lunes 13 de julio de 2009

Lo doméstico y el Sanchico, unos tornillos quijotescos gracias a Marina y noticias de nuestro Quijote

Cervantes ha meditado mucho sobre la Primera parte de su obra y percibe que los personajes del hidalgo y el caballero necesitan ser contextualizados para terminar de agarrarse a la mente de los lectores provocando, además, la afirmación de la estética realista tal y como la entendía el autor y completar su caracterización. De ahí que amplíe la información del su mundo doméstico. De don Quijote sabíamos algo más, de Sancho, poco, casi un esquema de lo que no era su vida de aventuras: parecía un personaje sobrevenido que le fue creciendo entre las manos.

En estos primeros capítulos de la Segunda parte, sorprendemos a los personajes en sus casas, hablando con su gente y contrastando con ellos su vida de aventura frente a la cotidiana de la aldea.

Don Quijote recibe en su habitación, en la que se recupera. Allí entran y salen, con la guarda hasta ese momento eficaz de ama y sobrina. Veremos en el capítulo de esta semana cómo una y otra cobran matices con respecto a su actuación de la Primera parte, que las humanizan, las dotan de una personalidad más compleja aun sin dejar de cumplir su función en la historia.

Pero es, sin duda, Sancho el que ve aumentado su peso narrativo en este sentido. No sólo lo vemos a él hablando ganado por la fantasía de su amo entre las paredes de su propia casa, sino que tiene todo un capítulo para hablar con su mujer -hasta este momento, en la Primera parte habían cruzado apenas unas palabras-.

Aunque en la escena hay mucho de literario, Cervantes nos da pinceladas que evocan la vida familiar de Sancho desde una perspectiva realista, en la que a ambos les compete un rol social en el que el marido buscaba embarcarse en aventuras para ganar dinero y posición -obsérvese que muy sutilmente Cervantes no introduce ni en boca de Sancho ni en boca de Teresa la alusión a que se pueda hacer fortuna trabajando, como ironía en la que se esconde mucho de crítica social- y a la mujer mirar con pies de plomo sus locuras y procurar actuar con sentido común.

Roles sociales, sin duda, que debían darse en aquellos tiempos. Pero es curioso que sea la mujer a la que se da la función de no actuar con excesos que puedan traer consecuencias. En sus palabras hay algo más que dependencia del marido: hay también afirmación personal (léase bien lo que dice sobre el apellido) y contestación sin tregua a lo dicho por Sancho. ¿Se da de verdad por vencida al final, cuando afirma "otra vez os digo que hagáis lo que os diere gusto, que con esta carga nacemos las mujeres, de estar obedientes a sus maridos, aunque sean unos porros"?.

Pero hay más cosas que sabemos ahora de Sancho: tiene dos hijos, el Sanchico y la Sanchica. Para estos sueñan ambos cosas diversas. Sancho, por encima de sus posibilidades según las convenciones sociales; Teresa en la esfera de su posición. Como muchos padres.

Y llegado aquí, no puedo menos que alabar la forma de leer el texto que ha tenido una comentarista y contribuyente habitual a nuestra lectura, Ele Bergón, que da voz de forma ingeniosa y acertada al hijo de Sancho. Desde su perspectiva podemos comprender bien algunas de las cosas de la novela y sorprendernos de los ángulos que tiene el relato leído así. Todo un acierto de Ele Bergón. Podéis leerlo seguido aquí.

Unos tornillos quijotescos, regalo de Marina

Como sabéis, vine cargado de regalos cervantinos de los amigos de Béjar. Entre ellos, os traigo aquí la imagen de una escultura que me regaló Marina, autora de un blog muy bien escrito que os invito a conocer. El detalle que tuvo conmigo me emocionó: se desprendió de algo que le había costado mucho conseguir, esta escultura de un artista local, Reyes, hecha con tornillos y muy quijotesca. Objeto único que a mí me llega con el valor de la propia pieza y de su anterior propetaria: antiguamente las cosas se valoraban no tanto en sí mismas como por sus propietarios anteriores. Mil gracias, Marina.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote


Juan Luis ha publicado una excelente perspectiva de los capítulos IV y V de la Segunda parte: desde la irremediable atracción que ha sentido Sancho por el sueño de su amo.

Manuel Tuccitano contextualiza el rol de la mujer de la época para que podamos comprender mejor el diálogo entre Sancho y Teresa. Y no os perdáis una muestra más de las ilustraciones que publica últimamente.

Pancho comenta los aspectos esenciales del capítulo de esta semana desde lo estupendo de Sancho, pero me gusta, especialmente, cómo ha sabido enfocar la cuestión de género que en seguida se nos plantea al oír a Teresa. No os perdáis la foto, con la documentación de una interesante exposición de ex-libris, algunos quijotescos.

Jan Puerta ha escrito una entrada llena de cosas interesantes. En primer lugar, un excelente enfoque del capítulo, a través de cómo Sancho se impulsa en la conversación con el bachiller; en segundo, una imagen que testimonia el éxito popular de la obra; en tercero, una forma excelente de cómo usar Internet de forma inteligente.

Abejita de la Vega, al preparar el comentario, nos da una entrada completa en la que el centro de atención es el Sanchico, para enfocarlo luego desde dentro pero con una evidente tendencia a ponerse del lado de Teresa: pienso que tiene razón y que Cervantes lo vio así a la hora de redactarlo. En la siguiente entrada, publica la opinión del Sanchico sobre este diálogo: no os la perdáis, que el pobre hasta ha buscado apócrifo en el Diccionario. Y las fotos de las dos entradas, muy buenas. En algunas, se ve a nuestras lectoras...

Antonio Aguilera mira el capítulo (esta vez huérfano de ilustración -¡quién sabe en qué playa andará Ojito-) con gran acierto, desde los roles tradicionales de marido y mujer. Y acaba lavando los platos.


Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado 11 de julio de 2009

Acuse de recibo: Diccionario de palabras olvidadas (I y II) de la Biblioteca Pública de Burgos



Las palabras pueden originar emociones como las que percibimos a través de los sentidos. Todos hemos evocado cosas del pasado a través del olor o del gusto o del tacto. Lo mismo sucede con las palabras, que nos traen al presente objetos o situaciones que ya no están en nuestro presente.

Hay un mecanismo mental que ayuda a construir un consenso lingüístico. La lengua, como herramienta de comunicación, nos lleva a que denominemos las cosas -objetos, emociones- de la forma en la que podamos hacernos entender. Por eso, según la situación en la que nos hallemos, usaremos uno u otro registro lingüístico y procuraremos ocultar lo que nos diferencia de los demás. Cuando cambiamos de lugar de residencia, si no dominamos la entonación de un lugar o las expresiones de una zona, terminaremos usándolas para que nos entiendan en la carnicería, en la tertulia del bar o cuando saludamos a un vecino por la calle. Siempre habrá quien no se adapte bien porque se piensa superior o porque no pueda hacerlo por múltiples razones sociológicas o físicas. Pero la mayoría terminaremos pidiendo la pieza de pescado en la pescadería por el nombre que se le da en la zona aunque no sea como la hemos llamado toda nuestra vida o la barra de pan según como se la llame en aquella localidad en la que nos encontremos.

Por este sencillo mecanismo es como se ha construido el consenso lingüístico en un pueblo, en una región o en toda una lengua. A veces, la magia de la filología se basa en escenas tan cotidianas como esas, mal que les pese a algunos lingüistas que se creen los amos de la lengua.

Pero sucede que aquellas expresiones que usábamos en la familia o en nuestra localidad y que abandonamos cuando cambiamos de vida para hacernos entender mejor, se fijan de tal manera en la mente del hablante que retornan de vez en cuando. En ocasiones, aunque no hayamos vuelto al pueblo que abandonamos hace décadas, surge una expresión que viene asociada a un recuerdo que nos estalla de pronto como si aun fuéramos los chavales que éramos cuando la oímos por primera vez. Y no encontramos ya palabra mejor para nombrar ese objeto o esa acción. La vida tiene esas revueltas en los caminos porque estamos hechos, en gran medida, de esa textura de lo aprendido de niños.

El Diccionario de palabras olvidadas y el Diccionario de palabras olvidadas II, volúmenes publicados por la Biblioteca Pública de Burgos (Burgos, Biblioteca Pública de Burgos, 2008 y 2009), iniciativa reseñada por un blog amigo, recoge muchas de estas palabras, aportadas, en una experiencia muy interesante y digna de elogio, por gente normal, no expertos investigadores, que acudían a la Biblioteca a depositar aquella palabra que se les había quedado dentro.

Muchas son generales a todo el ámbito hispánico pero ellos ya no las oían desde hacía tiempo en su entorno y querían dar testimonio de que ya no se usaban, además de aportar ejemplos de su uso que enriquecen, en muchos casos, la definición académica; otras son un tesoro familiar construido a partir de la imaginación o la deformación de otras, o localismos que vienen de siglos y ni siquiera están en el Diccionario de la Real Academia y si no hubieran acudido a depositarias aquí hubieran desaparecido con los hablantes que las recordaban. Porque todos tenemos una palabra que abandonamos pero ha vuelto, para no dejarnos ya y nos encontramos, de pronto, diciéndosela a nuestros hijos, que nos miran asombrados. Podéis comprobar si la vuestra está publicada en estos volúmenes en este enlace.

Mi amigo Pancho elabora un trabajo similar en su blog, con gran perspicacia. Y a él le dedico esta entrada.

viernes 10 de julio de 2009

Voces del Extremo, 2009 (II)


Es un acierto la continuidad de Voces del Extremo. Su propuesta inicial buscaba dar espacio a perspectivas poéticas y poetas que no suelen alcanzar presencia en los ámbitos editoriales de gran difusión y tampoco en los académicos. También es de elogiar el esfuerzo por juntar a autores con una trayectoria ya consolidada durante años junto a jóvenes que acaban de comenzar su obra. En sus propósitos iniciales, Antonio Orihuela indicaba que Voces del Extremo quería recoger e impulsar discursos poéticos dispersos en los años ochenta que tenían en común la mirada crítica al capitalismo. Es, por lo tanto, un encuentro cargado en sus propósitos, de posicionamiento ideológico contra el sistema. Repasar los temas de los encuentros celebrados hasta el momento aclaran esta perspectiva. Y esto es también un acierto: el arte aun lejos de miradas románticas, tiene una profundidad de análisis de la realidad desde el individuo que no debe perder. Entre otras muchas cosas, claro.

En el encuentro celebrado en Béjar estuvo presente esta perspectiva en un amplio abanico de realizaciones y estéticas. Fue muy interesante el debate suscitado en las mesas redondas, de las que quiero manifestar aquí las cuestiones más intensas.

Hubo quien hablaba en los debates desde discursos que sonaban a viejos marxismos que parecían no haber asistido al fracaso de la Unión Soviética, la caída del muro de Berlín y la evolución de los sistemas comunistas asiáticos hasta el descubrimiento de un nuevo concepto de capitalismo. Fueron los que se manifestaron más reacios a las posibilidades de Internet porque veían en esta herramienta una fórmula más de control mental ideada por el sistema, un nuevo opio para el pueblo y una realidad en espejo que, a través de la simulación de la realidad, interviene en las decisiones individuales para alienarlas. Para ellos, en Internet no hay verdadera libertad ni ningún proceso de horizontalidad ni de democratización en el acceso a la cultura. Para muchos esto no es posible no por la herramienta en sí, sino porque en el mundo no hay verdadera democracia, con lo que venían a negar el uso de la herramienta por algo anterior a ella. Entre sus voces, hubo quien manifestó que Internet suponía un paso más hacia la infantilización de la sociedad promovida por un poder omnímodo que pretende el control del mundo con el único objetivo de fomentar las bases del sistema capitalista. No supieron explicar las razones por las que Internet sufre censuras en países próximos a su perspectiva ideológica.

Me sorprendió mucho una de las afirmaciones que se hicieron sobre el predominio de lo visual en Internet -cosa que es falsa si no se matiza- adjudicando a la imagen una filiación con el sistema, como propaganda. Me sorprendió, primero, porque la escritura que tanto defendían contra la imagen nació, precisamente, como código secreto de comunicación entre las élites y ha demostrado que no es válida para llegar a la totalidad de los seres humanos porque cualquier texto escrito exige un esfuerzo intelectual y más aún el que transmite ideas. Dicho esto, por supuesto, sin pretender abandonar la escritura como forma de explicar el mundo e intervenir en él. Por otra parte, es fácil demostrar que si la imagen ha sido usada por los gobernantes también ha sido usada con la misma eficacia por cuantos revolucionarios han sido en el mundo. Por último, en el arte negar las posibilidades de la imagen es negar la evidencia y suprimir, por decreto, aportaciones tan interesantes como la poesía visual o la objetual. Este viejo enfrentamiento entre la imagen y la palabra está ya superado tanto por el discurso teórico como por la realidad. Y en Internet, ambos procesos de escritura -alfabeto e imagen- se llevan a cabo con el mismo código binario.

Otros sectores son más actuales en sus perspectivas antisistema. El lenguaje en el que hablaban es común al de los movimientos antiglobalización y no negaban las posibilidades de Internet para la difusión de sus principios ideológicos.

Como sabéis los que me seguís desde el inicio de La Acequia, planteo siempre mi pensamiento desde perspectivas críticas, pero no comprendo aquellos que no comienzan primero con la autocrítica y la comprensión del otro.

En las mesas redondas se abrieron perspectivas muy amplias en las que se abordaron los conceptos de autoría en la red, las posibilidades enormes de autoedición con todas las ventajas que eso supone para el autor, la facilidad de Internet para la divulgación de los escritos, las posibilidades para establecer contactos con otros autores, etc. La mayor parte de los participantes en el Encuentro tenían espacio virtual propio de uno u otro tipo. Me gustaron mucho, en este sentido, las aportaciones de Fernando y Fabio Rodríguez de la Flor, Uberto Stabile y Marino González Montero.

En cuanto a las lecturas poéticas, fueron una buena muestra de la poesía actual en España, tanto en lo bueno como en lo malo. Para ser sincero, no vi tanto Extremo como Voces. En algún caso, ecos, como diría el poeta (como anécdota contaré cómo uno de los poetas recitó un poema dedicado a su bicicleta haciendo ver que no había copiado a otro obra de uno de los allí asistentes, para quien lo leyó casi como homenaje de hermandad: ninguno de los dos mencionó el poema de Alberti al que -no sé si sabiéndolo o no, en ambos casos sería muy significativo- glosaban). Nada de lo que vi es diferente a lo que conoce cualquier aficionado medio a la poesía. La calidad, a mi juicio, fue irregular.

El formato de las lecturas poéticas cuenta con un problema inicial, ya conocido. Recitar poesía -en cualquiera de las variantes del recitado, desde el canto, la salmodia, la performance, hasta la lectura discreta- supone la trasmisión oral de algo escrito. Si lo escrito no busca la oralidad desde el inicio, la lectura fracasa. Este formato debería dar pasos ya -como en otros encuentros de poetas internacionales y en cualquier ámbito de la comunicación- hacia el uso de herramientas multimedia, incluidas las posibilidades de la red: ganarían. La poesía no existe si no es eficaz y el nivel de eficacia en la lectura de un poeta suele dejar mucho que desear. En este sentido, los mejores poemas que se escucharon fueron recitados en árabe por Mohamed Abid, porque el género de poesía árabe al que pertenecían no ha abandonado, por suerte, las fronteras de la oralidad.

Por eso mismo, se oyeron malos textos bien recitados que fueron muy aplaudidos y magníficos textos mal leídos que no lo fueron tanto. Hubo quien se decantó por el espectáculo, por la performance o antiguas propuestas del dadaísmo. Yo eché de menos, en estos casos, ensayo y un cierto sentido de la profesionalidad. Algunos de estos textos eran meros apuntes a la espera de alguien experto en propuestas escénicas que les dé todo el valor que tenían.

De lo que escuché, me sorprendió que la mayoría de los textos pertenecientes a las estéticas del compromiso miraran su temática desde arriba (sea esta de denuncia, revolucionaria, con perspectiva de género, antisistema, etc.), casi con un sentido de la caridad o de la mala conciencia. Desde hace tiempo, cualquier buen artista sabe que el compromiso tiene una mirada frontal, que para que esta poesía sea eficaz debe darse desde dentro del problema, buscando el núcleo de las cosas y hablar desde ese centro. Los ejemplos escuchados del movimiento llamado poesía proletaria no fueron buenos por esto, entre otras razones, y porque fueron mal leídos: unos por defecto y otros por exceso. Y cuando una poesía comprometida no es eficaz, pierde todo su sentido. No sirve ni siquiera como propaganda en el combate ideológico (escribir buena literatura de propaganda no es tan fácil como se piensa, aunque escribirla para que te aplaudan los amigos sí lo sea). Y es una lástima, porque el mundo está más necesitado que nunca de artistas comprometidos y de miradas críticas.

La poesía intimista (entendida ésta en un amplio sentido) leída tuvo una mayor altura media: quizá porque su lectura tiene una expresión verbal menos arriesgada. La mayoría de los buenos poemas que oí pertenecen a este tipo de estética y habían sido escritos por mujeres, como Belén Antuñedo, feliz reencuentro mío con ella. He de hacer una salvedad: los textos de Antonio Gómez fueron extraordinarios, una sorpresa para mí porque yo le admiraba sobre todo por su poesía visual.

Hubo excelentes propuestas que juntaron tanto la calidad de la obra como el recitado adecuado y se debieron a Jesús Urceloy y Ben Clark. También me gustaron algunos de los microrrelatos de José María Cumbreño y aforismos de José Miguel Mangas, tan difíciles de cultivar precisamente por su abundancia hoy. Y me sorprendió agradablemente Elías Moro.

Curiosamente, el mejor de los poemas que escuché se leyó fuera de programa, para rellenar el hueco de alguien que llegó tarde. Era de Luis Felipe Comendador. Se trataba de un poema que giraba sobre uno de los temas mejor cultivados por este poeta: la pasión y la poesía. La pasión, en suma. Qué otra cosa resume la poesía.

Pero un encuentro de poetas de este tipo es algo más que lo explicado. La oportunidad de pasar unos días juntos, intercambiando vida y libros, relacionándose y conociendo la obra de otros, es lo mejor de este tipo de actividades, aunque no figuren en el Programa. Asistiendo juntos, además, a las actividades organizadas (que fueron muchas y buenas, desde las exposiciones hasta las actuaciones en el Teatro Cervantes, pasando, por supuesto, por las de la Venta del Bufón). Por eso, debe alentarse la celebración de este tipo de actos.

Hago constar aquí que al único poeta que no pude oír recitar fue a José Luis Morante, porque tuve que salir hacia mi domicilio por cuestiones familiares graves. Le pido disculpas.

Podéis encontrar toda la información, aquí.

jueves 9 de julio de 2009

Sancho, apócrifo (2. 5).


Sancho ha crecido tanto que hasta sus narradores lo desconocen.

La conciencia de Cervantes de lo que se tiene entre manos es tal que ya no debe jugar con la narración proponiendo modelos parodiados uno detrás de otro o uno dentro de otro, como en la Primera parte, sino que se sitúa para hacerlo dentro del mismo núcleo del relato. Este capítulo siempre sorprende cuando se lee por primera vez y es una forma hábil de ponernos en la pista de la altura hasta donde ha llegado la técnica cervantina para que leamos con ese hilo el resto de la historia.

En primer lugar, Cervantes deja la duda sobre la veracidad del capítulo en manos del traductor, que no del primer autor (Cide Hamete) ni de él mismo, que recordemos, se nos presentó como mero adaptador de la obra al español:

Llegando a escribir el traductor desta historia este quinto capítulo, dice que le tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho Panza con otro estilo del que se podía prometer de su corto ingenio, y dice cosas tan sutiles, que no tiene por posible que él las supiese; pero que no quiso dejar de traducirlo, por cumplir con lo que a su oficio debía

Profundiza, con ello, en la problematización del narrador, que ya hemos visto desde el Prólogo de la Primera parte y es una de las claves de lectura más importantes del texto. Ahora, hasta el mismo traductor se permite corregir al autor primero. No hay mejor forma de exigir un lector despierto que diciéndole que lo que uno le cuenta puede ser falso.

Por otra parte, el capítulo está basado en el diálogo entre Sancho y su mujer, Teresa, casi exclusivamente, salvo las ligeras interrupciones que nos vuelven a recordar la condición de apócrifo del texto. El manejo del diálogo como parte de la acción llega aquí a una de sus mejores expresiones.

La sorpresa del traductor no procede tanto, como ha repetido machaconamente la crítica, de que Sancho hable fuera de su personaje, sino de que lo haga contradiciendo la narrativa premoderna que se parodia y se supera en el Quijote. En efecto, en ésta los personajes no tienen evolución psicológica, los argumentos no crecen por las circunstancias vividas. En contra, Sancho manifiesta -ya lo hemos visto en el capítulo anterior- un cambio sustancial con respecto a su primera aparición y lo hace delante mismo de los ojos del lector, sin la intervención de un narrador, que aquí no sólo se oculta sino que pretende contradecir al personaje: no conozco un caso mejor de personaje superior a su narrador. Sancho ha dejado al traductor desorientado, tan desorientado que reniega de la materia narrativa que traduce.

En el diálogo, Sancho ocupa la perspectiva de don Quijote cuando éste habla con él: se ha introducido tanto en la fantasía de su amo que no duda de ella y se ve gobernador y casando a su hija con nobles y lo expresa a la manera en la que lo haría don Quijote. Trabaja el mundo ficcional del hidalgo a su manera y se lo comunica a Teresa.

La finura del engranaje narrativo procede, de nuevo, del teatro breve, aunque aquí refinado: el simple que sueña vivir por encima de su estado. Para ello, usa de un argumento usado en la crítica moral barroca: la apariencia es lo que parece importar en la época. No perdamos todo lo dicho por Sancho, porque lo necesitaremos para comprender su forma de actuar cuando es gobernador y cómo, en ese momento, vuelve a poner de manifiesto que ha seguido creciendo tanto como personaje que puede contradecirse y dejar el cargo.

Frente a él, Teresa ocupa el papel que le correspondía inicialmente a Sancho en la pareja protagonista (lo hace hasta en la forma de expresión). Ella no quiere salirse de su mundo y conoce los problemas que acarrea pretenderlo. Sin embargo, es tan fuerte la fantasía creada por don Quijote que, incluso trasmitida a través de Sancho, arrastra: no duda de la posibilidad de que su marido alcance el gobierno de una ínsula.

El personaje de Teresa, tan bien dibujado en este diálogo, es una soberbia creación cervantina.

Veremos si salen o no salen al mundo en el capítulo VI, el próximo jueves.

miércoles 8 de julio de 2009

Voces del Extremo, 2009 (I)


La X edición de los encuentros de poetas Voces del extremo se ha celebrado en Béjar del 3 al 5 de julio. Estas jornadas poéticas han sido dirigidas, desde su inicio en 1999, por Antonio Orihuela.
En esta ocasión, se han centrado en el tema Poesía y tecnología y han sido coordinadas por Luis Felipe Comendador al frente de un equipo en el que cabe resaltar el trabajo de Celestino Miguel, Antonio Gutiérrez Turrión (coordinadores), José Luis Morante (asesor) y la eficaz labor en la gestión administrativa de Ángela desde la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Béjar. Todos ellos consiguieron que el encuentro contara con una organización perfecta.
Quiero resaltar aquí, por lo poco frecuente que es este hecho, la presencia constante y el apoyo institucional y personal de la Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Béjar.

Correspondiendo a la invitación de los organizadores, expuse en la conferencia inaugural, que titulé Poesía en la red, las claves sustanciales del acercamiento a este fenómeno. Como publicaré el texto, apunto aquí que entiendo Internet como una consecuencia de la concepción del mundo tras el fin de la modernidad. Como herramienta, no puede existir sin que haya sido pensada con anterioridad a su diseño; también como herramienta, su formulación y su uso amplía las perspectivas iniciales y provoca cambios tanto en la mente humana como en las posibilidades de relación y en la concepción y fabricación de nuevas herramientas.

Aunque nació como una red de información institucional (con fines militares primero y científicos en un segundo momento), su evolución ha provocado, en primer lugar, la democratización del acceso a la cultura. El paso a la web 2.0 ha construido, además, la posibilidad inmediata de interacción en todo el proceso cultural: ya no sólo se accede a un texto sino que se puede intervenir en él, modificarlo, comentarlo, negarlo o afirmarlo y construir otro sobre el anterior de una forma más compleja, instantánea y globalizada que antes.

Internet ha provocado la horizontalidad en la trasmisión de la cultura, puesto que en ella no funcionan las jerarquías ni los cánones. Todo pesa lo mismo en la red: es, por una parte, el cumplimiento de un sueño de colectivización del esfuerzo productivo de la Humanidad; por otra, la ruptura de la dependencia de las estructuras convencionales de dirigismo, sean cuales sean las ideologías que las sostengan.

En el proceso cultural que es la escritura poética, la red ha ampliado todas las posibilidades en cada uno de los elementos que intervienen en la comunicación artística. Algunas de las consecuencias de esta ampliación no gustan a los que tenían un mundo de comunicación fuertemente asentado en el sistema o en el antisistema. Es curioso cómo coinciden los argumentos de los detractores de este proceso de comunicación desde perspectivas ideologías divergentes y tradicionales. Sólo claman contra la horizontalidad en las relaciones humanas aquellos que opinan que no todos somos iguales ni podemos serlo: siempre me ha intrigado cómo algunas ideologías (en diferentes posiciones del espectro ideológico) sólo pueden soportar esta premisa de igualdad en la teoría y en la utopía pero nunca en la realidad, puesto que consideran necesarias las clases dirigentes para conducir al resto hacia su perfección dentro de una perspectiva lineal de la historia en la que ésta, como se pensaba antes, venía de algún punto concreto y se dirigía hacia otro, concebido como el Fin de la Historia (es un pensamiento en el que coinciden algunas religiones y algunos métodos de análisis históricos desde ángulos ideológicos bien diversos unos de otros).

Es también llamativo cómo se manejan, desde la moralización más conservadora hasta la más revolucionaria, algunas dicotomías que sólo simplifican el fenómeno pero ya no son válidas. Entre ellas, el argumento que enfrenta el mundo virtual con el mundo real. No exite esta separación y mucho menos si la etiquetamos desde valores de bondad o maldad: el mundo virtual es parte del real, no es algo paralelo ni ajeno a la intervención humana. Este maniqueísmo repetido sólo evidencia la simplificación de pensamiento del que lo usa y su incapacidad para comprender el mundo en el que vive.

También es falsa la afirmación de que Internet es un caos y que el ruido en Internet provoca la ocultación de lo que en ella existe. Es un tópico afirmar que el exceso de información de la red anula la posibilidad de hallar lo importante. No hay minas ocultas en la red: es contrario a su esencia. En poco tiempo (mucho menos que antes, cuando el conocimiento era guardado celosamente por los iniciados, se llamaran como se llamaran), con un poco de asesoramiento, cualquier persona puede encontrar cualquier cosa en Internet: hasta lo más extraño, políticamente incorrecto o incluso ilegal.

No menos falsa es la afirmación de que Internet es sólo un producto para el ocio o para el consumo de pornografía: quien afirma eso se basa en estadísticas interesadas que convierten todo lo que circula en Internet en dinero, es decir, suelen caer, al reproducir tales afirmaciones, en la trampa de aquello que critican, el mercado entendido como un sistema de conversión de la comunicación humana en capitalismo. Son curiosas estas ingenuidades ideológicas mantenidas por personas aparentemente muy concienciadas.

Por una parte, Internet permite la digitalización de todo lo que se ha producido en formato escrito en la historia de la humanidad: jamás se ha tenido un archivo-biblioteca más amplio, de acceso libre y rápido y con su posibilidad de reproducción e interacción. Negar esto es negar la evidencia porque uno está ciego. En Internet, además, por primera vez, cabe todo en el mismo espacio: lo que otras culturas han considerado su canon y lo que no lo ha sido (en palabras actuales, el sistema y el antisistema); los gustos asentados y mayoritarios junto a los minoritarios y los personales, etc. En Internet, por primera vez, se escribe con el mismo código de escritura lo que se ha fijado en cualquier alfabeto, en imagen y en sonido: nunca como en la red se ha compartido el mismo plano para cualquiera de los formatos literarios existentes.

Este hecho, aumenta las posibilidades de intertextualización de la poesía: un creador puede acceder a cualquier obra que le interese y conocerla de primera mano, en lengua original o traducida, en poco tiempo y con la suficiente información para contextualizarla.

En cuanto al productor de un texto, nunca ha tenido tantas posibilidades de autoedición a su alcance. En Internet, un escritor es libre a la hora de difundir su texto sin filtros editoriales, políticos o de clanes estéticos. También es libre a la hora de elegir el formato, desde el tipo de letra hasta su color, la imagen que acompaña o la música que necesita. Es un formato multimedia porque su esencia lo es y permite la divulgación de la obra desde la imitación de los formatos tradicionales a los más innovadores. Además, uno de las posibilidades abiertas en Internet es que ya, definitivamente, no hay un público, sino múltiples públicos con acceso inmediato y globalizado a lo publicado. El autor más extravagante y solitario puede encontrar miles de receptores de su literatura en la red. El más convencional y el más heterodoxo, también.

El receptor tiene acceso a una variedad de textos como nunca antes le había sido posible. Y, además, puede interactuar con ello. Esto es la base de conceptos básicos en Internet hoy como el de prosumidor o lectoautor. La distancia entre el productor y el receptor de un texto se han acortado y se basan en un continuo diálogo, más rápido y de mayor profundidad que nunca, porque ya no está sometido a un número limitado de personas (el productor y el receptor entendidos como únicos en el proceso tradicional de la trasmisión escrita o de un grupo reducido en la trasmisión oral) sino a la globalización del proceso, que ha roto tanto la limitación del número de los que podían participar en él hasta su ubicación en espacio y tiempo (los textos en Internet son accesibles desde cualquier parte del mundo y tiempo después de que se hayan producido).

Todas estas circunstancias han alterado notablemente el proceso de escritura y comunicación del texto artístico: su difusión es mayor pero también se han aumentado los conceptos de autor y receptor, que ya no son lo que eran en los últimos siglos.

Por otra parte, estas nuevas posibilidades fracturan algunas de las líneas de evolución desde que apareció el concepto de autoría según lo entendemos hoy (el hecho de que un autor firmara su texto no implica, necesariamente, conciencia de autoría según parámetros modernos). Cuando un texto se publica en Internet, el autor pierde los derechos que tenía sobre él. Estos pasan del ámbito de la jurisprudencia al de un pacto de confianza. En realidad, por muchos intentos que haya de regulación, en Internet el autor ya no es dueño de lo publicado. Puede demostrar que él es el autor, que él fue el primero en publicarlo, pero pierde sus derechos sobre la obra publicada: a partir de ahí, la autoría enlaza unos nuevos y sugerentes campos con la anonimía. Estamos, sin duda, ante una nueva forma de entender la obra literaria, más próxima a la transmisión tradicional de un texto en la oralidad, aunque no idéntica.

Pero Internet incide en la creación artística mucho más que desde la mera divulgación de una obra escrita antes de ser publicada en la red. Hace mucho tiempo que Internet dejó de ser un archivo estático de textos.

Por una parte, amplía la posibilidad de relación con otros creadores, la investigación poética (a través de la información y de la creación), la posibilidad del trabajo colectivo puesto que permite el contacto de autores de muy diferentes lugares, culturas y situaciones, etc. Aumenta el horizonte de la obra en construcción (obra en marcha, la llamó Juan Ramón Jiménez), que tanto ha obsesionado a los autores desde finales del siglo XIX: la red es dinámica y su fórmula es un continuo cambio.

Por otra, con las características técnicas del procedimiento de escritura en Internet, podemos jugar con mayor plenitud con la intertextualidad que hasta ahora y ampliar, a través de los enlaces, los hilos connotativos de un texto.

Con ser mucho lo apuntado, la mayor aportación de la red para la creación poética es otra. Es un espacio que parte de un nuevo concepto de escritura, en el que ya no hay tiempo ni referencias espaciales tradicionales (antes, después, arriba, abajo). En él todo se escribe en un mismo código binario: la letra y el silencio, los signos ortográficos, las imágenes y el sonido, etc. Por primera vez se ha facilitado al creador el uso de una herramienta compleja pero fácil de manejar en la que todo se sostiene en la misma escritura, que es accesible de forma global e inmediata, que contribuye a fijar de forma eficaz todo tipo de textos. Qué hacer con esas posibilidades y explotarlas estética e ideológicamente es algo que deben decidir los que producen esos textos y sus receptores. Y eso no ha tenido nunca, en la historia de la Humanidad, un horizonte tan abierto como en la red que, por otra parte, ya se encuentra en muchos otros lugares que no son la pantalla del ordenador.

Comprendo el vértigo de muchos ante la novedad y el riesgo que supone.

El viernes, haré reseña de lo que vi en este X Encuentro.

martes 7 de julio de 2009

Cajas de colores


En los hospitales, el color es un artefacto. No sensación: artificio. En los hospitales, deberían permitir a los niños más pequeños que dibujaran con pinturas de mano en las paredes para que el blanco explotara en azules y amarillos y naranjas verdaderos. Y que su risa fuera parte de la terapia. Y que la gasa del dolor tuviera la gama de la luz al atravesar el agua de una lágrima preocupada.

lunes 6 de julio de 2009

Testimonios cervantinos de Béjar y noticias de nuestro Quijote



En Béjar, este fin de semana, no fui a hablar de Cervantes, pero en Béjar es seguro que, en algún momento, el Quijote te salga al paso. Por los muchos homenajes que en la ciudad hay a esta obra, pero también por los amigos que uno se encuentra allí y que comparten esta lectura. Ya hablaré en otra entrada de mis impresiones sobre Voces del extremo, pero no puedo dejar pasar que hoy toca Quijote para publicar aquí, como testimonio, esta imagen de Celestino Miguel (Pancho) y mía, que nos tomó Manolo en el patio del Convento de San Francisco, sede de la Concejalía de Cultura y del encuentro. En la segunda, se ve mejor la camiseta que llevo y que es un regalo cariñoso de Concha: la luzco aquí, bien agradecido, para hacerme perdonar no ponérmela el primer día: se hizo con motivo del cuarto centenario de la impresión de la Primera parte. El sombrero es un regalo de Pancho, que sabía que yo me iba a comprar uno, y que me entregó después de su amable presentación. Gracias a todos. Además, con mi situación familiar de estos días, habéis ayudado a que durante unas horas pudiera olvidarme de penas.

Me guardo el regalo de Marina, que tanto me conmovió, para otra entrada. Cuánto bueno he encontrado en Béjar. Reitero, desde aquí, mi agradecimiento a la organización del Encuentro y al Ayuntamiento de Béjar, cuya Concejala de Cultura, Rosa, en contra de lo que suele ser habitual en este mundo, nos acompañó en todas las sesiones.


Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.


Noticias de nuestro Quijote

Juan Luis comenta el capítulo tercero de la Segunda parte desde la innovación técnica cervantina provocada por la introducción del relato en el relato mismo y ve con gran acierto cómo es un veterano soldado el que lo hace. La reflexión merece la pena ser leída con calma, incluida la nota final.

Abejita plantea una pregunta muy inteligente sobre la similitud de un personaje de Viejas historias de Castilla la Vieja (posiblemente la mejor obra de Delibes) y Sansón Carrasco. Leed y responded. También ha publicado, vía Ele Bergón, unas palabras del Sanchico que emocionan. Además, asegura no saber nada de los escudos... Después, Abejita nos da envidia y publica unas imágenes de un lugar con Quijote, en el que da gusto leer, desde luego. Supongo que es allí en donde ha escrito sus comentarios del capítulo cuarto: el primero centrado en las palabras de Sancho; el segundo, gracias a Ele Bergón, con las palabras entre Sancho y Sanchico...

Manuel Tuccitano, al comentar el capítulo cuarto nos ilustra con acierto en una materia necesaria para comprender el contexto de la obra: el dinero y su influencia social, así como determinadas tablas de conversión a parámetros actuales. No os la podéis perder.

Alatriste, en su última entrada, nos informa de las series televisivas sobre Cervantes y el Quijote, por si alguien quiere documentar un aspecto que algunas veces habíamos tratado en la lectura.

Pancho, en su comentario del capítulo cuarto, reseña los elementos claves y acierta con la forma en la que Cervantes pone ya a Sancho al mismo nivel de protagonismo que don Quijote.

Jan Puerta publica una entrada magnífica comentando el capítulo de la semana: por una parte, ve el papel de Sancho y recupera a Rocinante. Después, publica un extraordinario retrato de un artesano con su obra: un don Quijote realizado con tornillos. No os perdáis el pie de foto.

Desplazados nos sorprende con un trabajo quijotesco en punto de cruz. No la exijamos que lo termine de forma urgente, porque aún nos queda lectura...

Antonio Aguilera, Óscar y Ojito vuelven, tras juguetear con Savater, al Quijote: en buena hora comentan el capítulo cuarto, porque se les esperaba. Aunque no queda muy claro de quién es el texto (que voy creyendo que escriben a dos manos o tres), como el comentario es muy bueno y en su línea, hasta la espera se da por buena. Y una nueva imagen para la iconografía quijotesca...

Myr no hace un bellísimo regalo a todos. Como sabéis, ha estado en Suecia. De allí se trae un ejemplo de la presencia quijotesca en la poesía sueca que no os podéis perder. Mil gracias, Myr.

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Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado 4 de julio de 2009

Acuse de recibo: Las columnas de Hércules, de Luis Araquistain.


Existe la creencia generalizada de que la literatura española no ha tocado determinados temas. Así, se afirma, con demasiada ligereza, que no hay tradición en el tratamiento de las relaciones del poder político con el mundo empresarial y periodístico, que parece campo exclusivo de la literatura anglosajona y, en especial, de los autores del llamado Nuevo periodismo nacido a mediados del siglo XX.

Suele ocurrir que el que afirma estas cosas o es un ignorante o un snob que prefiere todo lo traducido a lo que está escrito en lengua propia. O ambas cosas. Gran parte de la responsabilidad de que haya pasado esto recae en el mundo académico, que ha establecido un canon en los manuales que repudia todo lo que no pertenece a la denominada gran literatura y sus autores consagrados. Además, el mundo editorial español tiene unas dinámicas perversas por las que prefiere apostar por cualquier valor económicamente seguro publicitado internacionalmente que por cuidar la historia literaria propia.

Algún día deberé abordar en La Acequia la desaparición del fondo editorial y cómo es imposible encontrar en las librerías determinadas obras y autores de nuestra literatura, a pesar de que su lectura documentaría que mucho de lo que admiramos en autores de otras lenguas ya estaba en la nuestra con igual o superior calidad artística. El problema es que, para reeditar estas obras hay que conocerlas y apreciar nuestra propia cultura. Gran problema en la España actual, sin duda alguna.

Se acaba de rescatar del olvido la novela de Luis Araquistain, Las columnas de Hércules, con un oportuno estudio preliminar de Jesús Rubio Jiménez (Madrid, Publicaciones de la Asociación de Directores de Escena de España, 2009). Luis Araquistain (1886-1959) es uno de los nombres más significativos del socialismo español, muy cercano a Largo Caballero. Político, periodista, crítico teatral, escritor, gran conocedor de la España de su época, vivió en el exilio la parte final de su vida. Participó activamente en el debate público de las primeras décadas del siglo XX sobre la mejor forma de sacar a España de su situación de abatimiento tras el desastre de 1898.

Es en ese clima de análisis de los males nacionales cuando escribe Las columnas de Hércules, publicada en la editorial Mundo Latino en 1921. En España, en las tres primeras décadas del siglo XX hay una producción de novelas mucho más abundante de lo que una consulta a un manual de literatura nos presenta: novelas similares a las que hoy consumimos de forma masiva sin ningún pudor y que nos sorprenden cuando caen en nuestras manos.

Esta novela no tiene grandes pretensiones literarias, pero se deja leer y atrapa tanto en su argumento como en el retrato de la sociedad española del momento. El argumento, con toques de farsa política, nos presenta a un joven periodista, Modesto Escudero, que se levanta un día con el propósito de no dejar pasar más tiempo sin hacer algo en la vida. Con esa pretensión entra en contacto con un empresario que vende píldoras de composición secreta contra la impotencia y que necesita publicitarlas para aumentar sus ingresos. Tras escucharle, Escudero le propone fundar un periódico, El Orden, cuyo fin oculto será difundir las bondades del producto. A partir de ahí, comienza una revista social -que, en la literatura española, tenía tradición desde Quevedo hasta Valle Inclán- en la que se repasan todos los sectores sociales: la Banca y los banqueros, el Congreso de Diputados y los principales políticos, la Prensa y los periodistas, el público, etc. En todos ellos predomina la hipocresía, la picaresca y la falta de escrúpulos. El periódico fundado por Escudero tendrá tal éxito que el empresario, Herculano Cacodoro, ve recompensado su propósito y aumentado su fin inicial, porque conseguirá entrar en los círculos políticos y en una conspiración internacional que pretende alterar las dinámicas de poder geoestratégico. En este punto, se prepara toda una estrategia para inciar una guerra que consiga manipular a la opinión pública del país.

Como revista social, de la mano del narrador entraremos en los círculos de la bohemia literaria del Madrid de principios de siglo, el análisis de la literatura española contemporánea, el debate sobre el incipiente feminismo, la necesaria autorregulación de los medios de comunicación a partir de comportamientos éticos, etc.

La novela, escrita para denunciar la corrupción política y moral del sistema político de la Restauración y de la falta de escrúpulos del Poder, se convierte en toda una lectura sobre la función de la Prensa para alterar el estado de las cosas y crear falsedades que manipulen a la opinión pública. Esta reflexión, en 1921, era de una perspicacia asombrosa. Y no me digan que no es actual.

Sin duda, una lectura entretenida, a la altura de cualquier best seller de la actualidad.

viernes 3 de julio de 2009

Voces del extremo (Béjar, 3-5 de julio de 2009).


Viajo a Béjar para asistir al encuentro Voces del extremo, una feliz iniciativa que ya va por la décima edición. Hasta ahora se había celebrado en Moguer y éste será el primer año en Béjar, bajo el tema de Poesía y tecnología. Agradezco la invitación del Ayuntamiento de Béjar y de los organizadores, entre los que hay viejos amigos de La Acequia, Luis Felipe Comendador y Celestino Miguel. En mi conferencia hablaré de Poesía en la red. Daré cuenta.

Tenéis toda la información aquí.

jueves 2 de julio de 2009

Sancho crece (Cap. 2.4).


Uno de los rasgos más sobresalientes de éste y el siguiente capítulo es que constatamos cómo ha crecido Sancho. Ya teníamos ciertos avisos en la Primera parte de que su personaje ganaba en interés, pero desde que lo hemos visto entrar en escena de nuevo se nos ha hecho patente que don Quijote y Sancho han tenido, en estos diez años entre 1605 y 1615, una evolución en la mente del autor que les hace ser los mismos pero trasformados: admirable lección de narrativa moderna por la cual los personajes cambian por lo que les pasa, delante del lector, y sin que nadie nos relate esos cambios.

Además, sabíamos de la proverbial tendencia a no callar del escudero, pero aquí se evidencia cómo Cervantes ha conseguido la maestría para caracterizar a través del diálogo, provocando la disminución del papel del narrador externo: convierte el mismo diálogo en acción que hace avanzar el relato.

Así, es a Sancho a quien le corresponde dar cuenta de las incoherencias más graves de la primera edición vistas ya por sus contemporáneos. Ante la imposibilidad de arreglar por vía lógica el grave error editorial que se produjo al alterar la estructura de la Primera parte cuya evidencia más relevante es la desaparición del asno, robado por Ginés de Pasamonte sin que se nos dé cuenta de cómo, Cervantes hace que Sancho elabore una huida hacia adelante: un relato inverosímil del robo, tanto que sólo puede evidenciar que Sancho ha sido absorbido por la fantasía de su amo, fabricando una versión que no se puede corresponder a la realidad.

Como Sansón Carrasco le hace ver que en la novela hay otro descuido porque se había dicho que iba montado en el burro antes de recuperarlo, Sancho echa mano del argumentario de su amo: o el historiador se engañó o es un error del impresor. Este cuestionamiento del narrador o de la misma impresión del texto como objeto existente fuera del relato, en la realidad del lector, por parte de un personaje -y de uno de los personajes menos formados para hacerlo- revienta las costuras tradicionales de la ficción tal y como se entendía hasta ese momento.

La problematización del relato (y de todas sus figuras: narrador, texto, personajes, tiempo, espacio, etc.) desde el mismo relato es uno de los mejores hallazgos de este inicio de la Segunda parte, como ya hemos visto, llevada a cabo de una forma consciente por Cervantes, al que se le ha copiado el recurso hasta la saciedad. Recordemos que Cervantes podría haber ignorado el problema, como solía hacerse ante los errores de este tipo, o revisado completamente el texto de la Primera parte para futuras ediciones. Pero ni le interesó lo primero, quizá divertido ante el erro y la crítica que le facilitaba dar un paso más en la renovación del género, ni lo segundo -los arreglos de las reimpresiones de la Primera parte no pasaron nunca de pequeños parches.

Tras esto, la autoafirmación de Sancho como personaje no para de aumentar: declara directamente haberse quedado con los escudos y lo justifica; afirma, ante las dudas de si habrá o no segunda parte, que su amo y él darán materia suficiente; cuestiona los motivos del autor para escribirla; y se manifiesta rotundamente partidario de volver a salir al campo con su amo, incluso con mayor interés que don Quijote, al que le pone condiciones de antemano.

En su larga intervención, pronuncia una frase similar, en cuanto a su función de definición del personaje, al Yo sé quien soy de su amo en la Primera parte: Sancho nací, y Sancho pienso morir; pero si, con todo esto, de buenas a buenas, sin mucha solicitud y sin mucho riesgo, me deparase el cielo alguna ínsula, o otra cosa semejante, no soy tan necio, que la desechase. Tal frase es una mezcla de reconocimiento de su posición en la sociedad estamental del momento pero también su ruptura al no sentirse inferior a nadie porque reúne las condiciones que, a su juicio, le igualan a cualquiera: tiene el pulso suficiente y es tan cristiano viejo como el que más. Es curiosa esta afirmación en un personaje de Cervantes: unos la han tomado como una fórmula de igualdad por encima de la división estamental, una pequeña esperanza de ascenso social; otros por un guiño irónico dado que cualquier simple puede creerse que tales argumentos bastan en el imaginario colectivo de la sociedad española de principios del siglo XVII.

Observemos que hasta ahora don Quijote sólo tenía una vaga decisión de volver a salir, pero tanto la insistencia de su escudero como las ganas de diversión del bachiller, le motivan finalmente a salir a la aventura. Esta cuestión irá en crecimiento a lo largo del relato: aunque ya estaba presente en la Primera parte -el ventero que le nombró caballero; la historia de la Princesa Micomicona, etc.-, en la Segunda se profundizará en el motivo.

Veremos qué pasa en el capítulo V el próximo jueves.

miércoles 1 de julio de 2009

Colores


Volvemos a los hospitales con el ánimo encogido. Todo está nuevo y limpio y parece que el silencio es más amable. En la pared se ha roto el blanco en sucesión de colores. Abrazos, abrazos, abrazos. Abrazos y besos y miradas. Qué largos son algunos pasillos.

martes 30 de junio de 2009

Una del oeste.


Siempre me han gustado las películas del oeste. Hubo un tiempo, cuando en España sólo existía un canal y medio de televisión, en el que todos los sábados por la tarde echaban una película de este género. Me recuerdo de niño, sentado ante el aparato en blanco y negro, con una pistola de juguete al cinto, viviendo con intensidad las luchas entre ganaderos y campesinos, entre indios y vaqueros, las cargas de la caballería por enormes praderas y desiertos desfiladeros y la eterna soledad del héroe enfrentando al mal y a la cobardía de los ciudadanos de orden.

Más tarde, quise racionalizar mi pasión y reinterpreté todo aquello con mirada crítica: vi la propaganda de un imperio que inventaba su propio pasado histórico, como lo han hecho todos; comprendí la destrucción de las culturas indígenas y la violación de sus derechos naturales sobre la tierra que pisaban; consigné la discriminación de género, el maniqueísmo falsificador de la vida; comprobé con indignación la mutilación de las películas originales por el doblaje en tiempos franquistas para hacerlas aceptables a la moral gris mediocre de la época; incluso me reía de los anacronismos y las situaciones inverosímiles, todo lo que debía hacerme rechazar la gran mayoría de las películas del género y quedarme con el puñado en el que se dibujaba una impresión más cierta de lo que sucedió.

Pero aquella construcción ideológica tiene grietas que abren boquetes por los que se filtran las emociones por las que vuelvo a sentirme como aquel niño, sentado todas las tardes de los sábados, ante el monitor en blanco y negro, soñando cabalgar por praderas imposibles hacia la puesta de sol. Por eso no voy a dudarlo y ahora que un periódico lanza una colección de este tipo de películas, voy a reservarme unas horas cada sábado por la tarde. Quizá, hasta me compre un sombrero.

lunes 29 de junio de 2009

Una siesta, retrato de Cornelivs leyendo el Quijote y noticias de nuestro Quijote


El final del capítulo de la semana pasada, nos ofrece una muestra más de la atención de Cervantes por los detalles cotidianos, que dan un toque especial a la narración. Hemos visto esto mismo en otras ocasiones y ya sabemos que su uso e debe a un doble motivo. Por una parte, alejan el relato del modelo parodiado, las novelas de caballerías; por otra, dan una visión costumbrista de su época y realismo a lo contado. Cervantes muestra, en estas ocasiones, no tener prisa por la acción y se demora en cuestiones que pueden parecer superfluas pero que no lo son cuando se pretende dar concreción humana a la historia: todos nos reconocemos en estas pausas en las que aparecen detalles que realzan la mirada cervantina.

Es un ejemplo perfecto lo que sucede en este tercer capítulo de la Segunda parte. El diálogo se ha alargado demasiado y podía fatigar al receptor y desequilibrar la extensión normal de cada capítulo y ya sabemos que Cervantes había descubierto, en un momento determinado de la Primera parte, las virtudes de la ordenación por capítulos y lo que valía, para despertar la curiosidad del lector, dejar la narración suspendida.

Así construye el diálogo para que su continuación recaiga en Sancho Panza puesto que Sansón Carrasco le pide explicaciones sobre el hurto del asno y el destino final de los escudos de la maleta encontrada. Es en ese momento cuando introduce motivos que parten de lo más cotidiano: por una parte, Sancho debe aplazar las explicaciones porque desfallece (ya nos dijo Fernando Portillo que muy posiblemente sea una de las primeras descripciones literarias de una crisis de hipoglucemia aplicadas a la estructura de un relato); por otra parte, Sansón Carrasco acepta la invitación de don Quijote para quedarse a esperar al escudero. Y la espera la dedican a la comida, para lo que deben añadirse dos pichones al banquete, y a la siesta. Curioso detalle éste, ahora que nadie invita a domir la siesta a un amigo.

Cornelivs se retrata leyendo reposado el Quijote

A mi querido Cornelivs y su constancia quijotesca le dediqué en su día una entrada, como recordaréis. Fiel lector de la obra y seguidor de esta locura, me remite ahora un retrato quijotesco que habla bien de su forma de enfrentar la vida. Como veréis, en la imagen todo respira paz y cercanía. Es como si la escena estuviera preparada para llegar y sentarse tomando un café juntos para hablar de Cervantes o de cualquier cosa que surgiera al hilo de la conversación.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.


Noticias de nuestro Quijote

Antonio Aguilera no puede participar esta semana por cuestiones familiares. Le esperamos en cuanto pueda hacerlo, por supuesto. Y que no se escapen ni Ojito ni Óscar.

Abejita ha publicado una interesante imagen que une dos nombres que nos hacen mejores: Cervantes y María Zambrano. Después, comenta el capítulo de esta semana fijándose en el monólogo dubitativo de don Quijote. No os perdáis las imágenes de sus entradas, por supuesto. Finalmente, Sanchico, vía Ele Bergón nos cuenta algo más que interesante sobre el destino de los famosos escudos...

Ele Bergón ha publicado un buen reportaje gráfico en el que muestra imágenes de la madrileña Calle de Cervantes y su entorno, bien literario. No os lo perdáis.

Pancho enfoca de forma excelente estos capítulos, al demostrar la funcionalidad de Sancho para romper el estatismo de la situación que hubiera marcado dejar todo en manos de don Quijote, que se encuentra recuperándose en su habitación.

Jan Puerta publica un análisis que nos pone ante una de las cuestiones esenciales de este capítulo: cada uno de los que participan en la conversación propone su propio acercamiento a lo que sucedió en la Primera parte, pero sumando los tres nos darían un relato un tanto diferente, como sucede con su mirada sobre Rocinante.

Manuel Tuccitano centra su comentario en la figura de Sansón Carrasco, sus claves y su necesaria incorporación a la obra para que ésta avance. No os perdáis las dos imágenes (moderna y antigua) que aporta a nuestra colección.

Desplazados, en su última entrada, nos regala otra imagen quijotesca: un guardamecí cordobés excelente.


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Vale.

sábado 27 de junio de 2009

Ha muerto Victoriano Crémer

En León, a los 102 años de edad, ha muerto Victoriano Crémer. Nacido en Burgos, su vida transcurrió en León y desde allí, en la postguerra, dio ejemplo de coherencia artística y vital. Fundó, junto a Antonio González de Lama y Eugenio García de Nora, una de las revistas poéticas más significativas de la España de postguerra, Espadaña (1944-1951), que tuvo una gran importancia para la difusión de la poesía existencial y primera poesia social: uno de los hitos de la llamada rehumanización del arte. Comprometido con su tiempo, en la obra de Victoriano Crémer hay, sobre todo, una solidaridad con el ser humano como eje vital de la historia.

Cuando murió Gabriel Celaya, compañero de estética, le dedicó un poema que hoy podríamos leer para el propio Crémer:

¡Cómo nos mueren Gabriel, Santo y pobre Gabriel!
Sin encomendarnos a Dios, sin que nos canten
cenicientas plegarias destinadas a los mármoles
y sin que ni en las ventanas ni en las azoteas
ondeen pabellones con nuestra marca heráldica.
(...)
Y fue el silencio, Gabriel, el silencio rendido
del que se duele del alma partida y repartida.
Y acabaste muriéndote de tristeza.
¡Qué muerte
para quien fue clarín de la alegría y la esperanza!
¡Cómo nos mueren, Gabriel, Santo y triste Gabriel,
por los siglos de los siglos!...


Que la tierra le sea leve.

viernes 26 de junio de 2009

Blogs y redes sociales

Desde la aparición de las redes sociales organizadas con fines comerciales en sitios de Internet (Facebook, MySpace, Tuenti, etc.), se ha establecido un debate sobre si sustituirán o no a los blogs.

Ambas herramientas son posibles gracias a las características esenciales de la web 2.0, que permite la interacción, la inmediatez y la posibilidad de que cualquier receptor se convierta, de forma inmediata, en productor de contenidos.

Las redes sociales en Internet eran la base de la web 2.0 antes ya de la aparición de estos sitios: foros, chat y los mismos blogs establecían sus propias redes sociales.

Los blogs, que comenzaron como una forma de almacenamiento y comentarios personales de lugares interesantes en Internet que cada bloguero descubría y ponía en conocimiento de sus lectores, han tenido un crecimiento exponencial, como corresponde a todo fenómeno exitoso en el mundo virtual. Su crecimiento ha provocado la diversificación: hay muchos tipos de blogs, desde el que conserva los fines originales de la herramienta, hasta los de información y debate. También se ha enriquecido con las posibilidades técnicas: publicación de fotografías, música, presentaciones y videos, que han hecho aparecer subgéneros como los fotoblogs y videoblogs.

Hoy el blog es una herramienta que soporta desde la comunicación emocional a la más compleja mirada artística, desde el mero contacto con un grupo que se relaciona a través de Internet hasta el debate ideológico. El autor de un blog tiene más posibilidades de expresión que el que participa en una red social, pero está más expuesto y, sobre todo, debe dedicar más tiempo y esfuerzo para mantenerlo.

Los sitios de redes sociales aparecieron como un intento empresarial de conseguir una rentabilidad económica ante el crecimiento de las herramientas basadas en la web 2.0. Se diseñó una herramienta de comunicación rápida y cómoda que no exigiera conocimientos informáticos de ningún tipo ni tuviera la diversidad de los blogs y que, además, planteara la apariencia psicológica de no estar desprotegido ante un mundo sin fronteras como el virtual. Los sitios de redes sociales dan la impresión de que todo está más controlado y que el que participa en ellos está menos desamparado ante el lector anónimo que en un blog. Por otra parte, la participación en estos lugares no exige el mismo esfuerzo intelectual que la construcción de un blog.

Desde luego, el planteamiento de un enfrentamiento entre blogs y sitios de redes sociales es interesado y tienes fines económicos y de control del mercado.

No son herramientas excluyentes. Es lógico que las redes sociales crezcan porque son herramientas de comunicación muy útiles para el tipo de vida actual. Quienes usaban los blogs con estos fines dejarán de hacerlo porque las redes sociales ofrecen un producto más atractivo y cómodo para establecer un contacto diario e inmediato a partir de la comunicación de situaciones personales y el intercambio de información.

La complementariedad de blogs abiertos y sitios cerrados de redes sociales es evidente. Y cada herramienta se especializará más en los próximos tiempos, hasta la aparición de alguna otra que posibilite asimilarlas y superarlas.

jueves 25 de junio de 2009

Aparece Sansón Carrasco (Cap. 2.3).


La creación del personaje de Sansón Carrasco es uno de los grandes hallazgos de la Segunda parte.

Este personaje, magníficamente caracterizado desde antes de aparecer, tendrá una función significativamente relevante en el resto de la novela, puesto que sumará sus esfuerzos a los del cura y el barbero para hacer volver a don Quijote tras su nueva salida. Y lo hará con la misma estrategia que ellos adoptaron en la Primera: participar de la ficción del hidalgo para hacerlo regresar a la aldea desde dentro del mundo caballeresco.

Pero eso está fuera del capítulo de esta semana. Éste, con el anterior y el siguiente, pertenece a un segmento narrativo en el que el relato da un salto cualitativo de enorme trascendencia para la historia de la novela moderna. En él, el propio relato se hace parte sustancial de la escritura. En el capítulo de la semana pasada lo vimos cuando Sancho daba cuenta de la fama popular en la aldea. Ahora Sansón Carrasco viene a dar cuenta de una sorprendente noticia: en el mes trascurrido entre el regreso de don Quijote y su recuperación, se ha escrito y publicado un libro que cuenta sus hazañas. Este volumen ha tenido un enorme éxito, corre de mano en mano, se ha reimpreso en varios lugares y se ha traducido a varios idiomas, hasta el punto de que Sansón Carrasco puede afirmar que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga.

Para dar lugar a la entrada verosímil del bachiller, usa de un recurso escénico del momento: el monólogo de don Quijote, inquieto por lo que haya podido contar de él el autor de la narración, la imposibilidad de que todo se haya podido dar en tan breve tiempo puesto que aún no estaba enjuta en la cuchilla de su espada la sangre de los enemigos que había muerto (con esta exageración ya nos propone Cervantes una mirada irónica a la inverosimilitud del tratamiento temporal puesto que no hemos de olvidar que la narración se plantea como parodia de los relatos caballerescos), sus dudas sobre la veracidad de lo relatado al ser moro el autor y, en especial, la forma de tratar sus amores con Dulcinea.

Uno de los problemas que ha tenido la crítica a la hora de comprender con exactitud las palabras del bachiller se debe a la caracterización de este personaje. Se ha debatido en exceso sobre lo que afirma en este capítulo -en especial sobre la existencia de algunas ediciones citadas de las que no hay ninguna constancia, pero también sobre el resto de sus afirmaciones-, sin tener en consideración que Sansón Carrasco es un bachiller de Salamanca, recién llegado de la Universidad a sus 24 años y que no demuestra tomarse la vida demasiado en serio.

Cervantes construye este personaje sobre el tópico literario del estudiante y lo hace desde la descripción física y moral. No es, por lo tanto, ni un modelo de comportamiento ni aplicación de los conocimientos adquiridos en sus estudios para mejorar la sociedad en la que vive. Más adelante lo veremos picado en su orgullo. Aquí, desde el inicio, plantea pasar un día divertido en casa del loco famoso de su aldea y no para de argumentar para jugar tanto con el hidalgo como con Sancho Panza. De ahí que a Don Quijote le salude por este nombre desde su inicio y no pare de reforzarle su fantasía: es un motivo más para impulsarlo a una nueva salida.

Además, Cervantes lo utiliza como un elemento externo a la narración de la Primera parte y, por lo tanto, apropiado tanto para repasar las principales aventuras como para cuestionar aspectos que él sólo puede conocer por la lectura de la novela:

-No se le quedó nada -respondió Sansón- al sabio en el tintero: todo lo dice y todo lo apunta, hasta lo de las cabriolas que el buen Sancho hizo en la manta.

Como ha asistido al éxito del libro, puede aportar datos a la curiosidad de sus interlocutores desde la popularidad del libro hasta el cuestionamiento de algunos aspectos de la narración: el exceso de golpes recibidos por don Quijote, la fragilidad de la motivación de Sancho Panza para seguir a su amo (la promesa de una ínsula) y la incorporación de una novela completamente ajena a la narración (El curioso impertinente).

A todo ello dan respuesta en el diálogo, pero hemos de observar cómo estas críticas son participadas por el propio Cervantes, que cuida mucho de no volver a caer en estos elementos cuestionados en su época (los golpes recibidos se reducen notablemente, el gobierno de la ínsula se hará realidad y de él se extraerá toda una lección moral y desaparecerán los relatos insertados a la manera de El Curioso impertinente).

Sin duda, Cervantes meditó mucho sobre estos aspectos, comprendiendo que representaban elementos frágiles de la novela. Su sagacidad hizo que convirtiera la polémica en materia narrativa y que, en el caso concreto de la introducción de la novelita, la recusara explícitamente a través del hidalgo como algo no propio de la materia novelada (ahora bien, recordemos que don Quijote estaba dormido cuando se leyó y, por lo tanto, para él esa parte de la historia no existió, con lo que Cervantes, para salir de la polémica, realiza un juego teórico excelente y novedoso).

Pero también, el bachiller, como lector del libro, sabe cosas que se calla para no estropear la diversión, como que don Quijote no es, en realidad, un caballero andante, que Sancho no entregó la carta, que el cura y el barbero trajeron a su vecino engañado, etc. No es -no lo olvidemos- un moralista, sino un estudiantón que se divierte.

Gracias a esta función del personaje, Cervantes puede abordar algunos de los defectos que contenía la primera edición y, en especial, dos: el hurto del rucio de Sancho y el destino de los cien escudos hallados en la sierra.

Como el capítulo se alarga, Cervantes recurre al desfallecimiento físico de Sancho, que necesita comer y beber para poder continuar la narración. Y Sansón Carrasco también, que no se hace de rogar para quedarse a comer y echar la siesta en casa del hidalgo.

Veremos qué pasa después de la siesta el próximo jueves, al comentar el capítulo IV.

miércoles 24 de junio de 2009

La traducción que estafa: sobre las dudas planteadas en torno a Millenium de Stieg Larsson

Las dudas que se han suscitado, desde hace unas fechas, sobre la traducción al español de la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, merecen una reflexión de carácter general sobre una mala praxis extendida en el mundo editorial español. He de aclarar que, como no sé sueco, no puedo abordar las dudas de fondo, pero las evidencias puestas sobre la mesa deberían aclararse por los especialistas y por la editorial Destino lo antes posible para evitar más confusiones.

Es evidente que los títulos españoles de la trilogía (que tanto han llamado la atención) no corresponden a los originales suecos y se parecen sospechosamente a los de su traducción francesa, lo que ha planteado la duda de si lo que leen con tanta avidez los receptores españoles es una traducción directa o una retraducción del francés. No es cuestión baladí.

Francia ha sido, durante muchas etapas de la historia de Europa, el núcleo de difusión de la cultura que se hacía en otros países. Para el caso español, este papel redifusor de Francia fue predominante -casi de forma absoluta- desde el siglo XVIII hasta mediados del XX. De hecho, grandes autores fueron divulgados en España no desde sus lenguas originales sino a partir de las versiones francesas: Shakespeare, los románticos alemanes, toda la gran literatura rusa, etc. Lógicamente, el conocimiento de estos autores venía mediatizado por su paso por lo francés, no sólo por su lengua, sino también por su cosmovisión, ideología, forma de entender las culturas de los autores traducidos, etc. Además, la intervención de los traductores manipulaba las obras, en algunos casos, de una forma grave, hecho que, en ocasiones, pasaba totalmente desapercibido al traductor de la versión española, que desconocía el original.

Evidentemente, esto habla muy bien de la preocupación francesa -desde sus poderosas instituciones, sus escritores, el mundo editorial, la creación de un mercado y un público propio y extranjero, etc.- por la cultura y su capacidad para integrar las grandes producciones intelectuales y artísticas del mundo, asimilarlas y difundirlas con posterioridad con un sello propio.

Y, por supuesto, habla muy mal de la cultura española -instituciones, escritores, editores, público-, a la que no le ha importado mucho esta subordinación -como sucede ahora, al recibir sin más el impacto de lo audiovisual desde el mundo anglosajón en formato doblado como si tal hecho fuera inocente- ni se ha preocupado, salvo honrosas excepciones, en conocer los productos desde su lengua y formato original.

Hace unos pocos años, uno de los directores de escena españoles más conocidos, presumía de que, al fin, se podía ver de verdad a Chéjov en España gracias a su montaje de una de las obras de este autor y presumía de que él lo había redescubierto para el público español. A nadie pareció extrañarle que este mismo director de escena confesara que no sabía ruso y que había trabajado con una traducción al francés de este autor.

Como sabemos, la traducción de una obra artística nunca es literal, sino que se adapta al lenguaje al que se traduce, con lo que no sólo algunas expresiones sino también muchos conceptos son modificados. También el estilo, por muy respetuoso que se sea.

Traducir de una traducción, aumenta las diferencias con el original y puede dar lugar a lecturas esperpénticas que se apartan de lo que pretendió el autor, tanto en el estilo como en lo ideológico.

Y, sobre todo, es una estafa a los lectores.

Una estafa demasiado cultivada por las editoriales españolas, que, por lo general, ponen condiciones económicas y de tiempo que imposibilitan una traducción sensata. A veces, ni siquiera se preocupan en que las traducciones se hagan desde la lengua de origen inicial. A los editores parece no interesarles mucho dignificar la figura del traductor cuando es un componente fundamental de su industria. En el fondo, sueñan con que un traductor electrónico les solucione el problema sin tener que tratar con un profesional al que desprecian y del que no se fían.

martes 23 de junio de 2009

Encenderé una hoguera esta noche


Encenderé una hoguera esta noche y saltaré sobre las brasas, como si creyera.

Recordaré a Vicente Ferrer, santo del pueblo pobre sin necesidad de institución, cuyos restos reposan al lado de aquellos a los que dedicó su vida; recordaré a Eduardo Puelles García, asesinado por la sinrazón terrorista y cuyo mejor legado ha sido el comportamiento de su viuda e hijos; recordaré a Julio Valdeón, que nos enseñó tanto y se ha ido casi de puntillas, olvidándose primero de sí mismo en la despedida última, y que nos ayudó antes a comprender mejor nuestro pasado. Conjuraré la noche con una queimada y brindaré por ellos y por las personas anónimas que mueren cada día reclamando libertad y justicia. También por los que mueren sin saber la razón de su miseria, causada por un orden injusto y gobernantes culpables que se amparan en el silencio de la mayoría. Derramaré primero el líquido por la tierra, como si creyera, para sentirme cerca de todos ellos y rendirles mi silencioso homenaje.

Sé que mañana, tras el solsticio, nada habrá cambiado, pero esta noche, mirando el rescoldo de la hoguera que se extingue, desearé que el mundo pueda cambiar, como si aun me durara en él toda la ingenuidad y esperanza de los tiempos en los que la Historia aun podía rectificarse.

Que el amanecer me sorprenda.

lunes 22 de junio de 2009

Un mes bien aprovechado, autorretrato de Myr y noticias de nuestro Quijote

Desde el punto de vista narratológico, una de las consecuencias más interesantes provocadas al comprimir el tiempo interno desde que don Quijote regresa a su aldea hasta el inicio de la Segunda parte, es que se provoca una situación inverosímil. Como sabemos, se nos dice -omitiendo todo un invierno-, que entre uno y otro hecho no ha pasado más que un mes. Que en este mes su aventura sea conocida y comentada en todo el lugar, es admisible y esperable: en una aldea así estos acontecimientos serían motivo de cotilleo, que Cervantes trasforma irónicamente con el motivo de la fama.

Pero que en ese tiempo haya dado lugar a que se escriba, imprima y difunda un libro que la cuente, se hace harto difícil hasta para el propio hidalgo: de ahí que tenga que recurrir, como veremos, a la intervención de fuerzas fantásticas, con lo que propone, de nuevo, la condición paródica del libro. Para desentrañar las claves, os invito a leer con mucha calma el capítulo de esta semana, en la que aparece, además, Sansón Carrasco, un personaje que tendrá mucho protagonismo en lo que queda de relato.

Myr se autorretrata con Quijote

Myr llegó a La Acequia hace unos meses para participar en nuestra lectura, pero se quedó para ser comentarista constante y cariñosa. Ha demostrado tenacidad con la aventura, porque ha leído la novela desde su inicio, aunque cuando se incorporó ya la llevábamos avanzada. Ha dejado muestra de su constancia en las entradas correspondientes, que os invito a repasar de vez en cuando para ver cómo han ido creciendo. Además, Myr, por su profesión, aporta una interesante perspectiva psicológica del personaje. Aquí se autorretrata con la cámara del ordenador y nos aporta una muestra de la universalidad de la obra. ¡Gracias, Myr!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Raúl Urbina ha decidido, con acierto, desdoblar el índice de nuestra lectura. Así, en este enlace tendréis el de las entradas correspondientes a la Primera parte. Ahora, en este otro enlace, se puede acceder al de las correspondientes a la Segunda parte. Muchas gracias por tu esfuerzo, Raú.

El Sanchico le ha contado a Ele Bergón para que lo publique Abejita, la realidad del inicio de la nueva aventura de don Quijote, el Alonso, al que parece le afecta la crisis económica más que la verosimilitud narrativa... Después, Abejita inicia el comentario del capítulo segundo con metodología inteligente de parejas... y consagra otra entrada a objetivar la equivocación de Sancho al mencionar el nombre de Cide Hamete...

Juan Luis comenta el capítulo primero de la Segunda parte desde una interesante perspectiva, a partir de la lucha por los sueños. Y lo enlaza con lo ocurrido recientemente en Madrid, con la lectura del Manifiesto por la Solidaridad. También comenta el segundo, con todo acierto, a partir de cómo podemos aceptar lo que opinan los demás de nosotros. Y no os perdáis la imagen quijotesca que publica, a la que, me temo, le queda poco tiempo de vida...

Manuel Tuccitano hace una lectura del capítulo a partir de la visión de la sociedad que hay en el Quijote. Y no os perdáis las dos ilustraciones. Una es un cromo del siglo XIX con alusión a este capítulo.

Pancho comenta el capítulo de esta semana con gran acierto, sobre todo al arrancar la comparación con el teatro breve del momento. Y no os perdáis la imagen, otra más para la colección y que testimonia cómo se ha usado la iconografía quijotesca para la política...

Jan Puerta convierte la lectura en una fiesta, en la que junta amigos, libros y buen comer y beber. Qué más puede pedirse...

Antonio Aguilera ve muy bien, en su comentario, cómo arranca el dúo protagonista. Y aporta la imagen de una edición inglesa en la que ya se reconoce aquello de lo que hablábamos: la consagración de la pareja Don Quijote-Sancho.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado 20 de junio de 2009

Acuse de recibo: El gordo Sasamón y el lobo. El príncipe desafinado, de Fernando Portillo Hombre



Escribir cuentos infantiles que se salgan de lo común hoy en día es todo un arte. Se ha instalado en el género un canon en el que todo está diseñado para su venta al por mayor y, por lo tanto, para su fácil digestión tanto por los niños como por los padres.

De hecho, la presión es tanta que la pacatería propia de nuestra época ha modificado la trasmisión textual de los relatos tradicionales de tal manera que se han limado todas las aristas. Yo mismo, al contar por la noche estos relatos a mi hija cuando era pequeña, me descubría eliminando aspectos que quizá me escandalizaran más a mí que a ella.

La primera intervención decidida en los relatos para niños se produjo en el siglo XVIII, con las fábulas y continuó en los libros de lecturas para niños que se publicaron en el siglo XIX. En este proceso intervinieron algunos de los que fiijaron, a finales del siglo XIX y principios del XX, (Andersen, Calleja) un canon escrito de la narrativa infantil suplantando definitivamente a la trasmisión oral de estos relatos. Ya en este fase, dado el salto a la impresión masiva, se produjo una extraña simplificación de los mensajes, en los que la lección que siempre existía en ellos, propia de las preocupaciones más arraigadas en todas las culturas, pasó a convertirse en moral de una sociedad cada vez más igual, hipócrita y burguesa. La adaptación cinematográfica de muchos de estos relatos, especialmente por la factoría Disney, terminó por provocar un formato casi único de relato infantil con su propia imaginería.

Por eso nos sorprende tanto cuando encontramos versiones antiguas de los relatos que aun hoy seguimos contando a los niños: la gran mayoría son crueles, inaceptables en los códigos oficiales de buena conducta actuales, llenos de los temores irracionales más permanentes del ser humano y con una diversidad mucho más amplia de lo que se estila. De un mismo relato podían coexistir cientos de variantes.

Hoy, la extensión del mercado del cuento infantil ha matado la variedad. En apariencia nos puede parecer que no es así si vamos a cualquier librería especializada, en la que hallaremos cientos de títulos, pero un ojo experto podría reducir todos los volúmenes de las estanterías a unas pocas modalidades. Es de resaltar cómo hoy la que triunfa es el relato de la historia de un niño o una niña que es aprendiz de mago o tiene acceso a un mundo en el que la fantasía le hace vivir experiencias alejadas de la realidad. A fuerza de fomentar en la mente del niño eso que se ha llamado la fantasía, se le ha alejado del mundo en el que vive.

Especialmente sorprendete es, por ejemplo, la escasa calidad del lenguaje de la mayor parte de los escritos dirigidos a los niños. No me refiero a los muchos y buenos textos que existen para niños en la etapa de aprendizaje de la escritura (en los que parece no regir las normas de las que aquí hablo), sino a los de etapas siguientes, en los que parece escribirse pensando que el niño no debe aprender nada con la lectura autónoma. Supongo que los editores tendrán un código secreto en el que figuren las palabras que los niños dominan en cada edad según estudios sesudos de pedagogía y prohiben expresamente la impresión de toda palabra, expresión o estructura sintáctica que no encuentren en él, porque de otra manera no puedo entenderlo. Actualmente, en el mundo occidental, los niños leen más que nunca pero este hecho constatable no garantiza que sigan leyendo cuando llegan a la adolescencia. Ya he expresado en alguna entrada que uno de los factores posibles es que las lecturas que hacen habitualmente no son nada complicadas en cuestiones lingüísticas ni en conceptos: es una literatura muy directa y adaptada que no tira de ellos hacia ningún otro tipo de libro excepto hacia los best sellers, escritos con la misma intención. Algo similar ocurre con las series de televisión y las películas.

Por eso mi temor inicial cuando mi amigo Fernando Portillo me dijo que escribía un libro de cuentos por encargo de la Biblioteca Pública de Burgos y mi satisfacción cuando recibí su envío de El gordo Sasamón y el lobo. El Príncipe destronado (Burgos, Junta de Castilla y León, Biblioteca Pública de Burgos, 2009), dos cuentos llenos de inteligencia y calidad literaria. Enlazan con los cuentos de príncipes y princesas del folclore para subvertirlos de una forma aun más radical si pensamos en el canon actual de este tipo de relatos: Un gordo que se casa con una bella princesa tras cazar a un lobo y enamorarla con el humor; un príncipe insufrible que se enamora de la hermosa hija de un leñador por su único defecto. Estos dos relatos son divertidos, irreverentes en algún momento y, sobre todo, alejados de la pulcritud aséptica de tanto como se escribe. Van precedidos de una advertencia del autor que alejará a unos pero significará un tesoro para quien vaya una página más allá:

Los niños (y las niñas, sí) que deseen comprender correctamente estos cuentos, deberán tener a su lado un diccionario de la lengua española cuanto más gordo mejor. Ya que el autor, amantísimo de nuestro idioma, ha decidido dejarse de tontunas y de tratar a los niños (y a las niñas, sí) como si fuesen bobitos y ha utilizado toda la munición necesaria para contar una historia como dios manda, que no es poca.

Los relatos cuentan con otro atractivo: las ilustraciones de Juan Mons, excelente dibujante, nada correcto ni convencional, que ha sabido captar lo que pretendían las dos historias.