domingo, 30 de noviembre de 2008

Dos visitas, un regalo y una pregunta.


Miguel Vivanco, que, como sabéis, aparece de vez en cuando en La Acequia, me ha hecho dos visitas esta pasada semana. No pude dedicarle mucho tiempo porque ambos días tenía clase poco después de su llegada. En la primera, nos pusimos rápidamente al día y me regaló dos libros de Julio Camba (1882-1962), editados en la vieja y entrañable colección Austral: Sobre casi nada (1947) y Sobre casi todo (1948). Como comentamos los dos, Camba hoy hubiera sido autor de un blog de éxito: por su estilo, la extensión de sus textos, la mirada certera a la sociedad, variedad de temas, etc. Y es uno de los autores españoles que mejor cultivó el humor. Este gallego tan viajado merece volver a ser leído. Una perla, extraída de Sobre la viruela (del primer volumen de los citados), en la que hay tantas cosas contadas como si fuera un chiste:

Parece que en el año 1924 no hubo en Madrid más que un solo caso de viruela. La viruela desaparece en España, y esto, que parece tan grato a primera vista, a mí no deja de producirme una cierta tristeza.

¡Qué quieren ustedes! La viruela ¡era una cosa tan española! Yo nunca olvidaré lo que me ocurrió en Alemania al comienzo de la gran guerra, cuando, en unión de un amigo, fui detenido por una multitud xenófoba que pretendía lincharnos, acusándonos de servios. ¿Cómo demostrar nuestra verdadera nacionalidad? No llevábamos encima documento alguno, y la cosa hubiera tomado muy mal cariz si un caballero, señalando a mi acompañante, no hubiera gritado:

-¡Alto! No cabe duda de que se trata de dos españoles. ¿No ven ustedes las huellas de la viruela en el rostro de este señor?

(...)
No en balde se dice que es en el extranjero donde mejor se aprende el amor de la patria. Yo me di cuenta en Alemania de la importancia de nuestra viruela, que no sólo nos diferencia del resto de mundo, sino que, dentro de España, une en el mismo haz a todos los ciudadanos. ¿Conciben ustedes nada más absurdo que un catalán varioloso hablándonos de su nacionalismo? ¿Que no hay nada de común entre Cataluña y Castilla o entre Castilla y Galicia? Verdaderamente, no habrá muchos ferrocarriles que establezcan un eficaz intercambio entre nuestras distintas regiones; pero, por lo menos, hay estos dos formidables elementos de unión: la viruela y el Arancel. (...)

En su segunda visita, hablamos de exposiciones y arte, a raíz de mi crítica a la exposición de Warhol. Y me lanzó una pregunta que se hace él mismo: ¿por qué La Acequia tiene tantos y tan buenos comentaristas? No supe responderle, quizá como no vemos cómo crecen nuestros propios hijos, porque los vemos día a día. Sé por qué comenzó esta andadura. Ya he expuesto varias veces mis motivos, pero ¿cuáles son los motivos de mis cariñosos comentaristas y de mis visitantes anónimos para seguir viniendo y hacer que el blog crezca con ellos y se enriquezca? Sé que La Acequia no sería lo mismo sin ellos y que su crecimiento en temas, intereses e implicaciones ha sido por su estímulo: sin estos comentaristas, quizá La Acequia hoy sólo sería una carpeta en la que almacenaría mis cosas. Y mi vida se hubiera estrechado notablemente.

sábado, 29 de noviembre de 2008

La lectora de novela, un autorretrato de Javier García Riobó y noticias de nuestro Quijote


Hace una semana, hablábamos de cómo la novela impresa creó un nuevo tipo de lector, más privado y solitario, con todas las connotaciones que eso implicaba: descubrió, sin duda, lo que hoy llamamos el placer de leer. Y vimos cómo Cervantes era muy consciente del público del género que cultivaba.

Desde el Prólogo (Desocupado lector) o la creación de su personaje protagonista (don Quijote lee a solas, de noche y de día, de forma compulsiva, encerrado en su biblioteca). En la entrada de esta semana, hemos visto cómo da un paso más en su magnífico análisis de la recepción de la narrativa y su uso en la novela. En gran medida, esta novela es una historia de libros y lectores: de la pasión por la lectura de los textos de ficción.

Dorotea, en su relato inicial, quiso dibujársenos como una mujer honesta en todo su comportamiento, que se vio forzada a entregarse a un hombre que le mentía y utilizaba. Dijo de sí misma que, después de entregarse a todo tipo de trabajos en la hacienda de su padre:

Los ratos que del día me quedaban, después de haber dado lo que convenía a los mayorales, a capataces y a otros jornaleros, los entretenía en ejercicios que son a las doncellas tan lícitos como necesarios, como son los que ofrece la aguja y la almohadilla, y la rueca muchas veces; y si alguna, por recrear el ánimo, estos ejercicios dejaba, me acogía al entretenimiento de leer algún libro devoto, o a tocar una arpa, porque la experiencia me mostraba que la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.

Pero he aquí que, en cuanto coge confianza y se le pide ayuda para engañar a don Quijote con tan buen propósito como el que llevan el cura y el barbero, se confiesa lectora apasionada de novelas. no sólo de libros devotos y por eso propuso:

que la dejasen el cargo de saber representar todo aquello que fuese menester para llevar adelante su intento, porque ella había leído muchos libros de caballerías y sabía bien el estilo que tenían las doncellas cuitadas cuando pedían sus dones a los andantes caballeros.

Y no sólo lectora, sino que sabe muy bien cómo actuar, con gran desparpajo -obsérvese cómo el narrador señala con un guiño que, cuando se acerca don Quijote, Dorotea se apea de la mula con grande desenvoltura-. Es magnífica y divertida la forma en la que Cervantes contradice las palabras iniciales de su personaje, con lo que lo dota de más credibilidad y humanidad: supera y anula, por lo tanto, los modelos literarios femeninos en los que se basa, los moderniza y los trae hacia la realidad.

No sólo eso: da testimonio inteligente de un dato. Cuando un libro entra en la intimidad de un gabinete, la mujer que sabe leer será su gran aliada. De ahí la insistencia de los moralistas y sacerdotes sobre las lecturas de las mujeres hasta el siglo XIX. Algo similar a Cervantes, hará Clarín, cuando en la Regenta nos construya una lectora sentimental en Ana Ozores para, con ella, superar sus modelos y denunciar la hipocresía de una ciudad de provincias de la España del momento.

Hoy, por suerte, la mujer ya no debe esconder su afición a los libros de ficción. No sólo no los esconde: todas las estadísticas señalan que lee más.

Autorretrato quijotesco de Javier García Riobó



Javier García Riobó contribuye esta semana a nuestra serie de autorretratos quijotescos. Y lo hace en camisa, al estilo de la penitencia en la sierra de don Quijote, cuando quiere imitar a Amadís llamado Beltenebros. El juego en espejo es, sencillamente, una obra maestra de Javier.

Recordad que todos podéis haceros uno en el que se os reconozca o no. La única condición es que aparezca un volumen de la obra o estéis en actitud quijotesca. Mandádmelo por correo electrónico para publicarlo. Será un buen testimonio de esta locura colectiva y pensaremos qué hacer después con todo este material tan interesante.

Noticias de nuestro Quijote

El Ente nos hace un extraordinario regalo a todos los que participamos en esta lectura: un relato por entregas en el que actualiza el Quijote para convertirlo en la clave de todos los misterios. Una aventura que hará que sus protagonistas sean mejores, seguro. ¡A disfrutar todos leyendo La Biblioteca. Aventuras de Félix y Nuria! Segunda entrega, aquí.

Abejita de la Vega, en su entrada que no parecían sino pedazos de blanco cristal, lleva a cabo un buen análisis del capítulo XXVIII al referirse tanto al narrador como a la figura de Dorotea. Además, da claves artísticas que nos ayudan a comprender mejor las fuentes de este personaje. También publica una entrada, escrita por Ele Bergón, en la que Sanchico nos da cuenta de la desaparición de su padre, que anda por el monte en compañía de un cura y un peluquero. Si es que le van a matar a disgustos al pobre Sanchico.

Antonio Aguilera publica su comentario del capítulo XXIX, entre bromas y veras, precedido de una foto en la que disfraza a don Quijote y Sancho de carnaval, pero con susto. Muy acertadamente, se fija en las palabras del título del capítulo, entre las que se encuentra la de "pasatiempo", que no es otra la inicial función de una novela.

Manuel publica El Quijote y el "ser" caballero. Además de una oportuna mención a Dorotea y al regreso de don Quijote a escena, contiene una acertada cita de Ramón Lull que no podéis dejar de leer: no era cierto exactamente lo que decía Llull, pero debería haberlo sido porque nos daba una necesidad de su tiempo. Acompaña una divetida ilustración, obra de su hijo (¡qué dos hijos artistas los de Manuel!): Don Click-jote vuelve a escena.

Javier ha hecho una de sus mejores entradas. Recordad que su propuesta es comentar con imágenes la lectura: imágenes tomadas en la calle, en los escaparates. A ellas se añade la selección, acertadísima de las citas de Cervantes, que construyen una narración intensa que juega con las fotos. Las cuatro que ha tomado para la entrada de esta semana son sencillamante espectaculares, todas ellas. No os las perdáis.

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viernes, 28 de noviembre de 2008

Juan Marsé, Premio Cervantes 2008

Un narrador que ha contado así historias reconocibles, de las que nadie se había dado cuenta antes, merece el Cervantes. Juan Marsé, premiado este año, ha sabido hallar el tono adecuado para contarnos nuestras vidas y que parezcan novelas. Hagámosle justicia leyendo su obra.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Una ficción para salvar de la ficción. (Cap. 1.29.)


Este capítulo es una obra maestra de ingeniería narrativa. No tiene grandes cosas que llamen la atención del lector, salvo algunos momentos, pero sus páginas son absolutamente esenciales para la historia, puesto que sirven para plegar la novela hacia su final. Un capítulo arriesgado porque si lo que se cuenta en él resultara forzado, perjudicaría la verosimilitud de la segunda mitad del volumen. A veces, los capítulos menos apasionantes son los que exigen más esfuerzos a un autor. Hoy, la mayor parte de los novelistas lo solucionan omitiéndolos, puesto que el potencial de la elipsis se ha ampliado con respecto al tiempo de Cervantes.

Hallamos cuatro secuencias:

1ª.- El final del relato de Dorotea, con su fusión definitiva con el de Cardenio y la alianza entre ellos y de ambos con la historia central de don Quijote –prometen ayudar a los propósitos del cura y el barbero-;

2ª.- El regreso de Sancho –que debía estar necesariamente ausente para que también caiga en el engaño de la princesa Micomicona-;

3ª.- La puesta en ejecución del plan, según el cual, para recuperar a don Quijote, que vive en un mundo de ficción, se construye otra a partir de las mismas técnicas de parodia, aunque aquí con fines curativos (el cura y el barbero no escarmientan tras su fracaso con el escrutinio y la biblioteca tapiada e insisten en el mismo sentido);

4ª.- El inicio del camino hacia el pueblo de los protagonistas, con la reagrupación de todos.

La primera (la historia de desamor de Cardenio y Dorotea) queda suspensa, pero el lector ha recibido la suficiente información como para comprender que no tardará en reaparecer.

La segunda nos muestra ya a un Sancho definitivamente ganado por la locura de don Quijote gracias a su simplicidad y ambición. En ella, además, hay una nota racista que al lector moderno le desasosiega: no debe hacerlo, porque Sancho no hace más que poner voz al pensamiento medio de cualquier europeo del momento al proponerse vender como esclavos a sus futuros súbditos negros. Ni a Sancho ni a Cervantes –tan moderno en otros planteamientos- podemos pedirles la formulación de un concepto que no existe en su época.

La tercera nos lleva a una de las claves de esta narración: la ficción de don Quijote es tan poderosa que arrastra a todos: un hombre simple, como Sancho, un cura, un barbero, una labradora rica y un noble. De muy diferentes procedencias y con distintos motivos para participar en ella. Pero todos lo hacen con innegable entusiasmo y alegría, disfrazados y mintiendo. Cervantes es consciente que sólo así puede arrancar a don Quijote de la sierra de forma digna para su personaje: ayudar a una princesa en apuros y matar a un gigante es una aventura a la altura de su proyecto vital, extraída directamente de cualquier novela de caballerías.

He aquí una circunstancia reseñable y con alusión a un tipo de lector en auge sobre el que debía fijarse un novelista: Dorotea, que había afirmado leer sólo libros decorosos, se descuelga ahora como una gran lectora de novelas, hasta el punto de que no le cuesta mucho fingirse princesa de un reino fantástico tanto en los gestos como en las palabras. Lo ocultó cuando quería dar una idea perfecta de su virtud, lo confiesa ahora cuando se la necesita para ayudar a un loco.

El inicio del camino será el giro definitivo del libro hacia su final: para ir al reino Micomicón ha de pasarse, necesariamente, por la mitad del pueblo de don Quijote.

Pero no debemos cerrar el comentario sin aludir al protagonismo adquirido por el cura: ha construido, como buen tracista, toda la trama, incluso las circunstancias no previstas, da forma decorosa –por su condición- a todo lo que sucede y, finalmente, cierra el asunto de los galeotes con una reprimenda a don Quijote en representación de la moral oficial, cuya voz representa. Pero no puede controlarlo todo: para salir del apuro de las barbas perdidas por el barbero, que pueden echar a perder el engaño, debe inventarse un sortilegio como si fuera un mago –he aquí de nuevo la ironía de Cervantes en la construcción de los personajes.

Veremos dónde llega tan curiosa comitiva, el próximo jueves, en el capítulo XXX.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

La venta de lo falso nuevo


Los lectores más antiguos de La Acequia sabéis que me gusta el llamado arte contemporáneo y de vanguardia. Sabéis que analizo esas manifestaciones del siglo XX que a muchos les provocan aun rechazos e incomprensión y que os he animado a visitar exposiciones y conocer artistas de este tipo. Entre otras cosas, porque son la demostración más exacta de nuestra época y porque merece la pena el esfuerzo de comprensión para poder gozar de él como hacemos con otros tipos de arte.

Hoy os traigo un ejemplo de lo que debe hacerse, uno de lo que debe hacerse pero no se ha hecho del todo bien y otro que, directamente, es una cara tomadura de pelo.

El ejemplo de lo que debe hacerse es la cabeza de acero inoxidable de Jaume Plensa que se expone en el patio central de la Casa del Cordón -modelo de buena restauración de un edificio histórico para un uso moderno como el de oficina central de una entidad bancaria- hasta el 18 de enero, como complemento y reclamo de la exposición del CAB. En sí misma, la obra tiene una entidad asombrosa: vacía el espacio interior de la cabeza y establece un diálogo con todo el entorno a través de su construcción en red y volumen. Situada donde está, la obra adquiere un pleno significado: ese diálogo se abre a un gran espacio vacío, con un magnífico contraste e integración entre el acero de la cabeza y la piedra del patio, entre la postmodernidad reflexiva de la cabeza y el gótico final de las arquerías. Tal es su adecuación, que el visitante piensa que deberían dejarla allí para siempre aunque este tipo de arte debe verse en diferentes lugares para valorar sus nuevos matices.

El ejemplo de lo que debe hacerse pero no se ha hecho bien es la exposición, que anuncié aquí, de Warhol en Burgos. No responde a las expectativas ni está a la altura de lo requerido. Es, apenas, la muestra de unas series de serigrafías mal explicadas y expuestas (por eso, es mejor el catálogo): como podría hacerse con cualquier joven artista que comenzara su carrera. Todo colgado, como se hace ahora, con un cristal para cubrir las obras y una iluminación tan mal diseñada, que hacen que el espectador se vea a sí mismo más que a la obra (es mal común, no sólo de esta exposición). Lo que no deja de ser toda una interesante reflexión sobre el arte: somos arte pop reflejado en arte pop. Pienso que no era el propósito ni de Warhol ni del comisario de la exposición.

Se completa la muestra, con películas del artista, que fue uno de los que mejor participaron en la experimentación en este arte en los años sesenta. Es cierto que son, posiblemente, sus mejores obras cinematográficas. Una de ellas, Empire (1964), aunque sólo se exponga un fragmento de 45 minutos de las más de 8 horas de metraje, correcta pero insulsamente mostrada en un monitor plano, colgado en la pared -lo que está muy bien, pues puede ser tomada como una parte más de su obra total-. Dos, The Chelsea Girls (1966) y The Velvet Underground and Nico (1966), proyectadas a través de cañones en una superficie rugosa y cierto efecto reflectante, que provoca que veamos, en ocasiones -dado que las películas son en blanco y negro-, más la pantalla que la película. La opción, además, de mostrarlas sin sillas en donde pueda sentarse el público no animan a la contemplación detenida de obras que influyeron decisivamente en el cine independiente y de autor de los años posteriores -Pedro Almodóvar ha aludido, en reiteradas ocasiones, al impacto que supusieron en sus comienzos- supongo que, el comisario, tuvo miedo de que alguien pretendiera ver todo el metraje de ambas (210 minutos la primera, 66 la segunda).

Por último, el juego de espejos que Leandro Erlich muestra ahora en el Reina Sofía, tan aplaudido por los medios de comunicación, es el ejemplo perfecto de cómo no deben hacerse las cosas. Y no me refiero a la calidad del producto, que técnicamente es impecable, sino al intento de vendérnoslo como vanguardia del arte contemporáneo. A nadie debería sorprender ya la mezcla de elementos propios de lo que se llamaba subcultura -aquí, las atracciones de feria-, con el arte más innovador: llevamos más de cien años haciéndolo.

Cuando los juegos de espejos saltaron en las décadas finales del siglo XIX de la atracción de feria al teatro y a museos, sí se hacía algo nuevo. Cuando todo ello se implicó con el precine y, más tarde, con las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX, sí se hacía algo nuevo: la propuesta era rompedora, atrevida y tenía toda una carga de pensamiento cultural e ideología artística detrás.

Que el Reina Sofía lo exponga ahora, no está mal, aunque es irrelevante para el arte actual. Pero que se nos venda como una nueva reflexión, como una nueva forma de hacer arte en el que se ha descubierto la síntesis de elementos, es, sencillamente, una cara tomadura de pelo. Eso sí, ésta gustará incluso a los que rechazan el arte contemporáneo porque dicen no comprenderlo: la instalación de Erlich es puro juego y técnica, artificio y superficialidad, magnífico ejemplo de un tipo de arte muy vivo hoy, demandado por los cientos de museos de arte contemporáneo que han proliferado y deben llenar sus salas como sea y disfrutados por un público que sabe poco ya de cualquier tipo de arte.

Los espectadores saldrán satisfechos y contarán la novedad de esta propuesta: simplemente, porque ignoran que es algo viejo vestido con calidad técnica nueva (el arte contemporáneo está en los últimos capítulos de los libros de texto). Como gran parte de las propuestas de ahora.

Curiosamente, el arte de vanguardia, que rompió con el canon tradicional, ha creado un nuevo tipo de canon. Eso no es incorrecto: en todos los estilos, en todas las épocas, hay iniciadores e imitadores con más o menos calidad. Pero el arte de vanguardia tenía una máxima, que definió bien Rubén Darío en sus Palabras liminares a Prosas profanas y otros poemas (1901):

Yo no tengo literatura «mía» [...] para marcar el rumbo de los demás: mi literatura es mía en mí; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea

Y, sobre todo, que no nos vendan como nuevo lo que lleva tanto tiempo creado. Entre otras cosas, para eso sirve estudiar la historia de las manifestaciones artísticas, como les digo a mis alumnos muchas veces: para que no nos den gato por liebre ni los artistas redichos ni sus patrocinadores y los circuitos culturales.

Como las dos primeras exposiciones las vi con mi amigo Javier García Riobó, hicimos, por el camino, alguna foto. Dejo aquí constancia de una que debería publicar él en breve, para hablar de configuración creativa.

martes, 25 de noviembre de 2008

La mortaja


Puro trampantojo. Se quedan nuestras ciudades -máximo reflejo de nuestra cultura- apenas sostenidas por un andamiaje de ortodoncia. Hace mucho que estamos muertos: que la mortaja sea, al menos, de primera calidad.

lunes, 24 de noviembre de 2008

La utopía de lo individual


La definición del individuo es una de las cuestiones más exactas para comprender una época. En gran parte de la Historia de la Humanidad, el individuo ha estado siempre subordinado a lo colectivo: no ha tenido la entidad suficiente para ser autónomo bien porque no era más que una pieza del grupo, un súbdito o un ser sin entidad legal. A gran parte de los seres humanos se les ha negado en la Historia su condición de individuos, cosificándolos mediante la esclavitud, la falta de derechos o su condición de secundarios. Ese camino hacia la construcción de una sociedad basada en individuos libres, iguales y asociados, ha sido el sueño utópico de los mejores pensadores y aun no es una realidad conseguida, aunque, sin duda, estamos mejor que hace unos siglos.

La Modernidad significó un período de libertad del individuo frente a todas las ideologías, políticas y religiosas, que le negaban esa autonomía frente a lo colectivo, desde la abolición de la esclavitud hasta la igualdad de derechos independientemente del sexo, religión o condición social. Aunque, en la práctica, esa rebelión del individuo fue lenta y conflictiva, a partir de las teorías ilustradas y su concreción, por ejemplo, en las diferentes cartas de derechos, hubo un aparato legal que permitía defender la utopía del individuo libre como algo que se podía realizar. Y esa concreción permitía su asociación con otros individuos en comunidades y naciones.

Lo colectivo hubo de reinventarse, y el sistema del Antiguo Régimen cayó para dar paso a la lenta aparición de la Democracia moderna (que viene gestándose desde finales del siglo XVIII en un parto muy complicado): el sueño de la igualdad en derechos y deberes a partir de un pacto entre el individuo y la sociedad.

Evidentemente, el edificio teórico tuvo grietas: se construyeron nuevas formas de subordinación de lo individual a proyectos colectivos y unos nuevos dirigentes, más sutiles que los anteriores y cada vez menos vinculados a las fronteras políticas tradicionales, decidieron muchas veces por el individuo, anulando, en la práctica, su autonomía. Incluso se dio la paradoja de que algunas ideologías nacidas como liberadoras se convirtieron, en su evolución, en estrategias de dominación. Contribuyó a ello que gran parte de los seres humanos sintieron el vértigo de la libertad, el vacío de descubrir de nuevo el mundo sin los preceptos tradicionales, fáciles y asumidos.

Por otro lado, la mayor parte de la Humanidad se vio apartada de estos logros occidentales. Curiosamente, Occidente usó de este nuevo armazón teórico para dominar al resto del mundo y anular los derechos individuales de aquellos a los que decía ayudar en su progreso: es casi la esencia del neocolonialismo.

Pero no neguemos que el camino, lento, doloroso y no siempre lineal, ha sido positivo: el ser humano era más libre -o, mejor, podía ser más libre, tiene las condiciones para serlo pero sin abandonar jamás su rebeldía- a mediados del siglo XX que a principios del siglo XVIII.

En la próxima entrada veremos qué pasó después.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Un solo de saxo


Cuando el bourbon subió a mis ojos, supe que el tango había dejado de sonar hacía tiempo. La noche había sido demasiado larga. Me levanté, di unos pasos y abrí la puerta. Aún no había amanecido y los ojos de mi pareja de baile me miraban, esperándome. Caminé en la madrugada, hacia ella. Todo quedó pendiente de que alguien diera la orden de montarlo en un lento fundido en negro con un solo de saxo.

sábado, 22 de noviembre de 2008

El lector de novelas, un autorretrato de El Ente y noticias sobre nuestro Quijote.



Fernando Portillo, en su comentario a la entrada del jueves pasado, suscitó un tema -el placer erótico del lector al leer la descripción de Dorotea-, que nos pone sobre la pista de algo de lo que quizá no somos muy conscientes, por tan habitual en nuestro gesto al tomar un libro.

La novela, en el formato en el que apareció a finales de la Edad Media y se desarrolló en los siglos XV y XVI gracias a la imprenta, configuró un nuevo tipo de lector. Aunque sabemos -y se da testimonio de ello en el mismo Quijote-, que había lecturas en voz alta para un público más o menos amplio, la novela nació para ser devorada en la intimidad y en la soledad y, como mucho, compartir después las emociones con otro lector, como hacemos en este mismo blog.

El lector, por lo tanto, ya no está frente a otros: es libre para abandonar la lectura, para seguirla, hacer una pausa o doblar la esquina superior derecha de la hoja. Muchas de las condenas morales que sufrió el género novelístico hasta el siglo XIX venían precisamente por ese lado: nadie controlaba al lector solitario, encerrado en su casa y que soñaba aventuras o revoluciones y sonreía inteligente ante una alusión crítica que el autor dejaba caer aquí o allá.

Por eso, los novelistas comenzaron a ser conscientes del potencial del género de forma inmediata y alimentaban las ensoñaciones, los deseos, la inteligencia o simplemente las ganas de diversión del tipo de lector al que se dirigían. O todo junto, como en el Quijote.

En efecto, los lectores de aquellos años iniciales del XVII no debieron ser indiferentes ante la descripción de Dorotea, llena de alusiones eróticas y referencias plásticas y teatrales que recreaban un tipo de mujer muy atractivo. Muchos se deleitarían soñando con esa joven andaluza. Y Cervantes sabe dar la pausa suficiente al relato para ello.

Un autorretrato quijotesco de El Ente




El Ente, bloguero con garra, participante activo en muchas redes sociales y autor de varios espacios recomendables, amén de buen escritor, ha querido sumarse a la iniciativa de los autorretratos. Y aquí está el suyo, ¿en espejo con las letras al revés?

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Noticias de nuestro Quijote


Cornelivs nos hace un gran regalo en su entrada Un pequeño regalo para La Acequia, a todos los seguidores de nuestra locura: dos videos en los que Borges habla de Cervantes y el Quijote. No puedo decir más que lo leáis, que son testimonios imprescindibles. ¡Gracias, amigo!

Antonio Aguilera redacta un buen resumen del capítulo en su entrada y señala con acierto, el interés sexual de Fernando, que desaparece de forma inmediata tras satisfacerse...

El Sr. de la Vega, que tanto ama la palabra y la poesía -su blog es un excelente ejemplo de sonido caudaloso de la buena literatura-, nos regala un ovillejo a todos los que participamos en esta lectura colectiva. Os ruego que lo leáis con calma: Sahara que me ovillas.

Manuel ha buscado esta vez un punto de vista muy interesante a su comentario. A partir de una alusión de Cervantes, en el inicio del capítulo, a la necesidad de entretenimiento en aquellos tiempos, acierta situando en el contexto histórico la novela: una España que ya estaba a la deriva y que agradeció, sin duda, que la distrajeran. Todo un acierto más de Manuel: El Quijote y "sus tiempos".

Javier, en su comentario en imágenes del Quijote, nos propone esta semana una secuencia de imágenes que reflejan la belleza absoluta de Dorotea. No os perdáis esos pies y esas manos.

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Vale.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Marlon Brando y la Dama oscura.


La otra noche se me apareció Marlon Brando. Compartimos una botella de bourbon -aunque me dijo que prefería un whisky más seco- y hablamos durante horas. Ante una pregunta mía, se puso serio y, con voz ronca y mirada perdida, me confesó que, cuando pegó el chicle en el balcón y le dijo aquello de los hijos a María Schneider, no sabía muy bien qué decía, porque se moría.

Terminé dándole la razón: la vida es un tango, más o menos largo e intenso, con una única pareja, la muerte.

Después, nos quedamos un rato en silencio, bebiendo como dos viejos amigos que ya no necesitan las palabras. Hasta terminar la botella.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Dorotea o el cambio de voz narradora altera y complica el producto (Cap. 1.28)

Cambio el punto de vista, como Cervantes.

Cervantes nos vuelve a sorprender en el comienzo de esta Cuarta parte. Recordad que ya hablamos, en su momento, de las razones de esta partición y de cómo a esta cuarta parte le tocaba la complicación máxima del enredo y la solución verosímil cuando parecía imposible deshacer el nudo. De ello hace gala -con una autosatisfacción irónica-, en las primeras líneas:


los cuentos y episodios della, que, en parte, no son menos agradables y artificiosos y verdaderos que la misma historia; la cual, prosiguiendo su rastrillado, torcido y aspado hilo


Cervantes se dispone a jugar con las expectativas del lector, que espera ansioso la solución de la historia y no su complicación. Es un alarde técnico que busca el interés en la recepción del texto: a partir de ahora ya no es sólo que nos interesen las locas aventuras de don Quijote sino que el libro no se nos puede caer de las manos, tan atrapados como quedaremos en la madeja.


Ya hemos visto este recurso antes en la novela, pero es ahora cuando revienta las costuras de la narración tradicional. Si cambiamos el punto de vista desde el que contamos una historia, la podemos ampliar, revisitar e incluso rehacer. Cervantes decide que puede complicar más la historia amorosa contada por Cardenio y, para ello, juega con las perspectivas dando la voz a diferentes narradores. Por ahora, los privilegiados oyentes son el cura y el barbero. A ellos se les suma el mismo Cardenio, voz anterior que se convierte en público de la historia de su propia desgracia cuando la narra, desde otro ángulo, Dorotea: ella es la labradora seducida por Fernando antes de que le traicione y le arrebate a Luscinda.

Ésta es un personaje muy interesante, construido con elementos propios de la literatura -su gran belleza, el disfraz de varón con evidente carga erótica, el rubio de sus cabellos, el simbolismo sexual de sus pies en el arroyo (dentro del agua, lo que simboliza para el lector avisado que ya no es virgen) y del peinado de su melena, etc.- con otros sacados del contexto social -es hija de un labrador rico de Andalucía, honrado, pero inferior en la escala social y temeroso de la nobleza; mujer acosada por un varón que no tiene frenos ante su desmedido apetito sexual y que usa de todo tipo de artimañas y mentiras.

No es de extrañar que los tres hombres queden impactados por su historia de amores desgraciados. En especial, Cardenio, que ve, en esta mujer, cómo se completan las piezas que él no conocía y que confirman el carácter de Fernando, además de dar noticia de la boda de éste con Luscinda.

Pero Dorotea es más: es la afirmación de un carácter decidido y fuerte frente al indeciso Cardenio, la forma de rehacer la historia: ella ha ido a buscar a quien la afrentó, dispuesta a recuperarlo o vengarse, ha vencido y evitado los intentos de abuso de otros dos hombres. Cervantes avanza en la construcción del personaje femenino moderno. Y, aunque se extraiga de un ambiente pastoril -el disfraz, el paisaje, el estatismo de la historia que se narra y no vemos-, lo matiza hasta negarlo: es una mujer real, firme y que sufre en un mundo de hombres.

¿Podrá complicarse más la historia y podrá salir el autor con bien de tanta intriga? Lo veremos el próximo jueves, en el capítulo XXIX.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Raspaduras


Por mucho que nos empeñemos, la vida nos hiere. Ese dolor nos hace crecer porque nos recuerda nuestra consciencia, que tanto acallamos con narcóticos: como las raspaduras que, en el asfalto, preparan una capa nueva. No neguemos el dolor ni lo huyamos: es parte de nuestra condición humana.

Hoy, miércoles, debería publicar mi entrada sobre el estado de la Universidad española, sobre todo, porque mañana (¡20 de noviembre!: cómo se nota que ya ha pasado el tiempo, ni yo mismo voy a dejar que el recuerdo de un tirano modifique mis planes de lectura semanal del Quijote) muchos estudiantes universitarios se van a lanzar a la calle contra la reforma.
Lo hacen demasiado tarde, porque ya está decidida y de forma muy confusa, puesto que, entre las reivindicaciones acertadas de su protesta (sobre todo aquellas que aluden a la vertiente neoliberal extrema de muchos aspectos del Espacio Europeo de Educación Superior) se hallan algunos puntos que no son muy exactos puesto que, al plantear como opción la conservación de lo actual, dejan fuera del ámbito europeo a la Universidad española y, por lo tanto, sería poco competitiva (lo que iría contra sus propios intereses profesionales futuros); conservan las deficiencias de rendimiento que hacen que ninguna de nuestras instituciones estén entre las mejores de Europa; prefieren una Universidad no adaptada a la realidad de los nuevos tiempos, etc. Me llama la atención que algunos colectivos de estudiantes estén más preocupados en sus críticas a la reforma por mantener el estatus social y profesional de su titulación actual que por su competitividad futura en un mundo globalizado en el que deberán buscar acomodo junto a otros titulados europeos que, en menos tiempo, ocuparán sus mismos puestos de trabajos con una metodología de enseñanza más adaptada a las necesidades de las empresas.

Sin embargo, siempre me ha gustado que los estudiantes universitarios se muevan -como yo lo hice-, aunque una parte de sus reivindicaciones puedan ser erróneas y procedan de la desinformación y del desenfoque. Por eso, mañana los respetaré y apoyaré, aunque intente, si me lo piden, corregir las demandas menos exactas para que salgan favorecidas las más oportunas.

No soy un entusiasta del Marco Europeo de titulaciones, pero pienso que es mejor que lo que tenemos en la actualidad, insostenible en su planteamiento, costo social y económico (al fin y al cabo, esto se paga con los impuestos de todos) y resultados. Yo quiero universitarios competitivos que no tengan problemas en la homologación de sus títulos en Europa; quiero una Universidad que se adapte a las nuevas realidades y que sea capaz de fomentar los controles internos; quiero una Universidad que tenga que dar cuenta de lo que la sociedad ha invertido y que, por lo tanto, esté vinculada a ella y no pueda ampararse en la autonomía universitaria como excusa que sirve para todo; quiero una Universidad capaz de favorecer el aprendizaje permanente; quiero una Universidad en la que se acaben situaciones enquistadas desde hace años y que la llevan a tener un lastre de funcionamiento que es muy negativo.

Las grandes dificultades para los estudiantes futuros vendrán, sobre todo, de aspectos económicos. El nuevo tipo de Universidad nos llevará a que no sirva igual el título expedido en cualquier Universidad española, puesto que al alumno se le valorará por la institución que se lo ha extendido y no sólo por la denominación; conducirá, también, a que la formación específica tenga lugar en costosísimos máster. Las diferencias entre los campus y entre los centros se agrandarán hasta un punto en el que muchos títulos serán mirados con pena porque sólo habilitarán como graduados pero no servirán para ser competitivos.

Esto tiene consecuencias socio-económicas: incluso el tipo nuevo de ayuda-beca-crédito procede de otra mentalidad muy diversa a la española. Tiene soluciones, que veremos otros días y que pasan todas por la implicación del entorno social en su Universidad: cada vez más, cada una de ellas será la expresión final, en lo que hace a la enseñanza universitaria, del lugar en el que se halla, de la colaboración de todos los sectores sociales, de la vigilancia de los medios de comunicación, de las demandas de los estudiantes, etc. Ése debe ser el reto futuro y en donde deberíamos ejercer nuestra condición de sociedad activa para presionar: cada Universidad responderá a las inercias de implicación, demanda y control de su entorno.

Pero no podemos ir a cenar un fin de semana a una cadena de hamburguesas, imitar sistemáticamente el modelo anglosajón, reclamar su nivel de bienestar técnico y luego pedir que nuestro sistema de educación -en todos los niveles, incluido el universitario- sea diferente. Viene en el mismo paquete que compramos al beber la primera cocacola de nuestra vida o al adquirir la entrada para una película norteamericana que veremos, además, en versión doblada al español para que su impacto sobre la cultura propia sea mayor. No podemos estar al margen de aquello que imitamos con tanto fervor.

Pero hoy no voy a tratar de esto. Quiero tomarme una pausa porque la vida me ha raspado, como cuando tropezábamos de niños y nos heríamos las rodillas contra ese asfalto que hoy he visto abierto y he fotografiado, a la espera de la cicatrización del tiempo. Me temo que la tintura de yodo que me he puesto en la herida no es suficiente.

martes, 18 de noviembre de 2008

Biblonow


Soy eso mismo: un hijo de estas ciudades inhóspitas. Durante estos años me han convencido de que viva el presente en exclusividad ciega, de que no pretenda cambiar el mundo, de que no sufra por las causas que no puedo solucionar, de que no piense en la historia como algo actual y vivo, de que me descargue de ideología, de que busque la felicidad en mí y sólo ayude con caridad en mi pequeño entorno porque con eso es suficiente para mí y las estructuras del sistema.

¡Biblonow! ¡Biblonow!

Soy eso mismo: alguien que pasa por esta calle sin dejar más huella que una hormiga.

lunes, 17 de noviembre de 2008

A cada personaje su voz, Euphorbia se autorretrata con bacía y Quijote y noticias de nuestra lectura


Varios comentarios muy acertados de la entrada del jueves han señalado un punto interesante del Quijote. No sólo es una obra construida con una sabiduría técnica ejemplar en cuanto al andamiaje narrativo, sino también en el tratamiento del lenguaje.

Como hemos dicho ya en otras ocasiones, Cervantes fusionó, en un mismo texto, modalidades diferentes: de ahí la mayoría de las aventuras e historias intercaladas. Jugó con ellas de forma divertida pero también sabia para forzarlas y crear la novela moderna. Pero supo hacerlo sin olvidarse de que cada modalidad tenía su propio estilo, su marca lingüística y que dicha marca era evidente, sobre todo, en el habla de los personajes. Se ha insistido mucho en que los usos lingüísticos de los personajes responden a su caracterización social: en efecto, pero también a su procedencia narrativa. No es lo mismo fingirse caballero andante, que pastor. No es lo mismo proceder de una narración folclórica que de una novela bizantina. La sabiduría de Cervantes es poner todo esto en el mismo plano sin que las costuras revienten.

Podrían aprender un poco las monótonas novelas actuales, en las que todos los personajes parecen la misma voz en diferentes cuerpos.
Euphorbia se autorretrata



Euphorbia se apunta a la moda de nuestros autorretratos con Quijote, con uno bien simpático. ¡Gracias, querida amiga, que tú eres de las que están en esta locura desde el principio! Me advierte que la bacía es de buena cerámica y decorativa pero, como veis, bien puede ser usada a lo don Quijote. Ya sabéis que podéis mandarme los vuestros para que vayan apareciendo aquí y que la única condición es que aparezca un motivo cervantino. Dadle vueltas a la imaginación.


Noticias de nuestro Quijote

Mi querido Fran ha escrito una magnífica entrada dirigida al próximo Presidente de los EE.UU. Completa una suya anterior, en la que había decidido no influir en las recientes elecciones, así que ésta es el precio de su silencio. Como Fran es un gran conocedor del Quijote, ha sabido hallar en él estos consejos al gobernante que, de seguirlos, no sé si mejorarían el mundo, pero a los gobernados nos iría mucho mejor. Además, tengo el placer de que me la dedique. Todo un honor. Adelantándose un poco a nuestra lectura, le cita los consejos que don Quijote le da a Sancho cuando éste es nombrado Gobernador de la Ínsula Barataria, en la Segunda Parte. No os lo perdáis.

Pedro Escudero ha escrito una entrada, ¿Todo es empezar? en su recomendable blog lleno de literatura, Más cuento que Calleja, en la que reflexiona oportunamente sobre la enorme importancia de un comienzo adecuado en cualquier narración. Para ello, cita el inicio del Quijote y parte de lo que aquí hemos dicho en nuestra lectura. Os sugiero que os deis una vuelta por su entrada.

Euphorbia se ha leído de un tirón los capítulos XXV y XXVI y se decanta, en su comentario, por la ópera. Su entrada es muy útil para situar el tratamiento paródico de la figura de Rolando en Cervantes en una línea temática seria: Orlando cantor.

Abejita de la Vega ha estado muy prolífica estos días. Su primera entrada es El ovillejo de Cardenio, entre risas y veras comenta el capítulo de esta semana en el que, como bien señala, no está don Quijote, desaparece Sancho y Luscinda, remilgada, guarda un billetito en su seno. El enamordado Cardenio, en el capítulo XXVII del Quijote, recita el ovillejo es su segunda entrada, en la que copia y explica de forma muy ocurrente el ovillejo. Y, allí, Ele, se da el gustazo de escribir uno, que se publica en El ovillejo de Sanchico que se ha enamorao como Cardenio.

Manuel ha escrito una útil entrada para comprender cómo se inserta el Quijote en la tradición del amor cortés, aunque sea con tono paródico: El Quijote y el amor cortés. Os la recomiendo para completar nuestra lectura. Y, en El juego de la lectura, da cuenta de una iniciativa suya para difundir nuestra locura colectiva: una reseña que apareció en Sanlucardigital (en donde podéis leerla completa). ¡Buena iniciativa, querido amigo!

Javier, en su comentario en imágenes del capítulo XXVII, juega con toda la ironía: un disfraz apropiado para nuestro cura, una Luscinda postmoderna (¡qué gran foto ésta!), la boda y el misterio del billete...

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domingo, 16 de noviembre de 2008

Lo que no controlas


Nos olvidamos, con harta frecuencia, de nuestra fragilidad. Nos creemos arrogantes e inmortales, pero vivimos siempre en el filo de la vida: nuestro cuerpo no es nada y la edad y la enfermedad hacen su labor de zapa. En nosotros y en quien nos rodea.

Y, entonces, lo diario se detiene y nadie se ocupa de arrancar las hojas del taco del calendario, como si se viviera en una pausa o en el temor de que alguien desestabilice (¡basta un leve soplo!) ese orden cómodo que le hemos puesto a cada una de nuestras jornadas.

Mi padre ha estado mal estos días, aunque parece que se recupera bien, poco a poco. Y aun no sabemos lo que ha tenido: nos esperan días de médicos y pruebas que irán descartando cosas y sugiriendo otras. Desde hace unos años, miro en mis padres el efecto lento pero implacable de los años como miro el mío en el espejo cada mañana. Pero mis padres siguien siendo aquellos que sacaron adelante, con sueldo escaso, aquella familia nacida en las afueras de la ciudad, como yo, ante sus ojos, soy aun el muchacho que comenzaba su propio camino. Sin embargo, cada día cuesta más abrocharse los cordones de los zapatos.

Quiero agradeceros las muestras de cariño que habéis dejado en La Acequia, en mi correo electrónico y en mi teléfono estos días. La normalidad vuelve, con cierto temor y cogida con alfileres y me pongo, a lo largo de las próximas horas, a contestar vuestros comentarios en las entradas atrasadas y, si puedo, visitar vuestras casas para saludaros. Os he tenido muy presentes estos días, porque sabía de vuestros buenos deseos y abrazos, que he recibido.

viernes, 14 de noviembre de 2008

La bolsa de ropa


De pronto sucede que te avisan para que acudas a la sala seis y te dicen que se quedará en observación porque no saben muy bien qué tiene. Y te dan una bolsa de plástico, con su ropa y sus objetos personales y una etiqueta con su nombre.

jueves, 13 de noviembre de 2008

El amante indeciso o el relato de la desesperación de Cardenio (Cap. 1.27).


Cómo juega Cervantes con el lector.

Como sabemos, en los primeros capítulos, había perfeccionado la técnica de crear interés para provocar que se siguiera con la lectura. Hace unas páginas, interrumpió de forma brusca -usando, para ello, la acertada caracterización de los dos locos- la historia de Cardenio y, ahora, nos la continúa sin anunciarlo en el título, cerrando el capítulo -y la tercera parte en la que se estructura la narración- con el aviso de que algo nuevo va a pasar y sin dejarnos ver el efecto que la desgraciada historia de Cardenio causa en sus receptores.

Pero antes hace desaparecer necesariamente a Sancho.

El cura y el barbero, informados de todos los acontecimientos ocurridos en la venta y que les había callado su vecino, ponen en práctica su idea de rescatar a don Quijote a través de una argucia propia de la novela caballeresca: el cura -ya dijimos la risa irónica con la que se leería esto en el siglo XVII- se disfraza de doncella y el barbero de su paje. Vemos, por lo tanto, que ellos mismos se han dejado atrapar por la ficción de don Quijote, aunque sea para devolverlo a la aldea.

Al salir de la venta, el cura cae en la cuenta de lo ridículo e indecoroso de su disfraz y convence al barbero de cambiarse los papeles. Pero antes, Cervantes deja que Sancho estalle en una risa festiva al verlos: risa que expresa la de todos los lectores.

En busca de don Quijote, llegan a un punto en el que Sancho les convence de que es mejor que sea él solo el que saque a su amo de aquella situación y que después salgan a su encuentro. Más adelante sabremos que sus motivos son otros y tienen más que ver con el hecho de no haber cumplido su encomienda.

Obsérvese que lo que sucede a continuación ocurre sin la presencia de ninguno de los dos protagonistas de la historia principal y que acontece en una situación real en la que se parodia, por parte del cura y el barbero, la parodia caballeresca de don Quijote. Es en ese ámbito en el que nos hallamos en una propuesta que nos retorna a la literatura pastoril -que ya hemos visto en la historia de los cabreros y en el entierro de Grisóstomo-: el cura y el barbero escuchan, en la actitud pasiva propia de la literatura idealizada de los pastores -que se remeda aquí para superarla- unos ovillejos cantados por una voz tan bien entonada que los deja sin reaccionar.

La voz pertenece al perdido Cardenio, ahora recuperado de su ataque de furia. Ante la petición de ambos, termina su historia, suspensa páginas atrás. Démonos cuenta de que la narración se hace en primera persona, con lo que el perspectivismo de la historia se aumenta: Cardenio sólo puede relatarnos su visión de los acontecimientos porque es un narrador implicado en ellos, no omnisciente y que termina con el juicio alterado por el sufrimiento que le causan.

Así, sabremos que su amada Luscinda termina casándose en disoluble nudo con el traidor Fernando, que Cardenio huye del lugar y que, una vez solo, insulta a todos los que han participado en su desgracia, acaba loco y deseando la muerte que, sin amor, ya no tiene sentido.

De la historia sacamos varias conclusiones. En primer lugar, que Cervantes gira el relato pastoril hacia una nueva concepción de la novela sentimental, menos rígida, más realista y con mayor capacidad para ganar el ánimo del lector medio que los modelos de esta modalidad en los que se basa -sobre todo, la novela breve italiana-. Ya veremos, además, cómo extiende esta fórmula hacia unas fronteras que hasta entonces no se habían conseguido, implicándola, además, con la historia principal del Quijote y otras que se irán intercalando, complicando el enredo hasta un punto en el que parezca de imposible resolución natural.

En segundo lugar, que será la indecisión de los protagonistas la que provoque su situación. No hay violencia ninguna en la trama porque todo sale del carácter de Cardenio, Luscinda y Fernando: indecisos los primeros hasta la desesperación del lector y arrogante el segundo hasta la chulería y la traición.

Sin embargo, Cervantes nos da una pista de que no ha terminado aquí la historia: aparece el motivo de la carta hallada en el pecho de la desamayada Luscinda. ¿Qué habrá escrito en ella? Tendremos que esperar. ¿Y de quién será la voz lastimada que se oye? Quizá se nos resuelva en el capítulo XXVIII, el próximo jueves.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La falacia de enfrentar Universidad vieja a Universidad nueva (3).


Tras las primeras reformas universitarias, a partir de la Transición española, en las que también se oían las mismas argumentaciones que ahora sobre lo viejo y lo nuevo, nació una Universidad que tenía, como reto fundamental, la modernización de la institución para adecuarla a los cambios sociales, su democratización interna y responder al crecimiento tanto en titulaciones, campus universitarios y número de alumnos. En gran medida, se logró.

Esta Universidad, ha tenido todos los problemas lógicos derivados de su crecimiento. De pronto, las aulas se llenaron de un tipo de alumnos que, hasta ese momento, no accedía a los estudios universitarios (este hecho tiene una explicación sociológica y ha servido para elevar el nivel medio cultural y profesional del país). La masificación provocaba que muchas titulaciones no pudieran dar cabida digna a la demanda: ni había pupitres para todos en las aulas, ni libros suficientes en las bibliotecas, ni espacios adecuados para el nuevo tipo de enseñanza, ni el ritmo de adaptación era el más conveniente. Todo ello, a pesar de la inversión económica que se tradujo en nuevos edificios y dotaciones y en el aumento considerable de la plantilla de profesorado y personal de administración y servicios. Pero la distancia con las mejores universidades mundiales era considerable y no siempre se planificó bien el gasto. La Universidad española, hablando en su término medio, no ha estado a la altura de la inversión que ha hecho la sociedad en ella, tanto económica como en confianza para la formación de los profesionales de alta cualificación. Dudo de que haya muchos países que tengan un número de campus y edificios académicos tan nuevos como los que existen en España, en los que se haya dado una renovación tan completa de los aparatos, un sistema tan completo de informatización. Y un aumento tan considerable en la plantilla de profesores y personal administrativo.

Se contrató a muchos profesores con escaso sueldo y sin experiencia, que debían adquirirla no como el antiguo Adjunto, sino a las bravas: al día siguiente de ser licenciado se daba clase en la Universidad, sin superar ningún tipo de curso formativo. La mayor parte de los profesores de este tiempo, además, se veían acuciados por su carrera académica: debían dar clase, investigar, defender su Tesis Doctoral, ir a Congresos, publicar y sustituir, sin ningún tipo de reconocimiento, a los Catedráticos y titulares. Todo ello a la vez. Como la docencia no era contemplada como verdadero mérito, la parte que se solía resentir era ésta y abundaban los profesores que daban clase con sus apuntes tomados como alumnos unos pocos años antes, de materias en las que no habían tenido suficiente tiempo para formarse ni leer las novedades. En estas condiciones, hay que tener mucho amor a la profesión para que tus clases sean todo lo buenas que deben ser. A pesar de todo, muchos profesores vencieron este reto, pero dependió más de su voluntad de hacerlo bien que de la estructura en la que se alojaban.

Las bibliotecas no pudieron responder a aquella demanda. Y, aunque ya comenzaban a traducirse y publicarse más manuales, aun no eran tantos como se necesitaban. Poco a poco, se ha conseguido que el de los bibliotecarios universitarios sea uno de los sectores que más y mejor han progresado.

La libertad de cátedra se extremó hasta el punto de que los profesores podían hacer lo que les diera la gana en sus clases sin ninguna traba: por ejemplo, dar dos o tres temas de un total de veinte, cambiar cada año el programa de sus asignaturas sin dar cuenta a nadie ni responder a una coordinación con los otros profesores de la titulación. Todo esto es posible hoy en día porque han fallado los niveles que deben controlar la docencia, desde la exigencia del alumno, más preocupado de terminar la carrera que de formarse, hasta las autoridades académicas, dedicadas sobre todo a coordinar los aspectos epidérmicos.

No había prácticas profesionales de ningún tipo, salvo en unas pocas carreras. El aprendizaje era mayoritariamente teórico y consistía en la memorización de cosas que uno no volvía a necesitar nunca en su vida profesional en muchos casos y que se aprendían de una manera que tampoco aportaba herramientas metodológicas.

La autonomía universitaria, clave para que cada Universidad mejore y sea competitiva, y que se arbitró para ajustarse a la nueva realidad política española y con la idea, entre otras, de acabar con el predominio de las grandes escuelas de cada una de las especialidades, no trajo los resultados apetecibles: las plantillas crecían a capricho, sin más criterio que las fuerzas de los catedráticos o grupos locales. Los tribunales de oposición eran propuestos en ámbitos internos y podía darse que el mismo que aspiraba a la plaza nombrara a gran parte de sus miembros, asegurándose la continuidad en la misma universidad que se había formado y dado sus primeras clases. La situación ha ido agravándose hasta que, en el momento actual, gran parte de los contratados en los últimos años proceden del mismo centro en el que van a impartir la docencia.

Se construyó, al final, una Universidad con una plantilla sobredimensionada. Una de las consecuencias fue que, cuando se reformaron los planes de estudio, ya en manos de los profesores de cada Universidad, aparecían asignaturas y recorridos más pensados para dar cabida a estas plantillas que para fomentar la calidad del conjunto.

Las dinámicas de esta Universidad han dado lugar a lo que tenemos en los últimos años, tanto en lo bueno como en lo malo. Agudizada la situación con el descenso de población, tenemos profesores que no completan su dedicación docente: es decir, que dan muchas menos clases de las que podrían dar. Una plantilla, por lo tanto, no adecuada que no se justifica ni siquiera por criterios de calidad. Con el agravante de que, en algunas áreas, sus profesores sí imparten el máximo de su dedicación mientras en otras están a la mitad de rendimiento o menos, sin que esto tenga ningún tipo de influencia en el sueldo, en el curruculum académico ni a la hora de optar a una plaza mejor. Pasa lo mismo si hacemos la comparativa por centros: en una misma titulación, según en qué Universidad se encuentre, se tendrá diferente carga docente real.

A pesar de que todos reclaman la importancia de sus áreas con el objetivo de mantener su posición, esto no se concreta en un programa de relanzamiento de su prestigio: no hay interacción real con la sociedad, ni organización de eventos que de verdad den resultados, excepto en unos pocos campos.

La investigación, que podría ser un refugio, en muchas áreas es repetitiva, monótona y tampoco tiene un efecto en la sociedad, en la economía o en la cultura. Aunque ha aumentado el número de proyectos y las publicaciones, la mayoría son prescindibles. Los resultados no justifican la existencia de cientos de investigadores en un mismo campo. Con la mitad, se podrían garantizar los mismos resultados aprovechando mejor los recursos.

Por otra parte, como el alumno que ingresaba en las aulas tenía cada vez menor formación previa, más carencias académicas (especialmente en el campo humanístico), otra perspectiva ante el estudio y menor cultura del esfuerzo, la exigencia se ha desplomado.

La situación de los últimos años es de una grisura que alarma. Nunca ha habido tantos medios para la Universidad y, por lo tanto, estamos obligados a dar un rendimiento mayor. No cumplimos como deberíamos con la sociedad.

Ahora bien, hay profesores excelentes, algunos centros magníficos, departamentos dinámicos e investigadores de una solvencia internacional. Y los titulados salen al mundo laboral y son capaces de adaptarse. Pero la inversión económica realizada por la sociedad en estas últimas décadas no se traduce en verdaderos resultados: ninguna de las Universidades españolas aparece entre las 100 primeras del mundo cuando España es la octava potencia económica. Y muy pocas entre las mejores europeas.

Si alguien se siente molesto con esta caricatura, tal y como dije en la primera entrada, no tengo inconveniente en afirmar que esta Universidad es la mejor que hemos tenido y tendremos y rectificar todo lo anteriormente dicho tanto en lo que hace a los profesores, los alumnos y los políticos responsables de la regulación legislativa.

martes, 11 de noviembre de 2008

La puerta del infierno


Las puertas de nuestros infiernos no tienen la grandeza que deseamos o que vimos tantas veces en las obras de arte. Muchos soñaron gestos sublimes para cruzarlas, pero suele ocurrir que, al traspasarlas, lo que hay más allá es lo que ya conocíamos porque lo llevábamos dentro: nuestros infiernos nos acompañan. Abandona toda esperanza, dijo el Dante cuando se encontró una de estas puertas sin la mano amorosa de Beatriz. En el fondo, hasta la esperanza se nos ha vuelto cotidiana y de bolsillo y, quizá por eso, ni las puertas del infierno son ya lo que eran. Será cosa de la crisis del ladrillo, que a todas partes llega.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Isabel Huete, editora (2): Mira mi corazón preso en el ámbar de los instantes eternos, de José Blanco.


Comprar una caja que tenga una ciudad dentro, contada en versos y fotografías: Mira mi corazón preso en el ámbar de los instantes eternos. Este libro de José Blanco, editado de forma convencional por Baile del Sol (Tenerife, 2005), encuentra nuevo sentido en esta cuidada edición que Isabel Huete confecciona para Diógenes Internacional (Madrid, 2005). Los versos de José Blanco no pierden ni se disfrazan, sino que dialogan ahora con el nuevo formato para adquirir nuevas dimensiones: una caja con cierre que, al abrirse, da paso al tesoro de lo secreto: 13 láminas con fotografías del mismo autor que juegan y modulan el texto; 4 cuadernillos con las diferentes partes que estructuran la obra.

La primera, Hogar, es un descubrimiento del núcleo que da inicio y cierra el poemario: el yo interior que se revela explorándose en un paisaje en el que está solo pero conteniendo la ciudad, que es su ámbito:

La ciudad tiene los pasos contados
el hombre que camina venciendo los días y las noches trata de fijar sus luces e incurre en el delirio
ese leve tremor confunde
las calles en un solo plano

Ese yo también dialoga con su creación, configurando esa conversación en poética:

escribir es vivir
escribir es vivir en lo vivido

La voz poética crece intensamente en ese pasear solitario por las palabras, hasta que culmina en un soberbio poema, Hogar:

Cuando el poema dolió
lo puse en cuarentena
y mermaron sus versos

En la segunda parte, Ciudad al otro lado, el poeta sale de su ciudad interior para hallarse en otras, por las que se mueve con guías literarias, y que son distintas y las mismas porque se igualan en la emoción:

De noche, todas las ciudades son
oscuros derrumbaderos de sueños.
Las voluntades quedan clausuradas
hasta que vuelve a funcionar el metro.

En la tercera parte, Autobiografía doble, el poeta entrega sus versos a sus referencias, con la idea de que la poesía es parte de una voz que los integra: Bernat, García Montero, Manuel Rivas, etc.

Finalmente, en la cuarta parte, En busca de la gracia perdida (Una canción desesperada), el poeta se desata en palabras para crear una especie de largo himno (antihimno, mejor), de un tiempo vivido para afirma su propio yo en el presente-futuro:

sedúcete a ti mismo
hazte el amor y no la guerra
aunque camines doblado bajo el peso de tus múltiples deudas literarias
recuerda: los caminos de la creación son inescrutables
o

no todo lo que reluce es de otro
sharonestonízate
todoestaentízate

o

nadiemejorquetumísmate
entimísmate

Recorrido largo el de este poemario: desde el yo encerrado hasta el yo afirmado en el paisaje. Y todo ello en una caja para ser abierta y permanecer así, a la vista, llamándonos con sus labios, que tienen que ser escuchados.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Del ser oscuro nace la mirada



Del ser oscuro nace la mirada: no es hermosa la luz cuando nos ciega. En ocasiones, hay que descender hacia las entrañas de la existencia para tener la certeza de las cosas. Aunque duela.

Javier García Riobó y yo nos enlazamos
porque hemos fotografiado el viernes, juntos, el mismo objeto:
deberéis ver su entrada de hoy para completar la mirada.
Qué agradable es, querido amigo,
pasear con alguien que te ayuda a mejorar cada día.
(El objeto era un sencillo banco de color negro mojado por la lluvia.)

sábado, 8 de noviembre de 2008

Los versos de Cervantes, un autorretrato y noticias de nuestro Quijote

Es curioso cómo aun está viva la polémica sobre el valor de Cervantes como poeta. En los comentarios del jueves pasado hay alguna interesante alusión a esta cuestión. Ya en vida del propio Cervantes, estaba en el ambiente. El mismo don Miguel aludió a ello en unos versos conocidísimos del Viaje del Parnaso:

Yo que tanto trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo.

Sus contemporáneos también estaban divididos, entre los que le aceptaban como un buen poeta y los que pensaban -como Lope- que de sus versos poco se podía esperar.

Evidentemente, en aquella polémica había mucho de ataque personal ante alguien que no era de la generación de casi ninguno de los escritores de finales del XVI y principios del XVII. Por las circunstancias de su vida, Cervantes hubo de reinventarse como escritor cuando habían aparecido en la escena cultural autores geniales mucho más joven que él, nacido en 1547: Góngora (nacido en 1561), Lope (en 1562), Quevedo (1580), por ejemplo. Y eso pudo contribuir a la valoración de su obra, sobre todo si pensamos que su teatro fue barrido de la escena tras la aparición de Lope y su fórmula de comedia nueva y su narrativa, a excepción de La Galatea (1585) hubo de esperar tiempo para verse en letras de molde.

Hay poemas de Cervantes soberbios en su poesía suelta, que están a la altura de cualquiera de sus contemporáneos, pero ha de reconocerse que no tiene tantos ejemplos destacables como los citados. A los que no lo conozcáis os recomiendo, por ejemplo, un famoso soneto con estrambote. Y leído sin prejuicios, el Viaje del Parnaso guarda momentos comparables con cualquiera de sus novelas: Ignacio García May ha podido hacer una recomendable versión para la escena.

En cuanto a los poemas que encontramos en el Quijote hemos de recordar varias cosas. En primer lugar, que muchos son textos no escritos para la novela e introducidos con posterioridad en ella. En segundo lugar, que aunque ahora sorprendan al lector, era algo muy habitual en las novelas de aquel tiempo la introducción de poemas. En tercer lugar, que su uso en el Quijote tiene mucho que ver con la técnica paródica de construcción de la novela y su juego intertextual con varias modalidades genéricas de narración: en esto, son insuperables y muchas veces han sido imitados por novelistas posteriores.

Un autorretrato con Quijote

En el grupo que en Facebook he abierto para intercambiar noticias y sugerencias sobre nuestra lectura (al que todos estáis invitados), he sugerido la idea de que me mandéis a través del correo electrónico o publiquéis en vuestros blogs, autorretratos vuestros leyendo el Quijote. Como sabéis, desde el principio, he acompañado los comentarios de los jueves con fotografías mías en este sentido: leemos una obra sobre un lector que enloquece por su afición y he querido hacerme una foto semanal jugando con esta idea.



Ya me han llegado algunos. Publico hoy el de Fernando Portillo, autor de un recomendable blog en el periódico La Palabra digital. Fernando ha querido seguir aquí mi homenaje a los autorretretes del Sr.K. -que es el dueño absoluto de esa genialidad que algún día veremos citada como un referente de tratamiento del yo individual en un espacio público, como le he dicho varias veces: quede aquí dicho esto para los que no habéis seguido La Acequia desde sus inicios o no conozcáis la recomendable labor de Caín- y me ha mandado su autorretrete, que publico aquí. No es necesario que os sintáis inspirados todos por ese lugar tan íntimo y podéis elegir cualquier otro ámbito para retrataros con un Quijote.

Noticias de nuestro Quijote


El periódico La Palabra de Burgos, que tanta atención ha prestado siempre a los blogs y otros fenómenos de Internet, se hace eco de nuestra lectura colectiva, en la página 2 de su número del 6 al 9 de noviembre. Podéis acceder al número completo en este enlace.



Javier García Riobò sigue con su difícil empeño de ilustrar nuestra lectura y comenta el capítulo XXVI en imágenes: un asiento en el que penar amores y nuestro cura y barbero con reflejos y traje.


A Mafi se le ha ocurrido una nueva forma de aerobic pero con un audiolibro con el texto del Quijote: una buena forma de participar en nuestra lectura y hacer deporte a la vez. Eso sí, las bibliotecas comenzarán a oler a sudor... Podéis verlo en ¿Leer adelgaza? El bibliotecario metrosexual existe.

Abejita de la Vega comenta la relación de don Quijote y Dulcinea, una de las claves de la novela, en Don Quijote quiere creer lo que quiere creer y termina creyéndoselo. Esta entrada tiene inteligente y oportuna continuidad dialogada con Ele Bergon en la pregunta Leyendo el Quijote, llegamos a esta pregunta: ¿Es el amor un dulce autoengaño? Yo ha he respondido. Abejita de la Vega publica después su comentario sobre el capítulo XXVI y lo titula con un ingenioso juego que ya anuncia lo recomendable de su lectura: Erasmo, Fideo de Mileto y Nadia Comaneci... ¿de qué trata esto?

Antonio Aguilera se ha sumado a la publicación de comentarios relacionados con nuestra lectura. Os recomiendo que os deis un paseo por su blog para ver el que hace del Capítulo XXVI.

Manuel continúa una entrada anterior, con la de esta semana: El Quijote y los caballeros andantes "foráneos" (y 2), en la que continúa la relación de algunos de los nombres más famosos de caballeros medievales que están detrás del mito de la caballería andante. Contiene una pegatina con motivo del IV Centenario de El Quijote que aumenta nuestra iconografía, gracias a su hijo.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Os vuelvo a recordar que este grupo no sustituye, en absoluto, a nuestra lectura en este blog y no estáis obligados a uniros.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.

Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.

Vale.