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jueves, 12 de enero de 2023

Leemos Solo triste de oboe de Yolanda Izard.

 


No es la primera vez que Yolanda Izard asoma a este club de lectura. Comentamos su magnífica novela La hora del sosiego en octubre de 2021 y su escritura dejó tan buen sabor de boca que traemos aquí esta novedad editorial -salió al mercado el pasado mes de diciembre-, Solo triste de oboe (Castilla ediciones, 2022), para comentarla en este mes de enero. Sobre esta escritora también he hablado en otras ocasiones en este espacio con motivo de otras obras suyas, lo que me ahora hoy presentaciones.

Solo triste de oboe se publica en la exitosa colección Cuentenario narrativa dirigida por José Ignacio García, que se iniciara con una recopilación que ya ha marcado un hito en la historia del relato breve en Castilla y León y sin la cual es imposible contar la historia reciente de este género, Cuentos pendientes. Cuarenta y tres voces del cuento castellano y leonés del siglo XXI (2021). 

El volumen de Yolanda Izard recoge treinta y dos relatos breves, incluyendo el que da título al libro, que la autora sitúa acertadamente en la parte central estructurando un certero ritmo de lectura. Se inicia con una cita de Rainer María Rilke que sirve casi de declaración poética de la autora y no solo para este libro: Pues lo hermoso no es otra cosa que el comienzo de lo terrible en un grado que todavía no podemos soportar. Esta forma de entender la vida -o la vida a través de la literatura o la literatura a través de la vida-, queda clara desde el primer relato, El barranco. En él hay una transición luminosa hacia la belleza y la infancia (la nostalgia de lo perdido en Yolanda Izard es una categoría estética y moral), una transición no exenta de dolor físico y espiritual que culmina en el sosiego, casi como en un camino ascético hacia la iluminación.

Abran las páginas de este libro y déjense sorprender. Lo comentaremos las próximas semanas.


Noticias de nuestras lecturas



Paco Cuesta acierta con su lectura de la obra plenamente, sobre todo al marcar lo autobiográfico y el amor del poeta por su propio amor más que por Teresa.

Luz del Olmo asistió a la presentación en el Museo del Romanticismo de Madrid de la edición ilustrada del Canto a Teresa que nos sirve de base para nuestro comentario, celebrada el pasado 9 de diciembre. Lo cuenta en esta entrada de su blog y la lectura del texto le provoca el reto de escribir en verso su comentario. ¡Gracias por este regalo!

María Ángeles Merino acomete de nuevo el trabajo de dar cuenta fiel de lo acontecido en nuestra reunión mensual del formato presencial del club. Fue alegría volvernos a ver, desde luego. Para quien no pudo acudir, aquí dejo el enlace a su magnífica entrada.




jueves, 28 de octubre de 2021

Estrategias narrativas en La hora del sosiego de Yolanda Izard.

 


(Primera entrada de esta lectura, aquí; segunda, aquí, tercera, aquí).

Uno de los grandes aciertos de esta novela de Yolanda Izard es la voz narradora. Berta nos deja su testimonio en primera persona en un diario escrito en las páginas de algunos cuadernos escolares que se llevó a la isla. No se trata de un diario constante y, además, pronto pierde la noción del tiempo, sino más bien un relato de emociones en el que se refleja ese camino hacia el despojamiento, con todas las incertidumbres y temores, pero también con la cada vez más firme decisión de renuncia para alcanzar el sosiego al que se refiere el título. El proceso de escritura fragmentario, es clave para hacerlo.

Los capítulos son breves e intensos, escritos con gran intensidad lírica. El estilo busca transitar por la belleza sin ahorrar la dureza de lo relatado. Desde el paraíso natural de la isla se busca el paraíso perdido que es la felicidad de la infancia. Para este viaje no solo es necesaria la experiencia de la renuncia y la soledad, sino también el trabajo con la palabra. Solo conjurando con ella los fantasmas del pasado Berta puede llegar al resultado final de su búsqueda. Un proceso que tiene mucho de experiencia ascética, con todas sus consecuencias. La belleza última que consigue Berta es finalmente, la reconciliación con su propia vida hasta la hora del sosiego.

Yolanda Izard ha escrito una de las mejores novelas de los últimos tiempos, alejada de los caminos transitados habitualmente por la narrativa española, tan previsibles en muchos casos. Un relato que no utiliza estrategias narrativas fáciles para gustar al lector, que no se permite la caída estilística en ningún momento y que satisface a los amantes de la gran literatura.

Noticias de nuestras lecturas


Pancho regresa al Club de lectura y eso ya es una buena noticia. En la primera entrada que dedica a esta novela se centra en la estrategia narrativa del arranque, que nos atrapa definitivamente como lectores. Y, además, termina con Sabina... En su segunda entrada, señala la evolución de Berta desde la felicidad y alegría inicial al despojamiento final, tan necesariamente duro para llegar al sosiego. Y analiza la forma del estilo, regalándonos al final una de los Beatles, qué más se puede pedir.

El pasado martes día 26, a la hora habitual, tuvimos la primera sesión del Club de lectura en su formato presencial en el presente curso, mantenida por Alumni UBU. Demasiado tiempo sin celebrar una sesión así por la pandemia vírica. Debido a las normas sanitarias, no pudimos utilizar, por su tamaño, la sala habitual de los cursos anteriores a la pandemia y nos reunimos en un aula de la Facultad de Humanidades y Comunicación de la Universidad de Burgos. A su Decano queremos agradecerle las facilidades dadas para su utilización.

Solo el poder vernos después de tantos meses es ya una celebración. Ojalá no volvamos a tener una interrupción tan brusca y la pandemia atenúe su intensidad. En la reunión expresé mi deseo de que las últimas lecturas del curso coincidan con el levantamiento de las medidas sanitarias que nos han protegido.

Al final de la sesión, rendí tributo de cariño a la memoria de Antonio López, miembro del club de lectura recientemente fallecido. No recuerdo en él ningún mal gesto, sino todo lo contario. Siempre se mostró dispuesto a ayudar y colaborar, con la medida y acertada expresión de sus opiniones. A él y a su mujer, también miembro del club, les debemos una cariñosa acogida cuando fuimos a conocer algunos de los paisajes manchegos por los que trascurre el Quijote. En su casa celebramos una inolvidable comida de hermandad gracias a su generosidad. Para Antonio vaya nuestro recuerdo y para su familia, cómplice en tantas cosas literarias, nuestro cariño y apoyo.

ANUNCIO DE LA PRÓXIMA LECTURA




En el mes de noviembre leeremos Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. Aleluya erótica en cuatro cuadros (Versión Cámara) de Federico García Lorca. Estrenada el 5 de abril de 1933, tras haber sido prohibida por inmoral en la dictadura de Primo de Rivera. Una pieza de teatro breve que no deberíamos considerar como una obra menor en absoluto. Lo comprobaremos las próximas semanas. De esta obra hay varias ediciones en el mercado editorial e incluso alguna gratuita muy correcta digital, pero os recomiendo la lectura en una edición crítica. 

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

jueves, 21 de octubre de 2021

La naturaleza en La hora del sosiego de Yolanda Izard

 


(Primera entrada sobre esta lectura, aquí; segunda, aquí.)

La elección del lugar en el que se desarrolla La hora del sosiego es clave para comprenderla. La protagonista decide aislarse en una isla del Pacífico de unos pocos quilómetros cuadrados. La naturaleza allí es prodigiosa. Desde el principio, su idea consiste en alterarla lo menos posible. Su viaje no es civilizador ni pretende domesticar su entorno, sino encontrar un espacio en el que sea posible encontrarse a sí misma en total soledad. Inicialmente, se limita a limpiar la casa que allí se encuentra para poder habitarla, trabajar un pequeño huerto y levantar un mapa mental del territorio que explora sin urgencias:

Mi misión es la de poner límites, ordenar el caos; en fin, humanizar mi entorno sin perjudicar en lo posible a la naturaleza original. Llegar a un cierto acuerdo con ella.

Aquellos primeros tiempos todo funciona como debería, salvo los temores ante los ruidos nocturnos, algunos insectos y las posibles alimañas. Consigue mantener una apariencia mínima de su vida anterior que no modifica sustancialmente el entorno, obtener los primeros productos de la huerta y cosechar las abundantes frutas y otros alimentos que se hallan espontáneamente en el entorno. El equilibrio se mantiene un tiempo, pero la primera temporada de lluvias le recuerda a Berta que se encuentra ante una naturaleza que tiene sus propias reglas. Poco a poco, pierde las pocas comodidades que disfrutaba y la intemperie y el abandono comienzan a pasarle factura físicamente. La isla no guarda compasión por el ser humano que la habita:

(...) la selva se ha apoderado de cuanto la voluntad humana quiso domesticar en vano: con qué rapidez borra la huella del hombre, su único y feroz depredador.

Pronto aprende que todo esto es parte esencial de su deserción del mundo anterior, del borrado de su vida. Había elegido la isla por la belleza y esta también puede ser cruel, en términos humanos. Aceptar esta condición de la belleza natural -de lo sublime, incluso, como expresaban los románticos, puesto que este concepto de la belleza va mucho más allá de la hermosura de una postal turística y lleva a una profundización del yo-, es una condición necesaria para alcanzar la revelación que busca. El aprendizaje, como le sucede en su búsqueda interior, está lleno necesariamente de privaciones y sufrimiento, hasta que llega a la intemperie absoluta, la del cuerpo mismo. Para ello necesita vivir esta isla y aceptarla.

(El jueves de la próxima semana terminamos esta serie de entradas sobre La hora del sosiego correspondiente al Club de lectura.)

Noticias de nuestras lecturas
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Os recuerdo que podéis proponer títulos para leer en los dos huecos disponibles este curso (abril y mayo), pero con la condición de que uno debe ser de autor fallecido. Leemos obras originalmente escritas en español y de diferentes géneros literarios. Podéis dejar vuestras sugerencia como comentario en esta entrada, en el muro de Facebook o en Twitter.

A los participantes en el formato presencial del Club de lectura, sostenido por ALUMNI UBU, les recuerdo que se les ha enviado un correo electrónico con toda la información previa. De no haberlo recibido, deben ponerse en contacto con los responsables. Recuerdo que la primera sesión presencial del curso la celebraremos el martes 26 de octubre a la hora habitual en el lugar en el que se les comunicará por correo electrónico.


Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

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jueves, 14 de octubre de 2021

La soledad buscada en La hora del sosiego de Yolanda Izard

 


(Primera entrada sobre esta lectura, pulsando aquí.)

Berta, la protagonista de La hora del sosiego, es una editora de éxito que decide dejarlo todo, comprarse una isla desierta en mitad del Pacífico y buscarse a sí misma en soledad. Apenas lleva unas pocas cajas y poco a poco renuncia a su vida anterior. Inicialmente su soledad debía durar unos meses, pero algunas circunstancias la convierten en definitiva. Esa soledad comienza como una huida (para alcanzar la serenidad que pretendía al huir de la civilización), para terminar en la esencia misma de su vida hasta el punto de temer que algún día puedan rescatarla. Para soportarla, se impone una serie de rutinas iniciales (limpiar la casa, plantar y cuidar el huerto, conseguir frutas, explorar la isla), que poco a poco pierden importancia. Los días se pueblan de recuerdos de la vida anterior que indagan en su propia razón de existir, ensoñaciones y temores. El proceso hacia la soledad no es fácil porque desencadena el dolor. Hay sufrimiento físico, provocado por las inclemencias meteorológicas y el paso del tiempo; también hay un sufrimiento más íntimo y terrible, que procede de los temores a ruidos extraños, animales y la naturaleza, pero esencialmente del necesario enfrentamiento con los recuerdos, asociados con las muchas pérdidas que acumula en su biografía.

Para atemperar la soledad sueña la vida de tres cuerpos que encuentra en la isla y adopta a una perra a la que pone el nombre de María. Su relación con el animal mantiene la ternura y complicidad que todos los seres humanos necesitamos para sentirnos vivos.

Para Berta, transitar la soledad de esta manera es la única forma que encuentra para borrar su vida lentamente hasta llegar a la razón de su existencia, la vía necesaria para encontrarse, un camino llejo de abandonos y renuncias, de eliminar poco a poco las capas acumuladas. Una apuesta arriesgada y cargada de sufrimiento, que ella decide acometer. La novela es el relato de esa búsqueda, que a tantos espanta. Como los antiguos eremitas, solo lejos del ruido del mundo se puede hallar la respuesta adecuada.


Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo lee la novela de Yolanda Izard subrayando su clave  de intensidad lírica y, especialmente, esa pregunta final que está en el relato: ¿seremos capaces de indagar en nuestra esencia a pesar de todo lo que puede hacernos sufrir?

A los participantes en el formato presencial del Club de lectura, sostenido por ALUMNI UBU, les recuerdo que se les ha enviado un correo electrónico con toda la información. De no haberlo recibido, deben ponerse en contacto con los responsables. Recuerdo que la primera sesión presencial del curso la celebraremos el martes 26 de octubre a la hora habitual.


Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.

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jueves, 7 de octubre de 2021

La hora del sosiego en la obra literaria de Yolanda Izard

 


Comenzamos las lecturas de este curso con la novela de Yolanda Izard La hora del sosiego (Ediciones Espuela de Plata, 2021), que nos ocupará todo el mes de octubre.

Yolanda Izard (Béjar, 1959) comenzó pronto en la literatura, pero será desde principios del presente siglo cuando construya su trayectoria literaria de mayor interés. Su poemario Defunciones interiores (2003) abrió un año prodigioso en el que obtuvo el Premio Cáceres de Novela Corta con Paisajes para evitar la noche y el Premio Internacional de Novela Carolina Coronado con La mirada atenta. Estamos ante una autora que trabaja minuciosamente sus textos y, por eso, no es de extrañar que tardara más de diez años en publicar su siguiente título, Zambullidas (2017). Este magnífico libro de microrrelatos la asentó en la primera línea de la mejor literatura española y abrió una feliz etapa de madurez que confirmó con el deslumbrante libro de poemas Lumbre y ceniza, que obtuvo el prestigioso e independiente Premio Internacional Miguel Hernández en 2019. Aunque en toda su producción se observan unas claves comunes, Lumbre y ceniza tiene mucho que ver con la novela que comentamos este mes: el cuidado minucioso del estilo basado en un lirismo personal y muy íntimo, la indagación en el propio conocimiento, la presencia del dolor más profundo para provocar la introspección necesaria con la que atravesar el descubrimiento de la identidad, la aceptación del camino que lleva al presente, la reconciliación con el pasado y con el mundo, la relación de respeto casi sagrado con la naturaleza, etc. Invito a los lectores a leer este libro de poemas y el presente relato juntos y comprobarlo.

El argumento de La hora del sosiego es aparentemente sencillo. Berta, una editora de éxito de unos cincuenta años de edad, decide abandonar todo lo que es su vida en ese momento y marcharse a vivir a una isla desierta en el Pacífico. Por determinadas circunstancias, perderá el contacto con el exterior y deberá vivir en total soledad en la isla. La historia se nos cuenta en primera persona, a través de un diario escrito por la editora en unos cuadernos escolares que se llevó en el equipaje. Pronto pierde la noción exacta del tiempo, pero a través de su escritura en ciento dos fragmentos de breve extensión, conocemos el proceso de autodescubrimiento, reconciliación con su pasado, las incidencias de su vida en la isla y las condiciones de su supervivencia, así como el proceso por el que llegará a lo reflejado en el título de la novela, extraído de Hamlet de William Shakespeare (Pronto va a llegarnos la hora del sosiego. Hasta entonces, la paciencia gobierne nuestros actos). 

Yolanda Izard consigue trasmitir al lector todo ese proceso hacia la reconciliación y el sosiego, en un caminar en el que la protagonista se despoja lentamente de todo lo que la vida le ha adherido y que ya no le sirve. El proceso es doloroso, pero necesario. En las próximas entradas veremos cómo.


NOTICIAS DE NUESTRAS LECTURAS


María Ángeles Merino comienza la lectura de esta novela enlazándola con la última vez que tuvimos oportunidad de compartir sesión presencial del club en Burgos. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo. Lanzada a la lectura, la conecta con textos clásicos sobre el tema, pero también con opciones personales actuales. Se adivina un mes de grandes hallazgos a partir de esta entrada.

Aquí os dejo el vídeo con la presentación oficial de esta novela, que se celebró en el jardín romántico de la Casa de Zorrilla, dentro del programa Valladolid Letraherido, que coordino junto a Paz Altés. Por desgracia, la lluvia interrumpió el acto a los veinte minutos y, aunque continuó la presentación en el salón interior, ya no pudimos grabar más. Sin embargo, lo grabado es suficiente para tener una idea de la importancia de esta novela: 

Y aquí la presentación de la novela dentro de los actos de otoño del Centro de Estudios Bejaranos, del que la autora y yo somos miembros. La presentación se celebró en el Casino Obrero de Béjar, a cuya Junta Directiva doy las gracias.

A los participantes en el formato presencial del Club de lectura, sostenido por ALUMNI UBU, les recuerdo que se les ha enviado un correo electrónico con toda la información. De no haberlo recibido, deben ponerse en contacto con los responsables. Recuerdo que la primera sesión presencial del curso la celebraremos el martes 26 de octubre a la hora habitual.


Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos (si me he olvidado de alguien, agradezco que se me avise). Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales), en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y sus características y la lista del presente curso, pinchar sobre este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

jueves, 1 de julio de 2021

Presentación de La metáfora del mirlo en Béjar y texto de Yolanda Izard

 

Con la escritora Yolanda Izard en la biblioteca
 del Casino Obrero de Béjar, unos minutos antes de la presentación del libro.

El final del curso académico y los compromisos urgentes con los actos de Valladolid Letraherido, no solo me han apartado de la publicación regular en este espacio, que me propongo retomar estos días, sino que me han impedido dar cuenta de la presentación de mi libro, La metáfora del mirlo, en Béjar el pasado 19 de junio. El acto tuvo lugar en el salón de actos del Casino Obrero, una institución bejarana con ciento cuarenta años en su historia y que siempre ha sido lugar de reunión y espacio para la palabra y el arte. En sus instalaciones han tenido lugar conferencias, asambleas y debates, presentaciones de libros y exposiciones artísticas. Mantener esta institución en momentos como los actuales es una tarea que honra a los que lo dirigen y a sus socios.

La presentación de mi libro fue promovida por el Centro de Estudios Bejaranos, al que pertenezco desde hace un año, cuando tuvo el cariñoso gesto de acogerme como miembro,  y quiero expresar mi agradecimiento a su presidenta, Josefa Montero, y a su secretaria, Carmen Cascón, que tanto ha hecho para que este acto, el primero con público que celebra el CEB desde que se desatara la pandemia, saliera adelante. Por supuesto, mi agradecimiento se hace extensivo a la Junta Directiva del Casino Obrero en el nombre de su vicepresidente, Iván Parro, siempre abierto a promover la cultura en aquella ciudad.

No escondo que la presentación me emocionó notablemente porque La metáfora del mirlo se escribió en Béjar y tiene a su paisaje natural y urbano como protagonista, así como a muchos de los amigos que me han acogido en la ciudad desde mis primeras visitas. Todavía recuerdo los días más duros del confinamiento de la población del año pasado, en los que tomaba una fotografía diaria desde el balcón de la calle mayor de Sánchez Ocaña y otra desde el ventanal que da a la sierra. Esas fotografías me sirven ahora como testimonio de aquellos días.

Tuve la fortuna de que mi libro lo presentara en ese acto la escritora bejarana Yolanda Izard, novelista y poeta premiada y una de las voces más importantes del panorama literario de los últimos años. A pesar de que había reseñado mi libro para una revista cultural, desconocía cómo iba a enfocar el acto. Me reconocí tanto en lo que dijo y en cómo lo dijo, que no puedo dejar de publicar aquí su texto, subrayado con mi agradecimiento, admiración y mi emoción.

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PRESENTACIÓN

LA METÁFORA DEL MIRLO de Pedro Ojeda en Béjar, Casino Obrero. Sábado 19 de junio 2021. 20:00 horas.

Yolanda Izard

 

Sobre Pedro Ojeda

Presentamos hoy en Béjar un libro muy especial, sobre todo para los bejaranos, y enseguida explicaré por qué, pero antes me gustaría hablar un poco de su autor, Pedro Ojeda, a quienes muchos conocerán porque tiene casa aquí, en Béjar, desde hace al menos once años y porque su presencia ha sido tan importante para nuestra pequeña ciudad como promotor y dinamizador cultural de primera fila que es y porque La metáfora del mirlo es quizá, de entre todas las publicaciones que hay sobre Béjar, una de las más interesantes para nosotros. Primero, porque el punto de vista es el de una persona que viene de fuera pero que se ha implicado en la comunidad hasta los adentros, y por tanto nos ve con esa necesaria perspectiva y al mismo tiempo con cariño y gratitud, como es él.  Y esto no es baladí, pues sabemos que, como decía Tolstoi, la costumbre devora todas las cosas que nos rodean, y no solo nos impide verlas, sino valorarlas y juzgarlas y percibir ese discreto resplandor que nos envuelve.

Por otra parte, de su capacidad de juicio analítico,  de su competencia y erudición, además de su sensibilidad y humanidad, da cuenta su amplia obra, tanto de escritura de ficción como académica y de reflexión acerca de nuestra sociedad actual. Pedro Ojeda nació en Valladolid, ciudad que compartimos ambos como compartimos Béjar, y es profesor de Literatura en la Universidad de Burgos, crítico literario, escritor (ha publicado los libros de poesía Esguevas, Echo al fuego los restos del naufragio y Piel). Además, coordina el programa Valladolid Letraherido del Ayuntamiento de Valladolid con una incesante labor que ha permitido la promoción de muchos escritores, y mantiene un interesantísimo blog cultural en Internet, La acequia, con cerca de cuatro mil entradas en las que, como él mismo señala en este libro, habla de todo, y habla de todo porque de todo sabe y todo le interesa y porque lo que alienta en el fondo de sus preocupaciones es la necesidad de comprender a los seres humanos y el mundo en el que viven y proponer soluciones, como veremos en este  libro, con una visión perfectamente humanista, una incansable capacidad de trabajo y  una extraordinaria generosidad para con los demás.

La metáfora del mirlo

Así que la  palabra que se me ocurre para empezar a hablar de su libro es: Gracias. Gracias por su dedicación a los demás, por compartir su erudición y su sabiduría y por haber escrito este libro en Béjar,  y en cierta forma para Béjar y sobre Béjar,  un brillante trabajo constituido por un buen puñado de entradas diarísticas que abarcan la primera y terrible primera fase de la pandemia, con anotaciones diarias efectuadas desde el jueves 12 de marzo de 2020 hasta el lunes 25 de mayo de 2020. Es decir, casi tres meses de escritura diaria desde su casa en la calle Mayor de Sánchez Ocaña que eligieron Mayca y él para su confinamiento.

Como él mismo señala, escribió La metáfora del mirlo con la intención de no olvidar esos extraordinarios acontecimientos, surgidos con la aparición del Coronavirus y la consecuente pandemia y el confinamiento, que supusieron un abrupto corte en nuestras cómodas vidas. Y también, como veremos, de fijar una mirada de gratitud hacia nuestra ciudad y su maravilloso entorno, una ciudad a la que canta en las más soberbias, plásticas, emotivas y poéticas páginas del libro.

Precisamente, el nombre de la colección en que está editado el libro es Narraciones de un náufrago, y esto es de lo que parte su escritura: una experiencia de naufragio por el confinamiento en  casa  que Pedro despliega en el libro en tres fases temporales: el presente, desde Béjar, adquiere en el libro una especial densidad, como una despedida o la constatación de una pérdida, un canto elegíaco y al mismo tiempo de alabanza contemplativa por el regalo de su belleza natural;  el futuro se ve tanto con una inquietante  incertidumbre como desde el deseo de que el dolor propicie un cambio de verdad fructífero, salvador. Y el pasado regresa a la memoria nostálgica a través de la infancia, la familia, el recuerdo de las vivencias en la naturaleza, los amigos, las lecturas. Y entre todo ello, algún viaje interior (que nos lleva al recuerdo del Viaje alrededor de mi habitación, de Xavier de Maistre),  acezados por la memoria y por la imaginación (como el viaje a Cascais).

La metáfora del mirlo trata de dejar constancia de las debilidades del hombre, pero también de sus fortalezas, y testificarlo desde una visión personal, íntima, distinta por tanto a otros intentos de escritores que como él han escrito sobre su propia experiencia acerca del  Covid. En el caso del diario de Pedro,  mira a los seres humanos no solo a través de los datos objetivos y contrastados sobre la evolución de la pandemia y sus efectos en la sociedad y en el individuo, sino también de la percepción sensorial, la imaginación, la intuición y la memoria, que son las herramientas de todo escritor verdadero, cuyo objetivo, como señala la premio Nobel Svetlana Alexiévich, es el alma humana; en el caso de Pedro, un alma iluminada por la percepción de la belleza de la naturaleza, por el deseo de un mundo mejor, por la nostalgia de lo sentido y lo vivido, por el respeto a la vida y a lo vivo, pues escribe con frecuencia desde lo hondo de su ser.

De alguno de los temas más importantes del libro hablaré a continuación porque el tiempo no da, lamentablemente, para todos:

 

Béjar y su entorno. Además de meditar sobre su propia infancia y su familia (De los emocionantes escombros de la vida surge la motivación del poema, decía Francisco Brines.), y hablar de sus amigos, los escritores que ama y la vida cotidiana en su casa, porque, como escribió María Zambrano, hay que Acoger todo lo que nos sucede como hechos de la vida, Pedro se detiene con especial devoción en nuestra tierra, en Béjar y  su entorno, que acaba constituyendo uno de les temas principales del libro, aparte de la pandemia. Y su mirada hacia ella es esencialmente poética en medio del transcurrir de los días, las horas, las luces y las sombras, el maravilloso espectáculo de ver desde un mismo punto cada día (su casa en la calle Mayor de Sánchez Ocaña) una naturaleza que nunca es igual, que jamás se repite. Una especie de viaje iniciático a la percepción de la belleza del mundo a través de la contemplación de los paisajes bejaranos (por un lado a la ciudad, la calle Mayor desierta; por otro, desde la galería, al Castañar y la sierra) en una geografía que bien podría llamarse espiritual: “Hoy sí que ha caído un golpe de agua en Béjar. He salido al balcón de la calle Mayor a ver la luz después de la lluvia y la calle mojada. ¡Qué luz la de después de  una tormenta!” (pág. 79). O desde el recuerdo: “¿Recuerdas el silencio de Hoya Moros solo roto por el chillido de un águila al pasar? Guardo ese silencio dentro de mí como uno de los tesoros más grandes de mi vida.” (pág. 30) Una mirada que, como vemos en estos ejemplos, y hay muchos, enciende los más bellos pasajes del libro, en los que despliega sus dotes para la contemplación atenta, emotiva y poética de nuestra tierra,  y también sus extensos conocimientos de ella (como esa entrada de la pág. 20 sobre el cuadro El pino de Béjar de Darío Regoyos, que Mayca y él mismo documentaron para el Museo de El Prado). A veces, le basta una entrada brevísima para hablar del mundo y de su propio ser contemplativo: “Asomado a la ventana veo pasar una golondrina”. La mirada encerrada ve el mundo de otra forma: ve el sueño de la libertad en el paso de un ave con esa templanza y esa serenidad que marcan el tono del libro. Y comprende así el dulce paso del tiempo, “hecho de tomillos, relámpagos o cataratas tanto o más que de metafísicas”, como señaló Jesús Aguado.

Béjar, pues, se constituye en uno de los principales motores de su diario y la mención a su belleza se concreta en nombres específicos de lugares amados: el balconcillo de la médica,  “el cambiante color de la sierra”, los “atardeceres y amaneceres prodigiosos sobre La Covatilla”(48), las casas de la calle Mayor, algunas “verdaderos palacios” , “huellas de aquellos tiempos de esplendor”, el teatro Cervantes “de magnífica factura”, Llano Alto y el arroyo de la Paloma, Candelario, la carretera de La Garganta, el Castañar, Santa Ana. Y los nombres de sus amigos, escritores y senderistas bejaranos, de su flora, de sus aves (qué importantes las aves en este libro, como luego veremos). Todo está presente en estas páginas para hablarnos de quiénes somos, qué somos.

Sin olvidar la situación política durante la pandemia con la tolerante actitud  que le caracteriza: “La hermosa ciudad que tanto me ha dado desde que hace once años me comprometí con ella sin mirar el color político de mis amigos ni quién gobernaba la institución con la que colaboraba para fomentar la cultura” (pág. 158). Se trata, sin duda, de lo que él mismo llama “la colaboración para un bien común”, una idea que late siempre en estas páginas y  que le hermanan con escritores como Muñoz Molina o Francisco Brines, escritores de la templanza, de la tolerancia y de la convivencia pacífica. Y que concreta cuando se presiente ya el final del confinamiento: “Desde allí miraré esta ciudad alargada y cerraré un momento los ojos para desearle toda la fortuna en esta incertidumbre que comienza ahora” (pág. 160).

Y abarca además muchos de los aspectos de sus preocupaciones, empezando por la inquietud por este mundo que agoniza. En una entrada de la parte final del libro,  habla de la contemplación de la belleza de las flores (pág. 151) que en Japón es tan importante que hasta tiene su propia palabra, “Hanami”: “Poseer una palabra así define una cultura”.  Y habla del “don maravilloso que es la vida si uno presta atención a las cosas más sencillas y cotidianas. Dura tan poco esa maravilla que no nos deberíamos culpar por admirarla y no se contradice con otras reflexiones sobre la dura condición de vivir”. Y no exagero si digo que este libro es una especie de manual del buen vivir, que nos redime como seres humanos.

Lo que sin duda tiene relación con otro aspecto fundamental en La metáfora del mirlo, lo que él llamó, en una sección de su blog La acequia, “Pensar el mundo a principios de siglo”. Pensar el mundo, para él, parte de un incuestionable sentido de la ética en general y de la ética en tiempos de pandemia en particular. Entendida en el sentido que le da Francisco Brines, la ética para aprender a vivir mejor, que atraviesa todo el libro y  tiene que ver con el concepto de libertad y responsabilidad cívica, con la construcción de un mundo respetuoso, conciliador, sin crispación, de ciudades habitables que es preciso pensar de otra forma, del reconocimiento del poder salvífico de la democracia en la que a veces se deben ceder algunos derechos individuales en pro del bien común. Sobre todo ello, orbita la conciencia de que la incertidumbre en la que vivimos “es lo más radicalmente humano que tenemos. La mayor parte de los conflictos, de las guerras y del dolor que nos hemos causado se debe a las certezas”. (pág. 98)

El título y su metáfora

Como es frecuente en las obras literarias, en el título de este libro, La metáfora del mirlo, alienta una carga semántica de profundidad. No solo los pájaros viven en este diario de elegía por una naturaleza que agoniza a causa del crecimiento desaforado e insostenible,  también están aquí como representantes de la belleza y variedad del mundo natural: el picapinos, el cuco, la oropéndola, los vencejos, el mirlo, las golondrinas bejaranas. Este libro está felizmente lleno de pájaros felices. Pero lo que le llama la atención a Pedro es un pájaro concreto, el mirlo que  a raíz del confinamiento de todos los españoles y de su ausencia de las calles decidió hacer su nido en la estatua del Cristo de la Inquisición del Museo de Fabio Nelli en Valladolid. La metáfora del mirlo es muy bella y al mismo tiempo es aterradora, porque muestra cómo es de necesaria la ausencia del hombre para que la naturaleza sobreviva y cómo la presencia humana arrasa con todos los ecosistemas.

Y tiene trascendencia que Pedro haya elegido como título precisamente el símbolo de la vida que se regenera sin el hombre, pues es una de las preocupaciones que se muestran con frecuencia en sus páginas, en las que se cuestiona cómo será el mundo después de la pandemia, con esas preguntas tan machadianas: “Cuando nos dejen salir, ¿cómo será el anochecer?” (pág. 66). “¿Estará ya apuntando la candela como parece?”, pág. 117, o: “¿Nos buscarán los ruiseñores en las terrazas vacías de nuestras ciudades?”, pág. 73); o si al regreso a la vida normal, “saldremos mejores de esta pandemia”, si “habrá renacimiento después de esta peste”. La progresión del diario permite visibilizar la progresión de la pandemia y por tanto la  anímica y reflexiva de su autor, que en las páginas finales se muestra muy escéptico: “Siento que se alientan los lados más oscuros de los seres humanos” O: “Cuando más cerca estamos de poder salir de la pandemia, más nos parecemos a nosotros mismos”. (pág. 143)

Pero hasta llegar a esta visión pesimista, Pedro Ojeda ha imaginado que la experiencia global y extrema permitiría una reconciliación del hombre  con la naturaleza, desde su mirada puesta en Béjar: (sin la contaminación), “Pocas veces he visto la luz de la sierra tan pura, las plantas con tanta exuberante belleza, el aire limpio” (pág. 121). O esa admiración, en la primera salida al campo, ante una contemplación que se diría iniciática: “lo que más me ha llamado la atención, en contra de lo que yo pensaba, no era lo que estaba lejos (…), sino lo más cercano, la delicada hierba, las escobas, el musgo y los líquenes, la vida entre las piedras y las rocas, la flor violeta y blanca de la vicia, la blanca pura de la arenaria. ¡Qué delicadeza libre la de estas hierbas!” (Pág. 120). Siempre con esa escritura y ese tono claro, emotivo, mesurado, iluminador.

Estoy segura, y acabo ya, de que La metáfora del mirlo es un libro de lectura necesaria porque  nutre tanto el espíritu como la mente con su palabra serena y su clarificadora visión del mundo, por sus elegías por una tierra agónica, sus propuestas para vivir en un mundo mejor, su reivindicación de la tolerancia y contra la crispación, su generosa y poética mirada sobre nuestra tierra. Un libro para repensar el mundo y dentro de él nuestra pequeña patria, y para amarla.

OTROS ASPECTOS DE LA METÁFORA DEL MIRLO

La fragmentariedad como forma de concebir el mundo actual: la fragmentariedad que propicia el género del diario permite una posibilidad casi infinita de entradas, de temas y variaciones,  y resulta tan moderna, tan contemporánea, porque es la forma de escritura más adecuada y pertinente para estos tiempos, como escribe Vicente Luis Mora, de intereses múltiples, de realidad aumentada, de paseantes por Internet.  Pedro Ojeda maneja esta fragmentariedad con habilidad y aprovecha todas sus ventajas para ofrecer un abanico de temas que despliegan una visión del mundo, su visión del mundo. 

El tono de la escritura. Como responde a un libro en el que la mesura, la templanza, la visión humanista y el respeto constituyen sus pilares, también el tono lo es: mesurado y  conciliador cuando trata de temas político-sociales, tan alejado de esa crispación que tanto deplora. Y sereno, emotivo y lírico cuando escribe y fija su mirada sobre la naturaleza, sobre los seres amados, o en los propios poemas que aquí y allá puntean las páginas. Y, en general,  teñido de discreta nostalgia. Una escritura clara, serena, intensa, emotiva.

*También hay en La metáfora del mirlo una lúcida postura crítica, pero siempre templada, razonada, argumentada con claridad y sencillez expositiva: aquel poeta fingidor, la sociedad del escaparate que abarca hasta a los propios políticos, los negacionistas y conspiranoicos…

 

Yolanda Izard

Valladolid, Junio 2021


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Gracias a la eficaz labor de promoción del CEB, se grabó un vídeo promocional unos minutos antes que puede verse en este enlace, así como todo el acto de presentación, incluida mi respuesta a la presentación de Yolanda Izard, que puede consultarse aquí.