
domingo, 30 de noviembre de 2008
Dos visitas, un regalo y una pregunta.

sábado, 29 de noviembre de 2008
La lectora de novela, un autorretrato de Javier García Riobó y noticias de nuestro Quijote


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Vale.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Juan Marsé, Premio Cervantes 2008
jueves, 27 de noviembre de 2008
Una ficción para salvar de la ficción. (Cap. 1.29.)

Hallamos cuatro secuencias:
1ª.- El final del relato de Dorotea, con su fusión definitiva con el de Cardenio y la alianza entre ellos y de ambos con la historia central de don Quijote –prometen ayudar a los propósitos del cura y el barbero-;
2ª.- El regreso de Sancho –que debía estar necesariamente ausente para que también caiga en el engaño de la princesa Micomicona-;
3ª.- La puesta en ejecución del plan, según el cual, para recuperar a don Quijote, que vive en un mundo de ficción, se construye otra a partir de las mismas técnicas de parodia, aunque aquí con fines curativos (el cura y el barbero no escarmientan tras su fracaso con el escrutinio y la biblioteca tapiada e insisten en el mismo sentido);
4ª.- El inicio del camino hacia el pueblo de los protagonistas, con la reagrupación de todos.
La primera (la historia de desamor de Cardenio y Dorotea) queda suspensa, pero el lector ha recibido la suficiente información como para comprender que no tardará en reaparecer.
La segunda nos muestra ya a un Sancho definitivamente ganado por la locura de don Quijote gracias a su simplicidad y ambición. En ella, además, hay una nota racista que al lector moderno le desasosiega: no debe hacerlo, porque Sancho no hace más que poner voz al pensamiento medio de cualquier europeo del momento al proponerse vender como esclavos a sus futuros súbditos negros. Ni a Sancho ni a Cervantes –tan moderno en otros planteamientos- podemos pedirles la formulación de un concepto que no existe en su época.
La tercera nos lleva a una de las claves de esta narración: la ficción de don Quijote es tan poderosa que arrastra a todos: un hombre simple, como Sancho, un cura, un barbero, una labradora rica y un noble. De muy diferentes procedencias y con distintos motivos para participar en ella. Pero todos lo hacen con innegable entusiasmo y alegría, disfrazados y mintiendo. Cervantes es consciente que sólo así puede arrancar a don Quijote de la sierra de forma digna para su personaje: ayudar a una princesa en apuros y matar a un gigante es una aventura a la altura de su proyecto vital, extraída directamente de cualquier novela de caballerías.
He aquí una circunstancia reseñable y con alusión a un tipo de lector en auge sobre el que debía fijarse un novelista: Dorotea, que había afirmado leer sólo libros decorosos, se descuelga ahora como una gran lectora de novelas, hasta el punto de que no le cuesta mucho fingirse princesa de un reino fantástico tanto en los gestos como en las palabras. Lo ocultó cuando quería dar una idea perfecta de su virtud, lo confiesa ahora cuando se la necesita para ayudar a un loco.
El inicio del camino será el giro definitivo del libro hacia su final: para ir al reino Micomicón ha de pasarse, necesariamente, por la mitad del pueblo de don Quijote.
Pero no debemos cerrar el comentario sin aludir al protagonismo adquirido por el cura: ha construido, como buen tracista, toda la trama, incluso las circunstancias no previstas, da forma decorosa –por su condición- a todo lo que sucede y, finalmente, cierra el asunto de los galeotes con una reprimenda a don Quijote en representación de la moral oficial, cuya voz representa. Pero no puede controlarlo todo: para salir del apuro de las barbas perdidas por el barbero, que pueden echar a perder el engaño, debe inventarse un sortilegio como si fuera un mago –he aquí de nuevo la ironía de Cervantes en la construcción de los personajes.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
La venta de lo falso nuevo

Hoy os traigo un ejemplo de lo que debe hacerse, uno de lo que debe hacerse pero no se ha hecho del todo bien y otro que, directamente, es una cara tomadura de pelo.
El ejemplo de lo que debe hacerse es la cabeza de acero inoxidable de Jaume Plensa que se expone en el patio central de la Casa del Cordón -modelo de buena restauración de un edificio histórico para un uso moderno como el de oficina central de una entidad bancaria- hasta el 18 de enero, como complemento y reclamo de la exposición del CAB. En sí misma, la obra tiene una entidad asombrosa: vacía el espacio interior de la cabeza y establece un diálogo con todo el entorno a través de su construcción en red y volumen. Situada donde está, la obra adquiere un pleno significado: ese diálogo se abre a un gran espacio vacío, con un magnífico contraste e integración entre el acero de la cabeza y la piedra del patio, entre la postmodernidad reflexiva de la cabeza y el gótico final de las arquerías. Tal es su adecuación, que el visitante piensa que deberían dejarla allí para siempre aunque este tipo de arte debe verse en diferentes lugares para valorar sus nuevos matices.
El ejemplo de lo que debe hacerse pero no se ha hecho bien es la exposición, que anuncié aquí, de Warhol en Burgos. No responde a las expectativas ni está a la altura de lo requerido. Es, apenas, la muestra de unas series de serigrafías mal explicadas y expuestas (por eso, es mejor el catálogo): como podría hacerse con cualquier joven artista que comenzara su carrera. Todo colgado, como se hace ahora, con un cristal para cubrir las obras y una iluminación tan mal diseñada, que hacen que el espectador se vea a sí mismo más que a la obra (es mal común, no sólo de esta exposición). Lo que no deja de ser toda una interesante reflexión sobre el arte: somos arte pop reflejado en arte pop. Pienso que no era el propósito ni de Warhol ni del comisario de la exposición.
Se completa la muestra, con películas del artista, que fue uno de los que mejor participaron en la experimentación en este arte en los años sesenta. Es cierto que son, posiblemente, sus mejores obras cinematográficas. Una de ellas, Empire (1964), aunque sólo se exponga un fragmento de 45 minutos de las más de 8 horas de metraje, correcta pero insulsamente mostrada en un monitor plano, colgado en la pared -lo que está muy bien, pues puede ser tomada como una parte más de su obra total-. Dos, The Chelsea Girls (1966) y The Velvet Underground and Nico (1966), proyectadas a través de cañones en una superficie rugosa y cierto efecto reflectante, que provoca que veamos, en ocasiones -dado que las películas son en blanco y negro-, más la pantalla que la película. La opción, además, de mostrarlas sin sillas en donde pueda sentarse el público no animan a la contemplación detenida de obras que influyeron decisivamente en el cine independiente y de autor de los años posteriores -Pedro Almodóvar ha aludido, en reiteradas ocasiones, al impacto que supusieron en sus comienzos- supongo que, el comisario, tuvo miedo de que alguien pretendiera ver todo el metraje de ambas (210 minutos la primera, 66 la segunda).
Por último, el juego de espejos que Leandro Erlich muestra ahora en el Reina Sofía, tan aplaudido por los medios de comunicación, es el ejemplo perfecto de cómo no deben hacerse las cosas. Y no me refiero a la calidad del producto, que técnicamente es impecable, sino al intento de vendérnoslo como vanguardia del arte contemporáneo. A nadie debería sorprender ya la mezcla de elementos propios de lo que se llamaba subcultura -aquí, las atracciones de feria-, con el arte más innovador: llevamos más de cien años haciéndolo.
Cuando los juegos de espejos saltaron en las décadas finales del siglo XIX de la atracción de feria al teatro y a museos, sí se hacía algo nuevo. Cuando todo ello se implicó con el precine y, más tarde, con las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX, sí se hacía algo nuevo: la propuesta era rompedora, atrevida y tenía toda una carga de pensamiento cultural e ideología artística detrás.
Que el Reina Sofía lo exponga ahora, no está mal, aunque es irrelevante para el arte actual. Pero que se nos venda como una nueva reflexión, como una nueva forma de hacer arte en el que se ha descubierto la síntesis de elementos, es, sencillamente, una cara tomadura de pelo. Eso sí, ésta gustará incluso a los que rechazan el arte contemporáneo porque dicen no comprenderlo: la instalación de Erlich es puro juego y técnica, artificio y superficialidad, magnífico ejemplo de un tipo de arte muy vivo hoy, demandado por los cientos de museos de arte contemporáneo que han proliferado y deben llenar sus salas como sea y disfrutados por un público que sabe poco ya de cualquier tipo de arte.
Los espectadores saldrán satisfechos y contarán la novedad de esta propuesta: simplemente, porque ignoran que es algo viejo vestido con calidad técnica nueva (el arte contemporáneo está en los últimos capítulos de los libros de texto). Como gran parte de las propuestas de ahora.
Curiosamente, el arte de vanguardia, que rompió con el canon tradicional, ha creado un nuevo tipo de canon. Eso no es incorrecto: en todos los estilos, en todas las épocas, hay iniciadores e imitadores con más o menos calidad. Pero el arte de vanguardia tenía una máxima, que definió bien Rubén Darío en sus Palabras liminares a Prosas profanas y otros poemas (1901):
Yo no tengo literatura «mía» [...] para marcar el rumbo de los demás: mi literatura es mía en mí; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea
Y, sobre todo, que no nos vendan como nuevo lo que lleva tanto tiempo creado. Entre otras cosas, para eso sirve estudiar la historia de las manifestaciones artísticas, como les digo a mis alumnos muchas veces: para que no nos den gato por liebre ni los artistas redichos ni sus patrocinadores y los circuitos culturales.
Como las dos primeras exposiciones las vi con mi amigo Javier García Riobó, hicimos, por el camino, alguna foto. Dejo aquí constancia de una que debería publicar él en breve, para hablar de configuración creativa.
martes, 25 de noviembre de 2008
La mortaja
lunes, 24 de noviembre de 2008
La utopía de lo individual
domingo, 23 de noviembre de 2008
Un solo de saxo
sábado, 22 de noviembre de 2008
El lector de novelas, un autorretrato de El Ente y noticias sobre nuestro Quijote.

La novela, en el formato en el que apareció a finales de la Edad Media y se desarrolló en los siglos XV y XVI gracias a la imprenta, configuró un nuevo tipo de lector. Aunque sabemos -y se da testimonio de ello en el mismo Quijote-, que había lecturas en voz alta para un público más o menos amplio, la novela nació para ser devorada en la intimidad y en la soledad y, como mucho, compartir después las emociones con otro lector, como hacemos en este mismo blog.
El lector, por lo tanto, ya no está frente a otros: es libre para abandonar la lectura, para seguirla, hacer una pausa o doblar la esquina superior derecha de la hoja. Muchas de las condenas morales que sufrió el género novelístico hasta el siglo XIX venían precisamente por ese lado: nadie controlaba al lector solitario, encerrado en su casa y que soñaba aventuras o revoluciones y sonreía inteligente ante una alusión crítica que el autor dejaba caer aquí o allá.
Por eso, los novelistas comenzaron a ser conscientes del potencial del género de forma inmediata y alimentaban las ensoñaciones, los deseos, la inteligencia o simplemente las ganas de diversión del tipo de lector al que se dirigían. O todo junto, como en el Quijote.
En efecto, los lectores de aquellos años iniciales del XVII no debieron ser indiferentes ante la descripción de Dorotea, llena de alusiones eróticas y referencias plásticas y teatrales que recreaban un tipo de mujer muy atractivo. Muchos se deleitarían soñando con esa joven andaluza. Y Cervantes sabe dar la pausa suficiente al relato para ello.
Un autorretrato quijotesco de El Ente
El Ente, bloguero con garra, participante activo en muchas redes sociales y autor de varios espacios recomendables, amén de buen escritor, ha querido sumarse a la iniciativa de los autorretratos. Y aquí está el suyo, ¿en espejo con las letras al revés?
Recordad que todos podéis haceros uno en el que se os reconozca o no. La única condición es que aparezca un volumen de la obra o estéis en actitud quijotesca. Mandádmelo por correo electrónico para publicarlo.
Noticias de nuestro Quijote
viernes, 21 de noviembre de 2008
Marlon Brando y la Dama oscura.
jueves, 20 de noviembre de 2008
Dorotea o el cambio de voz narradora altera y complica el producto (Cap. 1.28)
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Raspaduras
martes, 18 de noviembre de 2008
Biblonow
lunes, 17 de noviembre de 2008
A cada personaje su voz, Euphorbia se autorretrata con bacía y Quijote y noticias de nuestra lectura

Podrían aprender un poco las monótonas novelas actuales, en las que todos los personajes parecen la misma voz en diferentes cuerpos.
Mi querido Fran ha escrito una magnífica entrada dirigida al próximo Presidente de los EE.UU. Completa una suya anterior, en la que había decidido no influir en las recientes elecciones, así que ésta es el precio de su silencio. Como Fran es un gran conocedor del Quijote, ha sabido hallar en él estos consejos al gobernante que, de seguirlos, no sé si mejorarían el mundo, pero a los gobernados nos iría mucho mejor. Además, tengo el placer de que me la dedique. Todo un honor. Adelantándose un poco a nuestra lectura, le cita los consejos que don Quijote le da a Sancho cuando éste es nombrado Gobernador de la Ínsula Barataria, en la Segunda Parte. No os lo perdáis.
Pedro Escudero ha escrito una entrada, ¿Todo es empezar? en su recomendable blog lleno de literatura, Más cuento que Calleja, en la que reflexiona oportunamente sobre la enorme importancia de un comienzo adecuado en cualquier narración. Para ello, cita el inicio del Quijote y parte de lo que aquí hemos dicho en nuestra lectura. Os sugiero que os deis una vuelta por su entrada.
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Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.
domingo, 16 de noviembre de 2008
Lo que no controlas
viernes, 14 de noviembre de 2008
La bolsa de ropa
jueves, 13 de noviembre de 2008
El amante indeciso o el relato de la desesperación de Cardenio (Cap. 1.27).
miércoles, 12 de noviembre de 2008
La falacia de enfrentar Universidad vieja a Universidad nueva (3).
martes, 11 de noviembre de 2008
La puerta del infierno
lunes, 10 de noviembre de 2008
Isabel Huete, editora (2): Mira mi corazón preso en el ámbar de los instantes eternos, de José Blanco.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Del ser oscuro nace la mirada
sábado, 8 de noviembre de 2008
Los versos de Cervantes, un autorretrato y noticias de nuestro Quijote


El periódico La Palabra de Burgos, que tanta atención ha prestado siempre a los blogs y otros fenómenos de Internet, se hace eco de nuestra lectura colectiva, en la página 2 de su número del 6 al 9 de noviembre. Podéis acceder al número completo en este enlace.

Javier García Riobò sigue con su difícil empeño de ilustrar nuestra lectura y comenta el capítulo XXVI en imágenes: un asiento en el que penar amores y nuestro cura y barbero con reflejos y traje.
A Mafi se le ha ocurrido una nueva forma de aerobic pero con un audiolibro con el texto del Quijote: una buena forma de participar en nuestra lectura y hacer deporte a la vez. Eso sí, las bibliotecas comenzarán a oler a sudor... Podéis verlo en ¿Leer adelgaza? El bibliotecario metrosexual existe.