lunes, 23 de enero de 2017

Hojas de arce


Hace unos días compré una pantalla para velas en un mercadillo artesanal. Una pantalla hecha de cera y hojas de arce. Cuando enciendo una vela en su interior no dejo de pensar en todo el tiempo que hay detrás del proceso de fabricación, desde que la hoja de arce no era más que un brote tierno -incluso antes, cuando el árbol entero no era más que una pequeña promesa- hasta que explotara en rojo como una llama ascendente para caer luego al suelo y buscar la tierra. Todo ese tiempo, necesario hasta que la mano amorosa la recogiera del suelo y la colocara, con cuidado, en una cesta de mimbre o en una caja de cartón. Una a una, junto a otras plantas humildes procedentes del mismo terreno. Aquello que está delante de todos pero que pocos saben ver de otra manera. Me imagino el trabajo de selección, extendiendo la cosecha de hojas sobre el suelo del taller para que se secaran pero no del todo. Elegir la que tiene la precisa forma que, mezclada con la cera, consigue este velo de sueño mecido por la luz de la vela. A veces, contemplando en silencio el pálpito secreto de esta luz, siento que eso me haría falta. El paso del tiempo en su lentitud precisa en cada uno de los momentos y el sosiego para verme, sin prisa ya, como si fuera un sueño.

domingo, 22 de enero de 2017

Miguel Delibes, Cinco horas con Mario. Cincuenta años de historia


Se cumplen cincuenta años de la publicación de Cinco horas con Mario, una de las novelas más conocidas de Miguel Delibes y uno de los títulos más importanes de la narrativa española de postguerra. Este diálogo interior supuso una profundización en la mentalidad de las mujeres de un tipo de burguesía acomodada de la época, llena de contradicciones, presa de una moral y una sociedad que sus integrantes habían provocado y que era, a la vez, su forma de controlar el país pero también una condena a la mediocridad, la insatisfacción y la hipocresía. Delibes contó que después de redactar cien cuartillas de la novela con el personaje de Mario vivo se detuvo y encontró la clave narrativa de la obra: contar la historia desde un largo monólogo de Menchu con Mario muerto, profundizando en la psicología de su protagonista y mostrando con el afán documentalista que le caracterizaba la forma de hablar y pensar de una mujer de ese tipo de burguesía en los años sesenta del pasado siglo.

Esa voz de la viuda es toda una lección técnica que le permitió, además, solventar una de las grandes preocupaciones del autor, la censura. En contra de la opinión de su editor, Delibes temía una paralización de la comercialización de la novela si en ella se hallaba algo opuesto a la opinión de los censores y por eso remitió un ejemplar al censor a pesar de que en esos años ya no fuera necesario. Contando la historia desde la visión más conservadora de Carmen, la viuda, las opiniones que en vida sostuviera el difunto quedaban amortiguadas y a salvo del lápiz del censor. Hasta ese punto tenían que hilar los autores que escribían bajo el franquismo, incluso alguien de la trayectoria de Delibes. Con esta estrategia pudo abordar algo que le preocupaba mucho: la tensión evidente en aquel momento entre un catolicismo conservador aún anclado en el conflicto de la guerra civil y en el afán de controlar la moral social aliándose con el poder político que procedía de la dictadura militar de Franco y otro más tolerante y abierto. El primero lo representaba el personaje de Carmen, el segundo el de Mario. Este, según testimonio del propio Delibes, se basaba en gran medida en el pensamiento de su amigo, el también escritor y periodista José Jiménez Lozano, al que dedicó la obra.

Con este motivo, la Fundación Miguel Delibes y el Ayuntamiento de Valladolid, con la colaboración de la Biblioteca Nacional, han organizado la exposición Miguel Delibes, Cinco horas con Mario. Cincuenta años de historia, comisariada por Amparo Medina-Bocos, que se clausuraba hoy en la Sala municipal de exposiciones de la Casa Revilla de Valladolid pero que podrá verse a partir del 7 de febrero en la Sala de las Musas del Museo de la Biblioteca Nacional. Una exposición honesta, sin más pretensiones que la de homenajear y documentar lo mostrado, pero necesaria e interesante tanto para los lectores de Delibes como para los que quieran conocer una de las páginas más sólidas de la narrativa española del siglo XX. En ella se muestran facsímiles con fragmentos de la correspondencia entre Delibes y su editor, Josep Vergés que ayudan a documentar todo el proceso de edición (es conocido que Delibes guardaba con celo todo lo que se refería a su carrera literaria), junto al contrato con la editorial y al manuscrito de la novela y las ediciones y traducciones que constatan su éxito nacional e internacional, así como las noticias aparecidas en la prensa. Como necesario complemento, se dedica una sección muy completa a la versión teatral de la obra (el monólogo interpretado por Lola Herrera que se ha convertido en un referente del teatro español de la segunda mitad del siglo XX y que está en el corazón de la película Función de noche, la excelente película documental de Josefina Molina estrenada en 1981), y la versión operística de Jorge Grundman.

viernes, 20 de enero de 2017

Que siga la fiesta


En nuestro país nadie se acuerda en el mes de octubre de lo dicho en el mes de mayo, decía Zorrilla, al que estos días releo. Ando metido en la investigación sobre su vida y obra con motivo del bicentenario de su nacimiento en Valladolid que se celebra a partir del próximo 21 de febrero. A lo largo de los próximos meses iré dando cuenta de las actividades en las que participo. Entre ellas, la coordinación de los actos que unirán Valladolid y Sevilla. En Sevilla anduvo el autor porque allí tenían que acudir todos los profesionales del teatro dada la importancia de la ciudad andaluza. Su Don Juan Tenorio es sevillano también. De Zorrilla pocos conocen su prosa, excelente. Bueno, excepto el Don Juan, poco más se recuerda de un autor que fue coronado como Poeta Nacional en Granada. Desmemoria de este país, como en tantas otras cosas. A Zorrilla le salva de esta desmemoria precisamente la popularidad de su burlador enamorado, odiado por eso mismo por tantos, por ser popular y tener éxito, cosa que por aquí no se perdona jamás. En nuestro país nadie se acuerda en el mes de octubre de lo dicho en el mes de mayo, decía Zorrilla. Era demasiado generoso con el tiempo, demasiado tiempo entre octubre y mayo, tanto como para olvidar dos veces. Ni los políticos se acuerdan de lo que hicieron en la anterior legislatura, ni los intelectuales de sus cambios ideológicos, ni el vecino de cómo cayó en lo que ahora critica de otros. Hay demasiada mala memoria de todos. Desmemoria por inconsciencia, desmemoria interesada, desmemoria festiva, desmemoria insultante, desmemoria soberbia, memoria desmemoriada y que ruede la bola. Vivimos en un eterno presente adolescente. Que siga la fiesta.

jueves, 19 de enero de 2017

El propósito de Cervantes en Rinconete y Cortadillo y noticias de nuestras lecturas


La primeras líneas de Rinconete y Cortadillo son todo una lección de cómo comenzar una narración:

En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía, un día de los calurosos del verano, se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años: el uno ni el otro no pasaban de diez y siete; ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados; capa, no la tenían; los calzones eran de lienzo y las medias de carne.

Cervantes se proponía, en esta novela, dar un giro a la picaresca, el modelo que tomaba. Ya sabemos que este es el propósito verdadero de toda la colección de las Novelas ejemplares, girar cada uno de los géneros narrativos que tocaba para romper el canon establecido y hacerlos evolucionar. Sabemos también que esta novela se hallaba escrita mucho antes de que se publicara en 1613 y que circulaba de forma manuscrita. En ese gran juego literario que es el Quijote aparece mencionada como uno de los títulos que estaban en poder del ventero para que fueran leídas en comunidad. Rinconete y Cortadillo es un buen ejemplo de la mesa de trucos a la que alude el autor en el prólogo. Han sido muy estudiadas las claves de la propuesta cervantina frente a la picaresca de su tiempo, muy conocedor del Lazarillo, la novela que diera origen al género: dos protagonistas en vez de uno, ambos sin demasiada necesidad de meterse a delincuentes porque no están condicionados por sus orígenes familiares y sin amos a los que servir, dueños en gran medida de su destino al menos como se podía ser dueño de la vida de cada uno en los inicios del siglo XVII.

Cervantes utiliza la aventura de ambos para retratar el mundo de la delincuencia sevillana ambientándolo en el famoso patio de Monipodio. Su recreación de una asociación de delincuentes no se olvida de nada: relaciones entre sus miembros y de todos con la sociedad de orden, descripciones de ambientes y comportamientos y una espléndido trabajo con el lenguaje dándonos a conocer la jerga de los bajos fondos de la delincuencia sevillana (esto, en sí mismo, ya es una joya artística). Imagina Cervantes los encargos de las actuaciones delictivas anotados en unos libros de actas como parodia de un mundo tan reglamentado y registrado como el de la España de su tiempo. Si la complicidad de los alguaciles del momento está reflejada con ironía, estos encargos son un dibujo demoledor. La gente de bien debe recurrir a esta asociación de maleantes para cumplir venganzas y advertencias ante la ausencia de una justicia de verdad. Sevilla era la ciudad con más movimiento de España y en ella se podía hallar lo mejor y lo peor de la sociedad pero siempre en un estado en el que la justicia no existe.

Pero hay algo que salva a la novela del pesimismo: el carácter de los dos jóvenes protagonistas, que parecen jugar a delincuentes más que serlo y su final. En él se alude a que Rinconete solo pasó unos meses en esa compañía. En ellos no perdió su juicio moral, lo que justifica los calicativos últimos del narrador al prometer la nunca cumplida continuación:

pasó con ella adelante algunos meses, en los cuales le sucedieron cosas que piden más luenga escritura; y así, se deja para otra ocasión contar su vida y milagros, con los de su maestro Monipodio, y otros sucesos de aquéllos de la infame academia, que todos serán de grande consideración y que podrán servir de ejemplo y aviso a los que las leyeren

Cervantes parece querer agarrarse a la posibilidad de que dentro de cada uno se encuentren todas las posibildades, incluida la de apartarse del mal camino. Pero ahí está el demoledor retrato de un mundo lleno de miserias en el que todo está jerarquizado contra lo que decía ser el gran imperio español del momento. Un ejercicio de inversión por el que Cervantes se acercaba a la realidad de su tiempo, desde esa venta del Molinillo del inicio tan bien localizada hasta cada uno de los espacios sevillanos aludidos.

Esta lectura de La gitanilla, Rinconete y Cortadillo y La española inglesa que nos proponemos durante enero, continúa la de El licenciado vidriera y el Matrimonio engañoso y  Coloquio de los perros que hicimos en su día. Todo este conjunto de lecturas puede consultarse en la etiqueta Novelas ejemplares.

No es difícil hallar buenas ediciones de las Novelas ejemplares cervantinas en el mercado. Por suerte, disponemos de muchas ediciones críticas dirigidas al público académico que pueden ser también usadas por los lectores no expertos y que están disponibles a buen precio.  Estos textos son también accesibles en buenas ediciones electrónicas en abierto que pueden hallarse en el más que recomendable portal dedicado al autor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en este enlace.

Noticias de nuestras lecturas

El próximo martes 24 tendremos la reunión habitual del Club de lectura en su formato presencial. A los participantes ya les ha debido llegar la comunicación. En este formato presencial terminamos con el comentario de La española inglesa el próximo jueves para comenzar en febrero con el de Patria, de Aramburu.

Anda Mª del Carmen Ugarte entre tildes polémicas y se topa con Rinconete y Cortadillo. Su comentario nos trae un análisis impecable del lenguaje de la novela cervantina que no os podéis perder.

Mª Ángeles Merino escribe, con la ayuda de su amiga Austri, una entrada en la que está todo lo necesario para comprender esta novela cervantina. No te la pierdas, que hasta las abejas se ponen a jugar a las cartas...

Pancho da cuenta del final de La gitanilla y todas las circunstancias que nos llevan desde el mundo de los gitanos hasta la trasformación gracias a la fiesta literaria. Y termina con Camarón, eso es un broche de oro.
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

martes, 17 de enero de 2017

Ribera del Arlanza


Para Paco Ventura y Juan Carlos Gallego.
La Presa. Lerma.

Hoy son los chopos tristes, la ribera
del Arlanza, el invierno, recordar
los intrépidos baños, la merienda
de pan y chocolate, generosos
días de agosto, largos e inocentes,
las botellas de coca cola frías
compradas en el bar, la voz del padre
reclamando silencio, el transistor,
las horas acolchadas de la siesta.

Los árboles retienen
las risas y los besos
lejos del abrasado
palacio de los duques.

Para espejar la playa,
el río pasa, cómplice, la presa
en este atardecer,
por los lentos domingos de la infancia.
Estos chopos sombrean los secretos
del agua y si cerraras
ahora mismo los ojos
el viento contaría cada gesto
mostrando las palabras
heridas por los tiempos.

Te acercas a los árboles,
uno a uno, conoces
todas las cicatrices
que ocultan cada pliegue de su vida
y la corteza, piel
de tu propia historia,
las ramas al alcance de la mano,
el viento entre las hojas,
su luz, siempre cambiante y repetida.
Tus ojos,
como si despidieras el paisaje,
el rumor de los chopos.

Hace frío este mes,
el Arlanza recorre
la vega hermosa y fértil,
enfrente de la casa.
La línea de los árboles
que tus ojos recuerdan,
más profundos al fin en su futuro,
es tu vida y memoria para siempre.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

(Quizá alguno de vosotros quiera conocer la historia que existe detrás de este texto. Paco Ventura y Juan Carlos Gallego viven en La Presa, cerca de Lerma. El lugar era una antigua playa artificial del río Arlanza. Los árboles que están a la orilla del río se encuentran enfermos y van a ser talados dentro de unos días. Paco y Juan Carlos se despiden de ellos.)

lunes, 16 de enero de 2017

No confundamos. Una razón para la necesidad de la crítica literaria y de la enseñanza de la literatura



Aviso previo:

1º.- Este artículo no pretende coartar la libertad para expresarse a través de la escritura o del arte de ninguno de los aficionados. Escribir es una buena cosa. Comunicar emociones, ideas, etc. es un derecho y ser creativo de las mejores cosas que tiene un ser humano. Si escribes porque eres aficionado a la literatura, sigue haciéndolo después de leer las líneas siguientes. Persevera, trabaja, pregunta, fórmate. También puedes no hacerlo si tu pretensión es escribir y publicar para ti y tu círculo próximo. Tienes derecho a escribir y a publicar lo que escribes y siempre contarás con mi aplauso. Este artículo no va contra ti en ningún caso. Si en nuestra sociedad se fomentara más la creatividad todo nos iría mejor.

2º.- Este artículo no es un ataque a los editores independientes de sellos pequeños que luchan día a día por mejorar la calidad de sus libros y sus catálogos, que sacan horas de su vida personal y que arriesgan su dinero. A un editor así hay que defenderlo siempre.

3º.- Este artículo no pretende que los poetas populares o los novelistas a la moda dejen de escribir o publicar. Entre otras cosas, porque no me harán caso y será bueno que no lo hagan. En parte por el aviso anterior, pero también porque, alcanzado cierto renombre y número de ejemplares vendidos, lo que escriben es ya un negocio y el mercado tiene sus propias dinámicas entreveradas con el arte. Eso sí, este artículo sí va, en parte, sobre estos autores porque no comprenderé nunca que la popularidad y el éxito los aleje del juicio crítico.

4º.- Este artículo también alude a aquellos que dan el salto de escribir para un círculo pequeño de amigos y familiares a un empeño mayor. Este paso es sustancial y quienes lo dan deberían comprender que todo arte tiene unas técnicas y unos propósitos. No aludo a un único canon ni a ningún academicismo, quede claro.

5º.- Este artículo defiende la necesidad de una crítica literaria seria y responsable, no sectaria, así como la formación artística que deberían proporcionar, entre otros, los profesores de literatura. No hablo aquí de una crítica despiadada o negativa que siempre es recibida con alborozo por las personas de carácter rencoroso o envidioso y no suele traer nada bueno salvo polémicas estériles y aplauso de sectarios. Como saben los que lean este blog, no suelo hacer críticas negativas sino proponer lecturas que a mí me parecen que deben hacerse.

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Estos días, en la prensa española y en las redes sociales abundan las opiniones sobre los poetas populares, esos que venden sus libros a miles o decenas de miles. Un fenómeno editorial que no puede negarse y que protagoniza las listas de los libros más vendidos en los últimos cuatro o cinco años. Estas semanas, la polémica se ha centrado en la poesía, pero lo mismo ocurre en la novela, aunque la polémica tenga menos intensidad porque en ella hay campo más grande dado que el mercado lo es y la competencia por el público y la visibilidad es menos feroz. En el fondo, es una vieja reedición de los antiguos debates presentes siempre en el mundo del arte pero que se han multiplicado por los avances tecnológicos.

En primer lugar, la posibilidad de aumentar el número de ejemplares impresos de una obra que se produjo en el siglo XIX con las innovaciones en el mundo de la impresión. Se multiplicó el número de imprentas, se usó el papel de celulosa, se desarrolló la mecanización de todo el proceso, que dejó de ser manual. Las leyes sobre la libertad de imprenta y el comercio libre contribuyeron también. Y, por supuesto, la aparición de un nuevo público lector, más amplio, más diverso. Esta realidad se intensificó a lo largo del siglo XX. Desde entonces hay una literatura impresa popular y masiva, que ha movido siempre el mayor número de ventas y lectores pero cuya calidad es escasa, sus innovaciones pocas y no suele traspasar el tiempo en el que fue escrita porque está pegada a las modas, los gustos y algunas circunstancias pasajeras (la biografía de los autores, las cuestiones políticas y sociales, etc.). Campoamor siempre tuvo más lectores que Juan Ramón Jiménez, por ejemplo. Y eso no es un valor en sí mismo más que como resultado contable. La novedad, por lo tanto, no es que la literatura popular venda más porque siempre lo ha hecho sino que ocupe un espacio que antes no le correspondía y que esto comience a preocupar por el estrecho margen que se deja a la que antes se consideraba como literatura de calidad.

En segundo lugar, la aparición de la tecnología digital, que ha abaratado el producto hasta hacer posible que el coste de un libro normal maquetado e impreso sea de uno a tres euros por ejemplar.. Este abaratamiento no solo se debe a los procedimientos informáticos sino también a que cada vez hay más maquetadores aficionados o voluntariosos que no dominan este trabajo y que nadie suele encargarse de revisar de forma profesional el resultado último. Las grandes editoriales, además, han comenzado a imprimir en otros países en los que la mano de obra es barata. Estas empresas no diferencian el libro de la ropa o un componente electrónico. Esto perjudica a los buenos y serios profesionales de la maquetación y a las imprentas locales que siguen los procedimientos tradicionales. Los libros impresos por procedimientos no digitales sufren la dura competencia y poco a poco las ediciones en papel tienen peor calidad física, peor maquetación y una desastrosa calidad de los textos. Son pocos los libros bien impresos, maquetados y revisados convenientemente que hallamos en las mesas de novedades.

Esta digitalización del mundo de la imprenta y el abaratamiento en la producción del libro se suma a la extensión de las redes sociales en las que uno de los fenómenos más evidentes es la escritura creativa libre de toda persona que así lo desee. No sé si es una causa o una consecuencia, pero se extienden los talleres de escritura y los grupos locales en los que leer la poesía de forma abierta. Y esto, antes o después, tenía que pasar al libro en papel. Describo, no valoro. En estos grupos existen personas entregadas y que lo hacen con generosidad para promover la escritura y la lectura creativas en sus localidades y debería reconocerse su esfuerzo porque ganan lectores y dan cauce a las necesidades culturales de muchas personas. Yo procuro hacerlo siempre en este blog, como recordarán los que me lean a menudo.

Que haya tanta gente escribiendo y publicando sin unos conocimientos mínimos previos sobre la escritura literaria, sin haber leído suficientemente y hasta sin la correción ortográfica o sintáctica requerida para una comunicación fluida, no es malo en sí mismo, nunca es malo ni debe ser rechazado. No es el espíritu de estas líneas. Lo peor es que los mecanismos sociales y de mercado en los que se mueven hagan que estos escritores pierdan conciencia de su posición en el campo de la literatura y de lo que les resta por aprender técnicamente para mejorar como escritores, se lamenten de no ganar premios de prestigio, acogidos por las instituciones al mismo nivel que los escritores reconocidos o de no ser publicados por determinadas editoriales y su envanecimiento les haga protagonizar espectáculos deplorables por vanidad y ambición. Son víctimas del aplauso fácil y de su propia ambición. Recuerdo aún un poeta con varios libros publicados que no sabía qué era un endecasílabo y se atrevía a discutir sobre uno que él proponía aunque le faltara claramente una sílaba y un novelista que ignoraba que la técnica que tanto decía usar como si la hubiera inventado se debía, en realidad, a un uso cervantino de la perspectiva múltiple. Cualquier editor responsable podría dar testimonio de cómo le llegan los textos que se le proponen o de las extravagantes conversaciones con algunos escritores.

No es malo que todo el que quiera escriba y publique. Nunca ha sido más fácil y así debe ser. No es malo que se venda y se lea todo tipo de literatura y que algunos libros que yo nunca leería se vendan mucho, muchísimo. Todo lo contrario, aunque yo soy de los escépticos que piensa que raramente la mala literatura o la literatura popular puede llevarnos a la buena o que el lector acostumbrado a la banalidad pueda hacer un esfuerzo para comprender otro tipo de literatura, así como el espectador que ve un programa de telebasura tras otro no podrá disfrutar normalmente de una buena película. El gusto, como tantas otras cosas, también se estropea por el mal uso o no mejora por falta de estímulo. Por eso hay que hacer un esfuerzo diario para superarse como lector o como escritor.

Es bueno que las personas vean el resultado impreso de su creatividad o de su necesidad de comunicar emociones. El mundo es mejor cuando así se hace y la vida de las personas se mejora porque alcanzan objetivos que hasta hace poco estaban fuera de la mayoría. Aunque solo tuviera una razón mercantil como el que tienen la mayoría de las editoriales  profesionales que han surgido al calor del la impresión digital y que tratan los deseos de muchos de ver publicados sus textos como un mero negocio (no incluyo aquí las de los grupos locales que se convierten en organizaciones sin ánimo de lucro o culturales que quieren promover la literatura en su zona y se esfuerzan cada día por hacerlo acogiendo con generosidad a quienes llegan a visitarlos desde otros lugares, con lo que se produce una interesante red escasamente jerarquizada que siempre es agradable encontrar por toda la geografía del país). Abundan las estafas y las mentiras en este sector, sobre las que convendría alertar. Con cierta frecuencia tengo noticia de escándalos porque determinados editores sin escrúpulos engañan a grupos enteros de poetas locales aprovechándose de este entusiasmo prometiendo editar libros individuales o antologías de conjunto con unas condiciones que no se cumplen nunca. O editores que promueven concursos que esconden, en realidad, un fraude porque al final los premiados deben pagar la edición o comprometerse a comprar un número de libros que la hacen rentable como condición para ver impresos sus textos premiados sin ninguna criba de calidad previa. Uno de los engaños publicitarios más recurrentes -a veces por mera ignorancia- es denominar segunda o tercera edición a lo que no es más que una reimpresión digital a demanda con un número de ejemplares muy pequeño. España se ha llenado de reediciones de libros escasamente vendidos. Otro, más doloroso, es aprovecharse de los deseos de quienes quieren publicar para vender los cien ejemplares de un primer libro que puede colocar cualquiera que lo haga a amigos, conocidos y familiares.

Pero no hay que confundir todo esto con la literatura o con el arte. La mayor parte de estos libros, que todo el mundo tiene derecho a escribir, publicar y vender (y que, repito, es bueno que así se haga), son tan solo un producto comercial pasajero, objeto para regalo e intercambio entre amigos o mera comunicación de las emociones y las ideas propias para un círculo pequeño de personas. Los textos de estos libros no pasan de las vagas líneas sentimentales que antes se vendían en las postales que uno podía comprar en la estación de tren o en el estanco, frases típicas de la pseudofilosofía de los libros de autoayuda, chistes ocasionales más o menos brillantes y audaces, compromisos sociales impostados para tranquilizar conciencias, exabruptos de bar, todo ello sin ninguna técnica más que la expresión directa de las cosas con mejor o peor redacción. Su escritura es facilísima y tópica (es algo en lo que coinciden la línea de poesía realista con la sentimental, que tan mal se llevan entre sí), muy pegada a modelos a los que no supera sino rebaja y algunas pretendendidas innovaciones llevan cien años o más inventadas. De hecho, en la mayor parte de estos libros lo que uno detecta primero es la mala calidad de la escritura (incluso en la sintaxis o en la ortografía) y lo segundo es la insinceridad, como si nos vendieran el ejercicio de estilo de un taller literario local o casero y no el poema, pero eso es otra cuestión. Lo tercero es la máquina de hacer textos como churros.

De vez en cuando un autor o un editor encuentra la fórmula de éxito que durante un tiempo le permite vender mucho. Me alegra sinceramente este éxito comercial, pero no esperen que me alegren sus logros literarios porque casi nunca aparecen en sus páginas. Son éxitos de comunicación y publicidad, no estéticos y, como tales, no aportan nada a la literatura y ni siquiera sirven de verdad para sostener editoriales como ocurría con la referida colección del Libro de Bolsillo de Alianza Editorial en la que el recetario de Simone Ortega pagaba excelentes ediciones de libros y antologías de poesía. Aunque cuando se juntan ambas cosas, qué placer para la lectura.

Aparecen autores que han coleccionado fotos con escritores famosos y hecho acopio de amigos en Facebook, se han creado un personaje más o menos bohemio, contracultural, espiritual o del tipo que sea y, con poco más que este bagaje, han vendido libros por encima de lo habitual. Parecen haber aprendido la técnica antes en un curso de ventas dirigido a la mediana empresa que en un taller de literatura o leyendo y se aprovechan de cierta ingenuidad emocional e ideológica de los lectores no formados (este tipo de lectores son terreno abonado para el engaño). Un bluff literario que no suele durar mucho tiempo porque no viene acompañado de una obra consistente y sincera y suelen recurrir a la evidente imitación de modelos ya existentes con cierto prestigio, calcos estilísticos y hasta plagios (hemos tenido algunos sonados escándalos en los últimos tiempos). El mundo de las redes sociales y la velocidad de nuestro tiempo hace que uno de estos autores sustituya a otro en cuestión de meses y aunque algunos parezcan tener la habilidad suficiente como para sobrevivir, terminan cayendo víctimas de las mismas inercias que los auparon. Se les suele detectar por el intercambio de favores o el halago fácil de quien le pueda llevar hasta sus objetivos, su ansiedad para conseguir todo rápidamente aunque casi no hayan publicado, la necesidad de venderse sin interactuar con otros y la inmediata promoción de sus obras sin nada más que decir, ni siquiera opinar sobre literatura para no entrar en polémicas.

Hay editoriales de cierto prestigio que se han sumado al fenómeno como forma de obtener ganancias económicas. Venden estos libros como las camisetas o las tazas con la fotografía impresa de un famoso y por eso debemos tratarlas con mayor vigilancia que aquellas que dan a conocer el esfuerzo personal de quienes no tienen más pretensión que ver sus obras publicadas. No sé si con esto se editarán luego autores menos populares como se procuraba con las recetas de Simone Ortega. Lo dudo mucho porque no lo veo en sus catálogos editoriales como sí se apreciaba en Alianza. El círculo para los poetas que no siguen estas modas y estas costumbres cada vez es más estrecho y en breve deberán refugiarse en la edición independiente y en unas pocas colecciones de las comerciales de alcance nacional. Y el que escribe de verdad una obra personal de altura casi debe hacerlo ahora de forma vergonzante y pidiendo perdón. No exagero.

Uno de los fenómenos que recorren el arte de las últimas décadas es el desprestigio de la función del crítico literario y la destrucción de los modelos literarios. El encorsetamiento, la estrechez estética, moral e ideológica y la rigidez de muchos lo provocaron. Esto comienza a pasar también en la enseñanza de la literatura. Hay profesores de esta materia en España que no se han leído a los clásicos o que los han leído insuficientemente y comienzan a apostar por estas nuevas formas populares no por verdadero convencimiento sino porque es casi lo único que leen y para ellos resulta también un esfuerzo insalvable abordar un texto de Góngora o de Juan Ramón Jiménez o de Poeta en Nueva York. Comenzó hace tiempo. Muchos profesores de literatura española ni se han adentrado en el Quijote ni piensan que deban hacerlo para hablar de narrativa. Pero hoy es cada vez más necesario el buen crítico literario o el buen profesor de literatura. Porque no es lo mismo leer a Campoamor que a Juan Ramón Jiménez, no es lo mismo leer a Fernández y González que leer a Clarín, no es lo mismo leer a Corín Tellado que a García Márquez, no es lo mismo leer a cualquiera de estos escritores tan vendidos hoy que a Claudio Rodríguez. Y esto no tiene nada que ver con una posición academicista o excluyente de lo que se consideraba antes como un canon sacralizado. Nunca he creído en un canon así.

Se da otro fenómeno curioso. Como decía al inicio, muchos de los que afirman que todos tienen derecho a escribir y publicar niegan el derecho a la crítica: ¿Quién eres tú para decirme lo que es o no poesía o explicar las razones por las que te gusta o no de forma técnica y sin limitarte a lo emocional o a lo ideológico? Afirman que la poesía es solo o prioritariamente sentimiento o ideología, según sus intenciones, que basta siempre con la expresión directa y que no debe explicarse ni enseñarse como si emanara misteriosamente de algo mágico e incontrolable no sometido a ninguna técnica... Supongo que hay cierto temor en ellos porque, entre otras cosas, los textos de los que hablamos no resisten un análilsis medianamente profesional y se ven enseguida sus cosidos mal rematados, su simplicidad o la burda manipulación emocional o ideológica a la que someten al lector. Pertenecen más a la sociología o a la psicología que a la literatura y deben ir al cajón correspondiente de la socioliteratura. Como si cualquiera pudiera tocar una guitarra sin conocimiento alguno de cómo hacerlo y todos deberíamos respetárselo en público y aún pagar por escucharlo, subvencionarlo y auparlo a la fama o soportar pésimos actores en una obra teatral por la que hemos tenido que pagar como si fueran profesionales con el único razonamiento que todos tienen el mismo derecho. Qué error, qué gran error en el que están. Esos son los argumentos de quien no quiere hacer ningún esfuerzo y desea perderse uno de los mayores placeres que puede tener el ser humano o solo disfrutarlo en los preliminares. Yo, al menos, no pienso perdérmelo de ninguna de las maneras, con toda la intensidad de que sea capaz. Entre otras cosas porque leer de verdad, superar la lectura insuficiente con esfuerzo y constancia, nos hace mejores, menos manipulables, evita que nos engañen vendiéndonos como novedad cosas que ya son viejas, estropeadas y malas. Defender la lectura insuficiente o la escritura insuficiente es defender una sociedad anestesiada y mediocre, que no ve la necesidad de hacer esfuerzo alguno para escribir o para leer y que, por lo tanto, nunca tendrá acceso masivo a los textos clásicos. Sería defender que los derechos democráticos nos obligaran a renunciar a la mejor parte de nuestra cultura artística. Un absurdo. Curiosamente esta parte de nuestras mejores manifestaciones culturales está ahí mismo, gratis, al alcance de todos más que nunca, en internet. A la distancia de un gesto con el dedo pero tan lejos que parecen otro planeta que ni siquiera tenemos la conciencia de deber explorar. Esta brecha cultural se acentúa con nuestro consentimiento en una época en la que resulta más fácil que nunca superarla a poco esfuerzo y dedicación que pongan tanto los escritores como sus lectores.

Que escriban todos, que publiquen todos, que todo se venda, que todo se lea, que quien pueda gane dinero con la literatura y que quien solo quiera emocionarse o distraerse un rato lo haga, por supuesto. Es bueno leer, es bueno escribir, es bueno que las personas comuniquen sus emociones, ideas y sentimientos y que algunos hagan negocio con ello y creen puestos de trabajo. Me alegraré por todos ellos sinceramente y contarán con mi colaboración cuando me la soliciten, mi amistad y mi entusiasmo. Pero no confundamos. Para no hacerlo necesitamos el convencimiento personal de que debemos hacer el esfuerzo de mejorar nuestro acceso a la cultura y críticos literarios en los que podamos confiar, guías en la selva de los títulos que se publican en un año, sin paternalismos pero adaptados a cada nivel de lectura, que no dependan de intereses de escuela o editoriales y mejores profesores de literatura en todos los niveles del ejercicio de aprendizaje. Y hasta alguien que vaya advirtiendo a los ingenuos de las trampas del mercado, de los aprovechados y de los sectarismos literarios. No hablo, por supuesto de una crítica literaria o una enseñanza monolítica, sectaria moral o ideológica ni de escuela. Por suerte, esos tiempos se acabaron hace mucho y no volverán. La literatura y la cultura de nuestro país saldría beneficiada. La sociedad entera. Hagamos el esfuerzo y no confundamos, merece la pena.

domingo, 15 de enero de 2017

Pablo Genovés. Cronologías y precipitados.


Cronologías y precipitados es el título de esta muestra artística de Pablo Genovés que se exhibe en Valladolid (Sala municipal de exposiciones de San Benito, hasta el 12 de febrero). Una buena oportunidad para acercarse a la obra de este artista para quienes no lo conozcan y un acierto más de esta sala vallisoletana que se ha consolidado entre las mejores de España por su programación.

Genovés muestra composiciones de gran formato en las que trabaja digitalmente con superposición de imágnes, algunas originales y otras tomadas de antiguas postales, fotografías y otros materiales. Nos hace pasear por un paisaje apocalíptico en el que grandes bibliotecas y salones lujosos quedan anegados por olas violentas, sepultados por capas de sedimento y tomados por la naturaleza salvaje. Observando las imágenes en el orden propuesto partimos de un desastre violento en el que las fuerzas naturales destruyen espacios antes dedicados a la cultura y la belleza hasta la construcción de un alucinado mundo con colores extraños en el que parece que se gesta algo nuevo que no se conoce aún. Del blanco y negro al color, de lo cultural a lo natural pero también de una forma de entender la cultura un tanto elitista y con lujo exquisito a la propuesta de una nueva basada en elementos naturales.

Genovés recupera el sentido artístico de la ruina, un motivo que atraviesa toda la cultura. La meditación ante la ruina de las civilizaciones pasadas o presentes, la observación de las ruinas de nuestras cosas. Los románticos hicieron de este tema una de las claves de su arte. Genovés añade el impacto del apocalipsis. No somos eternos, nuestra civilización tampoco lo es, pasará como todas. La forma en la que entendemos el arte o la belleza dejará de ser la guía de nuestras acciones -quizá ya esté pasando-. Estas fotografías de Genovés objetivizan este apocalipsis que vendrá con toda certeza, que ha sucedido otras veces, que quizá ya esté aquí. Hay desastres naturales que son, en realidad, desastres estéticos y aun morales.Que de estos momentos apocalípticos salgan cosas nuevas depende de nosotros. O quizá lo hermosos es eso, la ruina de la que ya somos meros espectadores.

sábado, 14 de enero de 2017

La tristeza del río


Estos días de invierno tiene el río
tristeza en la mirada. Baja en busca
de un reflejo de chopo que lo aliente.
¡Es tan difícil fingir nidos de pájaros,
la brisa del gorrión junto a la fuente!


© Pedro Ojeda Escudero, 2017

viernes, 13 de enero de 2017

Hace frío y releo


Hace frío y releo a Luis Ángel Lobato en Lámparas (Tansonville, 2010):

Parece que el frío
repercute
en el latente metal
de estas tardes.

He tenido que subirme el cuello del abrigo y encoger el mentón buscando la bufanda. Luis Ángel me hace caminar por Medina de Rioseco que es y no es la ciudad castellana, helada y vacía:

Me conducen
esos grumos de reflejos
a -7º C
hasta comprobar
que yo circulé
por lo más oculto
de su consistencia.

Da igual a donde nos lleve el poeta:

20 de enero de 1965:
toda la noche
estuvo nevando

Ajusto mi paso al suyo, que transita entre la realidad y el sueño o la ficción. El frío se atenúa por el recuerdo del amor que se hace presente como si se enciendiera de pronto una llama o por los pocos momentos de refugio. Hace frío y escarcha estos días por estas tierras, la cencellada cubre el paisaje de cristales blancos, tan certeramente mortales como hermosos. En ese filo en el que caminamos a veces, en busca de ese calor que nos refugie porque el mundo a veces se hace un camino despoblado e invernizo. Suerte, hermano, si lo hallas. Llévate esa chispa siempre dentro del pecho, hazla estrella para caminar en la intemperie. Pobre de ti si lo pierdes. Desgraciado si nunca tienes dónde calentar tu esperanza. Hiela estos días en estas tierras, con la hermosa exactitud del tiempo que cumple con su labor siempre:

Se trata de la edad.
Nos zarandea.

Hace frío. Hiela por las noches y al despertarnos el paisaje es tan hermosamente difícil que parece la vida.

jueves, 12 de enero de 2017

La construcción cervantina del personaje de la gitanilla y noticias de nuestras lecturas.


Pocas obras narrativas conozco en las que la entrada  y caracterización del personaje central esté mejor preparado que en La gitanilla de Cervantes. Con independencia de las fuentes en las que se inspiró el autor o la posible toma en consideración de modelos reales, Cervantes está más que acertado y pone en juego todas las virtudes técnicas. El ritmo es intenso, adecuado para arrebatar, desde la contextualización en el mundo de los gitanos hasta la aparición de la joven Preciosa que deslumbra al lector como deslumbra a todo Madrid. Se divierte Cervantes jugando a la parodia de géneros y recursos. Están aquí la novela breve italiana de ambiente urbano y la pastoril pero juega Cervantes a girarlas al hacer protagonista, por primera vez en la novela europea, al mundo gitano. En mitad de ese mundo sitúa, además, una mujer que es la más hermosa de todas, la más graciosa, hábil y seductora pero también la más honesta. Retuerce el juego amoroso, el retrato costumbrista de la sociedad y la convenciones de las novelas idealizadoras para situarlas en lugares concretos, como se divierte con la anagnórisis  dando los detalles por los que se reconoce a la protagonista. Es impagable la sátira de esa casa de postín en la que nadie tiene una moneda encima como lo es ese juego de honestidades en un mundo de apariencias. Todos -no solo Preciosa o su pretendiente- van, en realidad, disfrazados. Y el narrador lo sabe y se permite saberlo todo y hasta dirigirse directamente a su protagonista -una vuelta más en la experimentación con la figura del narrador en la obra cervantina-. Y todo ello a tanta velocidad y gracia que el lector no puede respirar y ni siquiera detenerse en la clave que nos debería poner alerta sobre la postura tanto del narrador como del autor, la primera palabra con la que comienza no solo La gitanilla sino toda la colección de Novelas ejemplares: Parece... He aquí la mesa de trucos a la que hace referencia Cervantes en el prólogo de la colección. Todo es simulación y fiesta literaria. Estos gitanos no son lo que serían si prescindiéramos de ese parece que inicial, prueben a quitarlo:
[Parece que] los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo; y la gana del hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte.

Todo lo contrario, por eso está ahí situado ese parece. Como sucede en casa del tiniente de la villa que más que serlo lo parece. En esta novelita inicial cada palabra está sopesada para marcar la apariencia del mundo que solo puede reflejar y poner en evidencia la literatura.

Esta lectura de La gitanilla, Rinconete y Cortadillo y La española inglesa que nos proponemos durante enero, continúa la de El licenciado vidriera y el Matrimonio engañoso y  Coloquio de los perros que hicimos en su día. Todo este conjunto de lecturas puede consultarse en la etiqueta Novelas ejemplares.

No es difícil hallar buenas ediciones de las Novelas ejemplares cervantinas en el mercado. Por suerte, disponemos de muchas ediciones críticas dirigidas al público académico que pueden ser también usadas por los lectores no expertos y que están disponibles a buen precio.  Estos textos son también accesibles en buenas ediciones electrónicas en abierto que pueden hallarse en el más que recomendable portal dedicado al autor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en este enlace.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte aborda la introducción de lo popular y el mundo gitano -verdadero y simulado- en la novelita de Cervantes. De su entrada se aprende mucho.

Pancho arranca con fuerza el comentario de esta nueva entrega de las novelitas de Cervantes... dispuesto a hallar por derecho el truco. Y bien que lo logra hasta teminar lorquiano.

Luz del Olmo se va por romance musical y bien apropiado para cantar las gracias de la obra cervantina... para Luisa.

Mª Ángeles Merino comenta, con su amiga Austri, La gintanilla cervantina. Hasta se la encuentra en pleno Espolón de Burgos. Divertido y sagaz comentario de todas las circunstancias de la novelita.



Paco Cuesta culmina su lectura de Don Quijote en Manhattan de Marina Perezagua -que nos ocupó hasta la semana pasada aquí- con la explicación de uno de los simbolismos de esta novela, Marcela, y su origen cervantino. No os la perdáis.



Por una error de la redacción de La Acequia (ya ha sido reprendido el becario adecuadamente), no se recogió aquí la penúltima entrada de Pancho sobre la novela de Unamuno que nos ocupó hace unas semanas, Niebla. Para seguir el orden natural, introduje su comentario en la entrada del jueves pasado, actualizada con este fin y dejo aquí constancia para los seguidores de este club

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

miércoles, 11 de enero de 2017

Parar el mundo


Ana Jiménez López (1926-2013), profesora de la Escuela de artes y oficios de Valladolid, fue la autora del conjunto escultórico que lleva por nombre Bimbis, aunque todo el mundo lo conoce como La bola del mundo. Fue un encargo del Ayuntamiento de Valladolid y se inauguró en la Plaza de España de esa ciudad en 1996.  Con esta y alguna pieza más (como Candía, la niña que se columpia en un jardín del barrio de la Rondilla), la escultora vio realizado su empeño de sacar su obra a la calle. Se diferencia mucho de la escultura urbana que ha llenado las calles de España, la mayoría sin valor artístico real y que solo tienen un mero interés decorativo a veces cuestionable. De hecho, esta pieza, junto a la marquesina de la plaza, se ha convertido en un sello personal del espacio que ya sería difícil concibir de otra manera.

Bimbis consta de tres niños que juegan y un globo terráqueo que gira mientras se levantan varios chorros de agua. Su estilo recuerda a la figuración que surgió tras el paso por las vanguardias, cuando se formó el estilo más personal de Ana Jiménez. Los tres niños juegan como niños, con la inocencia de la infancia. Aunque el simbolismo ya fue explicado por su autora, a mí me gusta esa recuperación de la inocencia como fuerza que podría empujar el mundo. De hecho, siendo niños, jugamos a inventarnos el mundo y cuando este, tozudo y hosco, se empeña en mostrarnos su peor cara caemos en la perplejidad de la tristeza de la que solo puede sacarnos de nuevo el juego o el sueño. Muchos niños inventan mundos cuando no son felices en el real. Soñamos el mundo antes de que el mundo nos destruya todos los sueños.

Me gusta cuando paso por esta plaza y, en los momentos en los que los operarios trabajan en la limpieza o en las horas en las que el mecanismo de rotación no funciona, el mundo se para. Todo tiene un aire de cuento infantil, pura magia, como si hubiera sufrido un encantamiento por la aparición en la escena de un hada madrina o un mago cándido que no quisiera que las cosas envejecieran. Se ha detenido el tiempo y con él los niños permanecen en el juego y en la infancia. A veces pedimos que el mundo se pare porque va demasiado deprisa, porque nos hace daño o no lo comprendemos o porque vemos inexorablemente llegar el final de nuestro tiempo. La ironía amarga es que el mundo jamás se para ni nos espera. Pero la esperanza es que, de algún modo, tenemos forma de detenerlo, de parar ese tiempo inexorable, la rotación que marca cada uno de los días de nuestra existencia. Seguirá saliendo el sol todas las mañanas y poniéndose por las noches pero, con algunas decisiones personales, podríamos conseguir ser dueños de ese tiempo, de nuestro mundo. Bastaría, a veces, con renunciar a mucho de lo que nos hacer girar con el mismo vértigo que la tierra. O podemos ensoñar la infancia. Una parte de nosotros sabe cómo hacerlo si somos capaces de escucharla.