
Lo sabemos: Teresa Arroyo, Bipolar, es de los nuestros. Recuerdo cómo comenzó a comentar en La Acequia y construyó a partir de ahí su pseudónimo, pero sus intervenciones eran reconocibles antes incluso de que se bautizara como tal. El paso siguiente fue publicar en su blog, No digas que sólo fue un sueño. O, más exactamente, dejarnos leer sus escritos haciéndose visible en el mundo de la Burgosfera. Pero yo aún no sabía quién era. Y me costó semanas conseguir que se identificara como Mayte, a quien conocía desde hacía años por motivos profesionales. No escondo mi sorpresa puesto que yo no sabía que Mayte escribía. Luego supe que siempre lo ha hecho, pero nunca había tenido la decisión suficiente para lanzarse a la escritura con la constancia y valentía que ésta merece.
Éste es un fenómeno de los más enriquecedores que han ocurrido gracias a las herramientas desarrolladas en la web 2.0 y una realidad que ya no tiene marcha atrás, mal que les pese a muchos que quieren guardar celosamente la llave del secreto o a aquellos que desprecian lo que ignoran, como dijo el poeta, o les da miedo. Muchos escritores se han frustrado por la tradicional inercia del mundo editorial bien por razones personales bien por cainismo artístico. Internet ha abierto las posibilidades y trasformado, para siempre, el mundo de acceso a la cultura y los formatos de publicación y creatividad. Muchos aun permanecen ciegos, pero lo que no sea artesanal y único no tendrá fácil hueco fuera de Internet.
Mayte encontró su lugar y su ánimo en la red. Comprobó que aquello que llevaba dentro gustaba a gente tan diversa como un profesor de Universidad y una dependienta en un supermercado que, bien pensado, se dedican al mismo negocio. Y eso la afirmó primero ante sí misma como escritora. Porque para ser escritor es necesario, primero, creérselo. Y luego echarle horas.
Los relatos breves de Bipolar se ajustan perfectamente al mundo de los blogs, pero también a una de las facetas más desarrolladas en la narrativa actual. En esta línea se insertan en la imaginación desatada: en sus textos todo puede girar en cualquier momento a partir de una fantasía desbordante y, en ocasiones, gamberra y desenfadada. Hay mucho humor en sus textos, incluso algunos son sólo chistes desarrollados, como Catetos a babor. Pero lo habitual en su escritura es que con el humor se profundice en temas amargos: quizá sea la mejor forma de abordar cuestiones como la soledad, la necesidad de amar y ser amado, el tiempo, etc. A mí siempre me ha parecido que Bipolar hace humor para romper el nudo en el estómago que todos llevamos dentro y que volveremos a sentir después de la sonrisa que nos provoca. Este tipo de humor es necesario y de él saca Bipolar algunas de sus situaciones que mejor llegan al lector y lo divierten o incluso pueden llegar a incomodarlo. O por eso mismo. Para comprobarlo, les pido que lean dos veces y con calma el relato inicial del volumen, Tramos de pasión.
Tienen otra virtud estos relatos: comienzan muy bien. Bipolar, Teresa Arroyo, nos atrapa en la primera línea, que siempre esconde una imagen que nos acompaña a lo largo del texto, incluso cuando se vuelve intencionadamente incorrecta: "Me levanté prontito por la mañana con una mano en el culo y otra en el pelo" (Narcolepsia). También crea personajes identificables, a los que reconocemos en el mundo cotidiano, aunque se hallen en las situaciones más extravagantes; algunos son memorables, como Errol el Largo.
Pero no es sólo espontaneidad y fantasía lo que esconde Bipolar. Hay mucha lectura dentro y juegos con referencias literarias, cinematográficas y televisivas. El lector se halla en un mundo que conoce porque también ha leído esas obras o visto esas películas o series de televisión, pero el tratamiento de todos esos referentes es poco convencional y lo llevan al mundo personal construido por la autora.
Pondré sólo un ejemplo: si leemos el extraordinario relato La importancia de escribir con propiedad, inmediatamente reconocemos a Borges actualizado.
Es de agradecer que los lectores alejados de Internet puedan tener entre sus manos una selección de los textos de Teresa Arroyo para disfrutar con ellos.
Teresa tiene otro libro en preparación, con una similar propuesta a sERPIENTEs (Eleje ediciones, 2009), volumen editado con esmero. Difícil camino tiene a partir de ahora: seguir escribiendo y buscar nuevas fronteras estilísticas. Por de pronto, saludemos con alborozo la difusión en papel de sus textos de los últimos años.
Éste es un fenómeno de los más enriquecedores que han ocurrido gracias a las herramientas desarrolladas en la web 2.0 y una realidad que ya no tiene marcha atrás, mal que les pese a muchos que quieren guardar celosamente la llave del secreto o a aquellos que desprecian lo que ignoran, como dijo el poeta, o les da miedo. Muchos escritores se han frustrado por la tradicional inercia del mundo editorial bien por razones personales bien por cainismo artístico. Internet ha abierto las posibilidades y trasformado, para siempre, el mundo de acceso a la cultura y los formatos de publicación y creatividad. Muchos aun permanecen ciegos, pero lo que no sea artesanal y único no tendrá fácil hueco fuera de Internet.
Mayte encontró su lugar y su ánimo en la red. Comprobó que aquello que llevaba dentro gustaba a gente tan diversa como un profesor de Universidad y una dependienta en un supermercado que, bien pensado, se dedican al mismo negocio. Y eso la afirmó primero ante sí misma como escritora. Porque para ser escritor es necesario, primero, creérselo. Y luego echarle horas.
Los relatos breves de Bipolar se ajustan perfectamente al mundo de los blogs, pero también a una de las facetas más desarrolladas en la narrativa actual. En esta línea se insertan en la imaginación desatada: en sus textos todo puede girar en cualquier momento a partir de una fantasía desbordante y, en ocasiones, gamberra y desenfadada. Hay mucho humor en sus textos, incluso algunos son sólo chistes desarrollados, como Catetos a babor. Pero lo habitual en su escritura es que con el humor se profundice en temas amargos: quizá sea la mejor forma de abordar cuestiones como la soledad, la necesidad de amar y ser amado, el tiempo, etc. A mí siempre me ha parecido que Bipolar hace humor para romper el nudo en el estómago que todos llevamos dentro y que volveremos a sentir después de la sonrisa que nos provoca. Este tipo de humor es necesario y de él saca Bipolar algunas de sus situaciones que mejor llegan al lector y lo divierten o incluso pueden llegar a incomodarlo. O por eso mismo. Para comprobarlo, les pido que lean dos veces y con calma el relato inicial del volumen, Tramos de pasión.
Tienen otra virtud estos relatos: comienzan muy bien. Bipolar, Teresa Arroyo, nos atrapa en la primera línea, que siempre esconde una imagen que nos acompaña a lo largo del texto, incluso cuando se vuelve intencionadamente incorrecta: "Me levanté prontito por la mañana con una mano en el culo y otra en el pelo" (Narcolepsia). También crea personajes identificables, a los que reconocemos en el mundo cotidiano, aunque se hallen en las situaciones más extravagantes; algunos son memorables, como Errol el Largo.
Pero no es sólo espontaneidad y fantasía lo que esconde Bipolar. Hay mucha lectura dentro y juegos con referencias literarias, cinematográficas y televisivas. El lector se halla en un mundo que conoce porque también ha leído esas obras o visto esas películas o series de televisión, pero el tratamiento de todos esos referentes es poco convencional y lo llevan al mundo personal construido por la autora.
Pondré sólo un ejemplo: si leemos el extraordinario relato La importancia de escribir con propiedad, inmediatamente reconocemos a Borges actualizado.
Es de agradecer que los lectores alejados de Internet puedan tener entre sus manos una selección de los textos de Teresa Arroyo para disfrutar con ellos.
Teresa tiene otro libro en preparación, con una similar propuesta a sERPIENTEs (Eleje ediciones, 2009), volumen editado con esmero. Difícil camino tiene a partir de ahora: seguir escribiendo y buscar nuevas fronteras estilísticas. Por de pronto, saludemos con alborozo la difusión en papel de sus textos de los últimos años.