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domingo, 2 de noviembre de 2025

El vampiro, melodrama en tres actos: la primera presencia en la escena española del mito.

 


Desde que conocí el proyecto editorial Deméter levantado por Montse Ruiz comprendí que en él se albergaban un coherencia y calidad excelentes. La editora ha construido un catálogo especializado en libros ilustrados con una confección muy cuidada, con títulos de temática gótica y de misterio e imaginación. Los originales proceden de títulos publicados en España en libros y revistas del el siglo XIX. En primer lugar, su publicación y difusión contribuye a corregir la falsa creencia de que en la literatura española del siglo XIX no existía una corriente temática de este estilo. En el catálogo conviven autores tan conocidos como José de Espronceda (comenzó la editorial con una magnífica edición del Canto a Teresa ilustrada por Antonio del Hoyo con unas ilustraciones en las que conseguía dar voz a quien no la tiene en el poema de Espronceda, Teresa Mancha, en un juego de diálogo excelente), Gustavo Adolfo Bécquer, Carmen de Burgos o Emilia Pardo Bazán con otros que lo son menos hoy (Pedro Escamilla, Amalia Domingo Soler, Benito Aguirre, etc.). Es singularmente importante la recuperación de textos de escritoras como Rosario de Acuña, injustamente olvidada) y la excelente aportación de los ilustradores que han trabajado en cada uno de los volúmenes, que aportan una interesante mirada actual.

La más reciente incorporación al catálogo es El vampiro, una traducción del melodrama de Charles Nodier traducido y estrenado en Madrid en 1821 con música de Esteban Moreno. Se trata de la primera aparición en la escena española del tema del vampiro, que no ha dejado de estar de moda desde entonces. Montse Ruiz ha trabajado a partir de los dos manuscritos que se conservan en la Biblioteca Histórica del Ayuntamiento de Madrid (era obligado depositar los manuscritos para que pasaran la censura previa de espectáculos) y gracias a ellos conservamos también el listado de los actores que encarnaron los papeles principales. Fue el madrileño Juan Carretero (1760-1829) a quien correspondió la tarea de representar por primera vez en un escenario español a un vampiro, un actor aclamado en su día que, por aquellos tiempos trabajaba en el Teatro de la Cruz y a quien, con toda seguridad, le correspondió la dirección de la obra. La obra se representó con un éxito mediano y volvió al escenario madrileño en 1824. Lo que sí cosechó fue una dura crítica con contenido moral puesto que el respeto por la ejecución de Carretero no impidió que se subrayara la inmoralidad del personaje y sus lados más oscuros. Sin duda que este aspecto no artístico, pero de gran relevancia en el teatro de la época, contribuyó a sus pocas representaciones.

La obra es una traducción bastante fiel del melodrama que el reconocido escritor  francés Charles Nodier estrenó en París en 1820. Nodier frecuentó el tema de aparecidos y vampiros en sus relatos y tomó su inspiración del relato que escribió John William Polidori en las famosas jornadas del año sin verano de 1816. La historia es conocida. Un grupo liderado por Lord Byron se reunió en julio de aquel año en Villa Diodati, junto al lago de Ginebra. En el grupo se encontraba Polidori en calidad de médico de Byron, Percy Shelley, Mary Wollstonecraft Godwin, la futura Mary Shelley, junto a otros. Tras la lectura de una recopilación alemana de relatos de fantasmas deciden componer cada uno de ellos una obra con esa temática. Percy Shelley y Lord Byron no cumplieron su reto, pero sí Mary Shelley (Frankenstein o el moderno Prometeo) y Polidori (El vampiro). Parece ser que Polidori continuó un breve argumento iniciado por Byron y se basó en la personalidad de este y la relación tóxica que mantenía con él para construir al personaje protagonista. El relato terminaría publicándose en 1819 atribuido a Byron y no sirvió de nada que este y Polidori (que terminaría suicidándose en 1821 sin ver restaurado su nombre) aclararan los hechos, porque siguió atribuyéndose a Byron durante casi un siglo en las muchas publicaciones posteriores en varios idiomas. Aparte de la calidad del relato, al éxito contribuyeron varios fenómenos. En primer lugar, que durante más de un siglo corrían por toda Europa leyendas orales y escritas sobre aparecidos y no muertos, por mucho que escritores y científicos con reputación quisieran refutarlas, lo que se consideró una auténtica epidemia de vampiros y otros seres extraños, que acabó con el linchamiento y ajusticiamiento de muchos inocentes o, simplemente, enfermos, cuando no su repudio social. Aquello sucedía en una época en la que entraron en fuerte conflicto las creencias y supersticiones tradicionales con la interpretación de la ciencia y la medicina moderna sobre estos fenómenos. En segundo lugar, la creciente popularidad de la literatura gótica y de misterio, que causó furor en la primera mitad del siglo XIX.

Nodier era un escritor muy atento a esta popularidad del género y adaptó el relato a la escena francesa en un melodrama en el que introdujo variantes que contribuyeron a su éxito teatral, como aumentar las historias de amor, el prólogo  misterioso y fantástico y la ambientación en un mundo aristocrático escocés con toques propios de la literatura ossiánica (esa exitosa patraña creada por Macpherson en el siglo XVIII que tuvo una fecunda descendencia literaria en todo el continente). Dada la fuerte dependencia del teatro español del francés en todo el siglo XIX, no extraña que se tradujera y estrenara tan rápido en Madrid.

Tanto el relato de Polidori (que creó las líneas generales del tema del vampiro) como la obra de Nodier y su traducción española sorprenderán al público aficionado al género por las divergencias del modelo fijado definitivamente en la imaginación colectiva por Drácula de Bram Stoker en 1897, no siempre para bien. El protagonismo corresponde aquí a las relaciones entre Lord Routen (el vampiro) y sir Obray. Este siente adoración por aquel en una amistad tejida por los años, los viajes y las experiencias más dramática. Cuando Routen reaparece en su vida como pretendiente de su hermana Malvina tras creerlo muerto, todo se conmociona hasta desencadenar la lucha entre el bien y el mal. La ambientación en Escocia en un mundo aristocrático y misterioso y la escena onírica inicial, crean un ambiente apropiado para la historia de un vampiro que necesita apropiarse de la vida de jóvenes doncellas para seguir vivo.

El melodrama está ilustrado por Sergio Arranz (Valladolid, 1980) con una serie de acuarelas que contribuyen eficazmente a dialogar con el texto creando un ambiente de extraña belleza decadente y atractiva y generar una imagen inquietante del vampiro que puede comprobarse en la ilustración de la cubierta.

El texto se acompaña de una excelente introducción de Santiago Lucendo Lacal, uno de los especialistas más destacados en este género, y una nota final de la editora que sitúa adecuadamente la recepción crítica del melodrama.


martes, 14 de marzo de 2023

Restaurante chino Gran Hong Kong de Luis Felipe Comendador

 


Uno de los textos de esta miscelánea en la que consiste Restaurante chino Gran Hong Kong (A Fortiori Editorial, 2022) de Luis Felipe Comendador comienza con una afirmación (La verdadera poesía pide distancia, que el poeta haya sabido distanciarse de la realidad que la empujó) y termina, significativamente, con su negación (Pero me gustan tanto los poemas urgentes...). Pocos libros definen a un autor tanto como este de Luis Felipe Comendador, una de las voces más personales de su generación que, en las últimas décadas, ha decidido ejercer su independencia fuera de los circuitos oficiales de la poesía en los que transitó con éxito en la década de los noventa, lo que no le ha impedido construir una carrera literaria sólida en la que se acumulan libros de una creatividad extraordinaria.

Son ciento treinta y seis páginas de apuntes, reflexiones, poemas (el poema inicial, dedicado a su padre, es de lo mejor que ha escrito el autor), pequeñas notas autobiográficas, etc. Podría tratarse de un diario, pero el autor ha borrado todo rastro de fecha; podría tratarse de una escritura ensayística fragmentaria sobre el poeta y sus relaciones con la poesía, pero se huye de cualquier intento de sistematización; podría tratarse de apuntes de lecturas y los pensamientos que surgen a partir de ellas, pero se juega continuamente con la ironía; podría tratarse de anotaciones biográficas bien verdaderas, bien fingidas (no por ello menos auténticas), pero el autor se cuestiona a sí mismo de forma continua; podría tratarse de revelar las circunstancias que son el núcleo de su pensamiento (sociales, históricas, éticas), pero en muchas ocasiones se llena al descreimiento y se cuestiona el propio pensamiento. Como anuncia el título, Restaurante chino Gran Hong Kong es todo y esto y no lo es (Pan bao y una lista de platos que no entiendes es la vida en Restaurante chino Gran Hong Kong, que, al cabo, también es como mi vida). Cualquier restaurante chino en nuestros países reinventa la comida china de tal manera que, la segunda vez que se visita, todo lo exótico del menú resulta convencional sin dejar de ser diferente a lo que sucede más allá de la puerta de entrada al local en una sociedad en la que todo es un gran trampantojo. A la manera del arte pop y de la estética y el pensamiento postmodernista, Luis Felipe Comendador juega inteligentemente con todo esto para dar lo mejor de sí mismo.

Los lectores no deberían acercarse a este libro como una definición inamovible del pensamiento o la estética del autor, sino como una búsqueda continua (Ítaca es la búsqueda y el destino es la nada), una indagación en la propia personalidad y en sus contradicciones como ser humano y como escritor, hasta en su sentimiento de derrotado en todos los aspectos del arte y de la vida (Estoy solo y moriré solo un día, porque en la vida todo se hace a solas, hasta el amor) o en la práctica del desapego de aquello que se posee (aprender a desprenderse de cada cosa en el justo momento en que la tomas). En conclusión, una búsqueda contradictoria en la que la propia búsqueda nace del cuestionamiento de las convenciones y de la ruptura del significado esperable según las habituales normas de comportamiento:

¿Llegaré alguna vez a tener una relación adulta con algo o con alguien?
Ojalá eso no suceda jamás.

Todo puede ser aquí materia literaria: lecturas, anécdotas, ideologías, costumbres, y todo puede mezclarse para articular una propia expresión en esa diversidad tan amplia y mudable:

Por eso quiero ser un hombre Cinzano que sustituya al hombre Burberry's que he sido siempre, de tonos arena, de ocres, de un siena que juega más a confundirse que a ser.

En el fondo, la materia que hila todo el libro es la propia experiencia vital en su totalidad (como ser humano, como escritor) entendida como esencia de la escritura más allá de que pueda o no ser verdad lo vivido: El mejor material de trabajo creativo viene siempre de la propia experiencia y de la percepción de la realidad subjetiva de uno mismo. Es esta subjetividad verdadera de la experiencia biográfica del artista la que levanta afirmaciones como la necesidad de una poética desastrada y divina que es respuesta vital al diario prosaico de los hombres. Luis Felipe Comendador construye su poética a partir de todas estas relaciones y la hace hecho biográfico y definición artística: En 1957 nací yo, pero Borges ya había escrito la Historia de la eternidad y Girondo había publicado En la masmédula... ¿Qué podía hacer? Justo ahí es en donde comienza el prodigio de la creatividad del autor, negándose para afirmarse en sí mismo (tengo la alta obligación de aparecer en mis letras, exactamente como soy, a la vez que plasmar la postal del mundo justo como la percibo...). Una raíz poética que nace de la verdadera condición posmoderna, aquella que no se deja seducir por las grandes ideas y creencias que han provocado tanto dolor en la historia y prefiere mirar al ser humano a la altura de lo humano en sus contradicciones y necesidad continua de búsqueda para reconciliarse sin llegar nunca a estar completo y saciado, un deseo permanente de interrogarse que mantiene la vida, una actitud que eleva a ética y necesaria la escritura desde una perspectiva personal, contradictoria y fuera de las convenciones.

miércoles, 19 de octubre de 2022

Canto a Teresa de José de Espronceda ilustrado por Antonio de Hoyos (editorial Deméter)

 


Este jueves 20 de octubre estamos de enhorabuena en el programa Valladolid Letraherido. Presentamos el lanzamiento de la editorial Deméter, afincada en Valladolid, un proyecto de Montserrat Ruiz que merece todos los elogios. Su finalidad inicial es la publicación de textos breves de literatura gótica ilustrados por artistas actuales en volúmenes de calidad exquisita, pero asequibles a la mayoría de los bolsillos. Por literatura gótica hemos de entender aquella que se extendió desde finales del XVIII hasta principios del XX y que tenía como temática central el terror y la muerte, que se cruzaba frecuentemente con el amor, textos que no han perdido su vigor para el lector actual, como demuestra la permanencia de algunos de ellos en sus revisiones cinematográficas y en ediciones populares. Son textos que no dejan indiferente al lector, que lo conmocionan y le hacen visitar las emociones más intensas. Los ilustradores no se limitarán a acompañar el texto, sino que buscan dialogar con él, lo que aporta una lectura poderosamente actual. Hay un amplio público que gusta de este tipo de libros ilustrados (de la forma en la que debemos entenderlo hoy: ilustraciones que ocupan páginas enteras, que envuelven los textos y que predisponen a una adecuada lectura y que no se limitan a ser viñetas ilustrativas), al que este proyecto sumará los lectores de este tipo de textos. Estos libros están pensados para el lector adulto, pero a mí me gustaría que se incorporan también los adolescentes y los jóvenes, consumidores de una literatura neogótica de escasa calidad producida con una única finalidad comercial y que se limitan a copiar los parámetros establecidos en la época romántica, en los que se proponía toda una contestación a los valores sociales establecidos. En el listado de la colección habrá autores conocidos y algunos que supondrán una grata sorpresa, especialmente algunas escritoras que son ignoradas en los manuales de literatura canónicos.

Arranca la colección con el Canto a Teresa de José de Espronceda (1840), cuyo texto he revisado minuciosamente para esta edición en los aspectos ortográficos para ajustarlo al presente. Espronceda (Almendralejo, 1808-Madrid, 1842) incluyó este texto como el segundo canto de El diablo mundo, un magno proyecto inacabado publicado entre 1840 y 1841. Todavía hoy la crítica debate sobre este proyecto, su significado y su calidad poética, sin darse cuenta de que el valor del mismo está -además de en algunos momentos absolutamente brillantes en versos que se han fijado en la memoria colectiva- en la diversidad de su tono, que camina desde el prosaísmo hasta el mayor de los lirismos, desde lo retórico a la sencillez, desde lo filosófico a la banalidad; en la mezcla de todos los elementos en un conjunto jamás experimentado en la poesía española y que tomaba como modelos a Goethe, Byron y Voltaire.

La Teresa del título es Teresa Mancha, con la que Espronceda protagonizó una apasionada historia de amor que supuso uno de los grandes escándalos de la época. Se conocieron muy jóvenes en 1827 bien en Lisboa bien en Londres, en uno de varios los exilios a los que se vieron condenados los liberales españoles bajo el ignominioso reinado de Fernando VII. Pronto surgió el amor, pero Teresa cedió a las presiones familiares y se casó en 1829 con el comerciante Gregorio de Bayo para salvar a su familia de la penosa situación económica en la que se encontraba, según parece. El matrimonio tuvo dos hijos y se trasladó a París. Allí apareció Espronceda en concierto con ella y los dos amantes se fugaron juntos. En 1833 regresaron a España aprovechando el decreto de amnistía y guardaron las convenciones sociales viviendo en casas separadas, aunque su relación era conocida por toda la sociedad. El 11 de mayo de 1834 nacería Blanca, hija de ambos, que terminó casándose con el escritor Patricio de la Escosura. Sin embargo, la inestabilidad de Espronceda, las presiones de la moral dominante, la continúa participación de Espronceda en la conflictiva vida política española del momento y -no debe esconderse- las relaciones del escritor con otras mujeres, provocaron que Teresa lo abandonara definitivamente en 1836 afrontando una vida con muchas carencias hasta su fallecimiento en 1839. El anecdotario cuenta que Espronceda contempló el cadáver de su amada a través del ventanuco de la humilde casa en la que ella pasó sus últimos tiempos. Sobre la vida de Teresa Mancha siempre es recomendable la lectura de Teresa, la biografía que escribiera sobre su vida Rosa Chacel por encargo de José Ortega y Gasset, publicada en 1941.

Espronceda incluyó el Canto a Teresa en El diablo mundo, advirtiendo al lector que podía saltarlo porque no tenía nada que ver con el resto del conjunto. Es una ironía más de las muchas que contiene este proyecto inacabado, porque el Canto a Teresa tiene una fuerte unidad en el yo poético -que juega siempre a confundir la figura del autor con la del narrador-, en el enfrentamiento absoluto contra un mundo lleno de corrupción y vicio, sin respeto a nada, y en el uso de la ironía. El texto juega con todo eso y con un fuerte desgarro. La apasionada relación con Teresa sangra todavía, pero también hay rencor, una mezcla tremendamente humana en la que el dolor se suma a la acusación a Teresa de haber pecado contra el amor. El mundo está lleno de corrupción para Espronceda, solo en la pureza del amor está la verdad que puede salvar, pero el amor también se corrompe cuando se niega. Espronceda, como todos los buenos románticos, propugnaba el absoluto de los valores.

Por todo lo dicho hay que admirar más las ilustraciones de Antonio del Hoyo. Aparte de su calidad, sugiere de una forma muy atractiva un mundo lleno de goticismo romántico que se comprende muy bien desde la reactualización del género desde hace unos años, pero hace algo más de manera muy inteligente, sutil y acertada: sus dibujos dan voz a quien no la tiene en el texto de Espronceda, dan voz a Teresa y cuentan la historia desde su perspectiva, desde su fortaleza como mujer que rompe con todos los convencionalismos sociales por amor en un tiempo en el que no era nada frecuente, que afronta todo y que acepta la vida que le depara su decisión. En este juego entre texto e imagen, podremos observar el desgarro del poeta lleno de amor y rencor y la fortaleza de una mujer a la que su decisión de amar le lleva al extremo final.

La presentación de este título no podría tener mejor lugar. Se realizará en la Casa Museo Zorrilla, la casa natal de uno de los grandes poetas del romanticismo español, admirador de Espronceda.

Se emitirá en directo a través de la página de Facebook de la Casa de Zorrilla.