El otro día nevó sin aviso. Nevó como antes: te levantas y amanece todo bajo la nieve. Sin más. Luego, continuó el mundo.
Caminaban, sin más, bajo la nieve,
hacia aquella montaña
que indicaban los mapas.
hacia aquella montaña
que indicaban los mapas.
Decían que tras ella
estaban los más cálidos
valles llenos de vida:
truchas que se dejaban
atrapar con las manos,
frutales en sazón,
manantiales de alegres
jilgueros y oropéndolas
bajo un sol de verano
filtrado por las ramas
de castaños inmensos.
Se lo contaban unos
a otros en las noches
junto al escaso fuego,
desde antes de la muerte
de aquellos dos ancianos.
© Pedro Ojeda Escudero, Del desconsuelo, 2025

7 comentarios:
No me gusta el frío
El fuego es escaso y les queda poca vida pero no renuncian al sueño del Paraíso. En el otro lado del tiempo vive la Edad de Oro. La nieve de antes esa sí era nieve, las de antaño dónde están.
Es bonita la nieve, pero cuándo despierta de sus sueños invernales y se deja acariciar por el sol de primavera, a mí me gusta mucho más.
Besos
Nevó y el mundo continuó, y también continúa en los valles cálidos, continúa en los manantiales alegres y en los bosques y continúa, a veces con su mala baba cósmica.
Salud,
No lo acabo de entender pero me gusta. Un abrazo.
Del desconsuelo ¿es un libro tuyo editado recientemente? Lo peor es siempre el frío del abandono, de los últimos días.
Me gusta el poema, me dejó pensando. Supongo que todos buscamos una cierta tierra prometida o un paraíso donde la abundancia sea real... A veces llagamos a veces no...
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