Hay ojos estancados y muertos, ojos inexpresivos que pasan por las cosas sin verlas. Y hay ojos como los tuyos, en los que el color cambia y estalla. Me gusta el verde de tus ojos. Cómo se agranda en ellos el tamaño de tu pupila. A veces saltan, se erizan de uñas. Qué hermosos, entonces.
jueves, 30 de noviembre de 2006
martes, 28 de noviembre de 2006
Pegaso
"La vida es pura y bella", afirma el arriesgado jinete de Rubén Darío en su poema Pegaso de Cantos de Vida y Esperanza (1905). En este poemario, Rubén une la exaltación del Arte con la de la Hispanidad. Ambas las teje del mismo modo, a despecho de los creyentes en una generación del 98 enfrentada con el modernismo. Aunque no es el tipo de poesía que yo prefiero, cómo rehace su poema Venus. Donde había frustración y tristeza, donde había deseo pasivo, ahora estalla la energía:
domador del corcel de cascos de diamante,
voy en un gran volar, con la aurora por guía,
adelante en el vasto azur, siempre adelante!
Misión y condena del artista: la acción continua en busca de un imposible. Pero la energía de la búsqueda basta, aunque el deseo se frustre.
lunes, 27 de noviembre de 2006
Soluciones drásticas
El albañil estudió minuciosamente la mancha de humedad de la pared. "Hay que sanear inmediatamente, hay que sanear", dijo. Empuñó con decisión un gran mazo y comenzó a golpear el muro. Cuando abrió un boquete de un tamaño que le pareció conveniente, sonrió, secándose el sudor con la bocamanga. Casi de inmediato, se oyó un crujido y la casa se vino abajo.
miércoles, 22 de noviembre de 2006
El radiador
Cuando se encontraba pergeñando su gran estudio sobre la vida de un olvidado escritor decimonónico de la Axarquía, comprobó desesperado que el radiador del salón tenía una pérdida de agua que había afectado al parqué. Decidió arrojarse desde el balcón, gritando que él no podía luchar contra tanta adversidad. Sobre el escritorio, un folio con el comienzo de su obra maestra: "Nació en el seno de una familia..."
lunes, 20 de noviembre de 2006
Victimismo
- El que practica el victimismo hasta que esta tendencia se convierte en el sustento de su vida acaba convirtiéndolo en una forma de agresividad que daña sobre todo a los más cercanos. Estos, desorientados, no saben cuál es la causa de su malestar, puesto que, inicialmente, nunca se culpa a alguien que sufre. Huye de todo aquel que construya su esencia en torno a esta condición, porque no es una víctima más que de sí mismo que te puede arrastrar a una espiral de amargura puesto que se aprovechará de tu amor o de tu amistad como un parásito. Si aun así debes cuidarlo por obligación o cariño, no dudes en taparte los oídos como Ulises, porque su fúnebre canto te arrojará contra las rocas y te hará naufragar. Te lo dice quien ha sufrido muy de cerca a una persona así y que ha estado a punto de destruirle cargándole de culpabilidad, tristeza y frustraciones que llegó a creer suyas.
Aquel hombre demacrado me miró con alegría. Comenzaba a vivir.
miércoles, 15 de noviembre de 2006
De prólogos y marcos
En El rey burgués. Cuento alegre, Rubén Darío pone un marco al cuento que suele no tenerse en cuenta al comentarlo. El autor lo adelgaza tanto que parece restarle importancia y los lectores poco avisados caen en el engaño. Esta lectura parcial conduce a una interpretación que convierte el texto en un cuento de navidad similar al de la cerillera. Qué poco y qué mal se leen los marcos narrativos o los prólogos. En mis clases todavía he de insistir en que Don Quijote, por ejemplo, no comienza en el primer capítulo sino en el Prólogo de Cervantes: «Desocupado lector: sin juramento (...)». Todos hemos cometido ese pecado: saltamos los prólogos que los autores ponen a su propia obra y lo que pensamos preliminares sin darnos cuenta de que amputamos los textos. Leamos bien a Darío y más ahora que parece no estar de moda: «¡Amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Un cuento alegre... así como para distraer las brumosas y grises melancolías, helo aquí: [...] ¡Oh, mi amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Flotan brumosas y grises melancolías... Pero ¡cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo! ¡Hasta la vista!». Darío busca un receptor ideal, ése que no se salta nunca esas frases y les presta suficiente atención.
martes, 14 de noviembre de 2006
Soberbia
La soberbia es la hermana brava de la envidia y prima directa de la vanidad. El soberbio piensa que nada hay que pueda hacerle sombra. Hay soberbios con obra y soberbios sin obra. Aquellos no serán modelo de nada, pero al menos no presumen sin aval. Algunos creen tener obra, pero es mentira. Existe, además, un tipo más despreciable de soberbio que se humilla en apariencia delante del poderoso: es servil con el fuerte y altivo con el débil, contra la fórmula tradicional. Yo conozco algunos que, como dijo un añorado profesor mío, tiran abajo la escalera por donde subieron, para que nadie siga sus pasos y porque desprecian a quien les ayudara a alcanzar el lugar ansiado puesto que sólo lo consideran un instrumento para hacer valer su mérito. Su justo castigo viene dado cuando otros hacen lo mismo con ellos, cosa que pasa cada día. El soberbio, como no concibe que nadie pueda ser mejor que él, no es leal ni cree en la amistad. Lo mejor que le puede pasar es morirse después de un buen éxito o en pleno esplendor de su plumaje. No hay nada más patético que un soberbio viejo: acaba solo y despreciado. Es como un Don Juan achacoso y arrumbado por el paso del tiempo. «Recuerda que eres mortal», les decían a los generales invictos que entraban en Roma. ¡Cómo les debía molestar esa frase a los soberbios! Ahora bien, peor lo lleva el soberbio cuando no le reconocen lo que él cree sus grandes logros o cuando desaparecen los aduladores de ocasión: piensa que todo el mundo está contra él. Bías contra Fortuna lo escribió un soberbio -el marqués de Santillana- contra otro soberbio -don Álvaro de Luna- al que quiso humillar ante la posteridad haciéndole, como personaje literario, pedir perdón de sus pecados antes de morir. Entre soberbios es costumbre este pago. Allá se anden ellos por esos caminos. Al final, todos acabamos en la misma tierra.
lunes, 13 de noviembre de 2006
Cádiz
Cádiz. Ciudad, mar, sonrisa. He estado ausente de este blog por mi estancia en esa ciudad. Intervine en el XIII Encuentro de la Ilustración al Romanticismo. Estos Encuentros, ámbito apropiado para el debate académico y para compartir tiempo con los amigos que trabajamos sobre una época tan trascentendal para la Historia que da vergüenza ajena a veces tener que explicárselo a los que desprecian todo lo que ignoran, se organizan en la Universidad de Cádiz y este año rendían merecido homenaje a la memoria de su impulsor, el profesor Mariano Peñalver Simó. Desde hace unos años, además, Cádiz está rehaciéndose. Como en toda su vieja historia tras unos años malos, mira hacia el futuro. Ciudad que se ha construido sobre sí misma, haciéndose nueva y manteniéndose fiel a su propio latido. Y los amigos de antes y los nuevos...
jueves, 2 de noviembre de 2006
De taxis y poemas
"Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi". Así expresó el deseo amoroso Luis García Montero en un endecasílabo perfecto de su Diario cómplice. Pero no hizo sólo eso: dio un emblema a un tipo de poesía que requería letra distinta. No era algo radicalmente nuevo, pero fue un hito. Lo que no sé es por qué se amotinan los poetas en bandos, hasta desoírse. El poema continúa:
Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte.
¿Cuántas veces más se expresarán los encuentros de los amantes? ¿Cuántas veces, hablando de amor, se abordará la creación artística?
Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
Nuevas formas que son viejas pero son diferentes y las mismas. A veces, con un libro en la mano, te sorprendes al encontrarte a ti mismo entre las líneas, siguiendo el latido mágico de las palabras.
Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte.
¿Cuántas veces más se expresarán los encuentros de los amantes? ¿Cuántas veces, hablando de amor, se abordará la creación artística?
Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
Nuevas formas que son viejas pero son diferentes y las mismas. A veces, con un libro en la mano, te sorprendes al encontrarte a ti mismo entre las líneas, siguiendo el latido mágico de las palabras.
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