De pronto, una fila de seis cerezos japoneses en flor embellecen una calle anodina llena de automóviles aparcados y contenedores de residuos. El asombro en lo cotidiano, un leve rastro de belleza durante unos días en los que todo son historias tristes. Sakura, prunus serrulata, una variedad que viene del Japón y se planta especialmente como ornamental en las ciudades. Aunque no tuviera otra función, la floración de estas semanas vale una vida. Los japoneses tienen una palabra para explicarlo, hanami, literalmente, la contemplación de la flor de los cerezos. Las de estos árboles son de un rosa elegante, limpio de todo el ruido y el polvo de la ciudad. A veces es solo eso, pero hay que levantar la cabeza del suelo y dejarse sorprender. El cerezo está, pero no basta: hay que mirarlo y dejarse llenar por dentro de su belleza. El necesario pulso de las cosas.
Hablamos por teléfono. Estás ahora en paisajes que tanto hemos disfrutado juntos y puedo seguir tu paseo mientras conversamos: la mimosa derribada por una borrasca hace años que sigue viva y floreciendo, las matas de romero, el acebuche de la puesta de sol, las chumberas. Un poco más abajo, la marisma, Portugal tan cerca. Aquí aún es de día, me dices; aquí ya atardece.
Y este atardecer de hoy anaranjado de calima. Lento y preciso, como si no pudiera hacerse otra cosa ahora mismo que no fuera atardecer.

5 comentarios:
Estalla la flor de los cerezos y limpia el ojo de lo feo de cada día. Como un japonés, absorto en "sakuras" y "hanamis".
De los cerezos vas a las mimosas de antaño y la tarde naranjea.
La magia de los cerezos.
En lograr encontrar belleza en lo que nos rodea está la vida. De otra forma sería un vano transcurrir. Un abrazo
Para asombrarse con lo cotidiano hay que estar presente en el ahora y, muchas veces, como dices, levantar la vista.
Actitud y acción cada vez menos frecuentes en los viandantes.
Me alegra que tú las tengas y nos compartas esa belleza con tus letras.
Demasiado efímera su belleza... luego viene el marrón feo de sus hojas en el verano.
No es solo ornamental el árbol y la flor del cerezo, es una caricia para los corazones de quienes pueden disfrutarlo.
Saludos,
J.
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