sábado, 31 de enero de 2009

La realidad del soldado, autorretrato cervantino de una mano que acaricia el libro y noticias de nuestro Quijote


Este jueves comentábamos cómo Cervantes, jugando con los recursos literarios, modificaba las modalidades narrativas del Quijote. Lo hace desde el comienzo del libro -desde el prólogo, quizá desde antes-, pero en este capítulo introduce algo especial, que nos acompañará también en la historia del cautivo. Tanto el discurso sobre las armas y las letras como la historia del cautiverio en Argel tienen precedentes literarios, pero Cervantes los supera al introducir el autobiografismo. Sabe de lo que habla al mencionar la dura vida del soldado y del prisionero por los piratas berberiscos puesto que lo vivió en sus propias carnes. Y esa experiencia, traducida en literatura, aleja ambos textos -el discurso y el relato- de sus precedentes. Percibimos, desde el principio, ese juego.

Cervantes, en un pasaje de su vida no del todo aclarado, abandona sus estudios en España y, posteriormente, su trabajo entre papeles para enrolarse como soldado en los famosos Tercios españoles. Como tal, durante años, conoce la vida dura del soldado de la época, la holganza en los momentos más tranquilos y la violencia de la guerra -sufre heridas graves, tiene un comportamiento heroico-. Aquellos soldados españoles -o los mercenarios que para el Imperio trabajaban-, participan victoriosos en los escenarios principales de las luchas europeas. Durante décadas se convierten en el ejército mejor preparado, con mayor capacidad técnica. Son una herramienta perfecta para el mantenimiento de la presencia española en territorios cada vez más hostiles e implantar la política diseñada por la Corte de los monarcas españoles del XVI y del XVII. Estos reyes empujaron a la Corona española a un Imperio que queda muy bien en los libros de Historia pero contribuyó a desangrar España hasta el punto de que su máximo esplendor fue la base de su posterior decadencia.

Los jóvenes españoles tenían muchos motivos para alistarse en los Tercios: una combinación de sueños de gloria, sentimiento de orgullo colectivo en una empresa común del país, huir de la miseria económica y conseguir una pequeña fortuna -económica y personal- que les permitiera mejorar o lavar una mancha o un crimen en su pasado. No sabemos bien qué le llevó a Cervantes a apuntarse. Hay teorías que lo hacen un convencido contrarreformista, otras le hacen joven aventurero. Es muy posible que tuviera algo que ver su salida precipitada de España y la intención de saldar lo que la hubiera provocado. O quizá una mezcla de todo, casi seguro.

Cuando Cervantes pudo regresar a España tras su cautiverio, se encontró como muchos otros excombatientes de todos los tiempos. De aquellos jóvenes que volvían heridos, mutilados o simplemente envejecidos, pocos o nadie se ocupaban. Si no habían tenido suerte con sus pagas o con los botines de guerra, volvían con poco más que con sus hojas de servicio. Algunos consiguieron ejercerlas como cartas de recomendación, pero la mayoría no. Las calles de las ciudades españolas se llenaron de estos hombres que marcharon hacia la gloria y que dejaron su sangre y la de sus compañeros por media Europa.

El golpe que recibiera Cervantes debió ser brutal porque, además, él no pudo volver directamente para sacar provecho de su participación directa en algunas de las acciones más recordadas por la historia. Después de unos años, a pocos importó lo que decía aquel hombre y tuvo que intentar otros medios para ganarse la vida. Siempre se mostró orgulloso de su pasado militar, pero no dejó de manifestar en su obra lo poco que importaba aquello en esa España que, de tanto crecer, se había vaciado.

Un autorretrato con mano y anillo acariciando un ejemplar del Quijote.



Selma, autora del cálido, comprometido y acertado blog Desde mi jaima, me envió, susurrando en el correo, este autorretrato en el que acaricia un ejemplar del Quijote. El anillo contiene secretos de amatista que sólo los iniciados podrán conocer y la mano que roza el libro arranca todas las certezas de una mirada. Gracias, querida Selma.

Próximos autorretratos: Jan Puerta y Pancho.

Recordad que todos podéis haceros un autorretrato en el que se os reconozca o no. La única condición es que aparezca un volumen de la obra o estéis en actitud quijotesca. Mandádmelo por correo electrónico para publicarlo. Será un buen testimonio de esta locura colectiva y pensaremos qué hacer después con todo este material tan interesante.

Noticias de nuestro Quijote

Abejita de la Vega, a partir de mi reflexión del pasado sábado sobre la leyenda de las cautivas y de las cristianas secretas, nos recuerda cómo el folklore ha conservado esta figura hasta hace muy poco en los juegos infantiles: Romance de las tres cautivas. También ha publicado su comentario al capítulo de esta semana y razona, como mucho acierto, sobre el discurso y los motivos autobiográficos que contiene.

Ele Bergón nos regala un texto de Kafka sobre Sancho y la composición del Quijote: una verdadera contravisión que merece la pena leer con calma: La verdad sobre Sancho Panza.

Manuel hace un comentario muy oportuno del capítulo de esta semana, con una pregunta muy inteligente sobre la dualidad permanente en la obra entre las armas y las letras, que sabe encuadrar muy bien en el contexto histórico en el que vivió Cervantes. También, después del éxito del Manifiesto por la solidaridad, nos retorna a la locura de nuestro empeño publicando una imagen que une los dos empeños.

Javier G. Riobó ilustra el capítulo de esta semana con tres imágenes extraordinarias, que lo resumen y amplían, en un juego de miradas actual sobre la propuesta cervantina, hasta llegar a los demonios finales. No os la perdáis.

Antonio Aguilera ha podido recuperarse, por suerte para todos, y nos regala una perla en compañía de Ojito saltón al comentar el capítulo XXXVI: entre bromas y veras, como siempre hace en su comentario, singulariza al Quijote por su estilo de todos los fáciles imitadores. La foto es impagable.


Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook,
aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada,
aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré.
Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

viernes, 30 de enero de 2009

MANIFIESTO POR LA SOLIDARIDAD


Cuando mi amigo Cornelivs lanzó la idea de promover algún tipo de acción solidaria y colectiva para clamar contra la pobreza y el hambre de millones de personas, una de las mayores injusticias de nuestro mundo, usando para ello la red social que se establece en los blogs, me sumé a la iniciativa desde el principio y he colaborado en todo lo que he podido.

El resultado es este Manifiesto por la solidaridad que hoy publicamos decenas de blogs. El texto, traducido a varios idiomas, ha sido un esfuerzo de todos, proponiendo ideas y mejorando la redacción. Es una emocionante y efectiva demostración de que los blogs producen corrientes de pensamiento y de acción que unen a personas de muy diferente condición y lugar de residencia en pro de una buena causa.

Os invito a todos a publicarlo y seguir difundiéndolo, para que llegue a nuestros gobernantes nuestra reivindicación.

La imagen que lo preside es una donación desinteresada de los autores de otro excelente blog, Creaciones.



MANIFIESTO POR LA SOLIDARIDAD


QUIENES SOMOS:


Los que suscribimos este manifiesto somos ciudadanos en el pleno uso de nuestros derechos civiles, y titulares de la soberanía popular, de la cual emanan los poderes del Estado.


Los firmantes nos dirigimos a todos los ciudadanos del mundo, conocedores de la situación de pobreza, hambre y enfermedad en la que se encuentra gran parte de la población humana en un momento histórico, como el actual, en el que se disponen de los suficientes medios políticos, económicos y científicos que pudieran solucionar estos problemas.


Este manifiesto tiene vocación de universalidad, y va dirigido a toda la humanidad, a cada ser humano que habita el planeta, para que tome conciencia de la terrible situación a la que se enfrentan millones de personas y de alguna manera actúe en consecuencia para terminar con esta insostenible situación. Por ello la versión original en español será traducida a diversas lenguas, pues nuestro propósito consiste en hacer oír la voz de la opinión pública en los lugares en las que se toman las decisiones políticas y económicas del mundo.


A QUIÉN NOS DIRIGIMOS:


Nos dirigimos a la clase política gobernante de nuestros países; así como a los más altos mandatarios de las Organizaciones Internacionales, tales como la Organización de las Naciones Unidas, y a los Presidentes y Gobiernos de los países más poderosos económicamente de la Tierra.


LES MANIFESTAMOS:


1.- Que este texto tiene su origen en la constatación de la extrema situación de necesidad y de hambre que sufre una gran parte de la población de la Tierra y en el desigual e injusto reparto de bienes que existe actualmente en el mundo. Entendemos que la ecuanimidad y la armonía en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, por lo cual es inadmisible que una gran parte de la población mundial tenga que enfrentarse a una realidad tan precaria, a tal grado de injusticia y desigualdad, a tanta hambre, pobreza y desnutrición.


2.- Que consideramos que dicha situación es intrínsecamente perversa y no admisible ni moral ni éticamente, dado que todos los seres humanos nacen libres e iguales. Igualmente, tenemos presente que todos los ciudadanos del mundo tienen esos derechos desde el mismo instante de su nacimiento y no como una promesa futura cuya conquista dependa de la realidad política, social o económica de sus países.


3.- Que defendemos que es completamente injusto, inmoral y un crimen humanitario punible ante los tribunales internacionales y la Historia que, en pleno Siglo XXI, existan seres humanos que pasen hambre en el mundo, y que mueran por ello. Que es un agravante de ese crimen que, existiendo las leyes internacionales suficientes, así como los medios técnicos, económicos y científicos para corregir dicha situación, los que ejercen el poder en el mundo no lleven a cabo las acciones necesarias para solucionar lo que generaciones futuras calificarán de verdadero genocidio en el que serán culpables todos aquellos que, teniendo los medios para solucionar el problema, no los hayan empleado.


4.- Que consideramos que esta injusta situación es contraria al Derecho Natural, a los Derechos Humanos y a las normas de la más elemental ética, y entendemos que ha llegado el momento de que la voz de la opinión pública exija de sus gobernantes el final de tal estado de cosas.


5.- Que el presente manifiesto no es un manifiesto utópico; y que tampoco es un manifiesto político, ni se pretende con el mismo la instauración de un nuevo orden político o socio-económico mundial, ni ningún menoscabo del tejido empresarial, sanitario y social del mundo desarrollado, sino la más elemental justicia con los desfavorecidos.


POR TODO ELLO, EXIGIMOS A NUESTROS GOBERNANTES:


1.- La adopción de medidas inmediatas y urgentes para paliar tal situación de hambre, enfermedad y desnutrición en el tercer mundo. Consideramos que tales medidas no constituyen una utopía, sino que son perfectamente viables y posibles.


2.- Mantener el compromiso de cumplir los Objetivos del Milenio que, establecidos por Naciones Unidas en el año 2000, definen los principios a los que ha de ajustarse la actuación de los países y del sistema económico internacional para superar, con el horizonte fijado en 2015, las injusticias que aquejan a la humanidad.


3.- La realización de acciones solidarias sistemáticas con los países más desfavorecidos y que se establezca un orden lógico y humano de prioridades en la política económica, con proyectos inteligentes que creen riqueza y puestos de trabajo en los países afectados, facilitando un desarrollo sostenible y un progreso que les ayude a la consolidación de una red sanitaria, económica y social estable que haga posible el retorno a una situación de partida igualitaria.


4.- Que se tomen las medidas necesarias para que los países ricos destinen una parte de sus presupuestos a la creación de riqueza, de empresas y de fuentes de trabajo en los países afectados; así como la adopción de un acuerdo internacional, que debería subscribirse en la ONU de obligado cumplimiento para los países desarrollados.


5.- La implantación de un código ético que regule la estrategia de las empresas multinacionales, así como la eliminación de los paraísos fiscales y la aplicación de la tasa Tobin, ú otra similar, a las transacciones comerciales internacionales, que permita crear un fondo de solidaridad gestionado por Naciones Unidas.


6.- No aceptaremos simples declaraciones de principios que no se traduzcan en políticas concretas. En definitiva, APELAMOS al sentido de la generosidad y humanidad de todos, y fundamentalmente de la clase política internacional económicamente poderosa.


Desde la tierra que espera y cree firmemente en la Solidaridad que construya un mundo mejor y más justo, a 30 de enero de 2009

jueves, 29 de enero de 2009

Discurso sobre las armas y las letras (Cap. 1.38).


El famoso discurso sobre las armas y las letras que pronuncia don Quijote en la venta, ha sido interpretado de muy diferentes maneras. Pongámoslo en situación para comprenderlo.


En primer lugar, Cervantes nos lo da partido en dos capítulos: el 37, en el que se asiste a las consecuencias finales de la desvelación de identidades de todos los protagonistas de los amores cruzados y la aparición de dos personajes nuevos, el cautivo y la mora; y el 38, en el que se anuncia el inicio del relato de las aventuras de esta pareja.


Es decir, como es frecuente en el Quijote, tiene una posición de cruce, de paso de un sitio a otro. Es una pausa, incluso en la acción relatada: se sientan a comer. Es curioso cómo a don Quijote se le despierta la retórica ante la comida, como vimos ya cuando estaba con los cabreros. Sin embargo, no nos dejemos engañar: hemos visto, en otras ocasiones, cómo es, en estos momentos, cuando Cervantes nos introduce perlas narrativas ante las que tenemos que estar muy atentos.


Pero demos un paso más para ver lo que hay antes y lo que hay después. Antes nos hemos hallado en una situación muy embrollada, un tejido largo de historias siempre apuntadas a medias hasta la resolución final. Hemos visto, también, el peso de los disfraces, de los juegos de ocultación, de todas estas historias: ocultación que se da, especialmente, recurriendo a imitar modelos literarios. De ahí la facilidad con la que participan todos en el engaño que se fabrica para don Quijote.


Antes también hemos visto leer una novela, la del Curioso impertinente, cargada de referencias librescas, retórica y un punto conscientemente inverosímil (lo dice hasta el mismo cura al terminar de leerla) en el planteamiento del marido que se empeña en forzar la situación para comprobar la fidelidad de su mujer: es un juego retórico muy conocido en la literatura, por el que se da un ejemplo para explicar una tesis inicial. Ya sabemos que Cervantes siempre presenta matices interesantes, pero ahora no es el caso.


Después vendrá una historia que, desde el inicio, se plantea como opuesta estilísticamente a todo lo anterior. Recordemos las palabras del cautivo:


-Y así, estén vuestras mercedes atentos, y oirán un discurso verdadero, a quien podría ser que no llegasen los mentirosos que con curioso y pensado artificio suelen componerse.


Es aquí donde debemos explicar el discurso: de lo retórico y literario, del artificio basado exclusivamente en los modelos literarios (aunque se intente ser original en el tratamiento de los géneros) a un relato que se nos presenta sencillo y verdadero que, aunque tenga modelos literarios no se subordina a ninguno de ellos sino que se presenta como algo basado en la experiencia del propio Cervantes.


He ahí desde donde debemos explicar el discurso.


El género del debate viene desde la Edad Media y fue muy cultivado por la literatura y por la retórica en los discursos demostrativos que conducían hacia una verdad contraponiendo dos elementos para dar la razón a uno de ellos. Cervantes, por lo tanto, vuelve a tomar una modalidad de escritura consagrada para experimentar con ella. Porque eso es lo que hace el autor: partiendo de un esquema rigurosamente retórico de oposiciones continuas para ir desgranando las ventajas e inconvenientes de cultivar las armas o las letras, llega un punto en el que rebaja todo de literatura para hablar desde la experiencia del que conoce ambos mundos: cambia el género desde dentro. Recordemos que Cervantes iba para hombre de letras cuando lo deja todo y se hace soldado, para retornar después a las letras. Y de ambas situaciones conoce las zonas más oscuras, menos brillantes.


Le interesa, en el discurso, recordar las penurias de los soldados españoles esparcidos por el mundo: pero de los soldados rasos, de la gente que ha dado su vida al servicio de la Monarquía española. Con esos motivos y las alusiones veladas a sus propias circunstancias (la referencia a que un trozo de metal le puede apartar, de forma poco heroica, al hombre de armas de la gloria, como le ocurrió a él). En las palabras de Cervantes hay todo un homenaje a los componentes de los tercios españoles.


Ahora bien, estamos en el Quijote y Cervantes suele dar otra vuelta a los argumentos. Recordemos que todo el discurso tiene un marco en las propias palabras de don Quijote, un viejo extravagante que ha salido al mundo real con unos ideales librescos. Comienza su discurso aludiendo al juego de disfraces y a la relatividad de lo que se es y de lo que se parece:


Verdaderamente, si bien se considera, señores míos, grandes e inauditas cosas ven los que profesan la orden de la andante caballería. Si no, ¿cuál de los vivientes habrá en el mundo que ahora por la puerta deste castillo entrara, y de la suerte que estamos nos viere, que juzgue y crea que nosotros somos quien somos?


Y lo termina recordando, de nuevo, su condición de caballero andante:


Y así, considerando esto, estoy por decir que en el alma me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable como es esta en que ahora vivimos; porque, aunque a mí ningún peligro me pone miedo, todavía me pone recelo pensar si la pólvora y el estaño me han de quitar la ocasión de hacerme famoso y conocido por el valor de mi brazo y filos de mi espada, por todo lo descubierto de la tierra. Pero haga el cielo lo que fuere servido, que tanto seré más estimado, si salgo con lo que pretendo, cuanto a mayores peligros me he puesto que se pusieron los caballeros andantes de los pasados siglos.


Es decir, Cervantes nos recuerda que esas palabras las dice alguien que hace ficción del mundo real, que se niega a aceptarlo y lo trasforma de acuerdo con unas propuestas que toma no de la realidad, sino de la literatura fantástica. Con lo que nos vuelve a someter a la duda, como a los que asisten al discurso. La locura o extravagancia de don Quijote puede afectar a sus palabras y trasformarlas: quizá quisiera Cervantes, al final de su vida, recordarnos el desengaño del soldado abandonado por todos y refugiado en las letras.


Seguiremos con el cautivo el próximo jueves, con el comentario del capítulo XXXIX.

miércoles, 28 de enero de 2009

Puertas para no usarlas


Detrás de toda puerta absurda hay una historia real que merece ser contada antes de que se convierta en leyenda. Quién sabe si esta puerta está hecha para no salir o para no entrar. O si el número de la calle tiene la cifra de los secretos. Como en esas casas en las que todo debe permanecer en el más sórdido de los silencios.

martes, 27 de enero de 2009

Algunas cosas que nos quedan por hacer en la Universidad pública española


Hoy he tenido una conversación muy interesante con una de mis alumnas, intercambiando ideas sobre la adaptación de la Universidad española al Espacio Europeo de Educación Superior, que no es tan malo como parece ni será la panacea definitiva. Algunas de las cuestiones, ya las he dicho aquí desde hace unas semanas. Ahora quiero abordar algunos aspectos esenciales que han centrado la conversación y que no están solucionadas.

La adaptación, como sabemos, está en marcha desde los años noventa, pero sólo en los últimos años, cuando ya todo era inminente, los Ministerios implicados en los estudios universitarios -de diferente color político, para que se vea que esto no es una crítica partidista- se han lanzado a una carrera de circulares, memorias, borradores, normativas, reglamentos y leyes. La acumulación de la documentación y algunas vueltas y revueltas en ella, ha generado desconcierto y sensación de asfixia: estaba claro dónde se quería llegar, pero no tanto el cómo. Los parones en la publicación de la reglamentación (por las elecciones que lo detienen casi todo en la administración central, por vacaciones y otras razones) provocaban situaciones cómicas de llamadas y preguntas casi diarias sobre cómo andaba la cosa y si había salido o no de una vez la versión definitiva de un reglamento que lo único que debía hacer era establecer las premisas de lo ya legislado y sin el cual no se podían aprobar los siguientes pasos.

A esto se ha sumado que las instituciones académicas de casi toda España han esperado hasta el último momento para ponerse en marcha de verdad, como si no hubieran visto que los plazos se agotaban: les bastaba con decir que el Ministerio de turno o el gobierno autonómico correspondiente no habían sacado el decreto esperado para considerarse no afectadas. Quizá no haya sido así del todo, pero esa es la sensación que se ha trasmitido internamente y a la sociedad.

De hecho, a día de hoy, la mayoría de los profesores universitarios españoles no saben qué materias van a impartir el próximo curso, salvo en los pocos casos que ya han visto sancionados positivamente sus grados y aquellos estudios que han decidido esperar un curso más para agotar los plazos (en septiembre de 2010 no se podrán ofertar ya los primeros cursos de las titulaciones según los antiguos títulos). No parece grave, pero lo es, porque afecta a la organización docente y a la calidad de la enseñanza, dado que el nuevo sistema exige una forma completamente diferente de impartir docencia. Al final, importará poco porque todos estaremos en nuestras clases el primer día sea lo que sea lo que tengamos que explicar. Pero es tal y como lo cuento.

Por lo tanto, cuando algún amigo me pregunta qué pasa con los estudios en los que su hijo está interesado para el próximo curso, no sé qué responderle más allá de que todavía tendremos que esperar unas semanas. Recuerdo que estamos ya a finales de enero para los que no sepan en qué día viven.

Pero hay un aspecto que me preocupa mucho de esta desorientación y apresuramiento final. Algo que es esencial para el éxito o el fracaso del nuevo sistema y que diferenciará radicalmente unas Universidades de otras.

Todos sabemos que los estudios universitarios se encarecerán: no tanto como parece, pero lo harán. No sólo porque los estudios de postgrado -casi imprescindibles para la total formación de un titulado superior- puedan resultar más caros en comparación con las Licenciaturas actuales -que bastaban por sí mismas para capacitar a un profesional universitario para casi todo lo relativo a su profesión-, sino porque serán más largos. No bastará con hacer un grado y un máster. En algunas profesiones, será necesario cursar más de un máster para estar, de verdad, preparado y tener un perfil atractivo para el mundo profesional.

En los sistemas universitarios en los que este nuevo formato ya funciona, la mayor parte de los estudiantes universitarios -especialmente los de postgrado- trabajan o tienen fuertes créditos que les permiten afrontar con éxito el pago de estos estudios. Los créditos deberán devolverse en los primeros años de vida laboral o trabajando unos años para quien los ha financiado. No es algo perverso en sí mismo: permite una salida al mercado laboral de forma inmediata y el inicio de un currículum con experiencia que dé mayor éxito a la carrera profesional del titulado. Todos sabemos la contrapartida en algunos casos: después de una formación de alto nivel que ha durado años uno se vincula a una empresa en condiciones económicas precarias. Pero los que se adapten, verán incrementar sus posibilidades con respecto a lo que sucede hoy. Algo se ha hecho en este sentido, pero no lo suficiente.

Me preocupa más aún otra forma laboral que debería venir vinculada con este cambio. Este sistema lleva a que los estudiantes trabajen mientras hacen su carrera -es más factible que ahora, que un trabajo lleva a faltar a clase: la menor carga de docencia presencial con los nuevos grados y el uso de las plataformas virtuales en la nueva docencia, permiten compatibilizar trabajo y estudios en mejores condiciones que ahora-, pero esto debería preocupar ya a las instituciones académicas españolas y a las instituciones locales y el tejido empresarial que están presentes en sus Consejos Sociales (que para eso están ahí), porque será una de las diferencias entre unos campus y otros, lo que haga atractivo estudiar en una Universidad u otra.

Se debería estar generando ya en las Universidades una bolsa laboral de trabajos de media jornada o vinculados a proyectos con un volumen suficiente para poder ofrecer un puesto a la mayor parte de los estudiantes que acudan a las aulas. Trabajos internos en las universidades -desde las cafeterías de las facultades hasta apoyo a servicios administrativos o proyectos docentes o de investigación- más numerosos en cantidad y calidad que las becas que se ofertan hoy en día. O gestionar trabajos, a través de la Universidad, en empresas e instituciones del entorno en condiciones que permitan el estudio y el inicio de la experiencia laboral (lo que sería deseable para la juventud española, un tanto reacia a incorporarse mientras estudia).

Esto supone un cambio de mentalidad para ese contexto social en el que está implantado cada centro Universitario, para las instituciones académicas... y para los estudiantes, que deberán comprender que es bueno para ellos este inicio en el mundo laboral en un grado que no afecte a sus estudios. Especialmente para aquellos cuya renta familiar no sea muy alta y que puedan verse apartados por esta cuestión de los estudios universitarios.

Si no se toman medidas de forma urgente en este sentido, apartaremos de la Universidad (especialmente en los estudios de postgrado) a sectores económicos de la población española que se han incorporado a ella desde los años 70 del siglo pasado y que han sido una de las fuerzas motoras del crecimiento del sistema universitario español y de los cambios sociales que se han producido en este país.

Y, recuerdo, estamos a finales de enero de 2009.

lunes, 26 de enero de 2009

Puerta oxidada


Siempre hay una puerta pintada con nuestro óxido, que conduce a rincones en los que no querríamos haber estado. Pero estuvimos.

domingo, 25 de enero de 2009

La prensa en estos tiempos


En España, pero no sólo aquí, el periódico en papel pasa por momentos difíciles desde hace unos años y tiene un futuro, a medio plazo, muy complicado. La generalización creciente de Internet, por un lado, y el reciente fenómeno de la prensa gratuita, por otro, han incrementado los problemas que ya existían.
Hay una nueva forma de acceder a la información que antes sólo transmitía la prensa: muchas páginas virtuales la ofrecen, desde las institucionales hasta las personales y permiten conocer, al mismo tiempo o antes que en la edición impresa, las decisiones municipales, las deliberaciones del Consejo de Ministros, la cartelera de cine o el tiempo que hará mañana. La difusión de Internet y las herramientas que seleccionan el exceso de información a demanda crecen exponencialmente y dentro de poco aquellos que no recurran a la red para informarse no se contarán tampoco entre los lectores de periódicos.
Por otra parte, el éxito de la prensa en papel de distribución gratuita (ahora afectada por la crisis económica, pero que ha venido para quedarse durante mucho tiempo), por su cercanía en temas y redacción a la mayor parte de la población, por poner en las manos de muchas personas un periódico con la suficiente información (entiéndase esto en un amplio abanico opinable pero cierto) y un estilo fácil de comprender por la mayoría, ha hecho daño a las cabeceras establecidas aunque no lo reconozcan. Especialmente a la prensa local. Evidentemente, la prensa gratuita tiene sus peculiaridades: busca un público de carácter general, no específico, pero no le puede facilitar, por su propio carácter, artículos extensos ni grandes reportajes ni su plantilla ni intención de partida le permite, salvo excepciones, hacer investigaciones de alto calado o cubrir todos los frentes informativos. La mejor forma de ver el efecto de esta prensa en la tradicional es percibir su influencia en la redacción y maquetación de las noticias de los periódicos asentados y en la aparición de algunos no gratuitos que parten de su esencia pero dan algo más tanto en extensión como en complejidad. No vaticino una vida muy larga a estos últimos, puesto que se quedan en tierra de nadie, a pesar de que algunas cabeceras tengan aciertos y partan con la simpatía inicial de un sector del público.

Las grandes empresas periodísticas de implantación nacional (habrá tiempo para hablar de la prensa llamada local, que ya no lo es tanto como antes) han diversificado su oferta, conectándose con emisoras de radio, de televisión y portales de Internet. Es más, los grupos más fuertes han comenzado a extender su red más allá del país que les vio nacer para implantarse en ámbitos internacionales de influencia. Muchas lo han hecho no tanto porque vean un rendimiento económico directo a las nuevas tecnologías -es decir, generar riqueza por el mero hecho de transmitir la información al público- sino porque la inercia les obligaba a ocupar un espacio que, si no, ocupaban otros. Y porque han detectado que tener una cuota fuerte del mercado virtual les garantiza una posición de ventaja frente a sus competidores, ante el público, ante el crecimiento futuro de esta herramienta, que ya intuimos, y, especialmente, ante los órganos de decisión política y económica nacionales e internacionales. De hecho, se percibe que algunos empresarios tienen un periódico no tanto para ganar dinero con él sino para aumentar su presencia pública, influir en la opinión general y poder intervenir en la vida política y social de un país, a partir de complejos grupos en los que hay periódicos en papel, portales digitales, cadenas de radio y televisión, etc. Es una forma de hacer rentable la cabecera de un periódico en papel que, por sí misma, no sería muy rentable como inversión. No hacen nada ilegal con ello y sólo los receptores tienen la decisión última sobre el éxito de su línea editorial.

De hecho, casi todas las grandes empresas periodísticas comenzaron ofreciendo sólo a suscriptores -de pago o gratuitos, pero con la obligación de identificarse a través de una clave- el acceso a la mayor parte de la información de sus portales. Hoy sucede lo contrario: casi todas las empresas dan la totalidad de su contenido gratis y sin necesidad de suscripción porque han visto cómo crecían los competidores que lo difundían libremente. Aun así, ni antes ni después los rendimientos económicos de los portales informativos de Internet son elevados ni comparables a los de la publicidad impresa en los años dorados en los que no había más que el periódico en papel. Una buena parte de los lectores de los periódicos digitales no es que no lean la publicidad: es que no la ven. A pesar de lo barato que resulta mantener la publicidad para una página virtual y de que es suficiente un tanto por ciento mínimo de personas que accedan de verdad a ella, no se ve clara la rentabilidad económica aunque es indiscutible la que tiene como forma de hacerse visible en un mundo en el que esta palabra es ya parte del credo de cualquier empresario.

Sin embargo, tampoco ha sucedido la catástrofe de las empresas periodísticas en su faceta tradicional que se pronosticaba con la difusión de Internet: ante la abundancia de contenido y portales, los lectores acceden a las cabeceras en la red que les dan más confianza en su versión en papel, en la radio o en la televisión. Curiosamente, por lo tanto, nos encontramos con una situación que plantea interesantes retos: los grandes medios de comunicación ven cómo sus formatos tradicionales de divulgación de noticias son cada vez menos consultados por los receptores (salvo en circunstancias excepcionales en las que, curiosamente, la atención se vuelve a los formatos conocidos antes de la era de Internet) y asisten al crecimiento paralelo del número de los que acceden a la información a través de sus versiones digitales. Pero no saben ni cómo mantener la publicación en papel, cada vez menos rentable en sí misma, ni cómo rentabilizar de verdad el producto digital.

Por ahora, se limitan a estar donde la situación les obliga a estar y tantear, tras años de recelo e incluso rechazo abierto, todas las posibilidades de la nueva herramienta: información actualizada permanentemente, enlaces a contenidos con información más abundante sobre cada tema, blogs, participación activa de los lectores, acceso completo a las hemerotecas, etc.

Ante esto, conozco muchos periodistas que mantienen todas las alertas contra el mundo virtual, que les genera desconfianza. También conozco otros que saben que es no tanto el futuro como el presente, que abre grandes posibilidades. Los que están perplejos son los empresarios, los dueños de las cabeceras en papel, que ven cómo deben diversificar el producto sin tener clara la ganancia económica. Por un lado, mantener el periódico en papel, buscando nuevas formas para que siga leyéndose y, sobre todo, para que la gente lo compre y pueda influir en la vida de una sociedad. Comprenden la necesidad de volcarse en la red para tener presencia en las nuevas tecnologías -hacerse visibles- y ofrecer unos servicios que sus usuarios demandan; pero deben buscar aun cómo rentabilizarlo más allá que como cuota de un mercado que consideran etéreo. Y todo ello, en medio de una crisis económica. ¿Llegará un momento en el que ni por una política de prestigio social sea rentable mantener la edición en papel?

Seguiremos hablando sobre la prensa en estos tiempos. El próximo día, sobre su independencia.

sábado, 24 de enero de 2009

La leyenda de la mora cristiana, un autorretrato con cerdito y Quijote y noticias de nuestra lectura

Desde los primeros testimonios de la literatura morisca -la literatura que narraba las circunstancias de la guerra entre los reinos cristianos y árabes de la Península Ibérica-, especialmente a finales del siglo XV con el romancero, uno de los motivos más novelescos y de mayor éxito era el de las mujeres que, en tierra musulmana, profesaban la religión cristiana.

Estas, en esa literatura, eran cautivas -mujeres que, por una expedición militar u otras circunstancias terminaban en territorio musulmán- o hijas de cautivas. Estas mujeres se veían forzadas, según la leyenda, a profesar el islam pero, en secreto, eran cristianas. También hay casos de hijas de musulmanes que sentían el cristianismo por algún contacto con otras mujeres cristianas, como las esclavas. Un tercer sector procede de mujeres o hijas de renegados -cristianos que renegaban de su religión para hacerse musulmanes.

Sabemos de casos en los que esto sucedió, pero no siempre todos los datos aportados en los testimonios son fiables porque hay cierta tendencia a lo novelesco que los desvirtúan. Sí constan, con más certeza documental, casos de mujeres que, por varias razones, terminan casándose con notables musulmanes de la época y que no tienen ningún problema en cambiar de religión.

Cuando la guerra ya no se dio en territorio peninsular, la leyenda de la mora cristiana pasó a hacerse aún más exótica y, por lo tanto, más atractiva.

Independientemente de la realidad -en las guerras fronterizas pueden ocurrir estas cosas con frecuencia-, nos interesa el contenido legendario que contiene: su fuerza para el imaginario colectivo. Por eso la literatura lo usó tanto.

Es curioso cómo los textos literarios se centraron, especialmente, en el mundo de las mujeres que terminaban casándose con reyes o grandes personajes musulmanes o en sus hijas. La situación de las mujeres del pueblo, más frecuente, era menos hermosa, por supuesto y, por lo tanto, no tan novelable en una literatura idealizadora como ésta.

En primer lugar, es innegable, hay un efecto de propaganda de los reinos cristianos en tiempos en los que se ha formulado dicha guerra peninsular como Reconquista, Cruzada religiosa por lo tanto. Por una parte, mostraba un modelo de comportamiento a seguir para un hecho muy frecuente: las mujeres que eran raptadas en la guerra o, posteriormente, por los piratas berberiscos (ambas cosas se dieron con frecuencia).

Sin duda alguna, los cristianos del momento veían un estímulo noble en la guerra para liberar a estas mujeres. La guerra, todos los sabemos, hay que vestirla de estas cosas para que nos parezca justa.

Por otra parte, es innegable que en la literatura, especialmente la narrativa morisca del XVI, hay un uso del lujo y la sensualidad oriental en esta leyenda: los vestidos, el harén, el refinamiento. Tendríamos reunidos, por lo tanto, todos los ingredientes para un éxito popular -que aun hoy funciona-: la guerra, con comportamientos heroicos; un ambiente de lujo y erotismo; la religión como conflicto en un momento en el que todo se explicaba por ella; la caballerosidad de los que acuden al rescate de estas cristianas secretas.

Cervantes, como veremos, resume en la historia del cautivo que nos ha comenzado esta semana, todos estos ingredientes de la literatura morisca. Y, además, les añade un toque personal a partir de su experiencia en Argel. Sabe que gustará la historia porque tiene todos los componentes necesarios del éxito.

Retrato con cerdito y Quijote



DeGamonal, parte de la piara tan recomendable de una nube de blogs que tanto me gusta, entre los que está mi blog de cabecera, ha querido autorretratarse como mejor sabe alguien que participa de un espacio tan agradable como Nuestras MiniaturaS, con un doble mérito porque todo es suyo. Tienen tanto encanto estas imágenes que podrían convertirse en trofeo cervantino. ¡Muchas gracias! A ver si con esto te animas a leerlo, aunque sea en pequeñito.

Recordad que todos podéis haceros un autorretrato en el que se os reconozca o no. La única condición es que aparezca un volumen de la obra o estéis en actitud quijotesca. Mandádmelo por correo electrónico para publicarlo. Será un buen testimonio de esta locura colectiva y pensaremos qué hacer después con todo este material tan interesante.

Noticias de nuestro Quijote

En primer lugar, quiero, desde aquí, desear pronta recuperación a Antonio Aguilera, uno de nuestros comentaristas y seguidores de esta locura colectiva, que nos pide que disculpemos su ausencia en las últimas entradas quijotescas porque tiene problemas médicos. ¡Ánimo!

Abejita de la Vega da cuenta de la publicación de su autorretrato el sábado pasado y, como adelanto a su comentario del capítulo de esta semana, en el que aparece Zoraida, publica una foto que nos trae nuevas Zoraidas del presente y un motivo para reflexionar con seriedad.

Francisco O. Campillo da cuenta de un interesante texto saharaui que homenajea el Quijote, una muestra más de cómo este pueblo ama nuestra cultura, a pesar de tanto cómo hemos hecho para que la abandonaran.

Manuel sigue con su útil serie en la que nos explica e ilustra la estructura social de la época del Quijote. Esta semana, además de una acertada mirada al capítulo XXXVII, nos da los datos suficientes para comprender el estado llano rural. No os lo perdáis.

Dianna, en su entrada Quijotescas apariencias, resalta y comenta una de las frases fundamentales del capítulo de esta semana, la que pronuncia don Quijote sobre las apariencias y la realidad de cada uno ante la mirada ajena. La desarrolla con tino y bien ilustrada. No debéis perdérosla.

Javier, en su excelente propuesta de comentario en imágenes del Quijote, seleccciona con acierto esta semana dos secuencias del capítulo, centradas ambas en la nueva presencia femenina, la de la joven mora que acompaña al cautivo y que no tardará en despertar el interés de todos los presentes y los lectores.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
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Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré.
Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

viernes, 23 de enero de 2009

Asepsia


-Siempre me han dado más miedo los casos en los que el asesino deja el lugar del crimen limpio, con la asepsia de un quirófano. Hubo un tiempo en el que tenía una pesadilla recurrente: contemplaba cómo un asesino de aspecto serio y profesional, vestido elegantemente con traje caro y corbata de seda italiana, terminaba de despedazar el cadáver de su víctima sobre un mostrador metálico, lo envolvía en plásticos, recogía sus utensilios y dejaba todo en orden y sin manchas.

-Te despertarías con angustia.

-Depende de si sentía el plástico en mi cara o me miraba en un espejo corrigiendo el nudo de la corbata.

jueves, 22 de enero de 2009

Un poco de todo (Cap. 1.37).


Ya nos tiene acostumbrados Cervantes a estos capítulos que son, aparentemente, de transición entre unos sucesos (el final de las historias de amor cruzadas) y otros (la historia del cautivo) y que, de pronto, se llenan de contenido, pero éste es especialmente rico en asuntos que recoge y comienza sin darnos ninguno en su totalidad: lo que despierta la curiosidad por seguir la lectura.

En primer lugar, se nos dan las reacciones ante el final de la historia de Fernando, Cardenio, Dorotea y Luscinda. Satisfechos todos, por diferentes razones, resalta la de Fernando, aliviado por poder terminar con bien el monumental enredo en el que le había situado su soberbia: donde se hallaba tan a pique de perder el crédito y el alma.

Da concierto a todo el cura y hasta los venteros ven satisfechas sus demandas económicas.

Todos contentos menos, claro está, Sancho, que ve perdida su recompensa y se dirige, airado, contra su amo, al que trata groseramente y del que vuelve a dudar. Don Quijote, que despierta de su sueño reparador -en el que había derrotado al gigante-, se arma completamente para comprobar lo que le dice Sancho sobre lo que ha sucedido mientras dormía y así se presenta ante todos después que le hayan visto medio desnudo.

Al preguntar a Dorotea sobre todo ello, lo hace con la retórica de las novelas de caballerías y ella, que vuelve a encontrar, con el permiso de todos, la facilidad para fingir, miente con la verdad. Si repasamos sus palabras, en ningún momento afirma ser quien no es, pero lo hace de tal manera y con una retórica tan sutil, que deja satisfecho a don Quijote. Engañado más por lo que quiere oír que por lo que oye, éste, arremete contra su criado, insultándolo pero, esta vez, sin pasar a mayores.

El lector puede pensar que, finalmente, se recuperará la línea argumental primera, la de las aventuras de Don Quijote. Sin embargo, Cervantes, vuelve a introducir el inicio de una historia intercalada que dejará suspendida. Aparecen por la puerta de la venta, un cautivo y una mora que pronto, por lo extraño de su vestimenta y de su comportamiento, llaman la atención de todos. Las mujeres se solidarizan con ella y le ofrecen compartir su aposento. Cuando ven el rostro de la bella Zoraida, el narrador no deja de señalar cierta rivalidad entre las tres mujeres: una competición de belleza femenina que nos recuerda que, aunque estamos en una venta en medio de una novela verosímilmente realista, allí se engarzan relatos que proceden de un mundo idealizado. El que ahora comienza pertenece a la literatura morisca, muy cultivada en España desde el siglo XV. Algunos datos nos da el cautivo sobre quiénes son y, especialmente, que Zoraida es mora natural pero cristiana de voluntad (este personaje alude a una leyenda muy extendida en España desde la Edad Media sobre musulmanas que son cristianas en secreto, con algunos casos reales que sirven para darle carta de naturaleza).

La crítica ha señalado, con acierto, el trabajo intertextual de Cervantes con una comedia suya, Los baños de Argel. Tanto en esta obra de teatro como en la narración del cautivo se contienen elementos autobiográficos de Cervantes, a partir de su experiencia como cautivo de los piratas berberiscos hasta su rescate. Volveremos sobre esto.

Todos los lectores saben que esta aparición, aunque se suspenda el relato, anuncia una historia que, antes o después, reaparecerá. Pero Cervantes ya maneja con sabiduría la intensidad de narración y quiere despertar nuestra curiosidad.

Para ello, rompe el relato intercalado con un discurso de Don Quijote, el de las armas y las letras, paralelo en función (prólogo de un acontecimiento posterior y parodia de una forma de discurso retórico al uso en la época) e intención (remansa la acción y sirve para dividir dos acontecimientos que, de no hacerse así, estarían demasiado cercanos) al de la Edad de oro que pronunciara ante los cabreros. Sin embargo, hay un hecho especial a reseñar: en este caso, la mayoría de los que le escuchan pueden entender sus argumentos y apreciarlos como cabe. Esto eleva el rango moral del orador y, además, hace dudar a los allí presentes sobre la locura de un personaje que consigue razonar con tanto tino. Pero para el lector moderno esto no sucede: no puede apreciar lo que le aparta del relato del cautivo, que promete ser interesante.

Tendremos pues, el broche de una historia pero no como en otras ocasiones, puesto que aquí los personajes se quedan en la venta y participarán en buena parte de los capítulos que siguen; la reaparición de Don Quijote; el anuncio de un relato intercalado, el del cautivo; y el inicio de un discurso, el de las armas y las letras.

Como el discurso queda inconcluso, lo valoraremos en el capítulo siguiente, el XXXVIII, que veremos el próximo jueves. Me contentaré con decir que es un discurso sobre un tema muy frecuente desde la Edad Media pero que Cervantes consigue dar un punto de vista original al tratarlo desde su propia experiencia y sin la elevación conceptual de la tradición.

miércoles, 21 de enero de 2009

La ciudad son huellas



Recorrer la ciudad es hallar las huellas de nuestro pasado. Pasearla con el aire frío de este invierno es buscar las tuyas: los besos y las caricias; tu piel bajo el jersey y la mano que descubre la suavidad cálida de su geografía; aquel día en el que una despedida se convirtió en un reencuentro justo en este lugar, en otro invierno. Los rostros que miran son el tuyo: toda la ciudad la llevas dentro. Porque las huellas del deseo dejan su raspadura en las entrañas.

martes, 20 de enero de 2009

No hay ciudad


No hay ciudad. No preexiste. La recordamos o la imaginamos. La intuimos al andar por sus calles camino de la actividad diaria. El asfalto que hay debajo de nuestros pies no es más que producto de una circunstancia que enriquece a algunos y que dificulta nuestro paseo. Pero la ciudad que llevamos dentro no está hecha de esa materia, sino de una niebla que nos conduce a través de sus plazas y que nos hace adivinar el camino hacia el solar donde jugábamos y la casa cuyos pasillos aun podríamos recorrer con los ojos cerrados. No hay más ciudad que la que llevamos dentro, urbanizada con la materia exacta de nuestros sueños y esperanzas.

lunes, 19 de enero de 2009

Agujeros en la memoria.


Nuestra época comenzó con el individuo buscando una nueva forma de definirse. Se había roto la confianza con las grandes ideologías y creencias que le sostenían hasta ese momento, que le habían conferido solidez porque le permitían explicarse por factores externos: uno era porque estaba afiliado a algo bien fuera una iglesia, un partido político, una ideología. La misma historia se explicaba por la lucha de grandes conceptos.

Sin embargo, las guerras mundiales y la radicalización de la guerra fría, que dividió el mundo, evidenciaron que esa forma ya no era válida. Y el individuo quedó náufrago, para bien o para mal. En algunos momentos se ha vivido esa falta con una sensación de festiva libertad y muchos movimientos culturales desde los años cincuenta del pasado siglo se han gestado en esa opción: llevan dentro, también, un ingenuismo -dicho sea en el mejor sentido- optimista no tanto por desconocimiento de lo anterior, sino por su consciente abandono. Contra ellos reaccionó el moralismo ceñudo que venía de los tiempos fracasados de la modernidad. Como la dinámica del tiempo es imparable, estos moralismos han sido desbordados desde fuera y han cedido también desde dentro porque, en gran medida, se basaban en cuestiones que no nacían desde la coherencia sino desde convencionalismos sociales de otros tiempos.

La primera postmodernidad es, fundamentalmente, la búsqueda de una forma de reconstrucción de la identidad individual: se generaron pactos para sobrevivir, pequeños compromisos que, por su sencillez conceptual y el cansancio provocado por las antiguas maneras de entender la vida, tuvieron éxito, aparecieron en diferentes lugares más o menos al mismo tiempo y terminaron creando una red que ha tejido todo el mundo occidental durante años.

Sin embargo, en las últimas décadas, la evolución de esa tendencia ha comenzado a poner de manifiesto sus deficiencias -las de la evolución, no las de las propuestas iniciales-. La ruptura con las grandes ideologías y creencias provocó que el individuo mayoritario buscara refugio en el bienestar inmediato y en la desmemoria. En los últimos años hemos visto que la satisfacción de cada uno era, por lo general, más importante que cualquier otro razonamiento. Para acallar la conciencia, el individuo postmoderno de tipo medio, daba un ligero barniz de conciencia social o ecológica a su mundo cotidiano basado en la cultura del trampantojo y el parque temático. Nuestro definición del mundo se parece más a una gran superficie comercial que a la vida auténtica. Incluso cuando acudimos a la naturaleza como refugio vital o como lugar de descanso, exploramos en ella las posibilidades de mera e inconsciente diversión, provocando la destrucción de aquello que nos atrajo de ella.

Curiosamente, el individuo postmoderno, que comenzó buscando su identidad para reconstruir el puzzle destruido por la ruptura con la modernidad, ha encontrado su forma de estar en el mundo en el olvido de su propia historia. No sólo reinventamos la historia de las naciones, sino la nuestra propia. Nos explicamos desde un presente desmemoriado. Para ello, procedemos a practicar agujeros en nuestro pasado porque la terapia actual nos dice que sólo desde el presente podemos ser felices, como si la premisa esencial de la felicidad fuera la de estar anestesiados.

Ray Loriga, en una de sus mejores novelas, Tokio ya no nos quiere, construye un narrador que no sabe quién es. Por lo poco que él mismo recuerda, es un vendedor de una nueva droga legal cuyo efecto inicial es borrar recuerdos amargos: esas cosas que todos queremos sepultar en el olvido, el dolor de una ruptura sentimental, la angustia de un fracaso. Es una droga que nos permite librarnos, de una vez para todas, de la tiranía de la memoria. Sin embargo, el abuso sistemático -¿por qué no olvidarlo todo para ser otros, estos que somos en el presente de forma exclusiva?-, termina convirtiéndole en un ser sin ningún pasado más allá de unos mínimos recuerdos, casi sensaciones. Este personaje está condenado a vivir en un presente continuo, sin saber quién es ni a quién conoce, repitiendo cada día el mismo presente, porque no acumula la experiencia del pasado.

El individuo postmoderno debería tener mucho cuidado con el efecto de la sacralización del presente como lugar para estar en el mundo.

domingo, 18 de enero de 2009

Nieve gris sin paisaje


Me hubiera gustado hacer una fotografía en la que la nieve que ha caído estos días saliera blanca: un paisaje hermoso como el que nos muestran los fotógrafos que saben todas las técnicas y dividen la imagen en tercios y líneas de fuga y luego, ante el ordenador, retocan alguna sombra que estropea la blancura perfecta. Pero no he podido: he apretado el disparador de mi cámara con insistencia y siempre me salía una imagen en tonos grises y sin horizonte, un paisaje nevado y con niebla, telón de fondo plano de un escenario empobrecido. A veces, la cámara no es más que prolongación de quien la porta, que lleva los ojos velados por la contemplación de la tristeza de la historia. A la espera, quizá, de la primavera.

sábado, 17 de enero de 2009

El lío de los títulos de algunos capítulos, un autorretrato de abejita lectora y noticias de nuestro Quijote

En el capítulo de esta semana, algunos habéis indicado que el título no tiene nada que ver con el contenido, porque hace referencia a lo sucedido en el anterior.

Es divertido todo lo que se ha escrito sobre los títulos de los capítulos del Quijote: desde insistir en la pereza y descuido cervantino hasta imaginarlo con una capacidad irónica que le lleva al juego hasta con los epígrafes.

En este punto tenemos un problema irresoluble: no contamos con un autógrafo cervantino que avale que los títulos de los capítulos son obra del autor pero su no corrección posterior avala que a Cervantes no le disgustó el resultado. Ya hemos visto que, casi con toda seguridad, ni el título de la Primera parte sea obra suya en su totalidad, sino que es pausible la intervención del editor.

El cambio de lugar de varios pasajes, que ya hemos analizado, debió alterar también los títulos que, al no ser corregidos, quedaban sin articulación con el texto. Yo soy de los que pienso que los títulos de los capítulos -o de la mayoría de ellos- son de Cervantes, pero que muchos de ellos no fueron revisados, como sucedió con el texto final, por él mismo, dado lo acelerado de la impresión en sus fases últimas. Soy de la opinión de que algunos de ellos contienen errores con respecto al contenido simplemente porque a Cervantes se le pasaron en esa carrera final en la que no llegó a intervenir. Otros, más ingeniosos, parecen títulos provisionales a la espera del último pulido. Finalmente, en unos pocos hay, sí, mucha ironía, como parodia humorística con respecto a los títulos grandilocuentes de las novelas caballerescas y otras modalidades con las que juega el Quijote. Por lo tanto, de todo hay.

Como a nosotros ha llegado el resultado final, no modificado significativamente en ediciones posteriores por decisión de Cervantes, sin duda, hemos de comprender que el autor se sintió satisfecho de ese resultado puesto que trasmitía al receptor sensaciones que le eran útiles para la intención de la obra.

En el de esta semana hubo de intervenir cierta imperfección en la última redacción del capítulo, que se aprecia también en algunas incoherencias y contradicciones de menor importancia en la narración.

Autorretrato quijotesco de una abejita lectora



María Ángeles Merino Moya nos remite su autorretrato quijotesco, con Abejita de la Vega, una miniatura de Sor Austringiliana y un Quijote en edición de Martín de Riquer, de 1975: un grupo espectacular y muy cervantino entre tanto juego de personalidades. Cuenta que su primera lectura del Quijote no fue por obligación escolar, sino por contribución familiar y que lo hizo en la vieja edición del texto en la colección Austral. Yo también leí mis primeras veces el Quijote en esa edición y quien lo haya hecho sabe de la voluntad que requería: un único volumen de letra apretada, pero asequible en precio a cualquier volumen, ¡Gracias, Abejita!

Recordad que todos podéis haceros uno en el que se os reconozca o no. La única condición es que aparezca un volumen de la obra o estéis en actitud quijotesca. Mandádmelo por correo electrónico para publicarlo. Será un buen testimonio de esta locura colectiva y pensaremos qué hacer después con todo este material tan interesante


Noticias de nuestro Quijote

Juan Luis publica una magnífica entrada en la que nos invita, a la manera de lo que hizo don Quijote con los galeotes en el capítulo XXII, a ser más libres y locos: Romper las cadenas. No os la perdáis.


Ele Bergón publica un texto que parte de la meditación sobre la figura del Quijote: Letanías de Nuestro Señor Don Quijote, de Rubén Darío. No os lo perdáis los que no conozcáis el poema. Lo acompaña del autorretrato de Carmensabes, ya publicado aquí hace unas semanas.


Kety ha seguido esa iniciativa y publica un magnífico texto de Gloria Fuertes que quizá muchos no conozcáis y que es una brillante forma de dar la vuelta a la novela de forma cervantina. Os lo recomiendo: Quijote y Sancha: Gloria Fuertes.

Manuel, tras hacer un resumen del lío inicial del capítulo, en el que debemos recordar todo lo acontecido, continúa explicándonos el contexto social de la obra, de forma muy útil para comprenderla. Dedica su entrada al estado llano urbano. Os lo recomiendo para saber cómo trata todo esto Cervantes.

Javier, en su comentario en imágenes del capítulo de esta semana, nos trae, repetida pero variada una de las frases esenciales de este capítulo, lo que habla, una vez más, de la certeza de su mirada.

Abejita de la Vega publica su comentario, en el que, con humor afronta el lío de lágrimas de esta semana y la forma de "abajarse" de don Fernando. Y lo titula con una de las frases más hermosas de estos párrafos: Dejadme llegar al muro de quien yo soy yedra. Después publica el comentario de Sanchico, que le llega a través de Ele Bergon sobre la aventura de los cueros de vino. Sanchico es un buen chaval y no prueba ni el calimocho.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí. Raúl ha podido arreglar los problemillas técnicos que tenía y ya funciona de forma eficaz. ¡Gracias!
Enlace con el grupo en Facebook,
aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada,
aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

viernes, 16 de enero de 2009

Gestión pública de la cultura y crisis.

Pregunta malévola: ¿Qué pasará, en tiempos de crisis, con las decenas de organismos públicos o instituciones autónomas pero dependientes de la financiación pública o, incluso, fundaciones privadas pero cuyo presupuesto se nutre mayoritariamente de capital público, que se han creado en toda España durante estos últimos 20 años de bonanza económica para gestionar la cultura?

En todas las administraciones (estatales, autonómicas, provinciales y locales) hubo un tiempo en el que se derivó lo que se llamaba cultura (aunque no lo fuera) a este tipo de instituciones. En principio, se pretendía copiar el sistema anglosajón y contar con el apoyo de empresas privadas pero, en su mayoría, captaron únicamente dinero de las mismas administraciones que las creaban y de las Cajas de Ahorro de cada territorio u otras entidades financieras con obligación de invertir parte de sus beneficios en acciones sociales y culturales. Son, lo que yo llamo, Fundaciones a la chapuza española: improvisadas, personalistas, dependientes en exceso del poder político y su necesidad de ocupar los informativos y sin imaginación para atraer más dinero que el que ya estaba en circulación en el sector cultural.

De muchas de ellas no se sabe bien qué hacen más allá de costosísimas y lujosas memorias anuales. Casi todas las que conozco, después de unos pocos años de gran actividad, pasaron a una monótona y aburrida gestión, casi rutinaria y sólo se hacen notar pocas veces al año, a pesar de que cuentan con presupuestos para funcionar todos los días. En muchas se puso al frente a personas casi como premio a su lealtad o a la traición a los del color político contrario. Muchas se dedicaban, en el mismo territorio, a las mismas o parecidas tareas, con lo que entran con cierta frecuencia en conflictos en las que los directores y gerentes se pelean como gallos de corral. Muy pocas de ellas son controladas con criterios de calidad cultural y rentabilidad económica efectiva -es decir, que el dinero genere fondos editoriales con catálogos extensos, imprescindibles; que organicen actividades para promover, divulgar y extender la cultura en red por su zona de influencia, etc.-

Como en los años de bonanza hay dinero para derrochar, a nadie parecía importarle pagar sueldos a gente cuya función no está muy clara, crear burocracia en organismos justificados para agilizar los trámites, financiar actividades por capricho de los políticos que a uno le han puesto y favorecer que se hagan la foto aunque no haya más personas entre el público que los organizadores e invitados ni el rendimiento sea el exigible.

Pero, ¿qué pasa en tiempos de crisis económica?

¿Se mantendrán todas aunque su fusión sea más necesaria que la de las Cajas de Ahorro tanto para el ahorro económico como para mejorar la gestión cultural? ¿Caerán las menos necesarias, las menos rentables en razón de su calidad o sólo las más prescindibles para el poder político hambriento de noticias que le den portadas y minutos televisivos?

¿Y cuándo se recupere la economía habremos aprendido la lección?

Hay excepciones a lo dicho, por supuesto.

jueves, 15 de enero de 2009

Tres enamorados, un noble altanero y un público de lágrima fácil (Cap.1.36).


Para cerrar las historias cruzadas de amores entre Fernando, Cardenio, Luscinda y Dorotea, Cervantes opta por lo teatral: de ahí, entre otras cosas, la velocidad con la que se cumple todo y que la resolución se dé, fundamentalmente, a través del diálogo.

Ya hemos visto esto mismo en otras partes del Quijote: el teatro era el género popular por excelencia en la época y Cervantes siempre tuvo en la mente cómo, después de sus éxitos en los escenarios, se vio apartado de ellos por la irrupción de Lope de Vega y las nuevas tendencias.

En gran medida, una de las características que hacen de esta novela una obra válida en todo momento es su teatralidad: se nos describen las acciones casi como acotaciones, los personajes tienen actitudes actorales y, en fin, lo teatral empapa gran número de reflexiones y aventuras.

Esto es lo que hace ahora, en la venta.

En primer lugar, elige un lugar de paso en el que verosímilmente pueda darse el azar del encuentro. Lo prepara con la descripción que hace el ventero de la extraña comitiva que se introduce en la escena y el comportamiento de los recién llegados, lleno de misterio. Pronto, sin embargo, la voz y el descubrimiento de los rostros da paso a la anagnórisis teatral: todos se reconocen (hay ciertos errores en el relato que se deben a falta de pulido final por parte de Cervantes, pero la rapidez de los acontecimientos los disimulan).

Tras el reconocimiento, todos los movimientos se dan como los podría disponer un buen director de escena: desmayos, solidaridad femenina, gestos dramáticos de súplica, acciones apuntadas que caracterizan a cada uno de los participantes en ellas... y las lágrimas, que siempre ayudan. El drama deviene en comedia sentimental de final feliz.

Pero para que se dé este final feliz se tiene que modificar la arrogancia de Fernando, uno de los personajes más antipáticos de la Primera parte. Ya sabemos de él: heredero de un gran título, noble soberbio y caprichoso, enamoradizo y falso en sus promesas. Ha sido capaz de traicionar a su amigo -he aquí ya una de las razones del Curioso impertinente para los que no hayáis comprendido aun su inserción anterior: en ella, el enamoramiento que traiciona la amistad es verdadero, profundo e inevitable y conduce a los tres protagonistas a una muerte porque saben que se han traicionado los unos a los otros, no como aquí-, de traicionarle de la peor manera posible, robándole a su prometida sin importarle ser correspondido; ha traicionado también la palabra dada a Dorotea, mujer abandonada y burlada; ha robado a Luscinda del monasterio con total alevosía, consciente de la impunidad que le da su estatus.

Fernando es el centro de todas las acciones de este capítulo: Luscinda le ruega la libertad para marchar con su verdadero esposo; Dorotea le recuerda la palabra dada; Cardenio está atento a sus gestos por si tiene que defenderse; todos acuden a rogarle que cumpla con lo que es debido.

La transición de Fernando es notablemente rápida: deja su inicial arrogancia -llega a tocar el pomo de su espada- y su orgullo de hombre acostumbrado a hacer siempre su voluntad y cede ante todas las peticiones para, incluso, estar próximo a las lágrimas.

Cervantes nos ha dejado a nosotros, la decisión sobre lo que hemos visto en esta escena y el comportamiento de cada uno de los personajes y su sinceridad. Como buen dramaturgo, nos da las pistas de los gestos para que seamos nosotros los que valoremos. Porque esta transición de Fernando es no sólo rápida, sino increíble.

Fernando transige porque no puede hacer otra cosa, porque hasta un cura le recuerda que debe actuar como noble y cristiano. Si hubiera pasado por encima de esta petición, hubiera provocado una tragedia, pero no puede: está en una venta, en medio de la realidad de la Mancha y aunque pertenece a la alta nobleza tampoco vive en la impunidad. O quizá sí podría hacerlo, pero Cervantes quiere que no pueda porque no desea llevar la obra por esos derroteros: le ha bastado con marcar críticamente el carácter del heredero de un gran título y luego ha girado hacia el final feliz. Fernando que, en realidad no está enamorado más que de sí mismo, acepta a Dorotea como sucedía en las comedias de enredo cuando en pocos versos se casaba a unos con otros y esboza una sonrisa.

Mientras tanto, todos los presentes han llorado de emoción, como corresponde al género parodiado de la novela sentimental.

Veremos, el próximo jueves, qué pasa tras la solución de estos amores, en el capítulo XXXVII

miércoles, 14 de enero de 2009

El deseo combatido


Hay combates que perdemos siempre. Es difícil vencer cuando se lleva dentro el olor jazmín del cuerpo amado, el tacto amable de su piel y el sabor de su cuello. El amante se declara desesperadamente propiedad del amado, a pesar de luchar con todas sus fuerzas para librase, de negarlo y negarse, de tachar su rostro con saña.

Y entonces surge el vértigo de dar un paso y presentarse derrotado: he perdido, he vuelto a perder. Tantas veces como he luchado contra ti, tantas veces he perdido.

martes, 13 de enero de 2009

Pensar el mundo a principios de siglo (10): La memoria frágil.


Es curioso que, una de las consecuencias del postmodernismo, sea la creencia de que todo está ya dicho, hecho y pensado, la saturación del conocimiento del pasado y, contradictoriamente, la tendencia a la memoria frágil. Inicialmente, la postmodernidad aparece, precisamente, como una época que reaccionaba frente a la dirección última de las líneas del pensamiento moderno y su fracaso: como reacción, se apartaba de la Historia entendida como se venía haciendo desde el siglo XVIII. La Historia como progreso lineal pesaba demasiado y se quería huir de ella: se tenían demasiadas pruebas recientes de su peligrosidad como fórmula para conducir a la Humanidad. Y este hecho condujo a pensar las soluciones de otro modo, de forma más concreta y cercana al individuo que, destruido, sólo quería un pacto de supervivencia. Insisto en que a esta conclusión se había llegado por el conocimiento de las consecuencias de la modernidad: conocimiento teórico y real en la vida de cada uno de los habitantes del planeta a través de las guerras mundiales, la división del mundo en dos bloques con capacidad para declarar una guerra aniquiladora, las fórmulas de relaciones internacionales basadas en la fuerza del neocolonialismo y la división del mundo en países que podían regirlo y países a los que había que conducir con un paternalismo carnívoro, etc.

Nunca el ser humano ha tenido un nivel tan alto de información disponible sobre su historia y el mundo que le rodea como desde mediados del siglo XX. Nunca se ha gozado de tantos conocimientos de acceso libre y generalizado que faciliten a cualquier interesado, con poco esfuerzo, conocer cualquier cosa y poderla explicar a partir de una o varias teorías.

Curiosamente, quizá porque este acceso libre a la información se considera un bien asentado -como si no corriera ningún riesgo de perderse-, se ha producido un descenso en el interés de usarlo. Hasta hace apenas un siglo -o menos-, eran pocos los que podían ejercerlo y, entre ellos, el tanto por ciento que lo hacía era elevado. Sin embargo, con la democratización efectiva del conocimiento, se ha producido una rebaja en ese tanto por ciento: es menor el porcentaje de aquellos que, pudiendo, no ejercen sus posibilidades de conocimiento.

Ésta es una de las mayores contradicciones del mundo occidental actual. Se ha delegado todo en especialistas, incluso aquello que debería se inalienable porque hace más libre al individuo. La mayor parte de la población prefiere olvidarse de aquello para lo que se le ha formado y que está al alcance de la mano: no usa su capacidad y terminará perdiéndola. Como aquellos habitantes de una ciudad en la que tiene la sede un museo universalmente famoso que sólo lo conocen por fuera, porque está ahí y se dicen que ya irán a verlo en un futuro que nunca llega porque siempre hay cosas más urgentes.

Este hecho es singularmente llamativo en la narración histórica de la propia comunidad o del mismo individuo.

El resurgimiento de los nacionalismos, desde hace unos años -en España coincidió con la muerte de Franco; en el antiguo bloque comunista, tras la caída del muro, pero no son los únicos casos- es un efecto de esta cuestión. Todo nacionalismo (estatal, regional, local) parte de contar la historia de una comunidad a partir de hechos que hablen a la emoción fácil y primaria, aunque todos ellos cuenten esa historia de forma verosímil pero no verídica. Importa más la verdad literaria que la verdad histórica. Siempre ha sucedido: la novedad es que tenga éxito en un tiempo en el que hay suficiente información para contrastar los hechos. Aquí se comprueba una dejación del ciudadano en especialistas que le dan todo hecho para que no tenga que molestarse en pensarlo.

También sucede en cuanto a la realidad individual. Una de las insistencias de la psicología de las últimas décadas es la necesidad de que el individuo se instale en un presente que le ayude a superar todas las supuestas culpas y traumas de su pasado y le ahorre la angustia del futuro. Ese presente, se le asegura, le hará mejor, más feliz. El éxito de esta línea psicológica, divulgada, en su aspecto más fácil, en miles de libros de autoayuda (que se copian descaradamente unos a otros), sólo puede explicarse porque el individuo siente una urgencia para no vivir más que un presente imposible -el presente no es más que una entelequia-. Es más, se ha generado una especial urgencia por vivir el presente como si uno se estuviera perdiendo algo si no lo hace y debiera sentirse culpable por ello. Si al ser humano se le pudiera instalar en el presente se le privaría de lo mejor que tiene: su historia y su futuro. Es el único ser vivo que puede reflexionar sobre el tiempo: no sería conveniente transformarlo en una planta en aras de algo que le priva de su esencia y que, además, es imposible de conseguir más que como mera ilusión y anestesia.

La mayor contradicción de nuestro tiempo es que hayamos renunciado a todo este saber y reflexión que nos dan el conocimiento y la memoria de lo que hemos sido, como si nada importara más que nuestra satisfacción aquí y ahora -equilibrio, armonía, paz interior, no son hoy en día más que meras formas de camuflar eufemísticamente el egoísmo del bienestar propio: dar prestigio y carta de naturaleza a algo que nos aparta de la verdadera esencia de la especie-. Junto a esa renuncia, han venido otras: cualquiera puede vendernos como nuevo un producto cultural que lleva circulando más de un siglo; cualquiera puede fabricar una corriente espiritual con una mezcla mal amasada de tópicos constatables con poco esfuerzo; cualquiera puede colarnos de matute una ideología como propia y nueva a pesar de estar tejida a retales visibles para alguien que se haya molestado en adquirir unos pocos conocimientos. Porque, sencillamente, hemos renunciado a saber para intentar ser felices. Recordemos, además, que una de las esencias del postmodernismo es, precisamente, el collage y la intertextualidad. Y ni siquiera se logra más que una apariencia de felicidad basada en el consumismo y en el confort, tan frágiles que una crisis económica nos conduce hacia el caos psicológico, que vivimos sin ningún tipo de herramientas de supervivencia, porque las orillamos en un lugar de nuestra memoria que procedimos a borrar por creerlo de innecesaria visita ya que nos creíamos invulnerables. Invulnerables porque nos hemos negado a conocer nuestra propia historia a pesar de tener la formación y la fuentes al alcance de las manos: no hay peor forma de ignorancia. Siempre podremos echar la culpa a otros.

Reflexionaremos algo más sobre esta fragilidad de nuestra memoria.