En todas las ciudades hay edificios como éste de Valladolid, que fue el Acuartelamiento General Monasterio. De ellos, unos veían emanar las esencias patrias y la defensa del orden. Otros sentían el terror y la imposición de la fuerza. El general de Caballería José Monasterio Ituarte, que le da el nombre, fue también jefe de las Milicias de la Falange Española Tradicionalista. En 1943 fue uno de los oficiales firmantes de una carta en la que se pedía a Franco la vuelta de la monarquía, lo que le ocasionaría caer en desgracia.
De niño, yo pasaba silencioso ante las puertas de estos cuarteles. Había tantos en los lugares de mi infancia, que aun hoy puedo cerrar los ojos y recordarlos con nitidez, como aquellas filas de los convoyes militares. El tiempo, que ha transformado nuestra sociedad, ha sido implacable también con estos lugares. La piqueta espera en la esquina, dispuesta para demolerlos y construir sobre el solar casas para civiles que deberán atarse a la hipoteca de un banco casi de por vida.
Miro este viejo caserón con las puertas tapiadas, los cristales reventados a pedradas, los hierbajos comiéndose los caminos, y la oxidada barrera de entrada ya inútil, y lo veo como un buque fantasma del pasado. No sale en la foto, pero de una pequeña apertura del edificio en ruinas surgió un mendigo de los que lo habitan ahora, hablando por un teléfono móvil.