viernes, 31 de octubre de 2008

Corazón y pared


En la Barceloneta encontré este corazón. Cuando hice la foto, un grupo que pasaba me miró extrañado.

- Te doy mi corazón, decimos.

A veces, deberíamos habérnoslo arrancado y ponerlo, aun palpitante, encima de la mesa en la que reposan las tazas de café, tras la comida. Luego, limpiarnos la sangre de la mano con la servilleta, abonar la consumición y salir al aire limpio de una tarde de otoño, tras la lluvia.

jueves, 30 de octubre de 2008

De todo un poco, con Amadís al fondo (Cap. 1.25).


En este capítulo, debemos fijarnos en varios elementos. Comprobaréis que es uno de los más largos leídos hasta ahora: Cervantes comprende su posición en la estructura de la narración y le da la dimensión requerida sin que en él se cierre nada. Como ya hemos visto, usa frecuentemente de este recurso por el que recoge elementos anunciados capítulos antes y deja hilos de continuidad narrativas que serán retomados más tarde. Es muy significativo cómo, entre otras cosas, este capítulo sirve de paréntesis a la historia de Cardenio, de la que nos hemos quedado sin saber el final, con lo que se aumenta la curiosidad del lector.

En primer lugar, hay que resaltar un aspecto técnico: el capítulo se construye a través del diálogo. Un diálogo lleno de idas y venidas entre don Quijote y Sancho, que se tensa y destensa por las intervenciones de ambos, cada uno llevando al otro a su terreno. De hecho, es tan importante este planteamiento que comienza con el escudero pidiendo licencia para volverse al pueblo al no poder hablar con su amo como antes de la prohibición (recordemos el enfado de don Quijote de páginas atrás).

La pareja de protagonistas necesita tanto de la palabra que el silencio mataría el relato (Sancho, nos dice el narrador, iba muerto por razonar con su amo). Una vez concedido el permiso para hablar, Sancho termina de adquirir su caracterización a través de la expresión oral con el uso de su primera sarta de refranes: los engarza sin demasiada coherencia y sin contención alguna. Todo el diálogo es un divertido juego por el cual Sancho habla desde el sentido común, la cultura tradicional (y la interpretación vulgar de nombres y hechos), y el crudo realismo en la forma de entender las cosas (mandará recomponer el yelmo para hacerse la barba, exigirá la famosa libranza de los pollinos o hablará de Dulcinea, una vez identificada, en un tono basto) y su amo desde la cultura literaria, la ensoñación caballeresca y el idealismo en el que su juego le ha puesto. Sin esta maravillosa concepción del diálogo no podríamos entender el capítulo.

En segundo lugar, hay que lamentar que toda la confusión con respecto al robo del asno, provocada en la primera edición por el descuido de Cervantes y el impresor al cambiar sin corrección suficiente la disposición de los acontecimientos, tal y como comentamos en una entrada anterior, estalle precisamente en este capítulo tan crucial. El lector que siga el texto de la primera edición ve desaparecer, de golpe, el asno de Sancho sin saber por qué. El que siga el texto de ediciones posteriores leerá correcciones e intentos de enmienda sin la suficiente atención a todo el texto. Afea el resultado y desorienta al lector no advertido, por supuesto. Pero, como veremos, la revisión que de todo esto hace Cervantes en la Segunda parte engrandece la obra.

En tercer lugar, el eje central del capítulo es la anunciada imitación de las locuras de Amadís cuando, por despecho amoroso y bajo el nombre de Beltenebros (los lectores de la novela de Muñoz Molina de igual título deberían recoger este juego paródico para comprenderla), se retiró a la Peña Pobre (también imitará a Orlando furioso).

Quiere el azar que hoy, jueves 30 de octubre, se celebre un feliz hecho: el final de la impresión en Zaragoza del texto del Amadís de Gaula hace 500 años. Curiosa casualidad que le hubiera gustado a Cervantes.

Esta imitación de don Quijote es muy interesante: un loco real que imita a locos literarios a los que cree reales, pero pretende superarlos al no tener motivo para quejarse de la amada.

Parodia grosera y sutil, al mismo tiempo, de uno de los motores más importantes del mundo caballeresco: el amor y la entrega del caballero a la causa de su dama. Esta imitación le hace al pobre hidalgo quedar medio desnudo y dando cabriolas vergonzosas para su edad en medio de la sierra y, a la vez, construir una de las cartas de amor de mayor altura de la historia literaria española. Sin embargo, todos los empeños de don Quijote se despeñan por el lado de la realidad: ni la destinataria (que no sabe leer ni escribir ni tiene conocimiento alguno de su amor ni, posiblemente, gana alguna de tenerlo) es digna de su amor ni la carta, que así queda degradada, llegará a su destino, para terminar brutalmente maltratada por la memoria de Sancho. Queda el sentimiento noble del hidalgo en una curiosa ambivalencia que va de la ridiculez al más fino amor que puede sentirse, de la risa a la ternura.

Por último, se produce un hecho celosamente guardado hasta ahora por el protagonista y por el narrador: la identificación definitiva de Dulcinea con Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales:

No tarda don Quijote en darse cuenta del error cometido al dejar que Sancho identifique a Dulcinea: le será, a partir de ahora, imposible mantener la ficción de la dama ante él. Ficción tan necesaria para su propia construcción como caballero andante. Lo pagará con creces, como veremos más adelante, cuando vuelva Sancho del encargo de llevar la carta, y en la historia de su encantamiento, que atraviesa toda la Segunda parte. Don Quijote ha dado a Sancho un arma que le hace frágil y cuyo uso por el escudero provocará que la narración comience a girar hacia otro lugar mucho más interesante y moderno, rompiendo con la dinámica establecida hasta ahora que tanto marcaba la superioridad del amo.

Con todo esto, Sancho, cabalgando a Rocinante por ausencia de su asno, sale a entregar la carta a Dulcinea-Aldonza. Veremos en qué para todo en el capítulo XXVI.

miércoles, 29 de octubre de 2008

La falacia de enfrentar Universidad vieja a Universidad nueva (1).


Con motivo de la reforma del sistema universitario español para ajustarlo al Espacio Europeo de Educación Superior, oigo, en demasiadas ocasiones, una comparación entre la Universidad de antes, la de ahora y la que vendrá, en la que sale triunfante, casi siempre, la Universidad de antes.

Toda la argumentación se basa en una falacia que nace de dos cosas.

En primer lugar, de la nostalgia de un tiempo que no existió tal y como ahora lo expresamos.

En segundo lugar, de forzar la comparación entre situaciones histórico-sociales diferentes. Ni lo de antes era tan válido y hermoso como lo fabulamos ahora, ni el momento histórico y social que vivimos es el mismo.

La Universidad no puede ser una institución atemporal, por mucho que algunos lo quieran. Precisamente, las bases del conocimiento y de la ciencia en las que se basa, obligan al cambio continuo y a la crítica sistemática de lo heredado y de las novedades.

Si lo de entonces no era como lo contamos, ni es válido para los tiempos actuales y lo que hemos tenido estos últimos años no es el mejor de los modelos, ni mucho menos, hay que pensar por qué hay tantas resistencias al cambio. Eso sí, sin perder la capacidad de crítica diaria con mucho de lo que trae el nuevo sistema ni cerrar los ojos ante sus muchas carencias y errores conceptuales. Rechazar el nuevo sistema no debería partir de una falacia puesto que nuestra argumentación carecería de base. Aceptarlo, sin más, tampoco.


A aquellos que no conozcáis el debate actual de la Universidad, esta serie de entradas que hoy comienzo os puede servir de información y divertimento, porque aunque pretendo una caricatura, podremos ver cómo está el panorama.

Si algún compañero se ofende, que lo diga aquí y no sólo en los pasillos y cafeterías de los campus universitarios -a no ser que me invite-. De todas las formas, si nadie estuviera de acuerdo con lo que voy a decir, aseguraré, con toda firmeza, que la Universidad ha sido es y será una institución maravillosa y perfecta y a retractarme de todo lo dicho y por decir, por supuesto.

Una cosa en serio: el que esto escribe, como sabéis, es profesor de Universidad y también culpable de algo de lo malo y bueno que aquí se diga. Además, es absolutamente partidario de la Universidad pública, de su mejora y de facilitar el acceso a ella de todas las personas independientemente de sus condiciones económicas y otras circunstancias.

martes, 28 de octubre de 2008

Recuerdo que te llamé desde la playa


Recuerdo que te llamé desde la playa. Qué cercana y qué lejos. No te lo dije: me quité la corbata, los zapatos y remangué los bajos del pantalón para caminar por la arena. La Barceloneta estaba tranquila: unos niños jugaban en el patio de un colegio, unas chicas se apoyaban inverosímiles sobre una pared para contarse historias de amor y cigarrillos tempranos. Unos viejos jugaban quizá la última partida al aire libre. Pasó una joven atractiva haciendo deporte. A mi derecha, el Maremagnum equilibraba de modernidad el aire. Frente a mí, unos jóvenes soñaban olas de otros lugares. Recuerdo que te llamé desde la playa para decirte que volvía a mi habitación, que todo había salido bien, que Barcelona hervía en ruido y gente. Te dejé que oyeras el mar, que te llamaba.

Noticias de cine: Las raíces de la utopía en la Seminci y Fragmentos en Internet

Dos breves notas para daros cuenta de dos noticias cinematográficas que sé que os van a interesar.

Las raíces de la utopía, el cortometraje de Víctor Alonso y David Tordable, del que ya di cuenta aquí (y que podéis ver en Internet), se proyectará durante la Semana Internacional de Cine de la ciudad de Valladolid. La Seminci, como se la conoce popularmente, es uno de los festivales más prestigiosos de España y tiene una línea muy coherente en los últimos años. Por eso, la proyección de este corto estos días es todo un logro para estos directores y un impulso a sus carreras. Podrá verse la tarde de los días 28, 29 y 30 de octubre en los cines Casablanca.

Airel Luque, joven realizador argentino, nos muestra su primer corto, Fragmentos, en este enlace. Lo hace en su recomendable blog, tan lleno de sabias palabras sobre cine, El cine... una realidad poética. En su entrada podéis dejar vuestros comentarios.

lunes, 27 de octubre de 2008

Feliz digestión de la olla podrida

Ayer, como estaba previsto, celebramos la tercera reunión de blogueros burgaleses que, esta vez, dejó la condición cervecera para sentarnos en buena armonía ante una contundente olla podrida. Ya hemos contado que el éxito de anteriores ocasiones empujaba a buscar nuevos formatos para la reunión, ya ensayados en alguna cena previa.
El encuentro, tuvo lugar en la Granja Escuela de Arlanzón, localidad situada a pocos quilómetros de Burgos. Algunos, los más decididos, dedicaron parte de la mañana a hacer una excursión por las cercanías. Todo un acierto por la belleza de los paisajes. Al fondo, las alturas de la Sierra de la Demanda, con las primeras nieves de la temporada. A pesar de ellas, el día se nos presentó soleado y con una temperatura inusual para la zona en estas épocas del año. Incluso había moscas de septiembre un mes más tarde. Quizá cosas del cambio climático, ése que dicen algunos que no existe.

La comida fue larga, como corresponde a este plato típico de la gastronomía burgalesa, bien regado con un tinto de la Ribera de Duero.


La alubias de Ibeas, los tropezones, el relleno, la morcilla y el chorizo (pollo de corral para los menos valientes) nos hicieron disfrutar durante la comida y la sobremesa. Pero mucho más la compañía y la conversación, por supuesto. Una parte de la finalidad de estos encuentros es conocernos mejor y hablar de todo un poco: los que redactamos un blog no somos máquinas y, por eso, en las redes sociales que se establecen en el mundo virtual hay, además de ideas y debate, emociones.

Por primera vez, además de miembros de la Burgosfera 2.0 y otros espacios virtuales de Burgos, asistieron a la reunión autores de blogs que se relacionan con nosotros. Fue un placer conocerlos, recibirlos en nuestra tierra y estrechar los lazos de la amistad establecida en estos últimos meses. Es de agradecer que vinieran desde Madrid (Isabel), Lleida (Antònia) o Ibiza (Merche) para estar con nosotros (Fernando lo hizo desde la cercana Valladolid). A partir de ahora, cuando leamos sus comentarios en nuestros blogs o comentemos en los suyos, habrá una afinidad mayor. Deberían extenderse estos encuentros.

Los blogueros y espacios que se encontraron ayer fueron:

Caín, de Sr. K.
Jesús, de Nonsense.
Laetitia de La Luna de Burgos.
Fernando, de Campos abiertos.
Raúl, de Verba volant.
Pedro, de La Acequia.

En un café posterior, se unió Pilar, de En este punto intermedio. El día antes, también habían atendido a nuestros visitantes Blogófago y Mafaldia, que no pudieron acudir a la comida.

La simple consulta de todos estos espacios, da cuenta de la variedad de intereses y propuestas del mundo de los blogs.

Antes de la comida, hubo palabras de recuerdo a todos los compañeros que hubieran querido estar con nosotros pero no pudieron por unas u otras circunstancias. Y un brindis por Miguel Ángel Manzano, nuestro Manzacosas, al que nunca olvidaremos.



(La primera foto es de Edu, el cartel es de Blogófago, quien me comunica que, al diseñarlo, quiso que cada elemento presente fuera un símbolo del grupo y la última es una disolución de la olla que me pidió insistentemente Fran, aunque sé que hay cosas con las que no se juega.)

domingo, 26 de octubre de 2008

Hoy nos comemos una olla podrida


Diseño de Blogófago, que no podrá acudir (y bien que lo lamentamos).

Cada cierto tiempo, el grupo de blogueros que nos reunimos en la plataforma Burgosfera 2.0, celebramos encuentros lúdicos en los que estrechamos lazos y conocemos a nuevos miembros.

De aquel primer encuentro, celebrado el 28 de abril del 2007, en el que nos conocimos los autores de 7 espacios (Caminando en el desierto, Código de Barras, Neoburgos, Quinta Essentia, A vista de cerdo, Blogófago y La Acequia) nació la necesidad de construir la plataforma como lugar de encuentro y difusión de nuestras iniciativas para que se ampliara el uso de los blogs como forma de comunicación creativa en Burgos.

Después, nos hemos visto, de una u otra forma (fue muy importante nuestro encuentro en Mutantes. Las palabras en la red), en más o menos número, aunque el segundo encuentro oficial tuvo lugar el 23 de febrero del presente año. En esa ocasión, estuvimos 19 espacios virtuales representados, aunque no todos se integren en la Burgosfera. Allí ya nos dimos cuenta de que había que cambiar el formato de las reuniones, porque éramos, por feliz suerte, muchos y ya se ha celebrado alguna cena de grupo.

Este tercer encuentro tendrá lugar hoy y será ante una olla podrida, plato típico burgalés y apetecible cuando comienza el frío y el tiempo se torna desapacible, aunque algunos han preferido pollo de corral para evitar digestiones difíciles.

Daré cuenta, puesto que asistiré.

En la actualidad, en la plataforma hay acogidos 64 blogs, diferentes todos ellos, lo que da una idea de las posibilidades de este instrumento de comunicación.

Muchos no podrán venir y sí lo harán otros que no están acogidos a la plataforma, pero este año tiene una novedad mayor. Como las redes sociales que se han establecido en nuestros blogs se han aumentado considerablemente, se anuncia la presencia de blogueros de fuera de Burgos, que serán bien recibidos, por supuesto, siempre que hayan avisado con tiempo para comunicarlo en el restaurante.

sábado, 25 de octubre de 2008

Algunos cervantistas odian a Cervantes y Noticias de nuestro Quijote.


A lo largo de la historia del cervantismo, hay casos sorprendentes de personajillos a los que parece molestar Cervantes. Por eso, entre los estudiosos hay una línea de trabajo que insiste de continuo en los defectos de su obra o en los errores que cometió en la redacción del Quijote, casi como único argumento. Incluso hay quienes, a partir de la afirmación del propio autor que se definió como ingenio lego (ya hemos hablado de eso y volveremos a verlo), pretenden que toda su obra fue producto de la casualidad. Algunos, como Unamuno -tan grande, por otro lado-, parecen irritados por la existencia misma del Quijote antes de que ellos pudieran escribirlo.

Entre los exégetas (léase, para esto casos, ese-jetas) modernos, conozco algunos -no voy a citar nombres sin la presencia de mi abogado- que emborronan a Cervantes con saña. En algunos casos, para demostrar que sólo ellos han conseguido comprenderlo, como si todos los trabajos anteriores no sirvieran para nada o sólo fueran un prólogo de su estudio -entre el cervantismo hay una tendencia muy común a apropiarse de las ideas vertidas por tantos antes como si fueran ideas mostrencas que ni siquiera hay que agradecer-. En otros casos, porque la mera existencia de la obra cervantina invalida sus teorías, tan ocurrentes y felices, según su propia interpretación, sobre la novela moderna.

Esto se acentúa entre algunos novelistas. Entre ellos, hay muchos que posan de modernos y dicen que no han leído a Cervantes o que, si lo han leído, no les ha gustado nada y no han aprendido nada. Y luego uno va a su obra y está hinchada de cosas que inició Cervantes. Con esto, no se entienda que el Quijote deba gustar a todos, por supuesto. Por no citar algunos vivos, a los que sólo su ignorancia y soberbia y la permisividad de unos lectores sin una oportuna formación libresca permite proferir esas gracietas, hay algunos autores, como mi adorado Nabokov, que se rebelaban ante la grandeza del Quijote. Incluso el maestro Borges llegó a decir que sería mejor obra de estar redactada en inglés -lo que no refleja exactamente desprecio por una obra a la que siempre admiró, sino el cuestionamiento de la forma de escribir del barroco español.

Curiosamente, gran parte de los que le desprecian, lo hacen porque en su tiempo o en su país, el Quijote o toda la obra de Cervantes era explicada de una manera empobrecedora o manipuladora: recordemos que durante una época, el Quijote fue leído casi exclusivamente como obra de humor. Con lo que volvemos a la culpa que tienen los estudiosos, que han querido jugar con esta novela para domesticarla.

No se es mejor escritor por despreciar al Quijote, sino por establecer un juego intertextual con sus propuestas, como Cervantes lo había hecho con toda la narrativa anterior a él. Y hacerlo, claro está, de una forma que enganche al lector. Y eso lo han conseguido muy pocos.

Noticias de nuestro Quijote.

Javier sigue con su comentario en imágenes del Quijote. En su entrada sobre el capítulo XXIV propone una mirada moderna al mundo ideal del triángulo (por ahora) amoroso de Cardenio, Luscinda y Fernando. Y esa piedra, tan real y contundente, para golpear lo virtual y trasformarlo...

Manuel escribe una oportunísima entrada titulada El Quijote y Amadís, en la que nos recuerda que este año se celebra la primera publicación del Amadís conocida. Sin esta novela no existiría el Quijote, así que os recomiendo leer su entrada.

Cornelivs ha publicado una entrada excelente en la que medita sobre cómo Cervantes vuelca en la novela la experiencia de su vida, la interpretación de las dos perspectiva -ideal y real- a partir de ella y la solución final que da el autor. Muy recomendable para leerla con calma: Un loco y unos cuerdos locos.

Tila y valium para este capítulo XXIV del Quijote (primera parte) recomienda la Abejita de la Vega esta semana. En su comentario, encontraréis un buen resumen de los sucesos de estos párrafos cervantinos. Le dedica también una entrada que me ahorra trabajo futuro: A Shakespeare le gustó el loco de Cardenio y se lo quedó. En ella veréis la noticia de cómo Shakespeare se inspiró en el Quijote, libro conocido en Inglaterra desde bien pronto.

Antònia, en su entrada Money, money, comenta el capítulo XXIII. En ella, engarza el encuentro de las monedas en la maleta, en Sierra Morena, con la crisis actual de los bancos, para cerrar con la olla digital que algunos tendremos mañana. ¡Es mucho engarzar!

Juan Luis, en La primera vez que vi un muerto comenta el capítulo XIX. Y relaciona el primer muerto que nos aparece en el Quijote con el primer muerto que él vio. Lo hace en un relato denso que termina con un excelente párrafo. No os lo perdáis.

Recordad enlazar con La Acequia vuestras aportaciones para que pueda encontrarlas con más facilidad.

Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber, porque esta semana he estado fuera y he trabajado esta entrada en poco tiempo.

Vale.

viernes, 24 de octubre de 2008

El margen molesto.


Nos molesta aquel que está en el margen cuando interrumpe nuestro paso seguro en el centro mismo del mundo.

-Aparta.

Somos capaces de pisarlo. A veces, ni lo hemos visto.

jueves, 23 de octubre de 2008

Diálogo entre locos (Cap. 1.24).

Ya sabéis que esta semana no estoy aquí. Tengo el tiempo justo para publicar.
Leeré vuestros comentarios pero os responderé el fin de semana. Tampoco podré visitar, hasta entonces, vuestros blogs.
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En el capítulo anterior, tuvimos las primeras noticias de Cardenio que, en éste, nos cuenta su historia. No completa, porque don Quijote, incumple la palabra dada, interrumpe su relato y provoca un episodio violento en Cardenio que acaba golpeando al hidalgo, a su escudero y al cabrero que lo presenciaba todo.

Queda así interrumpida una nueva historia intercalada en el Quijote, que continuará más adelante, en una pirueta argumental que aumenta el interés del lector por saber cómo termina.

Cervantes, siempre atento a no repetir demasiado las estructuras usadas, introduce la historia de amores de Cardenio y Luscinda de una manera diferente a las historias anteriores, puesto que se irá engarzando (y dilatando) con otras situaciones (la imitación de Beltenebros, los hechos de la venta, la reaparición del cura y el barbero, la lectura de El curioso impertinente, etc.), hasta casi el final de la Primera Parte.

La historia de Cardenio parte de la parodia de la novela sentimental: un relato de amores contrariados que provocan en el joven la desesperación y la locura.

Cardenio y Luscinda se aman y no hay nada que impida sus amores más que la poca decisión de Cardenio, que retrasa la petición de mano oficial, que debe hacer su padre, para acudir a la llamada del noble Ricardo. En la casa de este duque conoce a su hijo menor, Fernando, un auténtico vividor enamoradizo e inconstante, que seduce a una labradora rica para olvidarla al día siguiente y acabar deseando a la amada de su amigo. Aunque las acciones de Fernando nos parezcan especialmente reprobables y contrarias, ya en su época, al código del verdadero amante, cuando lo conozcamos no podrá dejar de caernos simpático. Habilidad de Cervantes, sin duda.

Cardenio ha contado la primera parte de su historia de un tirón, sentado junto a sus oyentes en el campo: una escena típica de la literatura de amores pastoriles y, por lo tanto, estática y relatada. No vemos la acción, sino que se nos cuenta. Es decir, un tipo de narración que el Quijote supera.

Ya hemos visto que Cervantes, en el Quijote, nos ofrece un muestrario completo de tipos de narrativa, pero siempre los gira para trasformarlos, para llevarlos a un propuesta final que atenta contra las bases iniciales de la modalidad en la que se inscribe.

Aquí, el cruce de la locura de don Quijote (loco por su afán lector y enamorado de una mujer idealizada de la que no importa su existencia real) con la de Cardenio (loco por desamor de una mujer del mundo real) provocan ese giro del que hablamos en un divertido juego de espejos, paralelismos y sutiles diferencias. Su disputa, a todas luces exagerada y patológica, interrumpe el relato de los amores de Cardenio y Luscinda y nos lleva hacia otro motivo, que veremos en el próximo capítulo, y que se debe, con toda seguridad, a que el hidalgo no puede ser menos que el joven andaluz y necesita mostrar el extremo de su locura amorosa por Dulcinea. Toda una competición para demostrar quién está más loco.

Cuando se retome la historia de Cardenio, todo habrá cambiado: los sucesivos relatos irán completando el panorama en un juego de perspectivas por el que ninguna contiene todos los datos ni es totalmente verdad ni totalmente falsa, puesto que será el lector quien deba recomponer lo que ocurrió a todos los que participaban en ella a partir de los fragmentos de la narración. Y, además, el desenlace se hará delante de nuestros ojos, sin necesidad de que alguien nos lo cuente una vez pasado y saldrá de la natural evolución de los hechos.

Todo el cruce de personajes e historias que comienza aquí engrandecen aun más la novela, puesto que el autor sabe sumar géneros diferentes en un tejido compacto. Cervantes juega con el lector y con las modalidades narrativas que fusiona aquí bajo una perspectiva realista: lección de gran literatura sin bajar el interés del lector medio.

Veremos, el próximo jueves, qué pasa en el capítulo XXV.

miércoles, 22 de octubre de 2008

El deseo recordado.


Volvemos a los lugares en los que deseamos y nos sentimos deseados. El camino es azaroso y nuestros pasos torpes porque anticipamos el final o firmes y acelerados porque nuestra emoción nos engaña. Todo ha cambiado: quizá ya ni nos conozcan. La vida es así de perra si uno se agarra a la nostalgia como balsa de náufrago.

martes, 21 de octubre de 2008

La importancia de los bárbaros en el siglo XXI.


La Historia, tal y como la concebimos, es un producto occidental. Como tal, se ha explicado casi siempre como conflicto de fuerzas: culturas y naciones en combate, estamentos y clases sociales que se oponen, ideas y religiones que chocan y se enfrentan, etc. Es curioso que, excepto algunos meritorios casos, la narración de la historia a la occidental y sus raíces filosóficas y sociológicas, entiendan la vida de la especie como lucha.

El centro de toda su perspectiva era el ombligo de Occidente: el Mediterráneo, puesto que fue en él en donde se comenzó a elaborar una narración de los acontecimientos del pasado para explicar el presente con hitos cronológicos y hechos concretos que se fijaban en crónicas y monumentos.

Llegó un momento en el que este centro del mundo se desgarró y la explicación de la Historia se hizo desde un Occidente exclusivamente europeo: toda ordenación del mundo partía de sus conceptos. Todo lo que estaba fuera de sus límites era bárbaro. La misma Europa se había construido, desde los Griegos, bajo este juego: los griegos crearon el término tal y como lo conocemos, que pasó a los romanos. La romanización era, en gran medida, la conversión progresiva de los bárbaros a los valores de la civilización clásica.

Europa, y lo occidental por extensión, ha construido toda su base entorno a este concepto, que es una dualidad entre nosotros y ellos: nosotros somos los civilizados, los que damos racionalidad al mundo y ellos son los bárbaros, los que amenazan con destruir el edificio que hemos construido o están alejados de él y hay que llevárselo para que conozcan las claves de su grandeza.

Europa ha necesitado siempre enemigos que llenaran páginas de sus crónicas y, sobre todo, sirvieran como cohesión frente al que estaba más allá.

En las épocas históricas en las que el bárbaro estaba muy lejos, se podía comerciar con él sin mayores problemas y las rutas de las especies o de la seda lo atestiguan. Los comerciantes contaban luego historias maravillosas de aquellos países, que permitían soñar y fabular sin que el bárbaro llamara peligrosamente a las puertas de Roma.

Cuando la religión católica se hizo parte de la explicación europeísta del mundo, la sensación de conflicto se agravó. Por una parte, otra religión monoteísta, la musulmana, se hizo presente en el mismo ámbito mediterráneo y penetró en los extremos de la utopía europea. Europa se hizo cruzada para arrojarla de las proximidades y alejar el peligro. El bárbaro estaba ya en las puertas y se generó una relación conflictiva que ha durado hasta hoy.

Por otra, la religión contribuye y justifica a las grandes empresas colonizadoras que siguen: hay que llevarla al bárbaro lejano.

Cuando la religión pierde fuerza como motor del proyecto europeísta, con la decadencia del imperio español y la aparición de las nuevas ideas racionalistas, Europa encuentra una nueva fe que le ayuda a explicarse y a extenderse por el mundo: la fe en el progreso basado casi en exclusiva en la tecnificación del mundo, el control de la naturaleza y la vida confortable de la parte de la población del mundo que controla los medios de producción.

Europa es la civilización y, como tal, se piensa con la misión de exportar e imponer su criterio en el mundo entero. Lo que sucedió, sin embargo, es que el colonialismo derivó en neocolonialismo y en muy pocos lugares hubo una extensión verdadera de los valores propugnados por los partidarios de la occidentalización del mundo: casi siempre era la aplicación de un barniz superficial que servía, en la práctica, para saquear el mundo en busca de materias primas, mano de obra barata y mercado en el que vender los productos manufacturados.

Es decir, la extensión de Europa se hizo sin los valores europeos más elevados que la justificaban. El fracaso se vio en la mayoría de los procesos de descolonización, agravados con la división en bloques de las guerra fría.

El bárbaro quedaba ya como enemigo necesario o lugar al que explotar, con la excusa de acercarlo a Occidente: o frontera cercana que amenazaba realmente la paz europea y servía como forma de cohesión interna (el ser humano parece necesitar más una definición por lo que no es que por lo que es) o frontera lejana en la que desembarcar para imponer los valores europeos a cambio de lo necesario para seguir manteniéndolos.

En la globalización del siglo XXI, la explicación del mundo en estos términos ha demostrado ser ineficaz. Lo que sirvió para diseñar los mapas y favorecer un progreso insostenible tanto en sus pretensiones como en sus necesidades materiales ha entrado en crisis. Entre otras cosas, porque los bárbaros comienzan a tener su propia voz en la Historia, no siempre coincidente con la nuestra.

En gran medida, uno de los retos más urgentes de la época que se adivina ahora será precisamente éste, el de aceptar que el mundo no debe ser sólo europeo y que Europa debe buscar su nueva función en él.

lunes, 20 de octubre de 2008

La muerte en el mundo virtual.


Imagen tomada del perfil de Manzacosas, que él titulaba Oteando.

En los dos años en los que llevo cultivando la escritura en el blog, han sido muchos los espacios que he visto nacer y desaparecer.

Casi siempre, cuando un blog aparece en la escena virtual, lo hace con una entrada de presentación: una editorial con la que manifiesta sus intenciones y perfila sus propósitos. No es tan frecuente la despedida, pero también se hace: una entrada en la que se comunica que se deja el blog, los motivos que llevan a tomar la decisión e información de lo que sucederá después con el espacio. A veces, las despedidas son sólo temporales. En ocasiones, definitivas. En un mundo tan activo como el virtual, estas cosas pasan a diario, pero no en mayor porcentaje de lo que ocurre con las publicaciones periódicas en papel.

Hay muchas circunstancias que nos llevan a cerrar un blog: personales, de trabajo, enfermedades, cansancio o agotamiento de la idea inicial, etc. Tantas como las que nos llevaron a abrirlo.

También hay razones para decidir que el blog que se cierra desaparezca. ¿Qué se siente al pulsar la ventana con la que lo borramos definitivamente? Yo aun no puedo contestaros porque nunca lo he hecho. ¿Dónde van todas nuestras palabras, la de los comentaristas que han participado en nuestras entradas, las emociones e ideas que corrían a través de la red social que eliminamos con un pequeño gesto?

En otros muchos casos, cuando cerramos un blog, no lo hacemos desaparecer y las entradas, imágenes, ideas y sentimientos son accesibles. Si, además, hemos dejado abierta la posibilidad de publicar comentarios, alguien seguirá participando en esa red social que el autor ya ha abandonado. Es curioso: la conversación sigue viva, aunque no la consultemos ni la moderemos.

También está el caso de los blogueros a los que sorprende la muerte e interrumpen su blog sin poder despedirse ni decidir si quieren elminar o no el blog. Sucede que, casi siempre, las claves de acceso no las hemos dicho y nadie podrá decidir por nosotros. Ahí queda todo lo que hemos publicado, para que otras personas lo vean días, meses o años después. Y de una forma más viva y presente que lo escrito en un periódico o en un libro, porque ésa es una de las características más reseñables de este medio de comunicación.

El mundo virtual no es tan frío ni tan anónimo como sus detractores lo definen. Por él fluyen, todos los días, corrientes de emociones, saludos y abrazos. Y la pérdida de uno de los que participan en nuestra red social es tan dolorosa como fuera de él.

domingo, 19 de octubre de 2008

Ha muerto Manzacosas.

Hoy hemos perdido a uno de nuestros compañeros de la Burgosfera. La muerte de Miguel Ángel Manzano, Manzacosas, nos deja una extraña sensación. Su blog continuará accesible: sus palabras, sus opiniones, su elegante ironía en la denuncia, los recuerdos de un tiempo que ya no existe y su saber estar seguirán acompañándonos. Nos faltarán sus agudos comentarios en nuestros blogs, pero aun podremos leer los que nos dejó en estos meses en los que convivimos con él. Curiosamente, sus últimos comentarios nos animaban a seguir, porque se había dado cuenta de la importancia de la labor de este medio de comunicación. Debemos tomar ese aliento como su legado.

Nos ha dejado un hombre al que muchos de nosotros no conocíamos en persona, al que habíamos leído en las páginas del Diario de Burgos, pero que, para nosotros, será siempre nuestro compañero y amigo Manzacosas, certero en la crítica, cariñoso en los saludos y fiel amante de la conversación que humaniza el mundo virtual de los blogs.

Que la tierra te sea leve, compañero.

sábado, 18 de octubre de 2008

Cómo incorporarse a la locura de los jueves y noticias de nuestro Quijote.

Ya hemos comentado varias veces qué hacer si nos encontramos con esta locura de los jueves ya empezada, pero como sois muchos los que, según me consta, os habéis incorporado en estos últimos días, lo repito.

La lectura colectiva comenzó el jueves 24 de abril de este mismo año, con la entrada titulada Primera capa de la cebolla: Cervantes se presenta y nos engaña con la verdad. Una vez lanzado el guante, publiqué la Invitación a leer el Quijote unas horas después, ese mismo jueves. En ella veréis las claves, que resumo ahora.

Se trata de una lectura que no nos agobie, para que nadie pueda excusarse con la falta de tiempo. Por lo tanto, leemos un solo capítulo a la semana. Los jueves, publico aquí una entrada para orientar en la compresión y respondo a las preguntas de vuestros comentarios.

Estas entradas van acompañadas de una fotografía que intenta ser un autorretrato del lector. Las fotografías las tomo con la cámara del ordenador en el que trabajo el texto y el mismo día de su publicación. Confieso ahora que tanto el texto como estas fotografías se hacen el jueves en el que se publican, porque esta es una de las intenciones de la serie: un diario de la lectura de la novela.

Los sábados publico otra entrada con algunas aclaraciones al margen sobre cosas que han suscitado los capítulos correspondientes o que me habéis pedido, noticias diversas y, sobre todo, las referencias enlazadas de lo que han publicado varios de los blogueros que se han apuntado a esta locura. Podéis ser cualquiera de vosotros. En estas entradas, la diversidad es una de las cosas que más nos enriquecen: hay comentarios eruditos, opiniones de todo tipo, ampliaciones de cuestiones tocadas por Cervantes extraordinariamente bien documentadas, recuerdos personales, cosas que asociamos a la lectura del texto y aportaciones más creativas. Sin esto, nuestra lectura no tendría el mismo sentido porque, repito, es algo colectivo que hacemos entre todos.

En las entradas de los sábados también he publicado aportaciones -dibujos, noticias, fotografías, enlaces, etc.- que me habéis mandado al correo electrónico porque no habéis querido publicarlas en vuestros blogs o porque no tenéis un espacio virtual propio.

Podéis recuperar todas las entradas en el enlace Para una lectura de El Quijote. Si lo hacéis, recordad que se obtienen en sentido inverso a su publicación. A fecha de hoy, con ésta, son 53 las entradas publicadas.


¿Cómo podéis incorporaros?

Hay varias formas. En primer lugar, podéis leer desde el inicio y comentar en las primeras entradas. Yo responderé a vuestros comentarios y daré cuenta, en las noticias semanales, de las aportaciones en vuestros blogs.

En segundo lugar, podéis leer los 23 capítulos que ya hemos comentado -no es tanto como parece- e incorporaros a la lectura esta misma semana.

En tercer lugar, podéis leer a partir del capítulo de la semana: el Quijote permite hacerlo, sobre todo, por lo conocido de la historia.

Sé que muchos de vosotros leeis las entradas sin comentar, lo que es válido pero no se corresponde bien con las características de este medio de comunicación. Podéis seguir haciéndolo: sé que varios grupos de lectura, así como profesores de literatura española, utilizan estas entradas.

Tampoco voy a poner objeciones a aquellos que no queráis leerlo o releerlo pero intervengáis en los comentarios con el recuerdo de una lectura de hace años o sin ninguna lectura del Quijote. Esto es de todos. Y, además, teerminaréis enganchados y leyendo el texto, como les ha pasado a varios.

Por otra parte, os pido que cualquier sugerencia que mejore y amplíe esta lectura colectiva, me la hagáis saber para estudiarla.



Noticias de nuestro Quijote.


Dianna se ha sacado un guión gamberro en homenaje a esta locura. Podéis verlo en Mi loco Quijote, con perdón y cariño. No os desvelo nada, pero hay de todo, de todo... Y amenaza con continuar.


Manuel comparte una emoción al leer el Quijote. Como le he dicho en su entrada, El Quijote y mis leyendas (2), este recuerdo de sus raíces, con aportación ilustrada de su hija, nos permite calibrar una de las cosas que más me gustan de nuestra locura: además de leer cada semana un capítulo, comprobar las evocaciones y los recuerdos que suscita en cada uno de nosotros.

Alatriste ha publicado unas fotografías tomadas por un antiguo compañero suyo que dan cuenta de una exposición de pintura de hace unos años, Quijotes por la paz, del artista Aurelio Teno. Con ese motivo, en su entrada El Quijote, el arte y Teno, también reproduce una entrevista a Teno publicada en el Diario de Córdoba.

Abejita de la Vega, en El bautizo de Cervantes, publica y comenta la controvertida acta de bautismo de Cervantes en Alcalá de Henares. En El burro Guadiana y absolvamos al Quijote, comenta el capítulo XXIII y decide perdonar a Cervantes de los errores de impresión del libro, además de comentar los otros sucesos de este capítulo. En la siguiente, pregunta ¿En qué se parecen el Guadiana y el asno de Sancho Panza?. Yo ya he respondido.

Javier, en su comentario en imágenes del capítulo de esta semana, nos traslada a una de las mejores propuestas suyas en esta serie: intertextualidad, ironía, mezcla de géneros y tiempos. Una cédula antigua, una memoria virtual, una maleta con broma de piernas y un roto elegante y firmado. Cualquiera de sus propuestas da para pensar y una sonrisa.

Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo corregiré. Os recuerdo mi petición de que enlacéis vuestras entradas con La Acequia para que me sea más cómodo localizarlas.

Vale.

viernes, 17 de octubre de 2008

Vista cansada


Disolución de la mirada en fatiga y lágrima. ¿Y si al doblar la esquina ya no hubiera nada? Nada.

jueves, 16 de octubre de 2008

Un lío de imprenta del tamaño de un asno y un loco encuentra a otro loco (Cap. 1.23).

Hoy no, que me he enrollado mucho.

En este capítulo, debemos centrar nuestro comentario en dos aspectos: en primer lugar, un hecho externo a la narración que termina influyendo en ella; en segundo, la preparación de la nueva aventura que unirá los próximos capítulos.

Todo lector advierte ciertas incoherencias con respecto a la aparición y desaparición del asno de Sancho a partir del capítulo 23.

Aunque el lector de la primera edición -y de las actuales basadas en ella- aun no se encuentra con este problema, no tardará en hacerlo. Un poco más adelante leeremos, de pronto, que a Sancho le han robado su fiel rucio y que lo recupera sin que se nos haya narrado el robo. Este hecho es pronto advertido por los lectores de 1605, e incluso Lope de Vega hace escarnio del error.

Para solucionarlo, en la segunda edición, también de 1605, se introduce un breve texto -que la mayoría de los expertos piensan que es de Cervantes, aunque algunos se lo adjudican al editor- al inicio del párrafo del capítulo 23 que comienza "Así como don Quijote". En unas cincuenta líneas, se cuenta cómo, en una noche que pasan en la sierra antes de encontrarse con Cardenio -noche que no encontraréis aquí los que leáis el texto de la primera edición-, Ginés de Pasamonte roba el asno de Sancho. Tiene su lógica: el galeote necesita una forma más rápida de escapar y redondea su ingratitud con los que le liberaron robando el asno. Sin embargo, bien al editor, bien a Cervantes, se les olvidó corregir con detenimiento el resto del texto y, poco después, vuelve a afirmarse que Sancho va montado sobre su asno para que éste vuelva a desaparecer y ser encontrado sin más explicaciones y dejando al lector perplejo.

En la tercera edición, de 1608, vuelven a introducirse más modificaciones intentando aclarar el lío creado, sin corregir tampoco con cuidado todo el texto, con lo que se sigue complicando la situación.

Y, por si fuera poco, en la Segunda parte de 1615, el personaje de Sansón Carrasco alude a todas estas cuestiones criticando el descuido, a lo que responde Sancho con una historia descabellada sobre la desaparición del asno -ya lo veremos- y cuestionando la veracidad de lo narrado en la Primera parte. Es decir, en un rasgo genial de aprovechamiento de la historia editorial de su propia novela, Cervantes introduce los errores de la primera edición como parte del argumento y los utiliza para fomentar las dudas sobre la figura del narrador.

De todo ello, los cervantistas han deducido varias cosas.

En primer lugar, la premura con la que se realiza la impresión final de la primera edición: posiblemente sin la presencia del autor en los últimos momentos. Hoy en día se cree menos en la afirmación tradicional de que Cervantes era muy descuidado y no corrigió con celo su texto. Puede haber algo de eso, pero quizá todo se debió al poco tiempo en el que se realizó el trabajo final de impresión -ya hemos hablado de esta cuestión- y a que no se encontrara en Madrid.

Ahora bien, aun hay que explicar qué pasó para que se provocara esta confusión.

Según algunos, Cervantes decidió eliminar, en algún momento de la corrección del texto, todas las referencias al robo del asno. No le debía convencer cómo había quedado resuelta ni la forzada intervención de Ginés. Sin embargo, se olvidó de suprimir todos los pasajes sobre esta cuestión y el resultado fue incoherente. A mí siempre me ha parecido muy traída de los pelos esta explicación. En primer lugar, porque Cervantes necesita que Sancho no tenga su asno para que deba usar a Rocinante cuando don Quijote decide retirarse a meditar medio desnudo y haciendo cabriolas -lo veremos un poco más adelante-. En segundo lugar, porque eliminar la historia del robo del asno y no darse cuenta de todas las demás alusiones me parece mucho olvidar.

Tampoco podemos achacar los errores al impresor: son demasiado significativos. Toda la sucesión cronológica del intento de corrección en las ediciones siguientes y su explicación final en la Segunda parte, pueden aclarar, además, las fechas de redacción del texto.

Me han parecido siempre más ajustadas las explicaciones que parten de un cambio en la estructura del texto. Según éstas, Cervantes, en un momento determinado, decidió estructurar el texto por capítulos y no por partes -ya hemos mencionado aquí este asunto y la primera vez que se menciona el concepto de capítulo-, con lo que introdujo algunas modificaciones en la materia narrativa para equilibrarla ante la nueva fórmula. En consecuencia, se vio afectado el lugar de la historia que aquí comienza, la de Cardenio a la que Cervantes decidió alejar de la historia de Grisóstomo y Marcela, junto a la que se encontraría inicialmente (sería mejor decir que la historia de Grisóstomo y Marcela se anticipa varios capítulos a su lugar primero). Al modificar la narración y borrar de ella la presencia de Ginés, puesto que no debía aparecer hasta capítulos después, no percibió que quedaba sin explicar el robo del asno. Éste, según algunas interpretaciones, tuvo lugar en la noche de la estancia entre los cabreros que hemos visto capítulos atrás y no en una noche ocurrida tras la aventura de los galeotes -que sería inventada a posteriori, en la segunda edición, para solucionar el error.

Por lo tanto, lo más correcto es pensar que el cambio en la estructura y la nueva disposición de algunas de las aventuras para equilibrar el resultado, trajo consigo que algunos pasajes se trastocaran y se suprimieran a la espera de una revisión final que nunca tuvo lugar.

Así que, según la versión del Quijote que leáis, podéis encontraros con hasta tres formas -si no más, por la graciosa intervención de editores modernos que desean dar sus propias soluciones- de contar la desaparición del asno de Sancho. La mejor, sin embargo, será la del propio Cervantes en la Segunda parte. Lo veremos.

-.-

Por no alargar esta entrada, contemos, brevemente, el segundo núcleo interesante del texto: el encuentro con Cardenio.

Don Quijote, cediendo a las sugerencias de Sancho -en el fondo, sabe que es lo más sensato-, decide refugiarse en Sierra Morena para evitar a la Santa Hermandad tras la liberación de los galeotes. Allí se adentran en lugares de difícil acceso hasta hallar una maleta con un botín en escudos de los que se apropia Sancho aun a sabiendas que hace mal. La misma maleta contiene un libro con anotaciones en verso y prosa de alguien que sufre de amores. A este mismo personaje lo ven saltando de risco en risco en actitudes que desvelan ya la locura que sufre. Poco después, hallan una mula muerta que, según les explica un cabrero, es del mismo dueño de la maleta. Este cabrero les cuenta cómo este sujeto apareció en la zona seis meses antes y acabó manifestando un trastorno mental que le lleva a golpear y robar, en ocasiones, a los que por allí pasan.

Arranca aquí la historia de Cardenio: parodia de la novela sentimental, cargada de un fuerte componente teatral. Ya hemos dicho varias veces cómo en el Quijote hay un muestrario completo de casi todas las formas narrativas posibles. Faltaba ésta, que aparece aquí de la mano de un cabrero que se expresa maravillosamente -ambiente pastoril, por lo tanto, para su arranque, que lo enlazaría, en la versión primera anterior a las modificaciones, con todo el ambiente pastoril de capítulos anteriores- y en medio de una parodia de la novela caballeresca.

Un loco se encuentra con otro loco. Veremos, en el capítulo XXIV qué sucede. El próximo jueves, que esto se va alargando demasiado hoy y me temo que os he cargado de demasiadas quisicosas académicas. Perdonadme. Si no ha quedado claro, os contesto en los comentarios.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Puertas clausuradas


A mi amigo Fran, que me pidió una entrada sobre la pobreza para este día.

La pobreza es una puerta clausurada.

-No serás de los nuestros.

En la Historia medida con nuestros valores, hemos juzgado que el pobre sólo era mano de obra barata o esclavo, una necesidad incómoda de ver o el testimonio de un fracaso: cuerpo para morir o matar por nosotros y nuestro capricho. Las religiones inventaron la acogida al desvalido y la limosna para aplacar la rebeldía de su hambre. Y la danza de la muerte, para igualarlo todo: esto es la única verdad, aun sin trascendencia, puesto que no somos más que pasto de gusanos. En el paternalismo decimonónico se formuló el concepto de la pobreza digna: soy pobre, pero honrado; asumo mi condición y no molesto. Si molestas y no puedo contenerte, arrojaré migajas sobre tu mesa para que te sacies con mis sobras y te daré los domingos de descanso.

La pobreza es una forma refinada de sojuzgar al otro y echarle la culpa, con la que cargará como cadena.

La pobreza del otro es el fracaso de mi historia como ser humano: no le puedo echar la culpa a ningún otro. Soy yo el que estoy detrás de esa puerta clausurada. Soy yo el equivocado.

martes, 14 de octubre de 2008

La vida en el gueto


Hasta el siglo XX, la Historia era el relato de los grandes acontecimientos, de movimientos de masas o el nombre de los reyes y los generales. Cuando algún nombre se filtraba por las rendijas del sólido pavimento, como la hierba que agarra entre las placas de cemento, se le utilizaba como símbolo o leyenda: prototipo de algo que las grandes ideologías dictaminaban como correcto o incorrecto.

En Recuerdos enterrados, que se expone en la Sala de San Benito de Valladolid hasta el 16 de noviembre, ver las fotografías de Henryk Ross te enfrenta a la verdadera dimensión de la Historia: la gente que la padece, las vidas usadas como moneda de cambio, a las que les sobrevienen los acontecimientos y no pueden hacer más que pequeños gestos o ninguno más que dejarse llevar. Ross fue uno de los fotógrafos del Gueto de Lódz, una ficción de vida libre en medio de la demencia del nacionalsocialismo hitleriano.

Ross recibió el encargo del Consejo Hebreo de dicho Gueto de fotografiar los productos fabricados allí y su proceso de manufactura, con el intento ingenuo de convencer a las autoridades nazis de que Lódz era productivo y convenía mantenerlo.

Ross decidió fotografiar, también, la vida cotidiana de aquel gueto. En los últimos meses del gueto, se desencadenó la deportación y el asesinato masivo y el 97% de los habitantes del gueto murieron. En ese tiempo, Ross decidió enterrar los negativos de sus fotografías junto a muestras de los objetos fabricados. Fue de los pocos supervivientes y pudo volver a desenterrar aquellas imágenes. Parte de ellas, las más explícitas, sirvieron como elemento de prueba en juicios contra alguno de los criminales y como testimonio de la barbarie homicida.

Sin embargo, muchas tardaron en exhibirse: quizá porque se pensaban que no tenían valor como testimonio en los juicios, porque no probaban más que el ser humano es capaz de sobrevivir y crear relaciones y vida hasta en las peores situaciones; quizá porque había un velo de pudor en mostrar los rostros de tanta gente que murió poco tiempo después de ser tomadas; quizá porque hasta las víctimas pensaron que la Historia era otra cosa y sus imágenes tenían poca importancia.

Ésas son las que ahora se muestran.

He dedicado un largo tiempo a verlas. Jóvenes que intentan ser elegantes, parejas que se besan como siempre ha pasado, grupos que se divierten, niños que posan con una sonrisa, gente rebuscando cosas en el suelo.

Son retratos correctos, sin alardes técnicos ni condiciones de estudio. Por azar, las más artísticas son precisamente aquellas cuyos negativos sufrieron las malas condiciones en las que se conservaron y aparecen quemadas, fragmentadas: de pronto, entre la película destruida, surge un rostro que sonríe.

Gente normal que intenta hacer la vida que les dejan las alambradas y la obsesión enfermiza de algunos por dominar el mundo y hacer la Historia a su medida.

Cuando salí a la calle, di un largo paseo, sin hablar con nadie.

lunes, 13 de octubre de 2008

Segunda entrega de Cuadernos para una gótica.


A veces, en estos años interminables, me ha asaltado la desesperación. La inmortalidad no es tan bella como soñáis. Algún día te contaré mi origen y mi condición y por qué de nosotros sólo puede existir uno excepto en unas décimas de segundo. Pero esas décimas de segundo valen todos los años de soledad. Tenéis demasiadas supercherías sobre la pasión: el amor quema, destruye y crea de una forma tan extrema que ni podéis soñarla. Llega tan adentro que asfixia, te deja sin respiración y cambia cada una de las células de tu cuerpo. En ese momento, sabes que toda tu vida ha tenido una razón de ser: tu cuerpo se tensa hasta que explota y duele en el cerebro. ¡Qué suave dolor, qué muerte más bella!

Vas recuperándote mientras te notas cambiado: eres otro ya. Y adquieres esa conciencia de forma tan lenta que no sabes si todo ha pasado en minutos o años. Ya no importa: el tiempo se mide por pulsos diferentes.

Al final, puedes ver y levantarte. Yo puedo contarte lo que me dijo ella o lo que yo sentí, nada más: como tú se lo contarás al próximo. Ni siquiera sé lo que tú sentirás.

Cuando me incorporé, vi su cuerpo amado tendido en el suelo, muerto y lleno de cicatrices y desgarros. Igual que el mío, pero el mío sanó en unas horas. Ella me lo había dicho, yo lo sabía, pero no había querido creerla. Pensé que podríamos salvar nuestra tragedia. Pero no es así, no hay esperanza para nuestro amor: siempre mata. Poco antes la había tenido entre mis brazos mientras nos besábamos, ansiosos y feroces, hasta el mordisco y la sangre. Mi piel aún tenía la huella de la suya, su sabor y su olor. Qué lucha de abrazos y besos, mientras veía mis ojos reflejados en los suyos hasta abismarme. Sé que dejé de pensar para percibir cada una de sus sensaciones.
Nunca olvidaré los ojos de su cadáver, húmedos y humanos al fin. Tan hermosos que me dejaron sin aliento aunque yo ya no necesitaba respirar. Ni la sonrisa dulce de sus labios ensangrentados. Cómo la amo aún, a pesar del tiempo. Cómo la amo. No sé a los que vinieron antes que a mí, pero aquella pasión es lo que me ha empujado cada uno de los días: la he buscado en cada uno de vosotros que he desgarrado.
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©Pedro Ojeda Escudero. Cuadernos para una gótica (2008).
Todos los derechos reservados.

domingo, 12 de octubre de 2008

La perplejidad de Europa.


Una de las consecuencias de la etapa final de la modernidad fue la pérdida de peso internacional de Europa. La II Guerra Mundial trajo, como una de sus consecuencias, unos años de postguerra duros, la división de los países europeos en los dos bloques que protagonizaron la Guerra fría y la presencia militar de tropas de la nueva nación emergente, los Estados Unidos quien, además, influía en la toma de decisiones de todos los países en los que tenía influencia.

Europa, que había ejercido durante siglos la condición de protagonista (es más, toda la Historia tal y como la conocemos se explica por un cierto centrismo europeísta), perdió peso específico: la Historia ya no era europea.

Sin embargo, durante mucho tiempo, aún han regido los valores que se han dado en denominar occidentales a la hora de medir los acontecimientos. La civilización clásica -Grecia y Roma- han seguido marcando los principios por los que se valoran los hechos. Es decir, aunque Europa perdió el timón, los conceptos emanados en la Antigüedad han servido aun para diseñar el futuro, explicar el pasado y dar pasos en el presente.

A estos valores se les añadían ciertos componentes orientales de la misma manera que se ha hecho siempre y, sobre todo, en momentos de cambio y agotamiento de una época. No modifica lo dicho que se introduzcan, muchas veces como moda o mero componente decorativo, elementos culturales y espirituales del budismo o del zen, por ejemplo. O que los Beatles se refugien un tiempo en la India y contribuyan a difundir determinadas formas de vida.

En la postmodernidad, con la caída del muro de Berlín y el reforzamiento de un proyecto europeo, la Unión Europea, que tenía una mayor ambición que la Comunidad Económica Europea, a la que sustituyó, parecía indicar una cierta recuperación del europeísmo en el mundo: se integran países que, como España y Portugal, habían tenido éxito en sus transiciones democráticas; Alemania vuelve a ser un sólo país; se reajusta el mapa político de las zonas antes bajo influencia de la Unión Soviética, que, en su mayoría, cobran una mirada hacia Occidente más que hacia Oriente; Turquía busca la aproximación a parámetros más europeos y menos asiáticos, etc.

El crecimiento de la Unión Europea, sin embargo, ha traído una inevitable atomización de los centros de poder. Cada una de las grandes potencias ha buscado sus países aliados en el interior o se ha decidido a bloquear los proyectos de Constitución europea si no convenía a sus intereses nacionales.

Además, frente a las normas europeas que regulaban el comercio, la moneda y otras cuestiones de importancia general, los intereses políticos nacionales han frenado una efectiva unidad europea que facilite su presencia unitaria en el contexto internacional. Quizá sea imposible.

Lo que se ha hecho por vertebrar Europa es mucho y no sólo, como se dice, tiene carácter económico: hay una política común en torno a la educación y al medio ambiente o las infraestructuras, por ejemplo. Aunque haya problemas de adaptación en todos los países. Por otra parte, la pérdida de peso específico de estados miembros como Francia y, sobre todo, Italia, plantean serios inconvenientes.

Nos encontramos, quizá por problemas de crecimiento, con una Europa perpleja, que no se decide a tomar como bloque las riendas de su posición histórica y se ve impotente para resolver sola algunos graves conflictos que han surgido, como la Guerra en los Balcanes y los que tienen lugar continuamente en las repúblicas del área de influencia de Rusia.

A principios del siglo XXI, una de las grandes incógnitas es el futuro de Europa.

Si sigue en la perplejidad, el mundo irá cobrando otros valores diferentes a los occidentales -es decir, a los del mundo clásico- y proliferarán los conflictos.

Si sigue en la perplejidad, en el seno de la Unión Europea tomarán cada vez más fuerza las alianzas estratégicas entre diferentes países y los choques internos irán en aumento, lo que alentará a las opiniones públicas a presionar a sus políticos nacionales a buscar formas propias de gobierno. Es decir, sería una Unión Europea con, cada vez, menos Europa.

Europa tiene una misión crucial en las próximas décadas y, por ahora, ha frenado las inercias europeístas de los años ochenta y noventa (muy interesantes porque contenían gran parte de las mejores concepciones de la nueva época postmoderna, como la superación de las viejas ideologías, la unión para afrontar retos comunes, la defensa del ciudadano por encima de intereses corporativos, etc.). Estas inercias habían generado grandes esperanzas de que el mundo se rigiera por valores que tanto nos suenan: libertad, democracia, parlamentarismo, progreso, participación del ciudadano en la toma de decisiones y estado del bienestar.

En próximas entradas veremos qué queda de todo esto. Y cómo el mundo, cada vez más, se aleja de una explicación exclusivamente europea de su pasado, presente y futuro.

Homenaje a Ramón Barce


Ayer asistí al Homenaje a Ramón Barce en su 80 aniversario celebrado en Valladolid. El acto se dividía en dos partes. En la primera, Diego Fernández Magdaleno (del que ya hemos hablado aquí porque es un autor de un recomendable blog, además de excelente pianista y escritor) presentó al homenajeado y condujo sus palabras con acertadas preguntas sobre la situación de la música española en la época en la que Barce apareció en escena.

Ramón Barce, que es uno de los compositores españoles más interesantes de la segunda mitad del siglo XX, conserva una gran lucidez a sus 80 años, tal y como demuestra cada vez que habla o escribe, y repasó, con tono reivindicativo y no exento de ironía, la situación de la música contemporánea en los años 50 del siglo pasado. Un panorama nada estimulante para un joven compositor: repetición de obras de más de un siglo, escaso afán de mejora e innovación entre los compositores, dominio de la música más fácil de componer pero de menor calidad y exigencia aunque más rentable, etc.

Ésta es una batalla continua. De vez en cuando, surgen ciertos autores que proyectan la música española a niveles comparables a otros países. Así sucedió en las primeras décadas del siglo XX. Pero nunca ha sido un camino fácil. Por eso hay que apoyar actos como éste, tan poco frecuentes, en los que se defiende y difunde la música contemporánea nacional.

En esta labor resaltan los esfuerzo de Diego Fernández Magdaleno quien, en la segunda parte del acto, interpretó, con su habitual eficacia y claridad, La nave volante, una brillante pieza que se considera la obra maestra de Barce.

Hay que perseverar para que el potencial de los jóvenes compositores tenga un camino más fácil en los próximos años, comparable a lo que sucede en otros países de nuestro entorno.
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Esta noche publicaré la entrada correspondiente a la serie Pensar el mundo.

sábado, 11 de octubre de 2008

Dos años de La Acequia

Hoy, La Acequia cumple dos años.

El 11 de octubre de 2006, publiqué mi primera entrada, Incertidumbre, en la que manifestaba mi estado de ánimo al arrancar el blog.

Al día siguiente, escribía La Acequia, en la que daba la razón del título.

Ya he comentado aquí, en varias ocasiones, lo que han supuesto para mí estos dos años: estudiar desde dentro un fenómeno de tanta trascendencia en la comunicación creativa actual; dar cauce de publicación a mi escritos y fotografías casi como un diario artístico de mi día a día; opinar e intervenir en muchas cuestiones de la vida cultural, social y política; informar sobre libros, exposiciones y otras cuestiones que me parecían interesantes, etc. De parte de ello era consciente ya hace un año, cuando celebraba el primero del blog.

Pero lo que más me ha enriquecido estos dos años es participar en la red social de todos los blogs y comentaristas con los que me relaciono. Echo de menos a muchos de los que ya han desaparecido o a comentaristas que ya no dejan su huella en La Acequia, pero me alegra que no haya semana en la que alguien no se presente en este espacio de la mano de otros amigos. Son ya más de cien los blogs que enlazan con éste en un lazo de mano tendida y amistad.

Al principio no publicaba a diario, desde hace un tiempo, sí: el resultado son 625 entradas. Los comentarios que merecen entre vosotros han ido en aumento, así como el número de visitas y la posición de La Acequia en las listas de blogs más visitados y citados.

Pero lo que me interesa no es tanto la difusión del blog sino, sobre todo, la proximidad de todas estas relaciones y el intercambio de ideas, sentimientos e información: os siento muy cerca cuando escribo, cuando os leo y cuando cruzamos comentarios.

Sabéis que los cafés de La Acequia son toda institución y espero que todos los que podamos tomemos uno, con calma y conversación pausada, en cuanto las circunstancias lo favorezcan. Será la forma de demostrar que esta vida acelerada y mecanizada de principios del siglo XXI no ha podido con nosotros. Los que vivís lejos, no dejéis de avisarme cuando paséis cerca.

Desde hoy encabeza el blog una cabecera diseñada por mi amigo Blogófago que me ha hecho este regalo en el segundo año de vida de La Acequia. Sustituye a la que me regaló también Dargor, que servirá para un nuevo proyecto que estoy diseñando y espero tener disponible a partir de enero: el traslado de mi espacio virtual, dotándolo de más contenidos y actualizando las referencias y que completa lo que me propongo en este blog. Gracias a los dos.

Os presento la cabecera nueva:

Y dejo aquí constancia de mi aprecio y cariño por la que ha encabezado hasta ahora La Acequia:

Aparece Ginés de Pasamonte y Noticias de nuestro Quijote


En el capítulo de esta semana, aparece Ginés de Pasamonte entre los galeotes que libera don Quijote. No es un personaje secundario como tantos otros de la obra: reaparecerá en la Primera parte porque será quien robe el rucio a Sancho. Y en la Segunda volverá como Maese Pedro, dueño de un mono adivino y un retablo de figuras. Una constante de la obra, por lo tanto.

Tampoco es un personaje secundario más en su caracterización: es el más peligroso de los galeotes, condenado a diez años (lo que equivale, nos informa el guarda, a muerte civil por la dureza de esa estancia). Ginés ya conoce las galeras, por una anterior condena de cuatro años, y es el encargado de criticar su inactividad cuando deberían proteger a los barcos y costas españoles de los ataques de piratas y corsos (es curioso: en varios textos literarios aparece este patriotismo de los condenados a galeras), así como el que más se enfrenta a sus guardianes. Pero hay otro dato que resalta más: es autor de una autobiografía, tan buena

que mal año para Lazarillo de Tormes y para todos cuantos de aquel género se han escrito o escribieren. Lo que le sé decir a voacé es que trata verdades, y que son verdades tan lindas y tan donosas que no pueden haber mentiras que se le igualen

Es decir, una autobiografía real, no como el Lazarillo o las novelas picarescas.

Se ha conjeturado que este Ginés de Pasamonte era Jerónimo de Pasamonte, soldado y contemporáneo de Cervantes cuyas vidas tienen varios puntos en común interesantes. Algunos han teorizado que se conocieron y que hubo algún tipo de enfrentamiento entre ellos que hizo que Cervantes lo convirtiera en este personaje literario sin molestarse demasiado en ocultar el modelo. Otros, aluden a que Cervantes, al leer el texto de Pasamonte, se sintió indignado porque lo consideró exagerado y ofensivo contra los que tuvieron un comportamiento heroico en Lepanto, al adjudicarse méritos y actitud heroica que no le correspondían. Su obra, Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte es una lectura muy interesante que os invito a hacer.

Todo esto hizo sospechar a uno de nuestros mejores cervantistas, Martín de Riquer, que la continuación no cervantina de la obra que se publicó bajo el pseudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda en 1614 era, en realidad, de Jerónimo de Pasamonte, quien continuaría la Primera parte como venganza contra Cervantes, al haberse sentido maltratado como Ginés -al que, además de condenado, se insulta y moteja en el texto para terminar haciéndole ladrón de un asno-. Pero de esto ya hablaremos cuando toque.

Noticias de nuestro Quijote.

Antònia, en No es yelmo todo lo que reluce, comenta el capítulo XXI y señala cómo no todo es lo que parece. Me gusta el final de su argumentación y cómo a veces basta con aparentar ser lo que no se es. Luego, la princesa se despierta del sueño...

Antònia también comenta el capítulo XXII en Nunca llueve a gusto de todos. El centro de su entrada son dos cuestiones del capítulo: el debate sobre la prostitución, su necesidad y regulación, aun vivo; y la polémica sobre las condenas, la tortura y el exceso de las penas, muy presente en este capítulo. Aporta información también sobre el festival cervantino de Guanajuato. Muy interesante esta entrada suya.

La Abejita de la Vega ha publicado varias entradas sobre el yelmo y los barberos en el blog La Arañita Campeña: ¿Yelmo o bacía? trata de este objeto tan simbólico imaginándose un niño Miguel contemplando el mundo que acudía a la barbería de su padre y viéndolo entrar, en un día de lluvia, con la bacía en la cabeza. ¡A principios del siglo XX existían, en Burgos, barberos-cirujanos como los que aparecen en el Quijote! consigue, a través de un cariñoso recuerdo familiar, recordarnos que esta figura no desapareció hasta hace menos de un siglo. Allí encontraréis también la continuación de la divertida historia de un Sanchico del siglo XX. Y un debate nuclear quijotesco: Don Protón de la Mancha.

Euphorbia comenta el capítulo XX en Observando la naturaleza. Añade un elemento muy presente en el texto. Centrándose en varias apreciaciones de Sancho, nos da cuenta de la importancia de la cultura popular reflejada en la obra y condensada en frases y refranes. Con la desaparición de estos conocimientos hemos perdido demasiado.

Manuel, en El Quijote y la paradoja, propone unos puntos de gran interés para fijarnos en el uso de lo paradójico en la novela, centrándose en la cuestión de los galeotes. En efecto, como le he dicho en un comentario, este aspecto es el más barroco de la obra y, para una lectura tan directa como estamos hoy acostumbrados, alejada de nuestro gusto medio. Este virtuosismo es lo que más ha envejecido en la obra. Aunque a mí me hace disfrutar por la utilización del equívoco lingüístico, un recurso muy teatral, por otra parte.

No os perdáis el comentario en imágenes del capítulo de esta semana por Javier G. Riobò: era un reto difícil del que nos saca, con maestría, un misterioso Ginés y una ironía sobre galeotes atados por los aros de la fortuna...


Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y corregiré la omisión. Recordad enlazar con La Acequia vuestras aportaciones, para poder encontrarlas más fácilmente y poder redactar con más comodidad mis Noticias semanales.

Vale.