sábado, 30 de mayo de 2009

Acuse de recibo: Olvidando a Velázquez. Las Meninas.


Dialogar con las grandes obras del pasado es la mejor forma de hacer arte presente mirando hacia el futuro. Hubo un tiempo en el que la originalidad se definía a partir de este diálogo, pero a partir del romanticismo hubo una cierta línea artística que pretendía reinventar el mundo sin leer el pasado. La conclusión fue que algún tipo de arte se condenó a sí mismo a redescubrirse cada quince o veinte años en un adanismo que tenía mucho de mercadería de baratija y en el zoco hubo muchos charlatanes que sorprendían a los incautos con logros que no les pertenecían: es la marca de algunas épocas. Para camuflarlo, muchos apostaron por la ruptura de la historia como contexto que explicaba la producción artística. En parte, todo aquello sucedió como reacción contra los que pretendían que nada nuevo se podía hacer y que todo debía darse como imitación sumisa de un canon pretendidamente inmutable y universal que solía contener más jerarquía ideológica y moral que artística.

Viene todo esto a cuento de que Hernando, un comentarista habitual de La Acequia que tanto y tan bien opina, me remite el catálogo Olvidando a Velázquez. Las Meninas (Barcelona, Institut de Cultura de Barcelona, Musseo Picasso, 2008), correspondiente a la exposición que tuvo lugar en el Musseu Picasso de Barcelona del 15 de mayo al 28 de septiembre de 2008, en el que trabaja.

Todo avance artístico nace de un diálogo no sumiso con el pasado. El artista que lo provoca -o toda una época-, selecciona su propio canon para imitarlo, negarlo, afirmarlo y superarlo. Las Meninas de Velázquez desde el siglo XVII, han sido una prueba de fuego de este proceso. Es una obra maestra que se apoya sobre otras anteriores para dialogar con ellas y añadir un hito en el camino. En Las Meninas (1656) hay una consciente reflexión sobre los autorretratos de pintores que se dieron con cierta frecuencia en las décadas anteriores, para añadir elementos nuevos: el tratamiento del espacio y la luz, el juego intertextual con los cuadros colgados en las paredes del fondo, el radicalmente vanguardista reflejo del movimiento de los personajes sorprendidos por la entrada de los reyes (que aparecen en el espejo)... Pero, sobre todo, la inteligente posición del artista. El cuadro se conoce por un nombre que no le pertenece. Es el nombre popular que se eleva a oficial en el siglo XIX, pero no sabemos realmente cómo se llama porque el tema no es el de su título sino el que alude a la posición del pintor ante el mundo. Esta pintura no es un retrato original de personajes de la corte a partir de un alarde técnico, sino del arte y del artista y de su dignificación en un espacio y tiempo reales y no míticos.

Por eso, muchos artistas se han medido con Las Meninas para dialogar con el cuadro. La mayoría no pasan de la copia de cuestiones técnicas parciales -disposición de los personajes, tratamiento del espacio o de la luz-, pero hay un puñado de artistas que han ido más allá y han querido medirse con la totalidad de lo que representa esta obra maestra.

El que consiguió medirse con Velázquez para conseguir su actualización a los logros del siglo XX fue Picasso. Lo hizo en una serie de pinturas que le ocuparon desde agosto a diciembre de 1957, trescientos años después del cuadro original. El planteamiento inicial de Picasso era de una sorprendente originalidad: copiar la obra para, a partir de un punto, mover un elemento comprobando cómo cambiaba toda la composición (esta cuestión es una de las claves de la técnica de la producción de ambos, Velázquez y Picasso). A partir de ahí se desató una febril actividad cuyo resultado se recogió en la exposición citada y en este catálogo. Picasso consiguió pintar sus meninas: las de un tiempo que dejaba ya de ser moderno para decantarse hacia el postmodernismo. Si observamos la fecha en la que Picasso realizó su proyecto podremos comprobar que este juego intertextual con Velázquez está en la raíz de una de las esencias del cambio de época. Picasso, evidentemente, no era postmoderno, pero dejó su tratamiento de Las Meninas a los que vinieron después y que ya lo eran, como el Equipo Crónica.

Es elogiable este trabajo del Museo Picasso, como tantos otros a los que nos tiene acostumbrados. Lo recogido en el excelente catálogo es un ejemplo de cómo construir un argumento para una exposición ejemplar. Se acompaña de textos que estudian con acierto Las Meninas de Velázquez y su obra, el proyecto de Picasso y su impacto en la relación con la obra de Velázquez en los autores posteriores.

Este tipo de trabajos permiten comprender mejor el mecanismo que hace que el arte evolucione en continuo diálogo con las mejores obras del pasado y, por su puesto, para profundizar en la producción de Picasso.

viernes, 29 de mayo de 2009

Lazarillo


-Si ves las cosas demasiado claras, no ves en verdad. Dame la mano, te conduciré al secreto de la mirada.

jueves, 28 de mayo de 2009

La obra cervantina entre las dos partes del Quijote


El lunes pasado, dejábamos constancia de la febril actividad literaria de Cervantes. Si tomáramos como referencia los años en los que comenzó a redactar el Quijote (finales del siglo XVI), en un período de 25 años -además, los últimos de su vida-, Cervantes compuso e imprimió varias obras maestras de la literatura: las dos partes del Quijote, las Novelas ejemplares, las Ocho comedias y ocho entremeses y el Persiles. Más discutido ha sido el Viaje del Parnaso, pero es innegable que, si no obra maestra, sí debe considerarse una buena muestra de un tipo de literatura muy en boga en esa época.

Observemos, primero, la cantidad. Tras su primera obra publicada, La Galatea, poemas que circulaban de forma manuscrita y varias producciones teatrales que no se imprimieron en aquel momento, nadie podría esperar lo que vino después. Es innegable la sorpresa que recibieron sus contemporáneos con el crecimiento artístico de Cervantes en años que, para la vida de la época, deben considerarse de vejez. ¿Qué es lo que pudo causarlo? En primer lugar, el alejamiento de las tablas escénicas. Él mismo lo confiesa en el Prólogo de las Ocho comedias: cuando llegó Lope de Vega, barrió a la generación anterior de los teatros. Entre los dramaturgos de esa generación, que ya experimentaban procedimientos que Lope usaría en la fórmula de la comedia nueva, se encontraba Cervantes. Y, como otros, hubo de resignarse a no gustar, a que ningún autor de comedias quisiera comprarle su producto.

En segundo lugar, su vida se asentó. Ya no era un joven aventurero y, aunque sin duda ocupó gran parte de su tiempo en los negocios a los que hacíamos referencia en la entrada anterior, volvió a frecuentar círculos literarios y a ocupar su tiempo en escribir.

En tercer lugar, Cervantes se encontraba en una situación crucial en su vida, como si sintiera que le quedaba poco tiempo para dar a luz todo lo que había reflexionado sobre la literatura y que tenía, en parte, manuscrito.

El éxito popular del Quijote fue su oportunidad. Y la aprovechó, sin duda alguna, al máximo. Hasta el punto de que nos consta que siguió escribiendo hasta casi el mismo día de su muerte.

La obra de Cervantes de estos veinticinco años finales de su vida muestran la experiencia vital y artística de toda su vida: lo que había aprendido siendo joven, los conocimientos que adquirió en Italia, la reflexión en su tiempo de cautiverio, su vuelta a la Corte en la que se probó como escritor, etc.

Cervantes, a quien por edad le hubiera correspondido ser uno de los últimos renacentistas, evoluciona hacia el Barroco. Éste es un arte que juega con todas las posibilidades de lo intertextual y de la reformulación de los grandes géneros y pocos lo hicieron tan bien como Cervantes. Sin embargo, en su visión del mundo siempre se percibe el poso de las ideas humanistas que adquirió de joven: hay un vitalismo presente en su obra y una forma de mirar las costumbres sociales que lo delatan.

Su producción de esta etapa final se caracteriza por reflexionar sobre casi todos los géneros populares del momento y llevarlos hasta sus límites: así deberíamos entender, por ejemplo, el carácter ejemplar de sus novelas breves o el muestrario de fórmulas narrativas que hallamos en la Primera parte del Quijote.

Finalmente, todas ellas las fue llevando hacia el realismo: ese es el camino final por el que optó en la Segunda parte. Un realismo costumbrista, en el que proyectó su ideología para analizar la sociedad que le tocó vivir y las dinámicas para mejorarla (alguien formado en las ideas humanistas no puede renunciar a cierta utopía). Cervantes había comenzado por parodiar la novela fantástica para negarla. Y no paró de hacerlo hasta el final. Incluso el Persiles, que parece apartarse de este camino al ser una novela bizantina, no deja de tener esta vertiente. Pero en el Persiles también le pudo otra cuestión: quería pasar a la historia de la literatura según los cánones de la época. En esos cánones no entraba el Quijote, pero sí el Persiles. Quizá, al final, dudó de la vigencia de su hidalgo más allá de su tiempo y por eso compuso su última novela. Todos podemos sentir temor ante la posteridad.

Recordad que comenzaremos la lectura de la Segunda parte el próximo jueves 4 de junio.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Notas sobre la educación no universitaria en España (II)


Toda reforma, en materia educativa, debe traducirse en dinero. Hace unos años, se hizo famosa una Ley orgánica que no se acompañaba de su correspondiente partida presupuestaria: lo que era igual que condenarla a existir sólo en el papel. Puedo equivocarme, pero pienso que una sociedad desarrollada nunca pondrá dificultades al aumento de los presupuestos de educación siempre y cuando se acompañe de responsabilidad y control en su gestión.

Algunas de las cuestiones que se suscitaron en el excelente debate de ayer, sólo pueden resolverse mediante la inversión suficiente. Así es el caso, por poner un ejemplo, de la atención a determinados sectores (hijos de inmigrantes, alumnos con necesidades específicas por diferentes circunstancias, etc.). No es bueno que estos alumnos se formen en clases o colegios diferentes a los de los demás: ni sería legal, ni ético y sería perjudicial para todos porque se separaría lo que en la sociedad no lo está. Ni siquiera es bueno para los alumnos que, en parámetros tradicionales, se ven perjudicados por su presencia en la misma aula. La solución está prevista, desde hace mucho tiempo, en las diferentes leyes que se han sucedido pero que no se ha llevado a cabo adecuadamente por la cicatería de los presupuestos de educación: gran parte del horario en común y otra parte por grupos según necesidades, con número reducido de alumnos y profesionales específicamente capacitados para estas cuestiones y no improvisados sobre la marcha, más un seguimiento continuo (en el ámbito escolar y fuera de él) de estos alumnos a través de los titulados formados para esta cuestión más allá de la mera formalidad actual.

Todo pasa, repito, por aumentar la inversión en educación sin la ingeniería presupuestaria con la que presumen los ministros y consejeros de turno pero que esconde un artificio que, en gran medida, no es real. Por supuesto que se ha mejorado la situación con respecto a hace unas décadas, pero no lo suficiente, como se ha demostrado con el aumento de la población en edad escolar por la inmigración de años atrás.

El político que se dedica a gestionar la educación debe tener previstos estos asuntos. Cuando la economía española comenzó a crecer en torno al ladrillo y todos sabíamos que significaría la entrada en España de decenas de miles de trabajadores inmigrantes con hijos en edad escolar, se tardó años en reaccionar para dotar al sistema educativo de las soluciones adecuadas. Y no se hizo el esfuerzo suficiente, creando problemas en las aulas de las que salieron beneficiados los colegios concertados y otros privados sin concertar, que adquirieron un carácter elitista no tanto por el nivel educativo alcanzado como por el control ejercido sobre los alumnos y su uniformidad sociológica.

Esto mismo sucedió con el crecimiento de barrios enteros, urbanizaciones del tamaño de pequeñas ciudades o el aumento de población de determinadas localidades que se convertían en ciudades dormitorios de la capital cercana. Primero se construyeron los bloques de viviendas, luego los accesos y una gran superficie comercial y, años después de que se creara el problema, las unidades escolares.

La nueva realidad laboral española, desde hace años, exige un cambio en los horarios que implica la mejora de los comedores escolares y las actividades que se desarrollan en los centros educativos que no son las tradicionales. Aunque se ha hecho mucho, todavía no lo suficiente y siempre muy por detrás del momento en el que comienza a detectarse el problema.

El mismo gestor político que no invertía los recursos suficientes en la educación o no había previsto con la diligencia correspondiente el problema, exige luego un esfuerzo adicional al profesional de la educación para responder a los problemas detectados, ante los que no tenía formación adecuada.

Por otra parte, en España el problema se ha agravado con la transferencia en materia educativa a las Comunidades Autónomas. No sé si esto es entendible fuera de nuestro país. En España, según la región en la que se estudie varía una parte del currículum escolar. A pesar de que se critique esto -porque los argumentos en este aspecto son fáciles de construir-, no es necesariamente malo, porque se ajusta a la realidad histórica de nuestro momento y al tipo de país que nos hemos dado desde la Transición a la democracia. No podemos responsabilizar al sistema educativo de algo que está en la Constitución. Peor es que, según la Comunidad en la que se estudie, el sistema educativo tendrá mayor o menor apoyo por parte de los gobernantes regionales. De esto tenemos la culpa los ciudadanos, que no reflexionamos sobre todo el programa electoral de un partido a la hora de votar y nos dejamos guiar, con facilidad, por las proclamas publicitarias.

Hasta que la inversión económica en educación no se corresponda con nuestras exigencias, no habrá verdadera solución a los problemas detectados. Por supuesto, junto a estas partidas presupuestarias debe darse el control riguroso del gasto, la exigencia de rendimientos, la obligatoriedad de dar cuenta de los resultados, el poder sancionador y disciplinario, etc.

De la política educativa en las últimas décadas, hablaremos la próxima semana.

martes, 26 de mayo de 2009

Unas notas sobre la educación en España (I)


Fernando Portillo, en su entrada de hoy debate sobre la educación en España a partir del Manifiesto pedagógico No es verdad, elaborado por Red Ires. Este Manifiesto se ha redactado con la intención de combatir varias de las ideas sobre la educación en España que se manejan como si fueran verdades absolutas que no necesitaran demostración y que suelen ser usadas por los partidos políticos en la simplicidad de los debates electorales.

He de reconocer que estoy de acuerdo con algunos de los planteamientos iniciales de este Manifiesto: los niños y jóvenes que se forman en el sistema actual no están ni mejor ni peor preparados que los de hace unas décadas porque su realidad social es diferente; el sistema de educación actual no es ni mejor ni peor que el de hace unos años porque no puede plantearse una comparación eficaz entre ambos. No estoy de acuerdo en las formas del Manifiesto porque no me gusta la expresión negativa de los conceptos y tampoco en la visión tan marcadamente positiva que parece más voluntarista que real. Además, falta decir que nuestro sistema es similar -casi idéntico- al que se da en nuestro contexto occidental y no es algo específico de España y que debemos poner la lupa en los resultados específicos españoles. Me gustaría saber la opinión de aquellos que leéis La Acequia desde otros países. Os ruego también que tengáis calma: publicaré varias entradas sobre esta cuestión, segmentado la cuestión para analizarla.

El argumento de que las nuevas generaciones saben menos que las anteriores y que los sistemas de enseñanza son peores que los que había antes, es uno de los más falaces que existen. El mero hecho de que se haya repetido desde que existe una educación reglamentada demuestra que es erróneo y no merece la pena ni siquiera argumentar para desmontarlo.

Por otra parte, la generalización actual de la educación pública obligatoria hace que todos los jóvenes estudien, incluso aquellos que, con otros sistemas y épocas, abandonaban los estudios por cuestiones socioeconómicas o personales. Por lógica, su presencia en las aulas tiene un efecto sobre el conjunto que antes no se daba, pero espero que nadie sostenga que lo mejor para todos es que no estén en clase y se les aparte del sistema educativo. La educación no sólo es un derecho, es un deber del ciudadano. Lo que se debe hacer es la intervención suficiente para corregir los efectos negativos que provoca la asistencia a clase de aquellos que antes abandonaban los estudios demasiado pronto o ni siquiera llegaban a incorporarse a ellos. Es decir, invertir en educación y dignificar tanto los centros públicos como la profesión del enseñante, cosa que está muy lejos de la realidad del sistema educativo español de hoy. Aclaro: la dignificación del enseñante no sólo viene por sus derechos, por aumentar su sueldo, dotarles de instrumentos suficientes para su ejercicio, etc., sino también por sus señalar sus obligaciones a partir de controles más exhaustivos sobre su dedicación profesional. Son dos caras de la misma moneda, que solemos mirar sólo parcialmente.

Como he dicho en el blog de Fernando Portillo, los problemas del sistema de educación en España nacen antes de la escuela. Hoy nuestros jóvenes -por lo general- han cambiado más rápidamente que el sistema de educación; no tienen una gran cultura del esfuerzo y un aprecio por los conocimientos generales; tampoco tienen un alto sentido de la disciplina en ámbitos de sociabilidad como la escuela; además, no sé si esto se da en otros países en un nivel tan alto como en España, cuando llegan al aula no han dormido lo suficiente porque han dedicado una parte sustancial de sus horas de sueño a la televisión o al ordenador. Es patente la ignorancia de los padres de lo que sucede en las aulas y que tiene sus causas fuera de ella. Cualquier profesor de primaria o o de la secundaria obligatoria puede informar de cómo la primera hora de clase, una de las más importantes para la adquisición de conocimientos, se ve perjudicada porque gran parte de los alumnos no han descansado lo suficiente durante la noche. Esto no se arregla en etapas posteriores del sistema educativo español, sino que se agrava: en los centros de secundaria, el absentismo los lunes y los viernes es frecuente y los profesores no tienen instrumentos legales para evitarlo, entre otras razones porque es sostenido por los padres, muchas veces ciegos ante la realidad de sus propios hijos. Muchas de estas cuestiones provinenen de ciertos valores culturales propios de España sobre la vida en la calle, el gusto por vivir la noche y cierta distorsión entre las costumbres nacionales y los horarios europeos que el ritmo de vida actual impone: acostamos a los niños tarde y madrugamos para ir a trabajar y dejarlos en los programas de madrugadores de los colegios.

El primer problema de la educación en España es que gran parte de los padres han hecho dejación de funciones, delegando en los centros escolares cuestiones que sólo a la familia corresponde. La gran mayoría de los padres se limita a comprobar que los deberes se han hecho, no a educar a sus hijos en las cuestiones que uno debe llevar a la clase, no aprender allí.

El ambiente social es tal que aquellos alumnos que sí tienen esos valores previos (como el caso ejemplar del hijo de Fernando Portillo), se ven perjudicados en el aula por la mayoría de compañeros. El buen alumno -no tanto en la primaria y la secundaria obligatorica como en los tramos siguientes- ya no marca las dinámicas de la clase, sino que se limita a callarse en ella y acudir al Seminario, casi en secreto, a preguntar las dudas a su profesor. Por eso, cada vez es más importante la atención personalizada y los grupos pequeños: es decir, la inversión del suficiente dinero en la educación pública para que esto sea posible.

La mayor parte de los profesores de secundaria y bachillerato que conozco me cuentan que son todo antes que profesores: educadores sociales, consejeros sentimentales, psicólogos, padres postizos, guardias de seguridad, etc. Pierden gran parte de su tiempo docente en conseguir el orden y el silencio suficiente en el centro y en el aula. Algunos ya ni lo intentan y dan clase por encima del nivel de conversación. Todo esto es previo a la escuela, son dinámicas sociales perversas que influyen en los resultados de cualquier sistema educativo.

La sociedad es la que es y tiene sus inercias que sólo pueden modificarse a largo plazo y por un esfuerzo de todos.

Mientras tanto, la única solución viable es la que he repetido en esta entrada: la inversión de dinero suficiente en el sistema de educación pública española que permita dotar de instrumentos para corregir el problema y fomentar, a la vez, los niveles de control sobre el ejercicio profesional.

Habría que preguntarse si gran parte de la diferencia de resultados entre nuestros estudiantes y los de otros países que tienen sistemas similares al nuestro no está en estas dos razones: comportamientos sociales enraizados en singularidades culturales e inversión económica en el sistema público de enseñanza.

Hagamos, por lo tanto, autocrítica, antes de cargar contra el sistema de educación y los profesores.

De lo que deciden los políticos y pasa en las aulas hablaremos a partir de mañana, porque ni todo es tan malo como dicen los críticos ni tan bueno como parecen soñar los autores de este Manifiesto.

lunes, 25 de mayo de 2009

Cervantes entre las dos partes del Quijote y noticias de nuestro Quijote


Desde 1604 hasta 1615 -es decir, entre la publicación de las dos partes del Quijote-, Cervantes pudo sentir que el esfuerzo había merecido la pena. El Quijote fue un éxito popular apenas salida la primera edición y su fama no hizo más que crecer, tanto dentro como fuera de España.

Es curioso: algunas de las cosas que sabemos de Cervantes en este tiempo nos llevan a pensar lo mucho que, en realidad, desconocemos. A raíz de la muerte del Caballero de Santiago Gaspar de Ezpeleta, herido en duelo a la puerta de la casa de Cervantes en Valladolid, el escritor se vio involucrado en un juicio para aclarar, entre otras cosas, su participación en el asunto. De hecho, estuvo encarcelado durante un par de días porque algunas declaraciones de vecinos denunciaban la vida poco ejemplar de las hermanas e hija de Cervantes -conocidas popularmente como las Cervantas-. Ha de aclarase que el domicilio familiar se encontraba fronterizo con barrios de mala nota en la Corte. Por otra parte, la confusión es aun mayor cuando leemos, en la misma causa, que Cervantes era, según confiesa su hermano, "un hombre que escribe e trata negocios, e que por su buena habilidad tiene amigos". Bajo esta fórmula, en la época se escondía desde el préstamo de dinero -de forma no siempre legal- hasta el oficio de conseguidor en la vida de una Corte que ya manifestaba claramente todos los síntomas que conducirían a la disolución del Imperio.

Su vida personal de estos años se llenó de sinsabores. Por otra parte, todos sus sueños de prosperar en la Corte bajo la protección del conde de Lemos no llegaron a gran cosa. Cervantes, ya mayor, hubo de contentarse con una vida anodina entre Madrid, Alcalá y Esquivias. Es más que cierta alguna estancia en Barcelona, documentada en el Quijote.

Lo que sí se constata es su frenética actividad literaria. Desde 1604, prepara varias ediciones de la Primera parte del Quijote, la publicación de Las novelas ejemplares (1613 y 1614), el Viaje del Parnaso (1614) y las Ocho comedias y ocho entremeses (1615). Aunque algunos de esos textos son anteriores a la publicación del Quijote, hubo de gestionar las publicaciones y retocar las obras. A la vez, sabemos que inició varios proyectos literarios, que no llegaron a ver la imprenta. Y, además, escribió la Segunda parte del Quijote.

Por comparación, deberíamos imaginarnos un hombre actual que, tras su jubilación, escribiera varias obras maestras, las publicara y se mantuviera en perfecta actividad intelectual en un contexto que no le era, ni mucho menos favorable.

Siempre he pensado que Cervantes, a través de lo que de él sabemos, nos muestra la fuerza vital y el coraje del que se sabe poseedor de unas cualidades que debe aprovechar porque se le acaba el tiempo. Todo un ejemplo.


Noticias de nuestro Quijote.
Abejita ha publicado una entrada con el recuento de las lesiones de Don Quijote a lo largo de la Primera parte: ¡Esto sí es un balance! Después publica un texto de Sanchico, vía Ele Bergón, en el que, aparte de problemas sentimentales, nos cuenta que duda si seguirnos o no en la Segunda parte... mira que se va a quedar sin herencia este chaval si su padre llegara a gobernador de una ínsula... Abejita también ha publicado, muy oportunamente, su primera aparición en La Acequia con motivo de nuestra lectura y ha comentado su comentario -muy bien, porque estos días ando sin tiempo para nada, prometo volver por mis costumbres- en otra en la que hace buen balance sobre esta aventura. Finalmente, como muestra de su trabajo y buen hacer, nos da imágenes y texto de la Calle de Cervantes de Burgos. Todo un ejemplo de esfuerzo y colaboración. ¡Gracias!

Manuel Tuccitano ha publicado su balance sobre la lectura de la Primera parte, que inició, como él mismo confiesa, con cierta incredulidad para llegar a ser uno de los grandes comentaristas, que ha aportado mucho con sus conocimientos históricos y que nos ha ilustrado tan entrañablemente, con colaboración familiar. No os perdáis Recapitulando: El Quijote.

Jan Puerta también reflexiona sobre su lectura y lo que ha supuesto para él incorporarse a la lectura. Además, nos empuja a pensar en varias lecturas y acercamientos a la obra a través de la imagen de su entrada, un Jesús de Nazaret que podría ser don Quijote. O viceversa.

Pancho publica un balance muy emotivo con lo que ha supuesto para él incorporarse a la lectura -incluida la apertura de su blog-. En su entrada, además, se citan a varios de los más constantes colaboradores y a los que tanto debe esta locura. Publica la imagen de la primera página del Quijote conservada en una placa de bronce, en Béjar.

Juan Luis G. ha publicado una más que interesante entrada, muy cervantina: desde su sorpresa de la sorpresa de la ministra hasta los ánimos dados a nuestro amigo Javier G. Riobó, que tanto los necesita, como comentábamos la semana pasada.

Antonio Aguilera, sufre filoquijotimia: cuidado al pasar por su blog, que es contagiosa. Después, se pone, nerudiano-cervantino y confiesa su lectura. Entrada más que divertida. No os perdáis la imagen de Ojito... hasta aquí puedo leer.


Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina, aquí.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular,
aquí.

Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)

Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.

Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.

Vale.

sábado, 23 de mayo de 2009

Acuse de recibo: Valle-Inclán: Biografía cronológica y Epistolario, de Juan Antonio Hormigón


De Valle-Inclán la mayoría conoce sólo el personaje. Es curioso cómo un autor puede ser víctima de su propia creación. Valle decidió crear a Valle-Inclán en algún momento de finales del siglo XIX y cuando quiso alejarse de él ya no pudo. Ni sus cambios de aspecto, ni sus declaraciones sobre lo poco fiable de la memoria le sirvieron de nada. Gracias a su personaje, Valle se convirtió -y lo sigue siendo- en uno de los autores más populares de la literatura española: decadente, aristocratizante, con gestos de extravagancia. Fue él el primero en crear leyendas y anécdotas sobre su origen, la pérdida de un brazo, su ideología: lo escribió y respondió a los periodistas con fábulas. Después fue beneficiario y víctima de dos géneros literarios muy en boga en el siglo XX: la biografía novelada y la entrevista inventada. En la dictadura franquista, algunos estudiosos intentaron desactivar lo más peligroso de Valle para hacerlo asumible por el régimen. Por ello, falsificaron algunas cosas y agrandaron otras para aproximarlo al fascismo y, cuando no podían, recurrieron a fomentar la idea de su extravagancia para que nadie pudiera tomarlo en serio o se le perdonaran sus perspectivas poco ortodoxas para la moral imperante. En el mundo profesional, durante demasiados años, se pensaba que Valle -al menos, algunas obras de Valle- eran poco menos que irrepresentables, cuando todo se debía, en realidad, a la indolencia o las pocas ganas de asumir riesgos y de pensar con la altura que exigen sus textos.

Recuperar a Valle es un trabajo que se hace desde unas décadas atrás y en el que todavía nos queda camino. Y hay que recuperarlo de dos formas: conociendo su obra -no sólo los títulos más repetidos-, en especial con montajes de su teatro sometido al trabajo dramatúrgico más acertado; investigando desde perspectivas filológicas adecuadas la realidad de Valle para cotejarla con su leyenda. Es importante la leyenda, pero sólo como construcción cultural, nunca para ahogar al autor que hay detrás de ella. Por ello, estos tres volúmenes de Valle-Inclán: Biografía cronológica y Epistolario, de Juan Antonio Hormigón (Madrid, Publicaciones de la Asociación de Directores de Escena de España, 2006), son una herramienta imprescindible. Aquí hallará el lector todos los documentos y referencias conocidos sobre Valle, algunos inéditos hasta ahora, comentados y anotados con pulcritud. También un epistolario que permite situarlo en su contexto íntimo y cultural.

Ojala pudiéramos disponer de libros así para todos los grandes autores de la literatura en español, porque se podrían plantear monografías que los interpretaran a partir de la realidad y no tanto de lo que la leyenda o el academicismo ideologizado y pobre han trasmitido sobre ellos.

viernes, 22 de mayo de 2009

El derecho a la cultura


Aunque hay antecedentes, especialmente desde el siglo XIX surgieron instituciones que promovían la cultura popular. La cultura, a partir de la institución del sistema parlamentario liberal y el avance de la democracia, no se entendió como un privilegio de unos pocos, sino como un derecho. Aparecieron, entonces, todo tipo de asociaciones, ateneos, liceos, etc. que la promovieron más allá de la docencia convencional. No me refiero aquí a la enseñanza reglada que fue amparada y promovida por los Gobiernos y que fue extendiendo la alfabetización en todas las capas sociales, sino a la labor de grupos de ciudadanos que consideraron que ejercer el derecho a la cultura y promoverlo sin distinción de clase social, sexo o fortuna económica era un deber cívico.

Este fenómeno ha sido especialmente urbano, asociado sobre todo al crecimiento de las ciudades desde la Revolución industrial, que aportó un alto número de habitantes que provenían del campo y que no habían tenido la oportunidad de desarrollar estudios apenas iniciados y que debieron abandonarse para encontrar trabajo y un sueldo apenas iniciada la juventud. En el caso de las mujeres, además, hasta los años setenta del siglo pasado, se consideraba que les bastaba con nociones básicas porque su destino era, fundamentalmente, el trabajo como ama de casa y la crianza de los hijos.

Por suerte, hoy en día se considera la educación de manera diferente. Especialmente llamativo es el caso de las mujeres -en el mundo occidental, claro, puesto que la situación no es similar en todo el mundo-, que hoy ocupan mayoritariamente las aulas universitarias.

Sin embargo, no todo el mundo puede o quiere continuar sus estudios más allá de los tramos obligatorios: la fortuna, la situación económica, las elecciones tomadas a una edad temprana, apartan a muchos sectores de la sociedad de la continuidad en su formación. No es criticable: no todos tienen por qué ser universitarios, cuando, además, ser universitario hoy no es una garantía inicial de formación.

Así pues, en todos los países occidentales, hallamos un gran número de habitantes que se apartaron muy pronto de la educación, pero que quieren ejercer su derecho a la cultura en un formato no reglado pero con todas las garantías para su formación intelectual: personas mayores que, en su juventud, debieron buscar un trabajo para contribuir a la economía familiar o independizarse; mujeres a las que ni su familia ni la sociedad les daba una verdadera oportunidad para continuar sus estudios; jóvenes que, por unas u otras circunstancias, dejaron de estudiar en la adolescencia, etc. A ellos se suma un sector de la población que sí estudió, pero, pasados los años y, en especial, cuando llega la edad de la jubilación, quieren mantenerse activos intelectualmente, aprender cosas nuevas, materias que no entraban en los estudios realizados o nuevas formas de enfocar lo que se les enseñó hace treinta o cuarenta años. Parte sustancial de toda esta cuestión es otro derecho ciudadano: la construcción de espacios de sociabilidad.

Demandar y ejercer el derecho a la cultura es una de las mejores pruebas del dinamismo de una sociedad. Aquellas primeras agrupaciones del siglo XIX, hoy se han trasformado en Universidades de la Experiencia -gestionadas por Universidades públicas y dirigidas a personas mayores-, Universidades Populares, Ateneos, Asociaciones culturales, etc.

Las instituciones están obligadas a ampararlas, facilitar su trabajo y contribuir, en todo lo posible, a su éxito, porque es un derecho de los ciudadanos y una obligación de los gobernantes.

Todo esto viene a cuento porque la Universidad Popular para la Educación y Cultura de Burgos y la Asociación para el Fomento de la Educación de Adultos viven tiempos de incertidumbre sobre su ubicación, lo que puede hacer peligrar la continuidad de una excelente iniciativa. Desde aquí pido a las instituciones que apoyen sin ambigüedad ni dilaciones una realidad que cuenta con muchos años de experiencia y por cuyas iniciativas y clases han pasado miles de ciudadanos.

Y que las agrupaciones para la defensa de la cultura se extiendan por todos los lugares como una forma de ejercer un derecho que todos tenemos.

jueves, 21 de mayo de 2009

Balance de nuestra lectura de la Primera parte del Quijote


El pasado 24 de abril, nuestra lectura colectiva y virtual del Quijote cumplía un año. Ya he explicado los motivos que me llevaron a proponeros esta locura: cada cierto tiempo releo el Quijote y consideraba que ahora, la mejor forma de hacerlo, era a través de La Acequia.

La idea se ha mantenido en lo esencial a través de este tiempo. Cada semana leemos un capítulo: sólo un capítulo, para que nadie pueda poner como excusa la falta de tiempo. El que quiera puede avanzar en la lectura a su propio ritmo, por supuesto. Si se retrasa, siempre puede comentar en las entradas correspondientes y yo le contestaré.

El jueves se publica aquí el comentario del capítulo semanal. He procurado que mi comentario tenga diferentes perspectivas: cuestiones filológicas, estudio de la técnica de escritura Cervantina, curiosidades sobre la novela o el autor, etc. Sé que algunas entradas resultan largas, pero esto fue una elección consciente: no podemos despachar la mejor novela escrita en español de cualquier manera.

Acompaño las entradas con autorretratos fotográficos como lector. Constatan la época en la que se llevó a cabo la lectura (siempre me hago la foto con la cámara del ordenador el mismo día en el que publico el comentario) y quise proponer un juego con la novela: es la historia de un lector que lee un relato de alguien que se vuelve loco leyendo.

Vuestras aportaciones han enriquecido considerablemente el resultado. Tienen diferentes niveles: comentarios realizados en las entradas correspondientes, textos publicados en vuestros blogs y correos e imágenes que me remitís y que yo publico más tarde. De todo ello doy cuenta en la entrada semanal que dedico a las Noticias de nuestra lectura (antes los sábados, ahora los lunes) y que casi siempre consta de tres partes: en la primera, comento aspectos que surgen de la lectura; en la segunda, publico el material fotográfico que me habéis remitido (autorretratos, imágenes de lugares relacionados con la obra o con Cervantes, etc.) y, en la tercera, los enlaces a vuestras entradas.

Esto ha hecho la suma, hasta ahora, de 113 entradas en La Acequia. Constituyen una aportación única al cervantismo. Aunque encontraréis comentarios e iniciativas parciales en la red, nunca se había acometido la lectura de todo el Quijote, capítulo a capítulo, aprovechando todas las ventajas de la web 2.0: contenido rigurosamente académico, interacción rápida entre todos los lectores, enlaces a otras páginas con diferentes recursos, aportaciones en las que se suman lecturas individuales de gran perspicacia y no necesariamente filológicas (es una de las cosas de las que estoy más orgulloso: aquí se puede expresar, sin miedos, el comentario personal de lo que se ha leído y cotejar con el resto en condiciones de igualdad), comentarios a aspectos de la novela no atendidos por los especialistas, contenidos históricos, etc. Vuestra dedicación y constancia es entrañable y os la agradezco: habéis comentado con regularidad, habéis abierto secciones especiales en vuestros blogs o dedicado entradas en algún momento, me habéis remitido todo tipo de material, incluso Alatriste (por poner sólo uno de muchos ejemplos posibles) nos regaló el sello que preside esta entrada.

Se ha abordado desde la forma compleja de cómo se escribe una novela hasta cuestiones musicales o gastronómicas, desde las cuestiones claves del cervantismo hasta la experiencia personal como lector o los recuerdos de la primera vez que nos acercamos a la obra o lo que ella nos sugiere como actitud vital. Y también se ha dado lugar a la creatividad de cada uno de los participantes a través de las fotografías, videos, textos, etc.

La suma de todas estas cuestiones manifiesta que esta novela sigue viva, interesa y puede fomentar una red social en Internet a través de la que todos aprendemos, opinamos, nos emocionamos y creamos. Es decir: la puesta en práctica de algo que está en el núcleo del Quijote: la experiencia lectora en todo su potencial.


Nota 1.-

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

En cuanto a los autorretratos quijotescos, ya sabéis que volverán, así que podéis seguir mandándomelos, que no tardaré en publicarlos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.


Nota 2.-

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina, aquí.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
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Nota 3.-
La Palabra de Burgos, medio de comunicación muy recomendable, se ha hecho eco, en su último número, de esta locura nuestra. Os invito a leer la entrevista en su formato en pdf o en su versión en línea.

miércoles, 20 de mayo de 2009

La flor de la acacia


De niño olía a flor de acacia, en el camino a casa desde el colegio, cuando el curso se decantaba hacia el calor y predecía el verano. Me recuerdo alargando mi mano hacia las ramas bajas y arrancando algunas de las más débiles, cargadas de racimos blancos. De niño olía la flor de la acacia entre mis manos, antes de probar, una a una, sus flores: quien ha comido flor de acacia en su infancia conoce el misterio que se oculta en su sabor y en el olor denso y dulzón, que te obliga a buscarlo para siempre, sin saberlo, en la piel de la amada. Quizá toda una vida puede resumirse en un gesto como éste. Cuento esto porque hoy, en el Paseo de la Universidad, olía a flor de acacia: me ha sorprendido, como entonces, meditabundo y solo, en el camino de un sitio a otro. Es como si nunca hubiera llegado a casa. Desde entonces.

lunes, 18 de mayo de 2009

Final de la primera parte, una biblioteca muy cervantina y noticias de nuestro Quijote

¡Hemos llegado al final de la Primera parte! Sólo puedo daros las gracias por acompañarme en esta locura, nunca antes acometida por nadie. El próximo jueves publicaré el primer balance. Recordad que comenzaremos a comentar la Segunda parte el jueves 4 de junio. ¡Os espero a todos, por supuesto!

Una biblioteca cervantina con una estatua de Don Quijote y Sancho


En Burgos, muy cerca del famoso Paseo de la Isla, se encuentra la Biblioteca Municipal Miguel de Cervantes, moderna y funcional. Acogedora, sobre todo, por el trato de los que allí trabajan. En su entrada, una estatua conmemorativa de los protagonistas del Quijote, que se nos presenta como un gran juego al estilo de los libros con hojas desplegables. Perspectiva cervantina, sin duda alguna. Una imagen más para nuestra colección.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares. En cuanto a los autorretratos quijotescos, ya sabéis que volverán, así que podéis seguir mandándomelos, que no tardaré en publicarlos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.



Noticias de nuestro Quijote

Quiero comenzar lamentando la pérdida del trabajo de un gran amigo. A Javier García Riobó, que nos ha acompañado desde el inicio de nuestra lectura (y desde casi siempre en La Acequia), se le ha estropeado el ordenador y le ha sido imposible recuperar el trabajo almacenado en él. Entre lo perdido, la entrada con el comentario del último capítulo de la Primera parte. Él se planteaba -yo era el único que lo sabía- que era su última ilustración para nuestra lectura y quería despedirse esta semana. El infortunio, en forma de tormenta con aparato eléctrico, se lo ha impedido. Como despedida, publica una sentida entrada en la que plantea, incluso, la posibilidad de cerrar su blog. No sé qué decirle.

Abejita ha publicado varias entradas. En una de ellas, Sanchico, vía Ele Bergón, comenta . En otra, Abejita da muy buenas pistas para comentar el último capítulo. Me gusta, en especial, la cita que hace de Martín de Riquer sobre los domingos en el Quijote y el precepto católico de acudir a misa. Para el comentario final de la Primera parte, Sor Austringiliana monta en la nave del tiempo y se hace con el control de La Arañita Campeña para aclarar un misterio que ha traído de cabeza a la crítica... Y no os perdáis su nueva perspectiva del busto de Cervantes del Paseo de la Isla de Burgos mirando al árbol del amor.

Jan Puerta ha escrito una magnífica entrada, llena de juegos cervantinos, en la que nos descubre el secreto de las tumbas de don Quijote, Dulcinea y Sancho. No os la podéis perder.

Pancho nos hace un regalo para terminar la lectura de la Primera parte: el relato de un hallazgo. No digo más, para no destaparos la sorpresa. Acompaña su entrada de una imagen cervantina que yo desconocía: el busto del autor en el Ayuntamiento de Béjar. Y todo ello, relacionado con la plaza de toros más antigua de España.
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Ya escrita esta entrada, me llega el aviso de la publicación de la de Antonio Aguilera, con el comentario de la parte final del último capítulo: qué divertido cruce entre don Quijote y Max Estrella. Y no os perdáis la ilustración de Ojito: un Cervantes sabroso, sabroso.
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También se me pasó incluir la entrada que Manuel Tuccitano publicó el viernes. ¡Cómo me he podido olvidar de un compañero de lectura tan fiel, oportuno e inteligente! Esta primavera acabará conmigo, gracias por recordármelo, Manuel. En ella, incide en los aspectos esenciales del final de la obra. Quiero, además, recomendaros la imagen con la que acompaña la entrada, que tiene un doble valor: cervantino y sentimental. Refleja un trabajo de su padre. De casta le viene al galgo...
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Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

Ha muerto Mario Benedetti

Ha muerto Mario Benedetti, poeta: persona.
Hoy las palabras de amor y compromiso están de luto. Las calles guardan silencio consternado. Las manos se estrechan, más cálidas que nunca para acompañarnos en la tristeza. Todo se hace paréntesis para inventariar el mundo. Y comprenderlo.
Ha muerto Mario Benedetti, poeta: persona.

sábado, 16 de mayo de 2009

Acuse de recibo: Arde el mar, de Pere Gimferrer


Es oportuna esta reedición de Arde el mar (1966) de Pere Gimferrer (Barcelona, 1945). La perspectiva del tiempo permite valorar mejor la aparición de este libro de poemas en el contexto de la España de postguerra y lo que significó como presentación no sólo de un poeta con gran presencia hasta nuestros días sino también como tarjeta de visita de una promoción que, unos pocos años después, fue bautizada por José María Castellet como la de los Nueve novísimos, en una de las operaciones comerciales más exitosas de la literatura española y que tanto ha contribuido a confundir a los autores de manuales de literatura, tan necesitados de epígrafes clasificatorios.

Pere Gimferrer es un autor imprescindible tanto en la poesía española como en la catalana. En los años en los que compuso los poemas publicados en Arde el mar (fechados a partir de agosto de 1963) era un jovencísimo poeta que buscaba su voz bajo la influencia de los autores del Grupo del 27 -en especial, Lorca y Aleixandre (al que está dedicado el libro)-, Octavio Paz, Lautréamont, Wallace Stevens, Pound, Eliot, Perse, etc.

En todas sus referencias a esta etapa, Gimferrer -como la mayor parte de sus compañeros de promoción-, siempre ha tenido mucho cuidado en desvincularse de la poesía que se escribía en España desde el final de la guerra: la rechazaba, expresamente. Desde hace unos años, la crítica ha ido matizando esta desvinculación, tanto de Gimferrer como del resto de los novísimos. Una cosa es que se separaran en sus proclamas literarias de las tendencias amparadas por el régimen o de la poesía social y otra que no existan puentes que vinculen su obra con la generación inmeditatamente anterior, por ejemplo.

Pero la mera afirmación de que se quería hacer algo completamente diferente, de que se partía de la consciente omisión de la manera de hacer poesía en España desde los años cuarenta ayuda a situarlos con claridad en las primeras manifestaciones de lo que, pasado el tiempo, se conocerá como postmodernismo. Por decantación, reflexión sobre los productos de la modernidad, juego intertextual con ellos y mirada a lo artístico desde un ángulo en el que se percibía que la cultura cambiaba, como lo hacía la sociedad, ponían las bases de un tipo de literatura distinta.

Por ello, Arde el mar, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía 1966, significa en la literatura un hito, puesto que es la aparición de algo nuevo, que anuncia un camino hacia el futuro.

Para construirlo, Gimferrer se muestra, primero, como un gran lector. Es desde ese núcleo del que parte su poesía: su apasionada relación con los textos que ha leído y seleccionado para seguirlos y construir su voz a partir de ellos. Por eso, Arde el mar no es un poemario al uso, escrito con un sólo tono: presenta varias modulaciones de esa voz que es, en primer lugar, voz lectora. De hecho la ruptura de la unicidad es una de las claves. De la suma salen las premisas sobre las que se edificó el nacimiento de la poesía potmoderna en España y que tantas etiquetas ha tenido (culturalismo, intertextualidad, venecianismo, etc.), casi todas ellas presentes en este volumen.

Esta edición de Jordi Gracia (Madrid, Cátedra, 2009, reimipresión de la de 1994), cuenta con una excelente introducción, notas aclaratorias y unos apéndices que ayudan a comprender el texto y contextualizarlo: una edición académica recomendable para todos los lectores. De hecho, uno de los mejores poemas que explican Arde el mar está, precisamente, en estos apéndices. Se trata de Caligrafía (1967):

(...)
Murió un granjero apellidado faulkner
(murió kafka, que no me conoce)
harlow moría
y Marilyn se muere
Qué triste es todo esto.

jueves, 14 de mayo de 2009

Final (Cap. LII)

La imagen de cierre de la Primera parte nos la remite Hernando,
comentarista habitual de esta serie. ¡Gracias!

El final de la Primera parte del Quijote ha suscitado múltiples interpretaciones. En primer lugar, sobre si Cervantes pensaba o no en una continuación. Parece evidente que sí pensaba en ella, pero no sabía -por edad, por oportunidades futuras-, si podría llevarla a cabo. Por eso, necesita cerrar el libro. Y lo hace como lo comenzó: con una parodia de los libros de moda en su tiempo. Recordemos que el Quijote se plantea como una crónica a partir del cotejo de diferentes materiales y sobre todo del manuscrito encontrado, obra del historiador arábigo Cide Hamete Benengeli. Como tal, el narrador -que, recordemos, es técnicamente el transcriptor de una traducción ajena de dicho manuscrito- no puede continuar más allá del material que tiene entre manos. Por eso, una vez recogido el hidalgo en su casa, termina la novela abruptamente: ya no tiene más datos. Nos dice que la memoria oral ha conservado noticias no escritas -por lo tanto, no fidedignas- de una tercera salida; también nos dice que un antiguo médico -resaltemos la profesión liberal a la que se alude- conserva en su poder una caja de plomo con pergaminos en los que están escritos unos versos. Se ha estudiado la irónica alusión a una polémica de la época sobre la autenticidad de unos manuscritos árabes hallados en el Sacromonte. Sea lo que sea, no deja de ser evidente el juego establecido con el tratamiento del tiempo en la novela: los hechos se pretenden casi contemporáneos, pero ahora se alejan al hablar del hallazgo de la caja al derribar parte de una antigua ermita para remoderarla;

Pero el autor desta historia, puesto que con curiosidad y diligencia ha buscado los hechos que don Quijote hizo en su tercera salida, no ha podido hallar noticia de ellas, a lo menos por escrituras auténticas; sólo la fama ha guardado, en las memorias de la Mancha, que don Quijote, la tercera vez que salió de su casa, fue a Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas que en aquella ciudad hicieron, y allí le pasaron cosas dignas de su valor y buen entendimiento. Ni de su fin y acabamiento pudo alcanzar cosa alguna, ni la alcanzara ni supiera si la buena suerte no le deparara un antiguo médico que tenía en su poder una caja de plomo, que, según él dijo, se había hallado en los cimientos derribados de una antigua ermita que se renovaba; en la cual caja se habían hallado unos pergaminos escritos con letras góticas, pero en versos castellanos, que contenían muchas de sus hazañas y daban noticia de la hermosura de Dulcinea del Toboso, de la figura de Rocinante, de la fidelidad de Sancho Panza y de la sepultura del mesmo don Quijote, con diferentes epitafios y elogios de su vida y costumbres.

Veremos que con este mismo juego se abre la historia en la Segunda parte.

Finalmente, se trascriben los versos hallados en la caja de plomo. Se trata de un género muy de modo en su tiempo. La imitación burlesca de una academia a partir de la composición de poemas vejatorios, mordaces y divertidos era muy habitual. El hecho de que diga que esta academia existía en Argamasilla ha dado lugar a divertidos combates entre las dos Argamasillas manchegas (Alba y Calatrava) para apropiarse la sede, puesto que se ha imaginado -sin ningún motivo cierto- que de esa Argamasilla era natural don Quijote. Todos los que han levantado vivas polémicas al interpretar las claves ocultas de estos textos han sido víctimas del juego irónico que contienen: Cervantes se burla, de una manera muy habitual en su tiempo, de las academias y académicos, de los libros impresos en su tiempo -recordemos que no solo el Quijote es una parodia de los libros de caballería sino que todo el volumen es una parodia de las novelas habituales del momento- y deja la sensación de que nos despide con una sonrisa pícara en los labios al adivinar el juego que darán estos versos para los exégetas posteriores. Además, hay un consenso casi general entre los cervantistas de que no todos estos poemas son de Cervantes y se atribuyen a su círculo de escritores amigos, entre los que, más que posiblemente, circuló la primera versión manuscrita de la obra.

Y así llegamos al final de la lectura de la Primera parte. Os emplazo a la de la Segunda parte, según comentamos en su día. Espero que hayáis disfrutado.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Antonio Vega


De mí quedarán pocas cosas. Algunas de ellas retazos musicales que me han acompañado en el viaje y que de tanto oírlos en mi cabeza ya son míos y quizá más ciertos que los datos reflejados en mi documento de identidad. Nunca he seguido con devoción a ningún cantante, a ningún grupo: soy ecléctico y duro de oído. Aun así, supongo que como a todos, algunas canciones, el gesto de algunos intérpretes, la voz de un solista o el sonido de una guitarra se me han pegado al cuerpo. Con la música popular sucede que uno siempre tiene veinte años: así es la banda sonora que mejor nos define. Antonio Vega ha muerto y lo recuerdo, ahora, cuando yo no sabía que llegaría a recordarme escuchándolo. Su voz y algunas de sus canciones me parecieron siempre de la densidad exacta de la melancolía: alguien que se está despidiendo apenas llegado, una persona que, al entrar en una habitación, va directamente a la ventana y se nos ofrece siempre de espaldas porque sabe mirar hacia fuera desde muy adentro, como en las mejores películas que todos recordamos, para después volver a salir hacia el bar de enfrente y pedir, acodado y solo en la barra, una copa. O alguien entrevisto en un espejo y que resume, de esta forma fugaz, nuestra propia vida. Quizá, a estas alturas del juego, no somos más que unas notas musicales que se quedaron perdidas en el aire en las paredes de una habitación de hotel a la que nos llega la noticia de la muerte de alguien que no fuimos nosotros pero nos acompañó más que nuestra propia consciencia. Que la tierra le sea leve.

martes, 12 de mayo de 2009

La seducción tiene mil formas


-La seducción tiene mil formas y, a veces, de la manera más inesperada, se te enreda entre los pies y acaba haciéndote tropezar: de bruces, en el suelo, todo se aclara. En ocasiones uno merece un golpe así. Llevaba días contemplando aquella fotografía que me remitieron para un estudio de escaparates de lencería. He de reconocer que elegí mi oficio por la atracción que ejercen sobre mí estas prendas, para qué vamos a negarlo a estas alturas, si ya todo el mundo me conoce en el sector. Pues eso, que iba yo mirando aquella foto sabiendo que algo en ella me atraía más que en las otras que había recopilado para proponer un escaparate diferente al dueño de la tienda que me había contratado. Durante mucho tiempo pensé en el contraste entre la piel plástica de los maniquíes y la carnalidad de la modelo de la foto, pero lo descarté por obvio: yo mismo había diseñado decenas de escaparates así. ¿Era el foco de luz que parecía surgir de la frente de la modelo y la convertía en una diosa de la sensualidad? Fue en aquel momento cuando tropecé con el bordillo. En el suelo, antes de poder darme cuenta de si me había hecho daño o no, vi la foto tan de cerca que caí en la cuenta. Lo que me atraía desde la primera vez que vi la imagen era lo reflejado en el espejo: una bicicleta vieja y las piernas de la fotógrafa. ¿Tienes su teléfono?

-Pero qué raros sois algunos hombres.


(Esta entrada parte de una propuesta de Aldabra, autora del interesante blog Congo y yo, a partir de la cual nos intercambiamos fotografías para que cada uno hiciera el texto de la foto del otro. Ella publicó mi foto y su texto hace unos días.)

lunes, 11 de mayo de 2009

La no muerte de don Quijote, estatua cervantina en Valladolid y noticias de nuestra lectura

Hay un momento, en el último capítulo, en el que Don Quijote parece muerto. Tan es así, que Sancho hace una parodia de planto:

-¡Oh flor de la caballería, que con solo un garrotazo acabaste la carrera de tus tan bien gastados años! ¡Oh honra de tu linaje, honor y gloria de toda la Mancha, y aun de todo el mundo, el cual, faltando tú en él, quedará lleno de malhe[c]hores, sin temor de ser castigados de sus malas fechorías! ¡Oh liberal sobre todos los Alejandros, pues por solos ocho meses de servicio me tenías dada la mejor ínsula que el mar ciñe y rodea! ¡Oh humilde con los soberbios y arrogante con los humildes, acometedor de peligros, sufridor de afrentas, enamorado sin causa, imitador de los buenos, azote de los malos, enemigo de los ruines, en fin, caballero andante, que es todo lo que decir se puede!

¿Pensó Cervantes, en algún momento, matar a su personaje al final de la primera parte? Si lo pensó, a estas alturas ya lo tenía descartado: el personaje merece la posibilidad de una continuación y así se nos promete, dándonos, incluso, algunas líneas generales de lo que, a la altura de 1604, pensaba hacer Cervantes en ella.

No es sólo por eso por lo que no muere don Quijote. Esta primera parte no puede tener este final porque se necesita la vuelta a casa del personaje molido a palos, para demostrar que el mundo ya no admite caballeros andantes. O, al menos, que los caballeros andantes de la nueva época ya no podían ser los de antes: héroes legendarios, individuales y con una fuerza sobrehumana. A la vez que defendía un tipo de novela verosímil y realista, apta para contar el mundo real desde su propio rasero, Cervantes defendía -como hemos visto en varios personajes de la novela y comprobaremos definitivamente en la Segunda parte- un tipo de héroe que pueda ver los problemas desde lo humano y, en especial, desde las necesidades colectivas: esta sociedad no admite don quijotes pero éste Don Quijote tampoco es la solución real para esta sociedad.

Pero necesita que, en algún momento, parezca que va a morir. En primer lugar, para despertar la expectativa del lector: ¿va a dejar morir, se pregunta, a este personaje que tanto nos ha acompañado en nuestro tiempo de lectura? En segundo lugar, por una cuestión de lógica narrativa interna: si toda la aventura de don Quijote es una parodia, su muerte también debe serlo y venir acompañada del planto que se les hacía a los caballeros cuando morían. Y de eso se encargará Sancho. Acto seguido, Don Quijote vuelve como Don Quijote, no como Don Alonso. Ya está preparado para su tercera salida.

Estatua cervantina en Valladolid

En Valladolid, ciudad en la que Cervantes residió unos años acompañando a la Corte en tiempos en los que redactaba el Quijote, hay varios lugares que conmemoran su figura. Traigo aquí una imagen de su estatua, que se encuentra en la Plaza de la Universidad. Obra de Nicolás Fernández de la Oliva, data de 1877. Aunque inicialmente se levantó frente a la casa en la que se cree que residió Cervantes, se situó finalmente frente a la fachada barroca de la Universidad vallisoletana en 1889. En esta imagen de Cervantes se reúnen su condición de soldado y de escritor.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares. En cuanto a los autorretratos quijotescos, ya sabéis que volverán, así que podéis seguir mandándomelos, que no tardaré en publicarlos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote


Jan Puerta construye su comentario, con acierto, para terminar con el crecimiento de Sancho como personaje, que se manifiesta finalmente en este capítulo. No os perdáis en su entrada ni el magnífico autorretrato del lector que escribe ni los datos sobre los ilustradores del volumen en el que lee.


Pancho comenta las partes esenciales del capítulo de esta semana, pero os quiero llamar la atención sobre lo acertado de su interpretación final: en efecto, la obra tiene estructura circular, pero no hemos vuelto al punto de partida.

Manuel ha publicado su comentario del capítulo de esta semana incidiendo con acierto tanto en la acumulación de cosas que se dan en sus páginas como en la cuestión del tiempo y el espacio de la obra. Y acompaña la imagen de la Calle de Cervantes de Sanlúcar de Barrameda, para nuestra colección de iconografía cervantina.

Abejita se ha fijado en las zurras del capítulo para escribir el título de su entrada. Además de su comentario, dejadme hoy que os recomiende las imágenes. Graciosísima esa ensalada de canónigos sobre fondo quijotesco. También nos regala una visión primaveral de la estatua cervantina del burgalés Paseo de la Isla.

Juan Luis comenta los capítulos 23 y 24, en Echarse al monte. En su entrada hay toda una honda reflexión sobre la derrota y la locura.

Javier publica su comentario en imágenes del capítulo de esta semana. Vuelve a darnos una lección de selección de las frases que explican el texto y en la ilustración con imágenes que doblan y juegan con el Quijote.

Burgostecarios da cuenta de un libro cuya publicación en español reflejamos aquí, el de la psicóloga Françoise Davoine, que usaba el Quijote para combatir la melancolía. Os remito a su reseña para ampliar la información.

Antonio Aguilera ha hecho un divertido comentario del capítulo, como siempre, en el que no se le escapa ni la transustanciación de Sancho... Eso sí, por ahora, a Ojito lo tendremos que espera.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook,
aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada,
aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado, 9 de mayo de 2009

Acuse de recibo: Todos crecen menos Peter. La creación del mito de Peter Pan por J.M. Barrie


Todos tenemos el recuerdo de un niño que no quería crecer. Con los cuentos infantiles sucede, con harta frecuencia, que cada uno ha oído una versión diferente y, al poner en común los relatos, aparecen contradicciones e incluso aparecen personajes y fragmentos de la historia que no concuerdan. Por eso, la mejor forma de comprender cualquier relato es reducirlo a su esquema básico, porque el resto es argumental.

Algo así sucede con la historia de Peter Pan, el niño que no quería crecer. Pan es un preadolescente que, como tal, presenta comportamientos de niño, de adolescente y de adulto, que puede jugar con los roles tradicionales para olvidarlos de forma inmediata, que hace promesas solemnes que no cumplirá porque no tiene memoria para la responsabilidad, vanidoso, valiente y desamparado, que ha fabulado su propia historia como si fuera un personaje de cuento, que sabe volar pero no puede comprender la frontera entre la ficción y la realidad, que es tremendamente atractivo para una joven adolescente pero también insoportable por su escasa seriedad en lo cotidiano. Para él la vida es un presente lleno de aventuras: descubre el mundo como si éste fuera su oficio, pero no quiere colonizarlo porque eso significaría hacerse mayor. Todos tenemos unos confusos recuerdos de su historia, en los que se mezclan las adaptaciones infantiles y versiones que vimos de adultos. Curiosamente, según el momento en el que cayera en nuestras manos su historia y el formato (relato corto, novela, obra de teatro, danza, película de dibujos animados o con actores), recordaremos diferentes niveles: desde la sencilla ingenuidad de un niño que vuela y vive aventuras dignas de ser envidiadas, hasta situaciones con sexualidad latente y la oscura tristeza de Wendy cuando, ya mayor, recibe de nuevo la visita de un Peter que no ha crecido, que no recuerda casi nada de sus aventuras, y al que ya no puede acompañar.

El personaje fue creado por la extraña personalidad del escritor escocés J.M. Barrie, un autor muy popular en su tiempo del que sólo ha permanecido la historia de Peter Pan. En ocasiones ocurre que un autor con decenas de obras sólo traspase el tiempo por una de ellas gracias a que ésta contiene claves que son atemporales. Es lo que sucede con Peter Pan, que construye extraordinariamente el momento biográfico en el que toda persona se enfrenta a la transición hacia la edad adulta.

Hacía falta en español un libro que explicara la creación de Peter Pan, su construcción como personaje y las claves psicológicas que lo convierten en un mito. Silvia Herreros de Tejada ha escrito un magnífico ensayo sobre el tema en Todos crecen menos Peter. La creación del mito de Peter Pan por J.M. Barrie (Madrid, Lengua de Trapo, 2009). Recibió el VII Premio de Ensayo Caja Madrid fallado por un jurado compuesto por Joaquín Estefanía, Fernando Savater y Víctor Pérez Díaz. El libro está dividido en un Prólogo (La vida como juego de roles) y cuatro partes: Peter Pan. Náufrago; Peter Pan preadolescente; Peter Pan. El doble; Peter Pan. El mito.

Herreros de Tejada explica las claves de este mito. En primer lugar, su minuciosa gestación a lo largo de varias obras de Barrie. Luego, la condición de perdido del protagonista, náufrago entre muchas situaciones vitales; su ambigüedad psicológica como preadolescente, en especial en la relación con los personajes femeninos de la obra; la personalidad compleja que supone y el definitivo asentamiento como mito que se reproducirá inevitablemente dentro y fuera de la obra.

Un libro necesario, bien escrito, que ayudará al lector en español a comprender la complejidad de un personaje que va mucho más allá del cuento infantil y que contiene aristas no siempre agradables. Herreros de Tejada ha escrito un excelente ensayo. Debería continuarse en otro, necesario y aun no escrito en español: la recepción del mito a lo largo de las generaciones, cómo en algunas ocasiones ha predominado en ella la simplificación facilona y edulcorada y en otras se recuperan los aspectos menos amables. Explicaría muchas cosas porque un mito es no sólo su principio constitutivo sino su actualización posterior.

viernes, 8 de mayo de 2009

La prensa local


Hubo una época en España, no hace tanto como ahora nos parece, que la libertad de prensa no existía. En aquellos tiempos nos acostumbraron a leer entre líneas. Se desarrollaron técnicas para burlar la censura: insertar en las noticias algunos párrafos evidentemente destinados al lápiz rojo del censor para que pasaran desapercibidos otros (es proverbial la tosquedad de los censores); informar de los acontecimientos como si no tuvieran importancia e incluso con humor para que no merecería la pena tachar el texto o se dudara lo suficiente de su intencionalidad como para pensar que se estaba de parte del pensamiento oficial; y dar a conocer actos contrarios al Gobierno criticándolos como si el redactor se sumara incondicionalmente al régimen pero dando los suficientes datos como para que el lector advertido comprendiera lo acontecido. Los directores de los periódicos eran llamados al Ministerio de la Gobernación con harta frecuencia y tenían que debatir con censores de todo pelaje: desde aquellos que querían simpatizar con el periodista y se excusaban en el hecho de que cumplían un trabajo hasta los que se habían convertido en fanáticos perseguidores de todo lo que oliera a un ataque a las bases que constituían el régimen franquista, sobre todo en cuestiones políticas, religiosas y morales.

En aquellos tiempos yo era un niño que leía un gran periódico: en tamaño -aun recuerdo el formato y, si cierro los ojos, puedo pasar sus hojas, ver sus viñetas de gatos que se usaban para completar espacios, recorrer sus columnas y admirar la elegante tipografía- y en calidad. El Norte de Castilla (una de las cabeceras más veteranas de la prensa española puesto que fue fundado en 1854), dirigido directa o indirectamente por Miguel Delibes y que contó en su redacción con nombres como Umbral y Manu Leguineche. Por mi edad, no podía ser consciente, pero después he podido estudiar el combate de Delibes por ir ampliando el margen de libertad en la información del periódico. Está constatado, por ejemplo, cómo cultivó un cierto regionalismo castellanista que no era del agrado del régimen, empeñado en una foto fija y folklórica de lo que era Castilla y logró publicar información real sobre la situación del campo castellano. Esto mismo se puede encontrar en las novelas de Delibes de aquellos tiempos.

La prensa local de algunas localidades se permitía ciertas libertades que no eran posibles en la nacional. Establecieron una compleja red de intereses con grupos de empresarios locales que permitían ciertos riesgos. Como la venta de la prensa nacional en provincias no podía compararse, en aquellos años, con la de los periódicos locales, estos ejercían un papel de información, opinión y cierta presión al poder siempre y cuando, claro, no tocara de forma directa los temas que no debían abordarse y se acogiera en sus páginas la carta pastoral del obispo o ecos de sociedad de las familias de orden. No sucedía igual en todas las cabeceras, por supuesto.

Por eso, la evolución de la prensa local en los últimos años debe estudiarse con cuidado. La mayor parte de los periódicos de provincias pertenecen hoy a grupos con intereses nacionales que exceden, con mucho, lo local: las líneas empresariales se deciden fuera de la localidad en la que se publica. El Norte de Castilla de mi infancia, por ejemplo, fue comprado por el Grupo Correo y hoy está integrado en el Grupo Vocento. Algunas cabeceras locales no son más que una delegación de una nacional. Incluso los pocos periódicos locales en los que esto no ocurre, las empresas están ligadas a sectores financieros externos o son el núcleo de un grupo propio establecido en otras provincias y cuyos intereses, por lo tanto, ya no son exclusivamente locales.

Curiosamente, en un mundo globalizado como el nuestro nunca ha sido más importante el fortalecimiento de los medios de comunicación locales y la constitución de empresas dedicadas a la información cuya supervivencia no esté condicionada por las subvenciones de las administraciones ni por la publicidad institucional, que ayuda económicamente pero afecta a la independencia en la opinión. Pero esto, en España, por ahora, no se da en la medida en la que sería deseable.

Deberemos dedicar alguna entrada más de esta serie sobre la prensa a esta cuestión.