viernes, 19 de diciembre de 2014

Alguien te quiere sacar un ojo


Hay veces que alguien te quiere sacar un ojo. Así, sin más. Solo porque estás, porque dices aquello en lo que crees, porque te gustan las cosas rectas y que no se anden con vilezas, porque pides aquello a lo que tienes derecho según las leyes y el sentido común. Te quieren sacar un ojo, además, a lo cobarde. A veces el mismo que te ha saludado unas horas antes el pasillo con la mirada huidiza del que siempre anda de camuflaje. Ese que no se atreve a dar la cara pero está siempre a la que salta para no perder tajada, que no tiene escrúpulos en pactar con quien sea por el medro propio. Hay veces que te quieren sacar un ojo así, sin más ni más, sin elegancia ni maneras y sin venir de frente. Y en esos casos es fácil que se alíe la canalla: lo llevan en su carácter. Quizá porque quisieron pactar con el diablo y ni este les hizo caso porque ni para eso tienen categoría. En esos casos, que te pillen siempre con la cabeza alta. Es imposible que te lleguen.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Del diario a la novela: La sonrisa robada de José Antonio Abella y noticias de nuestras lecturas.


La sonrisa robada de José Antonio Abella (Premio de la Crítica de Castilla y León 2014) es una historia construida a partir de una pasión que se introduce en una época desoladorada para mostrarnos facetas que nadie había narrado antes. Inicialmente nos cuenta la investigación que el narrador principal -el propio Abella convertido en personaje- realiza para completar la historia que su amigo, el artista José Fernández-Arroyo, había dejado escrita en un Diario publicado tiempo atrás. Es, por lo tanto, una obra que se construye en un doble plano: en primer lugar, la narración extraída del Diario de Fernández-Arroyo, el conjunto de materiales que lo sostienen y la memoria de este manifestada en las conversaciones que mantiene con Abella; en segundo lugar, la narración de Abella en la que nos da cuenta de su investigación y de todo lo que afecta esta a la historia original. Se trata pues, de una novela muy actual en su propuesta literaria, insertada en el formato de la novela de no ficción que trata de forma literaria un material que procede directamente de la realidad. Es, además, una inteligente apuesta metaliteraria puesto que asistimos a la construcción de la propia novela manifestada continuamente en el personaje del narrador principal, sus dudas y temores.

Pero sobre todo esto se impone el núcleo principal: la historia de amor de dos jóvenes en una Europa desolada tras la II Guerra Mundial y sus consecuencias. Él es un joven español, habitante de una España gris, la franquista. Ella es una joven alemana cuya familia tiene un pasado vinculado con el nazismo. Ambos se conocen a través de las cartas que se intercambian a partir de los encuentros epistolares favorecidos por la prensa de la época. La historia de este amor y sus consecuencias no son solo algo que atañe a la biografía de ambos jóvenes, sino que afecta a millones de personas de su edad que tuvieron que afrontar una postguerra dura que rompió las vidas de tantos.

Hay una gran reflexión sobre la crueldad del ser humano y la desolación de las ideologías totalitarias, pero también una profunda apuesta por la ilusión basada en los sentimientos: la amistad y el amor.

De la mano de Abella nos trasladamos a la Europa de la postguerra y a la vivencia de un amor que marcará no solo la vida de los protagonistas sino también el recuerdo de los lectores. La sonrisa robada, cuya lectura nos ocupará hasta mediados de enero, es una de esas novelas que se olvidan difícilmente por lo que cuenta y, por supuesto, por cómo lo cuenta.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino capta en su introducción a la lectura de La sonrisa robada toda la profundidad que hay en esta novela: una historia que se te pega tan adentro que no puedes olvidar la vida de sus protagonistas.

Paco Cuesta contextualiza el punto de partida de la historia que narra La sonrisa robada: los protagonistas eran adolescentes cuando la guerra vino a truncar sus biografías,  Imprescindible su paseo con el cuello del abrigo subido para comprender la novela.


Penélope sigue leyendo Nada, de Carmen Laforet. Llega aquí a seleccionar citas a partir de la liberación de Andrea de Angustias... No os perdáis su trabajo de ilustración.



Pancho lleva a los protagonistas hasta Zaragoza y allí termina Sancho en la cárcel. No podía ser de otra manera: en este trío está todo lo que Avellaneda quiere destruir de su homenajeado Cervantes... Y acaba con los Beatles, aquí sabréis cómo.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cada vez que llenas el depósito de tu automóvil engrasas la maquinaria de la guerra y el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos al fondo.


Nos pone contentos llenar hoy el depósito del coche más barato que en el pasado verano. Acabo de oír en la radio el análisis de un experto que afirma que la bajada tan rápida del precio de petróleo de estas semanas no debería alegrarnos tanto. El precio del petróleo no se fija según las condiciones actuales sino según el pronóstico de necesidades a medio plazo: es decir, la factura de la gasolina con la que has llenado el depósito del vehículo esta mañana corresponde a un precio fijado hace meses. Lo que revela esta bajada actual es que el mercado pronostica una nueva recesión para dentro de unos meses y que, por lo tanto, no se necesitará tanto petróleo puesto que su consumo es uno de los índices más fiables para medir la situación económica del mundo desde que prácticamente todo el desarrollo se basa en él. Segunda variable: las petroleras occidentales están consiguiendo producir más crudo, de forma eficaz y más barata y reciben presiones políticas y comerciales para castigar a Rusia, Venezuela, Ecuador y otros países productores por la orientación de sus políticas internacionales. Estos tres países han aumentado, para resistir la presión política y económica de occidente, sus ventas de petróleo y gas a China.

Al regresar a casa, esta tarde, me he fijado en los restos de un muro construido hace algo más de cien años y lo he fotografiado. En el momento en el que el obrero colocaba las vigas de madera en aquel edificio nadie pensaba que fuera posible una guerra como la de 1914. Yo tampoco creo que ahora sea posible una guerra en el mundo como la de 1914. De hecho, creo que no hemos dejado de estar en guerra a pesar de que durante un rato nos hayamos metido en un parque temático y los muertos solo los veamos, por estas tierras, en el monitor de televisión. Cada vez que llenas el depósito de tu coche engrasas la maquinaria de la guerra moderna. Pero estás tranquilo porque tienes la creencia de que estos son los tuyos y todo lo hacen por tu bien. Como en todas las guerras sea cual sea el país en el que vivas.

Por eso mismo hay que saludar noticias como la de hoy, del restablecimiento de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. La actividad del Papa Francisco y la personalidad de Obama han favorecido este acercamiento. A veces, las personas pueden más que los intereses, pero solo a veces. Que cunda el ejemplo para que la maquinaria de la guerra moderna pueda detenerse pero que los destellos de las cámaras que retratan las noticias no nos dejen sin ver el camino que queda por andar y que somos nosotros, en nuestro día a día, quienes debemos forzar cada uno de los pasos.

martes, 16 de diciembre de 2014

En el Molino de la Fuente seca

 

Hicimos un alto en el Molino de la Fuente seca. La antigua cuadra tenía la puerta abierta y nos sirvió de improvisado refugio para secarnos. Fuera llovía sobre el valle, una lluvia sabia y lenta. Peligrosamente cerca, el mundo se regía por intereses, vilezas y corrupciones, pero tan lejos en ese momento que allí solo llegaba el tamboril del agua sobre las tejas. Manolo repartió con justicia el té caliente de su termo. La conversación se hizo calmada y acogedora, sin prisa por retomar la marcha. Al Molino de Fuenteseca le sobra tiempo, tanto como le falta a quien no tiene donde pasar una tormenta porque el mundo hostil lo ha dejado a la intemperie. Las palabras se ajustaron al ritmo de la lluvia, que henchía de verdad el campo: cuando llueve por dentro el mundo también se calma, pero qué sequía en los últimos tiempos.

lunes, 15 de diciembre de 2014

domingo, 14 de diciembre de 2014

En el curso del Sangusín


Siguiendo el curso del Sangusín se adentra el viajero en el misterio del robledal. La otoñada ha dejado las ramas en poder de los líquenes y del extraño y bello marrón de las pocas hojas que quedan en los árboles. Paso a paso, el grupo camina hacia una mañana lluviosa por una senda a veces embarrada en la que deja un rastro que se borrará en unas pocas horas. Hay un momento en el que se tiene la ilusión de que pocas cosas han cambiado allí en los últimos dos mil años. Los peñascos, los robles, los fresnos, las rocas que permiten vadear el cauce. En el suelo granítico el agua de lluvia resbala sin freno buscando el río. Todo está empapado, como si la naturaleza cogiera impulso para resistir el afán del ser humano para dominarla y este ejerciera allí tan solo su condición de circunstancia. No somos más que eso, un ser que pasa. Ante las tumbas antropomorfas altomedievales de Horcajo de Montemayor, excavadas en la roca, toda nuestra vanidad queda en evidencia. Puede acogernos la roca pero al poco ya solo queda en ella la huella de nuestra forma porque también nuestro cuerpo -y todo lo que pretendimos ser- se ha ido resbalando hacia el cauce del río, año tras año, camino del Alagón y, finalmente, de la mar lejana. Sin embargo, solo la mirada humana puede comprender la belleza misteriosa, exacta, permanente y cíclicamente mudable de este paisaje.





 

sábado, 13 de diciembre de 2014

Conversaciones con el diablo


- Hace más de mil años, prometí a un campesino la mitad de lo que pidiera para su vecino. Tras pensarlo toda la noche, el campesino me pidió que su vecino se quedara ciego de los dos ojos.

Se echó hacia atrás, en el respaldo, con una sonrisa burlona. Aspiró el humo de su cigarrillo, cruzó las piernas, se sacudió del pantalón las migas del bocadillo que habíamos compartido en el banco del parque, se peinó un mechón de pelo rebelde con la mano y me miró esperando respuesta.

viernes, 12 de diciembre de 2014

El arte de marear


Es curioso. A veces amarramos la barca hasta que pase la tormenta y cuando queremos acordarnos se nos ha olvidado ya el arte de marear.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Relato de un año desde la calle Aribau y noticias de nuestras lecturas con anuncio de la próxima


¿Qué nos aporta una relectura hoy de Nada de Carmen Laforet? En primer lugar, la brillantez de la escritura en primera persona, la forma aparentemente sencilla pero magistralmente eficaz de estructurar la materia novelada a través de la vivencia de la protagonista. El año en la calle Aribau de Andrea comienza con la ruptura de todas las ilusiones con las que llegaba a Barcelona, antes incluso de atravesar la puerta de la casa familiar. La primera parte de la novela es la caída en una angustia creciente. Andrea se siente oprimida por la miseria que la rodea, las personalidades de todos los miembros de la familia y, especialmente, el control de su tía Angustias. De esta manera, ni siquiera puede disfrutar de la vida universitaria. Tras el episodio de fiebre sucede en ella un cambio en el que percibimos cómo va afirmando su personalidad, lo que quiere y cómo ese deseo choca inevitablemente con la realidad que le rodea, pero le permite gozar de la apertura a un mundo de relaciones fuera de la calle Aribau. Tras la marcha de Angustias este mundo crece: Andrea se ha liberado de la opresión, aunque no del hogar mediocre en el que todo parece aliarse para hacer desgraciados a todos y cada uno de los que allí viven, incapaces de salir de un círculo que les condena a la infelicidad, el hambre y la miseria (expresada en la suciedad, en el polvo, en los chinches y cucarachas). Pero Andrea se siente libre de esa opresión y ejerce su libertad incluso contra sí misma, permitiéndose caprichos que le llevan a pasar hambre cuando se le acaba la asignación mal gestionada. También choca contra el mundo externo en el que quiere vivir: no encaja. Hay algo en ella que se lo impide, en su propia psicología. Pero también en su sensación de huérfana que se extiende a varios ámbitos de su forma de ser: la rebeldía, la falta de expresividad para dar y recibir afectos. Y una tercera razón. Andrea procede de un mundo, el de la burguesía catalana, de perdedores. Y hay una cierta sensación de desclasada: por una parte, no existe ni rastro de presencia del mundo obrero, por otro, no puede entrar con pleno derecho en los núcleos burgueses. La historia con Pons es más que siginificativa. La única posibilidad de cariño verdadero y de pertenencia a un grupo que la proteja que tiene Andrea es la amistad con Ena y su ingreso en la familia de esta. Andrea, emocional y socialmente es dependiente de esta relación. Cuando Ena se aleja de ella, se encuentra débil y sin rumbo. De ahí que cuando recupere la amistad se abra un mundo de esperanza para ella. El final abierto del libro representa una huida de la oscuridad del piso de la calle de Aribau pero no tanto de la personalidad de Andrea. El lector termina el libro con la sensación de que Andrea solo podrá ser feliz mientras la protección de Ena y su familia sea eficaz, pero no por su fuerza interior. Cuando uno huye se lleva también su personalidad encima. Este es, sin duda, el sentido del título: el vacío interior de Andrea se debe a las circunstancias familiares y sociales pero, sobre todo, a su propia condición de joven sin la suficiente voluntad interior para poder salir de todo lo que le hace infeliz. Pero se justifica: la edad de Andrea y su condición de mujer y huérfana, en la sociedad española del momento, impedía en gran manera este desarrollo.

Es precisamente esa voz femenina lo que sorprende, en gran medida, en los años cuarenta: una mujer joven nos narra la vida íntima de una familia de la burguesía catalana venida a menos tras la guerra. En ese círculo de intimidad todo está dispuesto para que nadie pueda ser feliz. La sensación de extrañeza de Andrea, su desorientación, la frustración inicial de todas sus esperanzas y la necesidad de que se abra en algún momento una esperanza a la que agarrarse para huir de las circunstancias pudieron ser reconocidas por muchos jóvenes españoles del momento.

Y esto precisamente sigue siendo un universal reconocible incluso en momentos en los que la sociedad oprime menos que en aquella postguerra de los años cuarenta. El individuo que siente un malestar interior ante la vida, que no encuentra forma de disciplinarla, que cae en un círculo opresivo que amenaza con acabar con él y que busca desesperadamente que algo, desde fuera, le ilumine porque dentro de él no encuentra las fuerzas ni las oportunidades. Esto se halla relatado magníficamente en Nada como en pocas novelas contemporáneas.

Noticias de nuestras lecturas

Tal y como informamos, el pasado martes tuvo lugar la sesión presencial del Club de lectura en la Biblioteca General de la Universidad de Burgos. Para aquellos que no pudisteis asistir, Mª Ángeles Merino comenta con Andrea lo que allí se habló.

Paco Cuesta cierra balances interesantes en su lectura de Nada y la enlaza con la del próximo título, La sonrisa robada de una forma muy inteligente porque ambos tienen más que ver de lo que podría parecer en un primer momento.


Sigue Pancho uniendo con maestría a los Beatles con el Quijote apócrifo. Llega aquí de su mano hasta Bárbara y la narración de las desdichas de esta mujer tan importante para el resto de la narración.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

Próxima lectura


Leemos ahora La sonrisa robada, de José Antonio Abella. Nos ocupará hasta el jueves 16 de enero. Podéis hallar más información sobre esta obra en este enlace. Aquellos que tengáis problemas para encontrarla en las librerías podéis solicitarla directamente a la editorial en este enlace. Son muy eficaces, fiables y rápidos en los envíos.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Arquitectura oculta de Rodrigo Macho. Una personal mirada fotográfica al Campus de la Universidad de Burgos.


Más que recomendable la exposición Arquitectura oculta del fotógrafo burgalés Rodrigo Macho (Biblioteca Central de la Universidad de Burgos, hasta el 22 de diciembre) que tenía pendiente de reseñar y que ha pasado prácticamente desapercibida quizá por el lugar en el que se expone, que no consigue entrar en los circuitos habitualmente visitados por los aficionados al arte. Encuadrada en los actos que conmemoran los veinte años de la fundación de la Universidad de Burgos, la muestra se centra en imágenes tomadas en el campus universitario. Estas imágenes son características del fotógrafo, que ha buscado siempre la mirada personal de los elementos arquitectónicos por los que pasamos a diario casi sin darnos cuenta. A través de la cámara encuadra geometrías y planos, pequeños segmentos de edificios y escaleras resaltando sus formas y dotando a los objetos protagonistas de las imágenes de una nueva lectura interesante y reveladora precisamente por la aparente sencillez con la que se muestran. Incluso en edificios tan anodinos y funcionales como los de los modernos campus universitarios existe la posibilidad de la hermosura precisamente cuando el fotógrafo sabe captar la abstracción (que es el rasgo estético de estas imágenes): el juego con los volúmenes, con las líneas y los ángulos. Y los contrastes entre luces y sombras, sabiamente buscados por Macho en estas fotografías. De esta manera, el sabio mirar de un buen fotógrafo puede conseguir belleza donde no esperábamos obtenerla, en aquello por lo que pasamos sin detenernos a mirar porque para la mayoría de las personas no es más que un lugar de paso, un tránsito rápido entre dos lugares. No somos conscientes muchas veces de que esas formas son las que empapan y educan nuestra mirada y consiguen llevarnos a una poesía de lo visual casi sin percibirlo. Para eso están los artistas, para mostrárnoslo. Rodrigo Macho, que también es un excelente retratista, consigue en estas miradas de lo que está a la vista pero no vemos mostrarnos la oculta belleza que está en la arquitectura funcional cuando se enfoca desde el ángulo adecuado. Deberíamos pararnos y aproximar nuestras miradas hacia estos aspectos que tanto nos rodean. A veces descubriremos la fealdad de nuestras ciudades, en otras ocasiones, como en esta, la belleza que radica en las formas y en la luz.

martes, 9 de diciembre de 2014

Provocar la imperfección


En todo espacio simétrico hay que buscar siempre la imperfección. Y si no existe, provocarla.

lunes, 8 de diciembre de 2014

El precio de la eterna juventud


Desde hace unos años, compañías privadas te ofrecen la posibilidad de congelar una muestra de células madres por si las necesitaras veinte o treinta años más tarde para curarte de una grave enfermedad sin tener que recurrir a material genético de otra persona. Lo he visto la pasada semana en un informativo de máxima audiencia de un canal de televisión español que parecía un publirreportaje. Todo era maravilloso en aquella clínica, limpio, confortable y moderno. Los empleados, los médicos y los clientes sonreían, eran jóvenes y su aspecto era el de la felicidad como debe ser. La mujer que había dejado allí la muestra congelada de su tejido sonreía y parecía aliviada de un gran pesar, como aquel que tiene la seguridad de haber hecho una inversión que le dará rendimientos en el futuro. Solo por la extracción y la congelación había abonado unos miles de euros. Los presentadores del informativo lo celebraban también con sonrisas cómplices entre ellos. Recuerdo que los precios en Francia, hace tan solo un año eran considerablemente más altos, ignoro si en esto también hay categorías según el color del congelador o la calidad del frío. Dentro de veinte o treinta años la investigación genética habrá avanzado tanto que se conseguirá, con esa parte tuya que se te extrajo cuando eras joven, no solo sanarte sino con toda seguridad devolverte en parte a esa edad que ya perdiste.Tu hígado, por ejemplo, podrá volver a beber como cuando tenías veinte años. Y tu corazón latirá con la fuerza de los treinta. O eso prometen, quizá ya sea posible pero tan caro que no nos hemos enterado.
Este avance médico, en manos de la medicina privada, en un futuro próximo en el que la sanidad pública se haya desmoronado tal y como vemos que ocurre hoy sin necesidad de dotes de adivinación, tiene un precio, un coste social que agrandará las diferencias entre ricos y pobres, entre países desarrollados y no desarrollados de una forma mucho más agresiva que lo que sucede hoy.
Imaginemos, como quieren decirnos los grandes expertos neoliberales, que el mercado corrige las desviaciones por sí solo mejor que lo que ha hecho con los precios de la telefonía móvil en España y que dentro de un tiempo esto será tan barato como el paquete de cigarrillos que hace que necesites tus células para regenerar tus pulmones dentro de un par de décadas. Pero, por ahora, tus células madres se quedan en tu cuerpo a no ser que tengas unos miles de euros disponibles. Y cuando todo sea tan barato y eficaz como nos ofrece la utopía neoliberal (¿a todos los habitantes del planeta?), tú ya no estarás en edad para que tus células te sanen nada. Casi mejor.  A mí no me gustaría seguir viendo en las noticias los mismos rostros de los que ahora gobiernan de verdad el mundo, rejuvenecidos una y otra vez con las células que se congelaron cuando eran jóvenes. Pero este camino de la experimentación genética si sigue así no hará más que agrandar las diferencias entre los seres humanos de este mundo.