No es una competición. Una de las fotos es mía, la otra no. Ambas se hicieron con la misma cámara, con pocos segundos de diferencia, en el pueblo burgalés de Puentedura. Es curioso cómo con todo igual salen dos imágenes diferentes: cada uno mirábamos cosas distintas. Lo más interesante no es cómo se contraponen, sino cómo se complementan.