Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Salinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Salinas. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de mayo de 2008

Un lunes intenso e irregular como la vida



Hoy ha sido un lunes intenso e irregular, como la vida. Por la mañana tuve la visita de Miguel Vivanco, al que por fin pude conocer, estrechar su mano y comprobar el vitalismo que desprende en cada una de sus palabras, gestos y expresiones. He quedado mañana de nuevo con él, para que me sirva de guía en su exposición. Fue un encuentro breve pero de esos que te reafirman en que hay gente que merece la pena, que tiene proyectos apasionantes y que es capaz de recorrer medio mundo para depositar una piedra, que recoge un canto rodado en Alaejos, lo sopesa, encuentra su alma y lo envía a un lugar situado en las antípodas. Con él tomé un café en compañía de mi querido Leo y mi siciliano-burgalesa Valentina, de los que ya he hablado aquí. Después, con Valentina comenté un poema de Pablo Neruda, pleno de emoción concreta de vida y amor, La pobreza, de Los versos del Capitán (1952):

Ay, no quieres,
te asusta
la pobreza,

no quieres
ir con zapatos rotos al mercado
y volver con el viejo vestido.

Amor, no amamos,
como quieren los ricos,
la miseria. Nosotros
la extirparemos como diente maligno
que hasta ahora ha mordido el corazón del hombre.

Pero no quiero
que la temas.
Si llega por mi culpa a tu morada,
si la pobreza expulsa
tus zapatos dorados,
que no expulse tu risa que es el pan de mi vida.
Si no puedes pagar el alquiler
sal al trabajo con paso orgulloso,
y piensa, amor, que yo te estoy mirando
y somos juntos la mayor riqueza
que jamás se reunió sobre la tierra.

Como en Neruda, el amor se hace concreción de vida en esos zapatos rotos del quinto verso. Versos ya de poesía coloquial -conversacional se ha llamado-, de poesía hecha con las cosas que uno tiene a mano y que la literatura había despreciado antes, ciega de soberbia. Yo quisiera poder amar así, con retales, con objetos diarios, con las manos del artesano. Ese amor tiene la fuerza que desencadena las revoluciones.
En clase comenté el primer fragmento de La voz a ti debida (1933) de Pedro Salinas, tan diferente al anterior. Ya hablaré otro día aquí de esta obra, en la que el proceso de creación poética se expresa con lenguaje amoroso. Con otra alumna, Myriam, tuve una tutoría veloz, exigida por las circunstancias, sobre un análisis dramatúrgico del espacio en La Celestina. Vida, jóvenes, literatura. Mi lunes se llenaba de cosas. Incluso de noticias sobre las circunstancias de las próximas elecciones a Rector en mi Universidad.
Sin embargo, la belleza del día comenzó a girarse. En medio de la conversación con Vivanco vinieron los jóvenes del blog Movimiento anfibio, a los que conocí el miércoles pasado, llenos de energía y con ganas de defender ideas oportunas que ellos contemplan desde su futura profesión como Educadores sociales, tan necesaria en nuestra sociedad. Pero no pude atenderles, bien que lo lamento, quedé con ellos para después de clase pero salí tarde e ignoro si me pudieron esperar. Quisiera verlos pronto. Aquí dejo constancia, porque quiero oírlos y que me cuenten sus planes y dónde puedo ayudar.
Y se giró del todo el lunes, hasta hacerse lunes pleno: recibí la noticia de la muerte del marido de una compañera y amiga y acudí, con Leo y Susana, a un tanatorio burgalés que se me está haciendo de una tristeza familiar en los últimos tiempos, a las puertas del cementerio que tan bien describe Óscar Esquivias en La ciudad de plata.
El día iba ya cerniéndose sobre mí y trascurrió real y concreto y decidí salir a la calle a testimoniarlo, para ver cómo en este lunes intenso e irregular la vida se adensaba en todas sus formas posibles.