miércoles, 20 de junio de 2018

El resentimiento


He paseado junto al río a buena hora, cuando aún corre el frescor de la mañana, antes de que apriete el calor. Un encuentro casual me lleva a cruzar unas frases con una persona resentida, de esas que han decidido instalarse en el malestar del que culpan a otro. Como la conozco, sé que nunca ha sido una persona muy estable y en su vida tiene unos cuantos momentos de los que se resiente de la misma manera: son otros -familia, parejas, compañeros de profesión- los que han tenido la culpa de lo que le pasa porque nunca es la responsable de nada. A partir de ahí, fabula y entra en una espiral y construye una versión con la que se siente cómoda que repite a unos y otros con la intención de hacerse la víctima y perjudicar a aquel con quien se ha obsesionado. Lleva años repitiendo las mismas cosas, una y otra vez, en un círculo monótono de insultos. Es una lástima, pienso, no se da oportunidad de salir del resentimiento, con qué carga ha decidido caminar. Pobre de aquel a quien culpa, recibirá continuamente sus ataques y será vigilado obsesivamente por quien se dice su víctima, más en estos tiempos de las redes sociales que se manejan impunemente. Algunas personas parecen justificarse así su existencia. Se duelen de aquello que ellos mismos hacen y la única esperanza para el atacado es que se obsesionen con otro, aunque sea un tiempo. Me gustaría conocer la otra versión. ¿Nos molestamos en pararnos a pensar esto cada vez que alguien nos cuenta algo de otro? ¿Somos capaces de recomendarle que siga adelante y viva a quien se instala en el resentimiento sin que nos eche en cara que no nos ponemos de su parte en estos tiempos de lealtades inquebrantables?

El río fluye. Junto a la orilla, dos barcas viejas que ya no se usan. Por el centro del río, un navegante moderno. Comienza a hacer calor. Me refugio en una cafetería: un café cortado, un vistazo al periódico y a seguir con el día.

martes, 19 de junio de 2018

Como siempre


En la ciudad nueva hay huellas de la ciudad vieja que paseaste de niño y cuando las descubres te asaltan los recuerdos. El crecimiento y la globalización han traído cambios y aquello que parecía de siempre ya no existe. Hace unos días ya no pude encontrar la tienda de toda la vida en la que vendían botones: miles de botones exhibidos en mostradores de cristal y en los que se hallaba, como recién fabricado, el botón que se había perdido de la chaqueta. Han desaparecido guanterías, cuchillerías, mercerías. Todos establecimientos veteranos en los que al entrar te asaltaba un misterio de señoras abundantes, hombres serios con bigote y batas azules y fondos inagotables. Cuando se habían dado mil vueltas buscando aquello -lo que fuera- recurrías a ellos y te decías: Si es que tenía que haber comenzado por aquí, como siempre. Como siempre, donde siempre, un siempre que ya no existe casi nunca. Cuando desmantelaron aquellos comercios se olvidaron de algunas de sus huellas: un letrero, un anuncio, una marca en una ventana. Chocolates La llave, de Eudosio López. Quizá no eran los mejores chocolates a la taza, pero eran los de siempre y su huella se muestra, sucia y oxidada, en su edificio. Y he visto a mi madre rallando el chocolate con un cuchillo sobre una tabla de madera para echarlo en el puchero. Junto a la tabla, unas rebanadas de pan blanco, de aquel pan blanco de siempre.

lunes, 18 de junio de 2018

Parques infantiles


En España hubo una época en la que construíamos un parque infantil para cada niño. Quizá alguien había decretado que los niños deben jugar solos sin que lo supiéramos. Es el problema de este país, que nadie lee el Boletín Oficial del Estado cada mañana. No importa. En algunas ciudades hay tan pocos niños que esos parques no llegaron a usarse nunca.

domingo, 17 de junio de 2018

Anochecer rojo.


Hoy, desde el tren, he asistido a un anochecer rojo en la llanada de Castilla. Uno de esos atardeceres que incendian el horizonte durante unos segundos como si la meseta entonara el canto del cisne. La más hermosa manera de cerrar un día. Mañana será otro, los días no se repiten jamás más que en nuestro tedio. Tomé algunas fotografías y al pasarlas al ordenador comprobé, de nuevo, que todo relato de lo vivido es metaliteratura. Frustración, en todo caso. Como todo poema.


sábado, 16 de junio de 2018

viernes, 15 de junio de 2018

Un libro como cometa


La Asociación provincial de libreros de Burgos ha querido agradecer nuestra participación a los que hemos colaborado de una o de otra manera en la Feria del libro de Burgos celebrada en mayo pasado. Y nos envía la imagen de un hombre que se suspende o vuela gracias a un libro convertido en cometa. Si se suspende, el libro le salva de la caída, como un paracaídas o el lugar en donde agarrarse para no seguir cayendo; si vuela, el libro le ayuda en esa experiencia de libertad. Ambas cosas son ciertas. Los que no leen porque no quieren no lo sabrán nunca. Medio pan y un libro pedía García Lorca que se repartiera al pueblo necesitado en el famoso discurso con el que inauguraba la biblioteca de Fuente Vaqueros en 1931. Y tenía razón.



jueves, 14 de junio de 2018

Esto de nacer pobre es una cosa que se paga toda la vida. El inicio de El pisito de Rafael Azcona y noticias de nuestras lecturas


El inicio de El pisito es un ejemplo de la escritura de Rafael Azcona. El lector se encuentra ante una sucesión vertiginosa de información: acciones, tipos, ambientes, antecedentes de la historia. Esta información parece amontonarse de forma caótica y en ella predomina el costumbrismo derivado hacia el chiste: a las cinco de la mañana, los inquilinos de doña Martina proyectan la cacería del gato de la anciana. El callista Dimas Girondo, armado de un paraguas para ensartar al gato, pasa un saco al escribiente Rodolfo Gómez con el objetivo de dar caza al felino y arrojarlo al Manzanares para librarse de la costumbre que tiene de despertarlos a esas horas de la mañana, cuando salta sobre el orinal que su ama ha dejado al lado de la cama. La caza se frustrará, claro. Pero en el vértigo de la aventura doméstica sabremos todo: Dimas es un embaucador que vive de ilusiones; Rodolfo tiene hambre perpetua, casi cuarenta años y una novia desde hace más de catorce años con la que no puede casarse porque no tiene piso; ambos ambicionan quedarse con el piso de la anciana bien dejando que los adopte bien casándose con ella; doña Martina tiene más de ochenta años y un gato, además del codiciado pisito; el Madrid en el que viven es el verdadero Madrid de los años cincuenta, el de la imposible autarquía decretada por el aislamiento del régimen dictatorial de Franco, en el que se pasan necesidades de las que no se sale trabajando por mucho que se haga honestamente sino con el ingenio y el atajo y todo recuerda a la guerra civil... Rodolfo bebe el resto de la sopa de la cena para quitarse el hambre y rellena la cazuela con agua para que no se note.

En este vértigo perseguimos al gato, Dimas sale arañado y Rodolfo intenta que le limpien una mancha de su única corbata y suceden muchas cosas en primer y segundo plano (el lector debe estar atento a ese segundo plano en el que parece no ocurrir nada importante pero en el que está la clave de la historia). Es la confusión de la vida, amontonada.

Esta sensación de vida es lo primero que recibimos al entrar en la novela y se consigue por medio de este procedimiento: dar mucha información, mezclando lo relevante para la historia con lo irrelevante, lo dramático y lo cómico, porque ambas cosas son parte esencial de la vida misma. Rodolfo, nuestro protagonista, es un cualquiera, un comonosotros, que sabe que en la vida nada hay más importante que comer a diario. Su gran reflexión se produce tras quedarse dormido en la taza del baño:

De acuerdo; esto de nacer pobre es una cosa que se paga toda la vida, pero al menos cago a diario con toda felicidad.

Y esta es la forma de entrar en El pisito, empapándose en el engrudo de la realidad que Azcona nos presenta desde un costumbrismo lleno de humor para que nos resulte menos dura, pero sin esconderla, con lo que la sonrisa, en cuanto nos paramos a pensar un poco, se nos hiela en la boca.

A partir de aquí, preparémonos a saber cómo un casi cuarentón con novia formal desde hace catorce años, en una España llena de miseria y trampas para los que no son ricos, puede hacerse con el pisito con el que sueña para poder casarse.

Noticias e nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino se encuentra con Austri y juntas afrontan la lectura de esta novelita de Azcona, así que esto promete camino de los cincuenta. Por de pronto, nos deja una buena forma de introducirnos en la lectura, con todos los datos necesarios.

Mª Carmen Ugarte García ha dedicado dos entradas a la novela. En la primera, el texto de Azcona sirve para disparar sus propios recuerdos y nos regala un emotivo viaje a los años cincuenta. Y de propina, nos trae la imagen actual del edificio en el que el autor vivió en una habitación alquilada... La segunda entrada contiene un variado y oportuno surtido de temas: personajes, ambientes, comidas e incluso un interesante debate sobre si anotar refranes que nos parecen habituales es o no necesario... Ambas entradas para no perdérselas.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, Información sobre el presente curso en el club en este enlace. Esta lectura de junio es la última del presente curso.

miércoles, 13 de junio de 2018

De higos a brevas


Como anuncié hace un año, se hace larga la espera de higos a brevas pero ya están aquí las brevas y las de este año llegan llenas de carne y piel fina, amorosas al tacto y jugosas al morderlas. Muerdo estas de hoy mismo y se me llena la boca de verano en este año que se me han descolocado todas las estaciones. Lo hago lentamente, sin retirar siquiera la piel, dejando que su carne se haga pulpa. Cierro los ojos: al morder la carne de forma amorosa siempre hay que cerrar los ojos.

martes, 12 de junio de 2018

Otoño


La extraña sensación de vivir en perpetuo otoño.
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El otoño tiene la condición de acogerte y quedarse a vivir dentro de ti con las solapas del abrigo levantadas.
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En mi juventud, ¿había otoño?
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Las ciudades que llevo dentro tienen el sello de un otoño interminable, aunque yo las conociera en verano.
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Viví un otoño intenso en Venecia pero cuando me miraba al espejo veía el rostro de Tony Musante y sonaba no sé de dónde música de Stelvio Cipriani. Acabé odiándome.
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Siempre me ha llamado la atención que a la primavera del hemisferio norte le corresponda el otoño del hemisferio sur. Lo comprendo pero no lo acepto.
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Recuerdo el otoño a finales de la primavera. Debo estar haciéndome mayor.
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En las charcas de este mayo lluvioso las hojas aún conservan la huella de noviembre.

lunes, 11 de junio de 2018

Echaremos de menos la hermosura


Echaremos de menos la hermosura
de las nubes, los campos bendecidos
por las lluvias de mayo, la retama
en flor y la salvaje sencillez
de la amapola.
                         Cuídate del año
en el que el agua no riegue la tierra,
no empape bien y anegue
los valles, no prepare
el momento que rompa la semilla;
cuídate de ese tiempo
en el que cierren tus ojos a puños
con polvo del camino
para que no lo veas:

no veas agostada
la vieja piel del hombre
y no sea ni grano en la cuneta.

© Pedro Ojeda Escudero, 2018

domingo, 10 de junio de 2018

La noche que matamos a Indira Gandhi


Y en esto va Ramiro y me envía por WhatsApp una fotografía del cartel artesanal con el que anunciábamos un recital de poesía en 1984, del que yo no guardaba copia. Y allí estamos: Ramiro F. Mayo, E. Ramírez Valdueza y yo mismo. En aquellos tiempos los carteles de estas cosas se hacían así, a mano y fotocopiados. El título del recital, claro, hace referencia al asesinato de Indira Gandhi el 31 de octubre anterior. Ya no me acordaba de cómo fue noticia aquel magnicidio, que conmocionó al mundo. Y de aquellos poemas que leímos ya no tengo memoria, para bien, supongo. Ya lo he contado en algún lugar: escribí mucho entonces y luego lo dejé. Sé por qué lo dejé y por quién, pero también sé que no debí dejarlo. De hecho, años después me lo recordé a mí mismo y aquí vamos.

Por los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid estábamos unos cuantos de aquellos poetas leyéndonos nuestras cosas, compartiendo lecturas más allá de los pobres y previsibles listados oficiales, saliendo urgentemente de clase para tomar unos chatos. Porrón con cacahuete en la Plaza de San Juan, clarete de Cigales por la zona de la Antigua o en el sótano del viejo El Corcho. Nada queda pero queda la memoria de tiempos en los que uno iba sin peso bajo los hombros de la chaqueta.

Recuerdo que un día, al salir por la puerta principal de la Facultad, entonces en el edificio central, en la Plaza de la Universidad, le dije a Ramiro: Huele a albahaca. Y la ciudad gris que era el Valladolid de entonces cobró notas verdes en las paredes calizas. La ciudad nunca ha vuelto a oler así desde entonces.

jueves, 7 de junio de 2018

Por qué leer El pisito de Rafael Azcona y noticias de nuestras lecturas.


Leer El pisito de Rafael Azcona es un reto. Casi todas los españoles que tienen una determinada edad -que es la manera de decirnos mayores- han visto la película de igual título dirigida por Marco Ferreri estrenada en 1959. Algunos habrán visto la versión teatral de la película realizada por Pedro Olea en 2009. Como suele ocurrir en estos casos, habrá quien no pueda leer esta novela sin ponerles cara a los protagonistas, las caras de Mary Carrillo, José Luis López Vázquez, etc. Y quien se empeñe en mantener la ficción de que es una película de humor y una españolada. Esta ficción es una doble trampa al receptor que se acerca a la novela -a la película y a la obra de teatro- con la carga de la publicidad o de la calificación oficial que tiene el resultado de distorsionar la recepción y desactivar buena parte de la conciencia crítica. De hecho, algunas personas que conozco se aburren a la hora de ver El pisito porque esperan una película de reír y se encuentran con el humor que, a la vez, amarga. Y esto nada tiene que ver con que cualquiera de las versiones sea divertida, pero a la manera en la que se podía usar la sonrisa y la comicidad en algunos tiempos -incluso en los nuestros-, como arma defensiva de los individuos ante determinados momentos históricos y personales favorecidos por los sistemas de gobierno y como arma para poner en evidencia las situaciones más dramáticas por la vertiente del humor.

Además, sucede que Rafael Azcona retocó su novelita escrita en los cincuenta para su publicación en los años noventa, cuando ya no existía la censura que la habría amputado pero cuando aún permanecían muchas situaciones reconocibles en la sociedad española con las que él siempre jugó en sus escritos. Y con la conciencia de que aquel relato de los cincuenta había dado paso a una obra maestra del cine español. Todo eso es lo que hoy tenemos en El pisito.

Por todo lo dicho te pido que intentes acercarte a esta novela sin más, como si no hubieras visto la película pero sabiendo que la has visto (cosa imposible para aquellos que desprecian el cine español y no la han visto ni piensan verla). Si lo consigues te sorprenderá este juego de ida y vuelta a un pasado que es también presente en gran medida. Y te encontrarás con una forma muy personal de contar historias nuestras sin recurrir a la narrativa anglosajona o francesa, la forma de Rafael Azcona, uno de los que mejor han sabido contarnos en sus guiones de cine. He aquí el ejemplo: Rodolfo y Petrita viven una historia de amor como novios eternos hipotecada por culpa de no poder acceder a un pisito que les permita vivirla en condiciones -puesto que el sistema que les impide acceder a una vivienda, a su vez, les marca que es la única forma moral y adecuada de vivir su amor- y para ello deben recurrir a una solución ingeniosa que provoca una de las situaciones más trágicamente humorísticas de la historia de la literatura española. La solución a sus problemas de acceso a una vivienda digna que les permita casarse pasa porque Rodolfo contraiga matrimonio con una anciana y a la muerte de esta herede el contrato de alquiler de renta antigua que ella tiene. Quizá en las próximas entradas nos enteremos de que la ficción estaba muy próxima a la realidad de aquellos tiempos y de estos que nos ha tocado vivir.

Disfrutemos en las próximas semanas con la sorpresa que deparará Azcona a aquellos para los que solo lo crean un guionista de cine eficaz. Eso sí, preparémonos a que algo se nos mueva por dentro.

Noticias de nuestras lecturas



Pancho continúa con la lectura de Akúside, de Ángel Vallecillo: llega aquí a la metamorfosis del general Axiámaco cuando la tragedia que han desencadenado desde la sinrazón nacionalista le toca en su propia familia. Un pasaje lleno de resonancias legendarias y bíblicas. Culmina su entrada con un homenaje a Lorca.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, Información sobre el presente curso en el club en este enlace. Esta lectura de junio es la última del presente curso.