domingo, 5 de julio de 2015

Dos realidades


Siempre es la puerta de atrás de algunos locales la que te ofrece la imagen precisa en la que se cruzan dos realidades.

Lo antiguo y lo nuevo. Otra circunstancia: el que mira y sus intereses.

Nada es igual después de tu presencia.

sábado, 4 de julio de 2015

Para llegar a tus ojos


Para llegar a tus ojos
con añil pinté mis manos,
para llegar a tus ojos
y en el agua dibujarlos.

En el azul más profundo
busqué los verdes exactos
que me abrieran los caminos
a la verja de tus párpados.

viernes, 3 de julio de 2015

Viaje a Marruecos del Club de lectura

Entrada a la medina de Tánger
Todo viaje implica conocimiento. Un grupo de miembros del Club de lectura de la Acequia y de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos hemos viajado estos días a una zona concreta del norte de Marruecos para conocer algunos de los lugares en los que se desarrollaron los acontecimientos de la Guerra de África de 1859-1860. En la entrada de ayer expliqué las razones para elegir Tánger como centro de operaciones. Desde allí hemos viajado a Tetuán, Chaouen y Asilah. 

Los pocos días que pasamos en aquellas tierras y los motivos iniciales del viaje no permiten extraer conclusiones sociológicas o políticas que debemos dejar para otra estancia más larga. Sin embargo, mi impresión es que hemos visto una zona de Marruecos en evidente e intensa trasformación.

Todavía es posible ver las escenas locales que tanto llaman la atención del viajero occidental, la fuerte presencia de personas del mundo rural en mercados y otros espacios de las ciudades o vendiendo sus productos, como han hecho siempre, en los márgenes de las carreteras a la sombra de los árboles. Cuando el viajero se acerca a las medinas históricas le asaltan guías ocasionales que bajo el pretexto de orientación y protección -que en horas con mucha afluencia de público no es, en realidad, necesaria- ejercen la mendicidad indirecta o el hurto por descuido. Pero esto mismo sucede en tantas ciudades occidentales que hay que ser muy rígido en el pensamiento para creer que solo ocurre allí, como la venta más o menos insistente de todo tipo de productos o la queja porque se tome a las personas como meros objetos turísticos a los que fotografiar. Yo he vivido las mismas escenas en Sevilla, en Madrid, en Córdoba o en Burgos. También en otras ciudades de muchos países desarrollados.

Estos días, además, hemos tenido la experiencia de conocer un país, en donde el islam es la religión oficial, en pleno ramadán. En la zona de Marruecos en la que nos hemos movido la observancia era completa pero, salvo algunas recriminaciones nada agresivas ante algunos comportamientos que los no musulmanes consideramos naturales y hacemos de forma cotidiana, he podido observar una tolerancia muy alta. Aunque muchos restaurantes estaban cerrados a la horas centrales del día, no hemos tenido ningún problema para comer y, en los lugares con licencia para ello, consumir bebidas alcohólicas en el interior. Tampoco para realizar compras. Por el ramadán, muchos locales comerciales de las medinas y del resto de las ciudades estaban cerrados hasta el atardecer pero abrían sus puertas por la noche y a las doce Tánger estaba lleno de vida, con buena parte de sus habitantes en las calles.

Los zocos son un mundo aparte, como sabemos. Llenos de pequeños comercios y gente, laberínticos para quien no está acostumbrado a moverse por ellos, pero -ha sido mi impresión- en gran medida son un escaparate turístico en el que se mezcla lo antiguo y las formas adaptadas a los tiempos de tratar al turista como consumidor. Lógicamente, a quienes viven del zoco no les gusta que el turista entre ellos como si aquello se tratar de un mero safari fotográfico. También hay zonas de la medina en las que compran los habitantes locales pero las partes más reconocibles como zocos se están trasformando poderosamente en un circuito turístico. Mi impresión es que en cuanto un grupo entra en ellos hay una serie de códigos entre los vendedores y guías, normas propias que son fácilmente apreciables a poco que se observe y se tenga experiencia en mundos similares de otras zonas del mundo. Los comerciantes y las personas que viven de una o de otra forma del turismo son los primeros interesados en que nada grave ocurra dentro de todo lo que se suele contar en algunas guías de viajeros y son los primeros en colaborar con el turista desorientado para que retorne al recorrido del grupo. Estos deben limitarse a ser tan precavidos como en los alrededores de la Plaza Mayor de Madrid o en las Ramblas de Barcelona y tratar a los comerciantes dentro de las normas no escritas del respeto a la negociación y el regateo propios de este tipo de comerciantes. Fuera de las medinas o de los mercados tradicionales a los que acuden los campesinos a vender sus productos, en los comercios más occidentalizados o en aquellos que necesitan licencias oficiales para algunos tipos de producto no es frecuente el regateo. O no lo es más que cuando pedimos un descuento en una de las tiendas de nuestros propios países.

Es cierto que me ha resultado llamativa la ausencia de mujeres en determinados trabajos o en algunas tiendas, pero en esto también hemos podido apreciar indicios de un cambio en la sociedad marroquí. Marruecos, como otros países de similar cultura (más debido a las tradiciones que a la religión), aún tiene que dar pasos en la visibilidad de la mujer, que tampoco está escondida pero no goza de las mismas libertades cotidianas que en Europa. La misma ausencia en las calles he percibido de las decenas de miles de inmigrantes subsaharianos que deben vivir en el país a la espera de dar el salto a Europa. Estos, según parece, se refugian en las zonas boscosas o de monte a la espera de poder cruzar el estrecho bien a través de embarcaciones precarias o bien saltando a las ciudades españolas fronterizas con Marruecos.

Junto a esto, hemos apreciado estos días un fuerte impulso trasformador. Se construyen bloques de viviendas sociales por todas zonas en las que nos hemos movido y hay una gran inversión en infraestructuras. En Tánger se está construyendo una estación para la nueva línea de TGV que unirá la ciudad con Rabat y junto a ella un amplio y moderno complejo hotelero. También nuevas carreteras, avenidas, calles, etc. Justo a los pies de la alcazaba -evidentemente necesitada de un política de conservación- se construye un gran puerto nuevo con el objetivo de atraer turismo masivo de cruceros y de lujo. Todo el paseo marítimo conocido como la Avenida de Mohamed VI se modificará para dar servicios modernos de turismo de playa al turismo y en otras zonas es apreciable la inversión económica en la que tienen mucha responsabilidad tanto la ayudas de las grandes potencias al país para consolidarlo frente a las amenazas terroristas tras los atentados de Casablanca de 2003, como la notable presencia de grandes empresas internacionales que han elegido Tánger como centro de operaciones para la zona por todo su potencial en cuanto a las comunicaciones y la mano de obra barata. También se hacen notar las inversiones de los multimillonarios árabes relacionados con el petrodolar, que han tomado la zona como lugar de residencia de vacaciones. La costa del atlántico, con sus cientos de quilómetros de playas vírgenes, es otro proyecto que potenciará el turismo en los próximos años. Y todos sabemos que el turismo implica trasformaciones sociales rápidas.

Quizá por todo esto es un buen momento para conocer la zona, porque aún se pueden apreciar las formas de vida tradicional y comienzan a ejercer influencia los impulsos trasformadores. Será interesante volver dentro de unos años para apreciar cómo ha podido cambiar todo los planes urbanísticos, empresariales y de desarrollo turístico.

Tetuán es una ciudad más tranquila que Tánger, con una evidente herencia española de la época del protectorado tanto en el trazado de las calles, la arquitectura y algunas costumbres. La medina está mejor conservada y puesta en valor para el turismo. Chaouen es una ciudad hermosa, que llama la atención al viajero por el azul añil de sus paredes a pesar de no estar cerca del mar sino entre montañas. Merece la pena perderse por las calles cercanas al trazado turístico que lleva hasta la fuente de Ras Elma y detenerse a hablar con la gente, que vive un ritmo más calmado que en las grandes ciudades. Finalmente, de Asilah cabe decir tan solo que responde a las expectativas. Es una hermosa ciudad amurallada, muy cuidada en su casco antiguo y puesta en valor para el turismo y las actividades culturales, llena de artistas y de presencia internacional.

Por último, algunas recomendaciones para el viajero que no conozca aquellas tierras. A los marroquíes, como a todos, les gusta que se les trate con respeto y no con la soberbia del occidental, que el viajero se aproxime a comprender su realidad, las diferencias socioeconómicas evidentes, ciertas trabas a la total libertad política pero también los evidentes y loables esfuerzos de los últimos años para trasformar el país y abrirse al mundo tanto en la legislación como en la acción en proyectos culturales, sociales y económicos, los impulsos que se dan para todo ello desde el estado y la introducción de cambios lentos pero continuos que comienzan a dar frutos en la modernización del país y hay que estar muy ciego para no verlos, aparte de la mejora de la situación económica en medio de una crisis mundial como la que hemos atravesado, a pesar de que las zonas rurales -que no hemos visitado- puedan sufrir de una situación peor y de la escasa oferta a los jóvenes. La vida es notablemente más barata que en España incluso aunque te engañen en las vueltas o en el regateo. No es necesario cambiar moneda. En todos los lugares aceptan euros aunque apliquen un redondeo que les pueda beneficiar y que se traduce, en las compras normales, en unos pocos céntimos. La vida es tranquila y el extranjero que respeta las normas de comportamiento locales no tiene ningún problema. Y no hay tampoco ningún problema con el idioma. En esta zona de Marruecos casi todos comprenden el español y muchos lo hablan.

En la medina de Tánger
Restaurante en la medina de Tánger
En la medina de Tánger
En la alcazaba de Tánger
Obras del nuevo puerto de Tánger
Calle de la zona española de Tetuán
Antiguo consulado español de Tetuán, hoy Palacio real
Zona de entrada en la medina de Tetuán
En la medina de Tetuán
Chaouen
Fuente Ras Elma, en Chaouen

Asilah

jueves, 2 de julio de 2015

Sesión académica del Club de lectura en el Instituto Cervantes de Tánger con motivo del comentario de las Crónicas periodísticas de la Guerra de África de Núñez de Arce y noticias de nuestras lecturas


Desde hace unos cursos, la lectura final de cada año nos lleva a los lugares en los que trascurre la obra. En este caso, los miembros del Club que pudieron hacerlo más otros miembros de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos nos trasladamos a Marruecos para conocer parte de los paisajes descritos por Núñez de Arce en las Crónicas periodísticas de la Guerra de África.

El lugar que tomamos como centro de operaciones fue Tánger por varias razones. En primer lugar, por la comunicación directa con la península que nos permitía acortar el tiempo del viaje. En segundo lugar, porque esta ciudad era el lugar prometido, el destino final del ejército español al que nunca llegaron los soldados españoles. Núñez de Arce alude a este aspecto, al describir el paso del estrecho por las tropas españolas, en la carta que publicara La Iberia el 7 de diciembre de 1859:

El "Provence" navegaba más inmediato a las costas de España que a las de África, y esto fue causa de que no distinguiéramos como hubiéramos querido los muros de la antigua Tánger, donde se puede decir que ha tenido su nacimiento esta guerra. Vímosla, sin embargo, aunque vagamente, a favor de los anteojos (...)

Esta Tánger lejana será el objetivo de las tropas tras la toma de Tetuán pero la firma del tratado de paz y, sobre todo, la oposición radical de Inglaterra a la entrada en la ciudad del ejército español, dejó a Núñez de Arce sin la posibilidad de conocerla.

Por eso mismo decidimos tomar Tánger como centro de operaciones de nuestro viaje de conocimiento de la zona. El viaje, del que daré cuenta detallada mañana, fue excepcionalmente interesante. No solo pudimos conocer los paisajes por los que se desarrolló en parte el conflicto -sobre todo Tetuán- sino visitar un país que parece, a la vez, tan cercano y tan lejano como Marruecos, tomar contacto con la realidad de su evidente trasformación, los proyectos de modernización y el auge económico que se puede apreciar en la zona. Para muchos, además, fue la primera experiencia en un país musulmán en pleno Ramadán.

El grupo de viajeros del Club de lectura y la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos en las escaleras de acceso al Instituto Cervantes de Tánger. A mi derecha, el administrador del centro, Miguel Ángel Sanjosé, que nos acompañó en la visita y nos puso todo tipo de facilidades. A mi izquierda, el presidente de la Asociación, Manuel Sancho.

El pasado lunes 29 fuimos recibidos en el Instituto Cervantes de Tánger, uno de los más importantes y de mayor impulso de esta institución que se encarga de divulgar y fomentar la cultura española por el mundo. Visitamos las instalaciones de la mano de Miguel Ángel Sanjosé, el administrador del centro, que se prestó con gran generosidad y profesionalidad a informarnos de las actividades de un Instituto Cervantes como el de Tánger. En nuestra visita pudimos apreciar la vida cultural que hay en él, las actividades docentes que se encargan de enseñar la lengua española y todos los proyectos relacionados con esta labor más la divulgación de la vida y cultura de nuestro país. Contamos también con la presencia y las atenciones del Jefe de estudios, Roberto Orti, que se encargó de explicarnos esa labor docente que a muchos puede pasar desapercibida pero que es parte indispensable para sembrar el futuro de la lengua española más allá de nuestras fronteras.

La bibliotecaria del Instituto Cervantes de Tánger, Silvia Montero, mostrándonos
algunos ejemplares de la interesante sección de hemeroteca de la Biblioteca Juan Goytisolo.

La bibliotecaria, Silvia Montero, nos enseñó las instalaciones correspondientes a la excepcional biblioteca que lleva el nombre de Juan Goytisolo, un autor muy vinculado a Tánger. Su generosidad y entrega en un trabajo que le ilusiona nos permitió conocer el fondo antiguo y ver los originales correspondientes a los folletos en los que se contaron los hechos principales de la guerra narrada por Núñez de Arce.

Quiero agradecer también la atención prestada a nuestra visita por María Isabel Navarro, auxiliar administrativo, y por el resto del personal del Cervantes de Tánger. Estoy convencido de que personas como estas, que nos demostraron dedicación e ilusión por su trabajo, son las que necesita un proyecto como el Instituto Cervantes, no siempre bien comprendido y apoyado por nuestros gobiernos.

Se nos permitió usar la Sala de vídeo para desarrollar la parte académica de nuestro viaje, que consistió en el comentario y debate sobre los aspectos más importantes de la obra. En especial, la utilidad de aquella guerra, sus razones y el final del conflicto. También se abordaron otros aspectos como el contexto histórico español y europeo, las razones ideológicas y las cuestiones literarias. De todo ello seguiré dando cuenta en la próxima entrada del Club de lectura, la última dedicada a las Crónicas de Núñez de Arce.

Sin duda, la visita al Instituto Cervantes de Tánger fue una magnífica forma de cerrar este curso del club de lectura en su faceta presencial. De allí salimos todos comprendiendo el interés de centros como estos, que deben ser apoyados en todo momento como parte esencial de la proyección exterior de la cultura española.

- Hay edición moderna al cuidado de Mª Antonia Fernández en Madrid, Biblioteca Nueva, 2003. Sigue la versión publicada en las páginas del diario La Iberia durante el conflicto. Puede cotejarse con el acceso directo al periódico en este enlace.
- Bajo el título de Recuerdos de la campaña de África, Núñez de Arce publicó una versión sutilmente revisada de sus crónicas en 1860 -para justificar su cambio de posición sobre O`Donnell-. Puede leerse y descargarse gratis en este enlace.

Noticias de nuestras lecturas

De los que fueron a la guerra trata la entrada de Mª del Carmen Ugarte, que comienza recordando el origen del nombre del barrio madrileño de Tetuán para prestar atención al anecdotario emocional que encontramos en la obra de Núñez de Arce. Entrada de gran interés.

Gelu escribe su segunda aportación enlazando el texto con sus correspondientes remites al periódico de La Iberia y subraya las diferencias entre las Crónicas y los Recuerdos.

Mª Ángeles Merino suma, con todo acierto, a la criada de la casa en el comentario de las páginas de La Iberia. Este diálogo entre mujeres de diferente clase social y condición es impagable, puesto que nos aclara mucho de los que ocurrió en la época.



Un año después, con las constancia de quien bien cumple una promesa, Pancho recupera una lectura que nos entretuvo y divirtió el año pasado, La saga / fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester. No sumerge de nuevo en aquella provincia gallega que existe pero no y en la complejidad del entramado de personas y juegos intertextuales de Torrente. Y yo, disfruto, hasta de esa compleja santidad que menciona Pancho antes de llevarnos a los Beatles. No os perdáis las ilustraciones.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 1 de julio de 2015

El Raisuli en las murallas de Asilah, blanca y azul


Muley Ahmed ibn Muhammad ibn Abdallah al-Raisuli se asomó al mar desde las murallas de Asilah. La ciudad, blanca y azul, se recogía del sol a su espalda. El mar estaba en calma y se extendía hacia el occidente como una promesa. Conocía su leyenda. Para algunos era el jerife de los yebala y como tal era respetado. Lo percibía cuando paseaba a caballo por su territorio. Para otros no era más que un sanguinario. Las potencias extranjeras que se repartían el mundo oscilaban como el viento según sus intereses. Lo necesitaban pero él mismo sabía que prescindirían de él y le dejarían solo frente a sus enemigos en la primera oportunidad que se presentara.

El Raisuli se sabía condenado pero creía que el destino no es cosa sobre la que él pudiera obrar pero sí sobre su presente. Sus enemigos eran fuertes y antes o después se le impondrían. Sabía también que la sangre que había derramado pedía la suya propia. Vivía el presente con todas sus energías porque en su propia vida había sufrido también la cárcel y el dolor físico. Pero había algo en su pecho que le impulsaba a ser quien era sin importarle las consecuencias ni cómo el futuro escribiera su historia porque él vivía solo para el día que amanecía cada mañana. La muerte no depende de uno mismo pero todo lo demás sí: la forma de entender la vida, la propia libertad, el fuego de la pasión por las mujeres a las que amaba a veces hasta la locura. Quería ser él mismo hasta que el aire dejara de entrar en sus pulmones.

Se levantó algo de brisa. El Raisuli dejó que le refrescara el rostro y sintió algo profundo en su pecho. Llevó su mano al corazón, como cuando alguien se encuentra con un amigo muy querido. El mar se ofrecía a su vista, como si no hubiera cambiado desde que fuera un niño y viera cerca de la playa un gran macho de león del Atlas, imponente, que se quedó contemplándole largamente desde una duna. No sintió temor alguno y comprendió por vez primera que él era Muley Ahmed, jerife de los yebala y que toda su vida debía escribirse a partir de esa condición. La sombra de una gaviota cruzó la muralla y se adentró entre las callejuelas de Asilah, blanca y azul.





martes, 30 de junio de 2015

Asilah


Quizá no sabes -no sé- que llevas un mar adentro. Más allá de la última roca en donde Venus se hace saliva sobre tu cuerpo, lentamente. Por eso mismo, por tu terca ignorancia te asombras -me asombro- cada vez que la brisa te desordena el pelo y te expone a la misma pregunta. Asilah es blanca y azul. Quizá más hermosa porque fue cruel bajo esta luz que ahora te ciega para que la vista te alcance mar adentro, hacia el pecho, a pulmón limpio, aunque ya sepas la respuesta. Pero qué importa. El día es plácido, oscurece tarde y el tiempo parece detenido por un momento. Suficiente.

viernes, 26 de junio de 2015

El puente de Cabezón de Pisuerga

El puente de Cabezón desde el cerro de Altamira el 1º de mayo pasado.

Este puente se está cayendo. El puente de Cabezón de Pisuerga, uno de los más importantes de la historia de la meseta norte, se cae. No hace falta recordar su valor patrimonial: con origen romano -aprovechaba un vado natural del río-, el puente fue reconstruido en varias ocasiones. Cuando escribo estas líneas, se ha derrumbado ya el muro de contención y los expertos temen que se vengan abajo varios de sus ojos. Desde hace tiempo, el puente ya no tiene el significado estratégico que tuvo. Ya no es lugar obligado de paso para comunicar Valladolid con Palencia o Burgos ni su trascendencia hace que las tropas tengan que defenderlo ante las posibles invasiones. Se usa, fundamentalmente, para comunicar los barrios de Cabezón a uno y otro lado del Pisuerga. Pero su valor patrimonial e histórico, además de su bella factura, es indudable. Hasta hace unas semanas tuvo tráfico normal y, aunque se habían detectado algunos riesgos nadie tomó en serio lo que ocurría. Este puente no se cae por efecto del agua. Ni el tiempo, ni el clima, ni la lluvia, ni el caudal del río son los verdaderos culpables de que se haya llegado a una situación así, sino la desidia de las administraciones competentes. Quizá ocupadas en las circunstancias electorales de este año han descuidado lo que no debe descuidarse: el patrimonio que hemos heredado de las generaciones que nos precedieron y que debemos conservar para las que nos sigan. Esto merece que se exijan responsabilidades y que quien haya tenido la culpa sea apartado de la vida política para siempre.

jueves, 25 de junio de 2015

Civilización y barbarie en las Crónicas periodísticas de la Guerra de África de Núñez de Arce y noticias de nuestras lecuras.


Bajo el brillante texto de Núñez de Arce, que oscila entre la crónica periodística de una modernidad de estilo que sorprende, el relato costumbrista y la descripción literaria de los lugares, late un tópico de la cultura del momento.

El enfrentamiento entre civilización y barbarie es una constante temática del siglo XIX, especialmente en la segunda mitad. También lo fue en otros cronistas del acontecimiento bélico que nos ocupa, en los redactores de las proclamas y discursos y en la retórica oficial. A pesar de que hay un momento en las crónicas en el que Núñez de Arce comienza a hablar de que España no había ido al norte de Marruecos para quedarse sino para salvaguardar su honra y se decanta por la opción final de O`Donnell en los acuerdos de paz  de abandonar lo conquistado contra la línea editorial de su propio periódico, es insistente en los primeros envíos al periódico todo lo contrario: España proyectaba infraestructuras y otras instituciones para una larga estancia. Es evidente la raíz neocolonial de toda esta argumentación y también el recubrimiento ideológico: España llevaba la civilización a un lugar dominado por la barbarie, el atraso y la desorganización. Una región que carecía completamente de una estructura de estado al estilo europeo. A diferencia, además, de lo que había ocurrido en tiempos del Imperio, no se trataba de una conquista para imponer el dominio de una monarquía absoluta sino de llevar, según Núñez de Arce, la idea de libertad de las nuevas monarquías parlamentarias a un territorio que no la conocía. Este concepto ideológico irá creciendo a lo largo de las crónicas y ocupará párrafos enteros para justificar tanto la acción militar como muchas de las cosas que allí ocurrieron. Pero también late debajo de las descripciones de los personajes -tanto los europeos como los africanos-, de los hábitos y costumbres locales, de la ciudad de Tetuán o el campamento enemigo -en el que reina la inmundicia y el ajuar es similar al de los mendigos de las ciudades europeas-  y de los paisajes. Esta parte de África se presenta como tierra inhóspita a la que hay que llevar la civilización. Es curioso que solo salve a los marroquíes cuando los compara con los judíos, a los que desprecia en un claro gesto antisemita.

Como muestra, una anécdota en la que se detiene Núñez de Arce en su crónica del 24 de febrero de 1860. Conversando con los enviados de Muley-Abbas para negociar el tratado de paz, los siguió cuando el general Ríos les muestra las novedades técnicas de las que dispone el ejército español. Al examinar el telégrafo que conecta el alojamiento del general con la Aduana del Martín, dice:

El aparato no les llamó la atención, y se comprende bien, porque su inteligencia no está lo suficientemente ilustrada para que puedan entender y admirar estos grandes adelantos de la civilización. Además, como hijos de un pueblo casi primitivo, no sienten la imperiosa necesidad de vivir años en minutos, digámoslo así, ni arde su sangre con la fiebre que agita a las razas europeas, ávidas de emociones, de cambios, de peripecias, y deseosas no sólo de devorar el espacio, sino de escalar el cielo.

Es curioso, al redactar el texto -que continúa en la crónica en este tono-, Núñez de Arce mezcla conceptos propios del materialismo que inunda ya el pensamiento europeo con restos del romanticismo por el que se retrata la vida de esta gente con un guiño de nostalgia por un tiempo perdido inevitablemente. Es brillante ese concepto que fabrica Núñez de Arce tiene muchos matices, algunos incluso positivamente contrarios a la civilización que defiende el autor: no sienten la necesidad de vivir años en minutos.



Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino sigue con el comentario de las Crónicas en su formato de diálogo en familia a partir de la lectura de La Iberia. Preocupaciones hondas en el seno de una familia burguesa que alteran la vida normal. La guerra, en efecto, no es un juego.

Gelu comienza su comentario de la obra con una buena idea: contextualizar en la época del conflicto usando para ello el periódico La Iberia. Así es posible comprender mejor esta guerra.

Se detiene Mª del Carmen Ugarte en las facetas costumbristas de las crónicas, sus descripciones llenas de elegancia y su forma de encarar los tiempos de espera del conflicto. Bendita hemeroteca.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 24 de junio de 2015

Por los amigos muertos


Las redes sociales ha permitido establecer relaciones con gente que no solo no conocemos en persona sino que es posible que no conozcamos jamás. Sin embargo, de ellos sabemos tanto o más que de muchas de las personas que nos rodean día a día. No me refiero a los cientos o miles de contactos que uno pueda tener en cualquiera de estas redes sociales sino a un puñado de ellos. Como pasa fuera de Internet, solo con un pequeño porcentaje de personas estrechamos relaciones hasta que podamos considerarlas algo más que meros conocidos. Con todos los riesgos, que hoy no caben en esta entrada, las redes sociales nos permiten establecer lazos afectivos, colaborar en proyectos o estar al día de las circunstancias por las que atraviesan esas personas a las que solo conocemos a través de las herramientas digitales. Por otra parte, el mundo digital ahora nos permite una serie de contactos que superan el temido anonimato o el fraude: es fácil conocer datos de la persona con la que nos relacionamos a través de una sencilla búsqueda, una parte de su vida a través de las fotos o vídeos que cuelga en cualquiera de las plataformas, podemos escuchar su voz o verlo en su faceta laboral o en sus aficiones. Repito que hay que establecer las mismas cautelas que en nuestra vida cotidiana. Por el hecho de ponernos delante de una pantalla no debemos relajar las fronteras de nuestra privacidad, si es que alguna nos queda en esta sociedad actual.

La Acequia nació en el año 2006. Desde entonces he mantenido este blog, fundamentalmente, como un espacio de comunicación de mis opiniones en diversas materias pero también ha sido otras cosas: una herramienta docente, un método de investigación sobre lo que potencialmente puede ofrecernos este medio de comunicación, un lugar donde publicar mis textos creativos o mis fotografías, un espacio para leer en común, etc. Pronto se convirtió también en un lugar de encuentro con aquellos que me leían y con los autores de otros blogs. Siempre que he podido, he conocido personalmente a sus autores.

Desde el año 2006 hasta hoy han sido muchos los blogs que he visto desaparecer. Unos, simplemente, dejaron de actualizarse un día y quedaron como expresión de lo que alguien quiso decir durante un tiempo y que todavía puede consultarse y comentar. Otros se ocultaron o se eliminaron porque sus autores así lo quisieron. Cuando el recuerdo o el azar de una búsqueda me lleva a alguno de los blogs con los que tuve contacto en su día pero dejaron de actualizarse todavía puedo recordar los vínculos y complicidades establecidos con sus autores. De muchos echo de menos sus comentarios aquí, como no puede ser de otra manera, por lo que aportaban. Todos los que escribimos un blog o mantenemos un perfil en una red social podemos contar casos similares.

Algunos de esos blogs dejaron de actualizarse porque la muerte sorprendió a quienes los escribían y estos no pudieron cerrarlos y sus familiares no demandan que se cierren a veces porque ignoran esa práctica de su ser querido. Supongo que nunca tendré conocimiento de lo que ocurrió con otros, pero de un puñado de ellos sí porque amigos comunes me comunicaron el desafortunado desenlace.

Hoy hace un año murió Jan Puerta, como antes se nos fueron Jesús, Manuel de la Rosa o Manzacosas. Todos ellos aportaron mucho a los proyectos que lanzaba o apoyaba desde este blog, aparte de sus comentarios más o menos habituales en mis entradas: Jan Puerta y Manuel Tuccitano eran colaboradores habituales en la lectura del Quijote que comenzamos en el año 2008 y que dio origen a nuestro Club de lectura, el que nos une todos los jueves del curso. También colaboró alguna vez en esa lectura Jesús, que siempre manifestaba su gusto por la creación plástica. Manzacosas estuvo en la Burgosfera y, si mi memoria no me falla, fue el primer impacto que la muerte dejó en la red de relaciones de La Acequia. No sé qué ocurrió con otros muchos que dejaron de publicar sus espacios, los cerraron y desaparecieron. Tampoco sé qué ocurrirá con La Acequia: quizá un día deje de publicarla porque considere que ha cerrado su ciclo o quizá, simplemente, deje de actualizarse porque yo haya muerto. Jan Puerta -con el que mantuve una estrecha relación a través del correo electrónico, medio por el que pude informarme de su vida y de sus circunstancias- dejó una emotiva huella bajo la forma de una entrada programada que se publicaría si él ya no estaba, puede verse en este enlace. Hoy es posible, gracias a los métodos informáticos, programar estas cosas: un saludo a los amigos cuando uno ya no está. Hace tiempo fue noticia una empresa que se dedicaba a esto, a guardar correos electrónicos que deberían enviarse a sus destinatarios tras el fallecimiento de su autor, con el riesgo de que el contenido de estos correos no sea necesariamente amable. Jan Puerta no era dado al rencor ni a culpabilizar a otros de su situación y su entrada, tan humana como era él y tan llena de su estilo en fotografía y texto, nos lo recuerda.

Igual que hago con los amigos a los que conocí personalmente y ya no están, brindo por los amigos muertos, por aquellos que durante la existencia de La Acequia se han acercado a ella y ya no están entre nosotros. Y les agradezco que hayan hecho crecer este espacio con sus opiniones, debates, colaboración en proyectos comunes, etc. Como se grababa en las lápidas de los cementerios, no os olvido.

martes, 23 de junio de 2015

Toda la vida comienza en el regazo de tu falda


Con una brazada de hierbas de San Juan y esperar que venga el día nervioso y azul a través de tu ventana. La casa entera noche de verano, comienzan los soles lentos y las noches enteras. Tu risa, niña, en tus ojos detrás de las hogueras y, al aroma verde de tu cuarto, toda la vida comienza en el regazo de tu falda.

lunes, 22 de junio de 2015

La calle es mía / La calle es tuya, de Gaspar Francés.


Las ocupaciones de estas semanas me han impedido reseñar antes esta interesante exposición de Gaspar Francés que ayer se clausuraba (La calle es mía / La calle es tuya, en la Sala municipal de exposiciones del Teatro Calderón de Valladolid). Y bien que lo lamento porque es una de las propuestas más interesantes que han pasado durante esta temporada por esta sala que en Valladolid se dedica a los artistas locales.

Gaspar Francés (Valladolid, 1985) es un artista joven que desde hace años ha iniciado una carrera sólida, reconocible y muy comprometida ideológicamente con propuestas de intervención ciudadana en la vida política y la denuncia, a través del arte, de situaciones que aunque nos parezcan normales no lo son. De ahí también las técnicas que emplea, coherentes con el pensamiento de su obra: materiales reciclados (maderos, palés, andamios, plásticos, una tabla de monopatín, monitores de televisión, etc.), soportes provisionales, expresiones propias de arte urbano, reducción a elementos y trazos sencillos que no permiten matices por su planteamiento directo que apela a la conciencia del espectador y su definición instantánea ante lo que ve, etc. Sus obras se posicionan de forma inmediata con acontecimientos del momento pero, a la vez, tejen una inteligente red de intertextualidad con los modelos, fácilmente reconocibles puesto que no es su pretensión esconderlos, como El alzamiento de la antena (tanto en la serie de 2014 como en el cuadro de 2015).

El alzamiento de la antena (2015), de Gaspar Francés
Su forma de enfocar la realización de la obra viene de una secuencia que nace en el pop art, en el cómic y en los más activos representantes del arte urbano de las últimas décadas.

En esta exposición se reconocen todas estas características de Gaspar Francés, puestas al servicio de las ideas que explotaron en España a partir del 15M y que han crecido desde aquel momento hasta convertirse en una de las claves que definen la historia reciente española. El título de la exposición hace referencia a una frase pronunciada en 1976 por Manuel Fraga Iribarne cuando era Vicepresidente y ministro de Gobernación del Gabinete presidido por Carlos Arias Navarro. Muerto Franco en noviembre del año anterior, las organizaciones opuestas a la continuación del franquismo en aquellos primeros tiempos del reinado de Juan Carlos I quisieron celebrar el 1º de mayo y ante sus quejas por la represión policial ejercida, Fraga exclamó: "La calle es mía". Esta frase ha quedado como una de las referencias políticas de aquellos tiempos y fue recuperada por los movimientos de indignados del 2011 para reivindicar el derecho de los ciudadanos a manifestarse en los espacios públicos. De ahí la propuesta de Gaspar Francés en estas obras realizadas desde el 2011 hasta el 2015 (son dos años que enmarcan perfectamente las obras puesto que su origen coincide con los movimientos populares del 2011 y terminan con los cambios en las instituciones propiciados por ellos): ante la expropiación de la calle, del urbanismo y la arquitectura, por parte de los poderes políticos y económicos que la han convertido en un mero espacio de consumo en el que el ser humano individual es prescindible salvo como cliente, propone la toma de conciencia y el activismo, expresado firmemente en esa pieza en la que los puños se exponen a las garras del águila.
La calle es mía / tuya, de Gaspar Francés
Pero sería injusto reducir la muestra de Gaspar Francés a una intervención en lo inmediato puesto que también plantea una poética del ser humano que haga repensar la ciudad como concepto. En un paisaje apocalíptico - el artista, como he dicho, no pretende ser original en la definición usual de este término y las huellas tanto temáticas como técnicas son fácilmente reconocibles- la ciudad queda arrasada y se nos presenta como edificios y espacios vacíos, arruinados y sin sentido precisamente porque falta lo más importante en ellos, el ser humano.




Fragmento de Cementerio gallego (2015), de Gaspar Francés

domingo, 21 de junio de 2015

Si te vas cierra la puerta, que entran ratas


Hoy se celebraba el Día de la Música y en mi ciudad se han habilitado espacios en las plazas para que más de un centenar de solistas y grupos aficionados tocasen en directo delante del público. La fiesta de la música, que se celebra por aquí coincidiendo con la entrada del verano, ha crecido con los años: cada vez más espacios y más grupos. Lo que me gusta de esta celebración es que no parece  poder ser controlada por los organismos públicos aunque sean los encargados de dar las licencias necesarias. Todo aquel aficionado que tenga un proyecto musical tendrá su espacio en la calle durante media hora. Lo que no me gusta es que, por unas razones o por otras, algunos tipos de música parecen no encontrar acomodo suficiente (aunque sí tienen alguna presencia): por estas plazas es casi testimonial la presencia de la música clásica o del flamenco, por ejemplo. Ni hablar, por supuesto, de la música experimental y de vanguardia. Quizá haya un cierto pudor en quienes practican  estas modalidades o temor a no ser bien recibidos en las calles. Es una lástima. No ha sido siempre así, por supuesto, ni lo es en todos los lugares en los que se celebra este Día de la Música.

Hoy he pasado de las diferentes formas de pop a las diferentes formas del rock, pero por una circunstancia especial que no hace al caso -Dani me invitó a un chupito de pacharán que no pude ni quise rechazar- he asistido al concierto completo de La puta banda, un grupo de rap de Tudela de Duero. Hace años que todas las manifestaciones culturales del hip hop se han establecido en España y en todas las ciudades hay grupos o solistas de rap que practican un tipo de música ya nacionalizada. Se tardó en adaptar el ritmo del rap a la fonética y la sintaxis española -como sucedió también con el rock o... con el endecasílabo italiano- pero esa frontera ya se cruzó hace tiempo. La mayoría de los raperos hablan de los problemas del mundo urbano de las ciudades españolas. Es una expresión fundamentalmente del descontento juvenil y protestan contra las reglas de juego de una sociedad que no han construido. Se sienten al margen, presionados, rechazados y no comprendidos, cantan circunstancias netamente reconocibles por locales pero, a la vez, presentan puntos de conexión significativos con los raperos de todo el mundo. Viéndolos sobre un escenario en una plaza pública actuando con toda la normalidad, aplaudidos por su público, que los espera para saludarlos a la salida, uno no sabe hasta qué punto eso es cierto del todo o hay algo de esa sensación indefinible que todos sentimos cuando somos jóvenes. Ahora, en España, el rap se ha convertido en una buena expresión de las circunstancias de la crisis económica en especial las que atraviesa la  juventud de los barrios obreros más afectados por la situación y, en gran medida, ha sustituido al rock en este papel.

El caso es que oyendo las letras de La puta banda he pensado que, después del rap, el realismo sucio en la poesía ya no tiene sentido. Los hijos de Charles Bukowski -bueno, ya sus nietos- que proliferan por ahí en la literatura española suenan blandos y sus poemas a juegos de salón de reunión de amigos para aplaudirse los unos a los otros. Hay frases en las canciones del rap que son todo un acierto expresivo. Cantaba La puta banda:

Si te vas
cierra la puerta
que entran ratas.

Nuestros nietos de Bukowski (dejemos fuera por respeto y admiración al maestro y a algunos de sus hermanos o hijos mayores) juegan a poner palabras que ellos entienden malsonantes, a quebrar el tono de un poema, al chiste manido, sin darse cuenta de que esto ya no es nuevo, que tiene una larguísima tradición que quizá conocerían si leyeran más. Que sus poemas son predecibles desde el primer verso. Que ya ni siquiera epatan al burgués. Y que un buen rapero hace más realismo sucio en una sola canción que el que puede hallarse en la mayor parte de las obras poéticas completas de los que participan en los cenáculos bukowskianos españoles. El rap ha matado a la poesía española del realismo sucio, pero quienes la escriben parece que aún no se han enterado.