jueves, 18 de octubre de 2007

Y de pronto, el otoño.


Al pasar hoy junto a esta zona de la ribera del Arlanzón, el otoño se me vino encima, como si me estuviera esperando, agazapado. El lugar lo he fotografiado en otras ocasiones porque soy uno de los privilegiados que paso junto a él varias veces a la semana, andando. Son menos de cien metros de orilla y agua que remansan el ruido del tráfico. En una ocasión me sirvió de refugio para hablar de política sin hacerlo. A veces me pregunto si no será mi locus amoenus.

Pero hoy se me ha venido encima el otoño y estoy triste.

Qué poco nos han enseñado a expresar nuestras emociones y cuánto ganaríamos al hacerlo. Decir, sin más: te amo, te odio, estoy solo, estoy triste. Estoy triste. Y me he detenido unos minutos aquí al volver a casa, enredando mi soledad y mi tristeza entre estos troncos.

13 comentarios:

jg riobò dijo...

El otoño no es triste, es melancólico y eso produce una lucidez que a mí me produce un agolpamiento de ideas; que me nutro para casi todo el año. La mente esta centrada en lo que deseas, no se despista.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Efectivamente, JAVIER: el otoño es mi estación favorita del año. Su luz no ciega y deja ver y los colores...
No es el otoño el triste hoy, Javier, soy yo.
Saludos.

J.R.Justo dijo...

Con los años enseñe a mi corazón a dejar las puertas abiertas de par en par.

En las tardes de otoño cuando el sol solamente acaricia, salen mis días futuros a cegarse y tienden ideas vagas y a veces absurdas que bailan recogiendo los últimos aromas de la tarde.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

qué bello texto, J.R.Justo. Mil gracias.

Pilar dijo...

Pues yo debo ser de esas personas que no tengo ningún problema en manifestar mis emociones, tal vez es que hay momentos en que me desbordan dentro y tengo que "vomitarlas".
Pues, no sé, yo también estoy triste, no es el otoño, yo soy, más bien, son mis "cosas", entonces me viene como bien el otoño.
Si vas con el coche paseando a las 3 y media (por ejemplo, yo a veces lo hago nada más salir del trabajo)con una música suavecita y vas hasta San Pedro Cardeña, desde el Centro, o sin escuchar más que el ruido(sonido) de fuera, eso es un regalo.
Los colores del otoño me transportan a la nostalgia en la que me hallo.


Bueno, pues nada feliz tristeza de otoño, la melancolía y la nostalgia es algo que deja pelín desazonado al que lo siente, al menos a mi, esa especie de necesidad de suspirar....
Ya me dirás,
y sobre todo gracias por tu blog, que sepas que a mi me da vidilla.
Pilar.-

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Hola, Pilar:
Gracias por comentar. No sabes la importancia que tiene esto en un blog, cuya definición incluye los comentarios y réplicas de los receptores, que interactúan con el autor.
Y qué bien cuentas tus sentimientos y cómo veo que sabes mirar las cosas.
Gracias.

Francisco O. Campillo dijo...

En estos días se produce un cambio espectácular. Las hojas de los robles y las hayas adquieren unas tonalidades que emborrachan la vista ¡Lástima que sólo dure una semana! ¿O tal vez, ahí -en su brevedad- radica su belleza?

Pedro Ojeda Escudero dijo...

La naturaleza nos enseña que debemos apreciar las cosas en su justo momento, querido Fran, porque no podemos enlatarlos por más técnica que usemos.
Pero, si no la destruimos definitivamente, nos deja la promesa de reiterarse, con matices y cambios, al año siguiente.

Rui dijo...

No sé por qué pero el otoño, esté donde esté, siempre me recuerda a mi tierra.

Los paseos por los parques de mil tonos ocres. El banco de madera donde marqué mi amor cien veces Recoger las hojas que caen cuando sopla el viento. La fotografía en sepia que guardo con su imagen en mi memoria.

Si me permites, hoy te acompaño a enredar mi tristeza en esos troncos.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Aquí, querido Rui, hay árboles para todos. Gracias por compartir tus recuerdos.

Pablo A. Fernández Magdaleno dijo...

Aquí en Palma del Río el otoño no acaba de arrancar este año y no provoca la melancolía del otoño castellano: el paisaje apenas cambia. De todas formas, la melancolía es hermosa.
Un abrazo

nerea dijo...

A mi me pone triste porque siempre coincide que me trae cambios en mi vida... Esta vez me trae el peor de todos y es que mi hermana se ha ido a vivir fuera de mi ciudad (al pueblo de nuestra madre) y aunque ya no vivía con ella pues se me hace más duro de lo que pensaba tenerla lejos (no es lo mismo vivir en distinta casa que vivir en distinto lugar por muy cerca que este...). También me gusta esta estación pero no me gustan demasiado los cambios y, como digo, siempre me coinciden en otoño...

Besicos!

Pedro Ojeda Escudero dijo...

PABLO: "Primavera tarda" decía el poeta de la primavera soriana en comparación con la andaluza. "Otoño tardo/a" podríamos decir del andaluz con respecto al castellano.
Si en noviembre todavía huelen las flores allí, qué colores los de esta Castilla.
NEREA: esas soledades te ayudan a crecer y encontrarte. Además, aunque no es lo mismo -ya lo sé-, tienes a Morgana: achúchala. Besicos!