viernes, 29 de mayo de 2015

Un plano del mundo


Exigió al mundo un plano para que le encajaran todas las piezas y se quedó solo en el juego.

jueves, 28 de mayo de 2015

La gratitud de Fermín Herrero en su trayectoria poética y noticias de nuestras lecturas.


Fermín Herrero llega a La gratitud (Visor, 2014) tras una trayectoria poética continuada desde los años noventa en una docena de poemarios. Nacido en Ausejo de la Sierra (Soria) en 1963, licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza y profesor de instituto, ganó el Premio Gerardo Diego en 1994 por Anagnórisis y a partir de ahí cosechó algunos de los mejores premios de poesía que se otorgan en España: Premio Hiperión en 1997 (Echarse al monte), Premio Alfons el Magnaním en 2011 (Tempero), Premio Jaime Gil de Biedma en 2013 (La gratitud). También ha recibido el premio de la Crítica de Castilla León en 2015 por La gratitud (había sido antes finalista de este premio en 2010 con De la letra menuda y en 2012 con Tempero). 

En este mismo año 2015 ha obtenido el Premio de las Letras de Castilla y León. El discurso que pronunció en el acto de entrega celebrado en Valladolid el pasado 22 de abril es un brillante ejemplo del pensamiento y la personalidad de Fermín Herrero. Recomiendo su lectura por dos razones: la primera circunstancial, porque sé que causó cierto revuelto entre algunas de las personalidades presentes al recordar cosas que parece se nos han olvidado en la locura de los últimos años; la segunda, esencial, porque en este texto se hallan las claves de la poesía de Fermín Herrero hasta el presente, una especie de guía literaria que culmina en La gratitud. Hay compromiso en el discurso, un compromiso de la mejor razón con el ser humano en el tiempo histórico. La afirmación inicial de que el mundo no tiene solución no le lleva al nihilismo sino a todo lo contrario:

No hay que cederle ni un palmo de terreno, que es suyo, pero que interinamente nos ha sido concedido, por una especie de enigmático milagro. Ahora bien, esta gracia regalada, este don sagrado lleva impreso un imperativo moral a favor de sostener el aliento para las generaciones venideras y un deber íntimo: religarse continuamente a lo numinoso, celebrarlo, nombrarlo.

Es en la belleza en donde radica ese enigma sagrado se halla mejor y en su trato el oficio del poeta encuentra su mejor defensa:

La poesía, en este orden de cosas, tiene una ventaja grande de partida: es una entrega en vez de oficio y, por añadidura, inútil, en cuanto evita de entrada cualquier trato con el pragmatismo.

Y sigue la mejor definición posible de la poética de Fermín Herrero:

No obstante, y eso es lo que quería decir al principio, para intentar arreglarlo, de tener arreglo, por lo pronto para no estropearlo más, hay que empezar en carne propia, sin arrogarse superioridad moral alguna, para después, a ser posible, salirse, mediante la bondad, de uno mismo y darse a los demás. Por ahí no podría empezarse en la búsqueda del sentido salvífico: por la defensa de lo menudo, de lo efímero, de lo frágil. Luchar también contra la pérdida de la memoria, que sostiene el hilo que nunca debe romperse, el de la tradición, para vislumbrar, siquiera sea de paso, el punto medio de la sabiduría. Hasta llegar al misterio más grande que engendra nuestra concienca, el amor, en el que no entraré por entender que, aun siendo sin ningún género de dudas el fundamental, se sitúa fuera de la naturaleza de este acto.

Esta es la mejor forma de afrontar la lectura de la poesía de este autor y la que más fielmente define La gratitud. Este poemario se agarra a la tierra -a la tierra soriana, de ahí muchos de los giros léxicos, el paisaje presente, el tratamiento de las estaciones como una realidad esencial que define el mundo y la relación que tiene con él la voz poética- y ni la cambia ni la agrede ni trata filosóficamente de explicarla sino que la acepta. El ser humano es parte de ese paisaje, una parte que a veces nos parece innecesaria porque es frágil y pasajero pero que encuentra su definición en la relación con esa tierra y en la aceptación -no resignada sino finalmente luminosa- de que es parte de una larga tradición y herencia y que su función no es otra que dejar el mundo lo mejor posible para los que vengan detrás. La gratitud a la que se refiere el título es esa: gratitud a la tierra, al paisaje, pero también a los que nos precedieron. El mundo poético entero de este libro se ilumina cuando comprendemos que nuestra mejor forma de estar en el mundo es la más humilde, aceptando que somos solo una parte de esa línea sucesoria y que debemos respetarla para bien de la memoria que nos precedieron y legado de los que vienen detrás de nosotros. De ahí la mayor parte de las imágenes del libro, como la inicial, la que trasforma al ser humano en viento:

Escucha a los alisos. Eres viento. Allí donde
te encuentres, sea en esta orilla o disertando
sobre el ser y la nada, eres viento.

para llevarlo a esa sucesión de seres humanos a la que pertenece y que le da la real dimensión de lo que es como individuo:

                                    (...) No queda gesto
alguno en la memoria, con los años. Escucha
al viento, óyete, es malo andar sin compañía.

La gratitud nos acompañará, en este club de lectura, los próximos jueves, hasta el 11 de junio.


Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte publica una sugerente aportación a nuestra lectura de La gratitud: agrupando las palabras dan, por sí mismas, el núcleo cierto de este poemario. Aquí su segunda aportación, en la misma línea. Excelente.

Mª Ángeles Merino decide entrar en la poesía de Fermín Herrero de una forma que sorprenderá al lector, llevándonos al momento de la infancia, cuando el paisaje y sus gentes eran algo tan natural que nutrirá para siempre la voz del poeta.

Encuentro en Burgos con Fermín Herrero

Fermín Herrero participará en la última sesión presencial del Club de lectura por este año. Aunque cerraremos el curso a finales de junio en Tánger, hasta donde nos llevará la lectura de las Crónicas de la guerra de África de Núñez de Arce, la clausura oficial tendrá lugar el martes 9 de junio. Ese día contaremos con Fermín Herrero para comentar La gratitud.

El encuentro está abierto al público general de forma gratuita y tendrá lugar en el Museo del Libro Fadrique de Basilea de Burgos -que tan buena labor cultural hace en la ciudad y con el que llevamos ya una larga y provechosa colaboración- a las ocho de la tarde. Se ruega puntualidad.


Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Materia algodonosa y ruedas de molino


Toda brecha social tiende a ser rellenada con materia algodonosa: trampantojo de palabras. Vivimos en una época llena de sofismas y buhoneros de falacias a los que conviene ya señalar con el dedo antes de que nos hagan comulgar con ruedas de molino porque ni siquiera sepamos que los molinos tienen ruedas y la harina no cae, como el maná, del cielo.

martes, 26 de mayo de 2015

Mañana de domingo



Escondido del rayo
de luz, velado el cuerpo,
asombrado de cómo te amaneces
en la frontera justa de los sueños
te beso de la sombra
al límite revuelto del domingo.

Es hoy porque es mañana,
café tu piel intensa,
desperezado el sol recorre lento
tu cama hasta encontrarte
festiva y verde. Miro,
aún desde la noche, cómo buscas
tus nombres en los hilos luminosos
y te abrazas a mí, para sacarme
a la luz, a la calle, a la vida.


domingo, 24 de mayo de 2015

La jornada electoral de hoy


Escribo esto cuando aún falta una hora para cerrar las urnas y comenzar el recuento de la jornada electoral de hoy en España. Dejaré programada la entrada para que se publique a la hora habitual en La Acequia. Después, buscaré la información sobre los resultados en Internet, en la radio y en la televisión. Por lo tanto, lo que escribo ahora puede no tener sentido dentro de unas pocas horas.

Dado que no son unas elecciones generales, la primera lectura de los resultados deberá ser local y regional. Es tan importante esto, que el único dato cierto que conozco a estas horas es que en los lugares en los que se ha presentado un candidato que ha despertado la ilusión de los votantes se ha aumentado significativamente el porcentaje de participación ciudadana. De esto deberían tomar nota los partidos políticos y no de otras cosas. En los ayuntamientos, todavía hoy, sigue pesando más el conocimiento de los candidatos e intereses muy concretos y directos. En Tierra de Campos conozco pueblos en los que las familias extensas controlan los ayuntamientos desde hace muchos años. Son tan pocos los que residen habitualmente en estos municipios que quienes lo hacen se sienten con más derechos y buscan alianzas en las que están implicados antes los intereses personales, de sectores o grupos, que el bien común. Y España, a veces se nos olvida, está jalonada de pequeños núcleos de población.

Sin embargo, el reparto del mapa municipal y autonómico afectará a la política general. En este año trabado de citas electorales todo está implicado. Más que nunca. De hecho, los analistas políticos vaticinan que, según sea el resultado de las elecciones celebradas hoy, las generales podrían adelantarse al mes de septiembre porque el gobierno no podría aguantar una situación de desgaste tan evidente, sobre todo por el descontento que se podría generar dentro del partido que lo sustenta, fragmentado ya en guerras internas.

El desgaste de los partidos tradicionales es evidente. Los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) demuestran que tras el 15M (las jornadas de acción ciudadana del 15 de mayo de 2011 y posteriores) estos partidos comenzaron un descenso sin pausa en la intención de voto que se debe a un doble motivo: los casos de corrupción han protagonizado la información política del país todas las semanas desde entonces y, en contra de lo que había ocurrido hasta ahora, comienza a pasar factura a los partidos políticos implicados -aunque no en todos los casos ni de la misma manera-; los movimientos de indignación popular se han consolidado en agrupaciones, plataformas y partidos que han visibilizado la acción ciudadana de una forma no vista en España en la historia democrática reciente. Todo ello se visibilizó en las elecciones al parlamento europeo celebradas el año pasado y puede cristalizar en el día de hoy.

La aparición de un nuevo partido -Podemos- y la rápida expansión de uno minoritario -Ciudadanos-, terminó por alterar el relativamente tranquilo panorama político español nacido de la época constitucionalista. Han recogido votantes decepcionados, otros que se habían desentendido de la política hace tiempo, registran la incorporación más interesante del voto joven de los últimos años, etc. De hecho, todo esto ya ha tenido repercusiones notables: cambios en los liderazgos de los partidos tradicionales en la oposición, eliminación de las listas electorales de muchos implicados en los casos de corrupción, guerras entre familias políticas que han socavado la credibilidad de algunas organizaciones y han terminado con la filtración a la prensa de datos que buscaban hacer daño al rival y han terminado por perjudicar a la organización entera, mayor vigilancia sobre la transparencia en la gestión, necesidad de dar cuenta de muchas acciones que hasta ahora nadie explicaba, una mayor atención del ciudadano a lo que dicen y hacen sus políticos, etc.

Ha habido otra circunstancia notable: las consignas políticas de estos últimos meses se han centrado sobre todas estas novedades de una manera exclusiva con lo que apenas se han escuchado debates ideológicos ni propuestas concretas de interés. Algunos candidatos se presentan sin programa.

Sea cual sea el resultado electoral de hoy, el panorama político español parece cambiar y permanecerá así durante unos años, hasta que se asiente la nueva situación. Será difícil una mayoría absoluta, pero esto no es necesariamente bueno ni malo, vistos los antecedentes en uno y otro sentido. Obligará a pactar, a negociar y hacer política durante las próximas semanas. Será cuestión de estar atentos para que la nueva política no se parezca demasiado a la antigua y se convierta en mero reparto de papeles y toreo de salón alejado del ciudadano. Muchos de los políticos hasta ahora dominantes desaparecerán de la escena, algunos de los nuevos serán circunstancia, otros se consolidarán. Como estamos en España, algunos políticos claramente sustituibles seguirán en el poder porque los electores lo habrán querido. Es hora de que aparezcan ya nuevas caras en la política española en puestos de relevancia: llevamos demasiados años con los mismos, que tampoco es que hayan demostrado su eficacia de manera sobresaliente. A las pruebas me remito. Y, por último, espero que el ciudadano haya aprendido las lecciones de lo ocurrido en los últimos años y considere como algo de su propio interés la política y el control diario de sus gobernantes. Será la única forma de que las nuevas formaciones no se acomoden y las antiguas se regeneren. Hace falta.

sábado, 23 de mayo de 2015

El espino albar del prado de la Señora.


¿Se ha quemado el espino albar del prado de la Señora en el último incendio? Me dicen que fue superficial, que ardieron solo las ramas secas del monte, la pelusa de los chopos, los álamos y los castaños de indias,  también algunos restos del otoño pasado, que no me preocupe, que las huellas del incendio desaparecerán en unas semanas. Que la zona aún está verde por el agua de las últimas lluvias y de las fuentes que empapan las laderas.

Comienza la temporada de incendios en nuestros montes. Según las estadísticas, la mayoría se deben a la acción humana (accidental o intencionada), agravados por el abandono en el que se encuentran. No solo porque la población de esas zonas haya disminuido o porque las personas que viven en su entorno ya no necesiten recorrerlos para recoger leña seca con la que calentar sus casas, ni porque hayan casi desaparecido oficios centenarios que se dedicaban a convertir en bienes de consumo lo que el monte ofrece. Sobre todo es por la desidia de las administraciones y el vandalismo de los que van a nuestros campos y los ensucian o tienen comportamientos imprudentes.

Recuerdo que en los libros en los que yo estudiaba cuando era un crío se hablaba de la desertificación de España y de los problemas medioambientales que ello generaría. Pues aquí seguimos, dejando que nuestros montes se quemen año a año. Ya no hace falta abrir uno de esos libros escolares que olían a nuevo en septiembre, ni volar una hora en avión sobre nuestra geografía. Desde cualquier aparato conectado a Internet puedo visualizar en este mismo momento aquello que estudié y que me parecía tan lejano como los pronósticos para el año 2000. Ya estamos aquí, ya hemos llegado. Y esta España urbana sigue devorando su entorno rural, quizá para esconder su origen como el nuevo rico que se avergüenza del oficio de sus padres.

Por cuánto tiempo seguirá allí el espino albar, en el prado de la Señora.

viernes, 22 de mayo de 2015

Jornada de reflexión



Mañana sábado, en España, es jornada de reflexión de cara a las elecciones locales y autonómicas que se celebrarán el domingo. En el día previo a las elecciones está prohibido pedir el voto, manifestarse, realizar cualquier acto que se considere electoralista, publicar encuestas que puedan influir en los votantes, etc. Esta legislación se ha quedado obsoleta. De hecho, en otros países con democracias asentadas no se conocen restricciones similares. La necesidad de una jornada de reflexión nace en tiempos en los que la democracia es algo desacostumbrado y frágil. Su mera existencia, como la prohibición de vender alcohol el día de los comicios que rige aún en algunas partes del mundo, indica una sospecha de las autoridades: o bien los ciudadanos son inmaduros e influenciables y hay que protegerlos o bien son gente proclive a la asonada y hay que controlarlos. Volvemos, de nuevo, a la desconfianza que tienen los políticos con los ciudadanos. Es algo tan obsoleto en tiempos en los que existe Internet y las redes sociales que funcionan a través de los teléfonos móviles, que resulta ya una extravagancia. Siempre ha sido así: las personas de orden necesitan controlar a aquellas que, según ellas, no lo son y proteger a los ciudadanos considerados insuficientemente responsables de sus actos. Pero así están las cosas.

El domingo, como siempre desde que he podido hacerlo, acudiré a votar. Por las razones de siempre, aunque, como siempre, no haya ninguna papeleta que me represente por completo porque eso es imposible y solo funciona en el mundo de las creencias y no en la realidad política. Tampoco me gustan determinadas carencias de nuestro sistema democrático, como las listas cerradas o el reparto de los porcentajes de votos. Tampoco voy con ideas diferentes a las que siempre me han guiado: detesto la corrupción, la falta de respeto al electorado, el ejercicio de atemorizar al votante, la manipulación emocional y el falseamiento de los derechos y deberes del ciudadano. Eso me ha hecho cambiar de opción política en varias ocasiones. De hecho, en esta ocasión me planteo no votar lo mismo en las elecciones locales y en las autonómicas. Yo no creo en ningún partido ni en ningún político, sino que deposito mi confianza en uno u otro con la intención de apoyar unos programas y actitudes que ayuden a hacer de este mundo algo un poco mejor, más solidario y más responsable. Todo esto es cada vez más necesario porque cada proceso electoral desde hace años es una significativa banalización de la política, mero ruido en el que no se pasa más allá de una consigna, en el que los compromisos no cuentan y el debate de ideas y propuestas brilla por su ausencia. Frente a eso, el ciudadano tiene una nueva ocasión de demostrar que sí le importa la política, que no está dispuesto a que lo aparten de ella, que quiere implicarse para que lo que ha ocurrido en los últimos tiempos no se repita. Esto es lo más importante de todo lo que se vota el domingo.

Eso sí, el día 25 comenzaré a pedir cuentas de lo que se hace con mi voto porque la verdadera labor del ciudadano es no regalar el voto ni confiar ciegamente en un político, sino ser parte de la acción política cada día.

jueves, 21 de mayo de 2015

España en Sefarad de Muñoz Molina, anuncio de La gratitud de Fermín Herrero y noticias de nuestras lecturas.


Escribir España en Sefarad, como he hecho yo en el título, es una redundancia. Sefarad es la forma en la que parte de la comunidad judía reconoce a España. De ahí que los judíos expulsados de Castilla en 1492 se denominen como sefardíes y su idioma -el castellano que hablaban y cuya conservación hasta nuestros días es una extraordinaria aventura cultural-, sefardí. Muñoz Molina titula Sefarad a esta novela de novelas y así se llama el último de sus capítulos o apartados. En el libro, ya lo hemos tratado en estos comentarios semanales, recoge historias de la gran tragedia del siglo XX europeo: el choque de las grandes ideologías totalitarias -fascismo, comunismo pero también capitalismo- con el individuo. Este adquiere condición de víctima de aquellas, como también del tiempo o de la enfermedad.

A lo largo del libro son varias las veces que recoge la historia de los judíos europeos en el siglo XX: desde el mundo opresivo de Kafka hasta el exterminio que decretaron los nazis. Aparecen también los sefardíes, como en la historia del director del Ateneo español de Tánger. No en vano, a pesar de ser una novela que se proyecta hacia la universalidad, la voz narradora es la de un español que teje la historia desde un ejercicio consciente y lúcido de memoria y autobiografía. Por eso, en el último apartado del libro coinciden el título del capítulo y el título de la novela: Sefarad. La memoria le lleva al narrador hacia su infancia y el recuerdo de la judería de Úbeda, cerca de la casa familiar. Y la propia historia se construye desde la memoria de los exilios de la historia de España: desde el destierro de los judíos castellanos en 1492 hasta el último, el de los desterrados por la guerra civil y la dictadura franquista, en un campo tejido de lápidas de nombres, algunos conocidos y otros anónimos:

Quién podría rescatar los nombres que fueron tallados hace doscientos años sobre esas lápidas, nombres de gente que existió con tanta plenitud como yo mismo, que tuvo recuerdos y deseos, que tal vez pudo trazar su linaje remontándose hacia atrás a lo largo de destierros sucesivos hasta una ciudad como la mía, hasta una casa con dos estrellas de David en el dintel y un barrio de calles muy estrechas que se quedó desierto entre la primavera y el verano de 1492 (...). Sepulturas modestas y fosas comunes jalonan los caminos de la gran diáspora española.

Y así cita las tumbas del padre de Lorca en los Estados Unidos, las Azaña o de Machado en Francia, la lista de los sefardíes de Rodas enviados a los campos de exterminio nazis. Y de aquí, de toda esta conciencia y materia real se ilumina la clave de esta novela, que es, en el fondo, la respuesta personal de Antonio Muñoz Molina al debate sobre la muerte de la novela que corría por los años en los que la escribía:

Cómo atreverse a la vana frivolidad de inventar, habiendo tantas vidas que merecieron ser contadas, cada una de ellas una novela, una rama de ramificaciones que conducen a otras novelas y otras vidas.

Toda esa reflexión sobre la historia de los totalitalismos, de Europa, de España, de sí mismo, termina encerrada en el recinto de la Hispanic Society pero no como una biblioteca o un archivo cerrado y polvoriento sino como un refugio para poder estudiarla, pensarla y meditar sobre ella sin perder la propia memoria y la propia esperanza, que se teje de cosas tan básicas como la concha encontrada por el hijo en la playa de Zahara de los Atunes y que le acompaña al narrador en su escritorio durante el proceso de escritura.

Noticias de nuestras lecturas.

El martes pasado tuvimos la reunión del Club de lectura en su formato presencial. La sesión, que celebramos en la habitual sala de la Biblioteca General de la Universidad de Burgos, resultó sumamente interesante y pusimos sobre la mesa todos los grandes temas de esta novela de Muñoz Molina. En la última entrada de Mª Ángeles Merino tenéis los apuntes que tomó de lo allí ocurrido, que puede servir de cierre y reflexión de esta lectura.

Luz del Olmo cuenta su experiencia última como lectora de Sefarad: la identificación con alguno de esos personajes, clave para comprender esta novela de novelas.

Lectura de La gratitud, de Fermín Herrero



Las próximas semanas las dedicaremos al comentario de La gratitud (Visor, 2014), el poemario con el que Fermín Herrero obtuvo el Premio Jaime Gil de Biedma y el Premio de la crítica de Castilla y León. Fermín Herrero ha sido galardonado también con el Premio de las Letras de Castilla y León. Nos acercamos, pues, a la palabra de uno de los poetas más importantes de España en la actualidad, en un título que es la culminación de una trayectoria que lleva a la indagación sobre los temas esenciales del ser humano sin perder nunca el contacto con la tierra. Sorprenderá la altura de esta voz y la certeza de la expresión a quien no conozca a este autor.

Después del libro de Fermín Herrero cerraremos el curso con las Crónicas periodísticas de la guerra de África, de Núñez de Arce, una las primeras escritas en este género en España.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis. Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Elogio del silencio


Los monjes cartujos guardan silencio la mayor parte de su tiempo. Siempre es bueno guardar silencio varias veces al día. Hay personas que no pueden: Don Quijote castigó a Sancho ordenándolo callar hasta que el escudero no pudo más y amenazó con volverse a su pueblo (I,25). Conozco personas que cuando entran en casa lo primero que hacen es encender la televisión o la radio porque no soportan la soledad o el silencio o necesitan escuchar música en todo momento y en cualquier actividad. Una de las pruebas más serias de la confianza en la amistad o en el amor es la de guardar silencio juntos. Cuando es forzado este silencio compartido es espeso, se puede cortar con cuchillo, decimos, dada su densidad, que nos ahoga. Es ya un síntoma de que algo va mal en esa relación, de que quizá lo que ocurre ya no tenga remedio. Las manifestaciones físicas del que quiere hablar pero no puede las conocemos todos: se revuelve en el asiento, da paseos cortos nervioso, se congestiona incluso.

Una de las cosas más difíciles en nuestra sociedad, especialmente en las ciudades de España, es la de hallar silencio en donde refugiarnos. Nuestras calles son ruidosas, en las cafeterías hay un griterío constante, las personas usan los teléfonos móviles sin ningún respeto a quien tienen al lado, cualquiera organiza una fiesta en la vía pública sin preguntarse si molesta a alguien, en las clases de los centros de enseñanza media mis colegas me cuentan que se han habituado a dar clase por encima del rumor de las conversaciones de sus alumnos, los vecinos hacen todo el ruido que desean sin recordar que viven en comunidad, hay obras en horas y días no permitidos. No es el griterío de las corralas o el de las madres de antes llamando a voces a sus hijos desde las ventanas de los edificios de las zonas de expansión de las ciudades de los años sesenta y setenta del pasado siglo o el de la vecina a la que se escuchaba en el patio de luces cantando se han clavado dos cruces,  un ruido que se relata bien desde el costumbrismo porque interrumpe un mundo casi rural, sino de otra especie. Un ruido constante que nos aturde, que se suma al de la palabrería constante que sale de la boca de quienes están ahora en campaña electoral multiplicado por los medios de comunicación. Ruido sobre ruido para aturdirnos, para no dejarnos sosiego. No hay forma de aclarar las ideas sin silencio. No decidir comprar el pan o ir a una u otra cafetería, si obedecer o no a un impulso, sino de pensar.

Por eso es bueno, varias veces al día, alejarse del ruido, de todo ruido. Incluso del interno. No argumentar, ni pensar siquiera, pero hacerlo en silencio para gozar de la libertad propia. Como contemplar la leve deriva de una hoja verde sobre el agua del pilón de una fuente.

martes, 19 de mayo de 2015

Hoy me lloraba el ojo izquierdo


Hoy me lloraba el ojo izquierdo. No he podido dar pie con bola al tener que mirar solo con el derecho. Espero que sea solo alergia o un catarro de primavera y se pase pronto.