martes, 31 de marzo de 2009

De nuevo, invierno


Hoy, en Burgos, viento frío y amago de nieve. Al entrar en el café, me froté las manos para espantar el invierno inesperado, mientras el camarero me daba los buenos días. Como cuando era un niño y me tapaba con las manos la boca y la nariz para entrar en calor, eché el aliento en ellas, sonriendo al recordar que ya los inviernos no son como antes. Al separarlas del rostro, contemplé, sobre las palmas, el mapa claramente perfilado del óxido grabado en su piel. Quizá el verano, querido amigo, ya no esté tan cerca.

lunes, 30 de marzo de 2009

Entrada incorrecta sobre la política de restauración de teatros en España en el día de la entrega de los Premios Max de las Artes escénicas


Hoy se celebra la gala de entrega de los XII Premios Max de las Artes Escénicas. Los profesionales del gremio se ponen sus mejores galas y acuden a recibir y aplaudir a los ganadores. Sin duda, desde el escenario del Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, se oirán algunas demandas profesionales del mundo teatral español.

Hoy La Acequia se iba a limitar a informar de esta gala, pero una oportuna entrada de J. R. Justo en su blog Código de Barras me ha hecho recordar otra entrada mía de julio de 2007 que os invito a leer.

En estos pasados años de derroche económico, en España se han restaurado muchos teatros de titularidad pública construidos en el siglo XIX o principios del siglo XX. Que fuera o no oportuno, es tema de otra entrada. Pero ya que las administraciones decidieron llevar a cabo esta política de restauración de los locales teatrales, lo exigible es que se hiciera de forma correcta y con todas las garantías.

En la mayoría de las obras de restauración se han cometido torpezas, en algunas tropelías injustificables. En teatros decimonónicos que eran ejemplos de resonancia, la decisión política de pretender hacerlo más capaz, más grande, apto para grandes montajes, alteró toda la sonoridad del local por el capricho de una caja escénica más grande, la construcción de unas gradas superiores o la eliminación del sistema hidráulico que permitía levantar buena parte del patio de butacas a la altura del escenario para la celebración de banquetes o bailes, cosa habitual en el siglo XIX.

En otros se eliminaron los palcos para ampliar el número de butacas o se levantaron pisos por encima del antiguo techo, provocando unas enormes dificultades de visibilidad para los que ocupaban las nuevas localidades.

En algunas ocasiones, se alteró el nivel del suelo escénico inutilizándolo para los espectáculos de ballet, se abrieron vanos que provocaron todo tipo de problemas, se cerraron otros alterando el conjunto orgánico del edificio, etc.

Algunas de estas intervenciones, proyectadas y firmadas, hubieron de corregirse posteriormente provocando un nuevo cargo económico que se hubiera podido ahorrar si todos hubieran usado la cordura desde el inicio: políticos, arquitectos, ingenieros y todo tipo de consejeros y expertos.

La gravedad de todo esto es mayor si pensamos que fueron decisiones políticas ejecutadas con dinero público y avaladas por grandes arquitectos que aun andan por ahí dando lecciones de cómo hacer las cosas.

El coste final de las obras resultaba casi siempre muy superior a la construcción de un teatro moderno, funcional, apto para todo tipo de representaciones. El ciudadano, que no tiene por qué saber cuestiones técnicas, veía restaurado un edificio que pertenecía a su imaginario colectivo, una fachada emblemática de su ciudad y se sentía satisfecho. No pensaba, ni siquiera, que la restauración de un teatro decimonónico hipotecaba el tipo de espectáculos que podría ver en su ciudad, en el caso de ser el único gran teatro de ella, y reducía sus posibilidades. Hubiera sido mejor que el edificio se dedicara a administración y que le hubieran construido un teatro de nueva planta con todos los requisitos de un local moderno.

De la gestión de estos teatros públicos ya hemos hablado en otras ocasiones, pero deberemos volver sobre el asunto porque no se remedian los males.

domingo, 29 de marzo de 2009

Locura y creación


Gustavo Adolfo Bécquer expresó una parte del proceso de creación, desde la perspectiva del poeta, como una fiebre que le hacía caminar entre la multitud indiferente con una silenciosa tempestad dentro de la cabeza. Expresión metafórica pero, quizá, experiencia de ansiedad: la creación artística de algunos autores se ha relacionado siempre con algunos trastornos mentales, posiblemente Bécquer también era un melancólico.

Decíamos el sábado que el Quijote se ha estudiado como análisis de una enfermedad mental y, a la vez, su lectura, se ha propuesto como terapia. En algunos estados depresivos, la única forma de calmar un tiempo los fantasmas y de comunicar lo que se lleva dentro es la creación: pintar, escribir, componer música. Si, además, se es un gran artista, el resultado suele ser excelente por su profundidad, su rareza y su originalidad. El poeta ha sido visto siempre como un loco que anticipa mundos.

Pero en la biografía de los artistas que tanto nos atraen por su locura, que tanto han profundizado en el arte que han descubierto fronteras de las que les ha sido difícil o imposible regresar, deberían escribirse dos líneas: en una de ellas, la descripción de cómo la exaltación les consumió de tal manera que lo mismo por lo que les admiramos acabó con ellos; en otra, la duda razonable por la que podríamos expresar si su misma enfermedad no les impidió escribir más obra.

De todo hay. Algunos nos legaron obras geniales y renovadoras precisamente porque sus trastornos mentales les hicieron no cumplir con los convencionalismos artísticos de su tiempo; otros, en cambio, no produjeron tanto como llevaban dentro porque su enfermedad les lastraba más de lo deseable.

Es posible que, dentro de pocos años, todo el funcionamiento de nuestro cerebro sea controlable con facilidad y que, a consecuencia de los fármacos podamos perder o ganar algunos artistas. Quizá, en ese mismo momento, una de las mayores expresiones de radical libertad del individuo sea negarse a impedir el aturdimiento de la fiebre, aun a riesgo de la locura. No sé si las leyes civiles podrían ampararlo.

sábado, 28 de marzo de 2009

Psicología y Quijote, otro teatro cervantino y noticias de nuestro Quijote


Estos días, varios de vosotros me habéis llamado la atención sobre las reseñas de un reciente libro de Françoice Davoine, Don Quijote para combatir la melancolía, publicadas en diferentes medios de comunicación. En primer lugar, debo agradeceros que estéis tan atentos: es una de las cosas que está generando esta lectura y que me gusta. No he leído aun el libro, pero no tardaré en hacerlo y dar cuenta aquí de él. Según las noticias de la prensa, esta psicoanalista francesa hace una lectura del libro que le lleva a situar a Cervantes como un precursor del psicoanálisis y ve en él, sin duda a partir de la experiencia biográfica cervantina, el apoyo en el otro como forma de terapia y la forma vital de enfrentarse al mundo.

Este tipo de acercamientos al Quijote no es nada nuevo. Desde el principio se vio en él el estudio de algunos caracteres patológicos y su enfrentamiento al mundo. Hay decenas de libros y artículos que estudian estos aspectos. Cervantes partió de la descripción de algunas enfermedades mentales tratadas en los libros médicos de su época. Su conocimiento debió ser algo más que libresco y se insinúan incluso nombres de personas concretas que le inspiraron el personaje principal. No se nos debe escapar que ya en otra novela, El licenciado Vidriera, presentaba otro tipo de enfermedad mental: el hombre que se creía de vidrio.

Estos aspectos eran más que reconocibles ya en su época. De hecho, la interesante continuación de Avellaneda nos sitúa en un manicomio: casi reconocible como parodia del mundo.

Desde entonces se ha debatido sobre la locura de don Quijote, su raíz y sus características. También sobre la tipología en la que podría estar encuadrado en la modernidad como persona en la que falla, especialmente, la distinción entre realidad y fantasía.

Este nuevo estudio da un paso más: el mismo libro se convierte en parte de la terapia curativa. Sin duda, puede entenderse así, pero sólo si nos olvidamos de la complejidad de la trama y lo leemos interesadamente. El Quijote es muy complejo y lo mismo que afirma la autora francesa puede ser entendido más como desajuste social que como camino aceptable. Seguiremos ahondando en este aspecto, pero, sin duda, me plantea un salto muy cervantino: la lectura enloquece a don Quijote, pero la lectura de sus aventuras podría sanar. Aunque reduzca el libro a una sola línea de interpretación, le hubiera gustado a Cervantes y lo hubiera integrado como parte de la novela para hacerla aún más compleja y escapar a la interpretación única.
Otro teatro cervantino

Como el sábado pasado publiqué la fachada del Teatro Cervantes de Buenos Aires que nos regaló Silvia Zak, le pedí a Pancho que me enviara la de otro teatro con el nombre de Cervantes: el de Béjar (Salamanca). Y no se hizo de rogar. Aquí lo tenemos, junto a la de una casa de la misma plazuela. Ampliamos nuestra iconografía cervantina. ¡Gracias, Pancho!

Os animo a mandarme imágenes de este tipo o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la iconografía posible sobre Cervantes y el Quijote.
En cuanto a los autorretratos quijotescos, ya sabéis que volverán, así que podéis seguir mandándomelos, que no tardaré en publicarlos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Abejita de la Vega ha publicado su comentario al capítulo XLV bajo una opción que me ha gustado mucho: como carta del barbero al que don Quijote le arrebató la bacía y se vio burlado en la venta. Es una opción que amplía el relato y nos introduce de lleno en una de las posibilidades de recepción más sugerentes del Quijote: pensar qué ha pasado con los personajes secundarios que en ella salen. Después ha publicado la versión de Sacho de lo acontecido con el lío de la albarda: Sanchico deja en evidencia a su padre, vía Ele Bergón. Finalmente, Abejita comenta el capítulo XLVI dividido en dos partes, publicando primero todo lo anterior a la jaula. Me gusta, especialmente, cómo se ha fijado en lo de las tocas-tocadas que ya son retocadas.

Manuel comenta, para el capítulo de esta semana, la importancia del sector eclesiástico en aquella sociedad española ya en decadencia. Os recomiendo sus palabras, porque os harán pensar, sin duda. Y lo acompaña de una ilustración que debe al trabajo de sus hijos, a los que ya les conocemos aficiones quijotescas.

Pancho, en La dura realidad, publica su comentario al capítulo de esta semana, en el que dibuja muy bien cómo se ha agotado el tiempo de la venta y hay que recuperar la acción principal. No os lo perdáis.

Javier G. Riobó ha ilustrado el capítulo semanal con imágenes soberbias: deslumbran, tanto por lo acertado de la selección de frases como por las imágenes mismas. La paz octaviana y la cárcel son de un absoluto cierto y dotadas de ironía cervantina. De las mejores entradas de su participación en esta locura colectiva -y son muchos sus aciertos anteriores.

Y un problema. Sé que mi querida Merche Pallarés, entusiasta seguidora de esta locura desde el inicio, ha hecho una entrada sobre el Quijote. Pero no puedo leerla. Ella me cuenta que otros han tenido más suerte e incluso la han comentado. Lo he intentado pero no puedo, pero dejo constancia aquí por si tenéis más suerte.

Kety publica una mini-selección de refranes sanchopancescos. Ya sabemos que Cervantes supo caracterizar a sus personajes a través de la lengua: a Sancho le tocaron las sartas desmedidas de refranes. A veces, con uno basta.

Antonio Aguilera se fija sobre todo en la actuación del cura como mediador y a la divertida intervención de Sancho que ha visto darse el hocico a Dorotea. Eso sí, sus conocimientos sobre los rebaños de ovejas segureñas me ha dejado impactado. Y no os perdáis la ilustración de Ojito, que se ha especializado en las desenvueltas jóvenes de la venta...

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí.
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Vale.

viernes, 27 de marzo de 2009

Día Internacional del Teatro


A pesar de todo lo que se ha hecho contra él, el teatro sigue manifestando una inmejorable y vigorosa condición de enfermo eterno. Desde 1961 se celebra el Día Mundial del Teatro. No me gustan estas celebraciones, que reducen a crónico el olvido de las conciencias. Así que me voy a la calle, a declamar como un cómico loco los versos de la escena en la que todo se explica de la obra más tópica y arrebatadora, más tramposa y apasionada, más teatral que conozco, en la que todo son palabras y ritmo, gestualidad escénica en la que es imposible que nos reconozcamos pero desearíamos hacerlo:

porque me siento a tus pies
capaz aún de la virtud.

Quién sabe si aun no es dado el perdón de nuestros muchos pecados culturales.

jueves, 26 de marzo de 2009

La trastienda de la justicia y una jaula para un loco (Cap. 1.46)


Este capítulo supone el definitivo cierre de las historias entrecruzadas que se han venido sucediendo desde que don Quijote asaltara al barbero en el camino y la recuperación del plan trazado por el cura y el barbero vecinos del protagonista para devolverlo a casa.

Para ello, Cervantes dispone la materia en dos partes.

En la primera, el narrador nos explica las verdaderas razones por las que don Quijote se salva de la persecución de la justicia. El cura convence a los cuadrilleros que de que sería inútil prenderlo porque, por su locura, le dejarían libre al no ser responsable de sus actos. También se llega a un acuerdo satisfactorio con el barbero asaltado devolviéndole las albardas, aunque no las cinchas y jáquimas, que quedan en poder de Sancho, y abonándole ocho reales por la bacía. Por último, don Fernando se encarga de pagar lo que se debe en la venta.

Vemos aquí a Cervantes rebajando bruscamente a realidad la parodia de juicio del capítulo anterior y la defensa del caballero andante como alguien ajeno a la justicia humana que hizo don Quijote. La ironía cervantina le lleva a reflejar, como dice la sabiduría popular, que vale más un buen acuerdo que cualquier pleito y más si hay quien lo pague.

Todo se hace a espaldas de don Quijote, que así no ve mermado su sueño caballeresco, pero a la vista clara del lector, al que no se escatima ni un detalle.

La segunda parte del material de este capítulo nos conduce, de nuevo, a la trama principal, que se había abandonado en estos dos días de estancia en la venta.

En un feliz tratamiento del tiempo narrativo, Cervantes ha dedicado mucho espacio a estos dos días, pero debe llegar rápido a la solución o se perderá en un sinsentido, con la conciencia de que las historias intercaladas se han agotado. De hecho, es muy posible que la experiencia de lo que ha sucedido en la venta no sólo sirva para escarmiento de las costillas manteadas de Sancho, sino también al mismo autor: quizá el aprendizaje de estos hilos cruzados le sirviera como reflexión en la segunda parte a la hora de cambiar el formato de introducción de las historias intercaladas y la interrupción de la línea central, como veremos.

Como transición, Cervantes usa a Sancho de nuevo para la confrontación de la visión de su amo. Cuando don Quijote se dispone a continuar la aventura de la princesa Micomicona, el escudero pone todo en duda porque ha visto a Dorotea hociqueándose con don Fernando. La expresión grosera, el contraste tan brusco con el diálogo entre don Quijote y Dorotea, repleto de referencias caballerescas y tono literario, conducen a lo esperado: la ira de don Quijote. Es un recurso ya usado por Cervantes antes, como sabemos.

Reconciliados amo y escudero al explicar los hechos Dorotea a la manera de don Quijote -todo es producto de un encantamiento-, la venta se sosiega lo suficiente para que se trame la forma de devolver a don Quijote a su aldea.

Para ello, se fabrica una jaula de madera, similar a la que servía para encerrar a los locos violentos, se disfrazan todos -menos Sancho- de tal manera que a don Quijote le parecen fantasmas y el barbero pronuncia una profecía paródica en la que se anuncia al caballero que está encantado hasta que pueda yacer con la blanca paloma tobosina -Dulcinea- y tener hijos. Don Quijote asume el encantamiento porque, aunque realizado de forma tosca e improvisada, recuerda pasajes similares de sus libros de caballería. Por otra parte (en clara contradicción con la esencia del amor cortés), se le ofrece de forma evidente la recompensa sexual de conseguir a su amada. Sancho acepta sumiso porque, aunque reconoce a los disfrazados, ya no sabe bien qué creer y le faltaba bien poco para tener la mesma enfermedad de su amo. No olvidemos que se vuelve a mencionar el pago de sus servicios.

Y así tenemos ya a don Quijote: enjaulado camino de su casa. Pero no derrotado, que ésta es una diferencia radical con la Segunda parte. Para ello, los demás han tenido que jugar a su locura, arrastrados por la fuerza de ésta, disfrazarse y parodiar la parodia caballeresca.

Veremos, el próximo jueves, qué nos depara el capítulo XLVII.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Amor de mis entrañas, viva muerte


Llevo en la mano una edición de la poesía completa de Federico García Lorca y leo uno de sus Sonetos del amor oscuro, en el que el poeta demanda de su amante la palabra escrita:

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

Desde la primera vez que leí estos sonetos (lo hice en la primera edición autorizada, que se publicó en el periódico ABC el 17 de marzo de 1984 y aun guardo el ejemplar), se me enredaron en los dedos las palabras, el juego pleno de referencias a la poesía conceptual y barroca con el que los escribiera Federico García Lorca, el sabio dominio de la estrofa y la fuerza de sus imágenes:

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte

En éste encuentro una de las mejores descripciones de la pasión amorosa que he leído nunca:

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Cuánta poesía hay en estos catorce versos, que nos remontan al amor cortés, a Petrarca, la poesía cortesana o nuestros mejores poetas barrocos y que hacen el viaje de retorno de los mejores hallazgos de la mística para concretarla en la ansiedad humana de saber de la persona amada, de tener constancia que aun nos ama o que ya nos ha olvidado para siempre: unas líneas que confirmen el amor o lo desmienta. Qué angustiosa es la espera de esas líneas:

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Siempre que llego a esta altura del curso, cuando toca explicar a Federico García Lorca, a punto de llegar la sangre de la Guerra civil española, quiero imaginarme al poeta, que ya ha superado la crisis de unos años antes, afirmándose en su personalidad, en su condición de escritor, mirando confiado el futuro tras sus éxitos como dramaturgo, llenas sus carpetas de proyectos de libros y giras con La Barraca.

Y de pronto, la sangre. La destrucción de la mejor etapa cultural española.

Tomo el libro en esta primavera incipiente, quiero sentarme aquí, apoyada la espalda al tronco de un árbol y seguir leyendo, porque sé que es lo mejor que puedo hacer en este caso:

Quiero llorar mi pena y te lo digo

martes, 24 de marzo de 2009

Naufragios


Burgos, 24 de marzo. Agencias. Un investigador de la Universidad de Rijoska ha demostrado, sin ningún género de dudas, que cada uno es náufrago de su propio Titanic. La bolsa de Nueva York ha acogido el resultado de la investigación con euforia. El índice Dow Jones alcanza sus máximos históricos, a pesar de la crisis financiera que viene arrastrando desde hace meses.

lunes, 23 de marzo de 2009

El mapa del mundo. Nueva entrega de la serie Pensar el mundo a principios de siglo


Cartografiar el mundo, hasta el siglo XX, era rellenar los huecos de las zonas desconocidas, situando sobre el espacio en blanco de los mapas los ríos recién navegados, las montañas nunca vistas y los nombres de las tribus hasta entonces desconocidas para los occidentales. En las exploraciones había un conjunto de intereses, desde los propios de la aventura personal o científica a los espirituales, en los que, finalmente, triunfaban siempre los económicos y geoestratéticos.

Cartografiar el mundo, hoy, es situar en el mapa el último bloque de viviendas construido en la ciudad más remota, el nombre nuevo de una calle o el trazado de una autopista recién inaugurada. Además, ni siquiera es necesaria la presencia del explorador: basta con una fotografía tomada desde un satélite.

El mundo ha alcanzado, definitivamente, la forma de la aldea global, concepto fabricado inicialmente para los medios de comunicación pero que podemos extender, tanto en sus aspectos positivos como en los negativos, a la esfera general de la Historia de la Humanidad. Las diferencias cada vez son menores: nunca el mundo ha sido tan igual como en nuestra época y sabemos que el proceso se acelera y dentro de veinte o treinta años esta frase se cumplirá aun más. Se llega a la paradoja de que la atracción por una peculiaridad situada en una parte del mundo concreta, provoca el interés masivo por ella y el inicio de su desaparición por contacto cultural. Hoy no hace falta una guerra para que el pensamiento dominante anule el potencial diferenciador del minoritario: basta con posibilitar la recepción de la señal de las cadenas de televisión comerciales o la introducción del turismo masivo llamado por el fenómeno de lo local.

Esta globalización ha modificado sustancialmente la forma de estar en el mundo del individuo y lo hará con más fuerza en el futuro próximo. También ha alterado las normas de conducta del individuo con los otros y las relaciones entre los países.

Por ahora, la forma más evidente de globalización es la presencia de realidades supranacionales con mayor fuerza que los viejos conceptos de país: ni las fronteras ni los ejércitos garantizan la impermeabilidad. No lo hacían en el siglo XVII, mucho menos hoy. Hallamos las mismas huellas en todos los niveles: desde la distribución de películas hasta los refrescos, moda y formas de ocio.

Cuando un explorador del siglo XIX recorría el mundo, constataba su diversidad. Hoy, un occidental podría realizar una vuelta al mundo viviendo siempre de la misma manera, sin cambiar ni uno solo de sus hábitos: podría comprar la misma ropa que en su barrio, beber los mismos productos y tomar el mismo tipo de desayuno cada día de los que durara su viaje. Hasta le es posible leer su mismo periódico y, con Internet, oír en tiempo real las noticias de su ciudad. Se perdería muchas cosas, en efecto, pero eso es lo que se demanda en cualquier agencia de viaje: vivir igual en cualquier parte del mundo durante nuestras vacaciones, con un pequeño toque de color local. En su justa medida, para que el viajero no sienta aburrimiento ni temor ante lo desconocido: que pueda mostrar unas pocas fotografías diferentes o sentir la emoción controlada de lo diferente sin amenaza para su regreso.

La globalización, no hay que decirlo, se ha establecido de acuerdo con los parámetros construidos durante la época neocolonial, en la que las potencias occidentales, comenzaban a rellenar los espacios en blanco de los viejos mapas. Sufrió ciertas modificaciones y algunas críticas en la postmodernidad, pero su triunfo es evidente. Y adheridas a ella, sus virtudes y sus defectos.

domingo, 22 de marzo de 2009

Lo que nos ata


-La vida es una sucesión de eslabones que no conducen a más sitio que la cadena que nos exhibe, viejo amigo. Hace tiempo que tengo comprobado que romper una cadena nos lleva a otra, aunque nos parezca mejor y más liviana porque se ajusta con el nuevo sentido que nos hemos dado. Y romperlas todas no nos hace más libres, sino comenzar a tejer la de nuestro egoísmo, que termina por ser la más pesada de todas.

sábado, 21 de marzo de 2009

Hacia el final de la Primera parte, otro regalo desde Argentina y noticias de nuestro Quijote


Siete capítulos nos quedan para terminar la Primera parte y Cervantes debe cerrar las tramas abiertas. Vimos cómo, desde que Dorotea convenciera a don Quijote para abandonar la penitencia en la sierra, el relato deshacía el camino para avanzar hacia su final. No lo olvidemos: tanto esta primera parte como la segunda son novelas de camino, de viaje de ida y vuelta, con todo el simbolismo que ello conlleva.

Pero como se nos había complicado la trama tanto desde las aventuras de la sierra, en algún momento debía ir concluyendo. Lo hemos visto en los capítulos comentados estas semanas: se cierra la historia de amores cruzados y la del cautivo, aunque su cierre trae otras engarzadas que ayudan a continuar el interés del lector y que no decaiga -lo que hubiera sucedido si no nos presentara novedades, aunque cuidando que no tengan mayor extensión que las que van concluyendo.

Porque ésta es una de las funciones de la historia de don Luis y la hija del oidor, por ejemplo: cuando creemos que nada nuevo podemos esperar, sorprendernos para que nuestra atención siga en alto. Habrá más sorpresas de aquí al final del relato.

Sin embargo, el hilo suelto más importante que debía cerrar era la condición de fuera de la ley en la que don Quijote se había situado tras atacar al barbero y liberar a los galeotes. Ya hemos visto cómo se burla la justicia en la venta: concluiremos este jueves con el asunto, que aun nos deparará algunos matices de interés.

¿Qué sentimos cuando comprobamos, físicamente, incluso, que un libro que nos ha atrapado está a punto de terminar, que las hojas que restan son pocas? Por un lado, la curiosidad por su final, por otro la melancolía de que se termine. No importa: siempre podemos recuperarlo dentro de un tiempo, cuando la memoria no recuerde más que las líneas generales. Es uno de los placeres de la lectura.

¿Había decidido ya Cervantes, a estas alturas de la novela, continuarla? No lo sabemos, pero la respuesta podría explicar el tono del final de la primera parte, en uno u otro sentido. Ya lo veremos.

Otro regalo desde Argentina



Silvia Zak, autora de varios blogs de interés y colaboradora en otros muy notables, como en el Manifiesto por la Solidaridad, me ha enviado una serie de fotos relacionadas con Cervantes y el Quijote, que iré publicando en varias de las entradas con las noticias semanales.

En ésta de hoy, nos remite la fachada del Teatro Nacional Cervantes, buena muestra de lo que pretendo ilustrar con esta antología de imágenes cervantinas. Un lugar emblemático para el teatro de Buenos Aires, ciudad que tanto y tan bien cuida el hecho teatral y que es la envidia par otras muchas por su amor por la cultura. Este edificio, además, está unido a la trayectoria de una de las grandes actrices, directoras de escena y empresarias de la historia escénica española: doña María Guerrero. ¡Gracias, querida Silvia!
Os animo a mandarme imágenes de este tipo o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la iconografía posible sobre Cervantes y el Quijote.
En cuanto a los autorretratos quijotescos, ya sabéis que volverán, así que podéis seguir mandándomelos, que no tardaré en publicarlos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Abejita de la Vega publica el comentario del capítulo 42, con una acertada pregunta final: ¿hay baciyelmos en la vida cotidiana? Yo pienso que sí, pero que no los reconocemos porque solemos ir con una sola mirada. Vía Ele Bergón, publica un texto de Sanchico, presumiendo de padre filólogo. Y, gracias a Kety, un poema adivinanza de Gloria Fuertes.

Javier G. Riobó, que, como sabéis, se ha echado encima la tarea difícil de ilustrar nuestra lectura a partir de las imágenes sacadas de escaparates, nos regala, en el comentario del capítulo XLV cuatro fotos con mirada acertada, pero os recomiendo las dos primeras: soberbias en oportunidad y juego.

Manuel Tuccitano ha escrito una soberbia entrada, indicando los elementos claves del capítulo de esta semana. Continúa también su información sobre los caballeros andantes y nos informa de cómo era la formación de los futuros caballeros. También nos recuerda un aspecto que puede estudiarse desde la sociología: los dos siglos anteriores a la escritura del Quijote son épocas llenas de caballeros andantes en Europa. Para pensar.

Pancho ha publicado su comentario al capítulo de esta semana, Un plebiscito, un acuerdo y un tumulto, en el que ha sabido dar las claves del dinamismo del texto y los movimientos de atención del narrador entre tantos personajes.

Antonio Aguilera, que ha decidido -y puede- hacer una trampilla y saltar del 42 al 45, comenta el capítulo de esta semana y señala, con gran acierto, la comicidad del texto, con la ayuda de citas de autores que se han acercado al Quijote desde esta perspectiva. Luego, nos hace de don Quijote un provocador gamberro, pero lo tendréis que leer. No os perdáis la imagen de Ojito que bien nos pone a todos peleados, hasta los pechos...
Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí.
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Vale.

viernes, 20 de marzo de 2009

Escaramujo


Para el catarro o la gripe, escaramujo. Una infusión cada pocas horas, hazme caso.
-Pero sabe a rayos.
-Qué niños sois los hombres a veces.

jueves, 19 de marzo de 2009

Locura y justicia (Cap. 1.45)


Teníamos pendiente un juicio para decidir si la bacía era yelmo y la albarda jaez: la construcción del baciyelmo que hizo Sancho Panza al final del capítulo anterior, nos adelantaba el perspectivismo con el que se enfocaría la cuestión en éste. Estábamos preparados para abordar la cuestión desde un doble ángulo: en primer lugar, la filosófica -los sentidos son poco fiables y la realidad, por lo tanto, se nos presenta no como es sino como la afrontamos desde nuestra perspectiva-; en segundo, la narratológica, puesto que Cervantes nos ha construido el relato de don Quijote desde su visión literaria e imaginada del mundo, enfrentada a la del mundo real del resto de los personajes, cada una con su verdad, multiplicada por las otras de las diferentes historias intercaladas.

Y esto se nos da: aquellos que conocen a don Quijote de entre la multitud de personajes que se encuentran en la venta, ganados por su ficción y con un ánimo declaradamente festivo (es decir, jugando a vivir el cuento literario del viejo hidalgo), deciden que la bacía es yelmo y no bacía en una parodia de juicio en la que hay declaración de peritos -el barbero amigo de don Quijote informa contra el barbero acusador-, declaración de las partes y decisión por votación entre los jueces. No nos importa tanto que quieran apoyar la locura del conocido y disfruten con la desesperación del barbero robado como el hecho de que gente tan diversa sea capaz de negar el sentido común y que, para ello, inviertan de forma tan declarada la institución judicial, puesto que don Fernando deja de contar cuando debería comenzar a sumar los votos de los menos partidarios a don Quijote, con lo que manifiestamente se conforma con los jueces parciales.

Un criado de don Luis y unos recién llegados a la venta, cuadrilleros de la Santa Hermandad, que no están implicados en la historia, actúan según lo que se espera de ellos: denuncian la burla de la justicia que allí se está cometiendo, provocando una pelea divertida y general que es detenida por el que menos podríamos esperar. En efecto, es el loco, don Quijote, quien pide calma a todos al recordar el campo de Agramante, pero para designar como jueces a gente afín, con lo que:

Finalmente, el rumor se apaciguó por entonces, la albarda se quedó por jaez hasta el día del juicio, y la bacía por yelmo y la venta por castillo en la imaginación de don Quijote.

Tras la pausa necesaria para marcar la transición, aprovechada por el oidor para tomar consejo de cómo resolver su problema con don Luis y su hija Clara, un cuadrillero vuelve a reclamar la justicia cotidiana, realista y concreta, la que se ata a las normas sociales del momento. Ha reconocido a don Quijote como aquel que es reclamado por haber liberado a los galeotes y exhibe el mandamiento que lo prueba. Se provoca una nueva pelea, que termina, en esta ocasión, don Fernando, como corresponde por su posición social.

Don Quijote, riéndose de los términos del bando en el que se le declara perseguido por la justicia, reacciona en una vibrante alocución, en la que denuncia la corrupción de la misma justicia que le busca y su brazo ejecutor (Venid acá, ladrones en cuadrilla, que no cuadrilleros, salteadores de caminos con licencia de la Santa Hermandad) y se pone por encima de ella por su alta misión como caballero andante.

Observemos, desde fuera, lo que ha ocurrido, porque se nos ha dado algo más de lo que esperábamos: en ambos casos -el baciyelmo y el motivo de persecución de don Quijote- se ha graduado no sólo el perspectivismo literario o el filosófico, sino una revisión irónica de la justicia por la que la bacía queda convertida en yelmo sin posibilidad de réplica, los cuadrilleros en cuadrilla de ladrones y el loco por encima de cualquier mandato de la autoridad. Un doble salto mortal por parte de Cervantes, que nos lo da, además, en medio de un barullo, para que no se note tanto. Veremos que esta denuncia del desorden de la justicia se confirma más adelante.

En el capítulo, además, se cierra la historia del barbero asaltado en el camino y la de los galeotes -que habían puesto a don Quijote fuera de la ley y podrían perjudicar el final de la novela si no se cerraran oportunamente- y se reconduce hacia el final feliz la de don Luis y doña Clara.

Y todo ello en uno de los capítulos más difíciles técnicamente de resolver, puesto que Cervantes debe mover un número de personajes considerable sin que se perciba nada de forzado.

Veamos qué nos depara el capítulo XLVI, el próximo jueves.

miércoles, 18 de marzo de 2009

La norma lingüística

La entrada del lunes, sobre la ortografía, sugiere otra, sobre la norma lingüística.

Los que tenemos cierta edad oímos hablar de la Gramática como si fuera un texto sagrado de obligado cumplimiento. No seguirla tal y como dictaminaban los sabios podía acarrear penas severas.

Por suerte, las cosas han cambiado mucho. Los gramáticos, ahora, saben que su ciencia ha evolucionado y no puede definirse de la misma manera, tanto en las normas como en la perspectiva ideológica de afrontarla.

Si tomamos como referencia las Gramáticas publicadas por la Real Academia de la Lengua o por otras instituciones públicas o privadas, desde la de Elio Antonio de Nebrija, que fue la primera de una lengua romance, observamos, con sólo hojearlas, que las normas no son las mismas y se han ido adaptando a los tiempos y al uso lingüístico que se hace en ellos del español. Cosas que se definían como preceptos, cien años después ya no eran aconsejables y se aceptaban variantes rechazadas antes como vulgares.

Todo esto se debe a que la lengua es un sistema vivo, en continua evolución. De lo contrario, habríamos matado a sus hablantes y archivado el español entre las lenguas muertas.

No. La Gramática no es un texto sagrado, sino un conjunto de normas en las que se define el uso general de una lengua. Sería posible, en cada momento histórico, hablar de diferentes gramáticas: una para el lenguaje culto, otra para el hablado, otra para cada una de las jergas y para los diferentes dialectos, etc. Todos y cada uno de ellos ha evolucionado con el tiempo: el lenguaje culto de hoy no es el de hace trescientos años, como la jerga juvenil de mis tiempos parece prehistórica a los jóvenes de hoy y a mí la suya incomprensible, a veces.

Por eso, la elaboración de la gramática ha cambiado su perspectiva ideológica. En primer lugar, ya no hay preceptos de obligado cumplimiento, sino normas y fórmulas que expresan el mayor nivel de consenso entre los hablantes del español, aceptando variantes regionales e, incluso, locales, como propias de esas zonas y extrañas fuera de su ámbito.

Se diferencia, en estas normas, el uso escrito del hablado y la consideración de culto o coloquial de cualquiera de las variantes. Además, en la Gramática del español actual ya no es la Península quien define por sí misma la lengua. El español se habla, mayoritariamente, fuera de España y ninguna región concreta puede detentar la propiedad del idioma, puesto que es de todos. Si quisiéramos fijar el idioma, como se hacía antes, según una u otra población -se organizaban batallas dialécticas para demostrar dónde se hablaba mejor-, haríamos una reducción absurda. De hecho, la mayor parte de las Gramáticas que apuestan por variantes locales, quedan desfasadas como gramática normativa antes que las que optan por variantes más generales.

Por lo tanto, ya no deberíamos decir que tal o cual uso es incorrecto o está mal, sino que no se ajusta a la variante generalmente aceptada entre los hablantes de español. Dicho de otra forma, el famoso condicional burgalés, la ausencia del pretérito perfecto (he cantado) en algunas zonas de la Península, el laísmo o el leísmo, etc., no están mal, sino que responden al uso de una zona concreta y son extravagantes fuera de ella, por lo que causan rechazo entre los oyentes.

Al hablante se le abre un abanico de posibilidades entre las que debe elegir. Su elección dependerá de su origen, su formación, sus contactos con otras zonas en las que se hable el mismo idioma, sus lecturas, su atención a los medios de comunicación audiovisuales, etc.

La herramienta que es el lenguaje se modifica en cada hablante no por el hecho de que se le den o no unos preceptos, sino de acuerdo con sus necesidades de comunicación e interacción social. Son estas necesidades (que pueden ir desde solicitar una comida o comprender un boletín de noticias hasta leer una novela o un tratado filosófico) las que a cualquier hablante le hacen elegir entre una opción u otra, entre usar o no en según qué ámbitos el laísmo, un uso local de los tiempos verbales o un término u otro para referirse a un objeto. A veces, la carencia de conocimientos y contactos con otras variantes, impiden la elección y el hablante se debe conformar con la única que conoce, por la sencilla razón de que es la apropiada para su vida. Y ningún gramático debería afearle el uso, más si se debe a circunstancias socioeconómicas.

Todos aprendemos a relacionarnos con nuestro entorno y lo hacemos a partir de nuestras experiencias: el uso de la lengua no es diferente y se ajusta a la situación en la que nos encontremos. En un hablante funciona siempre la economía lingüística y la interacción con los que le rodean -no sólo físicamente, a mí, ahora mismo, me rodea gente que procede de diferentes regiones del mundo, distinta formación y perspectivas vitales, pero también mis libros, con los que quiero entenderme, o la televisión y la radio, que me dirigen sus mensajes-, por eso, la mayoría de nosotros queremos ser comprendidos por la mayor parte de las personas que nos rodean: de ahí la importancia de conocer las normas generales establecidas por la Gramática, para poder comunicarnos adecuadamente.

martes, 17 de marzo de 2009

De nuevo, el deseo.




Con la primavera vuelve, como enredado en sus pies, el deseo. No se ausenta con el resto de estaciones, pero esta feliz reaparición de las mañanas de sol y tardes demoradas, nos lo regala y hace que todo, al fin, tenga conciencia y explicación: la más alta misión de la naturaleza.

lunes, 16 de marzo de 2009

Ay, la ortografía.

En España, una de las cuestiones más alarmantes en todos los niveles de enseñanza es la falta de dominio de la ortografía. La carencia de conocimientos ortográficos adquiere carácter de epidemia desde el inicio del aprendizaje de la escritura hasta los estudios de postgrado.

Comenzó desprestigiándose la correcta expresión escrita en los campos científicos y técnicos no humanísticos: si se estudiaba ingeniería, para qué hacía falta poner en su lugar los acentos, las haches o las uves. Pero el desprestigio ha anegado también los estudios humanísticos e incluso los más propios de la Filología hispánica.

Hoy, lo normal es que un estudiante universitario español cometa faltas de ortografía. Y que se licencie a pesar de ellas, sin que a nadie parezca importarle mucho. Por eso, aquellos estudiantes que no cometen faltas y se expresan con cierta corrección, tienen garantizada la mejor nota a poco que se esfuercen en sus estudios: sólo por contraste con sus compañeros y por la posibilidad de leer un examen sin tropiezos.

Algunos jóvenes delegan todo el esfuerzo corrector en los procesadores de texto de sus ordenadores, que han refinado mucho el proceso de revisión aunque no son perfectos, pero, en cuanto escriben a mano un examen, un ejercicio en la pizarra o una declaración de amor, surgen los problemas.

No es malo cometer faltas de ortografía. A todos nos pasa en cuanto bajamos la guardia, estamos fatigados o redactamos con cierta premura. Lo malo es no dudar, lo malo es pensar que no tiene importancia: la soberbia del que comete la falta de ortografía pensando que no importa.

La ortografía española se ha simplificado en las últimas décadas: es más fácil y tiene ciertas tendencias a la simplificación propias de nuestro tiempo que a mí no me parecen mal aunque algunos las critican.

A pesar de ello, la falta de ortografía se ha instalado como habitante habitual en sitios en los que antes era impensable: novelas de éxito, libros de texto, subtítulos de películas, publicidad, periódicos, etc.

La ortografía sirve como norma consensuada entre todos para que podamos seguir entendiéndonos al escribir; como indicador exacto para saber de dónde viene una palabra y comprender su raíz semántica, a partir de la cual podremos entenderla mejor y usarla adecuadamente; para distinguir unas palabras de otras y para saber cómo debemos leer un texto o un término aunque no lo hayamos visto escrito ni oído con anterioridad.

Pero, sobre todo, la ortografía es nuestra carta de presentación: dice que somos personas con capacidad de aprendizaje y relación de conocimientos, con interés por la comunicación con los otros. Por supuesto, no debemos entenderla como un receptáculo sagrado e invariable de la lengua: ha sufrido cambios a lo largo del tiempo. Así nos hicieron odiarla, como si una falta supusiera un atentado a las obras maestras de la literatura. La ortografía es sólo la forma adecuada en la que escribimos para ser entendidos por todos en cualquiera de los lugares en los que se usa nuestro idioma y es nuestra tarjeta de visita ante los demás: por eso, debemos procupar conocerla, porque sólo es eso, una excepcional y útil forma de comunicación que significa, además, el respeto por el idioma y nuestra capacidad para usarlo de forma adecuada.

Y, además, es fácil de dominar: basta con leer mucho y dudar más. Esta duda nos llevará siempre a la selva maravillosa del diccionario.

domingo, 15 de marzo de 2009

Solar


De niño, un solar era campo de juego, selva inexplorada, isla de todos los tesoros. Qué sensación, ahora, cuando surge un hueco entre los bloques urbanicidas de nuestras ciudades: náusea y putrefacción, un frío que recorre la espalda y te hace apresurar el paso para no quedar atrapado en aquel tiempo en el que guardaste todos tus muertos en los pilares de las casas que habitaste.

sábado, 14 de marzo de 2009

Más sobre el baciyelmo o la realidad problemática, nuevas imágenes cervantinas y noticias de nuestro Quijote.

Algunos me habéis pedido que aclare por qué el baciyelmo es tan importante como insinuaba en la entrada del jueves pasado.

En primer lugar, démonos cuenta de un hecho: Cervantes vuelve a sacar a la narración un objeto del que ya casi nos habíamos olvidado, la bacía que toman del barbero tras su encuentro con él antes del episodio de los galeotes, en el capítulo 21. Y lo hace de una manera que en este autor significa siempre el cuestionamiento de la realidad y de las técnicas narrativas habituales.

Recordemos que aquella batalla significó muchas cosas: en primer lugar, una victoria de don Quijote, necesitado de ellas, con lo que se refuerza la voluntaria trasformación del mundo real en el mundo literario que había soñado; la recompensa de Sancho, que ve confirmada la buena dirección de la aventura emprendida con su amo, que tantas veces se había cuestionado, con lo que puede llegar a dudar de la perspectiva realista de las cosas según las entendía su sentido común; la definitiva formación de la imagen quijotesca al encasquetarse la bacía como yelmo.

En definitiva, el hecho de que la bacía sea yelmo es vital para don Quijote: más aun que el desencanto de los gigantes-molinos o de los castillos-ventas, porque este objeto ha sido ganado por él en combate y se convierte en una parte de su indumentaria, es decir, en una parte de sí mismo.

Cuando el barbero entra por la puerta de la venta y reconoce en Sancho al ladrón de la albarda de su asno, el conflicto se manifiesta por esta albarda, más que por la bacía, que es de menor importancia para el barbero -lo que pone en cuestión la jerarquía de valores de don Quijote, para el que sucede todo lo contrario- pero, tras unos golpes y unos gritos, deriva hacia la bacía porque don Quijote toma las riendas del asunto al forzar a todos los presentes -ante el espanto de Sancho, que piensa que ya lo tiene todo perdido- a tomar partido en la decisión sobre si es bacía o yelmo.

Y es aquí en donde la verdad del cuento se ahonda.

Hasta el Quijote, en la novela no se había cuestionado la realidad de esta manera como parte esencial del relato y como técnica narrativa: que la realidad se problematice así es ya una forma de explicar, por una parte, la construcción misma de la novela; por otra, profundizar en un debate filosófico sobre la existencia de la realidad misma en sí o a través de su recepción.

En el segundo aspecto, de forma irónica -no olvidemos que se habla de una herramienta propia del oficio de un barbero, con lo que implica la consideración social de este oficio cuestionado no sólo por los muchos que lo ejercían sin formación sino también como un reducto de personas que no procedían de cristianos viejos-, se cuestiona todo lo que hoy llamaríamos pensamiento único: las cosas pueden abordarse según los criterios personales de cada uno, no según lo que dicte el consenso general, hay posibilidad de disentir y de ver las cosas de forma diferente y heterodoxa, hay opciones para el sueño y los proyectos divergentes. Para ello Cervantes usa, como ya señaló Américo Castro (que es a quien debemos la atención de los críticos hacia este punto), el cuestionamiento de los sentidos que se daba en el pensamiento barroco para ir aun más allá, a partir de la parodia literaria.

En el primero, se pone en juicio definitivo todo lo que sustenta la aventura de don Quijote y que ya habíamos visto en la aventura de los molinos, por ejemplo. El protagonista se la juega: si el dictamen es favorable a la bacía, no sólo será Sancho el que pierda las albardas, sino él mismo el que quede totalmente desacreditado ante sí mismo y ante toda la multitud de personajes que se han concentrado en la venta de forma tan evidente que no le quedará más remedio que volverse a su casa con la cabeza gacha. Este juicio no trata sólo de si es bacía o yelmo, sino sobre la misma entidad de la novela, por lo que alcanza un sentido metaliterario.

Ya hemos visto, en otras ocasiones, que la fuerza del proyecto vital de don Quijote es tanta que consigue sumar voluntades, veremos en esta ocasión qué pasa.

Por ahora, ya podemos constatar que hasta el mismo Sancho, por interés y por la inercia de los últimos capítulos, ya no es capaz de llamar bacía a la bacía como llamó molinos a los molinos y la convierte, en uno de los mejores hallazgos lingüísticos de la novela, en baciyelmo: será lo que queramos ver en ella, porque este objeto, en sí mismo, ya no existe puesto que se ha trasformado por las perspectivas con las que lo afrontamos, sean cuales sean nuestros motivos para hacerlo.

Abordar la realidad desde el perspectivismo, problematizándola, es la raíz esencial del Quijote. Y hacerlo todo a partir de las técnicas del realismo, sin necesidad de introducirse en el mundo de las narraciones fantásticas, la gran lección de Cervantes para la narrativa posterior. Hoy nos parece fácil y comprensible, pero sólo gracias a Cervantes y, en especial, al hallazgo de esta palabra que hoy nos convoca, el baciyelmo.

Imágenes cervantinas

Hoy traigo a esta sección una fotografía que me remitió Kety, comentarista habitual de La Acequia, seguidora de nuestra lectura y autora de un blog muy cervantino, en el que se juega no sólo con su propia lectura del Quijote sino con la creación de textos a partir de ella. En cuanto echéis un vistazo a las etiquetas de su blog, sabréis por qué lo digo. Recordad que también colaboró con su autorretrato. ¡Gracias, Kety!

Son cientos los objetos, logotigos, cacharrería varia, que con interés comercial, turístico o publicitario, se sustentan en la iconografía cervantina y quijotesca. De ellos también hacemos aquí acopio, para divertimento de todos y antología que enriquezca nuestra lectura.

Os animo a mandarme imágenes de este tipo o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la iconografía posible sobre Cervantes y el Quijote.
En cuanto a los autorretratos quijotescos, ya sabéis que volverán, así que podéis seguir mandándomelos, que no tardaré en publicarlos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Quiero comenzar con una novedad en nuestro grupo de lectura que, a más de uno, os agradará conocer. Pancho, el comentarista asiduo de La Acequia, que ha seguido la locura de nuestra lectura desde el inicio, tiene blog propio, El cuento que no es cuento. Y blog que promete. Allí encontraréis el excelente comentario al capítulo de esta semana, en el que deseo resaltar cómo ve el conflicto en la historia de don Luis.

Abejita, en su comentario al capítulo 43, da en el título de su entrada su forma original de ver el capítulo: Doña Clara duerme, ¿por qué la despierta Dorotea? y en él aporta también una de las fuentes del pasaje, la literatura tradicional, de la que era muy buen conocedor Cervantes. Poco después publicó las reflexiones de Sanchico, que cuestiona lo que pudo saber Cervantes sobre amores adolescentes: me parece que este chico peca de joven... Finalmente, Sanchico opta por no contar nada sobre su Vanesa. Abejita, laboriosa, continúa sus publicaciones de esta semana con la imagen impagable de don Curricote de Burgos, con su baciyelmo.

Os recomiendo la lectura del poema que Kety escribe como homenaje al personaje de Don Quijote, poeta que sueña Dulcineas.

Manuel nos ilustra sobre El Quijote y el ritual caballeresco en su entrada. En ella comenta el barullo del capítulo de esta semana y comienza una serie de entradas sobre los rituales caballerescos. Aquí, cómo se armaba caballero al aspirante.

La entrada de Javier, esta semana, da para pensar. Por una parte, un don Luis galán, como le corresponde, por otra, la imagen del texto del relato con el párrafo más sustancial tapado. Todo un juego de ocultación y clave de lectura.

Antonio y Ojito han vuelto a hacer de las suyas. Comenta Antonio el capítulo 42, que ya sabemos que se atrasaron, indicando con acierto todos los pormenores, incluso los poderes que tienen algunas doncellas, aunque yo no he visto ninguna así.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

jueves, 12 de marzo de 2009

Mucho barullo y un baciyelmo (Cap. 1.44)


Este capítulo es de una gran habilidad técnica. El cosido narrativo es de tanta altura que, aunque no pase nada, pasa todo. Me gusta resaltar este tipo de capítulos en la novela porque suelen pasar desapercibidos a quien sólo busca la conclusión de alguna de las tramas planteadas. Cervantes juega con esa expectativa del receptor y lo lleva de un lado a otro sin fijarlo en ninguno pero dejando caer claves significativas de la estructura del relato.

En él vemos:

- a don Quijote dando con su cuerpo en el suelo tras ser desamarrado por Maritornes, montando en Rocinante y dispuesto a defenderse de toda risa provocada por la situación en la que le había puesto su imprudencia al introducir la mano donde no debía;

- a los recién llegados, asesorados por el ventero, no haciéndole el menor caso -lo que le deja más afrentado y sirve a Cervantes tanto para calificar la realidad del hidalgo como para retomar la historia del mozo de mulas y la bella Clara- y buscando al joven cantor, identificado finalmente como don Luis, el vecino del oidor;

- la refriega entre dos huéspedes que se marchan sin pagar y el ventero que guarda celosamente su hacienda, en la que don Quijote demora su participación para renunciar finalmente, dado que los contendientes no son caballeros, con lo que confiesa ver en el ventero un ventero y no el dueño de un castillo -esta locura de ida y vuelta del hidalgo le preserva ahora de unos cuantos golpes-;

- la confesión de don Luis (que reclama su libertad personal y sentimental) ante el oidor de que está enamorado de su hija y la prudente pausa que se toma éste antes de tomar cualquier decisión;

- la entrada del barbero, asaltado capítulos atrás por nuestros protagonistas, que reclama su albarda y su bacía y la disputa física y verbal que sigue.

Se ha acelerado notablemente el ritmo. Cervantes continúa los hilos de diferentes tramas -los amores de don Luis y Clara, la aventura del barbero- ante una nutrida concurrencia compuesta por todos los que se han ido juntando en la venta y las mezcla a conveniencia, troceándolas y sumando la situación de los huéspedes que se marchan sin pagar.

Pero no da final a ninguna de ellas: todo se deja para las próximas páginas, con lo que el lector se siente de nuevo impulsado a seguir.

Pero hay otras cuestiones en las que debemos detenernos un momento.

Por un lado, las alternancias en el trato que se depara a don Quijote: es ignorado por loco (Admirados se quedaron los nuevos caminantes de las palabras de don Quijote, pero el ventero les quitó de aquella admiración, diciéndoles que era don Quijote, y que no había que hacer caso dél, porque estaba fuera de juicio) pero, cuando no hay más remedio, se echa mano de él para que ayude al ventero.

Por otro, el hidalgo reclama su posición central en la trama al ver la discusión entre su escudero y el barbero por las albardas. Para dirimir el asunto y demostrar la presencia de encantamientos en todo lo suyo, en tono de juicio épico, se juega su baza de credibilidad y manda sacar la bacía robada para demostrar que es el yelmo de Mambrino. Este gesto, aparte de su confusión mental o su proyección del juego literario en el que se ha introducido, le confiere cierta grandeza y le permite retomar el mando de todo lo que allí está pasando. Todo lo que hemos leído y todo lo que sigue se ve afectado por este gesto:

-Miren vuestras mercedes con qué cara podía decir este escudero que ésta es bacía, y no el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden de caballería que profeso que este yelmo fue el mismo que yo le quité, sin haber añadido en él ni quitado cosa alguna.

Sancho, que ha enorgullecido a su amo por la defensa brava de las albardas, interesado en el asunto, crea una palabra que es la llave de interpretación de todo el libro. Una palabra que explica lo que los cervantistas han llamado realidad problemática:

-En eso no hay duda -dijo a esta sazón Sancho-, porque desde que mi señor le ganó hasta agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance.

Es significativo que la palabra sea inventada por Sancho: por una parte, le funciona el interés en el asunto -si la bacía es bacía, la alforja alforja y ha de devolverla-, por otra su perspectiva ante el lenguaje y, finalmente, la trasformación de su carácter ya pronunciada, ganado por la aventura de su amo. El concepto de baciyelmo explica todo la aventura de don Quijote. Las cosas no existen en sí, sino que son según la perspectiva con la que las enfrentemos: unas veces bacía, otras yelmo. Cada personaje debe posicionarse ante ellas.

Lo explicaremos mejor el próximo jueves, con el comentario del capítulo XLV

miércoles, 11 de marzo de 2009

El cine doblado, la política lingüística y la defensa de la cultura propia.


Hace unos días, se suscitó una polémica en España con motivo de la elaboración de la Ley del cine del Gobierno de la Generalitat catalana, en la que se recogía la obligatoriedad de que la mitad de las películas extranjeras que se estrenen en Cataluña sean dobladas o subtituladas en catalán.

No todo es como se ha dicho en los medios de comunicación y basta con leer detenidamente las noticias para comprender que no siempre se corresponden con los titulares elegidos para encabezarlas ni con los editoriales que critican la medida y, mucho menos, con algunas afirmaciones de las variopintas tertulias existentes en los medios españoles.

Pero no es eso lo que me preocupa hoy, sino cómo en España consideramos normal algo que debería ser extraordinario: el doblaje de las películas realizadas en otro idioma. Es más, si se cumpliera una parte de lo requerido por el borrador de la Generalitat, no sólo se vería como normal sino que se exigiría en las normas reguladoras.

El camino debería ser, exactamente, el contrario: que el doblaje fuera algo excepcional.

De hecho, el doblaje es una imposición de las grandes productoras y distribuidoras de cine que no en todos los países ha cuajado. La singularidad de que en España sea algo habitual y a nadie le llame la atención merece un estudio sociológico que intente desentrañar por qué un país con una tradición cultural como la nuestra y el tercer idioma del mundo por número de hablantes -después del chino y el inglés- ha sido tan rápidamente colonizado, sin suscitar ningún tipo de debate ni urticaria.

Cuando el cine comenzaba a ser un producto comercial de grandes cifras, no había doblaje. En Hollywood se producían, para las grandes películas, dos versiones íntegras: una en inglés y otra en español. Para ésta, se contaba con guionistas y actores hispanos, algunos de ellos de gran fama. Después se vio que estas producciones se abarataban mucho si se producía una única versión -en inglés- y se doblaba al segundo idioma. Al principio, se buscaba una variante neutra del idioma de llegada -todos recordamos el doblaje de los dibujos animados antiguos-, que pretendía ser comprensible en todo su ámbito. Luego, con la mejora de los medios técnicos y una mayor exigencia de los receptores, se doblaba para ámbitos geográficos más reducidos, lo que hizo el doblaje más sutil, porque ya ni siquiera sorprendía.

Esto coincidió, en España, con la dictadura de Franco, en la que la enseñanza de los idiomas en el sistema público de educación no fue favorecida, se insistía en los valores nacionalistas del país -y, por lo tanto, en la grandeza tópica de su lengua- y con el refugio que suponía, para la mayor parte de los habitantes, el cine extranjero, singularmente el norteamericano, puesto que ofrecía una ventana con aire limpio.

El doblaje se convirtió en una empresa económica muy poderosa, parte del engranaje de distribución de las grandes productoras que tenían una gran fuerza de presión ante el régimen -más aún con la alianza establecida por los EE.UU. con la dictadura en los años cincuenta- y en el lugar de los sueños de unos habitantes atrapados en un país gris y que necesitaban acceder, en su propio idioma porque desconocían otros, a otros mundos.

La situación, asentada a la llegada de la Democracia, no ha cambiado. Pero todo esto tuvo y tiene varias consecuencias gravísimas que parecen no preocupar a casi nadie.

Por una parte, se vulneran la propiedad intelectual y la integridad artística del objeto final, obra de los directores de las películas y de los actores. Aunque han firmado contratos que lo permiten, el doblaje es una traición a la versión original y supone la destrucción de todo el trabajo actoral. Este hecho priva a los espectadores de la recepción de este trabajo, salvo en las pocas ciudades en las que hay salas que exponen las películas en versión original o tras esperar meses a la comercialización del DVD.

Además, la aceptación del cine doblado sin ningún tipo de debate público ni de trabas legales o sociales ha supuesto la imposibilidad de establecer una industria cinematográfica española consolidada y con la misma fortaleza que la que existe en otros países del entorno. El argumento falaz de que esto se debe a la política de subvenciones o a la falta de creatividad de los artistas españoles es rebatido fácilmente con la realidad cotidiana. Simplemente, no hay ninguna posibilidad de supervivencia para la industria cinematográfica española en un ámbito dominado por las películas norteamericanas dobladas al español. Como mucho, algunas películas esporádicas pueden romper el predominio. De hecho, es frecuente que películas españolas premiadas hayan tenido escasas posibilidades de ser vistas en las salas comerciales o una distribución en DVD digna.

Por otra parte, la introducción del cine norteamericano doblado de forma masiva es la aceptación, sin más, de que los modelos de comportamiento, de relaciones sociales, de vida cotidiana y otros muchos aspectos que afectan a todos los aspectos culturales y educacionales, serán cada vez más parecidos a los del país de referencia. De hecho, a algunos ya no nos sorprende comprobar que España es uno de los países que más fácilmente ha aceptado el modelo de vida norteamericano bajo una epidermis de antiamericanismo.

Hay también otro rasgo destacable. La presencia abusiva del cine doblado dificulta notablemente el aprendizaje del inglés. Es imposible su aprendizaje correcto en un ámbito tan marcadamente monolingüístico como el español, tal y como dice mi amiga Esther. Si desde pequeños tuviéramos que ver las películas norteamericanas en versión original, sería más fácil

Por lo tanto, el camino tomado por la Generalitat catalana no producirá los efectos que se propone, sino todo lo contrario. Pero tienen derecho a equivocarse, por supuesto. Como nos estamos equivocando en el resto de España, que ha cedido a las poderosas empresas norteamericanas la gestión de la industria cinematográfica nacional. A veces, con el aplauso entusiasta de los mismos que critican ahora el error catalán.

martes, 10 de marzo de 2009

Vida tapiada


Quizá la vida no sea más que eso: la opción de tapiarla o derribar los muros que nos impiden verla cada día.

lunes, 9 de marzo de 2009

Todos los teatros tienen secretos. En el secreto Alcázar, de Óscar Esquivias y Asís G. Ayerbe.


Que los teatros tienen secretos es un hecho sabido por aquellos que hemos pisado los rincones más alejados del escenario, en el que todo aparenta un mundo en el que triunfa o naufraga la ilusión. Alguna vez me he despertado, por la noche, en medio de una pesadilla en la que recorría pasillos estrechos en los que se abrían puertas de camerinos, como bocas que susurraban ensayos apresurados de última hora, miserias de cómicos que se habían jugado sus últimos recursos en la compra de un esmoquin como quien lanza su vida a la ruleta rusa, sueños de meritorias que se dejan seducir con promesas de papeles.

Que todos los teatros tienen secretos lo gritan los crujidos de las tablas y de los cimientos, el polvo acumulado en los telones y en los desvanes, las miradas de los rostros de carteles avejentados.

Óscar Esquivias y Asís G. Ayerbe han escrito un gran libro con algunos de estos misterios: En el secreto Alcázar. Las fotografías de Ayerbe recorren los lugares del Teatro Alcázar, centro del libro, y desvelan que hasta la arquitectura es parte de la escena. En algunas de sus imágenes se ha detenido el tiempo y bastaría un pequeño esfuerzo para pensarse un principiante de hace décadas o un gran actor de hoy en día dispuesto a abrir las ventanas para que entre la luz hasta las últimas estancias. Pero siempre habrá una en la que lata todo lo vivido y representado: la fusión de la realidad y lo fingido. Asís ha llevado al mito dramático los objetos más cotidianos.

Esquivias publica en el volumen cuatro relatos que son piezas maestras: El chico de las flores, El técnico de sonido, La limpiadora y El hijo de la modista. Los cuatro tienen en común que se construyen como monólogos dramatizables que caracterizan a los personajes que los pronuncian.

Todos ellos tienen relación con el teatro: el chico de las flores es un estudiante de Filología hispánica que reparte flores a las actrices que estrenan en el Alcázar y que tiene algo de canalla y romántico; el técnico de sonido del teatro es un hombre que vive marcado por su padre y se ve preso en un círculo que parece condena; la limpiadora del local teatral es una mujer en la que el teatro se sublima para dar algún sentido a su vida cotidiana; el hijo de la modista que trabaja para las compañías es un eterno perdedor que no podrá escapar nunca de su destino.

Qué personajes estos cuatro que nos hablan. Inolvidables.

Qué gran libro esta pequeña joya, que tiene las dimensiones justas para la palma de la mano: para llevar en ella una obra maestra.

domingo, 8 de marzo de 2009

Flor de almendro




La nieve no quemó la flor de almendro:
azahar y albahaca tiene el aire,
de verde y blanco pinta ya el invierno.

¡Se acabó, se acabó!

Con la vara de almendro florecido
bajemos la ladera,
para empapar esquinas
de azul y primavera.