Ya están los almendrucos muy avanzados. Juegan a esconderse entre las hojas, a punto de que los niños se suban a los árboles impacientes. Hace calor estos días, un calor inusual y anticipado que sabe a vacaciones escolares. Debajo de un almendro en flor me besaron. Desde la cuneta, apoyado en el árbol, veo unos corzos saltar entre el cereal aún creciente. Quizá una madre y una cría, que han bajado a beber al arroyo del Prado a pesar de que ya va avanzada la mañana. Desde el valle, el páramo, arriba, aparenta cerros. Toda esta tierra es yeso y brilla como si en la tormenta de ayer hubiera llovido esquirlas de espejos. En las laderas descarnadas brillan a cientos. Puñados de cristales de yeso aventados. Por uno de los caminos de concentración de la Tablada, un jinete trae al trote ligero un hermoso caballo tordo de raza española de gran alzada. Cuando ve venir un automóvil en sentido contrario (una nube de polvo lo anticipa), salta al campo de cereal y lo lleva un rato al galope. Debajo de un almendro en flor me besaron por primera vez. Volaban las hormigas aladas. Al llegar al puentecillo del arroyo, el jinete detiene el caballo y se queda un rato así, mirando hacia mí sin verme.
Estos días de abril hace mucho calor y, por la tarde, se forman tormentas, como antes ocurría en verano. Si ahora mismo levanto la mirada del ordenador, veo por la ventana abierta una nube negra que se avecina sobre la ciudad silenciada. Truena a lo lejos. Cuando comienza a llover, llueve sobre todos sin preguntarnos de dónde hemos venido. Un perro ladra en el parque, se escucha una sirena de bomberos. Llueve sobre todos, pero no de la misma manera. Llueve más sobre el que nada tiene, sobre el que camina por el mundo echado de su tierra.

6 comentarios:
Una descripción (y sus consiguientes percepciones sensoriales y observadoras) que me suena a otro país, a otro tiempo, a otro clima.
Las hormigas con alas y el almendro en flor te regresan siempre. El niño del almendruco. Bucles del pensamiento y el recuerdo.Hace calor y llueve, vuelve a hacer frío, oscurece, no todos se protegen igual, cada uno lo vive desde su atalaya. Nos traes una atractiva estanpa de abril, pero la corza no debe salir a beber tan tarde, ya sabemos, criar al corcito es duro. El hombre del caballo tal vez tenía un gabán verde. El cereal se agita, abril puede ser vil. Te veo.
Quién no vivió un momento cerezos en flor cobijado bajo un paraguas en un hermoso enrramado de húmedos besos.
Y bendecir la lluvia que dio razón a nuestro cobijo.
Quién prendió en rojo los cielos.
Quién encendió los labios.
Quién no sintió que la única razón de sus manos era tomar sus manos.
Pero la primavera es un bien escaso.
Y en la soledad del que ya nada tiene siente la molesta lluvia y sí nunca llueve para todos de la misma manera.
Agustín Merino.
Los almendros siempre tienen historias para contar, y tu lo haces muy bien.
Un gusto leerte,
Saludos
Cuanta verdad! Abrazos!
"Llueve más sobre el que nada tiene". Tremenda verdad.
Estuve la semana pasada en Ibeas de Juarros, tomando algo de camino a Zaragoza, viniendo de Santander. Me acordé de ti, como me sucede siempre que paso por Burgos o Valladolid. También estuvimos, semanas antes, en Medina del Campo, con su tremenda plaza. Puede que sea otro mundo, ese que allí se adivina. Compramos "El hereje" en la librería, y lo leeremos, mi mujer y yo. Gracias por tus post o entradas, no sé cómo llamarlos. Un abrazo fuerte.
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