domingo, 26 de abril de 2015

Tiempos de lealtad inquebrantable


De niño, mi madre me decía, con el temor de todas las madres: No te metas en líos. De joven en España aún se sentía el franquismo aunque Franco muriera cuando yo andaba por los doce años. La sociedad española aún vivía en el miedo, en la lealtad inquebrantable, en la fidelidad y sumisión al jefe y en el disimulo por temor a que alguien informara sobre ti. Mi madre, cuando yo era un estudiante de bachillerato que participaba en las revueltas estudiantiles y me enfrentaba a la policía que aún vestía de gris, me repetía que no me metiera en líos con ese miedo que tienen las madres a que a sus hijos les pase algo aunque estén muy de acuerdo con lo que piensan y hacen, pero los padres de entonces habían vivido en una España cercenada, sin libertad, llena de temores. Creía que esos tiempos habían pasado.

Pero no. Espero que estos tiempos sean lo que parecen, el final de una era, y no el comienzo de una nueva en la que reaparecen algunos comportamientos que atentan contra la libertad del ser humano en un mundo democrático. En estos meses me llegan noticias de políticos que llaman a periodistas para hacerles ver la conveniencia de informar de una o de otra manera sin ninguna sutileza. Me llegan noticias de denuncias ante la policía por expresar libremente una opinión sobre cosas que han acontecido, denuncias que no irán más allá pero tienen como finalidad amedrentar a quien opina para que no se meta en líos. Me llegan noticias de amenazas, filtraciones, guerra sucia. Me llegan noticias de presiones intolerables a personas significadas políticamente para que apoyen públicamente a una u otra familia en las que se han dividido todos los partidos políticos tradicionales y algunos de los nuevos. Me llegan noticias de que todo el mundo con algo de significación acude a las reuniones privadas con grabadoras para tener una prueba documental ante posibles irregularidades o chantajes. Me llegan noticias también de otros que van a esas reuniones para grabar a quien le cree su amigo llevándole, en una conversación informal, a decir una broma que pueda indisponerlo con el jefe de una agrupación o una empresa y hacerle caer en desgracia. Me llegan noticias de personas con cierto perfil público que ya no hablan de nada con nadie porque no pueden fiarse de nadie. Me llegan noticias de personas que andan escudriñando la vida de los otros para pillarlos en alguna falta aunque sea a costa de manipular o desenfocar y correr con lo hallado a chivarse ante el jefe, hacer caer al posible rival y ganarse un premio por leal. Me llegan noticias continuas de difamaciones sin fundamento para acabar con personas molestas porque no se rinden a la injusticia, la irregularidad o la falta de opinión: escritos o noticias que se hacen circular para acabar con el buen nombre de algunos, comentarios de todo tipo sobre estas personas que, simplemente, no son sumisas.

Observo en este país una tendencia cada vez más fuerte a confundir la persona con la institución, típica de los populismos y los comportamientos nada democráticos. Si criticas a la persona y sus acciones te dicen que atacas a la institución. Los autoritarios -desde un jefe de gobierno de una república a un presidente de escalera- siempre se han escondido detrás de una bandera, unas siglas, unas ideas, un escudo. Y siempre hay un esbirro del poder que denuncia, que está dispuesto a acabar con el prestigio de una persona o con su buen nombre solo por demostrar su lealtad inquebrantable, que suele traducirse, en realidad, en un deseo de medro personal, de ocupar un cargo o asegurar un trabajo porque si tiene que traicionar a su jefe, lo hará sin pestañear para alcanzar otras cotas de lealtad o de poder. Es el lugar adecuado, también, para aquellos que sienten rencor ante el mundo en general y envidia, llenos de miseria moral.

Hay gente que no tiene ningún escrúpulo, covachuelistas, serviles. Es una especie que siempre ha florecido en estas tierras tan faltas de modernización: aquí se asentó el absolutismo, el carlismo, el caciquismo, el franquismo y el postfranquismo. Y todavía sus huellas se detectan entre nosotros independientemente de la ideología: de otra forma no se explica cómo en España hemos votado sistemáticamente la corrupción para que nos gobierne en tantos lugares de nuestra geografía. Porque estas maneras no son ideológicas sino que nacen de la costumbre de premiar al sumiso y no al mérito, de alimentar al chivato con tal de controlar a los que no son fieles a quien manda. En esta España hay demasiada tendencia a convertirse en calumniador para medro propio, comisario político o informante secreto. Y parece que existe toda una sociedad dispuesta a creer lo peor de las personas e impedir que los buenos y los que tienen mérito triunfen aunque no posean la virtud de la lealtad inquebrantable y crean poder discrepar. Ahora comenzamos a saber de los funcionarios que se atrevieron a denunciar los inicios de la corrupción y cómo se les perjudicó en sus carreras, se cometió con ellos acoso laboral y todo tipo de presiones psicológicas. Y en tiempos tan convulsos como los que corren aquellos personajes tan leales pueden hacer mucho daño a los individuos libres que se atreven a ir con su opinión a cara descubierta. Hay que comenzar a cambiar esto y que sean estos leales, serviles, medradores, informantes y comisarios políticos los que queden en evidencia. La democracia comienza por poder respirar libremente.

Por suerte, también me llegan noticias de muchos grupos, asociaciones y plataformas que quieren tomar el camino de ser menos leales y meterse en líos, partidarios de manifestar la discrepancia de forma libre, la opinión crítica y la voluntad de vivir en un estado menos sometido al control de los inquebrantables.

sábado, 25 de abril de 2015

Botones de rosas para un 25 de abril

 

Hoy, 25 de abril, he recorrido las calles en busca de claveles. No he hallado más que una ciudad dormida. En un jardín escondido, la promesa de los botones de rosa y la primera flor, que nos interroga.


viernes, 24 de abril de 2015

Por masón, socialista y homosexual. La nueva documentación sobre el asesinato de Federico García Lorca


La noticia cultural de la semana ha sido la divulgación por la Cadena SER de la única documentación oficial conocida hasta ahora sobre la muerte de Federico García Lorca. Se trata de un informe elaborado en Granada el 9 de julio de 1965 por algún miembro de la 3ª brigada regional de investigación social de la jefatura superior de policía de aquella ciudad. El informe fue redactado a petición de Marcelle Auclair, periodista francesa que tenía la intención de redactar una biografía del escritor y quería documentar sus últimos días (Enfances et mort de García Lorca, aparecería en 1968 sin haber obtenido respuesta) . La cursó a través de la embajada de España en París y pasó por una cadena  de mando en la que se hallaron el embajador, el ministro de Asuntos Exteriores (Castiella) y el ministro de la Gobernación (Alonso Vega).

Esta documentación que ahora sale a la luz completa ha sido ya analizada por los especialistas en la materia y seguirá provocando reacciones en el futuro. En ella se aprecian algunas novedades. En primer lugar, que se trata de la confirmación oficial de que el asesinato de Lorca no se debió a un grupo de incontrolados ni a rivalidades internas dentro de los sectores golpistas que actuaban en la retaguardia como a veces se ha querido decir, sino a una orden expresa del Gobierno Civil puesto que fueron fuerzas dependientes de esta institución quienes sacaron a Lorca de la prisión y lo pasaron por las armas. Es la confirmación oficial de una sospecha defendida por los mejores especialistas. En segundo lugar, que se facilita alguna información diferente a la manejada hasta ahora puesto que se menciona que fue pasado por las armas junto a otro preso y no en la compañía que se barajaba hasta ahora y que su cuerpo fue enterrado en un lugar también diferente del que se pensaba y de difícil localización, según aprecia el redactor del informe.

Otras cosas afirmadas en este documento no son tan nuevas porque ya han sido suficientemente documentadas: el temor de Lorca a ser represaliado tras unos registros en la finca familiar en la que se hallaba le lleva a refugiarse en casa de los Rosales, de donde es sacado en un operativo que cuenta con una organización cuidadosa, y que se baraja como causa de la persecución y asesinato su condición de masón, socialista y homosexual.

El documento fue redactado 29 años después de los hechos ocurridos el 18 de agosto de 1936. El tiempo y los intereses de los implicados puede hacer confusa la información recabada. La rutina del documento y el carácter funcionarial de estos aspectos del régimen franquista puede engañarnos y hacernos creer todo lo que en él se afirma como si no se hubieran dado instrucciones orales para redactarlo tanto por instancias superiores como por las mismas autoridades locales que estuvieron implicadas en el asunto. Cuando uno lee detenidamente el documento saca la conclusión de que el asunto en 1965 era un tema muy sensible y podía resultar peligroso para quien redactara el informe y para quienes le dieran trámite sin más. De hecho, es muy significativo que el informe no lo firme nadie haciéndose responsable de lo que en él se indica y que se afirme con tanta rotundidad que el lugar de enterramiento del cuerpo del poeta sea tan difícil de localizar.

Desde mi punto de vista, estos documentos ponen de relieve varias cosas pero no tanto para 1936 como para 1965. Son más útiles para comprender lo que sucedía a mediados de la década de los sesenta y menos para esclarecer los hechos de 1936. En primer lugar, casi treinta años después no se podía negar que el asesinato de García Lorca fue ordenado por el gobernador civil. En segundo lugar, a esas alturas todavía se sentía como suficiente justificación del asesinato la condición de masón, socialista y homosexual de Lorca por parte de la rutina de la policía franquista. Pero hay algo más: unos años antes hubiera sido impensable que se hubiera dado traslado y curso oficial a un asunto así. En 1965 el régimen de Franco estaba en una situación complicada de cara a la opinión pública internacional: necesitado de abrirse al mundo y de homologarse parcialmente al mundo occidental, un embajador y dos ministros sienten que algo deben hacer sobre una petición cursada por una hispanista francesa aunque, finalmente, no se le respondiera y promueven una investigación que sería frenada, porque se vieron las implicaciones personales que podía tener y las consecuencias negativas sobre la imagen de Franco.

Y podía tener implicaciones. A la altura de 1965 la figura de García Lorca había crecido, su renombre era internacional y su peso histórico hizo que unos cuantos miembros de aquella dictadura pasaran unos días con dolores de cabeza. De hecho, la fama y el reconocimiento de la obra de Lorca no ha hecho más que ir en aumento y seguirá haciéndolo porque es, sin duda, uno de los grandes nombres de la cultura española más allá del mito nacido tras su asesinato.

Por último, una pregunta. ¿Cuántos documentos quedan aún aparcados, extraviados, ocultos, de aquellos tiempos sin que los investigadores puedan tener acceso libre tantos años después? ¿A quién puede molestar todavía que se esclarezcan los hechos por parte de los historiadores?

jueves, 23 de abril de 2015

El desplazado en Sefarad de Antonio Muñoz Molina y noticias de nuestras lecturas.


El lector entra en Sefarad y, de pronto, se encuentra en un territorio conocido, como si todo lo que se narrara en esta obra le contara su propia historia. Excepto aquellos que nunca hayan tenido que cambiar de lugar, los afortunados cuya vida no haya mudado apenas nada desde la infancia, los que no hayan sentido el pellizco de la añoranza y no logren comprender esa niebla tan húmeda y penetrante que es la nostalgia. Tampoco aquellos que no sientan como propia la historia del eterno exilio que es la historia humana.

Sefarad nos cuenta los relatos de los desplazados, de los exiliados, de los perdedores, de las víctimas de la historia como si fuera el nuestro. Aquel que no logre comprender este relato y emocionarse con él debería preocuparse (como el que asiste impasible ahora a la muerte de cientos de personas en el Mediterráneo cuando buscan una oportunidad para sus vidas). Una de las aportaciones perdurables de la época llamada postmodernidad en sus primeras décadas -que es la clave ideológica desde la que debemos abordar esta obra- es la de comprender el mundo desde otro ángulo: las grandes ideologías y creencias han arrasado millones de biografías al implicarse con los órganos del poder, al controlarlos de forma exclusiva. Religiones, capitalismo, colonialismo, nacionalismos, comunismo, fascismos, etc. Todas estas ideologías depredadoras se juntaron en el siglo XX para culminar la historia vista como Historia única. Debían triunfar sobre las otras formas, dominar la sociedad y organizar las vidas de los individuos sin dejar que estos tuvieran más que una aparente libertad. El resultado fue la muerte de millones de personas, la destrucción de las biografías de tantos como sobrevivieron pero apenas pudieron rehacer sus vidas. El mundo entero se llenó de desplazados a causa de la guerra, de personas que murieron en los campos de batallas, en campos de concentración, de hambre o enfermedades, de otros que no murieron pero sus vidas quedaron para siempre afectadas.

Pero Muñoz Molina no entra en este relato de relatos describiendo directamente esa tragedia por la que atravesó la humanidad en el siglo XX y que parece que ahora hemos olvidado o queremos olvidar como si solo fuera un capítulo más en un libro de historia de bachillerato del que extraer pocas consecuencias, quizá como si nos hablaran de la guerra de los Cien años. Muñoz Molina entra en la tragedia de la humanidad por la biografía concreta de individuos, describiendo sus emociones y sensaciones, convirtiendo al narrador en su portavoz emocionalmente implicado. Esta sensación de verdad llega al lector y este decide, desde la primera página, si quiere implicarse en ella o no.

Fiel a su estilo, Muñoz Molina entra en Sefarad convocando su propia memoria y nostalgia (en el tono narrativo, en los temas, en los personajes, en el estilo) y la de varias generaciones de lectores que ahora están por encima de los cuarenta años, a los que apela. El primer relato con el que se enfrenta el lector es la historia de toda una España de los años sesenta y setenta: los desplazados por motivos económicos. Millones de personas que tuvieron que emigrar desde sus pueblos o pequeñas ciudades provincianas a Madrid o a otra gran capital para buscar aquello que les prometía un futuro mejor. Hay un fuerte sentido de desarraigo: la gran ciudad -el capitalismo que ha construido el mundo actual- no les ha dado aquello que les prometía, lo que impulsó su primer gran viaje biográfico en busca de la felicidad y cuando regresan a su tierra natal esta se ha trasformado tanto que ya no es la suya. Están condenados, por lo tanto, a vivir en el mundo de los recuerdos, ese mundo de la infancia y la primera juventud en el que todo era más amable y los ritmos más humanos y que ya es imposible recuperar. Es significativo que en una obra con un mensaje tan universal y tan globalizador como Sefarad se comience por la propia experiencia biográfica de unas generaciones de españoles, relatada con ciertos tonos costumbristas y revelando el mundo personal del autor. Significativo y apropiado porque nos hace saltar con él de lo local a lo global. Todos pertenecemos a esa tipología de los desplazados.

Ese es el primer viaje en el que se reconocerán gran parte de los lectores porque bien ellos o bien sus familias tomaron aquellos trenes para instalarse para siempre en el mundo de los desplazados por muy lejano que se halle aquel día en el que iniciaron el viaje. Incluso aunque no se hayan movido de su ciudad han realizado este viaje: basta con cerrar los ojos y recordar la infancia. Hay un momento, como en todo relato nostálgico, en el que el paraíso de la infancia o la juventud se rompe, se instala en la memoria porque ya es imposible recuperarlo. Y en muchos casos esta ruptura no se debe a la evolución normal de una biografía que todos estamos en condiciones de aceptar sino a la intervención de elementos que un individuo no puede controlar: la industrialización despiadada de un país que decide los flujos migratorios en beneficio de un desarrollo cuestionable e insostenible, una guerra motivada por nacionalismos fabricados a partir de las emociones más elementales y groseras, la intervención del poder sobre las vidas de los seres humanos. Y se inicia, entonces, un largo viaje que parece no terminar nunca.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino recupera dos comentaristas de sus entradas sobre Todo lo que era sólido para comentar Sefarad. Y hace bien, porque en ese diálogo que establecen entre ellas todo fluye y se comprende: Sefarad, como algo que nos hace, que nos impulsa.

Mª del Carmen Ugarte sigue su comentario de la novela con el acertado sentimiento de regreso: la vuelta, a tantas cosas, que preside buena parte de esta obra de Muñoz Molina.

Myriam Goldenberg entra en Sefarad de una manera que nos aproxima a la recepción de esta novela de novelas, que puede incorporar también nuestro propio relato de vida. Lectura apasionante.


Pancho se centra en algunos pasajes sustanciales que nos ayudan a comprender a Natalia, la única persona que será capaz de salvarse de ese círculo pequeño de la ciudad de provincias. Nos os perdáis las fotografías de esta entrada.

Recojo en estas noticias las entradas que se hayan publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 22 de abril de 2015

Arrojar una moneda a una fuente


A veces a uno le da por arrojar una moneda a una fuente y pedir un deseo. En la Fontana de Trevi dicen que así se asegura el regreso a Roma como si ya no hubiera Ryanair que, por poco más de lo que tiras sobre tu hombro derecho, te lleva de vuelta a la Ciudad Eterna. Pedimos deseos también cuando vemos una estrella fugaz en el cielo o cuando apagamos una vela de la tarta de cumpleaños. En España, cuando tomamos las doce uvas con las campanadas de fin de año mientras en otros países -es interesante la distinción cultural- aprovechan el tiempo besándose. También pedimos un deseo cuando soplamos un vilano. En Youtube he encontrado tutoriales de cómo pedir un deseo de todas las formas posibles y que este se haga realidad: malos tiempos para los libros de autoayuda. Incluso si lo tenemos todo pedimos, como deseo, conservar esa situación, no cosas nuevas. ¿Qué es lo que deseamos cuando hacemos una petición así? No puede decirse porque, según la superstición, no se cumpliría aunque, inevitablemente, quien está a tu lado cuando arrojas la moneda o soplas el vilano te preguntará:

- ¿Qué has pedido?

También se lo pregunta la pareja de novios que ve una estrella fugaz cruzar el cielo.

¿Qué has pedido? Debes elegir tu deseo, esto no es como en el cuento del genio encerrado en la lámpara que te concederá tres. Solo uno, rápido, porque la estrella fugaz no espera.

En nuestra vida necesitamos deseos como necesitamos realidades y recuerdos. Somos la suma de todo ello. Curiosa mezcla el ser humano. 

martes, 21 de abril de 2015

No sirve retirar por las noches las playas


Los árboles son más fuertes que las piedras,
como la esperanza cabe en un mar chiquito a bordo de una proa.

Todos los muertos son nuestros no debes
olvidarlo. Se acercan a nosotros
uno a uno, con nombres y apellidos,
tienen rostro y preguntan por el mar
tapado por la cal y por la tierra.

No sirve retirar
por las noches las playas.


lunes, 20 de abril de 2015

De Lázaro a Lázaro o cómo nos manipulan


Desde hace tiempo, cuando me toca explicar el Lazarillo de Tormes, la novela anónima que crea la narrativa moderna universal a mediados del siglo XVI, compruebo que sigue instalada una lectura equivocada de la misma sea cual sea la edad de aquellos con los que comento el asunto. Siempre comienzo preguntando de qué va esta novela, una de las más conocidas y leídas de la literatura española de todos los tiempos, que ha pasado a la imaginación colectiva de forma muy plástica. Y casi siempre me encuentro con la respuesta unánime de que el argumento de la obra va de un niño que entra al servicio de un ciego y termina de amo en amo pasando hambre y otras necesidades. Cuando digo que no, que la obra no va de eso exactamente observo, año tras año, las mismas caras de sorpresa. Y eso que desde que lo explicara Francisco Rico ya han pasado muchos años.

No, el Lazarillo no va de un niño que entra a servir a un ciego y sigue su vida de amo en amo pasando hambre. Trata de un hombre adulto que debe justificar un presente que a los otros les puede parecer humillante pero a él no tanto: es un cornudo satisfecho. Para que quien le pregunta -la novela es una larga carta escrita sobre este asunto a un interlocutor que no aparece más que como Vuestra merced- pueda comprenderlo, comienza la tarea desde su infancia: 

Suplico a vuestra merced reciba el pobre servicio de mano de quien lo hiciera más rico si su poder y deseo se conformaran. Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso, pareciome no tomalle por el medio, sino del principio, porque se tenga entera noticia de mi persona, y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto.

Este es el caso, el asunto que impulsa la escritura en la ficción autobiográfica de Lázaro y no otro. Lázaro adulto es un hombre que se ha casado para tapar las relaciones de su mujer con el arcipreste de San Salvador y que con ello ha conseguido comer caliente y dormir bajo techo. La técnica narrativa es impecable: el autor sabe que si Lázaro comenzara su historia con su presente, cosecharía el desprecio y la burla del lector pero no si nos pone delante un niño que sufre todo tipo de penalidades y que aprende a sobrevivir y ganarse la vida. Desde la primera lectura de la obra este niño ha conseguido ganarse a los lectores, muchos de los cuales, al cerrar el tomo, recordarán el hambre del muchacho pero no la condición de cornudo del adulto.

Pero no quiero hablar de la manipulación del autor sobre el lector, que no solo es válida sino que constituye la esencia misma de la construcción de la narrativa moderna que aprendería tan bien Cervantes. Quiero hablar de cómo todavía hoy se enseña el Lazarillo manipulado. Especialmente, a partir de versiones edulcoradas de la novela para el público infantil que luego no son corregidas para una recepción adulta. He aquí un caso más de un clásico que parece ñoño cuando no lo es. Como en el mensaje ideológico de la novela, que le ganó la persecución inquisitorial. De hecho, la corriente de la crítica que asume que el Lazarillo es la primera novela picaresca, manipula el mensaje de la obra: el Lazarillo no es una novela picaresca por la premisa inicial de que no es una novela contrarreformista, porque no defiende las estructuras sociales ni las ideologías dominantes de su tiempo, sino que pretende socavarlas. Si asumimos que el Lazarillo es una novela picaresca, automáticamente la desactivamos como en esas versiones en las que todo lo peligroso para la moral dominante es adaptado para que no lo parezca. No. La primera novela picaresca es la que se escribe a partir del Lazarillo bien para desactivarlo bien para llevarlo a la ideología dominante ya a finales del siglo XVI: el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.

Y esto es válido para cualquier adaptación de la novela a otros géneros o formatos artísticos o publicitarios. De hecho, hoy en clase he puesto dos casos cinematográficos en los que se ve la diferencia: este Lazarillo de Tormes de 1959 (coproducción hispanoitaliana que obtuvo el Oso de Oro del Festival de Berlín de 1960) y este Lázaro de Tormes de 2001 (dirigida por Fernando Fernán Gómez y José Luis García Sánchez).

Muchas veces no nos damos cuenta de las implicaciones ideológicas que acarrea no explicar bien una obra como el Lazarillo de Tormes. La manipulación convierte una obra que contiene, con aparente benevolencia y ternura, una de las mayores e inteligentes cargas críticas contra la sociedad de su tiempo en un juguete de mero entretenimiento. Hubo un tiempo en el que esto se hizo de forma consciente: un programa para desactivar la peligrosidad de los clásicos. Cuando nuestra pereza nos acerca a los clásicos sin plantearnos cómo nos los han vestido, repetimos una lectura interesada de ellos. Y los clásicos están ahí para cuestionarnos no para que los adelgacemos en fáciles digestiones.

domingo, 19 de abril de 2015

Poemas manuscritos sobre lienzo, de Eduardo Fraile


En estos tiempos en los que todo es digital quizá la mejor expresión de rebeldía artística sea crear objetos únicos. Volver a la materia y lo tangible, a escribir a mano y trazar la caligrafía de lo biográfico. Dicen los expertos que escribir en el ordenador o en cualquiera de los soportes digitales cambiará nuestra forma de pensar porque no supone lo mismo que el acto físico de escribir a mano, con la lentitud que requiere. Escribir a mano, además, trasmite rasgos de la personalidad de quien realiza ese acto. Y nos comunica las emociones del momento irrepetible: la inclinación de la línea, el pulso tembloroso o firme. O el gesto con el que a veces se traspasa el papel al firmar. Todo eso desaparece en el actual sistema digital. Quizá vendrán otros que lo recuperen en el futuro, pero por ahora es así. Como es así que perderemos el camino entre borradores que supone la composición de cualquier obra o incluso, como pronostican algunos, todo lo que ahora guardamos tan celosamente en archivos digitales que podrían ser ilegibles en un futuro mientras todavía podremos leer un manuscrito medieval.

Eduardo Fraile expone sus Poemas manuscritos sobre lienzo (Sala de Exposiciones del Teatro Zorrilla de Valladolid, hasta el 3 de mayo) como quien desvela algo íntimo en el proceso de escritura: la letra propia del poeta, su pulso. Estos manuscritos se pueden leer como poemas, se pueden contemplar como parte del proceso artístico lleno de enmiendas, pero también como puros objetos artísticos que explican en sí mismo la visualización de un arte que está hecho para muchas cosas además de para ser leído y escuchado. Eduardo Fraile (Madrid, 1961) es uno de los mejores poetas españoles de su promoción, con una obra arriesgada en muchos aspectos, personal y -a la vez- generacional, que siempre indaga en la memoria biográfica como forma de explicar una época, la nuestra, desde la vida de quienes hemos asistido a esta historia porque parece siempre que Eduardo nos está contando eso, nuestra propia vida. De su larga producción, yo prefiero Teoría de la luz (2004), Quién mató a Kennedy y por qué (2007) y La chica de la bolsa de peces de colores (2008). Pero lo que expone en esta recomendable exposición va más allá que sus textos, es parte de ese momento único de la escritura poética. No se olvide de pedir el folleto gratuito, diseñado por el propio autor y numerado, es una pequeña joya y quedan ya pocos.

sábado, 18 de abril de 2015

El mar lleno de peces


Con una amiga comentaba días pasados si es mayor el el número de personas malas que el de las buenas. Entiéndase que sé que todos llevamos la maldad y la bondad dentro de nosotros y que no siempre obramos de acuerdo con nuestros principios y que a veces una misma acción puede ser interpretada de manera diferente según la perspectiva del que la valore. Pero yo, al menos, cuando sé que he obrado mal o contra mi natural pido disculpas e intento reparar el daño o, si no puedo hacerlo por la razón que sea, me voy a la cama con sensación agridulce y le doy vueltas a la cabeza.

No sé si son más las personas malas que las buenas pero estas hacen menos ruido que aquellas. Últimamente detecto en España el aumento de comportamientos que nacen del lado malo que todos llevamos dentro y de una mediocridad moral que cada vez campa más a sus anchas. Puede ser producto de que ya no se educa en valores como antes se hacía en las casas de cada uno, que la presión social ha saltado todas las barreras y los modelos que ofrece son los de los que han triunfado corrompiéndose, que los medios de comunicación han trastornado las cosas, pero percibo que las personas con buen natural parecen condenadas a sufrir diariamente la ridiculización, el silencio y hasta el acoso. Quizá porque me estoy haciendo mayor me noto más sensible a comportamientos que no son razonables, actitudes violentas, gestos innobles y rasgos de una bajeza moral que califican a quien las realiza. O le calificaría si la sociedad en la que viviéramos fuera diferente. Pero percibo que no hay reacción suficiente contra estos comportamientos, como si las personas temieran la respuesta del malvado, como si a casi nadie le importara mejorar la sociedad mientras lo que ve no le afecte directamente. Un error de interpretación, por supuesto. En una sociedad líquida como la que vivimos, en la que no hay principios ni valores generales, en la que el esfuerzo honesto y el trabajo digno no se valoran, predomina el tiburón social y a su lado un montón de esbirros y perros de presa que no dudarían en vender su alma al diablo.

Siempre han existido estos comportamientos, pero antes eran condenados por las normas sociales y debía hacerse de forma oculta lo que ahora se muestra sin tapujos. Incluso es recompensado lo que antes se convertía en diana de la sátira. En un mundo como el actual se premia al delator, al que va con el chisme contra otro al jefe esperando que se le recompense, al que reúne las alianzas del poder para acosar laboralmente a un compañero difamándolo, al que inventa cosas sin fundamento alguno, al que manda sin admitir críticas como si no tuviera que escuchar a nadie. Estos días, en el Club de lectura hemos leído El héroe discreto de Vargas Llosa. Una novela de tono menor en la que está bien retratado cómo todos podemos ser víctimas de la difamación en cualquier momento, vernos expuestos sin culpa y solo por defender nuestros derechos a la mordacidad social y que nuestro prestigio se tire por el suelo. Las víctimas estarán siempre solas y deberán rehacerse como puedan. Muchas no lo lograrán nunca. Los responsables de los ataques parecen salir siempre indemnes y no tener conciencia alguna.

Se castiga al que da su opinión libremente, al que se atreve a salir del redil marcado por la autoridad. Incluso en la función pública al funcionario que se atreve a salirse del paso marcado se le aísla. Por eso se intenta desfuncionarizar la administración, los hospitales, las universidades: un contratado siempre será más dócil y estará dispuesto a cualquier cosa. Sospecha siempre de aquel político que emprenda una campaña contra los funcionarios. Un terreno abonado para los mediocres morales y para los serviles.

No os fiéis nunca de las palabras pronunciadas sino de los hechos, conozco unos cuantos individuos a los que les encaja la definición de ni una mala palabra ni una buena acción, gente que dice que ve las cosas desde la lejanía y sin comprometerse pero en realidad toma nota para denunciarte en cuanto puede aunque para ello deba forzar la interpretación de tus actos. No importa. Para él solo rige una especie de rencor contra el mundo y la finalidad de aparentar fidelidad al jefe con mero afán de medro. Jefe al que traicionará en cuanto le venga bien, por supuesto.

Aumenta por estas tierras también la grosería. Yo mismo he tenido que activar la moderación de comentarios en este blog porque sufro el ataque insultante de alguien que no es capaz de comprender que el mundo no gira según sus intereses y su forma de entender la realidad y las cosas que suceden, que debe vivir su vida y dejar que los demás vivan la suya. Algunas cadenas de televisión se han especializado en bazofias que se han convertido en los programas más vistos de las últimas temporadas. Programas que deberían escandalizar a cualquier persona mínimante razonable y que defienda una educación social, una instrucción cívica. Programas en los que un grupo de personas sin nada que aportar se ocupan de hablar de cualquier cosa y de cotillear en las vidas ajenas mientras se amenazan los unos a los otros con querellas judiciales a voz en grito. Este es el modelo de comportamiento mayormente demandado por los españoles a la hora de sentarse a la televisión.

Hay una teoría que dice que es posible pesar un alma. Para ello se pesa un cuerpo antes y después de la muerte. Hay unos gramos de diferencia. Los científicos saben explicar que esto no es verdad con datos suficientemente sólidos. Pero si existiera el alma y esta fuera posible de pesar, ¿pesarían igual las almas buenas que las malas? ¿El peso total de las malas superaría al de las buenas? No es hora de teologías. Quiero ser ingenuo y pensar que hay más gente buena que mala pero estos hacen más ruido. Que si echáramos la red al azar en el mundo como los pescadores hacían antes en la mar siempre sería mayor el número de personas buenas que el de las malas. O de personas que tienden a la bondad.

De hecho, estos días he navegado en busca de personas buenas y las he encontrado. He hallado, gracias a la feliz iniciativa de SBQ, en Béjar, un buen puñado de personas que son capaces de quitarse de lo poco que tienen para dar a los necesitados en campañas de recaudación para fines sociales. También me he sentado unas alegres horas con amigos del Bachillerato ante la llamada de una compañera que presentaba un libro de poemas casi sin darse importancia a pesar de lo hermoso de sus escritos. Hoy mismo nos hemos reunido un grupo de antiguos compañeros de la Universidad de Valladolid para homenajear el recuerdo de un amigo bueno, Antonio Candau, fallecido recientemente. Nos unía el recuerdo de unos tiempos en los que juntos amábamos la literatura y el compañerismo y todo ello se plasmó en una revista en los años ochenta, Almueza, y en muchos recuerdos que nos acompañan desde hace treinta años. He compartido con ellos casi todo el día. Y he percibido la bondad, esa tendencia a la bondad que nos lleva a hacer bien las cosas y a proyectar cosas que sirvan para acoger a otros e impulsarlos en sus vidas. Buena gente.

Hay más gente buena que gente mala aunque en algunos lugares esto no lo parezca por el cruce de intereses. No hace falta que haga ruido la buena gente. Está ahí. Lo único que debe hacer es dejar solos a los malos para que se aturdan entre ellos pero ir separándolos para dejarlos en evidencia.


viernes, 17 de abril de 2015

La esencia de un diente de león


De la explosión orgullosa en amarillo a la frágil humildad del vilano. Es curiosa la transformación de un diente de león. En estos días se exhibe por toda esta tierra junto al sabio contrapunto de la manzanilla. No tardará en ser tan ligero que el mero roce lo diseminará por todo el campo. Ojalá todas las vidas aprendieran a ser lo mismo, a aceptar con tanta certeza, precisión y conciencia su condición de débil eslabón en una larga cadena de esencia tras un breve tiempo de llamativa admiración, tan igual a otras.

jueves, 16 de abril de 2015

El reto de escribir Sefarad, de Antonio Muñoz Molina, y noticias de nuestras lecturas.


A la altura de 2001, cuando se publica Sefarad. Una novela de novelas (este es su título exacto con el que debería citarse siempre, veremos por qué en una próxima entrada), Antonio Muñoz Molina ya era un nombre consagrado en la literatura española y se le consideraba como una de las voces más reconocibles de su generación, aquella que había nacido durante el franquismo pero no comienza a escribir hasta el inicio de la Transición a la democracia. Desde Beatus Ille (1986), que pasó prácticamente desapercibida para el público, hasta la anterior a Sefarad, Carlota Fainberg (2001), su obra creció sumando el aprecio de la crítica y el de los lectores. El invierno en Lisboa (1987) llamó la atención sobre aquel joven novelista que practicaba un tipo de literatura que se ajustaba tanto a los gustos y preocupaciones de un sector amplio de su generación. Siguieron Beltenebros (1989) y El jinete polaco (1991, Premio Planeta). Aquella una obra clave en su género y esta una demostración de un tipo de literatura que nunca ha abandonado a Muñoz Molina: el reflejo autobiógrafico de los cambios producidos en España desde mediados del siglo XX, que también está presente en Ardor guerrero (1995). La obra de Muñoz Molina creció también ensayos y artículos en la prensa, hasta convertirse en uno de los intelectuales con presencia más reconocible y opinión más coherente, sobre todo en su planteamiento de la herencia republicana y en la dignidad del ser humano frente al poder. En el año 1995 fue elegido miembro de la Real Academia Española y desde 1990 viaja por el mundo como uno de los autores más importantes del panorama español del último período. Así llegó a pisar, por primera vez, Nueva York, que se ha convertido en residencia habitual para él, repartiendo su tiempo entre América y España. Y esta es la clave en la que quiero encuadrar la escritura de Sefarad.

Antonio Muñoz Molina se propone en Sefarad un cambio profundo en su escritura. No en la temática central del individuo frente al poder, del enfrentamiento entre los derrotados de la historia y la sociedad de pensamiento único, no en la perspectiva de la reconstrucción de una identidad y una biografía. Estos temas le han acompañado siempre en todas sus obras. El cambio de Sefarad implica un crecimiento intelectual notable.

En 2001 Muñoz Molina era un nombre indiscutible en las letras españolas pero en toda su obra había manifestado la necesidad de apertura al mundo, tanto de la sociedad española como de la cultura. Al recalar largos períodos en Estados Unidos comienza a sentir la necesidad de novelar otras cosas que no se reduzcan a temática española y busca la universalización de su escritura, tanto en el tono como, sobre todo, en la forma de abordarlos. Y surge el riesgo temático y técnico de Sefarad. Una novela de novelas, en la que se hace materia narrativa la lucha de los individuos contra la sociedad totalitaria. Aunque parte -de ahí el título- de un motivo sacado de la historia española -el destierro de los sefardíes de la Corona de Castilla-, su propósito es elevar el tiro y tratar ese tema desde un ángulo que pueda ser comprendido en cualquier parte del mundo, que pueda interesar porque toca temas universales, que se han repetido a lo largo de la historia. Desde mi punto de vista, con esta novela -que es una obra maestra en su género- no solo presenta su candidatura al Premio Príncipe de Asturias de las Letras -que obtendrá en 2013- o el Premio Jerusalén -del mismo año- sino al Premio Nobel de la literatura. Al tiempo.

Noticias de nuestras lecturas

Esta entrada de Paco Cuesta serviría, por sí sola como una introducción a la lectura de Sefarad. Para no perdérsela.

Mª del Carmen Ugarte se suma también a esta lectura. Su forma de arrancar es precisa: cuestionar la forma de leer la novela, que te obliga, de pronto, a frenar y preguntarte por lo que estás leyendo.


Myriam completa su magnífico análisis de las relaciones sentimentales de la novela de Vargas Llosa con el planteamiento del juego amoroso que tiene su núcleo en la pareja de don Rigoberto y doña Lucrecia.

Como sabéis, el último martes tuvimos la reunión mensual del Club de lectura en su formato presencial para comentar, en este caso, El héroe discreto de Vargas Llosa. La reunión -apretada por necesidades de agenda- fue muy variada y divertida y en ella hablamos de esta novela y preparamos las lecturas de Sefarad de Antonio Muñoz Molina y La gratitud de Fermín Herrero. Podéis ver una completa crónica de lo ocurrido en esta entrada de Mª Ángeles Merino.



Si alguien se pregunta cómo se puede enlazar la ciudad de provincias de Entre visillos con Bruce Springsteen, que acuda a esta entrada de Pancho que, además, encuentra un núcleo de tratamiento de emociones de la novela y lo explica. Y si alguien quiere saber por qué Sabina, que vaya a esta otra, en la que se comenta uno de los capítulos esenciales para comprender el juego de perspectivas narrativas que usa hábilmente la autora.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 15 de abril de 2015