lunes, 24 de febrero de 2025

La flor del almendro

 


¿Dónde estaba yo si ya los almendros han florecido hace unos días, si anuncian la primavera con la incertidumbre de lo delicado y la sorpresa del que va encogido a sus cosas y se encuentra, de pronto, con la blancura del renuevo? ¿He olvidado ya aquel primer beso debajo de un almendro florecido? ¿La belleza de lo que es cotidiano, la infancia de juegos junto a aquella fila de almendros casi centenarios, las rodillas heridas por la corteza al trepar por su tronco? ¿La levedad del tiempo inevitable?

(Desde el 2008 persigo la floración de los almendros -en realidad desde que me besaron debajo de uno en medio de una espiral de hormigas aladas-, puedes verlo pinchando en este enlace. Recuerda que las entradas se recuperan en orden inverso a su publicación.)

martes, 18 de febrero de 2025

Ángeles

 


Frente al ángel me pregunto si ya fue el fin del mundo y solo somos sueño del vaho de un dios.

No hay que temer el final, solo a la fanfarria con la que se anuncia.

Los que no tenemos religión buscamos al ser humano en sus huellas.

Hubo un tiempo en el que los ángeles se enredaban en las ramas desnudas de lo árboles. Era invierno y la cencellada cubría el campo. Al retirarse la niebla, todo era cristales del polvo de sus alas.

Te abracé muy fuerte cuando sentí el paso del ángel por el balcón abierto.

A veces me imagino a los ángeles como las miradas perdidas en un mundo sin dioses.

lunes, 17 de febrero de 2025

Presente exacto

 


Qué alto todo, sin nada,
al aire libre, 
como las águilas.
antes que el zorzal trine.

En lo alto del páramo azota el viento, pero hay que subir aquí arriba. El horizonte está más lejos que en el valle, pero qué hermoso.

Serpentea abajo el río antes de ir a morir, que es la vida.

En estas parameras no estuvo nunca el edén, ni hacía falta. Es mejor vivir sin un lugar del que te expulsa las ganas de ser. Aquí, la frontera es la piel y, si alargas la mano, tocas el tiempo pasado y el tiempo futuro. Presente exacto.

domingo, 16 de febrero de 2025

Detenerse

 


Hoy ha caído un golpe de agua. No estaba previsto, pero ha llovido durante unos minutos y el día se ha puesto lánguido. Atardece ahora, eso sí estaba previsto, justo un poco antes de la siete. Así todo.

Por aquí, la primavera tarda, como decía Antonio Machado cuando miraba hacia estas tierras desde Baeza. Tarda, pero llega. Llegará pronto, algo intuyen ya las aves, que andan con jolgorio al amanecer. También los corzos, que se dejan ver cerca de las matas de árboles. Los miro, sorprendido, desde el tren, en grupos de seis o de ocho ejemplares: se acercan a las tierras cultivadas a tiro de piedra de los chopos, los álamos, las encinas. Entre el río y la vía del tren. Ni siquiera levantan la cabeza para mirarme mirarlos desde el tren de alta velocidad. A saber qué animal raro piensan que es y para qué va tan deprisa.

Esto de contemplar cómo pasa el tiempo es un sano ejercicio para el que hay que detenerse.

viernes, 14 de febrero de 2025

Cerezas en febrero

 


Alguien ha llenado el barrio de mariposas. Mariposas de papel blanco y fino, recortadas. Están en las aceras, en los alcorques, en la hierba de los jardines, sobre los bancos de madera. Mariposas delicadas que desaparecerán en unos días. Sonriendo, he recogido algunas y las he cargado en mis manos, tan leves son que apenas parecía que cargara el aire que mueven sus alas. Recordándolas ahora, me parecen producto de un sueño o de una alucinación. Quizá cuando baje a la calle mañana ya hayan marchado hacia tierras más cálidas.

En la frutería que regenta el peruano, la frutería mejor ordenada y limpia que he visto jamás, he comprado cerezas. Sé que no son de aquí -hay que esperar a mayo-, pero ya están aquí aunque no deberían estar aquí, así que ya son de aquí, no de este país, de mi barrio. Son cerezas dulces y carnosas -a mí me gustan más con un punto de acidez, tirando a guindas-. He comprado medio quilo, para quitarme el ansión que me han provocado. Al ponerlas en un plato he sentido que en algún sitio del mundo ya es primavera avanzada y que pronto llegará el verano. Es el sabor que he recibido al comerme el primer puñado.

No he podido tomarme el café en el bar de la esquina. Ha cerrado. La puerta está cubierta de hojas de periódico y un cartel escrito a mano pide disculpas. No se despiden para siempre, pero yo sé que si vuelve a abrir será con otra gerencia. Me he sentido huérfano y no he podido dejar de pensar en quienes lo llevaban hasta ahora. Como a esas personas que han sido importantes en un momento de tu vida y se marchan en silencio, les he deseado suerte en la vida.

viernes, 7 de febrero de 2025

"Valladolid apaisado. Paisajes urbanos de antaño y hogaño". Tintas de Pascual Aranda y textos de Antonio Corral Castanedo y otros autores

 




La verdadera existencia de las ciudades se conecta con la memoria de quienes la habitan o la sueñan y con la manera en la que la comunican. Al pasear cualquier ciudad, la imaginamos. Esto sucede incluso al consultar las herramientas más modernas que nos permiten visitarlas y recorrerlas metro a metro desde su digitalización con un satélite o con una cámara situada en el techo de un automóvil. De hecho, si buscamos las imágenes pasadas levantadas por estas herramientas informáticas de última generación, encontramos personas que ya han fallecido o se han mudado a otra ciudad, comercios que cerraron, edificios que fueron derribados hace años o a nosotros mismos hace unos años. En cualquier momento en el que pisemos una calle o una plaza, están todos los momentos anteriores desde su fundación -incluso antes, desde el territorio previo sin urbanizar-, pero también los momentos futuros. Y con el tiempo, las personas que la habitaron o visitaron, que nacieron, vivieron, sufrieron, gozaron y murieron en ese espacio. Personas que en su mayoría no han dejado ni el rastro de su nombre.

Las ciudades son el testimonio de todos aquellos que la comunicaron o la soñaron. Soy aficionado a contemplar absorto los planos antiguos de las ciudades que significan algo para mí, las ilustraciones antiguas que se publicaron con vistas generales o particulares. También las fotografías antiguas y el testimonio de personas que fijaron su impresión sobre ellas en escritos diversos. Por supuesto, también los proyectos de crecimiento y mejora, incluso los que no llegaron a realizarse. Todo eso es una ciudad.

Algo de todo esto encontrará quien visite la exposición Valladolid apaisado. Paisajes urbanos de antaño y hogaño que se muestra en la sala de exposiciones de la Casa Revilla de Valladolid hasta el próximo 20 de abril. Con el punto de partida de homenajear la memoria de Antonio Corral Castanedo (1932-2005) con motivo de cumplirse el 20 aniversario de su fallecimiento, esta exposición, organizada por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid y el programa Valladolid Letraherido, acoge un nutrido grupo de tintas del artista Pascual Aranda (Valladolid, 1949) acompañadas de una selección de textos del escritor, crítico de arte, columnista  y académico de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, a las que se suman otros nombres (Francisco Javier Martín Abril, Pedro Ojeda, Narciso Alonso Cortés, Félix Antonio González, Francisco Pino, Jorge Guillén, Miguel Delibes, Damasio Frías, José Delfín Val, José María Luelmo, José Zorrilla, etc.). Todo ello recogido en un magnífico catálogo que cuenta con un prólogo de Paz Altés. Dado el número de tintas, la exposición tendrá, como segunda sede, la SALA NAC de la Casa de Zorrilla.

Pascual Aranda es un artista plástico de larga trayectoria, premios y éxitos, que ha tenido como tema recurrente la ciudad de Valladolid. Para esta exposición parte de los trabajos que realizó durante la pandemia de 2020, en los que utilizó un papel de calidad y tamaño apaisado, lo que da pie al título de la muestra. Se inspiró en sus apuntes en la ciudad, pero también en fotografías y planos antiguos. El resultado es una mirada a la ciudad más allá de la perspectiva y de la técnica, ambas muy personales y características de su estilo. A veces es la realidad la que se impone, pero en la mayor parte de las ocasiones responde a la mirada personal del pintor: la ciudad imaginada, querida o soñada. De las tintas nace una ciudad que es y no es la que podemos ver al pasearla: está el presente y el pasado desde ángulos posibles e imposibles. De la contemplación de los cuadros y su diálogo con los textos, el visitante recibe la imagen de la memoria de la ciudad: lo que fue y lo que es, lo que pudo ser y lo que pudo imaginarse. Sobre todo esto manda el artista, que nos trasmite su ciudad, su memoria de la ciudad, una memoria llena de nostalgia y melancolía, pero también la trasmisión de una ciudad amable, a la altura de los seres humanos que la han habitado y la habiten. Cuando se sale de la muestra, se es más consciente de que en cualquiera de las calles vistas está el tiempo y el espacio, pero sobre todo, la mirada de quienes trasmiten la memoria de la ciudad.

lunes, 3 de febrero de 2025

De la realidad y la IA

 


Hoy he mantenido un encuentro con un club de lectura de estudiantes de español que coordina un antiguo alumno mío para una universidad norteamericana. De su mano, es el segundo grupo que se aventura en el Quijote de Miguel de Cervantes y me gusta colaborar con su proyecto. Él fue un buen estudiante y ahora es un buen profesional. En el grupo había alumnos residentes en China, Europa, Estados Unidos... Comienzan ahora. Para invitarles a leer la obra les he hablado de todos los elementos que pueden atraparles, pero sobre todo de dos. En primer lugar, en el Quijote encontrarán la novela más completa técnicamente resuelta con "aparente" descuido y, para ello, les he pedido que presten atención a la destrucción violenta de la figura del narrador omnisciente que Cervantes lleva a su máxima expresión a partir de la lección del Lazarillo. Por unas u otras razones, en la novela no existe ningún narrador completamente fiable, absolutamente ninguno, lo que obliga al lector a participar en la construcción de la historia desde la primera frase del prólogo, en la que Cervantes lo apela. En segundo lugar, tanto en esa cuestión estructural del narrador como en muchos episodios argumentales, la comprensión de la realidad solo existe con el otro. Toda la novela, en el fondo, es eso: solo podemos afrontar la realidad desde la suma de perspectivas, ninguna predomina sobre la otra. Y en esas estamos en el mundo ahora mismo, volver a comprender que a la realidad solo se sale aceptando al otro y sus imperfecciones, tantas como las nuestras y que solo así podremos afrontarla, acompañados.

Luego me he entretenido jugando con uno de los programas de inteligencia artificial de moda. Con unas palabras y conceptos claves le he pedido que me construyera un poema. En cuestión de décimas de segundo me devolvió un poema al estilo de los que se escriben ahora. Cambié los conceptos y puse unos reivindicativos y antisistema y tardó lo mismo en devolverme otro. Asombrosamente perfectos ambos, tal y como los escribiría cualquier poeta de los tantos que abundan hoy. De hecho, ambos poemas -el sentimental y el reivindicativo- podría adjudicárselos a un puñado de poetas que conozco sin dificultad alguna y pasarían un filtro de lectura de sus seguidores sin problema alguno. Me ocurrió lo mismo cuando le sugerí construir un poema "arriesgado", como le dicen algunos, por ir contra el sistema y contra la gramática y salió más que aceptable. Luego le pedí, con los mismos conceptos, que me escribiera los poemas en endecasílabos. Los dos textos que me devolvió estaban llenos de carencias. Mientras que los primeros eran aceptables, estos segundos resultaban falsos y era fácil comprender las dificultades de la redacción, como los de un mal aprendiz. El primer "endecasílabo" tenía doce sílabas. Le pedí que lo corrigiera y consiguió un verso de once, facilón en la expresión, pero sin acento en sexta. Se lo dije. Me pidió perdón y lo volvió a intentar. El nuevo verso tampoco tenía acento en sexta y se lo volví a decir. Se volvió a disculpar y generó un nuevo intento en el que consiguió formalmente un endecasílabo, pero sin verdadera poesía dentro. Pasé al segundo "endecasílabo", en el que ocurría lo mismo y, en esta ocasión, tardó un intento más. El tercer endecasílabo se le atragantó y no llegó a conseguir ni siquiera la forma tras varios intentos -quizá porque se empeñaba en seguir la sintaxis de los dos anteriores-. Le dije que lo dejara por imposible y se disculpó amablemente por sus errores. Y así me quedé pensando, en cómo estos programas son capaces de producir textos a la moda, sea cual sea su temática, con perfección absoluta -y absolutamente convencionales y previsibles, como se escribe hoy-, pero encallan a la hora de llenar de verdadera poesía y creatividad un verso medido. Por ahora.

sábado, 1 de febrero de 2025

Porque todo es así y todo pasa

 


Estas tierras que fueron de tantos otros antes,
de nadie al fin, pero huellas de todos,
de mí mismo ahora, que voy de paso
de la nada a la nada, dejándome
en cada roce del viento que azota el valle,
dejándome al paso en el roce
en la espina del cardo seco
que orgulloso se yergue en la cuneta,
dejándome en el aliento lo que creía ser,
porque todo es así y todo pasa
y lo último sucede en la mirada
como si todo mar llegara al páramo
para hacer del olvido un territorio.

© Pedro Ojeda Escudero, Del desconsuelo, 2025.

viernes, 31 de enero de 2025

No termina de pasar el tren

 


Veo pasar un tren cargado de automóviles recién salidos de la fábrica. En sentido inverso, otro tren de mercancías. Hay un ritmo en el lento encuentro, tac tac. Una base musical sobre la que construir una vida. ¿La de quienes ocuparán esos automóviles dentro de unos días? Quizá solo la mía, mientras los observo pasar.

Una de las cosas más llamativas en los últimos tiempos es la pérdida de la urbanidad. En todos los ámbitos: en el trato personal, en la literatura, en la política. Una cosa debería ser no caer en la trampa social de los convencionalismos y otra la pérdida de la cortesía. No nos damos cuenta de que al soltar las furias ya no las dominamos y se nos pueden volver en contra. Me sorprende la ingenuidad de algunos que utilizaron la actitud bronca para hacerse un hueco y ahora se sorprendan de que se les responda de la misma manera, como si tuvieran el patrimonio de la falta de respeto. También de aquellos que pensaron que se comprendería su teatrillo, que era todo ficción. También me sorprenden mucho los que aplauden al que tiene como armas la bronca y el mal gesto, el acoso y la mentira. A la bicha no se la controla. Si uno grita otro grita más.

En el arte, el grito siempre ha sido una herramienta: de compromiso, de desesperación, comercial. Usada en su medida es magnífica. Como ahora gritan todos, si todos gritan, nadie grita. Como ahora todos gritan, lo más revolucionario es bajar la voz. El grito ya no es un mensaje ni trasmite mensaje. En el ruido no hay nada.

No termina de pasar el tren, tac tac.

martes, 28 de enero de 2025

Lo bien hecho bien parece

 


La faena le duró un buen ratillo. Después, dio un paso atrás y sonrió. Había conseguido unir materiales tan diferentes para que aguantaran un tiempo más. Suficiente. Sacó la cajetilla de tabaco, dio un par de golpes en la mano izquierda para que asomaran un par de pitillos y se encendió uno. Mañana será otro día, se dijo. Así todo en su vida. Se encogió de hombros. Poco más se podía decir de las cosas nuevas. Miró sus manos, recogió en la caja el martillo y los clavos sobrantes. Siempre se necesitarán para otro apaño. A comer ya, es hora.

lunes, 27 de enero de 2025

La lluvia, conflicto constante

 


Marca la lluvia
el conflicto constante
en el cristal.

Circunstancias del calendario. Hoy, decenas de miles de palestinos desplazados por la guerra en Gaza, regresan a su casa tras el alto el fuego: a pie, la mayoría. Quieren comprobar si aún tiene paredes. Muchos de ellos solo quieren reencontrarse con los seres queridos, de los que hace meses que no saben nada. Muchos habrán muerto, todos tendrán cicatrices. En realidad, no quieren regresar a su casa, sino al hogar. En la televisión, imágenes de la conmemoración de la liberación del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz hace ochenta años. Se recuperan las imágenes de aquel crimen contra la humanidad que algunos quieren negar, como si no hubiera existido. Pocas cosas peores que ver al otro desprovisto de su condición humana.

Herminia es la profunda borrasca que nos azota estos días. Hace honor a la etimología de su nombre. Llueve y la lluvia deja rítmicas notas líquidas sobre el cristal de la ventana mientras escribo.