sábado, 28 de febrero de 2009

Primer balance de la lectura y noticias de nuestro Quijote


El pasado jueves publiqué la entrada número 90 de la serie Para una lectura del Quijote. En ella se encuentran tanto los comentarios semanales de los capítulos correspondientes como las noticias sobre nuestra lectura que se publican, casi siempre, los sábados.

Para los que os habéis incorporado recientemente, cabe recordar que nuestra lectura colectiva y virtual consiste en el comentario, cada semana, de un capítulo de la novela, completado por vuestras aportaciones, bien en la entrada del jueves, bien en vuestros blogs. Estáis invitados a hacer aportaciones de todo tipo: si repasáis las noticias semanales veréis que hay de todo tipo, que no hace falta que sean obligatoriamente eruditas.

De todo ello se da cuenta en las Noticias. También en ellas publico lo que me habéis enviado: sugerencias e imágenes. Aquí se ha visto desde cromos infantiles hasta los autorretratos quijotescos, que tanta fortuna han tenido y que os invito a seguir remitiéndome.

La lectura colectiva comenzó el jueves 24 de abril de este mismo año, con la entrada titulada Primera capa de la cebolla: Cervantes se presenta y nos engaña con la verdad. Una vez lanzado el guante, publiqué la Invitación a leer el Quijote unas horas después, ese mismo jueves.

Desde entonces, sois muchos los que os habéis unido a esta locura. Algunos de forma explícita, otros de forma anónima. Muchos que no se atreven a comentar o a utilizar sus blogs, me hacen constar lo útil que les resulta. Sé de algunas universidades que usan esta lectura como propuesta didáctica, también me han llegado noticias de centros de otros niveles educativos.

Desde el principio he querido que esta lectura fuera amena y útil, que animara a muchos a acercarse al Quijote y a otros a usar, en su docencia, todo el material que se ha ido generando. Por primera vez, la web 2.0 permite que se unan en el mismo proceso de recepción gente con una gran formación académica especializada con otros que son meros lectores; algunos que buscan secretos cifrados en las palabras cervantinas con otros que sólo desean el placer de la lectura. Y que todo aquel que quiera pueda dejar constancia de lo que ha sentido con su lectura, de las ideas que han surgido, de los recuerdos que han brotado. Supongo que, dentro de un tiempo, todo esto merecerá una meditación por parte de un teórico de la recepción literaria o de un sociólogo.

De lo que estoy seguro es de que, para todos los que participamos, será inolvidable. Todos nos acordaremos de estos meses que pasamos juntos esperando el jueves de cada semana.

Algunos de vosotros os habéis descolgado del ritmo de lectura. Es lógico: la vida apremia, a pesar de que un capítulo semanal no sea algo excesivo. No importa: sabéis que mantengo activas las entradas pasadas y que respondo a vuestros comentarios y preguntas. Además, en las noticias, doy cuenta de las aportaciones a capítulos ya leídos.

Aquellos que os incorporéis ahora a la lectura o estéis pensando hacerlo, podéis ver algunas sugerencias aquí.

Por mi parte, puedo decir que esta lectura del Quijote -no sé ya el número de veces que lo he leído- es la mejor que he hecho, de la que más disfruto. Y que se debe a vosotros, porque sin vuestras aportaciones no sería lo mismo.


Noticias de nuestra lectura del Quijote

A partir de la próxima semana, en las Noticias se inicia la publicación de imágenes relacionadas con motivos del Quijote: veremos primero un Sancho y un Quijote argentinos remitidos por un gallego. Os invito a enviarme todo tipo de fotografías -deben ser originales- con monumentos u otros motivos que hagan referencia a la obra. Sigo recogiendo autorretratos quijotescos para publicarlos un poco más adelante (recordad que se os puede reconocer o no, pero que o bien tenéis un ejemplar del Quijote o bien estáis en actitud quijotesca).


Abejita de la Vega comenta el capítulo XLI viendo muy bien el cambio de relato bélico a aventura sentimental, que la ha atrapado y haciendo un buen resumen de sus motivos centrales. También ha publicado la opinión de Sanchico, vía Ele Bergón, sobre cómo a unos les gusta más la historia del cautivo cuando gira hacia lo sentimental. Cuánto sabe este muchacho. Además, ha alcanzado el ritmo de lectura con el comentario del capítulo XLII: El oidor ninguna vez había sido tan oidor, buen resumen que incide en los aspectos esenciales y hasta en la ropa (y la oreja) del oidor.

Manuel ha hecho una certera entrada relacionando don Quijote con el carnaval. Muy acertada, porque desde bien temprano tenemos constancia de la presencia de gente disfrazada de don Quijote y Sancho en los carnavales del XVII. No os la perdáis.

Javier sigue con su comentario en imágenes del Quijote, sacadas de los escaparates comerciales. Para el capítulo de esta semana nos propone una Clara con secretos y una visión de los dos hermanos con juego de perspectiva.

Antonio Aguilera, con la colaboración inestimable de Ojito, publican una inteligente contravisión del capítulo XL en la que ven en el final del cautivo un sueño cervantino. El pobre don Miguel, como sugiere la imagen de su entrada, tenía cosas más serias que soñar que la crisis económica.

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Vale.

viernes, 27 de febrero de 2009

Luis Mateo Díez, VII Premio de la Crítica de Castilla y León.


Este año, el Premio de la Crítica de Castilla y León, patrocinado por el Instituto de la Lengua, ha recaído en Los frutos de la niebla, de Luis Mateo Díez. Este Premio, de cuyo jurado formo parte desde hacia varias convocatorias, selecciona la mejor obra de un autor castellano-leonés publicada en el año anterior. Luis Mateo Díez ha sido uno de los autores presentes en todas las convocatorias y este año, finalmente, lo ha obtenido por una obra compuesta por tres historias: tres novelas breves que cierran un excelente ciclo de su obra, Las fábulas del sentimiento, compuesto por El diablo meridiano, El eco de las bodas y El fulgor de la pobreza.

Sigo a Luis Mateo Díez, uno de los autores españoles más fieles a su propio estilo, desde sus primeras obras y ésta que hemos premiado es una de las que más me han satisfecho, siendo muchas las que me han gustado. Los retratos de los personajes, el ambiente que crea desde la aparente falta de grandes conflictos, por datos que van construyendo el mundo interior con una mirada que impacta al lector para inquietarlo sin alardes técnicos, son algunas de sus mejores características.

De los 10 finalistas, a la ronda final de votaciones pasaron otras dos obras recomendables: Luis García Jambrina, El manuscrito de piedra (un relato que conjuga con acierto la novela histórica y la policíaca para abordar la especial situación de la vida de Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, en sus tiempos de estudiante de la Universidad de Salamanca) y Abel Hernández, Historias de la Alcarama (una historia sobre el mundo rural y la despoblación, que atrapa tanto a los que vivieron aquellos momentos en los que se vaciaron tantos pueblos castellanos como a los más jóvenes).

Recodemos que, el mejor premio, es leer estas obras.

jueves, 26 de febrero de 2009

El cautivo, en familia (Cap. 1.42)


Este capítulo se destina a cerrar la historia del cautivo, engarzándola con la realidad múltiple de la venta y proponiendo una nueva situación en sus últimas líneas, para animar a la lectura del siguiente, como es habitual en el Quijote.

Como había sucedido tras la novela del Curioso impertinente, se hace expresa crítica sobre la historia del cautivo, con las claves cervantinas sobre cómo debe ser una novela breve de este tipo:

-Por cierto, señor capitán, el modo con que habéis contado este estraño suceso ha sido tal, que iguala a la novedad y estrañeza del mesmo caso. Todo es peregrino y raro, y lleno de accidentes que maravillan y suspenden a quien los oye; y es de tal manera el gusto que hemos recebido en escuchalle, que, aunque nos hallara el día de mañana entretenidos en el mesmo cuento, holgáramos que de nuevo se comenzara.

Obsérvese que hay un error que delata el trabajo continuo con la estructura del Quijote y denuncia la falta de lima suficiente en una última lectura sosegada que jamás pudo realizar Cervantes, de lo que ya hemos hablado.

El error, menos evidente que otros si nos ha ganado la trama, consiste en que la noche cae dos veces y por segunda vez se cena.

Anochecer y cenar ya había sucedido en el capítulo 37, como aquí. Sin duda, el error se debió a la introducción del discurso sobre las armas y las letras como prólogo de la aventura del cautivo -lo que nos recuerda que este marco explica lo que le pasa al valiente soldado y sus hermanos-. Cervantes consideró que dicho discurso debía darse durante la cena -por comodidad de los oyentes y por paralelismo con el discurso sobre la edad de oro- y se le olvidó rectificar el texto del presente capítulo, con lo que, a la llegada del oidor y de su hija, se vuelve a cenar.

Si la primera cena servía de prólogo a la historia del cautivo, la segunda será su epílogo.

En efecto, desde la llegada del oidor -acompañado de una joven tan hermosa como las allí presentes, su hija Clara-, don Quijote alude de nuevo al debate sobre armas y letras:

-Seguramente puede vuestra merced entrar y espaciarse en este castillo, que, aunque es estrecho y mal acomodado, no hay estrecheza ni incomodidad en el mundo que no dé lugar a las armas y a las letras, y más si las armas y letras traen por guía y adalid a la fermosura, como la traen las letras de vuestra merced en esta fermosa doncella, a quien deben no sólo abrirse y manifestarse los castillos, sino apartarse los riscos, y devidirse y abajarse las montañas, para dalle acogida. Entre vuestra merced, digo, en este paraíso, que aquí hallará estrellas y soles que acompañen el cielo que vuestra merced trae consigo; aquí hallará las armas en su punto y la hermosura en su estremo.

No se queda ahí la continuidad del debate. Una vez que el cautivo identifica al oidor como su hermano -el segundo de los tres que salieron de la montaña leonesa-, se avergüenza de su estado y pobreza, frente al éxito social y la opulencia que manifiesta el recién llegado. En la conversación posterior, sabremos que el tercer hermano marchó a América y se ha hecho rico. Dos carreras de éxito, sin duda.

Observemos el giro: el protagonista de la novela que nos ha emocionado por su valentía, decisión y anécdota sentimental, no se atreve a manifestarse ante su hermano, se esconde de él por temor a no ser aceptado, y delega este hecho en el cura -de nuevo como zurcidor de historias-. Es decir, el que de los tres se había dedicado a las armas (que tanto había elogiado don Quijote en su discurso y cuya vida aventurera nos había emocionado), queda rebajado socialmente ante sus hermanos, que se han hecho ricos por el camino de las letras.

Qué gran ironía cervantina, cuánto puede haber de denuncia y de decepción ante la España del momento al verse reflejado en aquel capitán cautivo: el que ha entregado su vida y su libertad al Imperio vuelve sin nada. Los que escogieron otros caminos, menos arriesgados, han tenido un enorme éxito.

Por supuesto, para la finalidad de la novela, debe amortiguarse este motivo y el oidor alaba a su hermano y su oficio y lo acoge con gran alegría y orgullo una vez producida la anagnórisis. Pero los lectores no podemos dejar de ver a Cervantes recordando a la sociedad española el olvido en el que caen los componentes de los Tercios.

Capítulo breve, broche rápido pero suficiente a la historia del cautivo, que nos pone al inicio de una nueva: un mozo de mulas entona una melodía que termina por anular el sueño a los que le escuchan.

Pero si queréis saber qué sucede, os cito el próximo jueves, con la lectura del capítulo XLIII.

miércoles, 25 de febrero de 2009

La primavera está a la distancia exacta de un invierno


-¿Es cierto?
-Sí. Me ama, pero me ha dicho que la primavera está a la distancia exacta de un invierno.
-Estamos ya a finales de febrero. Y unos pocos quilómetros hacia el sur los almendros ya han florecido.
-Aquí la flor del azahar es lenta e incierta, ya lo sabes.
-Quizá convendría tirarle un limón a la cara. Para ver si despierta y se arranca.
-Cómo deseo, este año, que se abra el sol sobre los campos.

martes, 24 de febrero de 2009

Paisaje


Hace unos días estuve en Soria por motivos profesionales. Al bajar del autocar y mirar la chapa del vehículo, comprendí por qué hay gente que, cuando llega al destino de su viaje, se sacude con desesperación la ropa y se acicala el aspecto. En pequeñas láminas, todo el paisaje se había adherido, de tal forma que, con un poco de delicadeza, uno podía desprender los negativos de las calles, los ríos y los árboles, los campos cultivados y las viñas, las nubes y los cielos que anuncian la primavera. Los que quieren llegar sin el polvo del camino suelen ser también aquellos que cierran las cortinas para mirar una película, casi siempre ya vista; personas que no quieren viajar, en realidad, porque sólo van al destino. Aquellos para los que los quilómetros son mero trámite para continuar con su misma vida.

lunes, 23 de febrero de 2009

Y toda la tristeza era ésta


Y toda la tristeza era ésta, condensada en un día de febrero, enlatada y vendida en un puesto de Carnaval, junto a pelucas imposibles, uñas maléficas y almendras garrapiñadas. ¿Alguna vez el Carnaval fue de verdad libre o sólo grotesca forma de evitar ser rebeldes a cara descubierta? Conozco bibliotecas de antropólogos que celebran la trasgresión de estos días, pero sé que nunca don Carnal dio lugar más que a charanga y dolor de estómago: el ratón pincha con un alfiler el pie del gigante y se cree menos esclavo. Pasea y medita lejos del ruido: se oye mejor la certeza.

domingo, 22 de febrero de 2009

Collioure, 22 de febrero de 1939


Una de las muertes más tristes de todos los exilios de España se produjo hace 70 años, en Collioure. Un hombre de 63 años, acompañado de su madre anciana, cruzó la frontera junto a medio millón de compatriotas en un invierno frío, que helaba por dentro y fuera. La madre preguntaba por Sevilla. El hijo llevaba toda la melancolía dentro.

Tuvieron más suerte que muchos de sus compatriotas, que acabaron en los campos de refugiados, y pudieron pasar sus últimas días en un pequeño hotel, en el que don Antonio Machado miraba hacia dentro el drama de España y hacia fuera el dolor de su madre. Don Antonio nunca fue un hombre alegre, pero esos últimos meses había comprendido la razón de todas las tristezas. Enfermaron: murió él primero, unos días después su madre.

La leyenda quiere que su último verso fuera el resumen de su obra: Estos días azules y este sol de la infancia.

Sin ruido, la sombra de don Antonio se alejó de aquella cama, se subió la solapa del desastrado abrigo, corrigió el ala de su sombrero, encendió su último cigarro, metió las manos en los bolsillos y caminó, paseo abajo, entre los álamos yertos, hasta el Duero. Iba pensando Españas y cantando versos en voz baja.

sábado, 21 de febrero de 2009

Una historia mediterránea, primer balance de los autorretratos y noticias de nuestro Quijote


Una de las cuestiones que siempre me ha llamado la atención en la historia del cautivo es su condición Mediterránea. Ya hemos aludido, al hablar de los componentes autobiográficos del relato, al sentimiento que debía inundar a cualquier joven español que se enrolara en los Tercios o en otro cualquiera de los cuerpos militares españoles y saliera, desde su localidad, a recorrer el mundo: aquel territorio extenso en el que España tenía tantos intereses. Es difícil de comprender para nosotros, que vivimos en un mundo tan globalizado que nos podemos comunicar en décimas de segundo con alguien que esté en nuestras antípodas.

Pero en el relato del cautivo hay algo más, algo que hace de esta novelita un texto de literatura mediterránea, como lo fue la inaugural Odisea. El Mediterráneo como ámbito y tema ha llegado hasta nosotros con la misma fuerza que entonces, aunque con otro significado. De los últimos escritores españoles que lo han tratado, ha de resaltarse, siempre, a Manuel Vicent, inundado de su luz en cada página que escribe.

Nuestro cautivo ha salido de León para recorrer todo el Mediterráneo y llevarnos a nosotros con él: desde las costas españolas a las italianas, Lepanto, Constantinopla, La Goleta, Orán, Argel, Mallorca... para terminar de regreso en Vélez Málaga, casi igual que los inmigrantes ilegales que hoy llegan a nuestra costa con la esperanza de una vida mejor.

Pero no hay sólo geografía en este relato, sino vida: barcos de las armadas españolas y turcas, pequeños pesqueros, corsarios turcos y franceses. Hay batallas y paz, emociones, ideales y esperanzas. Aunque el argumento se irá derivando hacia lo políticamente correcto, percibimos en las alusiones a la vida cotidiana de Argel la presencia de cristianos de diferentes procedencias y condición (esclavos, libres, negociantes, frailes), moros, turcos, renegados, etc. En aquel tiempo, en el que el máximo empeño colonizador se daba en América, aun el Mediterráneo era el latido del mundo y eso se percibe en este relato.

Hasta en el mito. Hay un guiño que deja caer Cervantes en el capítulo 41. Se menciona que encuentran refugio en un lugar conocido por la Cava Rumía:


que en nuestra lengua quiere decir La mala mujer cristiana; y es tradición entre los moros que en aquel lugar está enterrada la Cava, por quien se perdió España, porque cava en su lengua quiere decir mujer mala, y rumía, cristiana; y aun tienen por mal agüero llegar allí a dar fondo cuando la necesidad les fuerza a ello, porque nunca le dan sin ella; puesto que para nosotros no fue abrigo de mala mujer, sino puerto seguro de nuestro remedio, según andaba alterada la mar.


con tan pocas líneas, Cervantes introduce la narración del cautivo en la tradición legendaria de la pérdida de España a causa de los amores del último rey godo, don Rodrigo, con esta mujer. ¿Hay algo más en esta alusión de Cervantes? Me gusta imaginarlo con una sonrisa inteligente en los labios al redactar este párrafo, puesto que es allí en donde hace que este grupo de personajes tan heterogéneo encuentren refugio: justo a la sombra de la mujer culpable, según la leyenda, de la pérdida de España.


En fin, relato Mediterráneo, en el que se percibe el rumor de las olas de este mar que volveremos a encontrar, aun más simbólico, en la Segunda parte.


Primer balance de los autorretratos quijotescos.


Con la publicación del de Pancho la semana pasada, doy fin a la primera serie de autorretratos quijotescos. Desde la publicación del correspondiente a Fernando Portillo el día 8 de noviembre, habéis sido varios los que os habéis querido sumar a esta iniciativa y que aquí os enlazo por si queréis hacer un repaso de esta feliz contribución a nuestra locura: Euphorbia (de la que nos gustaría su pronto regreso al mundo virtual), El Ente (que no se ha ido pero está a ratos, por ahora), Javier, Dianna (a la que deseamos que el problema de salud de su hija se resuelva lo antes posible), Carmensabes, de nuevo Fernando Portillo, Manuel Tuccitano, Kety, Abejita de la Vega, DeGamonal, Selma, Jan Puerta y Pancho.

No he terminado con los autorretratos, aunque haremos una pausa para publicar otro tipo de material fotográfico que me habéis remitido, muy ilustrativo de la extensión de la iconografía del Quijote.

Podéis seguir mandándome vuestros autorretratos, puesto que en pocas semanas volveré a iniciar otra serie con ellos. Incluso podéis repetir los que ya habéis participado. Recordad que podéis haceros un autorretrato en el que se os reconozca o no. La única condición es que aparezca un volumen de la obra o estéis en actitud quijotesca. Mandádmelo por correo electrónico para publicarlo. Será un buen testimonio de esta locura colectiva.

También podéis hacerme llegar cualquier tipo de material fotográfico alusivo al Quijote.

Noticias de nuestro Quijote

Abejita de la Vega publicó su comentario sobre el capítulo XL centrándose en la figura de la joven mora, desde el título -Nuestra Señora de la Caña- hasta el genio que se le va despertando a la joven, que no es tan tímida como parecía en un principio. También publica la opinión del Sanchico, vía Ele Bergón, sobre esta historia: está claro que el muchacho no está para las historias enrevesadas.

Manuel, al comentar el capítulo de esta semana, con la fuga de Argel del cautivo y Zoraida, documenta cómo fue la estancia y rescate del propio Cervantes en Argel. Imprescindible para conocer lo autobiográfico del relato.

Javier García Riobó sigue con su comentario en imágenes del Quijote. En el del capítulo XLI nos da, de nuevo, una lección. No es sólo que sea difícil captar las imágenes requeridas en la calle, jugando con la publicidad y los escaparates, es también otra cosa que no quiero que se nos escape: la propuesta narrativa que esconde y la selección, tan acertada, de las citas. Por eso, el final de su comentario semanal es tan certero.

Antonio Aguilera, en feliz compadreo con el recuperado Ojito, ha hecho un excelente comentario del capítulo XXXIX, que nos debían. No os perdáis la forma de explicar el argumento del relato del cautivo y el homenaje a nuestro Manuel Tuccitano. ¡Divertida y genial esta entrada!


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Vale.

viernes, 20 de febrero de 2009

Un regusto metálico


A veces, un regusto metálico en la boca. Como cuando un cuchillo penetra en la carne, descosiéndola, para hallar el exacto lugar de la primera puntada.

jueves, 19 de febrero de 2009

La fuga de Argel (Cap. 1.41)


En gran medida, el relato del cautivo se transforma, en este capítulo, en el de la fuga de Zoraida, la hija de Agi Morato. Todo gira en torno a su figura, que llama la atención de todos los que la conocen, como lo hizo nada más llegar a la venta.

El cautivo explica los pormenores del caso (aunque, al final, dice que ha callado alguna circunstancia por no enojar a los que le escuchan), pero siempre la figura de la joven está presente.

Ya sabemos que fue ella quien, con su decisión, le escogió no sólo para marcharse a tierras cristianas sino también como futuro esposo. Ahora se nos relata cómo se conocen y él queda prendado de su hermosura. Con la excusa de recoger unas hierbas para una ensalada, entra en el jardín de Agi Morato y hace que sea el propio padre –convertido así en personaje de comedia bufa- el que traduzca a su hija frases con doble significado sobre los planes de fuga y los avatares sentimentales de ambos (en especial a ella le interesa conocer si él está o no casado en su tierra).
Cuando ponen en marcha el plan, ella aparecerá, previsora, cargada de joyas y un arcón con dinero. Ayudados por otros cautivos y el renegado, se hacen con una barca a la que deben subir tanto al padre –que aparece en el momento más inoportuno-, como a otros moros a los que, finalmente, abandonan en tierra africana antes intentar el salto a España.

En todo el capítulo hay un substrato de circunstancias contemporáneas que le dan una fuerte verosimilitud y que son parte esencial del efecto que consigue: el lenguaje marinero, la amenaza de barcos corsarios, las distancias a Mallorca o la Península, la noche y los vientos que empujan el barco a la costa, la aparición en mitad de la noche de unos corsarios franceses que los apresan, la llegada a tierras españolas y a la aparición de la caballería que protegía la costa de incursiones turcas, etc.

Sobre estos motivos verosímiles, se construye la trama de la fuga. En ella destaca la entereza y decisión de Zoraida, el carácter tragicómico de su padre, el comportamiento caballeresco de los cautivos y el renegado o, incluso, el comportamiento de los corsarios franceses. No hay que olvidar el reencuentro de uno de los compañeros de fuga con su tío, en Vélez Málaga, y la honestidad del trato entre cautivo y mora (sirviéndola yo hasta agora de padre y escudero, y no de esposo).

Observemos cómo Cervantes teje el relato del cautivo sobre un fondo muy real para transformarlo en una historia de aventura, religión y amor en el que triunfa el ideal por encima de las dificultades: una proyección optimista, sin duda, que sería del agrado de sus lectores.

Pero no ha terminado esta historia. Lo veremos en el capítulo XLII la próxima semana.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Fernando Portillo y la sensación de estar en casa


Hace unos días, comí con Fernando Portillo, al que tenía ganas de conocer personalmente. Tuvo la amabilidad de invitarme a un excelente cocido casero, de esos que hay que comer con pausa y orden y la conversación necesaria en una larga sobremesa: sopa, garbanzos y carne (un codillo que, por sí solo, bastaría para llenar una comida) y un buen café.

Fernando, memorialista, escritor, hombre dedicado a la música (el jazz, en Burgos, le debe mucho), el mundo de la comunicación y la literatura, que ha colaborado en su larga trayectoria profesional en varios periódicos y ahora lo hace en La Palabra, es un gran conversador, de esos en los que cualquier diálogo se convierte en verdadero intercambio de ideas y emociones y no una confrontación de monólogos.

Hablamos de blogs, de prensa, de cuestiones locales y de fuera, de literatura, de conocidos y desconocidos, del pasado y el presente. Y de proyectos. Fueron horas en las que yo me sentí muy a gusto, como si estuviera en casa, en esa casa que nunca he tenido de verdad después de que salí de la de mis padres: Fernando y su familia me acogieron con la naturalidad y el cariño de los que abrazan a alguien como si lo conocieran de siempre. Y lo hicieron en la casa en la que nació el mismo Fernando, puesto que antes uno nacía en el hogar y tenía más cerca sus raíces.

Desde hace muchos años, mi vida es una suma de quilómetros y paisajes, de habitaciones en diferentes ciudades, de mudanzas en las que los libros aguardan su destino en cajas. Se me ha ido royendo el tiempo, pero no el ánimo. No lo llevo mal porque me echo al viaje, a la manera del vilano, como quien sabe que es parte de su vida. Pero cuando se encuentra un hogar como el de Fernando, uno tiene la tentación de quedarse en él y que lo adopten.

martes, 17 de febrero de 2009

De premios literarios y plagios. Consejos para el escritor que se presenta a un premio sin obra conocida.

Que muchos premios literarios son pura fachada mediática de las editoriales que los convocan, es vox populi. En estos premios, hay que mirar el título del que ha quedado finalista para ver al ganador. No es novedad, aunque resulte chocante que algunos se doten con dinero público y no privado. Al fin y al cabo, un editor puede hacer con su dinero lo que quiera.

Como historiador de la literatura, he tenido oportunidad de estudiar todo tipo de artimañas: miembros del jurado que imponen su criterio al resto por el prestigio de su nombre o el apoyo de los convocantes; obras que ganan un concurso sin haber llegado como finalistas a los últimos procesos de selección; títulos a los que después de la votación en la que resultan ganadores se les despoja del premio para entregárselo a otro o proclamar desierta la convocatoria, etc.

Es curioso que muchos de estos hechos han quedado reflejados en las actas de las reuniones -cuando se trata de premios convocados por una institución-, pero no es lo habitual: hay que rastrear las huellas, que, como en los malos crímenes, siempre hay.

De todas las formas, el secreto es secreto a voces: todo el que escribe sabe en qué premios se deja libertad a los miembros del Jurado y en qué premios no. Así que sólo los ingenuos se presentan a ellos con la esperanza de ganarlos. Como mucho, sirven para poder ser finalistas o pasar los suficientes tramos de selección para darse a conocer en el mundo editorial y tener posibilidades de publicar con posterioridad la obra presentada.

Pero hoy no quería hablar de esta situación ni del subjetivismo o amiguismo de otros premios, puesto que el mundo de los premios, desde su inicio, consiste en un entramado de circunstancias que asume este punto de partida.

Hay algo que me preocupa más y que no es nuevo tampoco, pero la acumulación de denuncias y escándalos de los últimos años debe advertirnos sobre que quizá se esté dando un proceso espurio de creación anexo al mundo de los premios. De vez en cuando, me llegan casos -o los leo en la prensa- de obras premiadas que son acusadas de plagiar otras que fueron presentadas a convocatorias anteriores del mismo premio o a procesos de lectura en otros concursos o en editoriales que están detrás del certamen ganado. A veces son obras no premiadas pero publicadas después de que alguien presentara la obra en la que se basan a un premio.

Como los procesos judiciales suelen ser largos y acabar en el subjetivismo del informe del especialista en el que los juzgados deleguen las cuestiones técnicas, las resoluciones se retrasan en el tiempo y los autores supuestamente plagiados o desisten o suelen aceptar un acuerdo que consiste en una cantidad económica y la edición de otra obra. En otros casos, si el trabajo sobre la obra primera es lo suficientemente hábil, sólo puede hablarse de intertextualidad e inspiración, lo que no es condenable judicialmente. En el fondo, ya lo sabemos, la literatura se inspira en la literatura anterior: todo lo que no es tradición, es plagio, decía un viejo refrán. A veces, bien es cierto, lo que se pretendía plagiado no era más que una vaga resonancia que podría haberse sacado de cualquier otra obra o de la noticia de un periódico.

Veamos un caso: alguien presenta una novela a un premio; los lectores encargados de la selección previa, la cortan antes de que llegue a las manos del Jurado -es habitual, en los grandes premios, que el Jurado sólo lea las obras de los últimos procesos de selección-, pero ven en ella las suficientes cualidades como para que resulte interesante. En ese caso, lo mejor que le puede pasar al autor es que el editor esté buscando nombres nuevos para su editorial y lo rescate en alguna de sus colecciones, cosa que es frecuente.

Pero también podemos imaginar otro camino: el lector que corta la obra se la guarda, la modifica y se inspira a ella para una obra suya; o también, el lector la pasa al editor y éste a un autor de renombre, que hace un trabajo de estilo y la publica meses después o gana el mismo premio en la siguiente convocatoria. En ocasiones, el trabajo de modificación puede no haberlo realizado el autor que finalmente firma la obra, sino un equipo de redactores de la editorial: los lectores se sorprenderían de cómo las obras que leen suelen ser producto del trabajo de varias manos.

Como en el mundillo literario hay tantos premios y se lee tan poco de verdad, a veces ni el autor plagiado (o aquel en el que se han inspirado para una obra posterior) es consciente de lo que ha pasado.

Qué tristeza la del escritor que pone su nombre en una de estas obras tan llenas de intertextualidad sólo por publicar un título al año, ganar unos euros o mantenerse de actualidad. Qué tristeza la de aquellos que fomentan este proceso en el que se juega con el candor de muchos editando a autores a los que se les han demostrado plagios, invitándoles a conferencias y platós de televisión.

Consejos para aquellos que aspiren a un premio literario, sea cual sea: registra tu obra previamente, dala a leer a alguna persona de relevancia y próxima al mundo editorial del premio al que te presentas y a otros varios que tengan reputación conocida, con la constancia del registro del texto. Cuanto más conocida sea antes de presentarla, mejor: por una parte, habrás recibido las suficientes críticas como para saber si tu obra es o no válida y consejos para mejorarla; por otra, tendrás más garantías de que será respetada. Si no lo haces y tu obra es lo suficientemente buena como para llamar la atención pero no para ganar el premio o ser finalista o encajar en las siguientes colecciones del editor convocante, y eres religioso, encomiéndate a todos los santos. Si tu obra es mala, no es necesario, por supuesto: no vayamos a pensar que todo lo no premiado va a sufrir un proceso de intertextualización.

Eso sí, ni todos los premios son iguales, ni todos los miembros de los mil y un Jurados que hay por estas tierras van con las consignas antes de reunirse, ni todos los editores o lectores previos juegan sucio. Conozco muchos que respetan el trabajo de los otros.

Y, pase lo que pase, sigue escribiendo.

lunes, 16 de febrero de 2009

Ramón y el microrrelato, con disolución de vanguardia


Ramón Gómez de la Serna es uno de esos autores que se han ido sin irse, que ya no están presentes en las lecturas habituales, de los que nadie compra en las librerías y de los que los jóvenes apenas conocen más que su nombre e ignoran la extensión y diversidad de su producción. A pesar de eso y de que aun hay cierto pudor a confesar que a uno le gusta su obra y la aprecia, Ramón ha ejercido una gran influencia en la literatura en español.

¿Estamos en condiciones de recuperar a Ramón? Recuperar es palabra que, en este caso, sobra. Sus textos están disponibles en papel, en ediciones críticas y populares, en Internet. No hace falta recuperar a Ramón sobre todo porque hay un tipo de autores que han entrado a saco en él desde siempre y en él se han inspirado, aunque no lo digan: Ramón es actual sobre todo en la obra de muchos que, sabiéndolo o no, lo imitan. Francisco Umbral, por ejemplo, lo reconocía, pero no otros, que prefieren adjudicar a autores ingleses o franceses lo que ven en Gómez de la Serna. Es un mal muy español éste, sobre todo si no nos quitamos los anteojos de mirar a los autores por su leyenda.

¿Podemos echar en cara a Ramón que no comprometiera su obra? Si lo hacemos (y tendríamos que matizar algunas cosas al respecto), que cada uno es libre de preferir un tipo de literatura u otra, que sea sin privarnos de la profundidad rebelde de su trabajo sobre la lengua poética.

El caso es que hoy, en clase, tocaba Ramón. Y les he avisado a mis alumnos de que quizá una sola greguería, su máxima creación pero no la única, podría explicar la esencia de la vanguardia como arte puro y deshumanizado: abstracción, juego, depuración, humor y metáfora.

Y luego me he detenido en varias, porque las hay de diferentes tipos. Algunas no pasan del chiste -Ramón hoy sería un humorista brillante en el monólogo- (Aquel tipo tenía un tic, pero le faltaba un tac: por eso no era reloj); otras son esencia lírica y nos dan, en una línea, más poesía que en libros completos de otros autores (El beso es hambre de inmortalidad) o condensación inteligente de una reflexión poética (Los haikai son telegramas poéticos); las hay que juegan con la fonética (Roncar es tomar ruidosamente sopa de sueño), con la etimología falsa y soñada de la palabra, descoyuntada y trasformada en otra cosa (Tragaldabas: parece un tragón de aldabones); en ocasiones, el guiño se establece con la forma de una letra (La B es el ama de cría del alfabeto) o proviene de la sinestesia (Las flores que no huelen son flores mudas) o la imagen plástica, porque también sería un bloguero excelente (La morcilla es un chorizo lúgubre).

Pero quizá sea bueno recordar, ahora que tan de moda están los microrrelatos, que la reinvención del género (que no su invención, que viene de mucho antes) se encuentra en varios autores contemporáneos y, en especial, en dos: Juan Ramón Jiménez y Gómez de la Serna, pero que éste superó, con creces, al primero e influyó decisivamente en la formulación definitiva en el ámbito hispánico de la modalidad en Bioy Casares y Borges. Veamos dos, que podrían figurar en las mejores antologías:


Me comenzó a coser botones grandes para ojales chicos. Tuve que echarla.

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Se miraron de ventanilla a ventanilla en dos trenes que iban en dirección contraria, pero la fuerza del amor es tanta que de pronto los dos trenes comenzaron a correr en el mismo sentido.


De vez en cuando es bueno recordar que no hemos inventado la pólvora.

domingo, 15 de febrero de 2009

No es la soledad lo que me extraña


No es la soledad lo que me extraña, sino la conciencia exacta de su extensión y la profundidad de su mirada. No se elige la soledad, pero se acostumbra uno a su presencia, siempre tan puntual, cada mañana.

sábado, 14 de febrero de 2009

Cervantes en Argel, un autorretrato quijotesco de Pancho, un video de Blogófago y noticias de nuestro Quijote



Cervantes conoce de primera mano muchas de las cosas que cuenta el cautivo en el Quijote.

Tras licenciarse como soldado, y habiendo recopilado todos los informes que pudieran favorecerle para solicitar un buen destino en España a cambio de sus años de servicio, se embarca, junto a su hermano Rodrigo, en la galera El Sol, que es asaltada por el corsario Arnaut Mamí a la altura de Cadaqués, frente a las costas catalanas.

Es una burla del destino: los turcos que fueron derrotados en Lepanto, seguían recorriendo con impunidad todo el Mediterráneo, asaltando las poblaciones costeras de aquellos que les habían vencido, apresando sus barcos. Cervantes, cuando podía soñar con un futuro en el que hacer valer sus esfuerzos como hombre de armas, se ve cautivo y perjudicado por los mismos informes que demostraban su heroísmo: sin duda, elevaron la estima por él de sus dueños y aumentaron el precio del rescate.

Cinco años pasó en Argel Cervantes, tiempo que le marcaría inevitablemente. Tanto que lo llevó una y otra vez a su literatura: dos comedias, Los tratos de Argel y Los baños de Argel; una narración, el relato del cautivo en el Quijote y rastros acá y allá en otras producciones.

Curiosamente, mientras que para otros períodos de la vida de Cervantes no tenemos demasiada documentación, este podemos abordarlo gracias a que él mismo pidió la recopilación de información en dos memoriales, de 1578 y 1580 (hay que manejarlos con prudencia porque Cervantes recogería los testimonios favorables). También hay datos que proceden del esfuerzo de la familia por recaudar los fondos para rescatarle a él y a su hermano. Y a él también se le alude en una curiosa obra, la Topographía e historia general de Argel, que se publicó bajo el nombre de fray Diego de Haedo en 1612 y se ha atribuido con posterioridad a un amigo de Cervantes, Antonio de Sosa o incluso al propio Cervantes.

En todos los documentos se dice lo mismo: Cervantes tuvo un valiente comportamiento como cautivo, intentó escaparse en varias ocasiones sin conseguirlo, afrontó con decisión la difícil vida de los baños de Argel e, incluso, montaba obras de teatro para sus compañeros. En varios de esos textos se alude a que, a pesar de todo, no sufrió las mismas represalias que otros que intentaron escaparse. Aunque la literalidad de los testimonios parecen aludir a que su amo o bien no se atrevió con quien parecía todo un cabecilla de los prisioneros o bien se sintió atraído por la personalidad valiente de aquel hombre que, sin duda, debió demostrar, además, ser muy inteligente. Hay una hipótesis muy factible: Cervantes sirvió de contacto, junto al renegado Agi Morato (al que se literaturiza en el Quijote), en una negociación de paz con Felipe II y, como negociador era un hombre demasiado importante como para prescindir de él. En la vida de Cervantes hay algún otro pasaje de este tipo que permite suponer que en varias ocasiones de dedicó a negociaciones diplomáticas o, incluso, acciones de espionaje. No falta quien proponga que se estableció una relación sentimental entre ambos.

El caso es que Cervantes no pudo obtener la libertad hasta que los monjes trinitarios le rescataron el 19 de septiembre de 1580 por 500 ducados cuando, según la leyenda, estaba embarcado en la galera que le iba a llevar a Constantinopla. Su hermano había sido rescatado con anterioridad.

Un autorretrato quijotesco de Pancho

Pancho es uno de los comentaristas habituales de La Acequia. Pero tiene algunas peculiaridades que, a los que os habéis incorporado hace poco tiempo es necesario aclarar. Comenzó a comentar de forma anónima (como otros muchos a los que aprecio igual que a él), pero sus palabras eran tan interesantes y demostraban un rasgo de estilo tan singular que sus comentarios eran identificables entre el resto de los que no tenían nombre. Por eso, le rogué que se bautizara (no es al único que se lo he pedido): él eligió el nombre de Pancho y explicó, en su día, los motivos. Durante todo este tiempo -más de un año-, nos hemos escrito correos electrónicos y hemos intentado vernos, sin lograrlo aun. Descubro su rostro al mismo tiempo que vosotros.

Se unió desde el principio a nuestra lectura colectiva y virtual del Quijote y ha sido uno de sus comentaristas más apasionados y fieles. Ha decidido retratarse en un lugar fácilmente reconocible para los que lo conocen, pero yo no voy a revelar -y él supongo que lo ha hecho por un viaje mío que relaté aquí-. ¡Gracias, Pancho!

Recordad que todos podéis haceros un autorretrato en el que se os reconozca o no. La única condición es que aparezca un volumen de la obra o estéis en actitud quijotesca. Mandádmelo por correo electrónico para publicarlo. Será un buen testimonio de esta locura colectiva y pensaremos qué hacer después con todo este material tan interesante.

Un regalo de Blogófago vía Brgs.es

Mi amigo Blogófago, a quien tanto debe la Burgosfera y la propia Acequia (fue el primero en ocuparse de este espacio en Blogófago, siempre ha promovido buenas ideas, participó con entusiasmo en Mutantes y ha diseñado la cabecera que ahora lleva mi blog), me ha hecho un regalo. Hace tiempo me pidió las fotografías con las que yo ilustraba las entradas de los jueves correspondientes a nuestra lectura del Quijote. Me puse a ello pero no cumplí el encargo: de muchas no conservaba la fotografía inicial, sino la tratada, con lo que había diferentes calidades y tamaños, me llegaron otros trabajos y dejé pendiente el asunto. A pesar de que no respondí, él ha trabajado en silencio y sin decírmelo, este video que ahora os presento. No sabes cómo te lo agradezco, querido amigo.

Podéis verlo en este enlace o en este otro en el que, además, podéis comentarlo.



Noticias de nuestro Quijote

Jan Puerta ha publicado de nuevo la imagen de su autorretrato que me mandó y yo publiqué el pasado sábado: allí la tenéis en mejor resolución y podréis ampliarla. La acompaña de un excelente relato, que os recomiendo vivamente: Don Quijote en Valparaíso.

Abejita de la Vega publica una entrada, ¿El cautivo nos cautiva? con un comentario muy oportuno, a partir de su experiencia personal, sobre esta novelita que nos ocupa estas semanas. Sé que a algunos esta novela se les hace impertinente por el relato de guerra o por lo inverosímil de la trama en Argel. Pero a otros, precisamente es eso lo que les apasiona. Yo le he comentado que soy de estos últimos, además de contextualizar la novela en la intención cervantina de proponer diferentes modelos narrativos.

Abejita ha publicado otra entrada, muy certera. Vinculando la estructura del relato del cautivo con el cuento folklórico del padre y los tres hermanos, acierta. Nos pide que le digamos cuentos que se ajusten a esa estructura. Yo, en vez de cuento, le he recordado otra adaptación de gran literatura: Antonio Machado, La tierra de Alvargonzález.

Manuel, siempre oportuno, nos da cuenta de todos los avatares -que conocemos- de Cervantes con la justicia, las prisiones y el cautiverio. Sólo leer la enumeración asusta. Qué fortaleza mental la de don Miguel para superarlo todo. No os la perdáis para comprender todo esto.

Javier continúa el comentario en imágenes de cada capítulo. Quiero llamaros la atención de que no sólo se impone el esfuerzo de buscar las imágenes adecuadas, casi siempre en los escaparates comerciales, sino que, además, busca la selección de la frase adecuada a la que se remite. Esta vez ha conducido su mirada hacia la parte más seductora del relato: manos, crucifjos y llaves.

Antonio Aguilera ha publicado el comentario del capítulo XXXVIII: en unos días añadirá la imagen, que Ojito Saltón se nos ha perdido. Lo centra, con acierto, en el conocimiento personal de Cervantes sobre el tema (el discurso sobre las armas y las letras).

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook,
aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada,
aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré.
Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

viernes, 13 de febrero de 2009

Un masaje de chocolate y menta


Mi peluquero reúne la sabiduría de los peluqueros de siempre con la visión moderna del negocio. Ha convertido una peluquería de barrio en un lugar agradable al que da gusto ir cada pocas semanas.

Durante mucho tiempo, de joven, fui a una peluquería mixta en la que predominaba el público femenino. Desde hace unos años acudo a cortarme el pelo donde Miguel, que tiene el saber estar de los buenos profesionales del ramo, a pesar de su juventud, y conoce bien qué conversación y cuándo debe tener con cada cliente. Su peluquería, aunque no lo pone en ningún lugar, es sólo para hombres (peluquería de caballeros, se llaman, como si cortarse el pelo le hiciera a uno mejor y más educado) y todos los que visitan una peluquería masculina saben que, por ejemplo, la lectura para matar el rato de espera es diferente que la que se encuentra en una peluquería femenina. Pero es la única diferencia.

El resto del negocio se llena de sus aficiones: vitrinas con objetos antiguos de su profesión y todo tipo de objetos de coleccionista (máquinas de escribir portátiles de principios del siglo XX, gramófonos y radios y una motocicleta de hace cuarenta o cincuenta años sobre una estantería). Es un entusiasta de las motos y lo he visto, en la trastienda del negocio, rehabilitar viejas motos con la misma habilidad con la que maneja las tijeras o la navaja.

Miguel sabe graduar la conversación, pero a veces le desborda la alegría por algo que le ha pasado en su vida. Tras años aprendiendo a tocar el piano, se ha comprado un saxo y el entusiasmo le sale por los ojos cuando habla de cómo lo adquirió de segunda mano sólo como objeto decorativo y está aprendiendo a tocarlo con un método que se descargó por Internet y la ayuda de un saxofonista amigo.

Hace un par de años compró un local anexo a la peluquería y lo arregló para convertirlo en centro de estética y masaje para hombres y mujeres. Amplió el negocio y comenzó a vender productos que jamás he visto en una barbería: me encantan sus jabones de leche de burra con canela, verbena o avena. Hoy me ha entregado un vale con descuento para darme un masaje, como quien sabe lo que necesita el cliente que ya es amigo, sin más palabras. He visto, entre los que promociona, uno de chocolate y menta.

No sé por qué, como aquellos que de pronto deciden teñirse el pelo de colores inverosímiles o dejar de teñírselo para que se vea el blanco definitivo del cabello, me he quedado pensando que mañana es 14 de febrero, San Valentín, y que todo el mundo va a ceder al consumismo del Día de los enamorados, como si no hacerlo supusiera abandonar toda esperanza de felicidad. Como la vida me ha hecho abandonarla hace tiempo, creo que me voy a regalar un masaje. Un masaje de chocolate y menta. Este año no me voy a comprar una corbata.
(La foto tiene trampa: pertenece a una serie de fotografías que publiqué en el mes de mayo pasado: ésta no se publicó, pero este año tengo tantas ganas de que llegue, al fin, la primavera, que la rescato. En cuanto comience el buen tiempo, volveré a ese escaparate.)

jueves, 12 de febrero de 2009

Una caña que blandea (Cap. 1.40)


Continúa el relato del cautivo.

Como ya dijimos hace unas semanas, Cervantes descubrió en un momento determinado del Quijote, el valor de estructurar los capítulos para medir la intensidad de la narración y graduar el interés del lector. Aquí tenemos otro ejemplo.

En un capítulo anterior, se nos había despertado la curiosidad por el cautivo y la mora que lo acompañaba: intuíamos que, detrás de los rasgos aventureros de él y la hermosura de ella, había una buena historia que se concreta en cuanto el cautivo inicia su relato en otro capítulo. Lo que entonces había comenzado como un cuento folklórico -cuya estructura seguirá presente en todo el relato- y se había transformado en una relación de batallas verdaderas y no fantásticas, contadas desde la perspectiva de un testigo presencial -que haría las delicias del lector de la época-, gira ahora hacia una narración que se dirige la emoción sentimental del receptor.

Cervantes gradúa con sabiduría todos los elementos que pone en juego y los momentos en los que la narración cambia el tono. En general, para ir de lo real a lo fingido y legendario. Este matiz se acentúa, además, con el sentido autobiográfico e histórico de los materiales que componen la primera parte de la historia, que van adelgazándose según avanza para caer en lo novelesco- sentimental.

El hermano del compañero del cautivo, don Pedro de Aguilar, caballero del séquito de don Fernando, produce el primer cambio de tono al recitar los sonetos compuestos por su hermano a los cristianos muertos en los combates de La Goleta y el fuerte. Son el remate perfecto para la narración bélica y un homenaje a tantos como allí cayeron que, sin duda, encogería el corazón de los españoles que leyeran el texto a principios del siglo XVII, dado que ambas acciones aun eran recordadas como hitos recientes de la historia nacional.

A partir de ellos, el cautivo pasa a contarnos su vida como prisionero de los turcos, primero en Constantinopla y luego en Argel. Y lo hace sin ahorrar la truculencia de las acciones más violentas de sus dueños: es un relato de crueldad y sangre que supondría una nueva conmoción para los lectores de la época, para los que era una realidad cotidiana y, sobre todo, una parte de su imaginario colectivo.

Es justo en ese momento -qué sabiduría la de Cervantes como narrador-, cuando nos habla de un tal Saavedra. Se introduce en tercera persona, a través del relato del cautivo, como ya había sucedido cuando el cura habló de sus libros al revisar la biblioteca de don Quijote.

La introducción de su propio nombre en el relato tiene varias funciones: en primer lugar, da veracidad histórica a lo relatado -lleno de referencias a batallas reales, personajes históricos, lugares concretos- desde lo autobiográfico, un inteligente juego de tira y afloja entre la memoria personal y la colectiva en la que se desliza, sin lugar a dudas, una crítica por el olvido de los que participaron en aquellos hechos desde la tropa y no desde el mando; en segundo lugar, reivindicar su propia biografía y recordar a todos parte de lo que fue y de lo que hizo; en tercer lugar, finalizar el relato de los aspectos más truculentos, cambiar el paso porque no puede ir más allá, dado que no es el objetivo de la novela construir una verdadera autobiografía y menos llenarla de motivos tan tremendos. La mención de su nombre es, pues, el final del relato de la vida de cautiverio y el segundo cambio de tono:

Sólo libró bien con él un soldado español, llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y, por la menor cosa de muchas que hizo, temíamos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez; y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia.

A partir de ahí, Cervantes desliza una historia que amenazaba con ser demasiado personal y truculenta -porque esa violencia era real- hacia el relato sentimental. Aparece, blandeando y sólo destinada al cautivo, una caña con un mensaje de una joven mora que pide ayuda a los cautivos cristianos para fugarse a tierras españolas y hacerse cristiana, religión que profesaba en secreto puesto que la aprendió de una criada cristiana que tuvo el amor por la Virgen María. La historia se dispara: la joven ha tenido apariciones, quiere fugarse en compañía de unos desconocidos sin pararse a pensar las consecuencias, estos se ponen en manos de un renegado...

El puño violento que había encogido el ánimo del lector contemporáneo, ahora va camino de despertarle todas las emociones: religiosidad, comportamientos caballerescos, aventura, belleza, sospechas de un amor incipiente. No se puede pedir más al relato, lo contiene todo.

Veremos cómo prosigue la aventura en el capítulo XLI. El próximo jueves.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Dos espolones y noticias del Manifiesto por la Solidaridad

Dos espolones

Esta mañana, al abrir mi buzón en la Facultad, me encontré con un regalo. Buena forma de comenzar la mañana.

Antonio Aguilera, que, junto a Ojito Saltón, tantas buenas y divertidas aportaciones hace a nuestra lectura virtual del Quijote desde que se incorporó a ella, me remite los dos primeros ejemplares de El Espolón. Revista "probe" para gente rica (sólo d`espíritu), fundada en 2008.

Se trata de una ingeniosa publicación gratuita casi artesanal, sin ningún tipo de depósito legal, elaborada por Vasco de Gama, el Viejo, Courbet, Aislado del mundo, Óscar Muñoz Rojas, Ojito Saltón, Antonio Aguilera García, Jónatan Luque y Cuervo Ingenuo.

Cada número consta de ocho páginas fotocopiadas a color, llenas de collage, textos e imágenes cargados de humor, seriedad, irreverencia, crítica con los espolones y emociones. No aspiran a nada porque ya lo llevan todo en sí mismos, pero tienen dentro la ilusión de gente que hace cosas y se lo pasa bien haciéndolas, a la manera de los viejos panfletos y fanzines. Quizá todos volvamos a ellos antes o después, quizá ya hayamos vuelto, aquí en los blogs. Podéis ver aquí su versión digital, pero no tiene el mismo diseño.


En su línea editorial tienen muy claro lo que no les gusta: las religiones, las fiestas nacionales (porque gustan de otras corridas), el resto de drogas, el 92% de los políticos, el 98% de los clérigos, el 100% de los banqueros-financieros, los que mandan en el hambre ajena, la vida como consumo y pasarela y los artistas conformistas. Por eso, flipan por nacer con un pan debajo del brazo, porque todo el mundo sepa leer y se entere de lo que lee, porque no haya colas en los hospitales (en ningún lugar del mundo), porque prime la bondad y no la inteligencia, porque prime la complementariedad y no la competividad (incluido el deporte) y porque la inteligencia humana no supere a la animal.

Yo, a esos principios me sumo. Y si hace falta que pongamos a funcionar las multicopistas en los desvanes y sótanos, lo haremos, como en otros tiempos.



Noticias del Manifiesto por la solidaridad





El próximo sábado se pondrá en marcha el blog que recogerá todas las noticias, proyectos e iniciativas relacionadas con el Manifiesto. La dirección aun no es accesible, pero a partir de esa fecha se podrá leer libremente y se agradecerán todas las sugerencias.

En relación con el Manifiesto, hoy mismo he recibido una magnífica noticia. La Palabra de Burgos, que en su versión digital tuvo a bien inaugurar la brillante idea de El blog del lector con la publicación del Manifiesto el día 30, sumándose a la iniciativa de decenas de blogueros -miles, ya: basta con darse un paseo por cualquier buscador- e informar en su número anterior en formato impreso, publicará en su edición en papel de mañana una página con el texto del Manifiesto. Me comenta Pablo Miguel Simón, que desde el inicio se mostró entusiasmado con la idea, que el diseño de los creativos de La Palabra servirá como póster, recortando cualquiera de los 35.000 ejemplares que se distribuyen en papel mañana en Burgos: ¡mañana 35.000 ejemplares del Manifiesto pueden colgar de paredes y tablones de anuncios!

Para aquellos que no puedan acceder a la versión en papel de La Palabra, se ha confeccionado un archivo pdf que puede reproducirse con alta calidad en tamaño A3. El archivo es accesible en el área de descargas de La Palabra Digital (aquí).

A partir del sábado, todo esto y algo más se encontrará en el nuevo blog.

La Palabra es el primer medio escrito en formato tradicional que se ha sumado al proyecto. Y lo hace con fuerza, con la fuerza de las buenas emociones.

martes, 10 de febrero de 2009

Hijos de la ira


En efecto, Dámaso, no somos más que hijos de la ira, con algunos ramalazos de buen comportamiento.

lunes, 9 de febrero de 2009

El arte de la política sobre el urbanismo en España y el clima de corrupción moral


No voy a hablar de ninguna ilegalidad relacionada con la política de urbanismo que se ha desarrollado en el pasado reciente en España: para esto están los jueces. Voy a partir de que las ilegalidades que están saltando a los medios de comunicación españoles desde hace un par de décadas y acaban, con demasiada frecuencia, en sentencias contrarias a las decisiones municipales sobre el urbanismo, penas de prisión para muchos que se han dedicado a la política, inhabilitación para cargos políticos, dimisiones y ceses, escándalos de todo tipo y episodios dignos de un mal sainete, nacen de algo más profundo.

No sirve de nada que los partidos se echen la culpa unos a otros y se alegren de que en determinada ocasión les toque a los otros, porque casi todos los partidos españoles con responsabilidades de gobierno son culpables de este clima, aunque no tengan en sus sedes ni en su responsabilidad de gobierno ni un solo ejemplo de ilegalidad: a nivel nacional, autonómico y local, pocos se salvan.

Gran parte del enorme desarrollo económico que ha convertido a España en una de las primeras potencias mundiales se ha sostenido sobre el suelo y el ladrillo. Desde hace unos veinte años, los promotores, constructores, gobiernos locales, banqueros y un largo etcétera de intermediarios, vieron la posibilidad de hacer dinero fácil y abundante con esa suma de elementos. Era un dinero, además, generalizado en España, no algo propio de una u otra localidad.

Junto a grandes obras necesarias se llevaron a cabo mausoleos en los que se enterraba el sentido común -y que hipotecan los presupuestos de las instituciones en épocas de crisis- y pequeños proyectos miserables que ni siquiera eran útiles. España se llenó de baldosas, mobiliario urbano y bordillos que muchas veces sustituían a otros elementos en perfecto uso y creaban, además, lo que los especialistas llaman el no lugar: sitios adecentados pero sin personalidad, que lo mismo puedes encontrar en una ciudad que en otra. Las ciudades españolas tienen aceras nuevas pero se han convertido en falsas ciudades, espejos deficientes de sí mismas.

Los mismos españoles que ahora echan la culpa a los banqueros y a los políticos de la crisis, cayeron en la avaricia y se embarcaron en el festival de los billetes de 500 euros -recuérdese que España era el país de la Unión Europea con la mayor cantidad en circulación- impulsados por el deseo del enriquecimiento rápido y los sueños de bienestar que les vendían en cualquier oficina bancaria con créditos exagerados, en la televisión y en la propaganda política. Todo, se decía, iba bien. Mejor que nunca. Y si mi vecino vendía su piso por 40 millones de las antiguas pesetas, el mío, que, por supuesto, estaba mejor, valía 60 millones.

Desde hace unos cinco años, había suficientes indicios de que la burbuja inmobiliaria, como se llamaba, iba a explotar. Todos sabíamos que esto terminaría porque ya ha pasado en otros momentos y en otros países. Ha coincidido con la crisis financiera internacional pero hubiera explotado antes o después.

Lo bueno del asunto es que, al estar sumidos en una crisis económica global, gran parte de las soluciones se articularán con las de fuera de las fronteras; lo malo es que la situación española tiene peculiaridades propias de España, radicadas, sobre todo, en ese sentimiento de nuevo rico que empujaba a muchos a endeudarse, pedir hipotecas contrarias al sentido común y tener un ritmo de vida muy superior al que se podía uno permitir si hacía una proyección a diez o quince años. Ahora tenemos un amplio sector de la población acostumbrada a vivir muy bien que debe prácticamente todo lo que posee.

Hoy nos alarmamos por las cifras de paro -que miradas con nombre y apellidos representan a individuos en situación dramática y a inmigrantes que vinieron porque se les necesitaba que no tienen dinero para volver a sus países y ni siquiera repatriar a sus muertos-, por las quiebras de las empresas, las deslocalizaciones, el parón de muchos proyectos urbanísticos que iban a mejorar nuestras ciudades hasta transformarlas, decían, en un ejemplo de modernidad y se han convertido en un lastre para su funcionalidad en estos momentos y para los próximos años.

Y es normal que lo hagamos, pero todos estamos implicados: desde aquel que se creyó rico porque el valor de su casa aumentaba exponencialmente y se lanzó a comprar otra vivienda sin necesidad, más alguna en construcción para invertir y a participar en la especulación, con lo que se hinchaba el globo, hasta los políticos de los diferentes gobiernos nacionales, autonómicos y locales que permitieron que el crecimiento del país se basara, fundamentalmente, en algo tan inestable a medio plazo pero rentable en el chato horizonte de las siguientes elecciones.

Siempre me llamó la atención cómo a todo el mundo le interesaba quién era el concejal de urbanismo pero a pocos quién ocupaba la concejalía de cultura. Era significativo ver cómo, en las negociaciones cuando no se alcanzaban los votos suficientes para gobernar en solitario, el punto fuerte siempre trataba sobre el sillón de urbanismo.

Por el medio, lógicamente, hubo muchos que sucumbieron ante la tentación de manejar cifras millonarias en la recalificación de terrenos y alguno de esos casos ya han sido juzgados y sentenciados. Vemos en los periódicos, casi a diario, nuevos casos, que resolverán los jueces.

Los promotores y constructores eran los grandes salvadores del país, los nuevos ídolos: compraban otras empresas para crecer en fortaleza y diversidad, medios de comunicación para tener presencia social y política, equipos de fútbol de Primera División como forma de hacer visible su influencia y pagar su propia vanidad o incluso negociar con los ayuntamientos, se sentaban en lugar preferente en todo acto público, se les agasajaba. Sus teléfonos estaban en las agendas de los políticos y su imagen era envidiada por los jóvenes, como modelo a imitar.

Hoy, según algunos cálculos, si España comenzara la recuperación mañana mismo, tendría casas nuevas para más de una década de demanda normal.

Y todo esto, sin comentar las consecuencias para el medio ambiente, la degradación de nuestras costas y espacios naturales de gran relevancia.

Como he dicho al principio, no quiero hablar de ilegalidades, sino de inmoralidad. España ha sido, en las últimas décadas, un ejemplo de corrupción moral. Y ni siquiera estoy convencido de que hayamos aprendido la lección.

domingo, 8 de febrero de 2009

Interior noche.


(Interior noche. La oscuridad de la habitación impide ver a los personajes que están en ella, quizá alguna sombra. El Paseante habla con alguien, aunque nunca sabremos si su interlocutor está presente.)

-No sé por qué. No entiendo nada. Yo sólo quería una palabra y un gesto.

(La cámara se aproxima a la ventana: a través de ella, vemos un cielo nocturno y urbano, aneblinado y triste. Recordemos que Ortega decía que lo importante no era el paisaje que vemos, sino la mirada y el vidrio de la ventana.)

sábado, 7 de febrero de 2009

Los años de ausencia, un autorretrato quijotesco de Jan Puerta en la pared y noticias de nuestro Quijote

Hemos comenzado esta semana el comentario del relato del cautivo: veintidós años ausente de España, enrolado en los tercios y preso en una galera y en Argel. Como hemos advertido sobre los motivos autobiográficos de esta historia, conviene apuntar algunas cuestiones.

Cervantes estuvo ausente de España, según lo que conocemos, desde finales de 1569 hasta octubre de 1580: 11 años, contando los 5 que estuvo preso en Argel.

Las causas de su marcha no están claras: se supone que huyó de la justicia, por una providencia real que manda perseguir a un tal Miguel de Cervantes acusado de herir en duelo (los duelos estaban prohibidos) a un maestro de obras llamado Antonio Sigura. De ser este Cervantes nuestro autor, tendríamos una causa efectiva, primera, pero quizá no del suficiente peso como para justificar su salida de España. Otros, en su época, vulneraron la prohibición de batirse en duelo y, a pesar de la dureza de las condenas iniciales (en este caso, cortarle la mano derecha y destierro de diez años: qué burla del destino si fuera así, porque volvió con la mano izquierda inútil y tras 11 años) no salieron demasiado malparados por la corrupción de la justicia del momento y las muchas formas de burlarla, al menos no tanto como para justificar que dejen toda su vida y marchen a un incierto futuro.

Se han barajado varias explicaciones que, sumadas al delito (de ser éste cierto), puedan explicar su marcha de España. Según la leyenda popular, saldría huyendo de Madrid hacia Barcelona, desde donde pasaría a Italia (el refugio en la Corona de Aragón era frecuente entre los acusados de crímenes en la Corona de Castilla, porque ambas tenían legislaciones diferentes).

Algunas de estas explicaciones son propias de la sensibilidad romántica: Cervantes se batió por amor y por ese amor, ya imposible, se fue de España. Participar en los tercios, como más recientemente en la Legión, servía en la época para expiar un crimen y limpiar el nombre.

Otras profundizan en la casi segura adscripción de la familia de Cervantes al tronco de los judeoconversos. Al tener este origen familiar (que explicaría también su mirada realista al mundo y que se le negara el permiso para marchar a Indias cuando lo solicitó), Cervantes no podía arriesgarse a que se le encausara porque saldría a la luz que no era cristiano viejo, por lo que optó por la huida.

Hay otras que explican una inquietud que ya tendría aquel joven estudiante, con aptitudes más que demostradas para la escritura y una educación y mentalidad moderna, propia del que se ha formado en círculos humanísticos, en una España que comenzaba a cerrarse en torno a la ideología contrarreformista. Quizá el duelo sirviera de espoleta para marchar al mundo, a correr aventuras y vivirlo en primera persona.

Quizá ninguna de estas teorías sean ciertas. Quizá lo sean las tres, puesto que se complementan.

El caso es que tenemos en Italia a nuestro joven: primero, al servicio del cardenal Acquaviva (hay quien sostiene que entre ambos hubo una relación sentimental cuya ruptura provocó que Cervantes se enrolara en los tercios), luego como soldado. En la primera colocación conoció alguna de las ciudades más florecientes del momento: Roma, Palermo, Milán, Florencia, Venecia, Parma, Ferrara. Hay indicios de que en estos momentos leyó mucho a los grandes escritores italianos, participó en academias y debates: en definitiva, se empapó de cultura y aprendió que la novela (muy cultivada en Italia, especialmente la novela corta) podía ser un gran género literario manejado con sutileza.

Como soldado, en la compañía de Diego de Urbina y luego en el regimiento Lope de Figueroa, al mando de Manuel Ponce de León, no dejó de recorrer buena parte de la geografía italiana. En la vida de un soldado no todo era la guerra: el compañerismo y el viaje son parte sustancial y un joven como Cervantes debió aprovecharlo para aumentar su bagaje cultural. También participó en grandes batallas, alguna de las cuales nos ha narrado el cautivo como podía contarlas el mismo Cervantes: Lepanto (en donde tuvo un comportamiento heroico y perdió el uso de la mano izquierda por una herida), Navarino, Corfú, Bizerta, Túnez. Después estuvo en Sicilia, Génova, Lombardía, Nápoles. Sin duda, en los momentos de paz se relacionaría con los escritores y artistas de aquellos lugares, aprendería de ellos, se probaría como escritor. Algo de la vida de Cervantes esos años puede intuirse en los documentos que se han descubierto recientemente en Valladolid.

Démonos cuenta de estos hechos: un joven español, que prometía ser un gran letrado y con afición a escribir, acaba como soldado raso de los tercios, recorre las grandes ciudades italianas y participa en las batallas más importantes del momento. A Miguel de Cervantes le parecería estar en donde el mundo crecía y ensancharlo con sus pasos.

Continuaremos, el próximo sábado, el relato de los años de ausencia.

Un autorretrato quijotesco de Jan Puerta


Jan Puerta es el autor de un excelente blog, Imágenes y palabras, que reúne la brillantez de las imágenes con la de las palabras y cuya visita os recomiendo. Hace unos días, me mandó su autorretrato quijotesco. No os sorprendáis al mirar la imagen y ver cómo la calificamos él y yo de autorretrato: Jan Puerta, como el Paseante de La Acequia, busca con insistencia encontrar su imagen en las paredes, para hallarse o poder, al menos, aproximarse a sí mismo a través de las huellas de otros y de la propia mirada. Quizá algún día lo logremos, querido Jan. Por ahora, posiblemente hayas dado con una de las claves de tu espíritu en esa pared que nos regalas.

Próximo autorretrato: Pancho.

Recordad que todos podéis haceros un autorretrato en el que se os reconozca o no. La única condición es que aparezca un volumen de la obra o estéis en actitud quijotesca. Mandádmelo por correo electrónico para publicarlo. Será un buen testimonio de esta locura colectiva y pensaremos qué hacer después con todo este material tan interesante.

Noticias de nuestro Quijote

Abejita de la Vega escribe un corto pero útil texto en el que se nos da cuenta de lo que escribió Cervantes sobre la medicina. Pensemos que él, como soldado, hubo de recurrir a ella en varias ocasiones.

Manuel, en El Quijote y el manco de Lepanto, contextualiza el capítulo de esta semana en el fragor de Levante y las consecuencias para Cervantes: muy útil para situar lo autobiográfico de la historia del cautivo.

Javier nos propone esta semana, en su comentario en imágenes del Quijote que miremos el vértigo en el que vivían aquellos jóvenes que componían los tercios españoles que veían el mapa de Europa como algo propio... y la guerra.

Antonio Aguilera ha publicado el comentario al capítulo XXXVII, con su gracejo de siempre: en efecto, la venta se ha convertido en un lugar en el que compiten las mujeres bellas. También tiene razón, y mucha, en cómo podemos comprobar en la vida real las palabras de don Quijote.

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Vale.