sábado, 20 de septiembre de 2014

Goya. Sus grandes series


Recomiendo que se vaya sin prisas a la exposición Goya. Sus grandes series, en la Sala Municipal del Museo de la Pasión de Valladolid hasta el 2 de noviembre, a pesar de que su contenido ya es fácil y cómodamente accesible a través de Internet. En ella se encuentra los más de doscientos grabados de Los caprichos (1799), Los desastres de la guerra (1810-1820), La Tauromaquia (1814-1816) y Los disparates (1815-1824), las grandes series de grabados en las que trabajó Francisco de Goya.

Goya se incorporó a la popularización del grabado que se dio a finales del siglo XVIII y que creció gracias a la demanda de las clases medias que buscaban alimentar su cultura por una parte y decorar las paredes de sus casas con objetos de lujo como se consideraban estos trabajos. Antes de sus grandes series ya había trabajado en una Huida a Egipto y, sobre todo, en una serie de grabados sobre la obra de Velázquez en la que introduce sutiles cambios y reinterpretaciones. De hecho, muchas personas conocieron a Velázquez a través de esta interpretación de Goya a la vez que este estudiaba y hacía suya la técnica pictórica del maestro barroco.

Pero será en estas cuatro series en donde estará el Goya más personal, el menos preocupado por la perfección de la técnica del grabado y al que le interesaba más el contenido crítico, documental, satírico o ideológico de su producción. Goya, ilustrado al fin y al cabo, comprendió pronto la ventaja de la imagen grabada y reproducida como herramienta de difusión de unas ideas y de su crítica visión de la España de su época. Este es el gran valor -aún vivo- de las series de los grabados de Goya, desde el primero hasta el último, el más personal de todos, cuando Goya ya había roto las amarras con una España que le había defraudado completamente.

Recomiendo pasear con calma por esta exposición, sin prisas y dispuestos a echar mucho tiempo en ella. Quizá no es tan buena idea como parece ofrecer todas las series completas puesto que pueden abrumar al espectador normal de estas exposiciones, quizá hubiera sido mejor aligerar lo expuesto para ganar en didactismo y en trabajo museístico de divulgación. De hecho, por algo será que nunca se habían expuesto juntas las cuatro series. No sé si debe colgarse todo porque se tiene todo, opino que no. Pero Goya es siempre Goya y siempre es oportuno en una España que aún está falta de su propia revolución ideológica en la que las reflexiones de Goya siempre deben tenerse en cuenta por actuales, así que no voy a discutir esto más allá de la mera duda sobre su oportunidad: el propio visitante puede hacer sus selección o ver la exposición fragmentada.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Acerolas


Sé que todo ha girado ya hacia el otoño. Hoy ha llovido y me recordó aquellos días de la infancia en los que, de pronto, te calzabas para ir al colegio y las manos te olían a goma de borrar y libro nuevo. Y comenzaba a llover de una forma que ya negaba el verano. Es tiempo de coger un puñado de acerolas y comerlas por la calle para comprobar que el mundo sigue teniendo su consistencia con un punto agradable de acidez y la delicada y humilde forma que solo sabe apreciar el que se ha criado lejos del plástico de los invernaderos. Como cuando te rozabas las piernas para trepar a la rugosa rama de los frutales.

Primera entrada en La Acequia sobre las acerolas, aquí. Segunda, aquí.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Reconstruir al lector de Avellaneda que aún no conoce a Cervantes o a don Miguel comiéndose las uñas y noticias de nuestras lecturas.


Según algunos investigadores, Cervantes no leyó la segunda parte del Quijote de Avellaneda hasta los últimos días de julio de 1614. Esto viene a contradecir una teoría según la cual el apócrifo circuló de forma manuscrita al menos desde 1610 y Cervantes pudo leerlo de esa manera mucho antes de la impresión. Desentrañarlo tiene más interés del que parece puesto que este asunto es clave para conocer cómo se planteaba su propia continuación Cervantes y las razones de algunos cambios con respecto a la primera. Si conocía la obra de Avellaneda, suena muy extraño que Cervantes no dijera nada al respecto en la Dedicatoria al Conde de Lemos de las Novelas ejemplares, fechada el 14 de julio de 1613. También resulta extraño que no la mencionara en la Adjunta al Parnaso, redactada el 22 de julio de 1614. Vista la reacción de Cervantes en su segunda parte del Quijote, no parece ser de los que callaran para esperar la ocasión oportuna. Esto también sirve, al contrario, para poner nueva fecha de redacción al Quijote de Avellaneda. Ya no hablaríamos de una continuación tan cercana a la primera parte, sino de una redacción a partir de 1613, cuando Cervantes insiste públicamente en querer proseguir su obra.

Con esta horquilla temporal, Avellaneda comenzó a redactar en algún momento en 1613 y Cervantes no pudo conocer su texto hasta finales de julio de 1614. La primera fecha es interesante puesto que convertiría a Avellaneda no solo en alguien que continúa una novela porque la admira sino un intencionado e interesado continuador que conoce los planes de Cervantes de redactar y dar a la imprenta la segunda parte. Sin duda, quiso adelantarse a él, robarle parte de la gloria y causarle un cierto daño, de ahí las acusaciones que le lanza Cervantes: siente que no es solo admiración o ganas de insultarle en el prólogo por venganza sino intento de robarle el producto de su ingenio. También pudiera ser que estas intenciones, si admitimos la teoría de que uno fue quien redactó la obra de Avellaneda y otro quien la terminó, prologó y mandó imprimir, fueran de este segundo, que se encontrara con el material de su venganza ya escrito. Pero sigue resultando raro que no tengamos datos ciertos de esa circulación manuscrita y que Cervantes no dijera nada sobre ella pudiéndolo haber dicho en 1613 y 1614.

La segunda fecha -finales de julio de 1614- también nos importa. Según una hipótesis muy aceptada, Cervantes redactaba su continuación del Quijote de un tirón y solo cuando tuvo noticias de la de Avellaneda reaccionó en la famosa escena de la posada en la que su personaje tiene noticia de un rival falso. Según esta antigua teoría, Cervantes,  sin modificar nada de lo anterior, cambió su plan en ese momento haciendo que su personaje se dirigiera a Barcelona y no a Zaragoza y tras redactar la novela incluyó la conocida referencia en el Prólogo. Sin embargo, también esto resulta raro puesto que la segunda parte cervantina manifiesta un cuidado estructural y una conciencia de novelista mucho mayores que las puestas en la primera. Resulta extraño que pudiendo conocer la obra desde finales de julio de 1614 y trabajando la suya hasta octubre de 1615 no se planteara más que un giro argumental en un momento dado y en los ataques a partir del episodio de la venta en la que don Quijote sabe que tiene un doble falso.

Como no contamos con más datos ciertos que los citados, cabría aventurar la hipótesis de un Cervantes que, sea cual sea el momento en el que lee el texto de Avellaneda a partir de finales de 1614, contando con la base de lo que llevara redactado desde 1613, volviera sobre sus pasos para dejarnos los suficientes detalles propios de su inteligencia y de la fina venganza que perpetra contra quien apunta como autor del Quijote apócrifo. Ya Martín de Riquer se puso en la mente de Cervantes: para este no cabría otro continuador que Jerónimo de Pasamonte, su Ginés de Pasamonte, el galeote de la primera parte. De ahí que, en vez de hacerlo desaparecer como a todos los otros personajes de la primera parte lo recupere para agraviarlo aún más. Si cruzamos este dato con lo afirmado en el Prólogo de Avellaneda, todo cuadra: "si bien en los medios diferenciamos, pues él tomó por tales el ofender a mí [es decir, Pasamonte, puesto como galeote], y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras [Lope de Vega]". Basta con ver cómo aparece Pasamonte en la segunda parte cervantina para comprender la sutil venganza literaria y personal de Cervantes. Sin citarlo directamente apunta al objetivo para darle una ración mayor de la misma medicina de la primera parte.

Quizá sea este volver sobre sus pasos lo que hizo que don Miguel, comiéndose las uñas de rabia pero con serena inteligencia y con pleno dominio ya de la técnica narrativa moderna, duplicara sus esfuerzos para que don Quijote y Sancho evolucionaran como personajes desde el primer capítulo de su continuación y su novela fuera aún mucho más revolucionaria que en la primera parte. Nunca sabremos hasta qué punto Avellaneda consiguió estimular el ingenio de Cervantes para hacerlo crecer como novelista pero yo soy de los que piensan que a quien se escondiera bajo ese pseudónimo le debemos mucho como espoleta que exprimió toda la capacidad cervantina.

Lo que me gustaría es un imposible, jugar a la historia ficción y ponerme en la piel del lector de novelas de la época que lee en 1614 el Quijote de Avellaneda antes de la continuación cervantina y que luego va corriendo a su librero para adquirir, a finales de 1615, la que Cervantes imprime. Un lector que con toda seguridad oye los rumores -o quizá certezas- que correrían de boca en boca sobre la identidad de Avellaneda. Y que disfruta también -por qué no- con que Avellaneda le llame viejo y tonto a Cervantes y este disfrute negándole su verdadero nombre al del seudónimo pero convirtiéndolo en ladrón de burros y titiritero y engañador con mono. Una doble ración de placer de la lectura en la que el mejor avisado asiste, en primera fila y sin que nadie deba explicárselo, al espectáculo de un grande superándose a sí mismo para abrir caminos no conocidos antes.

Hay suficientes ediciones en el mercado, muchas fiables: Cátedra y Poliedro, por ejemplo. Se puede tener una buena copia digital gratuita en este enlace


El Quijote de Avellaneda nos acompañará en el Club de lectura de La Acequia durante los meses de septiembre y octubre.

Esta lectura es un complemento de la que dio origen a este Club de lectura, la primera experiencia de lectura colectiva completa de la novela de Cervantes en la que se usaban todas las herramientas de la web 2.0. que ha quedado como la única guía de lectura de este tipo de esta obra. Recomiendo consultarla en este enlace, en especial lo que se dijo de los últimos capítulos del Quijote cervantino.

Leer a Avellaneda nos servirá para preparar las actividades que haremos el próximo curso, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes.


Noticias de nuestras lecturas

Pancho camina para mostrarnos la velocidad de los acontecimientos del delirante Quijote y el interesado Sancho en su viaje a Zaragoza...

María del Carmen Ugarte dedica su oportuna galbana del lunes a comentar el inicio del Quijote apócrifo y plantear algunas cosas de interés: el recurso a la traducción, la admiración-continuación de Cervantes por Avellaneda y la cuestión morisca.

El ordenador de Mª Ángeles Merino vuelve a dejarse poseer por los secundarios, que tan oportunamente le han llenado páginas de nuestras lecturas, y aquí nos aparece nada menos que el sabio Alisolán para desentrañar lo que pasa al inicio de la novela, pero el muy ladino no suelta prenda de la identidad de su creador... Eso sí, no deja de protestar el bueno de Cide Hamete.

Gelu se lanza con bríos a por la novela de Avellaneda, con su ya conocida y útil manera de seleccionar frases y enlaces para enriquecerla.



Gelu continúa con su lectura y antología de textos, enlaces e imágenes correspondientes a El río que nos lleva. Aquí, con la despedida de un amor imposible.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

Si quieres saber cómo sumarte al Club de lectura, en este enlace tienes las instrucciones.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Colores



Dejadme hoy pensar en la alegría y salir a brochazos por las calles para salpicar colores. Si ves rojos en la esquina o amarillos en las farolas he sido yo, que he pasado. Si ves naranjas y azules en los bordillos y en las hojas de los plátanos. Deja que tus zapatos se manchen y que el verde te llegue hasta la sonrisa. He pintado con pincel y con las manos y con la piel cada palmo de la calle.

martes, 16 de septiembre de 2014

El crédito, de Jordi Galcerán


No tengo nada contra el teatro popular. No tengo nada contra el teatro comercial que llena las salas. No tengo nada contra los dramaturgos que escriben teatro popular, ni contra los actores que las representan. Todo lo contrario y en especial cuando todos los profesionales que participan en este teatro tienen la calidad de esta ocasión. El teatro es también un negocio. Pero sí tengo algo contra los que me venden gato por liebre y quieren estirar las pretensiones más allá de lo que da de sí el espectáculo que ofrecen.

Jordi Galcerán se ha convertido en un autor de éxito desde la agradable sorpresa de El método Grönholm (2003) y sus obras han recibido la bendición de crítica y público en sus versiones en catalán y en español. A mí me gustó mucho aquella obra en la que se ponía de relieve algunas de las cosas que están sucediendo en la sociedad actual. El método Grönholm tuvo un gran recorrido en la cartelera española y en el extranjero y fue adaptada al cine. El buen éxito fue, sin duda, merecido aunque el tiempo ha restado importancia a la obra.

El crédito se estrenó, en su versión catalana, el 13 de septiembre del 2013 en el teatro La Villarroel de Barcelona en una interesante puesta en escena circular, con Jordi Boixaderas y Jordi Bosch en los papeles protagonistas. El montaje fue dirigido por Sergi Belbel y, según las reseñas, agudizaba los aspectos cómicos del texto. El escenario circular, sus dimensiones, y la proximidad del público marcaban mucho el tipo del espectáculo. No he visto este montaje, así que mis impresiones hacen referencia a la versión en castellano. Y lo lamento porque intuyo que la obra es más apropiada para lo propuesto por Sergi Belbel.

En su versión española, El crédito se estrenó en el Teatro Arriaga de Bilbao unos días después, el 19 de septiembre de 2013, con Carlos Hipólito y Luis Merlo como actores en un montaje dirigido por Gerardo Vera con un escenario tradicional a la italiana. Pasó a la cartelera del Teatro Maravillas de Madrid, en donde se ha representado con éxito. En la actualidad, gira por otras localidades. Yo la he visto recientemente en el Teatro Zorrilla de Valladolid.

Un director de sucursal de un banco niega un crédito a un cliente por falta de avales. La respuesta del cliente no puede ser más insólita: si no le otorga el crédito, seducirá a su mujer y la apartará de él hasta que el director ceda. Este es el punto de partida de El crédito. Tanto las reseñas de prensa como las declaraciones del dramaturgo y de los protagonistas inciden en presentarnos la obra como una dura pero divertida crítica a la situación a la que nos ha conducido la crisis económica actual y la actuación del mundo financiero y político. Pero yo no he visto esto más que como anécdota de partida que ocupa unos pocos minutos del comienzo de la obra, mientras que lo que debería ser anécdota se convierte en el verdadero conflicto.

Un tiempo antes, Galcerán presentó una versión previa, de unos 40 minutos de duración, a un Torneo de Dramaturgos organizado en el Festival Temporada Alta de Gerona. Por votación popular su texto resultó ganador. Para su estreno comercial, el dramaturgo decidió estirar el texto en vez de dejarlo como lo había concebido. 

En su montaje en español la obra se resiente de graves defectos. El más grave para mí es que no ofrece lo que la publicidad, el dramaturgo y los actores dicen. No hay crítica social. No pasa de ser una comedia de situación con mejores o peores golpes de chistes y diálogos. Bien interpretada por Hipólito y Merlo a la altura de sus papeles, es decir, subrayando con cierta evidencia lo que ya es demasiado evidente en el texto. Sentí lástima por estos dos actores puesto que esta propuesta la podría haber llevado a cabo cualquier otro profesional con menos currículum y más necesitado de trabajo o más especializado en teatro popular. Incluso hubiera conseguido más risas del público puesto que parece que eso era lo que se buscaba finalmente. No creo que a Hipólito le afecte esto en absoluto en su brillante carrera, pero Merlo ha venido a caer en el tópico del actor televisivo de series populares cuando se pasa al teatro. No sé si es lo que busca para la continuidad de su vida profesional.

El texto se acaba a los quince minutos y la obra dura hora y media. A partir de ahí no hace más que dar traspiés en busca de la situación fácil, el recurso evidente, de alargar innecesariamente el argumento. Cada situación es más previsible que la anterior. Las escenas de llamadas telefónicas -alabadas por algunos críticos- son espantosamente fáciles y no aportan nada puesto que vuelven a explicarse minutos después. Hay alusiones -como la de los cuernos o la del piano- que se explican tanto en el texto y en la actuación que el dramaturgo, el director y los actores parecen tratar al espectador de tonto.

A esta obra le sobran varias cosas. En primer lugar, las pretenciosas declaraciones del dramaturgo, actores y notas de prensa repetidas sin más por los periodistas acomodados. En segundo lugar, muchos minutos, hasta ajustarla a lo que debería ser, una comedia de entretenimiento popular breve interpretada por actores que sepan subrayar lo evidente para conseguir la risa del espectador. A mí no me gustó, pero consigue que la mayoría de los espectadores salgan divertidos pero habiéndose olvidado de todo cuestionamiento social puesto que la obra se convierte en un enredo de cuernos, en un mero enredo de cuernos que ni siquiera sorprende por su ingenio. Todo lo que se dice puede encontrarse en cualquier serie española cómica de televisión.

La escenografía, la música y la iluminación es funcional, sin más. Los efectos de vídeo no aportan nada.

La obra ha merecido varios premios (Premio Ceres al mejor autor teatral, Premio Valle-Inclán a Carlos Hipólito) y cosechará más. Yo salí de la sala cuando aún duraban los aplausos. Una buena parte del público se había levantado para aplaudir y Carlos Hipólito y Luis Merlo se abrazaban sonrientes en el escenario (no dudo que se hayan divertido mucho con este montaje tan poco exigente y tan fácil tanto para ellos como para Gerardo Vera). Me temo que este no es el teatro que hará mejorar la escena española pero dará buenas recaudaciones. Eso sí, pido coherencia y honestidad y que no me vuelvan a engañar con la publicidad ni con las declaraciones. Si quiero ver teatro de entretenimiento popular, voy a verlo directamente.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Por el fortalecimiento de la Universidad pública española


Precisamente por todos las amenazas que expresé en mi entrada de ayer, debemos luchar en defensa de la Universidad pública española. La escasa capacidad reivindicativa de los equipos rectorales más preocupados por el funcionamiento ordinario y la supervivencia económica o el hecho de que la sociedad parezca haber dado la espalda a los centros de enseñanza superior no es una excusa para abandonar. Tampoco lo es el marasmo burocrático, el desánimo del profesorado o las desafortunadas decisiones ministeriales.

En la España reciente se ha construido una red de centros universitarios públicos necesarios aunque con una oferta mal diseñada. Como gran parte de lo que ocurrió en los años de rápido crecimiento tras la recuperación de la democracia, en la Universidad pública española faltó la planificación para un desarrollo sostenible y ahora, en épocas de escasez intencionada, lo pagamos. Como en gran parte de los problemas que tenemos en otros ámbitos, las decisiones poco pensadas en materia universitaria nos han traído a la situación presente. En este caso las responsabilidades se reparten por igual dentro y fuera de los campus universitarios. Fue un movimiento interno de la Universidad española el que nos llevó a los grados de cuatro años -un error monumental-, la falta de racionalización de los planes de estudio o de los mapas de titulaciones y a la peculiar implantación del Espacio Europeo de Educación Superior que se ha quedado a medias puesto que falta todo lo que necesita para tener éxito de verdad. Nadie nos forzó a tomar determinadas decisiones que ya entonces se veían como foco afortunadas.

En la Universidad pública española han faltado los controles y la responsabilidad. Nadie ha controlado la eficacia del dinero invertido en infraestructuras, la racionalización de las plantillas, que los presupuestos de investigación dieran su fruto real, que se establecieran convenios sostenibles con el mundo empresarial, etc.  Y nadie asume las responsabilidades de sus actos.

Pero nunca como ahora es más necesaria una Universidad pública española. Como en otros ámbitos, en estos momentos se establece una rivalidad entre lo público y lo privado en España. Menos evidente que lo sucedido en concesiones de servicios o en materias tan delicadas como la salud, pero las decisiones fundamentales conducen a un empobrecimiento de la Universidad pública y a un fortalecimiento de la privada.

España viene de un modelo en el que las Universidades privadas eran pocas, algunas sobresalientes, pero no entraban en verdadera competencia con el sector público. Hoy no sucede esto. Invito a cualquiera a que se sorprenda por el número de Universidades privadas fundadas en España en los últimos años y cómo su evolución ha restado dinero, alumnos e influencia a las públicas. Incluso comienzan a cruzarse acusaciones entre las nuevas y las ya establecidas sobre la seriedad de su oferta académica. Pero todas son autorizadas para su funcionamiento por las autoridades. Los estudios universitarios son uno de los actuales filones productivos de negocio para el neoliberalismo español, junto a la salud. Hay quien afirma que estamos gestando en la actualidad una burbuja universitaria que terminará estallando como la inmobiliaria.

No hay que poner en cuestión la existencia de Universidades privadas, por supuesto. Pero es el momento de ser más reivindicativo que nunca para el fortalecimiento del sistema universitario público español, el único que de verdad puede garantizar la universalización de esta oferta. Por ahora el rigor académico de las Universidades públicas se mantiene igual que en los últimos años, así como el respeto a sus titulados. Pero estamos justo en ese momento en el que todo podría comenzar a derivarse hacia un empobrecimiento gradual. Y no deberíamos consentirlo. Hay que presionar. Desde dentro de los Campus universitarios españoles debería fortalecerse este sentido crítico y reivindicativo para que las autoridades políticas sientan la necesaria presión ante la toma de decisiones que, por ahora, no les supone un verdadero desgaste. Por el bien de toda la sociedad española aunque a esta no parezca importarle.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Inicio del curso universitario


Mañana comienzo mis clases en la Universidad. Un nuevo curso, lleno, como siempre, de cosas excelentes. Sobre todo, el trato con los alumnos, la tarea docente que sigue siendo mi vocación y no tanto mi trabajo. Sin embargo, cada vez más todo lo que rodea esa tarea se ha vuelto desagradable. De la Universidad española se ha adueñado la burocratización, la reglamentación excesiva -hay una auténtica pasión reguladora en el mundo universitario, casi una obsesión patológica que obliga a cambiar todos los cursos las mismas normas-, la improvisación a la hora de buscar soluciones, la falta de rigor académico y profesional, el incumplimiento de las mínimas normas de la administración, el oscurantismo...

Quien sea seguidor habitual de este espacio sabe cómo opino al respecto. Comienzo el curso ilusionado con mis alumnos, pero sé cómo está la Universidad pública española: asfixiada económicamente en manos de los políticos de cada Comunidad que la han llevado casi a la quiebra técnica para que bajo esa amenaza sea más dócil, con equipos rectorales escasamente reivindicativos, con poca energía y capacidad para solucionar los problemas a la altura de los retos planteados dejándola ir a la deriva conformándose con que no se hunda, cada vez más amenazada por el número y potencia de las Universidades privadas, con una aplicación peculiar del Espacio Europeo de Educación Superior en el que ni el modelo estructural parece funcionar porque habrá que cambiarlo pronto en cuanto al número de años de los grados y postgrados, una Universidad con una plantilla excesivamente envejecida. Una Universidad que no ha sabido ser competitiva y ha dejado de ser una institución generadora de saber. Una Universidad en la que ya no cree la sociedad ni los sectores empresariales. Y mucho menos los políticos y ministros del ramo. En la que tampoco creen de verdad gran parte de los que están dentro.

Eso sí, cuando estoy con mis alumnos se me suele olvidar todo esto durante unas horas.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Cuadrado Lomas. Viaje creativo desde 1957


En la Sala Municipal de Exposiciones de la Iglesia de las Francesas de Valladolid se muestra, hasta el 19 de octubre, la obra del pintor vallisoletano Félix Cuadrado Lomas. Volver a la obra de este pintor cada cierto tiempo nos hace regresar a un territorio conocido pero siempre nuevo y sorprendente. Cuadrado Lomas es uno de los mejores pintores españoles del último medio siglo, con una obra personal, coherente y fiel a sí misma pero siempre en continua revisión. Sus paisajes de la meseta castellana quedarán como ejemplo de tratamiento de una tierra no siempre aparentemente bella y que hay que querer para profundizar en su simbolismo ta relacionado con los hombres que la habitan. Cuadrado Lomas decidió pintar la tierra de la meseta como protagonista absoluto, elevando la línea del horizonte o haciéndola desaparecer totalmente. Y así la tierra adquiría su protagonismo a través del color y de las líneas, casi en esencia. Partió Cuadrado Lomas de la visión castellana construida por los artistas falangistas de los años treinta y cuarenta del siglo pasado pero salvó la meseta de ese corsé gracias a la vanguardia. Y desde entonces es difícil imaginarse una mejor forma de tratarla. Cuadrado Lomas tiene unas cuantas obsesiones en su pintura, además de la tierra castellana. A esas obsesiones les ha dedicado años de investigación. Sus bodegones, en los que juega con devolver la condición de plano a la pintura junto a resaltar los volúmenes de algunos objetos están en la misma línea que sus paisajes: devolver a la pintura su condición de protagonista del objeto artístico que, aunque evoque, nunca deja de ser pintura.

Esta exposición recoge también algunos de los temas menos conocidos de Cuadrado Lomas: paisajes portugueses en donde el Grupo Simancas al que pertenecía pasaba los veranos, desnudos y las corridas de toros.

Esta retrospectiva del pintor, que nos trae una antología de su obra desde 1957 hasta el presente es una oportunidad que no puede dejar pasar cualquiera mínimante interesado en Cuadrado Lomas y en una de las líneas artísticas más consolidadas, coherentes y certeras del arte español de las últimas décadas.

viernes, 12 de septiembre de 2014

La fuente del amor


Existe la fuente del amor. Yo la he visto. He probado su agua. Con timidez a veces, con ávida sed en otras. A veces amarga, a veces dulce. En sus proximidades siempre hay grupos de jóvenes en alegre charla porque confunden la fuente del amor con la de la eterna juventud. Y no. Qué poco tienen que ver ambas. Sin embargo, cuánto riesgo hay en ese caño de agua y cuánta esperanza.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Razones para leer el Quijote de Avellaneda y noticias de nuestras lecturas.


Comencemos por una afirmación repetida mil veces que parece no decir nada: Si Cervantes no hubiera citado en su segunda parte la continuación del Quijote por Alonso Férnandez de Avellaneda hoy nadie leería la segunda parte escrita por este, publicada según dice el pie de imprenta, en Tarragona en 1614. Nada sabemos hoy con certeza de esta segunda parte, conocida como el Quijote apócrifo aunque sería mejor llamarlo de Avellaneda. Ya Cervantes afirmó que este nombre esconde un seudónimo y el cervantismo ha propuesto varios candidatos, sin que haya consenso aunque el más celebrado sea el de Pasamonte puesto en baza por Martín de Riquer y recuperado con fuerza recientemente de manera eficaz. El galeote desagradecido que aparece en la primera parte -y que seguirá como personaje en la segunda parte cervantina- correspondía a Jerónimo de Pasamonte, una persona real de vida novelesca que pudo leerse en la obra de Cervantes y tomarse justa venganza usurpándosela en un juego divertidamente cervantino y ante el que el propio don Miguel no debería haberse quejado. Así que lo que sabemos de verdad de esta novela y de su autor es lo que afirman el llamado Avellaneda y don Miguel de Cervantes. Pero el caso se complica interesantemente con una segunda hipótesis: la novela de Avellaneda sería obra de un autor que murió sin terminarla y fue rematada, prologada y preparada para la edición por otras manos, entre las cuales se ha propuesto las de Lope de Vega. Sería una forma de solucionar algo que hay en el texto. Por una parte, una sincera admiración por la primera parte del Quijote, que se continúa por pura pasión de lector y escritor necesitado de sacar al mundo de nuevo al personaje en una acción muy frecuente en el arte. De aquí que se hable con tanto respeto de la primera parte cervantina. Y, por otra parte, un ataque brutal contra Cervantes al que en varios lugares y, singularmente en el Prólogo, se le insulta directamente en un juego muy barroco de polémicas entre escritores y en defensa de Lope de Vega, que se sentiría atacado en la obra cervantina.

Aunque aquellos que ya hayan decidido no leer la segunda parte del Quijote de Avellaneda encontrarán mil motivos para no hacerlo, doy aquí algunas razones para aventurarse en sus páginas.

1º.- Por la obra en sí mismaLo que sorprenderá al lector curioso actual es que la obra se deja leer. Está bien escrita, los personajes son creíbles, las situaciones también. Es un ejemplo más del buen número de novelas que se escribieron y publicaron en aquellas maravillosas décadas en las que en España se creó la novela moderna. Contiene pasajes divertidos y momentos procaces. Hay un reflejo social de la España de la época y un conocimiento certero de costumbres y de la psicología de los seres humanos.

2º.- Porque es uno de los mejores testimonios de la admiración por el Quijote de Cervantes que conozco. El autor -dejemos aparte la discusión de la doble autoría y de lo que contiene el prólogo de ataque a don Miguel-, sea el que sea, escribe impulsado por la lectura de la novela cervantina, ganado por sus personajes y por la forma del relato. Está tan empapado por ellos que los desarrolla de forma natural tal y como parecía la propuesta de la primera parte. Esta es la gran diferencia entre una y otra continuación. Como vimos en la la lectura colectiva de la obra cervantina, muchos personajes que aparecen en la segunda parte de Cervantes son lectores a la antigua y exigen de don Quijote y de Sancho comportamientos como los que tenían en la primera parte sin querer aceptar sus cambios. Esto es lo que le ocurre a Avellaneda: continúa el plan trazado aparentemente por Cervantes, sin requiebros ni sorpresas. Es una buena novela  que nos dará placer como lectores pero no va más allá.

3º.- Porque si puede ser verdad que nadie leería la obra de Avellaneda si no la hubiera citado Cervantes, lo que es cierto es que la segunda parte de Cervantes no sería igual sin la de Avellaneda. Cuando Cervantes tiene noticia de la publicación del Quijote de Avellaneda consigue el más difícil: dar un doble salto mortal en la construcción de la novela moderna. Si desde el prólogo de la primera parte se movía en terrenos que revolucionaron la forma de narrar es a partir del momento en el que decide dar noticia de la aparición del libro de Avellaneda cuando acelera el paso y se adentra por terrenos nunca conocidos antes en la novela. Da carta de naturaleza al Quijote apócrifo no solo al mencionarlo como algo existente dentro de su propia narración sino también al incluir personajes que proceden de la novela de Avellaneda en el suyo. Acaba de crear para la narrativa moderna el formato definitivo del doble y la sospecha interior de la debilidad de la propia identidad. Algo que cuando lo vemos en Borges o en Cortázar nos parece tan revolucionario lo hace con mayor profundidad Cervantes siglos antes. Y su nivel de exigencia como escritor aumenta, se nota cuánto hubo de molestarle a Cervantes lo sucedido pero también -por suerte para nosotros- cuánto le espoleó la imaginación más allá del mero enfado. Desde que su don Quijote decide marchar a Barcelona y no a Zaragoza todo es tan revolucionario que el escritor parece haberse adentrado a machetazos certeros por la selva abriendo una ruta nueva que será definitiva para la novela. Sin Avellaneda no se comprendería esta revolución cervantina.

Supongo que muchos encontrarán motivos para no leer a Avellaneda como encontraron en su día motivos para no leer a Cervantes. Yo me propongo disfrutar de cada página de aquí a finales de octubre.

Hay suficientes ediciones en el mercado, muchas fiables: Cátedra y Poliedro, por ejemplo. Se puede tener una buena copia digital gratuita en este enlace


El Quijote de Avellaneda nos acompañará en el Club de lectura de La Acequia durante los meses de septiembre y octubre.

Esta lectura es un complemento de la que dio origen a este Club de lectura, la primera experiencia de lectura colectiva completa de la novela de Cervantes en la que se usaban todas las herramientas de la web 2.0. que ha quedado como la única guía de lectura de este tipo de esta obra. Recomiendo consultarla en este enlace, en especial lo que se dijo de los últimos capítulos del Quijote cervantino.

Leer a Avellaneda nos servirá para preparar las actividades que haremos el próximo curso, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes.

Noticias de nuestras lecturas

Brioso y ejemplar comienzo de Pancho para comentar el Quijote apócrifo: desde la forma de solucionar el conflicto del narrador hasta la manera de introducir los personajes nuevos. No te lo pierdas. Como tampoco su segunda aportación, en la que ya comienzan a ser muy notables las diferencias entre una y otra segundas partes.

Mª Ángeles Merino se debate entre la fidelidad y la traición a Cervantes y para solucionar sus dudas apechuga con los dos prólogos de las segundas partes y un tercero que se inventó hace tiempo de forma apropiada... Buen comienzo.



Gelu ha continuado durante el verano con su selección de frases e ilustraciones de El río que nos lleva: aquí, aquí, aquí y  aquí.

También Mª Ángeles Merino continuó con su indagación en el relato de Sampedro pegándose al personaje de Paula: aquíaquíaquíaquí cuando debe enfrentarse a una encerrona y no os perdáis el final.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

Si quieres saber cómo sumarte al Club de lectura, en este enlace tienes las instrucciones.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Vanessa Winship


En la Sala Municipal de Exposiciones de San Benito de Valladolid se expone, hasta el 13 de octubre, una muestra de la obra fotográfica de la británica Vanessa Winship. Organizada por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid y la Fundación MAPFRE se trata de la primera exposición antológica de esta autora, una de las más interesantes del panorama europeo actual. Formada en los años ochenta, sus primeros trabajos notables datan de la década de los noventa cuando un viaje a los Balcanes le pemitió reflexionar sobre uno de los temas fundamentales de su obra: la identidad en territorios fronterizos no solo geopolíticos. Desde entonces hasta su reciente reflexión sobre el paisaje de Almería la obra de esta fotógrafa ha adquirido personalidad. A partir fundamentalmente del blanco y negro y del retrato de los personajes y los paisajes crea una atmósfera poética de notable interrogación hacia el espectador tanto por la estética como por la reflexión sobre nuestra época y su condición líquida que hace vivir a los seres humanos en un ambiente un tanto de irrealidad. No suele fijarse en paisajes bellos sino todo lo contrario pero el tratamiento de la luz y de la atmósfera convierten lo que mira en lugares propicios para la belleza desde lo más cercano. Basta con observar su serie sobre las escolares turcas o los luchadores o los personajes norteamericanos para comprenderlo. Los posados evitan la sonrisa franca. Supongo que porque retratan mundos en trasformación sobre los que la historia ha pasado más como elemento destructor que enriquecedor.

Excelente muestra que enriquece el catálogo de esta Sala de Exposiciones, una de las mejores de España en cuanto a su programación, a la que solo afea el poco gusto en la iluminación que aumenta el efecto de los reflejos en las obras y el espantoso olor a humedad y lugar cerrado que se ha adueñado por desidia de una de los mejores espacios dedicados a la fotografía en nuestro país.

martes, 9 de septiembre de 2014

Poesía, música y pintura, con dos golondrinas, dos lagartos y una carrera previa en la playa de San Lorenzo

Fotografía de Laura Castañón.

He tenido la suerte de pasar el verano rodeado de poesía, música y pintura gracias a los buenos amigos. Lo comencé en Gijón en los primeros días de julio, gracias a la hospitalidad de Laura Castañón, una de las personas más dulces y generosas con su tiempo que conozco. Además de correr por la playa de San Lorenzo antes de que subiera la marea, pude hablar mucho de literatura con Laura, conocer a su hija Sofía, poeta joven de obra ya sólida y autora de un excelente documental que acaba de estrenarse y que dará que hablar y que recomiendo a todos los que tengan oportunidad de verlo (Se dice poeta. Una mirada de género al panorama poético contemporáneo), y a un librero de verdad, Rafa, dueño de la librería La Buena Letra. También pude asistir a los actos de la Semana Negra, que sigue moviendo el entusiasmo de escritores, lectores y editores relacionados con el relato negro e histórico.

He tenido la fortuna de cerrarlo durante mi estancia en Cantagallo y Béjar rodeado también de amigos relacionados con el mundo cultural: escritores, diseñadores de interior, cantantes, fotógrafos, periodistas. Ana Vicente y Raúl Hernández vinieron una tarde a verme y dedicaron tiempo y cariño a una entrevista que saldrá en breve. Pero, antes que nada, todos los que me rodearon son buena gente.

En una memorable paella en su estudio de Navacarros prolongada con una sobremesa en La osera conocí al excelente pintor vasco Juan Manuel Arruabarrena, uno más de los nudos que me atan allí con la memoria de Josetxo Lamy, que tanto buen hacer dejó a su paso. Arruabarrena es un hombre lleno de energía, que pinta unos sugerentes y poéticos paisajes. Su estudio debería convertirse en una sala de arte en la que mostrar su obra y la misma casa, restaurada y decorada por Josetxo. También buen paisajista es mi querido amigo Arturo de la Fuente, que a veces se nos pasa citar a los que tenemos más cercanos.

Fotografia de Manuel Casadiego

Luis Felipe Comendador, excelente poeta, hombre generoso y editor infatigable a pesar de todas las adversas circunstancias, organizó un recital en Bizarte el 21 de agosto en el que intervenimos Francisco Castaño y yo mano a mano repartiéndonos el tiempo. Lo mejor del acto sin discusión fueron los dos sonetos que nos dedicó con cariño el organizador. Yo todavía estoy emocionado con el mío.


Marina Hernández, escritora también y autora del blog ...en el umbral de la noche, me organizó un recital de presentación de Echo al fuego los restos del naufragio para el 27 de agosto en el Casino Obrero de Béjar, una de esas instituciones necesarias en estas localidades, presidido ahora eficazmente por José Ramón Santamaría. El recital contó con la participación de Pilar Maíllo, excelente cantante, que contribuyó sin duda al buen sabor de boca con el salimos todos gracias a los cinco temas que aportó.


Fotografías de José Ramón Santamaría.

Finalmente, en la casa de Cantagallo en la que he pasado estas fechas hice el jueves 28 una íntima presentación-anticipo de mi poemario erótico que tiene, como título provisional, Profundidad de besos. Una parte sustancial de sus textos los escribí allí, acompañado de dos golondrinas y dos lagartos, acompasado con el sonido de las campanas del reloj de la iglesia y, de vez en cuando, bajo el manzano de la terraza del bar Los Arcos. Ahora quedará en un cajón durante unos meses, a la espera de la criba del tiempo y, con fortuna, saldrá a la calle en los primeros meses del año que viene. Este acto fue especialmente emotivo porque leía ante un grupo de amigos una obra que todavía está en fase de redacción. Después de equivocarme y anunciarlo en un juego poco acertado como un recital solo para mujeres lo convertí en lo que debía ser, un homenaje a mis amigos, que estuvieron presentes. Y todo resultó íntimo, cercano y lleno de poesía.