Hoy también ha tronado. Los relámpagos se veían al otro lado de la sierra, hacia Extremadura. ¡Qué cerca y qué lejos la tierra extremeña! Nada más bajar de Puerto de Béjar -ese descenso prodigioso en el que suben cinco o seis grados la temperatura-, ya está allí Extremadura, incluso Puerto es medio extremeña, como diría Manolo Chinato, al que no le importa dónde esté la frontera. Espero que esté bien Chinato. Todavía recuerdo aquel día en el que me lo presentaron (yo iba con Mayca y Manolo Casadiego), la barra de su bar entre los dos, recitándonos sus poemas: Quisiera que mi voz fuera tan fuerte / que a veces retumbaran las montañas / y escucharais las mentes social adormecidas / las palabras de amor de mi garganta. Seguro que está bien. Hace tiempo que dejó de regentar su bar en Puerto, pero no dejó su campo, su tierra.
Hay que dejar el camino social alquitranado
porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas,
hay que volar libre al sol y al viento
repartiendo el amor que tengas dentro.
Ama y ensancha el alma, dice Chinato. Y no puedo dejar de oír la canción que hizo popular Extremoduro con su poema cuando me acuerdo de él.
Todavía quedan quince días de confinamiento estricto. Si no ocurre nada, en dos semanas nos permitirán salir de forma más libre, pero desescalada, como dicen. El término es correcto en español, pero qué extraño se me hace, quizá desescalonar. ¿Qué escalones nos quedan a cada uno de nosotros, qué escalones me quedan por descender, qué rampas, qué peñas? Y después, a qué llano llegaremos mientras la enfermedad esté al acecho. Pero no queda otra, hay que salir al mundo para hacerlo mejor, incluso en contra de los que preparan el odio futuro y la rabia. O precisamente por eso.
Intento amar a la manera de Chinato, pero qué difícil es limpiarse de asfalto la suela de las botas y echarse al monte para ser uno y naturaleza. Este amor nos debería hacer olvidar tanta soberbia y ceguera. Amar, amar y ensanchar el alma.

