viernes, 31 de julio de 2009

La Acequia en agosto


La redacción de La Acequia descansa en agosto. Excepto las entradas correspondientes a la lectura del Quijote de los jueves y los lunes, el blog no se actualizará. Un abrazo a todos.

jueves, 30 de julio de 2009

Dos noches y dos días en el camino, una mentira que se enreda y un diálogo sobre la fama (Cap. 2.8).


Que algo ha cambiado en el mes de reposo de don Quijote y diez años de escritura, queda muy claro en este capítulo. En primer lugar, nuestros protagonistas salen al mundo sin huir de la aldea: todos aceptan que no se puede detener la fantasía del hidalgo. Pero hay algo más: el sosiego con el que andan ambos por los caminos (a pesar de que en la Primera parte se nos había comentado la proximidad de la aldea de don Quijote y el Toboso de Dulcinea tardan dos días y dos noches en llegar) y el diálogo que centra el camino: este diálogo tiene ya una dimensión espacio-temporal que es, en sí misma, una aventura que el lector debe paladear lentamente para poder apreciarla. Todo indica que hay un giro narrativo producto de que ya no necesita presentar al público a los protagonistas ni a ellos entre sí y de que el plan de la obra ha cambiado con respecto al primer volumen, como iremos viendo. Todos los que estamos en la novela (narrador, personajes, lectores) nos conocemos: y esto, que ahogaría muchas novelas, es materia narrativa de primera para Cervantes.

Comienza el capítulo con la alegría manifestada por Hamete Benengeli por la tercera salida de don Quijote y Sancho, anunciando aventuras aun más interesantes que las vividas en las dos anteriores. No quiere Cervantes que olvidemos todo el complejo entramado de autoría y ficción sobre la figura del narrador que vertebra la apuesta teórica del libro.

Los protagonistas distraen el camino hablando, a partir de la consciencia que tiene Sancho de ser personaje de libro y famoso, sobre la envidia y la fama. El tema de la fama es uno de los más cultivados por la literatura hasta ese momento, pero nunca con las modulaciones que aquí le imprime Cervantes: como sabemos, siempre que aborda una materia, la cambia desde dentro para buscar matices diferentes, parodiándola e incluso negándola. Es lo que sucede aquí. Sancho, que teme se le descubra la mentira sobre su embajada a Dulcinea (recordemos que no entregó la carta que le remitía don Quijote), piensa que la verdad debe estar escrita en el libro del que ha dado noticias Sansón Carrasco. Por eso, quiere desmentirlo a la vez que se define a sí mismo en una pirueta narrativa muy ingeniosa de Cervantes, que consigue que uno de los personajes se caracterice cuestionando el libro al que pertenece y que no ha leído:

-Eso es lo que yo digo también -respondió Sancho-, y pienso que en esa leyenda o historia que nos dijo el bachiller Carrasco que de nosotros había visto debe de andar mi honra a coche acá, cinchado, y, como dicen, al estricote, aquí y allí, barriendo las calles. Pues, a fe de bueno, que no he dicho yo mal de ningún encantador, ni tengo tantos bienes que pueda ser envidiado; bien es verdad que soy algo malicioso, y que tengo mis ciertos asomos de bellaco, pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza mía, siempre natural y nunca artificiosa. Y cuando otra cosa no tuviese sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la Santa Iglesia Católica Romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los judíos, debían los historiadores tener misericordia de mí y tratarme bien en sus escritos. Pero digan lo que quisieren; que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; aunque, por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me da un higo que digan de mí todo lo que quisieren.

A partir de ahí, don Quijote y Sancho dialogan sobre la fama y las locuras a las que lleva. Sancho deriva el tema hacia un debate, que reelabora alguno de los que se han tenido en la Primera parte y un viejo género medieval, sobre si es más importante la fama del santo que la del caballero. Como no puede ser de otra manera, el mismo don Quijote sentencia, según los códigos del momento, que es más grande la fama del santo, por lo que Sancho concluye que deberían hacerse santos en vez de caballeros andantes, a lo que don Quijote contesta que cada uno tiene su camino.

Pero este diálogo sobre la fama y la santidad tiene una intención más profunda. Cervantes deja que Sancho -el hombre que representa la cultura popular- mencione aspectos propios de la religiosidad más fanática en el culto a los santos y sus reliquias:

-Pues esta fama, estas gracias, estas prerrogativas, como llaman a esto -respondió Sancho-, tienen los cuerpos y las reliquias de los santos que, con aprobación y licencia de nuestra santa madre Iglesia, tienen lámparas, velas, mortajas, muletas, pinturas, cabelleras, ojos, piernas, con que aumentan la devoción y engrandecen su cristiana fama. Los cuerpos de los santos o sus reliquias llevan los reyes sobre sus hombros, besan los pedazos de sus huesos, adornan y enriquecen con ellos sus oratorios y sus más preciados altares...

Hay un evidente propósito de crítica al contrario en Cervantes: al alabar, aparentemente, la fama de los santos, critica la manifestación más externa de la religiosidad católica. Una huella del erasmismo del que ya hemos hablado en otras ocasiones en esta lectura bien manejada para que la censura no pueda eliminarla.

El capítulo se cierra con un problema para Sancho. Se tiene que enfrentar a las consecuencias de su mentira sobre la carta de la Primera parte. Don Quijote quiere ir al Toboso a despedirse de Dulcinea y Sancho teme, con razón, que se descubra que no la entregó. Además, don Quijote ha decidido que se olvide la asociación de Dulcinea con Aldonza: sin duda, se ha arrepentido de las consecuencias que tuvo su debilidad al confesar el verdadero nombre de su amada. Como ambos tienen cosas que ocultar, la historia de Dulcinea no hará más que enredarse y será uno de los hilos conductores de toda la Segunda parte. Un ejemplo de cómo tratar un personaje ausente. Lo veremos en el capítulo IX el próximo jueves.

miércoles, 29 de julio de 2009

El vértigo, de madrugada


Esta madrugada, el vértigo, ha llamado de nuevo a la puerta de casa: violento y estúpido. El verano se ha hecho invierno y las sirenas del amanecer han abierto, a dentelladas, los laberintos.

martes, 28 de julio de 2009

Huellas de luz


- He dado mil vueltas a la imagen antes de publicarla y aun hoy no sé si hay una cierta demencia en la forma que fue concebida tal y como me lo insinuó. Si la ves toda negra, busca el ángulo exacto del monitor o modula su brillo y contraste, incluso puedes pulsar sobre ella para ampliarla. Es lo que me sucedió a mí: sólo entonces me di cuenta de que la luz deja un ligera huella sobre las cosas antes de abandonarlas, como un beso de despedida tenue, sencillo y amoroso. Después, ya no hay nada que nos pertenezca. Quizá fuera más exacto decir que retornamos a lo que somos y tememos.

lunes, 27 de julio de 2009

El Quijote en la playa, ex-libris quijotescos y noticias de nuestra lectura.

¡Cómo que el Quijote no es una lectura para el verano! Os recuerdo que esta tercera salida del hidalgo termina en las playas de Barcelona (¡quizá la Barceloneta!), así que no hay excusa. Además, el Quijote tiene todos los ingredientes de un buen libro de vacaciones: aventuras, amor, muertes, batallas, viajes, intriga, fantasía, crítica política y literaria... y un montón de páginas para ser leídas a lo largo de las vacaciones sin necesidad de echar más libros en la maleta. Nada, nada, no se admiten disculpas.

Y los que no estéis de vacaciones en este verano, un buen Quijote no puede faltar en la piscina o en la terracita con un refresco.

Y qué os voy a decir a los que me leéis en las partes del mundo en las que ahora es invierno: un buen sofá, una mantita y las páginas que escribió Cervantes cuando cae la tarde.

Durante el mes de agosto, La Acequia, como es costumbre, no se publicará a diario, pero las entradas correspondientes a nuestra lectura no faltarán: aquí me tendréis puntual los jueves y los lunes. Espero contar con vosotros.

Ex-libris quijotescos


Durante la celebración de Voces del Extremo en Béjar, una de las exposiciones organizadas mostraba una selección de la colección de ex libris del excelente poeta Antonio Gómez. Una de las vitrinas se dedicaba por entero al Quijote. No es extraño: se trata de uno de los temas más habituales en estos sellos de propiedad. En parte es lógico: es la obra que mejor atestigua la atracción de la lectura y el amor por los libros. Pedí a los amigos de Béjar que me tomaran alguna imagen y mojadopapel, la autora de Mirada verde [Un color para ver la vida], blog que os recomiendo vivamente, me remitió varias entre las que elijo éstas como testimonio de una pasión -los ex-libris- y su homenaje a la obra cervantina y que amplian nuestra colección de iconografía quijotesca. ¡Mil gracias!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Manuel Tuccitano ve en el capítulo una de las primeras reivindicaciones salariales de la historia y no le falta razón. Acompaña su entrada de dos imágenes, una de ellas de su hija Inés, que vuelve a ilustrarnos la lectura con acierto. ¡Gracias!

Jan Puerta ve en el capítulo cómo prevalece la locura de don Quijote sobre todos y el gozne que nos empuja a las nuevas aventuras. No os perdáis el retrato de personaje y Quijote: qué gran foto.

Abejita de la Vega se fija en los más de seiscientos huevos que se comió don Quijote en el mes que tardó en recuperarse.... todo un ejercicio de colesterol, sin duda. Después continúa con acierto el comentario de cómo don Quijote maneja a su fiel criado...No os perdáis las imágenes de sus entradas.

Antonio Aguilera decide primero almorzar antes de comentar el capítulo y se apunta al restaurante don Quijote de Montilla. Cuando redacta el comentario, quizá porque comió bien, quizá porque acierte, duda sobre las intenciones del ama... Quién sabe.

Pancho hace un excelente resumen del capítulo para terminar definiendo muy bien lo que deben hacer nuestros protagonistas en sus casas antes de salir a la aventura. No os perdáis las imágenes.


Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado, 25 de julio de 2009

Acuse de recibo: Mejores días, de José Luis Morante


El aforismo poético se separa del aforismo general por la concepción y la mirada artística sobre el asunto tratado: visto así, el aforismo poético es la parodia del género, al que le busca la frontera para romper la expectativa del receptor; pero es también su culminación porque lo lleva al máximo de su expresividad. En él predomina la individualidad de quien lo ha creado puesto que no busca inicialmente reflejar un consenso sobre ningún tema, es más, puede buscar conscientemente el rechazo de la mayoría o su perplejidad. Pero esto es sólo la definición inicial del género, que tiene modalidades tan abiertas que van desde la repetición irónica de la sentencia pactada por consenso dándole un nuevo significado al descontextualizarla, su ruptura sustituyendo tan sólo una palabra o un signo ortográfico, hasta la creación ingeniosa de un aforismo personal. Lo curioso de la creación de un aforismo poético es que pronto encuentra eco y pasa a ser un bien común, incluso los más personales: tiene una alta tendencia a trasmitirse de forma anónima. También a la falsa atribución. El aforismo puede ser una imagen o el esbozo de un microrrelato.

El aforismo poético se ha cultivado siempre, aunque no en todas las ocasiones ha tenido la suerte de ser editado en volúmenes como género con personalidad propia. En muchas épocas ha sido una antología de frases que se extraían de obras más amplias y se utilizaban como repertorio de citas o hallazgos geniales sobre determinados temas: algunos parecen escribir siempre con un Diccionario de citas a mano para darse aspecto de cultos, cosa que ya criticó Cervantes en el prólogo a la Primera parte del Quijote. Suele acontecer que en sus escritos no hay un solo pensamiento propio: es muy habitual entre los articulistas de prensa, los conferenciantes profesionales y los profesores universitarios.

En otras épocas, el aforismo se ha cultivado como un género en sí mismo, independiente de cualquier otro y válido en sí mismo. En algunos casos se pretendía una colección de lecciones morales o ideológicas que fueran fácilmente retenidas. Así, los Catecismos religiosos o políticos.

En la vanguardia del siglo XX, el aforismo poético cobró nuevas fórmulas. Era lógico: la vanguardia se construía sobre la metáfora y la depuración de elementos, por lo que un aforismo podía entenderse como el núcleo poético que bastaba, lo que quedaba tras la decantación del poema.

Ramón Gómez de la Serna creó su propio género a partir del aforismo: la greguería, que él mismo definió como metáfora más humor. Los movimientos de vanguardia menos racionalistas buscaron descoyuntar la lógica del aforismo y aparecieron los que procedían de la escritura mecánica, el surrealismo y otras técnicas que practicaban la ruptura de la lógica sintáctica y semántica.

En las últimas décadas, el aforismo no sólo no ha desaparecido sino que continúa con una magnífica salud. Por una parte se entiende como ejercicio de estilo, por otra como apuntes de poemas; en muchos casos, son reflexiones condensadas sobre estética o costumbres sociales. Precisamente, su condensación hace que en ellos observemos con más claridad las virtudes del escritor: en algunos casos, en un aforismo hallamos mejor sus rasgos personales.

Este es el caso de Mejores días, de José Luis Morante, magníficamente editado por de la luna libros (Mérida, 2009). Morante es ya un poeta, crítico y editor consolidado al que merece la pena seguir. Y Mejores días es un buen ejemplo de las mejores fórmulas del aforismo actual.

En esta colección de aforismos hallamos, en primer lugar, la densidad de una voz artística: todos los textos nacen desde el mismo yo poético, que adopta tonos íntimos, irónicos, líricos, etc. No siempre ocurre en este género, por lo que leer Mejores días es asistir a un proceso coherente de escritura y sentencia. Por eso, gran parte de los aforismos son reflexiones sobre la misma individualidad del artista y del mundo literario (Los minimalistas dogmáticos pueden confundir el haiku con un cantar de gesta; Los suplementos literarios son mostradores donde se tramitan incidencias culturales). En otras ocasiones, son pequeñas observaciones que describen, a partir de un rasgo, un personaje que adquiere valor de tipo (Afronta el derrumbe para ponerse en pie). No faltan las reflexiones filosóficas, a partir de la experiencia (En cada itinerario hay compañeros que restringen la verdadera senda; invitan a buscar rutas alternativas) y sociales (no exentas de juegos literarios: Los contratos e hipotecas convierten a los notarios en narradores omniscientes), el lirismo (El crepúsculo recoge días que se van sin decir nada) o el humor negro inteligente (El deceso no permite un turno de réplica)

Al final del volumen, el lector encontrará Un modo de respirar, un texto en el que Morante explica su concepción del aforismo a partir de los modelos de Canetti y Lictenberg. Apunta, con todo acierto, la variada temática que puede alcanzar esta modalidad y su atención a lo pequeño.

El problema del aforismo se da cuando un autor sólo es pirotecnica y no tiene nada que decir porque no hay reflexión propia: cansa en la primera página. No le sucede esto a José Luis Morante.

viernes, 24 de julio de 2009

Las fotografías de La Acequia.


Como los que os habéis incorporado recientemente al blog me habéis hecho alguna pregunta al respecto, quiero aclarar algo la relación de La Acequia con la fotografía, que los más antiguos lectores sabrán puesto que ya he hablado sobre ello en otras ocasiones.

La mayor parte de las más de 900 entradas publicadas hasta ahora de La Acequia se acompañan de fotografías. Casi todas ellas son mías. El resto son reproducciones de portadas de libros o folletos. Unas pocas son de otros autores, que siempre indico, y corresponden a intercambios con otros blogs o imágenes que me han enviado por correo electrónico para ilustrar alguna de las series de La Acequia, especialmente la lectura del Quijote (y que están construyendo todo un archivo quijotesco).

No puedo considerarme más que un aficionado a la fotografía que ha probado muchos caminos hasta quedarse con el más le gusta. Ya sabéis cuánto contribuyó mi amigo Javier García Riobó (al que tanto echo de menos), quien me recordó que no se hallaba la virtud de la imagen tanto en la calidad técnica como en la mirada del que la toma.

Es cierto: ahora hay muchos programas informáticos que pueden corregir un defecto de luz o de enfoque y que ayudan a intervenir en la imagen para modificarla hasta casi rehacerla, todo ello sin requerir demasiado esfuerzo. Estos programas y la facilidad de lo digital, han sustituido a la laboriosa y casi artesanal forma de trabajar de los mejores fotógrafos de antes, aunque muchos seguirán echando de menos lo pre-digital.

Respeto esta forma de trabajar la imagen, que da espectaculares resultados bien usada, pero no es el camino que he elegido hasta ahora.

Hay algo previo a la calidad de la cámara o del objetivo (algunas de mis imágenes han sido tomadas con la cámara del ordenador o con el escáner), a la búsqueda de la luz perfecta o la velocidad adecuada, la distribución de las masas, la perspectiva o la partición en tercios de la imagen: si no fuera así, deberíamos arrojar a la papelera casi toda la historia de la fotografía. Siempre prefiero la mirada a la técnica.

Me gustan las fotos de estudio en las que todo está medido, las imágenes de paisajes en las que el fotógrafo ha invertido horas de trabajo y espera para encontrar el momento adecuado en el que se abrieran las nubes o giraran las sombras.

Pero mi camino es la imperfección, el fragmento, la proximidad al objeto, la falta de luz o su exceso o la ausencia de definición y la toma de un fugaz instante no preparado. Casi siempre dejo huellas de ello en las imágenes: una esquina que desvela el truco, una perspectiva deficiente, la saturación por la luz, etc.

Procuro ver la foto antes de hacerla. Publico las fotos según fueron tomadas: no las proceso con ningún programa informático. O valen o no valen para mis objetivos: supongo que esto hará que muchos las rechacen. A veces las hice para ilustrar una entrada, en muchas ocasiones sucede al revés, es la fotografía la que impulsa la escritura (como casi en toda la serie disolución, que os invito a leer a los que no la conozcáis).

He publicado más de 500 fotografías mías en La Acequia. Y aun estoy buscándome en ellas. Como en los textos, desde la primera entrada publicada.

jueves, 23 de julio de 2009

El sueldo de Sancho y una elipsis (2.7).


Ya conocemos estos capítulos cervantinos en los que los hilos se cruzan con otros anteriores y posteriores. Aquí, Cervantes condensa con maestría esta técnica que vimos en la Primera parte de tal forma que nos parece novedosa porque ha alcanzado una asombrosa naturalidad en la disposición de los elementos. Y, en el medio de todo, una elipsis con consecuencias futuras que escamotea al lector, de forma confesa (El designo que tuvo Sansón, para persuadirle a que otra vez saliese, fue hacer lo que adelante cuenta la historia, todo por consejo del cura y del barbero, con quien él antes lo había comunicado), una parte de los sucesos.

En efecto: el ama intuye que la tercera salida está próxima y acude a buscar ayuda al único que en esos momentos puede dársela según su juicio, el bachiller Sansón Carrasco. Pero éste cumple su papel de estudiante burlón y no renuncia a pasar un buen rato a costa de la angustia de la mujer:

- No es nada, señor Sansón mío, sino que mi amo se sale; ¡sálese sin duda!
-Y ¿por dónde se sale, señora? -preguntó Sansón-. ¿Hásele roto alguna parte de su cuerpo?

Todo en su intervención tiene el sentido festivo de la burla. El bachiller quiere disfrutar en persona lo que hasta ese momento sólo ha podido reír como lector:

Admirado quedó el bachiller de oír el término y modo de hablar de Sancho Panza; que, puesto que había leído la primera historia de su señor, nunca creyó que era tan gracioso como allí le pintan; pero, oyéndole decir ahora testamento y codicilo que no se pueda revolcar, en lugar de testamento y codicilo que no se pueda revocar, creyó todo lo que dél había leído, y confirmólo por uno de los más solenes mentecatos de nuestros siglos; y dijo entre sí que tales dos locos como amo y mozo no se habrían visto en el mundo.

Cervantes dosifica muy bien a este personaje para crear un carácter con una raíz común a don Quijote (un lector que participa de la fantasía de lo leído en el mundo real) pero con matices que lo diferencian notablemente (no se cree el juego caballeresco ni tiene la misma altura de miras del hidalgo, puesto que sólo pretende divertirse a costa de sus vecinos): Sansón es la parte más oscura del lector del Quijote, la que disfruta sin miramientos con las excentricidades de don Quijote y se ríe más cuanto más loco parece y mayores golpes recibe. Por eso, su forma de dejarse arrastrar por la fantasía quijotesca carece del atractivo que tiene el protagonista. Su lado burlón también le separa del cura y el barbero, que parecen sus aliados, puesto que sus acciones no se motivan inicialmente por el humanitarismo, la amistad o el cariño.

En este capítulo, además, protagoniza una elipsis que no se resolverá hasta pasado un tiempo. Cuando parece que se va a poner de parte del ama y la sobrina para evitar la tercera salida, tras hablar con el cura aparece en casa de don Quijote animándolo a salir y preparando con él y Sancho la marcha, con la lógica sorpresa de las mujeres, que lo maldicen. Incluso los acompaña en la primera media legua del camino hacia el Toboso.

El diálogo central del capítulo lo protagonizan don Quijote y Sancho y viene a tratar de la condición del escudero como el que tuvieron don Quijote y su sobrina en el capítulo anterior abordaba la del caballero andante. Ambos son complementarios y nos presentan a don Quijote tratando con serenidad un debate en el que los puntos de partida se presentan en términos muy duros: en el anterior, la intervención de su sobrina, que destruía la fantasía caballeresca del protagonista en la intimidad de su casa; en éste, su compañero de aventuras y golpes, le presenta la demanda de un sueldo -recuérdese que ya se hacía en la Primera parte- puesto que no confía en la consecución del gobierno de la prometida ínsula e incluso amenaza con no acompañarlo. Como en la Primera parte vimos reaccionar violentamente (verbal o físicamente) a don Quijote en similares ocasiones, no podemos menos que constatar que algo ha cambiado en el personaje tras el mes de reposo.

En vez de eso, usa de la ironía verbal para destruir el argumento de Sancho: le hace ver, como no cabe menos, que no hay costumbre en los libros de caballería de pagar un sueldo al escudero, pero, sobre todo, le recuerda los famosos escudos (a partir de la confusión gata-rata) y le muestra lo frágil que resulta que Sancho se refugie tras su mujer para pedir el sueldo (en la frase volveos a vuestra casa, y declarad a vuestra Teresa mi intención hay toda una sentencia contra la condición de varón de Sancho en la concepción de la época, puesto que revela que debe pedir permiso a su mujer).

La respuesta de don Quijote deja a Sancho conmocionado (qué bella la forma que elige Cervantes para decirlo: se le anubló el cielo y se le cayeron las alas del corazón), que responde con lágrimas en los ojos a su amo para corregir su demanda, echando la culpa a su mujer, y se conforma con la cláusula en el testamento acordada en la Primera parte.

Obsérvese que esta discusión ya no termina como las de la Primera parte: Finalmente, don Quijote y Sancho se abrazaron y quedaron amigos.

Y así, a los tres días, por la noche pero ya no a escondidas, salen rumbo a la gran ciudad del Toboso. Veremos qué sucede en el capítulo VIII el próximo jueves.

miércoles, 22 de julio de 2009

Ojo


Lo confieso. Miré por el ojo de la cerradura. Detrás de la puerta había un mundo, pero ya lo habían retirado.

martes, 21 de julio de 2009

Lazo indisoluble


- Escribió un cuento sobre esto, si no recuerdo mal, Rosa. Lo leí en un libro suyo, Icada, Nevda, Diada. Me lo regaló José María Luelmo cuando yo era un adolescente. Recuerdo que era un texto en el que trabajaba muy bien la depuración de emociones y el ritmo narrativo.

- Sí, Lazo indisoluble.

-Mal título: correspondería mejor a una novela popular.

-Eso me dijo el editor, pero una ya no hacía caso a los editores: además, yo parodiaba el género. Y eso que aun no estaba muerta, fíjate ahora si me importará lo que digan mis editores. Sobre todo los que quieren vender libros. Me sucedió lo mismo con Memorias de Leticia Valle. El relato del que hablas procede de Ofrenda a una virgen loca. Dos amantes, Aurora y Arturo, deciden que no quieren vivir la decadencia de su amor: esa etapa en la que uno se encuentra sin saber cómo ha llegado a ella, pero que se ha instalado en la convivencia y se nutre de quejas y críticas y amargura. Cuando creen alcanzada la cima de su sentimiento, se arrojan a un río atados y abrazados. Pero en los minutos que tardan en morir condensan años de desamor: luchan para salvarse, pero el nudo de la cuerda no cede. Él comprende que debe librarse del cuerpo de ella para alcanzar la orilla; ella se aferra a él para que la salve y lo hunde más.

-Recuerdo una de las imágenes finales, cuando ya no pueden más, tras caer por una cascada, y penetra el agua fría en sus pulmones y dejan de luchar y se serenan. Supongo que en ese momento se dan cuenta de que no han podido vencer la fase de decadencia del amor que tanto temían, sólo la han condensado. El suicidio, en este sentido, ha sido inútil: no por una cuestión moral, sino porque no ha servido para lo que lo proyectaron. ¿Es siempre así, el amor inevitablemente ha de ir perdiéndose a jirones hasta ese punto en el que ya ni se reconoce?

-Hijo, las respuestas ha de buscarlas uno mismo. Acércame la rebeca, que se ha levantado algo de fresco.

lunes, 20 de julio de 2009

El Quijote y el sexo, el Sanchico se retrata y noticias del Quijote


Ahora que Myr ha publicado dos excelentes entradas sobre el amor, el sexo y el erotismo en el Quijote, continuación de una anterior suya (ver abajo, en las Noticias), se desata una absurda polémica, como me hace saber Manolo, sobre unas ilustraciones eróticas del pasaje nocturno de la venta debidas al argentino Carlos Nine. Según las informaciones, la polémica se ha sucitado por la distribución de ejemplares con estas ilustraciones en centros educativos, no tanto por la edición del volumen.

No entiendo esta denuncia que quiere levantar polémica. Conviene matizar algunos aspectos: las ilustraciones no tienen una carga erótica mayor de lo que tiene al alcance un niño español medio en su día a día (en la televisión, en el cine, en publicaciones accesibles en cualquier lugar o incluso en sus propios libros de texto), sino todo lo contrario; las ilustraciones, en contra de lo que han creído ver quienes han hecho la denuncia, no tienen contenido sexual directo, puesto que reflejan más la lucha de dos cuerpos, que se adivinan desnudos, que el acto sexual (quizá quien vea directamente otra cosa no sabe mirar).

Si no fueran suficientes estas matizaciones, habría que recordar que los dibujos ilustran un capítulo en el que las alusiones eróticas están tratadas desde un punto de vista humorístico y paródico y que leyéndolo, se aclaran.

Me dan miedo algunos guardianes de la moralidad: tan pronto quieren tapar el desnudo de esculturas clásicas y pintar telas en cuadros con escenas de desnudos, como ven lo que no hay en unas ilustraciones. Quizá el problema es que quien denuncia, ni siquiera se ha leído el Quijote. Por cierto, en éste hay una gran carga erótica que tuvo parte de responsabilidad en su éxito en el siglo XVII, así que quizá estudien prohibir su lectura a los menores de 18 años o tachar pasajes, como se hacía en los ejemplares de algunos seminarios. Esto, evidentemente, provocaba que el lector fuera a una biblioteca a leer sólo los pasajes tachados. Así que ojalá que la polémica sirva para que los denunciantes y muchos de los que oigan esta noticia lean, al menos, el capítulo ilustrado para comprobar la veracidad de lo dicho...

El Sanchico se retrata


La semana pasada hablábamos del Sanchico y del acierto de la mirada de los textos que nos remite Ele Bergón a través de la Abejita. Hoy os muestro el aspecto y equipación de este muchacho, que nos ha salido bien medradico, sin duda. Eso sí, que no vaya dejando tirado por ahí el libro... ¡Gracias Luz!

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.


Noticias de nuestro Quijote

Manuel Tuccitano nos invita a mirar el capítulo desde un ángulo necesario: cómo vuelca Cervantes su conocimiento de la sociedad drel momento. Además, da cuenta de oficios de la Corte, un mundo que se criticará mucho en la Segunda parte. Completa la entrada con una imagen de un techo que bien podría ser el que contemplara don Quijote.

Jan Puerta nos vuelve a regalar una entrada muy sabia y completa. Primero, su advertencia sobre que éste es uno de los capítulos que deben ser leídos con mucha calma: acierto pleno, porque su proupuesta más honda está oculta entre otras cosas interesantes, pero que no contienen tanto la explicación de lo que viene. Y las imágenes, de nuevo, una gozada: un nuevo rescate del mercadillo y recortes del anterior centenario.

La Abejita da voz a un nuevo personaje de su blog: toca la sobrina (con foto de sobrina), que nos permite una nueva mirada a la obra. Qué acierto tantos personajes para dar nuevos matices. En el comentario del capítulo, ilustrado con un púlpito al que bien podría subirse nuestro hidalgo, tenéis la desmostración de esta nueva voz. Como no podía falta, el Sanchico -vía Ele Bergón, como siempre- asoma para decirnos que se va al pueblo de vacaciones y sin Intenet: ¡pero sigue sin aclararnos qué pueblo es el que no quiso recordar Cervantes! Feliz verano.

Pancho comenta el capítulo semanal y ve, con gran acierto, la atención a los personajes secundarios y una práctica habitual de la técnica cervantina: caer desde el discurso más retórico hasta los palillos de dientes...

Antonio Aguilera enfoca el comentario del capítulo a partir de la atención cervantina hacia los personajes femeninos que rodean a los protagonistas. Y no os perdáis la veraniega imagen de algunos de los que participamos en esta lectura, obra, por supuesto, de Ojito... Y la continuación del comentario no es menos digna de ser leída, aunque no lleve imagen.

Myr nos regala un excelente análisis sobre el amor, el sexo y el erotismo en los capítulos 37 a 52 de la Primera parte del Quijote (y entrada), continuación de una anterior entrada suya. Os recomiendo una lectura atenta, que os ayudará a comprender mucho de lo que vimos en aquellos capítulos de la mano de alguien que ha meditado bien sobre los aspectos psicológicos de estos pasajes.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
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Vale.

sábado, 18 de julio de 2009

Hoy es un río denso


Hoy la entrada de La Acequia debería ser un acuse de recibo, como los últimos sábados. En su lugar, viene aquí, dada la fecha, un río, porque la fecha de hoy es un río denso que viene de la memoria. Como todos los ríos.

viernes, 17 de julio de 2009

Óxido, grieta, grapa


Esas grietas, que son lo más cierto que tenemos, lo más seguro que somos, nos dan miedo. Y parcheamos para que no se agranden. Qué miedo el vértigo. Qué necesario el abismo.

jueves, 16 de julio de 2009

Afirmación del camino personal (2.6).


Don Quijote se ha quedado a solas con el ama y su sobrina, que se temen ya, al verlo tan recuperado y en compañía de Sancho, que sea inevitable la salida. Aunque la disposición pudiera parecer la misma que en el diálogo del escudero con su mujer, no es así: ama y sobrina no se dejan ganar por la fantasía del hidalgo en ningún momento y conocen lo que la separa de la realidad.

Así, el ama argumenta que ya hay una infinidad de caballeros que rodean al rey y que pueden prestarle sus servicios. La sobrina, además, demuestra tener inteligencia y rebate con contundencia todo lo afirmado por su tío:

-¡Ah, señor mío! -dijo a esta sazón la sobrina-; advierta vuestra merced que todo eso que dice de los caballeros andantes es fábula y mentira, y sus historias, ya que no las quemasen, merecían que a cada una se le echase un sambenito, o alguna señal en que fuese conocida por infame y por gastadora de las buenas costumbres.

Y, por otra parte, muestra con crudeza toda la debilidad de la construcción imaginaria de don Quijote:

-¡Válame Dios! -dijo la sobrina-. ¡Que sepa vuestra merced tanto, señor tío, que, si fuese menester en una necesidad, podría subir en un púlpito e irse a predicar por esas calles, y que, con todo esto, dé en una ceguera tan grande y en una sandez tan conocida, que se dé a entender que es valiente, siendo viejo, que tiene fuerzas, estando enfermo, y que endereza tuertos, estando por la edad agobiado, y, sobre todo, que es caballero, no lo siendo; porque, aunque lo puedan ser los hidalgos, no lo son los pobres!

A todo contesta el hidalgo, sin convencerlas, pero sin hacer caso de su argumentación, porque la decisión ya está tomada y, en realidad, no hay diálogo en este cruce de palabras, como sí lo había entre Sancho y Teresa. Cervantes ha sabido retratar una conversación que suena a cien veces dicha en el mes de convalecencia, en la que todas las partes conocen de antemano las preguntas y las respuestas.

El capítulo tiene una función múltiple y, en algunos casos, un tanto oscura. Por una parte, pretende mostrar cómo afecta al ámbito doméstico de don Quijote su decisión de ser caballero andante. Pero también es otras cosas, como una nueva forma de ver un contraste entre el mundo de los cortesanos, que tan bien conocía Cervantes, y el mundo ideal de las caballerías; una revisión del discurso de las armas y las letras de la Primera parte; una nueva mirada al debate moral sobre las novelas fantásticas, etc.

Todo ello lo envuelve Cervantes de conceptos con muchas gotas de un erasmismo latente que se manifiesta, especialmente, en la afirmación de que cada uno puede trazar su vida con independencia de sus circunstancias sociales (algo que se apuntaba toscamente en las palabras del bueno de Sancho en el capítulo anterior y que aquí se refina) para llegar a la elaboración del tópico de los linajes humanos. Estos se exponen en una gradación adecuada para que se pueda concluir la bondad de los caballeros pobres:

Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido, y oficioso; no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo; que con dos maravedís que con ánimo alegre dé al pobre se mostrará tan liberal como el que a campana herida da limosna, y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que, aunque no le conozca, deje de juzgarle y tenerle por de buena casta, y el no serlo sería milagro; y siempre la alabanza fue premio de la virtud, y los virtuosos no pueden dejar de ser alabados

Esta exposición del hombre virtuoso como modelo de comportamiento es una de las claves de entendimiento de la Segunda parte de la novela. Que la afirme don Quijote significa, por una parte, que es muy consciente de su origen y circunstancias reales y, por otra, que ha decidido cambiar la forma de afrontar sus aventuras futuras. No debe pasar desapercibido este cambio de perspectiva porque la fantasía del hidalgo girará cada vez más a dejar ejemplos de cómo debe ser entendida esta virtud. Cervantes ha decidido que su novela se haga moral, sin dejar de ser entretenida.

Veremos qué pasa en el capítulo VII el próximo jueves.

miércoles, 15 de julio de 2009

Grieta, óxido, sombra.


Nada es más cierto. Y si prestas atención, puedes ver las uniones de las planchas del alma a través de las que todo amenaza derrumbe: lo demás es sueño.

martes, 14 de julio de 2009

Óxido, sombra, árbol.


Donde nos lleve la mirada. Hace tiempo que no vuelvo al óxido: que no veo cómo mancha las yemas de los dedos cuando pulsamos el mundo. Óxido, sombra, árbol: árbol, sombra, óxido. Nada es más cierto.

lunes, 13 de julio de 2009

Lo doméstico y el Sanchico, unos tornillos quijotescos gracias a Marina y noticias de nuestro Quijote

Cervantes ha meditado mucho sobre la Primera parte de su obra y percibe que los personajes del hidalgo y el caballero necesitan ser contextualizados para terminar de agarrarse a la mente de los lectores provocando, además, la afirmación de la estética realista tal y como la entendía el autor y completar su caracterización. De ahí que amplíe la información del su mundo doméstico. De don Quijote sabíamos algo más, de Sancho, poco, casi un esquema de lo que no era su vida de aventuras: parecía un personaje sobrevenido que le fue creciendo entre las manos.

En estos primeros capítulos de la Segunda parte, sorprendemos a los personajes en sus casas, hablando con su gente y contrastando con ellos su vida de aventura frente a la cotidiana de la aldea.

Don Quijote recibe en su habitación, en la que se recupera. Allí entran y salen, con la guarda hasta ese momento eficaz de ama y sobrina. Veremos en el capítulo de esta semana cómo una y otra cobran matices con respecto a su actuación de la Primera parte, que las humanizan, las dotan de una personalidad más compleja aun sin dejar de cumplir su función en la historia.

Pero es, sin duda, Sancho el que ve aumentado su peso narrativo en este sentido. No sólo lo vemos a él hablando ganado por la fantasía de su amo entre las paredes de su propia casa, sino que tiene todo un capítulo para hablar con su mujer -hasta este momento, en la Primera parte habían cruzado apenas unas palabras-.

Aunque en la escena hay mucho de literario, Cervantes nos da pinceladas que evocan la vida familiar de Sancho desde una perspectiva realista, en la que a ambos les compete un rol social en el que el marido buscaba embarcarse en aventuras para ganar dinero y posición -obsérvese que muy sutilmente Cervantes no introduce ni en boca de Sancho ni en boca de Teresa la alusión a que se pueda hacer fortuna trabajando, como ironía en la que se esconde mucho de crítica social- y a la mujer mirar con pies de plomo sus locuras y procurar actuar con sentido común.

Roles sociales, sin duda, que debían darse en aquellos tiempos. Pero es curioso que sea la mujer a la que se da la función de no actuar con excesos que puedan traer consecuencias. En sus palabras hay algo más que dependencia del marido: hay también afirmación personal (léase bien lo que dice sobre el apellido) y contestación sin tregua a lo dicho por Sancho. ¿Se da de verdad por vencida al final, cuando afirma "otra vez os digo que hagáis lo que os diere gusto, que con esta carga nacemos las mujeres, de estar obedientes a sus maridos, aunque sean unos porros"?.

Pero hay más cosas que sabemos ahora de Sancho: tiene dos hijos, el Sanchico y la Sanchica. Para estos sueñan ambos cosas diversas. Sancho, por encima de sus posibilidades según las convenciones sociales; Teresa en la esfera de su posición. Como muchos padres.

Y llegado aquí, no puedo menos que alabar la forma de leer el texto que ha tenido una comentarista y contribuyente habitual a nuestra lectura, Ele Bergón, que da voz de forma ingeniosa y acertada al hijo de Sancho. Desde su perspectiva podemos comprender bien algunas de las cosas de la novela y sorprendernos de los ángulos que tiene el relato leído así. Todo un acierto de Ele Bergón. Podéis leerlo seguido aquí.

Unos tornillos quijotescos, regalo de Marina

Como sabéis, vine cargado de regalos cervantinos de los amigos de Béjar. Entre ellos, os traigo aquí la imagen de una escultura que me regaló Marina, autora de un blog muy bien escrito que os invito a conocer. El detalle que tuvo conmigo me emocionó: se desprendió de algo que le había costado mucho conseguir, esta escultura de un artista local, Reyes, hecha con tornillos y muy quijotesca. Objeto único que a mí me llega con el valor de la propia pieza y de su anterior propetaria: antiguamente las cosas se valoraban no tanto en sí mismas como por sus propietarios anteriores. Mil gracias, Marina.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote


Juan Luis ha publicado una excelente perspectiva de los capítulos IV y V de la Segunda parte: desde la irremediable atracción que ha sentido Sancho por el sueño de su amo.

Manuel Tuccitano contextualiza el rol de la mujer de la época para que podamos comprender mejor el diálogo entre Sancho y Teresa. Y no os perdáis una muestra más de las ilustraciones que publica últimamente.

Pancho comenta los aspectos esenciales del capítulo de esta semana desde lo estupendo de Sancho, pero me gusta, especialmente, cómo ha sabido enfocar la cuestión de género que en seguida se nos plantea al oír a Teresa. No os perdáis la foto, con la documentación de una interesante exposición de ex-libris, algunos quijotescos.

Jan Puerta ha escrito una entrada llena de cosas interesantes. En primer lugar, un excelente enfoque del capítulo, a través de cómo Sancho se impulsa en la conversación con el bachiller; en segundo, una imagen que testimonia el éxito popular de la obra; en tercero, una forma excelente de cómo usar Internet de forma inteligente.

Abejita de la Vega, al preparar el comentario, nos da una entrada completa en la que el centro de atención es el Sanchico, para enfocarlo luego desde dentro pero con una evidente tendencia a ponerse del lado de Teresa: pienso que tiene razón y que Cervantes lo vio así a la hora de redactarlo. En la siguiente entrada, publica la opinión del Sanchico sobre este diálogo: no os la perdáis, que el pobre hasta ha buscado apócrifo en el Diccionario. Y las fotos de las dos entradas, muy buenas. En algunas, se ve a nuestras lectoras...

Antonio Aguilera mira el capítulo (esta vez huérfano de ilustración -¡quién sabe en qué playa andará Ojito-) con gran acierto, desde los roles tradicionales de marido y mujer. Y acaba lavando los platos.


Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

sábado, 11 de julio de 2009

Acuse de recibo: Diccionario de palabras olvidadas (I y II) de la Biblioteca Pública de Burgos



Las palabras pueden originar emociones como las que percibimos a través de los sentidos. Todos hemos evocado cosas del pasado a través del olor o del gusto o del tacto. Lo mismo sucede con las palabras, que nos traen al presente objetos o situaciones que ya no están en nuestro presente.

Hay un mecanismo mental que ayuda a construir un consenso lingüístico. La lengua, como herramienta de comunicación, nos lleva a que denominemos las cosas -objetos, emociones- de la forma en la que podamos hacernos entender. Por eso, según la situación en la que nos hallemos, usaremos uno u otro registro lingüístico y procuraremos ocultar lo que nos diferencia de los demás. Cuando cambiamos de lugar de residencia, si no dominamos la entonación de un lugar o las expresiones de una zona, terminaremos usándolas para que nos entiendan en la carnicería, en la tertulia del bar o cuando saludamos a un vecino por la calle. Siempre habrá quien no se adapte bien porque se piensa superior o porque no pueda hacerlo por múltiples razones sociológicas o físicas. Pero la mayoría terminaremos pidiendo la pieza de pescado en la pescadería por el nombre que se le da en la zona aunque no sea como la hemos llamado toda nuestra vida o la barra de pan según como se la llame en aquella localidad en la que nos encontremos.

Por este sencillo mecanismo es como se ha construido el consenso lingüístico en un pueblo, en una región o en toda una lengua. A veces, la magia de la filología se basa en escenas tan cotidianas como esas, mal que les pese a algunos lingüistas que se creen los amos de la lengua.

Pero sucede que aquellas expresiones que usábamos en la familia o en nuestra localidad y que abandonamos cuando cambiamos de vida para hacernos entender mejor, se fijan de tal manera en la mente del hablante que retornan de vez en cuando. En ocasiones, aunque no hayamos vuelto al pueblo que abandonamos hace décadas, surge una expresión que viene asociada a un recuerdo que nos estalla de pronto como si aun fuéramos los chavales que éramos cuando la oímos por primera vez. Y no encontramos ya palabra mejor para nombrar ese objeto o esa acción. La vida tiene esas revueltas en los caminos porque estamos hechos, en gran medida, de esa textura de lo aprendido de niños.

El Diccionario de palabras olvidadas y el Diccionario de palabras olvidadas II, volúmenes publicados por la Biblioteca Pública de Burgos (Burgos, Biblioteca Pública de Burgos, 2008 y 2009), iniciativa reseñada por un blog amigo, recoge muchas de estas palabras, aportadas, en una experiencia muy interesante y digna de elogio, por gente normal, no expertos investigadores, que acudían a la Biblioteca a depositar aquella palabra que se les había quedado dentro.

Muchas son generales a todo el ámbito hispánico pero ellos ya no las oían desde hacía tiempo en su entorno y querían dar testimonio de que ya no se usaban, además de aportar ejemplos de su uso que enriquecen, en muchos casos, la definición académica; otras son un tesoro familiar construido a partir de la imaginación o la deformación de otras, o localismos que vienen de siglos y ni siquiera están en el Diccionario de la Real Academia y si no hubieran acudido a depositarias aquí hubieran desaparecido con los hablantes que las recordaban. Porque todos tenemos una palabra que abandonamos pero ha vuelto, para no dejarnos ya y nos encontramos, de pronto, diciéndosela a nuestros hijos, que nos miran asombrados. Podéis comprobar si la vuestra está publicada en estos volúmenes en este enlace.

Mi amigo Pancho elabora un trabajo similar en su blog, con gran perspicacia. Y a él le dedico esta entrada.

viernes, 10 de julio de 2009

Voces del Extremo, 2009 (II)


Es un acierto la continuidad de Voces del Extremo. Su propuesta inicial buscaba dar espacio a perspectivas poéticas y poetas que no suelen alcanzar presencia en los ámbitos editoriales de gran difusión y tampoco en los académicos. También es de elogiar el esfuerzo por juntar a autores con una trayectoria ya consolidada durante años junto a jóvenes que acaban de comenzar su obra. En sus propósitos iniciales, Antonio Orihuela indicaba que Voces del Extremo quería recoger e impulsar discursos poéticos dispersos en los años ochenta que tenían en común la mirada crítica al capitalismo. Es, por lo tanto, un encuentro cargado en sus propósitos, de posicionamiento ideológico contra el sistema. Repasar los temas de los encuentros celebrados hasta el momento aclaran esta perspectiva. Y esto es también un acierto: el arte aun lejos de miradas románticas, tiene una profundidad de análisis de la realidad desde el individuo que no debe perder. Entre otras muchas cosas, claro.

En el encuentro celebrado en Béjar estuvo presente esta perspectiva en un amplio abanico de realizaciones y estéticas. Fue muy interesante el debate suscitado en las mesas redondas, de las que quiero manifestar aquí las cuestiones más intensas.

Hubo quien hablaba en los debates desde discursos que sonaban a viejos marxismos que parecían no haber asistido al fracaso de la Unión Soviética, la caída del muro de Berlín y la evolución de los sistemas comunistas asiáticos hasta el descubrimiento de un nuevo concepto de capitalismo. Fueron los que se manifestaron más reacios a las posibilidades de Internet porque veían en esta herramienta una fórmula más de control mental ideada por el sistema, un nuevo opio para el pueblo y una realidad en espejo que, a través de la simulación de la realidad, interviene en las decisiones individuales para alienarlas. Para ellos, en Internet no hay verdadera libertad ni ningún proceso de horizontalidad ni de democratización en el acceso a la cultura. Para muchos esto no es posible no por la herramienta en sí, sino porque en el mundo no hay verdadera democracia, con lo que venían a negar el uso de la herramienta por algo anterior a ella. Entre sus voces, hubo quien manifestó que Internet suponía un paso más hacia la infantilización de la sociedad promovida por un poder omnímodo que pretende el control del mundo con el único objetivo de fomentar las bases del sistema capitalista. No supieron explicar las razones por las que Internet sufre censuras en países próximos a su perspectiva ideológica.

Me sorprendió mucho una de las afirmaciones que se hicieron sobre el predominio de lo visual en Internet -cosa que es falsa si no se matiza- adjudicando a la imagen una filiación con el sistema, como propaganda. Me sorprendió, primero, porque la escritura que tanto defendían contra la imagen nació, precisamente, como código secreto de comunicación entre las élites y ha demostrado que no es válida para llegar a la totalidad de los seres humanos porque cualquier texto escrito exige un esfuerzo intelectual y más aún el que transmite ideas. Dicho esto, por supuesto, sin pretender abandonar la escritura como forma de explicar el mundo e intervenir en él. Por otra parte, es fácil demostrar que si la imagen ha sido usada por los gobernantes también ha sido usada con la misma eficacia por cuantos revolucionarios han sido en el mundo. Por último, en el arte negar las posibilidades de la imagen es negar la evidencia y suprimir, por decreto, aportaciones tan interesantes como la poesía visual o la objetual. Este viejo enfrentamiento entre la imagen y la palabra está ya superado tanto por el discurso teórico como por la realidad. Y en Internet, ambos procesos de escritura -alfabeto e imagen- se llevan a cabo con el mismo código binario.

Otros sectores son más actuales en sus perspectivas antisistema. El lenguaje en el que hablaban es común al de los movimientos antiglobalización y no negaban las posibilidades de Internet para la difusión de sus principios ideológicos.

Como sabéis los que me seguís desde el inicio de La Acequia, planteo siempre mi pensamiento desde perspectivas críticas, pero no comprendo aquellos que no comienzan primero con la autocrítica y la comprensión del otro.

En las mesas redondas se abrieron perspectivas muy amplias en las que se abordaron los conceptos de autoría en la red, las posibilidades enormes de autoedición con todas las ventajas que eso supone para el autor, la facilidad de Internet para la divulgación de los escritos, las posibilidades para establecer contactos con otros autores, etc. La mayor parte de los participantes en el Encuentro tenían espacio virtual propio de uno u otro tipo. Me gustaron mucho, en este sentido, las aportaciones de Fernando y Fabio Rodríguez de la Flor, Uberto Stabile y Marino González Montero.

En cuanto a las lecturas poéticas, fueron una buena muestra de la poesía actual en España, tanto en lo bueno como en lo malo. Para ser sincero, no vi tanto Extremo como Voces. En algún caso, ecos, como diría el poeta (como anécdota contaré cómo uno de los poetas recitó un poema dedicado a su bicicleta haciendo ver que no había copiado a otro obra de uno de los allí asistentes, para quien lo leyó casi como homenaje de hermandad: ninguno de los dos mencionó el poema de Alberti al que -no sé si sabiéndolo o no, en ambos casos sería muy significativo- glosaban). Nada de lo que vi es diferente a lo que conoce cualquier aficionado medio a la poesía. La calidad, a mi juicio, fue irregular.

El formato de las lecturas poéticas cuenta con un problema inicial, ya conocido. Recitar poesía -en cualquiera de las variantes del recitado, desde el canto, la salmodia, la performance, hasta la lectura discreta- supone la trasmisión oral de algo escrito. Si lo escrito no busca la oralidad desde el inicio, la lectura fracasa. Este formato debería dar pasos ya -como en otros encuentros de poetas internacionales y en cualquier ámbito de la comunicación- hacia el uso de herramientas multimedia, incluidas las posibilidades de la red: ganarían. La poesía no existe si no es eficaz y el nivel de eficacia en la lectura de un poeta suele dejar mucho que desear. En este sentido, los mejores poemas que se escucharon fueron recitados en árabe por Mohamed Abid, porque el género de poesía árabe al que pertenecían no ha abandonado, por suerte, las fronteras de la oralidad.

Por eso mismo, se oyeron malos textos bien recitados que fueron muy aplaudidos y magníficos textos mal leídos que no lo fueron tanto. Hubo quien se decantó por el espectáculo, por la performance o antiguas propuestas del dadaísmo. Yo eché de menos, en estos casos, ensayo y un cierto sentido de la profesionalidad. Algunos de estos textos eran meros apuntes a la espera de alguien experto en propuestas escénicas que les dé todo el valor que tenían.

De lo que escuché, me sorprendió que la mayoría de los textos pertenecientes a las estéticas del compromiso miraran su temática desde arriba (sea esta de denuncia, revolucionaria, con perspectiva de género, antisistema, etc.), casi con un sentido de la caridad o de la mala conciencia. Desde hace tiempo, cualquier buen artista sabe que el compromiso tiene una mirada frontal, que para que esta poesía sea eficaz debe darse desde dentro del problema, buscando el núcleo de las cosas y hablar desde ese centro. Los ejemplos escuchados del movimiento llamado poesía proletaria no fueron buenos por esto, entre otras razones, y porque fueron mal leídos: unos por defecto y otros por exceso. Y cuando una poesía comprometida no es eficaz, pierde todo su sentido. No sirve ni siquiera como propaganda en el combate ideológico (escribir buena literatura de propaganda no es tan fácil como se piensa, aunque escribirla para que te aplaudan los amigos sí lo sea). Y es una lástima, porque el mundo está más necesitado que nunca de artistas comprometidos y de miradas críticas.

La poesía intimista (entendida ésta en un amplio sentido) leída tuvo una mayor altura media: quizá porque su lectura tiene una expresión verbal menos arriesgada. La mayoría de los buenos poemas que oí pertenecen a este tipo de estética y habían sido escritos por mujeres, como Belén Antuñedo, feliz reencuentro mío con ella. He de hacer una salvedad: los textos de Antonio Gómez fueron extraordinarios, una sorpresa para mí porque yo le admiraba sobre todo por su poesía visual.

Hubo excelentes propuestas que juntaron tanto la calidad de la obra como el recitado adecuado y se debieron a Jesús Urceloy y Ben Clark. También me gustaron algunos de los microrrelatos de José María Cumbreño y aforismos de José Miguel Mangas, tan difíciles de cultivar precisamente por su abundancia hoy. Y me sorprendió agradablemente Elías Moro.

Curiosamente, el mejor de los poemas que escuché se leyó fuera de programa, para rellenar el hueco de alguien que llegó tarde. Era de Luis Felipe Comendador. Se trataba de un poema que giraba sobre uno de los temas mejor cultivados por este poeta: la pasión y la poesía. La pasión, en suma. Qué otra cosa resume la poesía.

Pero un encuentro de poetas de este tipo es algo más que lo explicado. La oportunidad de pasar unos días juntos, intercambiando vida y libros, relacionándose y conociendo la obra de otros, es lo mejor de este tipo de actividades, aunque no figuren en el Programa. Asistiendo juntos, además, a las actividades organizadas (que fueron muchas y buenas, desde las exposiciones hasta las actuaciones en el Teatro Cervantes, pasando, por supuesto, por las de la Venta del Bufón). Por eso, debe alentarse la celebración de este tipo de actos.

Hago constar aquí que al único poeta que no pude oír recitar fue a José Luis Morante, porque tuve que salir hacia mi domicilio por cuestiones familiares graves. Le pido disculpas.

Podéis encontrar toda la información, aquí.