sábado, 24 de enero de 2015

Nuestro estado de ánimo


Es curioso. Una fotografía como esta que tomé esta mañana induce a quien la contempla a buscarse en la luz o en la sombra. Sin embargo, estamos en ambas al mismo tiempo y nuestra impresión primera refleja nuestro estado de ánimo. Si yo diera un título a la imagen o la explicara manipularía a quien la contempla. Por eso, debajo, he escrito: sin título. Por cierto, esto suele suceder también en la realidad, no solo en el arte. Ahora eres tú quien decide.

viernes, 23 de enero de 2015

El mundo entero a la vuelta de cualquier esquina


Qué cerca está la infancia cuando todo
se remansa en la vida.
¡Era tan grande y tan posible el mundo!

Tengo una brecha en la frente. De cuando era un niño y los coches de choque no guardaban las medidas de seguridad de ahora. En el barrio en el que yo vivía instalaban las barracas en las ferias y me gustaba montar en ellas en horas poco frecuentes. Una vez soñé un giro imposible al volante de uno de aquellos coches y lo hice. Sangraba al lavarme en la fuente. El agua estaba fresca y a mi espalda sonaban las gomas al deslizarse por la pista y saltaban las chispas en la red del techo. Durante un tiempo fue mi mejor cicatriz de guerra. Luego han venido otras pero aquella me deparó con fuerza la sensación de que el mundo entero se encuentra a la vuelta de cualquier esquina. Y aún lo siento. 




jueves, 22 de enero de 2015

Usos amorosos del dieciocho en España como retrato de una época de cambio y noticias de nuestras lecturas.


No podemos comprender la oportunidad del estudio de Carmen Martín Gaite si nos quedamos tan solo en las anécdotas que ilustran su ensayo. Lo que desvela, en primer lugar, con su análisis del lenguaje y las costumbres relacionadas con las cuestiones sentimentales centradas en el cortejo, es un profundo cambio de época que se instala poco a poco en la sociedad española. Y no fue solo una moda venida de Francia -que también- sino que llevaba dentro algunos de los elementos más renovadores de los principios ilustrados. Me refiero, en concreto, a la libertad individual para amar y para establecer las relaciones sentimentales. No es que un siglo antes no existieran personas que lo practicaran, es que ahora se ha establecido el principio ético que lo avala y comienza a fabricarse el principio filosófico y jurídico. Costará mucho -un par de siglos- pero finalmente esos principios triunfarán en occidente. Y en el centro de este principio, una nueva posición de la mujer como parte activa y visible de la sociedad que comienza a caminar en una de las revoluciones más importantes de la sociedad contemporánea: la igualdad de sexos.

Esta nueva posición de la mujer como centro de las reuniones sociales, que tiene libertad para recibir a hombres en sus aposentos aunque esté casada, que mantiene tertulias en sus salones y que sale a pasear sin el férreo control masculino pudiendo presentarse en sociedad más libremente que antes es la clave de este cambio. Una vez que la mujer se libera -poco a poco pero haciendo imposibles los pasos atrás- de la necesaria autoridad masculina para decidir a quién amar, todo el sistema social anquilosado se agrietará. Esta revolución, menos visible que la toma de la Bastilla, es más permanente, eficaz y duradera.

Evidentemente, la visibilidad inicial del fenómeno se da en las clases altas y sobre todo en las familias más influidas por el pensamiento y las modas que vienen de Francia. Es interesante pensar en el poder para cambiar el mundo de una moda que parece algo pasajero. Por imitación pasará luego a la alta burguesía para instalarse finalmente en las clases medias y mucho después en las clases populares.

Aunque parezca broma, el cortejo y el chischibeo fueron herramientas muy eficaces de una ideología que cambió el mundo para sacarlo de las estructuras rígidas del Antiguo Régimen. La mujer, finalmente, podía recibir en casa y salir a la calle en un trayecto que llevará hasta la libertad para amar.

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta comenzó la semana pasada con el comentario del ensayo de Martín Gaite contextualizando excelentemente el punto de partida social para que podamos comprender mejor las cosas que investiga la autora. Continúa esta semana abordando el punto de partida: la mujer del XVIII tomó conciencia de dónde se encontraba. Excelente.

Mª Ángeles Merino se mete de lleno en el comentario de los Usos amorosos del dieicocho en España abordando el cortejo... de la mano de lo que Rosita le cuenta a Mariquilla en un documento de la época. Buena sorpresa la de Mª Ángeles, adoptar la moda epistolar dieciochesca para trasladarnos a la época.


Mª Ángeles Merino termina con su reseña del encuentro que mantuvimos el martes 13 con José Antonio Abella, el autor de La sonrisa robada. No os lo perdáis.

Con fotografía del acto del pasado 12, Luz del Olmo concluye las líneas narrativas de la obra de Abella.

Gelu continúa apasionadamente seleccionando momentos de La sonrisa robada (citas, música, enlaces). Sin duda, ha quedado atrapada por esta novela.


Pancho continúa el comentario del Quijote apócrifo y ve los recelos de Cenobia y las negociaciones de Sancho, decidido a ir a lo suyo antes que a lo de su amo. Desde este momento se aprecia cómo el autor va cosiendo las cosas para conducirlas a su cierre. Y al fondo, Sabina.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 21 de enero de 2015

martes, 20 de enero de 2015

La escuela de la República. Memoria de una ilusión


España ha vivido en la desmemoria durante demasiado tiempo, impuesta durante unas décadas por la dictadura y luego por la urgencia en montar un estado democrático y la propia ignorancia del pasado y su legado. Y ese hábito de la desmemoria nos ha convertido en más ignorantes de nuestra propia historia. Puede haber materias opinables, pero en lo que hace a la cultura y la educación, no. Hay un consenso generalizado en los especialistas.

El final de la guerra civil y la larga duración del régimen de Franco, las represalias tomadas contra los sectores republicanos, el exilio exterior y el interior y la depuración de las personas que habían sostenido su fidelidad a la II República provocaron un socavón en la cultura española. Y lo provocaron cuando venía de un crecimiento -la llamada Edad de Plata- sostenido desde el final del siglo XIX. A la altura de los años treinta del siglo pasado, España se había convertido en una potencia cultural de primer orden y los planes de extensión de la cultura y la educación que se aprobaron por la República son de tal calidad, realismo y oportunidad que aún hoy sorprenden por su modernidad. No solo los planes y las leyes aprobadas, sino las concreciones: la formación del profesorado, la mejora de sus condiciones económicas y profesionales, la construcción de Normales y escuelas en todo el país, los programas de mejora académica, la habilitación de los profesores para convertirse en agentes de la cultura y la educación, el cuidadoso mimo con el que se trató la escuela en las zonas rurales, los programas de formación de adultos, la construcción de toda una red de organismos que llevaban libros, películas y reproducciones de los grandes cuadros hasta las zonas más apartadas, etc.

Cualquier profesional actual de la educación se vería gratamente sorprendido con un proyecto así, en un país en el que estamos sometidos a los cambios ocasionados por cada ministro, en los que se maltrata a los profesores en los sueldos y se los descalifica desde los poderes políticos que deberían protegerlos, en los que a los centros escolares y a los profesionales que en ellos trabajan se les inunda de trabajo burocrático y no cuentan con apoyo suficiente y mantenido en el tiempo para impulsar métodos docentes innovadores con el sosiego necesario y sin tantos cambios legislativos.

Los programas relacionados con la escuela en la República recogían las mejores iniciativas pedagógicas particulares y privadas gestadas desde la segunda mitad del siglo XIX y las convertían en una bandera de la nueva situación, un proyecto de país. De hecho, basta repasar la normativa en esta materia aprobada por la República para darse cuenta de que España se había puesto a la cabeza de los países más innovadores de Europa y que lo hacía no desde una utopía irrealizable sino desde el conocimiento práctico de la situación española. Basta constatar la forma en la que las maestras rurales se ganaron la confianza de las mujeres analfabetas y la complicidad que establecieron con ellas para comprenderlo. Estas maestras, fuera de su horario laboral y sin remuneración por ello, se dedicaban a la educación de un sector de la población hasta entonces abandonado y tenían que disfrazar esta labor como un intercambio de favores en las que las mujeres del pueblo les enseñaban a cocinar o hacer punto. Todavía hoy gran parte de la formación pedagógica de nuestros profesores ignora los avanzados métodos puestos en práctica en España en aquellos tiempos y copia métodos extranjeros con los que pueden competir, sin conocer ni uno solo de los nombres de aquellos pioneros españoles en la educación primaria.

Un número todavía por determinar (pero pasa de varios miles) de aquellos maestros y maestras de la II República fueron asesinados en los primeros días de la guerra civil, encerrados en prisiones, depurados y apartados de sus plazas o incluso de la función docente. También son varios miles los que pasaron al destierro: maestros de escuelas rurales, profesores de las Escuelas Normales, profesores de Universidad y de Institutos. Soy de los que opinan que uno de los graves problemas que arrastra la España de hoy es precisamente que nunca hemos sabido rellenar bien este socavón, que nunca nos hemos detenido a recuperar esta memoria de lo perdido, aprender de nuestro pasado y proyectarlo hacia el futuro. La mediocridad del sistema educativo español instalado en el franquismo -desde la escuela de párvulos hasta la Universidad- fue tal que ha condicionado y lastrado todo nuestro desarrollo posterior. A pesar de los esfuerzos individuales de muchos miles de profesores españoles actuales la estructura no favorece la construcción de un proyecto sólido como país en esta cuestión y todo queda demasiado condicionado a la vocación de cada uno de ellos y la capacidad de algunos centros para generar ilusiones durante un tiempo.

De ahí que un libro como este, La escuela de la República. Memoria de una ilusión, de Carmen García Colmenares y Luz Martínez Ten, con ilustraciones de María Luisa Vico Nieto que han dado lugar a una exposición que en estas fechas recorre toda España, sea tan necesario (Madrid, Los Libros de la Catarata, 2014). A partir de todas las investigaciones de las autoras -que ya han dado frutos académicos y motivaron el galardonado documental Las Maestras de la República, reseñado también en este blog- se ha construido un libro que puede servir de divulgación rigurosa pero de fácil lectura de todo lo que supuso la República en materia de educación. En el libro se contemplan todos los ámbitos relacionados con aquellos maestros de primaria formados en la República: la pedagogía, la arquitectura de los edificios, los proyectos innovadores, la formación del profesorado, la labor impulsada por los maestros, etc. Pero se hace con el calor humano de la ilusión a la que hace mención su título. De ahí que sea de alabar que dé nombres de profesores, singularmente de maestras, reconociendo sus logros y sus biografías para que no caigan en el olvido. El libro, de lectura agradable, tiene otra virtud: sin esconder las represalias y depuraciones no se centra en ellas sino en todo lo anterior: la memoria de una proyecto que pudo cambiar a mejor el país para siempre y que tenemos que recordar, valorar y estudiar porque todavía puede engendrar la suficiente ilusión y el ejemplo adecuado para que España, de una vez por todas, supere la gran asignatura pendiente de su historia: la educación de sus ciudadanos. No se trata tampoco de hacer tabla rasa sino de recuperar lo mejor de nuestro pasado pedagógico para poder integrarlo en nuestro presente y tomar ejemplo para nuestros proyectos futuros.


lunes, 19 de enero de 2015

El día más triste del año


Nos mentimos al hacer balance de un día. Ya sabemos que la escritura que parte del yo se establece teóricamente a partir de un pacto entre el productor y el receptor. Y cuando ambos son la misma persona podemos hacernos trampas al solitario. En esto se basan muchas terapias psicológicas que intentan cambiar nuestro comportamiento a partir de recomendaciones como la de resumir cada día en cinco cosas positivas que nos hayan ocurrido y solo en esas cinco cosas, sin apuntar nada de lo negativo. Según algunos expertos en neurociencia es posible cambiar nuestra forma de ver la vida o de comportarnos con cosas así repetidas durante un tiempo no excesivamente largo. Al final, el cerebro terminará generando la costumbre de quedarse solo con lo bueno y desechar lo malo.

En el fondo, así funciona nuestra mente. De todo lo que captan nuestros sentidos selecciona mejor que cualquier ordenador aquello que necesitamos para salir de casa, atravesar la calle, acudir al trabajo, pedir la comida en el restaurante o sobrevivir a una desgracia. Aunque a veces no lo logramos y el dolor se nos instala de forma tan permanente que nos parece que no habrá futuro. Nos cruzamos, cada día, con unas cuantas o cientos o quizá miles de personas según el lugar en el que vivamos pero no las recordaremos nunca salvo que tengan algo de excepcional que llame nuestra atención lo suficiente. A nuestro alrededor ocurren cosas de las que no somos conscientes. A veces hacemos el esfuerzo de estar atentos a todo pero es tan complicado que aquellos que lo consiguen, en el fondo, sufren un trastorno que les hará sufrir porque los demás nos fatigamos en minutos y abandonamos el empeño. Como los que no pueden olvidar nada de lo vivido y están condenados a que su pasado sea un constante presente.

Hoy, según una fórmula matemática, ha sido el día más triste del año. Cualquier científico te dirá que las estadísticas son tendencias que se cumplen siempre y que muy posiblemente si este tercer lunes de enero no lo ha sido para ti, te esperará al siguiente año o al siguiente, acechando tu felicidad y tu forma de escaparte a las estadísticas. 

No sé cómo ha sido mi día, ya no me acuerdo. Al subir a casa, a última hora de la tarde, me he cruzado con unos vecinos a los que había visto también a primera hora de la mañana. No puede ser, estáis todo el día en la calle, les dije. Eso es porque tú también lo estás. Nos hemos reído un rato juntos.

domingo, 18 de enero de 2015

Llevando la luz, de Víctor Hugo Martín Caballero


A finales del 2007, en los inicios de este blog, publiqué Nocturno, un relato simbólico que tenía como punto de partida una serie de fotografías tomadas con una cámara digital compacta, de noche y exclusivamente con la luz procedente del flash. No pretendía que estas tuvieran una calidad y una nitidez que arrancara la admiración del que las contemplara, sino todo lo contrario: buscaban la alteración de los colores, la falta de nitidez e incluso el desenfoque. Mi idea era no ver para ver mejor, sorprender el paisaje nocturno, ese paisaje de los lugares que solemos frecuentar pero en los que la noche nos hace ser extraños. El paisaje, visto así, nos desvela no lo que oculta sino lo que nosotros vemos en un instante casi fantasmagórico.

Algo similar es el punto de partida de la más que recomendable exposición Llevando la luz de Víctor Hugo Martín Caballero (Sala Municipal de exposiciones del Teatro Calderón de Valladolid, hasta el 15 de febrero). Martín Caballero (Valladolid, 1982) tiene ya una sólida trayectoria artística que avanza por la experimentación con la imagen. En esta exposición usa la luz para desvelar no el paisaje sino la propia condición artística de nuestra mirada. No es el paisaje el que llama primero la atención del artista sino la condición del propio artista al crearlo dotándolo de una luz artificial que no pretende imitar la natural. Es una magnífica reflexión, a través de la imagen, de las relaciones entre arte y artista, entre lo natural y lo artificial, entre lo oculto y lo desvelado. Esos paisajes ya estaban ahí y a la luz del día no nos sorprenden por vistos muchas veces, ni siquiera están dotados del atractivo visual que buscan tantos fotógrafos para emocional al espectador. Es la inteligente forma de iluminarlos por Martín Caballero lo que les convierte en arte. A través de los focos de luz construye instalaciones que luego fotografía para reflejar ese instante cuya proyección en la imagen expone en un argumento en el que sin esconder el truco artístico en ningún momento el espectador queda atrapado por tantas sugerencias. Esta exposición es un ejemplo de una buena idea bien desarrollada. El formato y la calidad de las imágenes es magnífica, construyendo paisajes de sorprendente sugerencia a partir del elemento básico de la fotografía: la luz y la oscuridad. Se acompañan de dos vídeos en los que se completa la experimentación sobre la luz, el artista que la porta y el paisaje.

sábado, 17 de enero de 2015

Pintar con café un tranvía de Lisboa


¡Bairro Alto, Chiado, la Alfama, Castelo de São Jorge!
Pintar con café un tranvía de Lisboa hasta subirse a él, abrazando su cintura, cuesta arriba, cuesta arriba. Camino del horizonte. Y echarse de ojos al mar mientras hablamos lento al oído de esas cosas que no se pierden nunca.

viernes, 16 de enero de 2015

No hay mayor milagro que un gesto de amor


Hace unas semanas reseñé aquí la última exposición de Hermenegildo Lomas Fernández de la Cuesta y hoy, a través de una mano amiga, me hace llegar esta acuarela con un detalle de dos ángeles de La Coronación de la Virgen de Velázquez. Ya señalé entonces sus raíces velazqueñas y hoy me siento agradecido y honrado por poseer esta acuarela suya que lo atestigua y que habla por sí sola de la calidad del artista y de su trabajo sobre los grandes referentes de la pintura.

Ya sabéis, descreo de todo pero a veces a uno le consolaría pensar que sí que existen los ángeles. Quizá sí existan y se crucen a diario con nosotros y nos sonrían. No hay mayor milagro que un gesto de amor así. Hace que el mundo entero cobre sentido por mucho que el día sea gris y la vida pese mientras vas de un lado a otro, a tus cosas, y otro ser humano tiene ese gesto contigo. 

jueves, 15 de enero de 2015

Encuentro de los lectores con José Antonio Abella, autor de La sonrisa robada, comienzo de los comentarios de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite y noticias de nuestras lecturas



 (Las cuatro fotografías del encuentro con José Antonio Abella que publico en esta entrada son de Amalia Trujillo)

El pasado martes día 13 se celebró el encuentro con José Antonio Abella, autor de la novela La sonrisa robada, de los participantes de nuestro Club de lectura y todas las personas que quisieron acudir a las ocho de la tarde al Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos. Quiero agradecer a todos su presencia en una sala completamente llena. También quiero agradecer la colaboración del Museo del Libro, un lugar especial y recomendable para todos los que amamos el libro sea cual sea su formato. Pocos lugares como este para un acto en el que lo que nos reúne es nuestro amor por la lectura. Y, por supuesto, agradecer el constante y cariñoso apoyo de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que mantienen el club de lectura en su formato presencial.

Durante más de una hora tuvimos entre nosotros a José Antonio Abella, que se sometió con gusto y cercanía a las preguntas de los presentes. Mª Ángeles Merino ha publicado una extensa reseña de sus palabras, que me ahorra a mí el trabajo de pormenorizar la intervención de Abella. Quiero resaltar varias cosas. En primer lugar, la personalidad de José Antonio Abella, un hombre apasionado por la literatura y por la vida, un médico humanista de los que tanta tradición hemos tenido en España. En segundo lugar, el relato de cómo se escribió esta novela a partir de la amistad, del apasionamiento con el tema -los dos temas: el del amor entre dos jóvenes europeos de la postguerra y el del sufrimiento de los individuos ante la historia- y el trabajo minucioso de documentación que no entorpece la lectura.

Como la novela ya la hemos analizado en la serie de entradas que le hemos dedicado en el último mes, de su intervención me quedo con las ideas vertebradoras de La sonrisa robada: el encuentro de la forma adecuada desde la que escribirla desde una primera persona y el hallazgo de la sabia mezcla entre realidad y ficción y el motor ideológico desde el que se percibe que un horror no puede borrar otro horror, sino que lo aumenta. Narrar la parte de la historia correspondiente a la joven alemana, de familia nazi, que resulta víctima de las atrocidades de los últimos momentos de la guerra mundial confiere una singularidad a la novela bien resuelta para no caer en el rechazable revisionismo histórico pero poner el foco de atención en unos acontecimientos hasta ahora casi olvidados y que ocurrieron: las consecuencias que tuvo para la población alemana el final de la guerra, no solo para aquellos que pudieron participar en las atrocidades nazis o consentirlas sino para todos en general, incluso para dos mujeres adolescentes. Una reflexión sobre cómo el fanatismo nacionalista puede cegar a casi toda una población y cómo el castigo generalizado posterior tampoco ahorró crímenes que cualquiera debe rechazar, convirtiendo la justicia en venganza. En el fondo, como dije en el acto, la historia acaba triturando las biografías de las personas y de este espanto solo puede salvarnos la esperanza del amor, como al protagonista de la novela.

Este encuentro es parte de los proyectos que tenemos en el Club y de los que iremos dando cuenta aquí para que puedan participar todas las personas interesadas.



Usos amorosos del dieciocho en España, 
de Carmen Martín Gaite


Comenzamos la lectura de Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, que nos ocupará hasta el 5 de febrero. El ensayo de Carmen Martín Gaite tiene como origen su Tesis Doctoral defendida en 1972 en la Universidad Central de Madrid bajo el título de Lenguaje y estilo amorosos en los textos del siglo XVIII español, dirigida por el profesor Alonso Zamora Vicente. Este trabajo supone la culminación en la carrera académica de la autora cuando ya estaba cerca de los cincuenta años y contaba con varios textos literarios publicados con éxito. La Tesis fue revisada y publicada con el título definitivo por la editorial Siglo XXI y se convirtió inmediatamente en un éxito de crítica y público. En la actualidad sigue siendo un texto de referencia en los estudios de la historia, la cultura y la literatura del siglo XVIII.

Pero el lector medio no debe asustarse por este origen académico del texto. Precisamente por la faceta como escritora de Carmen Martín Gaite se lee con pasión no exenta de sorpresas. Pero no solo por el estilo. La obra conserva con pleno vigor lo que construyó la perspectiva ideológica de Martín Gaite a la hora de redactarla. Es uno de los primeros grandes ensayos españoles que prestan atención a la vida íntima de las personas, a los comportamientos habituales en las relaciones sociales y, en especial, a la perspectiva sentimental centrada en la mujer. Martín Gaite tuvo el acierto de buscar donde otros no habían sabido ver quizá por cerrazón ideológica o corsés académicos. El ensayo de Martín Gaite es, todavía hoy, fresco y moderno. Nos presenta la vida de las personas a la hora de relacionarse sentimentalmente, las modas y los hábitos generalizados y aquellos que comenzaban a entrar desde Francia para escándalo de los moralistas. Martín Gaite estudia la documentación dieciochesca para levantarnos una imagen de una época que cambió el mundo para siempre pero no deberíamos perder tampoco la perspectiva que contextualiza su estudio y que nos ayuda también a comprender mejor este tema en su narrativa. Martín Gaite habla de las mujeres y los hombres del XVIII pero su lección se dirigía también al contexto de la España franquista en la que vivía y en la que una moralidad de naftalina cerraba la libertad sentimental de las personas que vivían en la dictadura. Especialmente, las mujeres.


Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino publica un pormenorizado resumen del acto del martes pasado. Remito a él para tener una reseña amplia.

También reseña el acto Paco Cuesta en su entrada, pero lo hace desde las emociones que suscitó la presencia del autor y el comentario de su obra.

Gelu continúa su labor de cosechar las mejores citas de la novela, ya con el libro en la mano. Y nos remite, con todo acierto, a la parte musical de la misma, sin la que no puede comprenderse.


Pancho llega a un pasaje solucionado con mucho ingenio por Avellaneda: la presencia del Archipámpano y la Archipampanesa y el desafío de Sancho con sus sandeces siguen motivando la risa. Y no me digáis cómo pero es capaz de terminar su entrada con Sabina...


Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 14 de enero de 2015

Cada vez me parezco más a mi padre

Fotografía de Amalia Trujillo.

Cada día me parezco más a mi padre. O eso quiero creer. Lo pensaba esta mañana, cuando Amalia Trujillo me remitió una selección de las excelentes fotografías que tomó en el acto de ayer (Amalia crece día a día como fotógrafa y ya tiene un buen puñado de ellas que merecen exposición en Burgos). La ocasión fue el encuentro que mantuvimos en el Museo del Libro Fadrique de Basilea los miembros del Club de lectura de La Acequia con José Antonio Abella, el autor de La sonrisa robada, la novela que hemos leído en el último mes (mañana daré cuenta aquí del coloquio). A Amalia la conocí en los tiempos ilusionantes en los que constituíamos la Burgosfera porque ella, junto a otras bibliotecarias burgalesas, ponía en marcha el acertado blog Burgostecarios. A los integrantes del gremio de los bibliotecarios deberían condecorarlos todos los días del año por su meritoria y no siempre agradecida labor.

Cada día me parezco más a mi padre. Lo pensaba mirando las fotografías que me tomó Amalia. Me dejo el pelo más largo que mi padre -que se lo cortaba una vez al mes-, me visto de manera menos formal -mi padre casi siempre llevaba corbata y pañuelo en el bolsillo de la americana-, pero cada día me parezco más a mi padre. Incluso en la forma en la que me comienza a escasear el cabello en algunas zonas de la cabeza o en la sombra de la barba a las pocas horas de afeitarme. El perfil es suyo, así como las cejas. Cuando a mi padre le operaron de cataratas le cambió la forma de mirar, que era como la que yo tengo ahora. Lo que no le cambió ni la enfermedad que acabó con él fue la sonrisa, que dicen que yo tengo desde joven.

También me parezco cada día más a mi padre en querer más a los míos, en ser amable con todo el que se me acerca pero no aguantar a los hipócritas y falsos y desenmascararlos primero para luego apartarlos de mi lado. Soy cada vez más tolerante con la forma de ser de la gente humilde pero cada vez más intolerante con los que tienen poder -el que sea, del nivel que sea- y lo usan sin ninguna compasión ni piedad ni elegancia pudiendo hacerlo de otra manera -y siempre hay otra manera de usar el poder-. En eso también me parezco cada vez más a mi padre. Como cada vez me parezco más a mi padre en comprender las razones del otro pero no comprender la falta de empatía, de solidaridad y de respeto. Quisiera creer que en todo esto me parezco cada vez más a mi padre.

Según pasan los años mi rostro se parece más al de mi padre -él era un poco más alto que yo y más grueso, tenía una percha envidiable y siempre llevaba recta la espalda y la cabeza alta-. Lo único que me falta por saber es si cuando me llegue el momento lo afrontaré con la misma dignidad que él tuvo. No estaré aquí ya para contarlo.

martes, 13 de enero de 2015

Un punto de apoyo para mover el mundo


Siempre había dicho que le buscaran un punto de apoyo para mover el mundo. Lo consiguió, con tal energía y determinación que, al moverlo para colocarlo en el lugar que él había decidido, lo vació de gente.