miércoles, 4 de marzo de 2015

Un año electoral muy largo


Una de las cosas que deberemos padecer los españoles durante este año electoral que ya se está haciendo largo es lo claro que ven los políticos de cualquier signo las soluciones a los problemas. Casi dan ganas de brincar a 2016 para que vean los problemas antes que las soluciones.

martes, 3 de marzo de 2015

Paseo en una tarde de finales del invierno


Hoy en Burgos la tarde invitaba al paseo. Sin prisas, bajo este sol de finales de invierno que dulcifica de yemas las ramas de los árboles, delicadas telas que anuncian la primavera próxima. Como cuando el tiempo lo marcaba el ritmo del sol y la compañía de las personas y sus palabras y no el acerado frío de los relojes.

lunes, 2 de marzo de 2015

Belle de jour (con Cincuenta sombras de Grey)


En el canal de televisión TCM repusieron en la noche del domingo Belle de jour, la película francesa de Luis Buñuel estrenada en 1967 con Catherine Deneuve como protagonista. Como estos días se exhibe en las salas de cine de todo el mundo Cincuenta sombras de Grey, dirigida por Sam Taylor-Wood, la comparación inicial entre ambas ha sido una tentación a la que no he querido resistirme. Sobre todo porque hacía por lo menos veinte años desde mi último acercamiento a la película de Buñuel.

Las dos películas parten de la adaptación de novelas previas (la primera publicada en 1928 por Joseph Kessel, la segunda en 2011 por E.L. James), ambas tratan directamente la iniciación en una sexualidad no convencional de las protagonistas y ambas han obtenido éxito en la taquilla con un público mayoritariamente femenino. A diferencia de la novela de Kessel -conocida pero que no supuso un gran éxito editorial-, la de E.L. James sí fue un éxito de ventas y ha generado una gran polémica tanto por su escasa calidad literaria, su nula originalidad (se trataría de una adaptación directamente erótica de la saga Crepúsculo, además de recoger y mal mucho material de acarreo de los relatos galantes, eróticos o pornográficos) como por el oportunismo y ciertos componentes de mercado que hacen de ella un producto comercial antes que artístico. Hay que reconocer, de todas las formas, que ha dado resultado: se ha leído mucho, ha generado un interés por ciertas prácticas sexuales como si estas acabaran de inventarse y ha puesto de relieve, de nuevo, que hay un público -mayoritariamente femenino, según parece- necesitado de hablar directamente de sus fantasías sexuales de una forma que no sea ni demasiado escandalosa ni demasiado pornográfica o, al menos, de verlas reflejadas por escrito o en una película para comentarlas luego en las reuniones de los cafés o de los salones de los hogares. Y todo ello es un negocio seguro para quien hábilmente sabe manejar toda esta realidad sociológica. Si al menos sirve para que algunas personas vean la expresión de la sexualidad sin temor, bienvenido sea, pero no deberíamos confundir más las cosas.

Belle de jour fue la película con mayor éxito comercial de Luis Buñuel y él mismo se interesó por las razones. Y alguna de las que le dieron coinciden con lo anteriormente dicho: en 1967 había un público femenino que quería ver en la pantalla del cine una parte de sus fantasías y poder comentarlas de forma explícita sin avergonzarse por ello. Buñuel no era estúpido y algo de eso podía intuir cuando aceptó el encargo de adaptar la novela de Kessel aunque bajo sus condiciones para jugar en una línea entre lo comercial y toda su línea artística enraizada en el surrealismo y la denuncia de la sociedad burguesa. Uno parece estar preparado para que esto fuera así en 1967 pero no en la actualidad, cuando la libertad sexual y el acceso a todo tipo de material que explícitamente la plantea es tan fácil en el mundo occidental. Pero si el fenómeno ha sido tan internacional y ha provocado tanto revuelo y ha hecho ganar tanto dinero a sus promotores es que todavía hay muchas fantasías sexuales no confesadas o no practicadas más por falta de oportunidad que de ganas. Por otra parte, vivimos en un mundo tan erotizado con fines comerciales que este fenómeno irá en crecimiento exponencial en los próximos años: hay mucho dinero en juego.

Sin embargo, aunque Belle de jour y Cincuenta sombras de Grey faciliten esta comparación a pesar de las décadas que separan una de otra, las similitudes acaban ahí. La película de Buñuel es una obra maestra del cine y la novela de Kessel se deja leer con cierto interés a pesar de los muchos años que han pasado por ella y ni la novela de E.L. James ni su adaptación cinematográfica resisten comparación alguna. Buñuel fue un pionero en el cine a la hora de introducir la sexualidad y el erotismo como una parte sustancial de su denuncia de la hipocresía de la sociedad burguesa: La edad de oro habla por sí sola. De hecho, cuando Buñuel procede a trabajar el guion con el que adapta la novela de partida introduce en el argumento inicial todo ese mundo propio. No se puede comprender del todo Belle de jour sin haber visto previamente La edad de oro, a la que se remite en varias ocasiones. Algo singular que definitivamente aparta un ejemplo de otro: mientras que en Cincuenta sombras de Grey la protagonista necesita de un hombre que la inicie en la sexualidad fantaseada, en Belle de jour es la propia mujer quien decide hacerlo libremente y sin ningún condicionamiento romántico.

Belle de jour nos cuenta la historia de Séverine, una mujer de la burguesía acomodada que es incapaz de mantener relaciones sexuales con su marido -un médico de prestigio- mientras tiene continuamente sueños en los que disfruta siendo maltratada y violada. Estas fantasías la llevan a la prostitución para intentar conseguir placer y adentrarse en un mundo social muy diferente al suyo, en el que tiene experiencias diversas pero siempre relacionadas con el sadomasoquismo y otras prácticas no convencionales.

Buñuel crea su obra maestra a partir de la confrontación inicial entre estos dos mundos de la protagonista. En el real todo es frío y convencional -un precedente directo imitado o mejor, homenajeado, por Stanley Kubrick en Eyes Wide Shut (1999) con Tom Cruise y Nicole Kidman-, los actores trabajan con una contención que raya en la inexpresividad, los colores son fríos para reflejar el otoño del paisaje y simbólico del París por el que pasean. En el mundo de los sueños todo tiene fuerza y violencia y sorprende por los giros, como la escena campestre con los toros. También se juega con los recuerdos de la protagonista, en los que se nos dará las razones de sus traumas. En el prostíbulo irán juntándose ambos mundos, sobre todo a partir de la aparición del personaje del murciano interpretado por Paco Rabal (qué magnífica ruptura del tiempo narrativo oírlo cantar flamenco en una taberna parisina) y su joven aprendiz de criminal. En el prostíbulo aparecen las mejores apuestas de Buñuel: la experimentación con los sonidos, la caja de la que ignoraremos el contenido, etc. Continuará mezclándose hasta el final, cuando también se desordena el espacio y el espectador ya no sabe si está en la realidad o todo ha sido un sueño de la protagonista. Buñuel nos deja un final abierto que rompe cualquier explicación lógica porque lo que a él le interesaba era precisamente eso, la ruptura de las convenciones sociales burguesas que impiden el desarrollo de la plena sexualidad de los personajes.

Pues eso, lo que va de una obra maestra a un aprovechamiento comercial de un tema del que si no estamos saturados es porque todavía hay un buen componente de hipocresía educacional en el mundo a la hora de vivir plena y libremente la sexualidad. El día en el que una cosa como Cincuenta sombras de Grey deje de ser un fenómeno social, aún revisitaremos Belle de jour por su calidad artística.

domingo, 1 de marzo de 2015

El grito en el cielo de La Zaranda


El pasado día 7 de febrero asistí, en el LAVA de Valladolid, a la representación de El grito en el cielo, la última propuesta de La Zaranda, teatro inestable de Andalucía la Baja cuyos componentes han querido dedicar al recientemente fallecido Juan Sánchez, mejor dicho, Juan de la Zaranda. La compañía, que va camino de cumplir cuarenta años (se fundó en 1978), ha consolidado un propio lenguaje estético que aún guarda mucho de lo que supuso el nacimiento del Teatro Independiente en España a finales del franquismo. Es reconocible esta fidelidad no negada a sus inicios, como es también reconocible la capacidad constante de experimentación a partir de esa esencia e impulso, que no traicionan. El teatro, para La Zaranda, es un camino de creación colectiva en la que también se integra al público, que siempre sale de sus espectáculos con el murmullo de las preguntas no respondidas al ser interpelado directamente por lo que ha visto en la función, una construcción en permanente provisionalidad -de ahí que conserven la calificación de inestable para su propia compañía-, tanto en su estética como en la fragmentariedad de sus obras, en la que no solo es lícito sino necesario jugar intertextualmente con sus propuestas anteriores porque todas ellas son parte de un mismo camino en el arte. De ahí que asistir a una obra de La Zaranda es asistir también, en buena medida, a todas las anteriores o, por lo menos, a buena parte de ellas. En esta ocasión, explícitamente, porque El grito en el cielo se propone hermanada a su obra anterior, El régimen del pienso, también comentada aquí y con ella comparte la visión del absurdo del mundo, la denuncia de la estructura kafkiana del poder y la sociedad, la necesidad del despertar individual y colectivo frente a lo establecido, la propuesta de una escenografía mínima y unos movimientos torpes de los personajes en su lucha con los objetos, un cierto sentido carnavalesco en el humor incluso en los momentos más trágicos, etc. Y el excepcional uso de la música (aquí, por ejemplo, sobrecoge el Tanhaüser deWagner pero también su mezcla con los mambos de Pérez Prado).

La obra nació como propuesta de Ensayo abierto el pasado mes de agosto en residencia artística en la Bienal de Venecia y fue estrenada el 8 de noviembre en el Temporada Alta Festival de Tardor de Catalunya. Desde entonces se encuentra en gira exitosa por toda España y en este mes de marzo recalará en el Teatro Principal de Burgos. A partir del texto inicial de Eusebio Calonge y la dirección escénica de Paco de la Zaranda cuenta con Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y Francisco Sánchez, a los que se suman en esta ocasión Celia Bermejo y Iosune Onraita. Como es habitual en esta compañía, el intenso sentido colectivo del trabajo actoral impide resaltar a unos por encima de otros porque todos ellos responden escrupulosamente a lo buscado.

El grito en el cielo tiene mucho de auto sacramental, una sensación que se agudiza en el final abierto que puede interpretarse de varias maneras pero también como encuentro con una trascendencia más allá de la muerte a partir del despertar de la voluntad y un esfuerzo colectivo de búsqueda. De la misma manera este final podría interpretarse, con los mismos argumentos, como un autoengaño de trascendencia a partir de esa misma búsqueda colectiva. Porque lo importante de El grito en el cielo no es su final, por mucho que los espectadores busquen su propio sosiego o inquietud en él, sino todo lo que nos lleva a él. De hecho, el espectador sale con más preguntas que respuestas de esta función.

El grito en el cielo se ambienta en un geriátrico. Un grupo de ancianos espera la muerte entre terapias que los infantilizan intentando conservarlos activos y fármacos que calman sus dolores físicos y los anestesian de sus preocupaciones anímicas. Cada uno de ellos reacciona de una manera ante estas terapias pero cuando comienzan a cuestionarse su mansedumbre ante las mismas se despierta un sentido individual pero también colectivo de búsqueda de su voluntad a la hora de decidir ese último trayecto de sus biografías. Saltan, entonces, a una especie de rebeldía que consiste, precisamente, en huir de lo marcado por los protocolos médicos. Esta rebeldía viene subrayada por su forma de apropiarse del poema de Lorca con el que les habían propuesto un juego de memoria y que en la obra marca todo la oscuridad dramática de este trayecto y la intencionada ambigüedad del mensaje: "(Luchando bajo el peso de la sombra),/ un manantial cantaba./ Yo me acerqué para escuchar su canto,/ (pero mi corazón no entiende nada)./ Era un brotar de estrellas invisibles (...)". A partir de ese despertar de la voluntad propia solo cabe aceptar conscientemente la muerte como destino final inevitable pero el trayecto hasta ese momento último es lo que importa, cómo llevarlo a cabo, bien anestesiados por los protocolos sociales del geriátrico bien asumiendo los pasos que encaminan a los personajes hacia ese lugar del que habla el poema lorquiano: en eso, en definitiva, consiste la más alta esencia de la vida por mucho que nuestra sociedad haya alejado de sus preocupaciones habituales la muerte. Y la forma de escapar de estos personajes por el único lugar en el que su propia muerte es segura ayuda a dotar de sentido todo lo que aparecía inicialmente como fragmentario.

sábado, 28 de febrero de 2015

Leves caricias que la piel guarda


Cada vez me gustan más los silencios entre las palabras. Nos empeñamos en dejar mensajes para que nos recuerden, pero mis mejores recuerdos son apenas emociones escritas en el agua, un puñado de miradas y leves caricias que la piel guarda.

viernes, 27 de febrero de 2015

Tavira, desde el puente.


Sobre el río Gilão las nubes se detuvieron para dar pausa a mi fiebre. Tavira aparecía así en un extraño murmullo, como si toda la historia de este lugar hablara en voz baja. En el antiguo Mercado presentaban la temporada del equipo ciclista que lleva el nombre de la ciudad y en la Iglesia de Santa Maria do Castelo solo un puñado de turistas daban vueltas para comprender el secreto del reloj detenido -no es época esta de turismo de masas-. Un mariscador caminaba el lecho del río contemplado con indiferencia por cientos de gaviotas. Un par de muchachos escuchaban música de su teléfono móvil sentados en el borde de un mirador que ordenaba el casco antiguo de la ciudad hacia la orilla del río. Tenía la sensación de una ciudad de ecos en la que yo aportaba también los míos. En las barandillas de la Ponte Antiga parejas de enamorados se prometían amor con candados marcados con sus iniciales, a la manera de la moda que se extiende por todo el mundo: otra forma de que el tiempo se enrede en la memoria de las cosas y quizá tengamos oportunidad de retenerlo en la ilusa ambición de ser eternos. Hay ciudades que nacen para siempre así, como cruce de tiempos y a todos ellos pueden sobrevivir porque, sencillamente, no quieren combatirlos. Quizá sea, tan solo, que respiré profundamente y se me fueron todas las prisas.




jueves, 26 de febrero de 2015

La vida en círculos de Entre visillos y noticias de nuestras lecturas.


A pesar de que entramos en la ciudad de provincias en la que se desarrolla Entre visillos en sus fiestas patronales, pronto veremos que debajo del ambiente festivo las personas se mueven en círculo. Durante la primera parte de la novela todas las conversaciones son sobre las mismas cosas, una y otra vez. Martín Gaite las aborda con una naturalidad estilística que consigue dar mayor realismo a esa sensación. Especialmente los jóvenes y, sobre todo, las mujeres, quedan atrapados en ese círculo de conversaciones, de actividades y de calles. Otra sensación que angustia más al lector -porque, además, responde a la realidad de ese mundo provinciano-: todo sucede, como dice el título, entre visillos. Es decir, todos están atentos a lo que hacen todos. Martín Gaite resalta las miradas que vigilan a los que bailan o a los que hablan con otras personas y también cómo llega a la intimidad de cualquier casa -incluso la que se halla cerrada por un luto- la noticia que más puede alterar la emoción de una joven que se ha sentido atraída por un recién llegado a la ciudad. El lector recibe la intensidad de ese círculo asfixiante y tiene la sensación de que si volviera al año siguiente a los espacios -públicos y privados- en donde trascurre la acción, poco o nada hubiera cambiado y las conversaciones serían iguales aunque los personajes cambiaran.

De ahí la fragilidad de aquellas vidas, especialmente las de las mujeres. Todo está supeditado a que alguien cruce el salón de baile para sacarte a bailar o que llegue la carta oportuna que te saque de la rutina y solucione tu vida o que alguien de fuera abra la posibilidad de que existe otro mundo más allá de los límites conocidos. Mientras tanto, sin que haya más tragedias que las normales de una vida de aquellos tiempos, la opresión del ambiente se cierra sobre la biografía de estos personajes.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte comenta con acierto lo que supone hablar de Madrid para los jóvenes de provincias de la España de los cincuenta tal y como percibimos en la novela de Martín Gaite.

Coro Entreaguas, a partir del personaje de Rosa, comenta de forma sutilmente iluminadora la situación de las pobres chicas malas que aparecen en Entre visillos.

Mª Ángeles Merino se centra en la aparición de Pablo Klein en la ciudad de provincias, su llegada en tren y su forma de hacernos ver que aquel no es su mundo... No os perdáis sus excelentes ilustraciones que ayudan a contextualizar la lectura.

Pancho nos hace entrar en tren en la ciudad, con todo lo que eso significa oportunamente. Y añade unas ilustraciones que contribuyen a que pongamos imagen a lo narrado en Entre visillos.

Gelu comienza sus aportaciones sobre Entre visillos con una entrada que puede servir de iniciación a la lectura y puesta en situación para extraer a partir de ella lo mejor de las páginas de la novela. No te la pierdas.

Paco Cuesta escribe una entrada que ayuda a comprender mucho de lo que ocurre en Entre visillos: las emociones a flor de piel de los jóvenes encerradas en una ciudad de provincias, esperando que algo pueda romper la dinámica. Más que recomendable.

Don Quijote, ballet, en este año quijotesco 
de nuestro Club de lectura



El viernes pasado celebramos una reunión extraordinaria de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos y el Club de lectura en el Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos, que tan amablemente nos presta sus instalaciones para nuestras actividades. Con motivo de la celebración del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes, el Aula de Danza de la Asociación promovió la proyección del ballet Don QuijotePara la ocasión se eligió la coreografía del ballet que para el American Ballet Theatre preparó en 1980 Mikhail Baryshnikov a partir de las clásicas de Marius Petipa y Alexander Gorsky. El ballet fue analizado por María López, profesora de Danza Clásica del Conservatorio Superior de Danza de Madrid María de Ávila y yo hice una aproximación al tratamiento escénico de la obra de Cervantes. Fue un encuentro agradable y académico que sirvió para iniciar las actividades quijotescas que llevaremos a cabo en el presente año.

Mª Ángeles Merino reseña el acto en una entrada en la que podéis encontrar fotografías y todos los detalles.

Y para recordarnos la lectura del Quijote que hicimos en este club, Luz del Olmo publica unos grabados quijotescos gracias a Miguel Vivanco, siempre tan atento con estas cosas.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Para saber de mí, de Antonio del Camino


Antonio del Camino (Talavera de la Reina, 1955) ha labrado una trayectoria poética quizá no muy conocida por el público puesto que por diversas razones ha pasado épocas de relativo silencio en las que sus poemarios veían la luz en lo que él ha llamado ediciones de amigo, con pequeñas tiradas de confección artesanal que distribuía entre amigos. Por eso, aparte de figurar en diversas antologías, su libro más conocido es Del verbo y la penumbra con el que obtuvo el accésit del Premio Adonáis en 1984. Desde hace unos años mantiene un recomendable blog, Verbo y penumbra.

Reaparece ahora en una muy cuidada edición de la colección Libros del Consuelo (lf ediciones, 2015) con Para saber de mí. Su editor, Luis Felipe Comendador, es a la vez el autor de la ilustración de portada, que cobra todo el significado con la referida anécdota de las ediciones de amigo pero que, a la vez, interpreta con tino lo que significa este poemario. Para saber de mí es una reflexión sobre la esencia misma de la labor de escritura, de la confección de la obra -artesanal, diaria, llena de todos los ecos de la vida- que nos ayuda a comprender mejor al poeta pero que, sobre todo, es una forma de autoconocimiento del propio autor, que se explica a sí mismo en esa búsqueda de la expresión poética.

Es acertada esa idea de que la escritura nos explica y este es el eje del último poemario de Antonio del Camino, desde el Pórtico hasta la Anotación final. Escribir es parte del ejercicio diario de aprendizaje de uno mismo. El poema con el que se abre el libro, Tras un largo silencio, afirma ese voluntario caminar para saciar la sed de encontrar noticias de uno mismo, perdido en el tiempo anterior en el que se había olvidado "del balsámico azar de la escritura":

Hoy, sin embargo, mi caligrafía
insiste en adentrarse en los rincones
silentes de la sed. Así decido
traspasar el umbral de las palabras
y caminar, 
                 para saber de mí.

El resultado de esa indigación es el mismo poemario, que vemos construirse delante de nuestros ojos. Nos permite Antonio del Camino tener la sensación, como lectores, de asistir a todo ese proceso de búsqueda de uno mismo dividido en etapas -temáticas, más que cronológicas-: Vivir en las palabras (toda una proclama de intenciones este título), Al paso de los días (en el que el azar de lo cotidiano, la proximidad y constancia de los amigos, de los recuerdos familiares como el que dedica a su padre, permiten conjurar todos los tiempos en presente, melancolía y utopía unidas) e Invierno derrotado (dedicado a su compañera, Carmen, que es parte de ese descubrimiento de sí mismo a lo largo de los años y las palabras puesto que el amor aparece como una forma de apuntalamiento personal frente al tiempo y una razón de escritura: "En medio de la noche tú y la sed / sois todo cuanto tengo").

Para saber de mí trascurre sin sobresaltos ni trucos: no los busca el poeta. Aunque a veces puede aparecer un tono más ligero en poemas dedicados a circunstancias y amigos, todo el poemario tiene un cierto aire machadiano tanto en la intención como en la forma (Antonio del Camino domina la silva y el alejandrino con total naturalidad), que ayuda a la lectura, como si el poeta fuera contándonos de viva voz su descubrimiento sobre sí mismo que, por la universalidad de lo que cuenta -precisamente por ser su propia emoción ante el trascurrir del tiempo y el hallazgo de la forma poética para expresarlo-, también nos atañe personalmente puesto que su aprendizaje es también, en gran medida, el nuestro:

De entre todas las cosas que la vida me dio
me quedo con aquellas que no pueden comprarse:
el amor de los míos, la amistad prolongada
de quienes algún día solo fueron extraños,
la niebla entre los parques alimentando historias,
el alma del membrillo, el sabor de sus besos

Hay, como no podía ser de otra manera dado el tema, homenajes a los libros (Libros hospitalarios), a la poesía misma como forma de hallar las respuestas (Busco en las palabras / alguna salida), con la conciencia de que toda búsqueda es, en realidad, la conciencia de un fracaso que el poeta nos dice muy cerca de Bécquer:

Por un solo poema que salvase
mis palabras escritas a destiempo,
tanto verso vacío, tanta máscara
presente en los cuadernos;
por un solo poema que expresara
con precisión aquello que no entiendo,
no sé lo que daría.
                               Quizá todo
lo que cabe en el cofre del silencio.

Y al final se logra llegar a ese pacto personal a través de la escritura en la que todo se junta durante un momento. Un momento tan solo porque en el instante que se pone el punto final todo comienza de nuevo:

Hoy mi imagen coincide en el espejo
con la que el tiempo alienta y me arrebata.

Una oportuna vuelta de Antonio del Camino al público aficionado a la poesía, que tiene, además, una intención generosa puesto que una parte sustancial de la edición se dedica a los fines solidarios de SBQ.

martes, 24 de febrero de 2015

Casi mar el Guadiana



Esta tarde se ofrece, casi mar, el Guadiana. De Ayamonte a Vila Real de Santo António, en la raya desmelenada por el viento de este invierno aquí ya primavera decidida hacia el aroma del azahar cercano. Cruzar solo por cruzar y pasear las calles para tomar café y hablar de casi todo lo que importa, que es lo que por fortuna cabe en el metro cuadrado de una mesa. A veces los ríos son solo eso: sueños ligeros de lado a lado sobre los que tender hilos leves de sonrisas en la proa del barco que los cruza. De Ayamonte a Villa Real y pensar que uno ya no regresa de algunos sitios. Una media docena de lugares -no más, date razón a ti mismo- en los que todavía estás si cierras los ojos y te dejas acariciar por el viento y las palabras.

lunes, 23 de febrero de 2015

Los últimos setenta mil años


Una de las cosas que más me gusta del conjunto arquitectónico en bronce de Casto Solano situado cerca del Museo de la Evolución de Humana de Burgos es la ternura que se aprecia en la relación entre el homínido y su hijo. Ambos caminan juntos: el padre ha cerrado los ojos durante unos breves instantes, el niño los mantiene abiertos y mira hacia adelante. El padre puede estar cansado, abrumado por la responsabilidad, quizá piensa en qué comerán mañana o en buscar refugio para pasar la noche o en los miembros de la familia que ha perdido en los últimos días. Por mucho que insistamos en vivir el presente, ser padres nos saca del instante en el que nos hallamos para hacernos pensar en el futuro. No en el nuestro, sino en el de nuestros hijos. Para ellos hasta el peligro puede ser un juego.

Una de las teorías más apasionantes de nuestra evolución, aunque está puesta en cuestión, dice que tras la erupción del supervolcán de Toba (Indonesia) hace unos setenta mil años las condiciones climatológicas fueron tan adversas que la población de homínidos del mundo se redujo a unos dos mil individuos que vivían en un área no demasiado extensa de África. De esa manera, todos llevamos en nuestro pasado ese origen, el de aquellos cientos de parejas que sobrevivieron, y de ahí la escasa diversidad genética de nuestra especie.

Puede no ser cierto, pero me gusta pensar, como en una película de tiempo acelerado, en la sucesión generación a generación desde aquellos dos mil individuos hasta nuestro presente. Somos la única especie que podemos trasmitir la conciencia del amor en un gesto como este de la fotografía. También somos la única especie que podemos trasmitir la conciencia del odio. Y en gran medida, la inclinación hacia uno u otro está en lo que vimos de niños cuando nuestros ojos aprendían a comprender el mundo. Y cada nueva generación debe decidir qué le importa más de todo esto, qué emoción quedará impresa en la piel de la palma de la mano de nuestro hijo: en eso no hemos cambiado en los últimos setenta mil años.

domingo, 22 de febrero de 2015

Escucharse por dentro


Defendía Antonio Machado -de cuyo fallecimiento en el exilio se cumplen hoy 76 años- hablar con uno mismo, que es uno de los retos más grandes que tenemos porque casi nadie atiende a esta conversación tan necesaria para la que no se nos preparara, sino todo lo contrario. Una de las condiciones más altas del ser humano es probarse que puede cerrar los ojos y escucharse por dentro. Quizá por eso en nuestro mundo hay tanto ruido, para que no nos oigamos. Algunos se niegan tanto a sí mismos que viven en la continua programación de su tiempo ante el pánico a quedarse un minuto consigo mismos. Es la peor forma de dejar de ser individuos para convertirnos en manada.

sábado, 21 de febrero de 2015

Alguien te contempla mientras pasas


Ver llover desde una cafetería tiene mucho de ejercicio melancólico. Contemplas a las personas que pasan por delante como si tuvieras que asignarles un destino. Asistes a fragmentos de vidas que huyen de la tormenta y se apresuran a resguardarse en un futuro que para ti no existe. Cuando escampa, apuras tu café, abonas la cuenta y sales a pisar nubes lentamente, en las avenidas invertidas por la lluvia. Alguien te contempla mientras pasas.