los grandes personajes históricos. Sobre Juana seguirá escribiéndose mucho, habrá ocasión de volver a ella y a su época.
Asomarse a la vega de Tordesillas desde donde estuviera el palacio real y pasear las calles y la plaza mayor de esta localidad es comprender mejor la historia de la reina Juana. La visita merece la pena. A nosotros nos llovió pero eso no impidió que disfrutáramos de una jornada de encuentro, con comida incluida, que rematamos por la tarde con la visita al Real Monasterio de Santa Clara, un lugar único en Castilla que también tiene su propia e interesante historia desde que fue mandado levantar en 1340 por Alfonso XI como palacio de estilo mudéjar para celebrar la victoria de la batalla del Salado y acoger en él a su amante Leonor de Guzmán, con la que tuviera nueve hijos. Uno de estos hijos, Enrique II de Castilla fue el primer rey de la casa de Trastámara, nuestra Juana la última de la dinastía. Cuando le fue permitido, Juana pasaba al convento para visitar el cadáver momificado de su amado Felipe. Como si en Tordesillas se abriera y se cerrara un círculo dinástico tan vinculado con la grandeza de Castilla antes de dejar de ser para dar paso al imperio de los Austria.
Noticias de nuestras lecturas
Mª Ángeles Merino preparó excelentemente el viaje del sábado pasado a Tordesillas gracias al sueño que su amiga Austri tuvo, en el que recreó una entrevista entre el biógrafo y la biografíada... Para no perdérselo.
Y la misma Mª Ángeles, que como cronista y levantadora de actas no tiene precio, escribe fielmente lo que pasó en nuestra visita en Tordesillas, acompañada del reportaje de fotos de Yolanda Delgado, que completan todo. Un buen recuerdo de un día para recordar.
Y la misma Mª Ángeles, que como cronista y levantadora de actas no tiene precio, escribe fielmente lo que pasó en nuestra visita en Tordesillas, acompañada del reportaje de fotos de Yolanda Delgado, que completan todo. Un buen recuerdo de un día para recordar.
Pancho llega al relato final de la novela de Abella y comenta su giro estilístico acompañando al fraile caminante y a nuestro hombre pez... hasta Miguel Ríos. No te lo pierdas. Como tampoco puedes perderte el final (que suena a Leonard Cohen) en el que asistimos a la alegría del regreso a Liérganes con todo lo que supone. En las últimas frases de su entrada, Pancho define a la perfección el estilo de Abella.
Próxima lectura
Como saben los más antiguos seguidores de este club de lectura, suelo vincular alguna de las lecturas a los libros que obtienen el Premio de la Crítica de Castilla y León, de cuyo jurado soy miembro. En el presente año lo han obtenido ex aequo la novela Akúside, de Ángel Vallecillo (editorial Difácil) y Los refugios de la memoria de José Luis Cancho(editorial Papeles mínimos). Con este motivo, tras la lectura de la biografía de Juana la Loca -que terminamos la próxima semana-, iniciamos la de la novela de Vallecillo y en mayo abordaremos el libro de memorias de Cancho. Con ambos autores nos encontraremos durante la celebración de la Feria del Libro de Burgos.
Akúside es un libro valiente tanto en su estructura como en lo que dice: una distopía sobre el nacionalismo y, en concreto, sobre la posibilidad de que hubiera triunfado el terrorismo de ETA, construyendo un nuevo país y, por lo tanto, una nueva realidad entre lo mítico y lo histórico. No dejará a nadie indiferente.
Akúside es un libro valiente tanto en su estructura como en lo que dice: una distopía sobre el nacionalismo y, en concreto, sobre la posibilidad de que hubiera triunfado el terrorismo de ETA, construyendo un nuevo país y, por lo tanto, una nueva realidad entre lo mítico y lo histórico. No dejará a nadie indiferente.
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Paco Cuesta comienza con ganas el comentario de Akúside, reseñando su condición de narración diferente y rupturista. No te lo pierdas.










