lunes, 31 de marzo de 2008

La movida monegasca

El tradicional Baile de la rosa que se celebra en Mónaco, se ha dedicado, en el presente año, a la movida madrileña y así lo reflejan con fruición y glamour diversos los medios de comunicación españoles. Comprenderán los asiduos lectores de La Acequia que yo no tenga fotos propias del evento: la crónica ya la ha hecho un entusiasmado Boris Izaguirre para el Hola, así que no hay que desesperarse.
Yo no soy de los que restan méritos a este movimiento cultural de la España de la transición ni a sus protagonistas, sino todo lo contrario: como siempre, algunos de ellos me gustan más que otros; algunos han demostrado que tenían cosas que decir y sabían cómo y otros se han desinflado, como en todo hecho cultural en el que se suman la oportunidad del momento y la calidad del producto. Al impulso de aquellos años debemos muchas cosas del presente y, sobre todo, el poner al país en el mapa de las grandes manifestaciones artísticas de la segunda mitad del siglo XX. Aquellos tiempos, en las provincias de nuestra Castilla se vivieron con cierta envidia mezclada con desdén. Yo compraba Madriz me mata, La Luna de Madrid y otras revistas y fanzines y veía en ellos cosas diferentes a las habituales.
La movida, madrileña, gallega o de otros sitios, fue la explosión de libertad creadora que se necesitaba en un país gris, achatado y acomplejado. De claro sentido progresista y transgersor, su mezcla de desinhibición experimental y festiva celebración de la vida en todos los aspectos, no sólo en el arte, no gustó a la izquierda apergaminada que dominaba los cuadros oficiales de los partidos: aquello, en efecto, estaba lejos del realismo socialista y la literatura de tesis. Ni qué decir que fue anatematizada por la derecha y perseguida por el postfranquismo, que siempre intentó ridiculizarla como un fenómeno exclusivo de mariquitas, yonquis y bohemios.
Con el poso del tiempo, la movida madrileña debe explicarse como la liberación de unas fuerzas contenidas que permitieron la evolución sin complejos de los años siguientes. Sin embargo, tampoco debe magnificarse su originalidad. Este movimiento es la condensación en un tiempo muy concreto de una evolución cultural que se venía dando en Occidente desde los años cincuenta -en la misma España franquista tenemos ejemplos tan precursores como el postismo-, que se inició con el arte pop y terminaría dando lugar a lo que los teóricos llaman el postmodernismo (uno de los primeros autores claramente postmodernos fue Vázquez Montalbán con sus Escritos subnormales cuyo Manifiesto se publicó en 1970 o la primera entrega de la serie Carvalho, Yo maté a Kennedy, publicada en 1972, de tan recomendable lectura). Lo que sucedió es que en España se vivió como explosión por todo lo que desencadenó la Transición. Además, como en toda época de cambio, se está más atento a magnificar -para bien o para mal- lo diferente. Y el mundo miraba con especial atención lo que pasaba en España.
Pues bien, los protagonistas de la movida que aun quedan en el círculo de Pedro Almodóvar -que, en aquellos tiempos, era uno más aunque ahora su éxito parezca dar nombre a todos- han hecho bailar a la aristocracia de Mónaco. La dinastía que reina allí siempre ha tenido una tendencia al espectáculo, así que no debe temerse, en este caso, una utilización de los artistas españoles como meros bufones como quizá alguna lengua viperina ya esté diciendo. Lo que me ha sorprendido no es eso, sino el entusiasmo casi juvenil de la troupe de Almodóvar y unas declaraciones de Alaska en las que la cantante manifestaba su orgullo de que la cultura no oficial llegara a los grandes salones. Yo no sé muy bién dónde ha estado Alaska en estas décadas, pero o no se ha enterado o no ha querido enterarse de que ahora ella y Almodóvar son parte de esa cultura oficial que parece no gustarle, según sus declaraciones aun ancladas en una definición de artista contracultural de hace tantos años. Incluso he podido explicar varios conceptos de esta entrada con enlaces a la Wikipedia y al Diccionario de la Real Academia Española. Si es que el sistema tiene estas cosas.

domingo, 30 de marzo de 2008

Secuencias de vida


A veces los días se suceden en una secuencia agobiante. Coincidimos todos en que nos han robado días de la semana o meses: que ya termina el año cuando apenas hemos vuelto del verano. ¿Dónde ha quedado ya, en esta noche, el fin de semana? ¿Dónde las caricias o la tranquilidad de despertarse tarde, abrazado a la pareja, oyendo su respiración mientras el rumor de la vida se despereza en la calle con lentitud de otros tiempos? Este fin de semana nos han robado, además, una hora de hundir el rostro en su melena mientras trenzamos cálidos los abrazos, percibiendo cómo todos los sueños fraguan la densidad del tiempo condensándolo en un instante. ¿Dónde está ya este fin de semana cuando es lunes y la ciudad se ha despertado rutinaria y fría? A veces los días se suceden de manera que ya no podamos retener la verdad de abismarse en el sueño juntos: al cerrar los ojos nos perdemos en la secuencia matemática de lo que se espera de nosotros, repetida hasta la finitud de nuestra existencia.

sábado, 29 de marzo de 2008

Tren y paisaje



El paisaje, desde el tren, se te impone. No lo seleccionas sino que se te pega en el cristal de la ventana y te lo arrancan en décimas de segundo. Con los trenes de alta velocidad ni siquiera el paisaje existe: tan herméticos y silenciosos. Cuentan anécdotas de la lentitud de aquellos trenes de vía estrecha que atravesaban la tierra castellana y que no supimos hacer rentables y conservarlos y hoy podrían servir de cercanías que evitaran el exceso de tráfico. Aun recuerdo aquellas estrechas carreteras serpeantes de niño, bordeadas de negrillos con la base de los troncos pintadas de blanco. Cuando los automóviles comenzaron a correr más resultaban incómodas y peligrosas: se nos aceleró el ritmo para llegar rápido a los sitios. Hoy cambiamos de lugar en poco tiempo. Pero seguimos cargando con nosotros a la llegada, siempre los mismos. Hoy sólo quiero mirar: es fin de semana y descanso, por primera vez en varias semanas. Espero que estas horas, para vosotros, sean de lentitud y calma.

viernes, 28 de marzo de 2008

El monstruo


Casi todos llevamos un monstruo sumergido en las tripas, que debiéramos buscar dejándole pequeños cebos, para atraparlo aun a costa de nuestra misma supervivencia. Algunos no son peligrosos más que para el que los porta; otros, en cambio devoran lo que hallan a su alrededor. El ser humano ha de luchar a lo largo de su vida contra la violencia de su propio puño, la crispación que nos hace bestiales, la inclinación al grito que acalla la conversación pausada. La victoria, consciente, en esa batalla nos civiliza a nosotros y a nuestros descendientes: es lo que debería predominar en la Historia y por lo que muchos nos levantamos cada día, esperanzados. Sin embargo, algunos de nosotros pierden esa batalla y se dejan arrastar hacia las zonas abismales de las aguas más lodosas y de ellas surgen, aprovechando las grietas del sistema social que nos hemos dado, para el luto de todos, las noticias que nos agarran de las entrañas y nos dejan desolados.
Mari Luz era hija de todos y cada uno de nosotros.

jueves, 27 de marzo de 2008

Viaje al frío


Hoy no hay entrada de La Acequia: he viajado al frío. Vuelvo a casa sin nada que decir, sin otra cosa que ganas de estar junto a quien amo, abrazando su cuerpo toda la noche, oyendo su respiración. Ante la realidad más dura, las palabras enmudecen.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Oxidación

Uno de los materiales que más les gusta a nuestros arquitectos postmodernos es el metal oxidado. Es una evidencia de cierta forma de ser de nuestra sociedad, que se aproxima a la época de óxido de hierro, siguiendo la vieja clasificación por etapas históricas que comenzó, ilusoriamente, por la creencia en una edad de oro desde la que nos despeñamos. No somos capaces de la paciencia del tiempo en lo que hacemos y anticipamos sus efectos, ansiosos de ver los resultados del mañana porque nos desayunamos antes de acostarnos, así andamos de urgentes. Aunque en nosotros mismos los negamos al recurrir con insistencia a la cirujía estética y el maquillaje que nos haga eternamente jóvenes: se nos va la hipocresía en figurarnos sin edad haciendo que todo tenga artificialmente la que nos quitamos. No dudo de los beneficios técnicos y de los efectos estéticos que se buscan al usarlo, pero el metal oxidado representa el envejecimiento plastificado y falso, como falsa es nuestra época, tan epidérmica que no dejará detrás de sí más marca que la destrucción de lo natural para sustituirlo por parques temáticos y trampantojos. Pobres ciudades nuestras. Apenas aportamos más ideología que la deconstrucción y el desencaje: es decir, la versión cínica de la parodia y la perspectiva, el descreimiento de una cultura que se agota en sí misma. Queremos ignorar de dónde venimos y no hemos decidido aun a dónde queremos ir teniendo a nuestra disposición, por primera vez, todas las posibilidades para ser lo que deberíamos.

Sé que parece un lenguaje críptico, pero bastaría mirarnos al espejo cada mañana para ver cómo el óxido se nos va comiendo la cara. A bocados.

Nueva cabecera de La Acequia

Habréis visto hoy una nueva cabecera que personaliza La Acequia. Soy una persona afortunada. Ya he comentado aquí el nivel de generosidad que he hallado en el mundo de los blogs. Cuando alguien tiene un problema, gente a la que no conoce se presta a solucionárselo si sabe o a perder su tiempo buscando una solución. Por este mundo, tan denostado a veces por aquellos que lo temen o lo desconocen, circulan horas de ayuda, colaboración y regalos hechos sin ningún interés, sólo por generosidad. Es una especie de fraternidad bloguera, un código de amistad a través del que uno se siente amparado. Ya recibí aquí un banner de Jónathan Gil Guerrero (que puedes cargar en tu blog copiando los datos que encontrarás en el margen derecho, abajo) y su invitación a participar en el blog colectivo de libros ...de leer, que acepté con gusto, aunque aguardo a tener tiempo para publicar en él.

Hoy mismo, Dargor, un joven brillante y nocturno, con mirada arriesgada y experimentadora, como demuestra en Shadowland y Sombra, que me ha venido a La Acequia de la mano de Javier con Sandra (otra joven de la que ya hablé aquí), y cuyos comentarios os habrán sorprendido desde hace unos meses, me ha hecho este regalo. Sin pedírselo, me ha dedicado su tiempo y su generosidad. Con jóvenes así tenemos garantizado el futuro. Gracias, Dargor.

martes, 25 de marzo de 2008

Ha muerto Rafael Azcona

El pasado lunes, a los 81 años, ha muerto Rafael Azcona. A él le debemos gran parte de los mejores guiones del cine español de los últimos cincuenta años, desde El pisito (1958). Ha muerto, sin duda alguna, uno de los grandes nombres de la cultura española del siglo XX, tan inteligente que consiguió parecer un pseudónimo de sí mismo. Que la tierra le sea leve.

Geometrías y desenfoques


Tengo pendiente la publicación de una entrada para avanzar en las conclusiones de Mutantes dedicando algunos párrafos a la excelente sesión de los blogs que cerró las Jornadas, otra con un meme, una más agradeciendo un premio. Además, en esbozo, aguardan en algún cajón virtual una reflexión sobre la Wikipedia y otra que avance hacia el final provisional de las disoluciones haciendo constar mi simpatía a los que me han seguido en esto.
Planes. Me gusta tener ordenada la mesa, apuntadas las cosas de los días siguientes -ahora que ya me falla la cabeza-, colocar en el calendario de la cocina las cosas importantes del mes: como si trazara con precisión geométrica las formas del futuro. Soy de esos que, a principios de diciembre, comienzan a apuntar en la agenda del año siguiente -que primero he acariciado y olido, como hacíamos con los libros escolares cuando llegaban a casa, antes de forrarlos- esos recordatorios anuales. Sin embargo, tampoco me preocupa en exceso replantear las cosas ante la novedad: me adapto bien a los imprevistos y sé reconducirlos a la cotidianeidad en cuanto puedo o sacarles el mayor partido si no puedo. Hoy me voy a dejar llevar por la melancolía y no voy a realizar ninguno de los planes previstos. He dado un largo paseo antes de venir a casa, he pedido cita -no por teléfono, sino en persona, como hace mucho tiempo que no hacía- en la consulta del dentista y en la del oftalmólogo, dejándome guiar por la sonrisa de las recepcionistas de ambas clínicas.
Y he vuelto a casa. Me he sentado ante el ordenador y no he podido -no he querido, sería más preciso- cumplir mis planes. En unas horas he de asistir al entierro de un hombre joven cuya muerte me comunicaron ayer, mucho más joven que yo, en un lugar tan querido por mí que notaré el frío que siempre siente uno cuando asiste a un funeral, aunque se celebre en julio, incluso cuando falten quilómetros para llegar allí. Eso no estaba en mi agenda. Es el desenfoque de la línea geométrica.

lunes, 24 de marzo de 2008

Memento mori

Al salir, en tren, de Valladolid camino de Burgos, se ve el antiguo cementerio de la ciudad y el contraste entre el acelerado paso de la modernidad y la quietud de estas tapias provoca en el paseante un desasosiego que se traduce en vértigo en la mirada y en la boca del estómago. Mi padre vivió, de niño, en una casa cuya huerta daba a las tapias de este cementerio y aun recuerda que sus noches sólo fueron interrumpidas, muy de niño, por los disparos con los que se fusilaba y remataba en ellas a los presos republicanos. Nunca le molestaron los muertos. Hace tiempo dediqué una entrada a la meditatio mortis tras mi visita ritual al cementerio de Medina de Rioseco. Sé que no es esta una sociedad que piense en la muerte, a la que apartamos y profesionalizamos para que sea lo más aséptica posible: funerarias, grandes naves para los velatorios. En contra de lo que se suele creer, tener presente la muerte no es querer menos la vida. Sí al contrario: vivir como si fuéramos inmortales traiciona nuestra esencia y nos hace insensibles. Lo descubrimos, bruscamente, con la muerte de alguien querido.
Memento mori, recuerda que vas a morir: aprovecha tu vida pero con la certeza de la muerte. Al vivir no rechaces la muerte, porque es parte tuya aunque el tren acelere y distorsione los ladrillos rojos de la tapia del cementerio. Aunque ahora seamos ya todos tan modernos que nos creamos invencibles.

domingo, 23 de marzo de 2008

Elogio de los blogs (sin exagerar) y segundo remite de entrada.

Como he dicho en varias ocasiones, la red social que han establecido los blogs, es una de las mejores expresiones de Internet. Aunque muchos leen y comentan sin haber creado un perfil accesible -en La Acequia hay varios excelentes ejemplos, como sabéis-, la mayoría de los que se mueven en el mundo de los blogs tienen el suyo propio y a través de él publican y reciben comentarios. Como las redes sociales de unos y otros sólo coinciden en intersecciones más o menos grandes pero casi nunca idénticas, la capacidad de ampliarlas a diario es uno de los aspectos más gratificantes.

Y en esos contactos -los antiguos y los nuevos- y el intercambio de saludos, emociones, comentarios, iniciativas, etc., está el gran secreto de los blogs. Por ellos circularán cadenas de información, videos, simpatías, ideas que generan opinión o estímulos artísticos.

Hoy cumplo, en ese sentido, con mi amigo Javier García Riobò, el segundo remite de entrada. Como recordáis por el primero, él me envió dos fotos para que les pusiera texto. He aquí el segundo.

sábado, 22 de marzo de 2008

Estratos



Si nos vaciaran por dentro con un descorazonador para dejar sólo la piel, quedarían en ella las huellas de nuestros estratos, como los anillos que en el tronco del árbol marcan su vida. Podrían estudiarnos como la paleontologia cuida de observar en qué capa halla los restos fósiles. Aquí se fijaría el rastro de aquel primer beso, allá la respuesta mímica de nuestro rostro a la sonrisa de la madre o el duro gesto con el que protestamos. Nuestras conmociones internas habrán desordenado la rigurosa acumulación del tiempo y junto a la huella de la rebeldía podría estudiarse nuestra aceptación de las cosas. Con la materia vaciada, quizá, se podrían abonar los jardines versallescos de los que escriben nuestra historia al servicio de los gobernantes.

viernes, 21 de marzo de 2008

Certámenes 2008 de poesía, relatos breves y fotografía de la Universidad de Burgos y primer remite de entrada

Se han convocado ya los Certámenes 2008 de poesía, relatos breves y fotografía de la Universidad de Burgos (plazo hasta el 12 de septiembre), de cuya octava convocatoria di cuenta aquí (también de la publicación con los trabajos ganadores). Este tipo de certámenes es un aliciente para la creación artística en la Universidad y una forma de comenzar a darse a conocer. Son lo que son, pero siginifican un buen comienzo y una labor necesaria de este tipo de instituciones. Quiero alabar el diseño de los carteles y folletos no sólo de esta convocatoria, sino también de las anteriores.
Por otra parte, os remito desde aquí a leer mi entrada de hoy en el blog de mi amigo Javier García Riobó. Hace unos días me envió dos fotografías que tomó en la hermosa villa de Urueña y me pidió textos para ellas, porque, tras una aventurilla -que no le salió nada mal pero que juzgó demasiado agobiante-, ha vuelto a su promesa de mirada en silencio. Hoy toca un cadáver que halló en el agua. Podéis comentar en su blog o en el mío.

jueves, 20 de marzo de 2008

Primavera y vida

Este pruno, que me encuentro en mi camino a clase, ha estallado en primavera. La primavera es esto: la rabiosa decoración natural del espacio cuando uno no se lo espera. Lo saco aquí porque su radical belleza es tan efímera que, a la vuelta de vacaciones, habrá recuperado la prudencia de arbusto que lo define. Para entonces, sin embargo, el peral sabio de Humanidades que, como saben los que me siguen desde el principio, es uno de los símbolos de este blog, ya habrá florecido porque lo dejé con las yemas apuntando en flor. Si estos fríos sobrevenidos no las queman. No sé por qué, pero estos botones siempre me traen el recuerdo del pecho de la mujer amada, adivinado en la trasparencia de su blusa. Me he dado cuenta, al subir estas fotos, de mi insistencia en los árboles florecidos que ahora contemplo con la serenidad de los años, como si en ellos consistiera la suavidad de la vida: acariciar su corteza como se hace con la piel querida, aun en la distancia del ensueño. Suelo acercarme a estos árboles que refieren mi camino, como los que facilitaron mi narración Nocturno, y poso en ellos la palma de la mano, para sentir su latido en cada estación. Creo que me estoy haciendo viejo.

La primavera, dicen, es la exaltación de la vida que se renueva a sí misma. No estoy seguro: me gustan sobre todo las frutas otoñales. En primavera lo que se afirma es la naturaleza individual de las cosas, por eso uno puede tomar decisiones radicales en ella. Los ancianos suelen temer el invierno, cuyo frío airado puede llevárselos, porque saben que tras el paso de esta estación su vida es suya y podrán hacer con ello lo que quieran. Algo así ha debido pensar Chantal, que ha decidido su vida, con coraje y firmeza y contra esta insistencia insana de nuestras autoridades que nos castigan a no ejercer nuestra afirmación de individuos y marcharnos sin hacer daño a nadie. A qué tienen miedo.

En una semana, el pruno volverá a su humildad y el peral me ofrecerá su imagen y metáfora. Yo seguiré caminando junto a ellos, cada día.

miércoles, 19 de marzo de 2008

La fe del paseante

Soy de una generación española a la que se le destruyó la fe, la piedra angular de las virtudes teologales que aprendimos de memoria, puesto que la usaban para todo lo contrario que proclamaban, se llenó de hipocresía y se torció en manipulación ideológica y moral. El buenismo que se predicaba no encajaba en aquellos rostros que veíamos en nuestra infancia. Algunos, los menos, salieron indemnes; otros, la mayoría, conservan una fe de quita y pon, que se suele aparcar cuando no interesa. Unos pocos quedamos desarbolados.

La fe nos suena rara cuando se hace integrismo e intolerancia, convivimos con ella cuando respeta al otro.

A pesar de eso, aun tengo una fe firme en el hombre, pero mirado con mucha calma.

martes, 18 de marzo de 2008

Huecos en las entrañas

Qué extraño es entrar en un sitio vaciado. Un espacio al que han arrancado las referencias y por el que los ecos de las voces y los gestos se mueven desorientados, en busca de las cosas que les ayudaban a encontrarse. En estos lugares hay olor a humedad, a cerrado. El aire, viciado de soledad, pesa y cuesta respirarlo. El ánimo se empequeñece y se siente la presión de las vidas arrancadas.

Nunca vuelvas a esos lugares en los que quedaron tus palabras tanteando las paredes. No podrás volver a salir de ellos. Lo sé, por experiencia.

lunes, 17 de marzo de 2008

El taller del artista

Un comentario de Bipolar a mi entrada de ayer, me ha hecho reflexionar sobre la importancia que damos al resultado último de las cosas. Ante un cuadro, una película, la interpretación magistral de una pieza al piano, nos emocionamos en exceso con el resultado final de la obra y debatimos a partir de ella. Es muy interesante constatar el camino que ha llevado a ese término: las horas delante del lienzo, la frustración de los fracasos, los dedos cansados de pulsar las teclas en búsqueda del ritmo adecuado, los tiempos muertos, la monotonía. El ejercicio. El esfuerzo: razón que hace a muchos abandonar estos caminos que pensaban fáciles.
El arte moderno, a partir de finales del siglo XIX, buscó en ese trabajo la propia obra. Hay autores en los que el proceso construye la clave de su poética, como Juan Ramón Jiménez, que la llamó obra en marcha y no la daba por terminada nunca, trabajando infatigable sobre todo lo escrito para ajustarlo nuevamente. Había precedentes, como los pintores barrocos que se retrataban en el proceso del trabajo (Velázquez, en Las Meninas) o el metateatro de muchas obras dramáticas, incluso Cervantes personaje dentro de El Quijote -en el prólogo al lector o en busca de la continuación del manuscrito en el mercado de Toledo- pero, a partir de las estéticas nuevas del siglo XX cada uno de los pasos en la construcción del arte se constituían en objetos artísticos: la improvisación, el fragmentarismo, la intertextualidad, la obra inacabada, todo el proceso (como en El sol del mebrillo de Víctor Erice). En muchas ocasiones, esta nueva mirada explicaba mejor la obra que el momento de poner el punto y final. Y era tan artística como ella. De eso saben mucho los mercaderes del arte, que ahora subastan a buen precio, los apuntes, los primeros manuscritos, la ropa sucia que el escultor usaba en su taller. En algunos casos se trata de arte, en otras es fetichismo puro. Perversiones, en ambos casos, diría un amigo mío.

Hoy sabemos que el proceso artístico es arte ya y cada una de sus fases importa. Por eso, cuando veo un cuadro en un caballete, también bajo la mirada para ver los trapos usados por el pintor.

domingo, 16 de marzo de 2008

Diego Fernández Magdaleno y la música

Disolución del sonido en ondas azules de cielo.
Homenaje a Diego Fernández Magdaleno.

Ayer por la tarde disfruté del reencuentro con Diego y Álvaro Fernández Magdaleno. Diego daba un recital de piano en Valladolid y no podía perdérmelo. Ya conté aquí mi primer encuentro con ellos y también he dado cuenta de la extraordinaria condición de escritor de Diego, que demuestra en su blog. Además, Diego es un esforzado emprendedor, como demuestra su biografía y su labor en EPTA. Son curiosas las intersecciones de nuestras vidas: conocí primero a su hermano Pablo, que ahora es el que vive más lejos, hace años, sin pensar que sus apellidos volverían a cruzarse en mi vida.

Me gusta cómo se enfrenta Diego al piano: lo hace amigo y cercano, desde su gran profundidad humana. Su forma de tocar es honesta y seria. Irreprochable en la técnica, cuando pulsa las teclas el público siente, desde el primer momento, que, sobre el escenario, hay alguien que no le va a engañar con trucos ni alardes innecesarios.

Me gustó la selección de su recital, que demuestra lo que he dicho: Richard Wagner (Hojas de Álbum), Friedrich Nietzsche (Tres piezas para piano: Mazurka, Hoja de Álbum y Algo de Czardas), Franco Margola (Sonata para piano nº 5), Cristóbal Halffter (El ser humano muere solamente cuando lo olvidan), Joaquim Homs (In memoriam P.F.A.; In memoriam C.H.O.; In memoriam I. y J. Amat), Matilde Salvador (Sonatina), Francisco García Álvarez (Aquel 28 de marzo -In memoriam Diego Fernández Piera-) y Armand Grèbol (Miniaturas. Cinco escenas de una depresión).

Al tener tantas carencias como tengo para poder hablar de música, he de hacerlo desde la emoción. Me emocionaron, sobre todo, la pieza de Halffter, que cerraba la primera parte, en la que Diego supo interpretar las pausas y los silencios y dejar que el tema inundara la sala por sí solo; las tres de Joaquim Homs, que nos regaló el intérprete en estreno absoluto, completando la discografía para piano de este compositor, y que acompañó con explicaciones que demostraron otra de las grandes virtudes de Diego, la de comunicador; la pieza de García Álvarez -y ambos sabemos por qué-; y su acertada elección de Grèbol para cerrar el recital.

Me gustaría saber expresar mejor lo que sentí. Pero eso sólo se puede hacer con la música: con Diego sentado al piano.

sábado, 15 de marzo de 2008

El no-lugar en la Plaza del Sobrado

Han terminado ya las obras de urbanización de la Plaza del Sobrado, de cuyo inicio di cuenta aquí en su día, también para proponer usos institucionales. Los promotores de la urbanización y muchos más estarán contentos: se han terminado los charcos de agua, el polvo y el barro; se ha alcantarillado e iluminado la zona y puesto un mobiliario urbano de última moda. El aspecto final es limpio y aseado, por supuesto. Pero sin personalidad, sin ningún carácter que le dé identidad. Esta intervención es igual a la de otras partes de la ciudad, a la de otras ciudades. No creo que cueste económicamente más pensar en soluciones originales para lugares con tan especiales características y tan cargados de historia que aun en el inicio del siglo XXI conservaban aires de otros tiempos en plena zona de desarrollo urbanístico. La Plaza del Sobrado tiene su origen en la fundación, en el siglo XII, del Hospital del Rey y guarda muchas características del siglo XVI. Entre ellas, el famoso Arco de la Villa que preside uno de los accesos.
Se ha optado por el no-lugar, ese formato tan generalizado que uno se lo encuentra en cualquier viaje a cualquier sitio. No estorba pero no mejora, no subraya. No dice nada. Se ha extendido la manía de que nuestras ciudades deben ser todas iguales y se copian las losetas del suelo, los bancos, los árboles, las papeleras. Hasta el aire. Es una pena.

Aun así todavía hay esperanza para este lugar: si se hiciera algo inteligente con los solares, con los edificios que rodean esta plaza, con el entorno -con una normativa que impidiera que en las fachadas proliferaran elementos que distorsionan la naturaleza del lugar, como denunciaba Scop, un comentarista de La Acequia, en una vieja entrada-. Si los nuevos edificios que se levanten, además de guardar una estética en consonancia con el lugar o que sean modernos pero con la personalidad adecuada, se destinasen a usos institucionales que dieran vida y referencia a la Plaza, si toda la zona respetase la proximidad del Hospital del Rey, de las Huelgas, la ermita de San Amaro, el parque del Parral, quizá se pudiera perdonar que se haya querido llevar el no-lugar a la Plaza del Sobrado.

Sería una forma de demostrar que nuestras ciudades nos importan, que sabemos respetar su legado y proponer, hacia el futuro, espacios identificables a la altura de su historia.




viernes, 14 de marzo de 2008

Desencuentros

Qué difícil es estar en el mismo plano que el otro. No solemos ponernos en su lugar. Dicen los psicólogos que la empatía es una buena forma de abrazar al que tenemos enfrente, de comprenderlo sintiéndolo. A veces, en plena discusión de pareja, basta con frenar un momento la espiral destructiva, respirar profundamente y mirar a los ojos un segundo en silencio.
En otras ocasiones, los planos diferentes se deben a que no nos giramos a tiempo. Cuántas veces habrá pasado junto a nosotros aquella persona a quien deberíamos amar y no hemos comprendido el tenue hilo del azar.
Vivimos de espaldas, demasiado abismados en nosotros mismos. Basta con levantar la mirada a tiempo. Decisión y suerte en esta levedad que es la vida.

jueves, 13 de marzo de 2008

El pacto con uno mismo. (Fin provisional de la búsqueda.)

Esta fotografía la llevó mi padre en su cartera durante muchos años. Guardo su fatiga como un tesoro y por eso no he querido recuperarla con procesos digitales modernos. La mano que se ve es la de mi madre, que me sujetaba para evitar que me cayera, tan pequeño era yo. En aquel tiempo nos fotografiaban no sólo por amor sino también por fijar urgente testimonio porque aun se conservaban grabadas en la mente las épocas de alta mortalidad infantil.

Uno da muchas vueltas en su vida y se busca con insistencia al final o al inicio de cada nueva etapa, en las épocas en las que el ánimo está bajo o en los días lluviosos en los que la nostalgia le asalta. Sé que algunos de vosotros no compartís esta manera mía de profundizar en la memoria hasta la desorientación y la pérdida, aunque podáis aceptar su intención literaria. Sabéis que afirmo que en esta incertidumbre se halla el camino que nos ayuda a comprendernos en el mundo y a aceptarlo con humildad y benevolencia. Sabéis que, en gran medida, La Acequia nació como reflexión sobre el yo que se explica en lo autobiográfico, a veces con saña sobre mí mismo. O como parodia.

Pero, después de tantas vueltas, viene el necesario pacto con uno mismo para sobrellevarse y aceptar el presente. Reencontrarse en unas pocas piezas de un puzle necesariamente incompleto y falseado.

Quizá, al final, todo vuelve a nacer en la imagen de un niño sujetado por la mano atenta de su madre, guardada con cariño por el padre, al que acompaña en el duro ejercicio diario de la vida. Y el ciclo comienza, de nuevo.

miércoles, 12 de marzo de 2008

No sé si estuve allí

No sé si estuve allí. Sé que hace veinticinco años tomé esta foto a pocos metros del lugar en el que vivía y que ya la pátina del tiempo se había echado encima de todas aquellas cosas. Sé que, en aquel momento, todo me llevaba a pensar que me estaba despidiendo de quien era. Ya no me acuerdo de si era o no feliz ni de mis esperanzas. El mismo espacio se perdía a sí mismo y se abandonaba a la descuidada acción del óxido. Me he reinventado varias veces pero siempre, con insistencia, resurge el tiempo que cerraba esta foto: es como si en él se adensara todo lo que después he sido. No sé si estuve allí, pero si cierro los ojos puedo recorrer el camino hasta aquella casa como si acabara de llover y el suelo blanco se hubiera cubierto con las flores de los almendros, sorprendidas y arrancadas por la tormenta.

martes, 11 de marzo de 2008

Hoy es 11 de marzo. (La realidad vivida)

Esta foto también es antigua y casi artesanal, la tomé hace veinticinco años. Son gente que va a trabajar, a sus quehaceres, a buscar un beso furtivo o al médico. A recoger al niño que sale del colegio. A la vida. Posiblemente, alguno de los viajeros que me acompañaron aquel día en el autobús -¿a dónde iba yo, entonces?, ¿por qué llevaba mi máquina de fotos?- habrá muerto por enfermedad, por accidente, por desistir de la vida.
Hoy es 11 de marzo y recuerdo aquellas personas que también iban a trabajar o a encontrarse con lo más cotidiano de su vida y chocaron con la sinrazón y el aplastamiento del trascurrir leve de las cosas. Qué fiereza tienen algunos días, alguna gente.

lunes, 10 de marzo de 2008

Rama de almendro en flor


Esta foto tiene más de veinte años: la hice con una cámara casi de juguete y la recupero ahora, de una caja en la que se enlaza y anuda con mis entrañas. A veces conviene abrir estas cajas y verse. Ya hablé aquí de los almendros en flor de mi memoria, que vuelven con insistencia en los últimos años, con reiteración de edad y de fatiga, cada vez que el misterio de la primavera tiñe de un blanco dulce otras ramas florecidas. ¿Qué queda del que fui entonces? ¿Qué queda de cada uno de nosotros tras el vendaval de los años? Cerramos los ojos y nos creemos revivir en la distancia, pero no hacemos más que reinventarnos. A pesar de ello, la melena nevada de un almendro y el olor denso de sus flores nos remueve algo por dentro. De aquel tiempo todo está bajo toneladas de cemento y hormigón. Vivía a las afueras de la ciudad, pero la ciudad creció sobre mi infancia. Quiero mentirme y trepar hoy a esos almendros. No fuimos mejores ni peores. Fuimos otros que ya no somos.

domingo, 9 de marzo de 2008

Cierta incertidumbre

Me he dado cuenta de que, en mi entrada anterior, he empleado la expresión cierta incertidumbre, discutible desde el punto de vista gramatical pero llena de connotaciones. La usaba para comentar cómo, en este mundo de Internet jugamos en el filo de lo provisonal e incierto. Pero la expresión, quizá, se me ha impuesto desde las tripas de mi situación anímica: cierta incertidumbre. La incertidumbre es la única certeza de mi vida y por eso ando buscándome. Es la misma raíz que tienen mis disoluciones. Hace unas horas he votado, con la conciencia del que sabe que ninguna de las opciones es la que él desearía pero del que lleva detrás la responsabilidad de votar por aquellos que no pudieron, víctimas de las dictaduras de la historia del ser humano; por aquellos que no pueden, víctimas de tantos sistemas injustos; por aquellos que ya no podrán, víctimas de la sinrazón asesina.
Dentro de unos minutos comenzará el juego de números, que irá decantando la victoria electoral hacia alguno de los partidos que se presentan. Espero que, sea cual sea el resultado, sepan conducirse en los próximos cuatro años para profundizar en un mundo libre, estable y justo y en el que los menos favorecidos por la fortuna y su propia vida tengan derecho a ser protegidos.
Quizá así pueda salir de mi cierta incertidumbre.

Problemas en Blogger

En los últimos días, hemos sufrido ciertos problemas técnicos en la plataforma Blogger, que han ido en aumento. Comenzó con la distorsión, en la versión española, al menos, introduciendo comandos en inglés. Después hemos detectado la lentitud en el acceso a la gestión de la plantilla interna. Aparecían, con más frecuencia de la deseable, los mensajes advirtiendo de varios errores. Ayer, durante muchas horas, ha sido posible leer las entradas, pero no redactar nuevas y/o comentar las propias o las ajenas.
Me disculpo, por lo tanto, con aquellos que han intentado comentar en La Acequia y no han podido. Me disculpo también con los blogs amigos, en los que no he podido comentar cuando lo he intentado.
Supongo que todo se debe a la introducción de mejoras, cosa más que deseable, pero afecta a la normalidad del día a día y crea cierta incertidumbre.

sábado, 8 de marzo de 2008

Retrato del paseante en día ventoso, en siete movimientos y texto








Hoy es un día ventoso y frío. Debiera ser de nervios y esperanzas. Pero lo es de viento, y el paseante ha salido a que le dé el aire y mirar a la gente y sus quehaceres. Triste pero decidido. Las cosas han sido sacudidas por el viento, como cuando se golpeaban las alfombras en las ventanas, pero se han agarrado a su consistencia. Más que nunca.

viernes, 7 de marzo de 2008

Disolución triste y firmeza


Hoy, en cumplimiento de lo que había prometido, iba a publicar mi análisis de los aspectos culturales de los partidos políticos que se presentan a las elecciones generales el próximo domingo 9 de marzo. Pero hoy no puede haber más noticias que el asesinato de Isaías Carrasco, nuestra solidaridad con su familia y la condena del crimen terrorista. Yo iba a votar el domingo, a pesar de que ninguna de las opciones me convence plenamente. Iré a votar, a pesar de que ninguna de las opciones me convence plenamente.

jueves, 6 de marzo de 2008

VIII Certamen de relatos breves y poesía de la UBU

Se ha publicado ya el volumen con los textos premiados en el VIII Certamen de relatos breves y poesía de la Universidad de Burgos. Ya informé aquí, como miembro del Jurado, de las deliberaciones. Ahora está a la disposición del público para que se pueda comprobar el resultado.
A pesar de participar en este y otros Jurados de premios para jóvenes escritores, de que muchos alumnos me pasan sus textos para que los conozca y les haga sugerencias, sigo preguntándome lo que dije en su día: ¿Qué se hace en la literatura joven de este país? ¿Nuestros jóvenes escritores son el final de unas estéticas que ya han dado de sí todo lo que podían o están creando algo nuevo cuya consistencia veremos en breve? ¿Hay tanto caos como se dice o todo el edificio del nuevo arte puede reducirse a unas pocas habitaciones? ¿Está todo tan condicionado por el mercado como parece? ¿Internet favorece la libertad y la aparición de un nuevo tipo de arte?
El volumen viene acompañado de las fotografías premiadas, que yo desconocía, puesto que este certamen correspondió a otro Jurado. Demuestran una magnífica mirada.

Café con bibliotecarias


Otro café de La Acequia. En este caso, con parte de las bibliotecarias que hacen Burgostecarios, un blog burgalés que ha descubierto para bien de Internet el intrablog (según lo ha denominado Francisco) y el blogochat (según Blogófago). A aquellos nuevos, les recuerdo que traspaso, en cuanto puedo, la pantalla para tomar café con los blogueros que se relacionan conmigo. Algunos tengo pendientes por ahí, bien porque no he tenido tiempo bien porque se me resisten. Pero todo llegará. Acudió también Blogófago, que venía de Madrid. Pasamos un tiempo muy agradable, en medio de la primera nevada seria que ha caído este invierno en Burgos, con Ladylibrarian, Bibliotecaria y Mafaldia, tres bibliotecarias ilusionadas con su trabajo, de ese tipo de personas que uno espera encontrar en un lugar así. El blog es informativo -son excelentes las recomendaciones semanales de autores, toda una guía de lectura-, reivindicativo con su profesión y divertido, muy divertido. Se dedican a comentar sus propias entradas en una cadena dialogada que tiene un principio pero nunca se sabe a dónde llegará, ni en número ni en temas. A veces, cuando entro en este blog con la idea de comentar la entrada termino comentando un comentario. Es una de sus características. Recomiendo pasarse por él, hay de todo: literatura, diversión, crítica, anécdotas...
Eso sí, como no me dejaron pagar el café, están condenadas a tomar otro conmigo.

miércoles, 5 de marzo de 2008

La crítica fácil o cotillas detrás de las contraventanas

Una de las diversiones favoritas de mucha gente es la crítica fácil: buscar, en todo momento, los defectos de los demás sin comprender las circunstancias que pueden explicarlos. Exigen la perfección inmaculada que ellos mismos no tienen. Conozco un tipo de personas que jamás en su vida hacen nada o nunca miran sus propios errores -que suelen achacar a los demás- pero que son muy dados a ver las zonas débiles de lo que otros han hecho. Son aquellos que, ante una magnífica obra de arte, siempre descubren algo para rebajar su interés. Aquellos que, ante el esfuerzo desinteresado de muchos en sacar adelante las cosas adelante o hacerlas con la consciencia de sus propias limitaciones, sólo son capaces de ver la pequeña mancha de tinta en uno de los márgenes del papel o que no se ha usado el tipo de letra adecuado. Ni siquiera comienzan sus frases con un sí, pero, puesto que sólo son capaces de expresar lo negativo. Estas personas, en el fondo, viven en la miseria moral, en la envidia y el rencor. Piensan que sólo ellos son los válidos o que es mejor no hacer nada antes que cometer fallos. Ven irregularidades continuas en los demás cerrando los ojos, cada mañana, al mirarse al espejo.
Somos todos maravillosamente modernos, pero debajo de muchas almas sigue el vicio de espiar tras los visillos para descubrir, con alegría patológica, los defectos de los otros.
Por suerte, la historia de la humanidad no se ha basado siempre en ellos, pero, a veces, fatigan.

martes, 4 de marzo de 2008

Segundo debate.

No puedo entrar. No voy a mencionar cosas que ya dije sobre el primer debate y que son aun válidas. No se habló de cultura, aunque sí de educación. A mí me quedó claro que ninguno de los dos tiene propuestas concretas para salir adelante con eficacia en este punto. Uno de los grandes problemas que tienen los dos candidatos es que uno tuvo en su día responsabilidades cuando gobernó su partido y otro en los últimos cuatro años. Por lo tanto, ninguno parte con el saco a cero y a los dos se les puede medir no sólo por lo que ofrecen sino por lo que hicieron.

Aunque fue igual de trabado, en este segundo debate no hubo tantas salidas de tono como en el anterior, pero ambos dijeron cosas inconvenientes, como que Zapatero contara el número de las víctimas y Rajoy afirmara que con él ETA había vuelto a asesinar. Ambos dejaron sin contestar muchas preguntas. Eso sí. No sé si Rajoy puede ser un buen Presidente de Gobierno. Posiblemente no tan malo como piensan sus contrarios ni tan excelente como quieren los suyos, al igual que lo que pasa con Zapatero. Pero la cámara de televisión no le quiere y eso se refleja: sus gestos desconciertan al espectador. Dos errores: Zapatero sacó gráficos que no se podían ver; Rajoy dio mala imagen de desordenado arrojando los papeles ya usados al suelo a la vista de todo el mundo. Ambos jugaron con los números a su antojo. Cosas buenas: Zapatero puso cifras concretas de euros a sus propuestas y tendió la mano en la cuestión antiterrorista; Rajoy criticó eficazmente algunas de las gestiones de la última legislatura y propuso siete pactos en otras cuestiones. El ganador del espectáculo, a los puntos, ha sido Rodríguez Zapatero, como dicen las encuestas.
Sigo pensando que la estructura del debate es injusta e insuficiente y no refleja la realidad española.

Ahora queda votar el 9 de marzo.

lunes, 3 de marzo de 2008

Disolución de chucherías para votantes inocentes


Cuando yo era niño no había estos escaparates de tiendas de chucherías como éste que aquí presento en disolución azucarada. Es más, no existía esta palabra o yo no la oí nunca aplicada a los dulces, quizá por ser de un barrio de las afueras de la ciudad, de tan afuera que lindaba con el campo y tenía acequia. Los caramelos eran sólo caramelos y se exhibían en los pequeños escaparates de los diminutos quioscos de entonces, que contenían, como por arte de magia, todos los misterios de la felicidad en su interior por una perra gorda. Pero siempre, en aquella infancia y en la de ahora, los caramelos han tenido colores llamativos y envoltorios chillones, como reclamo. Uno sabe que una chuchería le va a gustar o no, sobre todo, por los ojos. Así intentan ahora, que ya hemos crecido, vendernos las bondades los candidatos de los partidos políticos en época electoral: con escaparates de colores bien marcados y resultones. Para que se los compremos sin probarlos.

domingo, 2 de marzo de 2008

La soledad de las últimas horas de un domingo


La soledad es un estado de ánimo. Hay soledades buscadas con ansia: ese momento en el que uno disfruta de estar solo con un buen libro o una buena música; la soledad que nos aísla del ruido social enloquecedor; la soledad del que pasea un lugar nuevo, descubriéndolo para sí mismo. Todos deberíamos tener un lugar y un momento para estar solos porque quien no sabe estar con él mismo no puede estar de verdad con nadie. Aquellos que huyen de sí mismos acaban parasitando a los demás. En buena medida uno acaba acostumbrándose a la soledad y desarrolla pequeñas rutinas que para los otros que nos visitan pueden tomarse como manías.
La soledad es un estado de ánimo más que real. Todos hemos tenido la sensación de sentirnos solos en mitad de un lugar concurrido hasta el punto de marcharnos por el desasosiego interior que sentimos. Paseando con unos amigos, si somos el único que no tiene pareja, sentiremos la soledad en los gestos que vemos en ellos: en sus más ligeras caricias o las miradas cómplices. Esta sensación se agarra a las tripas más que otras.
Sé llevar mis soledades, entre otras cosas, porque siempre he sido muy reflexivo. No soy de esas personas que necesitan encender la radio o la televisión para sentirse acompañados. O tener un animal de compañía. Pero las comprendo.
Sin embargo, hay algunos momentos especiales, en los que uno se ha despedido de la persona querida, la ha acompañado hasta su destino o hasta la estación y vuelve andando a casa, lentamente, en una tarde de domingo que ya anochece. Sube en el ascensor y entra en la casa que aun conserva los olores y los ruidos que la han llenado hasta hace apenas unos minutos.
En esos momentos, la soledad llega a la nuca y nos desarma.
A Merche Pallarés, por acordarse de mí.

sábado, 1 de marzo de 2008

Disolución de jarabe de fresa

Qué frágiles somos. Basta la más común de las dolencias para que debamos parar. Me he mirado al espejo al levantarme esta mañana y tengo los ojos hundidos y sombríos. Me duelen el cuello y los hombros y siento la cabeza aturdida. Sé que son unos pocos días, dos o tres. Pero estos procesos son, por su levedad y su generalización, los que nos permiten pensar en nuestra débil condición. En algunos momentos de la Historia de nuestra especie -o, incluso hoy en las zonas más desfavorecidas-, la enfermedad más común podía diezmar la población. Dicen los que saben que los supervivientes generaban formas de defensa que heredaban sus descendientes en los genes y que eso nos hizo más fuertes. También nos hizo más inteligentes: de las preguntas ante la enfermedad y la muerte nació la medicina. Los médicos vinieron después. Hoy tenemos, en las farmacias de este primer mundo, un arsenal de medicamentos que evitan nuestro dolor. Cuando la enfermedad es tan leve como un catarro uno dispone de docenas de preparados para cualquiera de los síntomas. Gran parte de la fuerza de la industria farmacéutica se basa no tanto en los grandes fármacos, sino en estos que se venden como en un supermercado y que compramos, muchas veces, por si acaso.
Sin embargo, ante la enfermedad más ligera, que siempre nos pilla desprevenidos, sentimos inevitablemente un amargo sabor abstracto a jarabe de fresa en la boca, como de disolución de nuestra vanidad y orgullo de especie.