viernes, 29 de febrero de 2008

De catarro, correo con aire gaditano y noticias de Salamanca


Tengo un monumental catarro. Desde hace unos días me duele todo, tengo la cabeza congestionada y me llora el ojo izquierdo (en efecto, el izquierdo, ¿premonición?). Como no me gusta parar, no paro y he seguido trabajando y cumpliendo con los compromisos. Pero estoy como si no estuviera: como si viera las cosas desde lejos. A lo mejor podría entenderse como distanciamiento brechtiano pero es algo más prosaico. Es curioso, en la Wikipedia hasta puede verse la definición del resfriado. He de anotar, por aquí, que algún día debo hablar de la Wikipedia. Ayer jueves era tan lamentable mi estado que uno de mis alumnos de la Universidad de la Experiencia se apiadó de mí y me recomendó una receta infalible: tomarme un vaso de leche caliente con una aspirina y beber copas de coñac hasta que dudara del número de dedos de la mano y meterme en la cama. Quizá debí hacerle caso.
Así, a media consciencia, hoy he estado en Salamanca, que aparecía luminosa, rodeada de niebla. Siempre me ha gustado esta ciudad, a la que escapo en cuanto tengo una excusa. Y sin tenerla. Me viene asociada a mi primer viaje con los compañeros del Instituto, pero también a muchos otros viajes para perderme por sus calles y ambiente, admirar el mucho arte que contiene o destapar la construcción del símbolo de esta ciudad o rastrear en local antiguo de la librería Cervantes a la caza de libros que no se podían encontrar en otros lugares.
Mi viaje de hoy se debía a que formo parte del Jurado del VI Premio de la Crítica de Castilla y León. Los nueve finalistas son textos recomendables y cuya lectura aconsejo desde aquí:
-Marcos Ana, Decidme cómo es un árbol. Memorias de la prisión y la guerra. Un emocionado testimonio del luchador antifranquista que comienza a su salida de la cárcel en 1961. Texto que revisa una época y unas sensaciones desde el poso del tiempo, con ganas de mirar hacia el futuro. De obligada lectura para los que vivieron aquellos días y para los que no lo conocen más que por los libros de texto.
-Juan Manuel González, Tras la luz poniente. Poemario que recoge un viaje a Portugal lleno de amor, reflexión y literatura. Lleno de hallazgos.
-Juan Antonio González Iglesias, Eros es más. Poemario sobre el amor, escrito con una sencillez y entusiasmo que atrapa a pesar de contener toda la cultura amorosa.
-Jesús Hilario Tundidor, Fue. Libro de poemas en el que Tundidor profundiza, a partir de la enfermedad, en el lenguaje y el tiempo.
-Andrés Martínez Oria, Más allá del olvido. Novela de trabajado estilo que atrapa en la construcción de un mundo propio, lleno de sombras y nostalgias.
-Luis Mateo Diez, La gloria de los niños. Una de las mejores narraciones de los últimos años de este novelista, en el que se acerca a un tratamiento duro de la infancia con un formato de cuento.
-Juan Manuel de Prada, El séptimo velo. Novela que me ha reconciliado con este autor, del que me había alejado desde hace años. Resultó la obra ganadora en la votación final. Se trata de una narración ambientada en la Francia de finales de la II Guerra Mundial, con una búsqueda de la memoria personal y colectiva.
-Tomás Sánchez Santiago, Calle Feria. Soberbia colección de tipos e historias ambientadas en una calle, con tono costumbrista y deslumbrantes hallazgos.
-Francisco Solano, La trama de los desórdenes. Volumen de relatos breves sobre la existencia humana.
Y al volver a casa, enfebrecido y con la camisa empapada de sudor, me hallo con un libro que esperaba: Lecturas del Pensamiento Filosófico, Estético y Político. Se trata de las Actas del XIII Encuentro de la Ilustración al Romanticismo que con tanto esfuerzo y brillantes resultados sacan adelante todos los años mis amigos de la Universidad de Cádiz. Este Congreso tuvo lugar en noviembre del 2006 y releo aquí los textos que oí, entre los que se encuentra mi trabajo sobre Martínez de la Rosa (Revisión conservadora del siglo XVIII: los últimos años de Martínez de la Rosa). ¡Cádiz! Ya echo de menos esta ciudad y su gente.
Por hoy nada más, voy a sudar en la cama.

jueves, 28 de febrero de 2008

Disolución de nubes con ventanas y mano del paseante


El paseante ha llegado a un grado en el que sólo parece fragmentos. La vida, quizá, no es más que una sucesión de pequeños fragmentos a los que queremos dotar de significado pero que, en realidad, no lo tienen. Nada ordena las cosas que nos ocurren más que nuestra necesidad de que todo tenga un hilo de continuidad que las explique y nos ayude a seguir adelante. Conozco gente que, por la mañana, pretende hacer un esquema del día que se le presenta. Si llega a cumplirlo se habrá manifestado sordo y ciego a la realidad porque no ha oído ni visto nada más que ese trozo de papel en el que escribió el esquema. De ahí, muchas veces, la frustración que sentimos. Cada día es nuevo porque al despertar, en realidad, renacemos, como en esos tiempos en los que la reaparición del sol o de otra estrella en el firmamento marcaba la frontera entre la vida y la muerte y no había más calendario que el momento presente. Como mucho, nuestros proyectos diarios deberían ser una propuesta de voluntad: cada día tiene su afán, dice una amiga mía. Muchas personas no resistirían levantarse de la cama sin ese afán diario: la voluntad de hacer algo. Es difícil, en nuestra cultura, levantarse a ver el día y sentirlo. Como si todas las cosas se presentaran juntas, como en la imagen, y la mano, como mucho, pudiera escoger entre todas las cosas, una sola. Seríamos más felices.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Caminar ciego sobre las cosas

Esos centímetros que nos separan del suelo, en demasiadas ocasiones, son abismos de ceguera. Caminamos sin mirar las cosas, sin sentir cómo las descubren nuestros pasos, nuestro exacto peso marcado por la huella de los pies: unos gramos apenas es lo que aportamos. Somos una especie soberbia que rara vez rasamos nuestra mirada para descubrir que nuestros pies se hunden en el mismo barro que nos constituye: tan gigantes nos pensamos. Debemos, radicalmente, percibir, como dijo Guillén:

Queda curvo el firmamento,
Compacto azul, sobre el día.
Es el redondeamiento
Del esplendor: mediodía.
Todo es cúpula. Reposa,
Central sin querer, la rosa,
A un sol en cenit sujeta.
Y tanto se da el presente
Que el pie caminante siente
La integridad del planeta

Qué evidente se hace todo, entonces. No porque lo comprendamos, sino porque somos parte del trayecto.

martes, 26 de febrero de 2008

Doce palabras






Mi querida Nana Lopes me hace llegar un meme según el cual debo mencionar doce palabras que digan algo para mí y pasárselas a otros doce, pero, como sabéis, nunca cumplo estas reglas, así que perdono a once y le remito el testigo a la autora de otro blog en esa hermosa lengua portuguesa que tanto nos empeñamos en desconocer en España, la tan activa y batalladora São, que puede retomar las normas originales.
Doce palabras. Doce. Hoy me gustaría tener doce palabras que me explicaran, como aquellas que admiré cuando todo se iniciaba y construía quimeras con ellas, palabras que me gustaban porque suenan a su significado, como batahola y gorjeo; que me gustaban por el sabor agridulce que dejan en la boca, como mordisco y sangre y carne; palabras que me parecían de bronce eterno, como integridad; otras que ayudaban a explorar su significado, como muslos, piel, caricia, tan sensual y bella; otras eran misterios de cosas cotidianas, que llegaban de tan lejos como nuestra historia, como alcuza; o designaban la más hermosa flor que tanto significa, como amapola; o giraban hacia la tierra de forma tan bella que en sí mismas encerraban nuestro último deseo, como álabe. Pero ya no tengo palabras. La edad se me ha echado encima, como un abrigo viejo y pesado de paño, de aquellos que se llevaban en nuestra infancia, bajo los cuales solo cabía encorvar el cuerpo. Las palabras se me han ido quedando en este trayecto que es mi vida, como la de todos. En cada estación, en el febril ajetreo de las subidas y las bajadas, se me iban a jirones, como si se me desgarraran, porque las entregaba inocente a los que me acompañaban. Hoy ya no tengo palabras, sólo miro estos rostros de los otros viajeros y me pregunto qué palabras aun conservan en su trayecto y por qué, cada vez más, vamos entre tantos silencios.

La cultura en el debate

No me gustó el debate. No sólo porque fuera bronco y consistiera sobre todo en un cruce de monólogos. No sólo porque Rajoy pusiera la situación española al borde del abismo (lo que es rotundamente falso) y utilizara la descalificación exagerada hasta el insulto. No sólo porque Rodríguez Zapatero colocara a España en una situación de bondad exagerada (lo que también es falso) y recordara con exceso el pasado hasta el cansancio. No sólo porque ambos hablaban en exclusiva a los ya convencidos y no dijeran nada nuevo con respecto a lo que llevamos oyendo cuatro años.
No me gusto el debate sobre todo porque no corresponde a la realidad española. A ambos partidos les ha interesado hacer creer que España es un país con un sistema bipartidista, lo que no es cierto. La Constitución española y las leyes que nos hemos dado hacen de este país un país plural en el que también hay hueco para otros partidos de ámbito nacional y, sobre todo, para partidos nacionalistas sin los cuales, a pesar de todas la críticas que podamos hacerles, no se debe gobernar a riesgo de repetir errores del pasado. No me gustó el debate porque no lo fue, porque sólo se trató de pequeños discursos con apenas réplicas, pero esto podríamos disculparlo porque no tenemos tradición y porque en España la prensa ha colaborado exageradamente a que sea así.
Y, como prometí seguir la campaña electoral para hablar de la cultura, se ha de reconocer que el único que habló de cultura y de los artistas españoles fue Zapatero, aunque fuera inicialmente como ataque al contrario y sólo al final. Me preocupó que Rajoy no hiciera ninguna mención.
Esperemos al próximo lunes.

lunes, 25 de febrero de 2008

Cómicos

Javier Bardem ha sido el primer actor español que ha obtenido un Óscar. Me gustó su discurso de agradecimiento: tenso, riguroso y sabiamente reivindicativo. Los párrafos en español hicieron sonar nuestra lengua en la fiesta máxima del cine comercial e hicieron por este idioma más que muchos académicos. Me alegro por él: es un actor con una presencia imponente, con muchos registros y que, además, es inteligente y comprometido. Es de agradecer el recuerdo que tuvo, a través de su familia, a los cómicos de este país: profesión que fue, en un tiempo, muy dura. Siento una emoción especial porque en este acto se pronunciara precisamente esa palabra, reivindicándola: cómicos. Espero que se nos acaben los complejos de una vez y veamos la realidad del cine español y de sus profesionales, que no es la que parece ni la que muchos desearían.

domingo, 24 de febrero de 2008

Crónica del segundo encuentro bloguero en Burgos.



Ayer tuvimos el segundo encuentro de blogueros burgaleses. La reunión fue un indicio de que el fenómeno ha crecido mucho con respecto al primer encuentro. Desde entonces, hemos detectado varios aspectos que cabe reseñar. El primero y más importante, que los que ya estábamos en la red nos hemos conocido. Quizá no todos comentamos en todos los blogs del entorno, pero los conocemos y no dudamos en sentirnos partícipes de un fenómeno común en una proximidad geográfica. Además, cada uno de nosotros ha ampliado considerablemente su red social y no sólo entre los más próximos geográficamente. De aquel encuentro han salido amistades, cafés -por cierto, ya sabéis que esta es una tradición de La Acequia- y proyectos individuales o colectivos de todo tipo. Por otra parte, desde abril del año pasado el número de blogs tanto de la Burgosfera como de Burgos o localidades próximas con las que nos relacionamos, no ha hecho más que crecer, lo que enriquece, sin duda, la confrontación de opiniones y la variedad temática. Todo esto se puso de manifiesto ayer en el tiempo en el que estuvimos juntos. El principal motivo de estos encuentros es conocernos, saber que detrás de un blog hay personas que pueden aportar cosas extraordinarias a nuestras vidas. Ya he manifestado en varias ocasiones que, en mi caso, mi horizonte se ha ampliado considerablemente en un momento en el que yo pensaba que ya no iba a ser posible. Pienso que es una sensación que compartimos todos. Luego, cada uno tiene sus propios intereses y su forma de expresarlo.
Doy cuenta de que nos reunimos los siguientes blogs (espero no olvidarme de ninguno):
A vista de cerdo.
Blogófago
Caminando en el desierto
Como paño en oro
Diario de Vurgos / Onda expansiva
Duke Nukem
La Acequia
La caída de Babilonia
La columna de la 2 / El Planeta Historia
La luna de Burgos
La palabra de Mac
Malta Nostrum
Nuestras miniaturas
Sr.K.
Verba Volant
Como se verá, de los quince no todos pertenecen a la Burgosfera, porque la idea de estos encuentos no es excluyente.
Sentimos mucho no contar con otros blogs amigos, sobre todo con los que sí estuvieron en la primera reunión pero por unas u otras cosas no pudieron asistir a ésta. A Quinta essentia y Código de Barras nuestro más cariñoso abrazo.
------------------------------------
Corrección de errores (26 de febrero de 2008):
Como me temía, al hacer una lista siempre se corre el riesgo de olvidarse de alguien. Pido perdón, además, porque el omitido es importante en la Burgosfera. Edu tiene proyectos que pueden ayudarnos a mejorar mucho y construyó y mantiene nuestra lista de correos antes incluso de tener él mismo un blog. Mi olvido es grave. A la lista hay que añadir, pues el portal Neoburgos y el blog Blanco y en bandeja. Nevaditos. ¡Perdona, Edu!

sábado, 23 de febrero de 2008

Premio y cosas.

A vista de cerdo, mi blog de cabecera, me entrega con generosidad el premio de Blogger del día y la condición, al aceptarlo, es premiar a otros cinco. Estos premios circulan en Internet y consolidan las redes sociales de esta comunidad virtual, las amplían y dotan de emotividad al paseo diario por este mundo. Es parte sustancial de la blogosfera, sin duda. Como ellos ya han premiado a varios amigos, extenderé la lista fuera de los que hace unos meses constituían mis enlaces habituales -que me perdonen los amigos más cercanos geográficamente, pero ya saben mi afecto por ellos- para poder expresar cómo se extienden los lazos y uno se siente parte de una comunidad que crece. Por ello, cito aquí a: Nerea, de Ya tengo 30, porque sus besicos no tienen precio; Manuel, uno de mis más fieles comentadores y cuyo blog, La distancia no es el olvido, es una agradable visita diaria; de las más recientes incorporaciones a mi mundo, Pilar, de Este punto intermedio, por compartir tantas inquietudes (la única excepción geográfica, porque le debía un premio); la dulce Nana, de Pitacos da Naninha, que hace poco me entregó una cesta llena de regalos; mi muy querida Merche Pallarés, que sabe contarnos su apasionante vida en Del sol y de sus lunas. Se lo merecían todos los de mi red social de Internet, pero ya habrá otras ocasiones de regalarlos. En especial, debería buscar un gran regalo para São, una bloguera muy viva, crítica y entusiasta o para Fernando y Paco, que me siguen desde hace tiempo. O para Lazarillo y Antonio, que últimamente están un poco liados. Y para mi amigo Pancho, que no tiene blog, pero es uno de los blogueros más activos que conozco. Al resto, a los que están tan cerca que ya he tomado café con ellos o nos lo debemos -así que ya sabéis, Blogochenta, Nonsense y otros- y a los entrañables blogueros que se han ido incorporando a los lectores y comentadores habituales de La Acequia desde hace unas semanas, les iré trasladando mi afecto, con el que cuentan ya, en cuanto pueda. Sin todos vosotros esto no tendría ningún sentido: no doy la relación para no olvidarme de alguno y quedar mal, pero prometo entrada en la que os cite a todos y cada uno de vosotros, agradeciendo vuestra fidelidad y cariño. Perdón a los no citados. También sois parte de La Acequia y os lo iré demostrando.

Como sabéis, esta tarde tendremos la segunda reunión de blogs de Burgos a la que estamos todos convocados, seamos o no miembros de la Burgosfera. Basta con tener un blog o ser aficionado a ellos. Incluso si estás de paso por Burgos, quedas invitado.


Dentro de poco terminaré las reseñas de Mutantes: Las palabras en la red. III Jornadas sobre lenguaje y periodismo y una de las reflexiones que cerrarán estas conclusiones será la que aborde este mundo tan activo, tan interesante, de los blogs.
A pesar de los escépticos y los críticos, el fenómeno no se ha detenido como sí ha pasado con otros de los que aparecieron con gran profusión publicitaria (los juegos en línea, las segundas vidas virtuales, incluso los chats y los foros, casos en los que se ha percibido cierto receso), sino que sigue creciendo, ampliándose sobre el concepto inicial de blog para construir hoy un vasto campo de cruce de sensaciones, ideas, arte e información que ha desbordado las previsiones iniciales -lo que ha sobrepasado incluso a las grandes plataformas, que van por detrás de las necesidades de sus usuarios- y que produce una realidad cultural que expresa, mejor que ninguna, las ventajas del mundo globalizado. También algunos de sus defectos.

viernes, 22 de febrero de 2008

A la espera. Canto optimista a la profesión.


A petición de algunos comentaristas habituales, hoy os voy a hablar un poco de mí sin disoluciones ni metáforas. Tengo la suerte de que me gusta mi profesión. Desde antes de cumplir los veinte años he dado clase. Comencé con clases particulares cuando era muy joven. Cuando estudiaba en la Universidad seguí con estas clases y entré a trabajar, en los períodos vacacionales, en una academia en la que se enseñaba español a adolescentes franceses y para la que también hice de guía turístico. Después, entré en la Universidad y desde entonces he dado clase en diversas licenciaturas, en cursos para extranjeros, en programas especiales, en la Universidad de la Experiencia... Llevo, por lo tanto, más de media vida dedicado a lo que es mi profesión y aun me gusta el reto de comenzar un curso nuevo.
Fui educado en un momento en el que se primaba la trasmisión de conocimientos de tal manera que parecía que todo lo que ibas a necesitar en tu vida lo aprendías antes de cumplir los veintidós o veintitrés años. Hoy ya no es así, sino que nos inclinamos a enseñar métodos de trabajo, información y habilidades. La formación, en estos tiempos, se ve como algo permanente a lo largo de la vida. La complicación técnica y la acumulación de conocimientos y teorías ha provocado tal complejidad en cualquiera de los ámbitos que podamos imaginar que sería absurdo pensar en saberlo todo. Además, sabemos que las cosas sólo son ciertas a la altura de nuestro conocimiento actual, pero mañana mismo puede demostrarse su falsedad. En el ámbito de las ciencias humanísticas. en el que me muevo, también somos conscientes de que la subjetividad del investigador y su contexto histórico tiene un papel mucho más amplio que en otras, así que ya partimos con cierta fragilidad de nuestras conclusiones.
Sin embargo, lo que no ha cambiado es algo más íntimo. Veo crecer a mis alumnos, que cada curso son un año más jóvenes que yo. Hoy tienen otra jerga, ya no han visto las películas que yo vi ni oído la música que yo bailé tan mal. Visten de manera diferente. Pero siguen creciendo por dentro. Este crecimiento es el que avala su aprendizaje. No todos aprovecharán igual la estancia en las aulas, pero en todos ellos he visto los ojos que yo tenía cuando fui joven. No sé bien cómo me verán ellos, pero a veces tengo noticias, años después, de ellos, de sus avatares profesionales y personales y veo cómo ha crecido aquello que intuía.
Son como los rosales de la fotografía. A veces basta con limpiar un poco el terreno, regarlo en su justa medida, podarlos a tiempo. El buen jardinero sabe que no debe intervenir demasiado en la naturaleza. Cuando llegue esta ya inminente primavera crecerán. Tienen la suficiente fuerza dentro.

jueves, 21 de febrero de 2008

Miedo a desconocerse en disolución de verde licuado

La Acequia, en gran medida, nació como reflexión sobre la destrucción de la identidad individual y colectiva que se dio en el siglo XX y aun continúa. Ayer hablaba del miedo a perder el sentido de pertenencia al mundo que nos rodea, con el suelo que pisamos. Pero hay un miedo que a algunos les atenaza más. El miedo a desconocerse a sí mismos. A levantarnos un día de la cama y no recordar nuestro nombre, no reconocer las cosas que nos rodean o a no reconocer ni siquiera nuestro cuerpo, como en Kafka. Tras la afirmación rotunda y exhibicionista del yo que se dio en el siglo XIX, el siglo XX nos trajo la destrucción de esa identidad que parecía firme. En la psicología, Freud nos descubrió las capas que nos constituyen y nos tuvimos que asumir en multiplicidad y contradicciones hasta comprender que somos en gran medida lo que no parecemos. Lo mismo sucede con las naciones, que vieron destruidos principios que parecían fijados en bronce eterno.

El arte, desde entonces, ha indagado en ese misterio de la identidad destruida y perdida. Por eso el predominio de los géneros del yo (diarios, autobiografías) en los que nos reinventamos desde un punto determinado para darnos un sentido que no tenemos pero deseamos. La descomposición de la figura en las artes plásticas va también por ahí. Buena parte de los grandes textos literarios que todos reconocemos como las claves de nuestra cultura no son más que eso: indagaciones en lo que constituye una persona. Y no sólo en el surrealismo, vanguardia que casi en exclusiva se dedicó a ello. En fin, que desde hace un siglo hemos perdido la señas de identidad y los documentos en los que aparece nuestra foto, nuestro domicilio, mienten por ser insuficientes. Como en una profundización en este desconocimiento, hasta hemos descubierto una terrible enfermedad que lo consagra: el Alzheimer.
Así vamos, entre los que quieren olvidarse de sí mismos para vivir sin conciencia de sus actos y los que sufren la desmemoria. La identidad ha naufragado y sólo nos queda establecer pequeños pactos con nosotros, nuestros semejantes y nuestro entorno para hacerlo más humano, más asequible, más equilibrado con la naturaleza que hemos destruido y comenzar desde ahí la reconquista de una nueva forma de entendernos que se revele mejor que la que nos ha traído hasta aquí. Si es que estamos a tiempo.

Mis disoluciones son parte de esa búsqueda porque no sé quién soy y me busco en lo que me rodea, que hoy toma el aspecto de un verde licuado: creo que la búsqueda, en estos tiempos, nos hace más humanos que las certezas. En verdad, nadie sabe quién es. Como mucho, hemos construido una ficción para no caer en la depresión, en la locura. Para seguir tirando sin pensarlo demasiado y rellenar nuestras tarjetas de visita. Lo que pasa es que, a veces, ese relato inventado está lleno de incoherencias semánticas, trucos sintácticos evidentes y faltas de ortografía. Pero disimulamos. O no. Algunos se niegan las dudas para no caer en la angustia y el miedo y se creen ellos mismos cuando se levantan cada día por la mañana.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Miedo a desconocerse en disolución de azul vertiginoso


Uno de los miedos más primitivos del ser humano es a desconocerse. No reconocer su conciencia, lo que es lo mismo que perder sus señas de pertenencia a un colectivo: expatriarse. De hecho, uno de los castigos más sistemáticamente usados contra el disidente es el destierro. En otros tiempos, el ostracismo equivalía a la muerte histórica y civil de un individuo, que desaparecía de la sociedad que lo expulsaba y, casi con toda seguridad, era igual que la muerte. Pero hoy no me refiero a que te expulsen del grupo al que perteneces, sino al hecho de que un día eres consciente de las escasas ataduras que te unen con tu entorno y te sientes extranjero entre los tuyos. O porque tú has cambiado en un sentido diferente a la sociedad o porque ésta se ha modificado tanto que tú no has podido seguirla. Como si la lengua que hablabas el día anterior ya no te sirviera para comunicarte.
En algunos momentos, los artistas, los pensadores, han tenido esa sensación. Algunos sienten que el progreso ha trasformado demasiado radicalmente, sin pausas, lo que había. Desde el siglo XVIII estos cambios se han acelerado. Mesonero Romanos, un costumbrista del siglo XIX, lo ejemplificaba con la pérdida del brasero español en beneficio de la chimenea francesa. Era un ejemplo humorístico pero que reflejaba a la perfección lo que pasaba en aquella época. De entonces a hoy, la aceleración del cambio no ha hecho más que aumentar y muchas personas no saben adaptarse a tiempo. Se refugian en sí mismos y piensan que todo era mejor en su juventud. En el fondo, son seres que la sociedad va dejando a un lado en diferentes grados de intensidad. No hay nada más desolador que un ser humano desorientado en su propia ciudad porque ya no sabe cómo cruzar una calle o utilizar un tecnología nueva.
Otros, en cambio, piensan que la sociedad no ha cambiado lo suficiente, que no es lo suficientemente moderna. Y suelen sentirse forasteros en su propia patria. Preferirían tener el pasaporte de otra nación, que jamás existe en la realidad. Aquellos que pueden se marchan lejos porque allí se sienten mejor, sobre todo porque no conocen en profundidad el nuevo país al que llegan y les basta con pasar por encima puesto que tampoco han de comprometerse. Suelen fabricar un espejismo del lugar de llegada y falsean su propia biografía, inventándosela. Hubo un tiempo que esa utopía era París o Londres o Nueva York, meros símbolos de su propia insatisfacción. O un viaje constante de un lugar a otro para no estar en ninguno.
Sea por lo que sea, el vértigo acelera un sentimiento de no pertenencia, descoyuntando el sentido grupal del que lo padece. Conozco personas que deben escapar a miles de quilómetros para quitarse la sensación de asfixia. Otros, en cambio, no pueden salir de su barrio ante un mundo que ya no comprenden. En ambos casos se tiene un sentimiento de huida o rechazo, como en esta disolución azul acelerada de la imagen. No son mayoría, pero todos, en una u otra medida, algún día hemos tenido esta sensación en la familia, en un grupo de amigos, al salir a la calle o leer los periódicos.
Del miedo a desconocerse a sí mismo hablaremos mañana.

Aviso a los nuevos miembros de la Burgosfera

Sugiero a los nuevos miembros de la Burgosfera que se den de alta en la lista de correo que creó y gestiona Neoburgos porque determinados avisos, información y puestas en común (como fijar la fecha del encuentro que tendremos el próximo sábado día 23) circulan a través de esa lista. Para darse de alta, se puede escribir un correo a los miembros antiguos o a Neoburgos en la dirección que puedes encontrar aquí.

martes, 19 de febrero de 2008

Gusanos en la conciencia.


De niños nos inculcaron el peso de la conciencia como un valor que nos advertiría si abandonábamos el camino recto. Luego estudiábamos que la conciencia podía ser también la comprobación de la propia existencia. Pero en nosotros, ese concepto quedó para siempre ligado a la moralidad y la religión. La conciencia nos hablaría al oído para advertirnos de los malos pasos o, si ya los habíamos dado, nos remordería de tal manera que deberíamos, antes o después, reconducir nuestro comportamiento con el perdón y el arrepentimiento. Es tal el peso de esa educación en algunas generaciones que la psicología conductista casi comienza por descargarlo de lo aprendido para que podamos perdonarnos a nosotros mismos. Como siempre, el exceso es malo. Sobre todo cuando su intención escondida puede ser la creación de un pueblo dócil. Y porque aquellos que lograban desprenderse de la conciencia como si fuera una camisa vieja actuaban con soberbia y jugaban con la conciencia de los demás para conseguir sus fines. También había quienes, anticipándose a lo que hoy pasa, se limitaban a ser felices y vivir en paz.
Hoy, dicen, la conciencia moral ya no es un valor o su alcance está tan limitado que ya nadie oye su voz, tan metidos como estamos en alcanzar cuanto antes la satisfacción más primaria e inmediata de nuestros deseos. Como mucho, acallamos su sonido con pequeñas donaciones y limosnas, gestos de caridad con nosotros mismos. No es bueno este vale todo, pero nos hace más llevaderas nuestras contradicciones y no nos enfrenta con el espejo.
No sé en qué pensaría este hombre al que están juzgando estos días por haber descuartizado a su mujer, según relata en un testimonio atroz, pero, según declara, se entregó porque el peso de la conciencia le pudo el día de la madre, cuando pensaba en sus hijos.
Sin embargo, en la Historia sabemos de casos de magnicidas y asesinos, torturadores de todo tiempo, asesinos fríos y despiadados, gobernantes que dominaban con el terror y la sangre y la manipulación de la conciencia de los demás, que dormían sin problemas cada noche y refinaban sus crímenes en grandes proyectos de lo que ellos llamaban progreso.
Es extraño el ser humano. Muy extraño.

lunes, 18 de febrero de 2008

Caminar deprisa para no ir a ninguna parte

Hoy estoy cansado. Ha sido un lunes largo y extraño. En los periódicos nace un estado tapón, como en la época napoleónica, que tendrá problemas para subsistir sin la ayuda y control de las naciones que lo apoyan. Sé que todos los pueblos tienen derecho a su independencia, pero cuando ésta se convierte en manipulación titiritera y una independencia de cartón piedra que no es la anhelada por los habitantes sino la que otros le otorgan es un error. Pero es su error y la historia dará la solución, espero que mejor que la que hubo porque si no volveremos a cambiar el mapa político dentro de un cuarto de siglo. Es significativo que aquí las grandes naciones se hayan tomado tan en serio las cosas, cuando en otros casos se dilatan las soluciones a la espera de que la frustración lleve al desistimiento, la dispersión o la muerte. Será verdad que la política internacional no se rige más que por intereses.
Hoy estoy cansado. Me ha dado por pensar que la Historia de la Humanidad camina deprisa hacia ninguna parte. Dicen que nuestra época postmoderna se identifica por eso, por abrir los ojos y darse cuenta de que las grandes teorías y creencias nos han llevado a guerras continuas, al desastre y la confrontación sin más final que la destructiva. Ahora que lo sabemos nos hemos convertido en seres escépticos, que aplicamos el perspectivismo a todo hasta llevarlo a su caricatura, para no creernos nada. Así vamos todos. Bastaría con agacharse un poco y mirar desde otro ángulo para vernos correr deprisa para no ir a ninguna parte.

domingo, 17 de febrero de 2008

Espectros

El diccionario define espectro remitiéndolo a dos campos distintos: el de lo sobrenatural y el de lo físico. No soy dado a lo primero, que achaco a fantasmagorías, engaños y trampantojos que nos destapan las articulaciones más frágiles de nuestra mente. Pero nuestro cerebro se empeña en sobrevolarse. Este empeño puede entenderse como conciencia de limitación o miedos que nacen de la conciencia del ser y la soberbia de querer trascenderse. Por ahora sólo tengo preguntas en disolución tenue puesto que esta secuencia continuará, como un débil hilo, en quien me suceda.

sábado, 16 de febrero de 2008

Segundo encuentro de blogs de Burgos



Ya es oficial. Convocados por Blogófago, como en la primera ocasión, tendremos el segundo encuentro el sábado 23 de febrero de 2008, a las 18:00 horas, en la cafetería de la Casa de Cultura de Gamonal. No hace falta ser miembro de la Burgosfera, sólo tener un blog y ganas de estar juntos un buen rato.
El diseño es del padrino.

Materia blanda

Pensamos que las cosas que nos rodean son sólidas pero hay fragmentos de espacio y tiempo en los que podríamos dudar, si nos atreviéramos, como si pudiéramos introducir las manos en esta pared naranja para mojarlas de materia y manipularla. Rodeamos nuestra vida de certezas para que todo nos ayude a sobrellevarla de forma cómoda: ignoramos las preguntas sin respuestas y mentimos a los sentidos tanto como ellos nos mienten. Incluso en situaciones penosas nos agarramos a las creencias como si fueran de la solidez del hierro porque si no no sabríamos seguir hacia adelante. No cuestiono las creencias, que a muchos ayudan, sino que ellas nos llevan, en demasiadas ocasiones, a ser ciegos e inactivos. La certeza de que no somos más que un puñado de arena nos lleva a la desesperación o a desistir de la vida, como si no fuera un buen motivo para conocer nuestro exacto y preciso impulso de vida. El ser humano es trascendente sobre todo porque hereda la acumulación de los que vivieron antes y tiene la posibilidad de trasladar todo lo que ha sido a los que vienen detrás. No todo es malo en nuestra Historia, aunque siempre debemos vigilar la bifaz blanda e inconsistente de lo que somos.

viernes, 15 de febrero de 2008

Redes autonómicas de teatro público y cuotas

Las redes de teatro público se crearon hace años en todas las Comunidades autónomas españolas con varios principios. Entre ellos, fomentar que se pudiera ver teatro -o se pudiera ver más teatro del habitual- en locales no siempre situados en las capitales de provincia, con el objetivo de facilitar el acceso a esta forma de cultura y de crear público. En este sentido, se constituyeron dos tipos de redes: los circuitos de localidades que, por su dimensión, dependían de las Diputaciones; las redes de teatro de poblaciones que ya no dependen de las Diputaciones al tener más de 20.000 habitantes. Es bueno que existan. A pesar de los entusiastas de la empresa privada, no suele haber empresarios que se acerquen a todas las localidades ni el dinero de los ayuntamientos da para sufragar en su integridad o en buena medida cualquier tipo de espectáculo. Si no existieran, los habitantes de gran parte de las localidades españolas -incluso algunas capitales de provincia- no podrían asistir jamás a una obra teatral. ¿Está en cuestión esto? Sería lo mismo que poner en cuestión el sistema de sanidad pública o el de educación. Pero ya sabemos que hay teorías que defienden el radicalismo liberal con argumentos de libre mercado, a pesar de sus consecuencias.
Otro de los principios es el de procurar un cierto respaldo económico y de trabajo a las compañías de cada autonomía. Entiéndase bien: ninguna compañía puede sobrevivir con las actuaciones en las redes de teatro público, ni es lo que se pretende. Pero con esta idea se alienta a la circulación en la región de las compañías propias, sometidas a condiciones variables en cada caso. El único riesgo podría deberse a la pereza o amiguismos de los programadores que siempre contratan a los mismos, pero, por principio, a ningún programador le gusta ver la sala vacía. Pienso que también es bueno que se apoye, con el dinero de cada autonomía, a los artistas correspondientes como se protege una industria propia o un producto con una denominación de origen. Hasta cierto grado.
Lo que está en cuestión es ese grado. En algunas comunidades -en la práctica o incluso recogido en la normativa-, las compañías propias monopolizan las redes públicas, dejando a la iniciativa privada la contratación de las foráneas. Esto puede provocar efectos perversos. Por una parte, que las localidades de tipo medio o pequeño tengan muy díficil ver en sus locales montajes externos de la comunidad. Por otra que, en un mundo que debe ser tan abierto como el artístico, no haya suficiente circulación de aire de fuera. Además, sucede que las propias compañías de esas regiones terminan por no salir de su propia tierra bien porque tienen el calendario ocupado, bien porque se procede a cierto castigo por otras comunidades más abiertas al sentirse en situación desigual. No se les contrata fuera porque no contratan lo de fuera. El empobrecimiento es enorme.
Sí es bueno que existan ciertos criterios por los que se prime a las compañías propias, pero el resultado nunca puede dar un porcentaje mayor que lo que viene de fuera. Por el bien de todos: de los artistas locales que deben competir en calidad con los de fuera, del público que también tiene derecho a ver todo tipo de espectáculos en una red que se paga con sus impuestos.

jueves, 14 de febrero de 2008

El estanque de los desagradecidos



No debemos esperar nunca nada a cambio de nuestros favores o de nuestras acciones más nobles. Dicen los psicólogos que gran parte de nuestras ansiedades se deben a que comerciamos con estos gestos que deben ser gratuitos y sólo deberían aportarnos la satisfacción propia del deber cumplido o de la ayuda al otro. Muchas de las relaciones familiares, amorosas o de amistad fracasan porque el que da espera ser correspondido de forma obligada en un retorno del favor o del cariño: da para que le devuelvan con la misma o mayor intensidad. Con esta perspectiva, convertimos la relación en un círculo que debe reintegrarnos satisfacción del otro cuando nos iría mejor provocando una cadena de favores cuyo receptor no fuéramos nosotros.
No esperes nada del otro. Haz lo que debas o te apetezca sin poner tasa de retorno o te convertirás en un egoísta, precisamente lo que no debe ser el que da, excepto que veamos las relaciones como una transacción comercial: quid pro quo. Tampoco ayudes si no te necesitan: eso no es ayuda, sino intromisión en la vida del otro.
Sin embargo, en el otro extremo, hay una patología aun más odiosa: la del desagradecido. En el fondo, el desagradecido no está rechazando nuestro favor sino que lo ha vivido con odio, viéndolo, en un cambio de registro absurdo, como una prebenda merecida por sus propias virtudes o, lo que es peor, como una humillación. Conozco seres rencorosos contra el que les ha ayudado en muchas ocasiones. No lo rechazan, porque necesitan ese apoyo o porque lo creen justo en su vanidad, pero siempre odiarán al generoso. Ellos son incapaces de dar nada porque se arrastran en el fango más sucio de la miseria humana, adoptando formas inertes, casi amorfas, pero, en cuanto pueden, explotan con toda la ira de su desagradecimiento, volviéndose ruinmente contra quien los ayudo. Simplemente, porque son incapaces de decir gracias. Hay palabras que a algunos les hacen llagas en la boca.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Los ausentes


Todos hemos notado la ausencia de alguien. Ese sentimiento vincula al ausente con nosotros y la situación por la que pasamos. Si estuviera aquí... Ahora tenemos los teléfonos móviles y enseguida llamamos a esa persona para que nos aconseje o comparta con nosotros la alegría o la tristeza. Recurrimos a este ingenio en exceso, como protestaba Pilar hace unos días. Pero parece no importanos incluso estar en un lugar en el que no tenemos intimidad: necesitamos compartir nuestra experiencia y sentir la cercanía del que está lejos.

Pero a veces el ausente no contestará a las llamadas a pesar de nuestra insistencia. Es un amigo lejano al que perdimos la pista hace años y con el que necesitamos hablar pero ya no tenemos su teléfono ni su dirrección, perdidos en un cambio de agenda. O aquel amor que resurge en nuestra memoria cuando hacemos algo -el hábito más rutinario- que nos lo recuerda.

O ha muerto. Sé de muertos cuya ausencia es tan notoria en los que lo conocieron que se hacen presentes a fuerza de echarles de menos. Están aquí, con nosotros, y aun se habla con ellos, se les pide consejo o se piensa qué hubiera hecho él o qué palabras nos hubiera dicho. Estos ausentes van configurando nuestra mente hasta que llegamos a pensar como ellos, recuperar sus gestos, sus costumbres. Incluso modelan nuestros rostros, como si fuéramos de arcilla, para que nos parezcamos cada día más a ellos y así heredamos sus cicatrices y arrugas. Poco a poco somos el ausente y aquellas sillas que quedaron abandonadas cuando se fueron vuelven a ser ocupadas. Y aquel que pasa junto a ellas piensa que se ha detenido el tiempo.

martes, 12 de febrero de 2008

La lectura insuficiente. De nuevo sobre Viene la noche.


"Esta novela es muy distinta de la que imaginé como cierre de mi trilogía. Nunca agradeceré lo suficiente a mi editor, Eduardo Riestra, su respeto ante mi cambio radical de planes". Así comienza la Nota final que añade Óscar Esquivias a su última novela, Viene la noche. Como saben los lectores habituales de La Acequia, Esquivias es una referencia habitual de este cuaderno y participé en la presentación vallisoletana de la narración y me encuentro en la fase final de redacción de un estudio sobre la trilogía que cierra este título y que se inició con Inquietud en el Paraíso y continuó con La ciudad del Gran Rey.

Hago esta nueva entrada a sugerencia del autor de BlogochentaBurgos, que me puso en conocimiento de cierta polémica que se ha puesto en evidencia en foros de Internet sobre la novela, en la que se manifiesta la decepción de algunos lectores porque el autor no decidiera continuar la trama argumental de las dos primeras. Anticipo, pues, algunas de las claves de mi estudio.

Respetando todas las opiniones y los diferentes accesos posibles a la lectura, en lo que he leído se observa, por lo general, una contradicción entre los que se sienten decepcionados pero aseguran, al mismo tiempo, que es una gran novela. Otros ni siquiera han podido disfrutar de la lectura porque no encuentran la continuación de la trama de las dos primeras en las páginas de esta tercera.

En primer lugar, cabe señalar que entender el concepto de trilogía sólo desde el punto de vista argumental es un empobrecimiento de la materia artística. Además, quien compra un libro de una obra en curso de publicación no firma un contrato con el autor que obligue a éste. El buen lector sabe que buena parte del placer viene dado por las sorpresas y giros introducidos por el autor en lo previsible. Exigir que una trilogía sea sólo continuación del argumento inicialmente planteado pone de manifiesto, sin que esta afirmación tenga la intención de ofender a nadie, la lectura fácil a la que ha habituado el tipo de literatura de consumo masivo que sólo aporta al lector el mero placer de la lectura directa. Necesaria, por supuesto, y gozosa, pero insuficiente. Esto nos ha llevado, en las últimos tiempos, a un tipo de narración de fácil digestión pero sin ningún tipo de riesgo. Quizá sea consecuencia, por efecto pendular, del exceso de experimentalismo de la etapa anterior. En cualquiera de los estantes de una gran librería se amontonan decenas de novelas recientes que sólo se diferencian por la trama pero están escritas desde las mismas premisas estéticas, como meros clones, y que, en este sentido, sólo aportan aburrimiento y monotonía. La mayoría ni siquiera plantean un argumento sólido, pero eso es otra cosa.

Entiendo la frustración de los que esperaban saber exactamente qué pasaba con los expedicionarios de las dos primeras novelas cuando no se les ha dicho directamente su final. Pero alabo la osadía de Esquivias, que me ha sorprendido para bien. En primer lugar, porque el final ya estaba escrito en la Historia y en las dos primeras partes. En segundo lugar, porque ha enriquecido la trilogía. Ha convertido lo que podría ser un mero artificio argumental -¿qué podía hacer Esquivias: regresar a la verosimilitud convirtiendo lo ocurrido en la segunda novela en un sueño, un delirio; profundizar en lo fantástico desaforadamente de una manera plagada de trampas?- en un giro cervantino de la trilogía dantesca. A la manera de Cervantes en El Quijote, Esquivias introduce el argumento de las dos primeras partes como elemento metaliterario -de forma irónica y divertida- de la tercera. En el fondo, igual que Cervantes, que cuando se entera de que otro autor ha publicado una segunda parte de su obra da un golpe de timón al argumento, Esquivias modifica la línea predecible de su novela.
No sé si estaba o no en la idea de Esquivias, pero igual que Cervantes hizo de su novela un muestrario de tipos de narración, él nos dio en Inquietud en el Paraíso la versión actual de una narración de aprendizaje realista, enraizada en la modernidad; en La ciudad del Gran Rey el ejemplo de una narración fantástica, enclavada en el experimentalismo del final de la época moderna; en Viene la noche, un perfecto ejemplo de narración articulada en la forma de entender y contar de este final del postmodernismo en el que nos hallamos.
A pesar de lo que he dicho hasta ahora, ha de advertirse a los que se han sentido decepcionados por este cambio, que Esquivias sí concluye la trilogía. Y lo hace de forma magistral: el infierno es un mundo contemporáneo en el que las certezas se han perdido, el sistema surgido tras una guerra declarada para afirmar una u otra ideología como verdad se ha derrumbado y cada uno debe pactar consigo mismo y con el estrecho margen histórico en el que se mueve, con su memoria, hasta donde le sea posible.
Además, Vuelve la noche, aunque no fuera la tercera parte de una triología, es una gran novela. Una de las mejores novelas publicadas en español en los últimos años. Y tiene muchas posibilidades de lectura. Animo a leerla en la mayor parte de ellas para poder disfrutarla.

lunes, 11 de febrero de 2008

No siempre es la luz

Lo parece, pero no son rayos de luz. Es disolución de tela, pero no importa, voy creyendo que las cosas no son sino lo que percibimos. Es un viejo dilema éste: ¿las cosas existen o sólo son porque y como yo las siento? Todos conocemos la paradoja del sonido de un árbol que cae en mitad del bosque, en donde nadie puede oírlo. De niños nos enseñaron la descomposición de la luz pero no nos indicaron las zonas que quedan en la parte del espectro no visible. El ser humano ha sido siempre soberbio y se ha explicado las cosas según su circunstancia individual. Pero ha dejado demasiadas fuera de lo que puede ver. Y no es falta de fe, porque no hablo de creencias, en contra de lo que muchos estaréis pensando, sino ignorancia.

domingo, 10 de febrero de 2008

Todo está bien, como una pared delicadamente pintada de verde.


Me suelen despertar inquietud las casas cuidadas hasta el último detalle. Siempre aventuro sucesos brutales en su interior, tras la escena preparada para una revista de decoración. Busco en ellas, minuciosamente, una grieta por la que la vida, con su caos, entre y deshaga la apariencia. El minucioso cuidado ornamental me habla de esta sociedad en la que vivimos, en la que queremos habitar en un mundo limpio y ordenado y sólo admitimos lo que trastorna nuestros intestinos pensando que eso sucede en lugares lejanos, mientras esperamos los anuncios televisivos para contemplar el plástico de la belleza. Sociedad en la que delegamos la guerra para que no nos afecte, en la que somos más violentos usando la frialdad aséptica de quien da las instrucciones que del sicario. La lucha de los que nos muestran el artificio es larga y penosa porque molestan a nuestra conciencia adormecida y nos indican que, tras el delicado verde y la enramada hermosa, se oculta la mancha de humedad y moho, pero es necesaria porque, sin estos testimonios, no nos pesaría la conciencia porque andamos ciegos y protestaríamos, no tanto por pensamiento como por estética o para que no se nos amargue la suave tarde de un domingo. Hoy han coincidido, en los periódicos, la supresión de la silla eléctrica y la foto de un osario y su administrador, en quien delegamos, que nos victimiza a todos por cerrar los ojos. No son situaciones equivalentes, por supuesto, pero ambas son muestras de cómo transferimos el horror y corremos a encerrarnos en nuestro jardín, tras la tapia verde delicadamente pintada. Con la ilusión de que a nosotros no nos llega, porque somos inocentes.

sábado, 9 de febrero de 2008

He luchado contra ti pero he perdido siempre.


Nos sucede, a veces, que los combates que damos en la vida son contra nuestras propias emociones y apetencias, tan instaladas en nosotros que arrancarlas es destruirnos las entrañas. Intentamos ganarnos cada día contra aquellas inclinaciones que sabemos que nos dañan o procuramos corregir cosas de nuestro carácter que nos perjudican: agresividad, pereza, exceso de pasión, tendencias ciclotímicas. Ponemos diques que al final se oxidan, resquebrajan y revientan y lo contenido salta con más fuerza y nos atenaza: nos entregamos con fruición a ello porque recobramos el placer de lo que éramos y nos prohibíamos. Somos como esas viejas torrenteras urbanizadas de forma imprudente que son inundadas por las aguas que vuelven a su cauce. En otras ocasiones luchamos contra nuestros sentimientos, incluso con rabia. Por ejemplo, intentando olvidar aquel amor. Yo me he engañado siempre con pequeñas victorias, sabiendo, de antemano, mi completo fracaso.
En nuestras derrotas nos encontramos, más aun que en nuestros éxitos.

viernes, 8 de febrero de 2008

El infierno es una disolución cremosa de azulejo blanco.

Siempre imaginamos el Infierno como un lugar tortuoso, oscuro y sofocante. El Papa católico Benedicto XVI ha dejado las cosas en su sitio y ha vuelto a hacer real lo que parecía ser una metáfora, lo que ha debido ser un ajetreo para el Demonio. Nadie ha podido narrarnos las crónicas de ese lugar, pero quizá el peor Infierno que yo pueda imaginar sea impoluto, aséptico, blando y anodino, y se encuentra entre nosotros, como esta disolución cremosa de azulejo blanco.

La escritura desatada.


De pronto se me ha desatado la palabra. En pocas horas he redactado cuatro entradas. La primera aquejado de dudas y sequía. La segunda tras leer las propuestas electorales de un periódico y volver a confirmar que la cultura no le interesa a casi nadie. La tercera dando cuenta de que se comienza a promover nueva reunión de blogueros. La cuarta agradeciendo regalos y remitiéndolos. Es curioso lo que pasa a veces. Escribo esto de madrugada y mi día había comenzado con el susto de que el ascensor de mi casa no se abrió en la planta baja y hube de subir a otro piso para poder salir tras un minuto de incertidumbre. Mientras tanto, hice la disolución encerrada de las luces del techo. Es lo malo de esto, que incluso quedándote encerrado en el ascensor sacas la cámara y piensas una entrada.

Me han llenado de regalos.


En pocos días, me han llenado de regalos.
Hay varias corrientes de unión en el mundo de los blogs, además de la lectura silencionsa. Por una parte, la red que se establece con los comentarios cruzados y los enlaces a los preferidos. En segundo lugar, los memes, que uno recibe y debe pasar a otros ampliando su efecto por todo Internet. En tercero, regalos de premios, sellos y presentes virtuales que prueban el afecto que uno siente por otros.
Hay una ley no escrita que prohíbe romper estas cadenas, como si te ganaras una maldición bloguera.
A mí me han llenado de regalos dos mujeres. Primero fue Nana Lopes, que me ha venido a La Acequia (quizá a través de mi admirada São) con toda la suavidad y encanto brasileños, llena de sensaciones y la dulzura agradable de su blog. Ahora mi querida Nerea, sin cuyos besicos periódicos me siento mal y que tanto me alegra con sus entradas llenas de vida y humor amable. Gracias a las dos. Una al otro lado del mar, otra en tierras mañas.
Y se los doy todos juntos, en un abrazo enorme, a María y Ana, porque van camino de ser mejores que su padre y eso ya de por sí es todo un mérito difícil de conseguir.

jueves, 7 de febrero de 2008

Segundo encuentro bloguero en Burgos.

Nuestro querido Blogófago, como quien no quiere la cosa, lanza la idea del segundo/tercer (con permiso de La Voz de Gamonal) encuentro bloguero en Burgos. Recordemos que al primero, celebrado el 28 de abril de 2007, convocado por él mismo, que fue quien nos unió a todos, acudimos, por orden de aparición, un servidor, Caminando en el desierto, Código de barras, Neoburgos, Quinta Essentia, A Vista de Cerdo y el mismo convocante, además de la incógnica del redactor perdido de LVdeG. De aquel encuentro surgieron muchas cosas: amistad, la consolidación de los lazos establecidos entre aquella comunidad incipiente, la Burgosfera, etc. Ahora somos más de 40 y camino rápido de los cincuenta, lo que es un gran éxito en menos de un año. Sin aquel encuentro, la celebración y repercusión de Mutantes hubiera sido más difícil y los nuevos proyectos imposibles.
Ahora bien, podemos ser tantos que buscamos lugar. No hay prisa, estas cosas tardan semanas en cristalizar. La buena sintonía ya la ponemos nosotros.

Un tres por ciento de cultura... y gracias.

El Mundo ha distribuido hoy, en su suplemento Documentos, 100 Propuestas para defender y fortalecer la democracia. Es algo habitual en este periódico antes de las elecciones generales. Lo califica como "gran programa de fortalecimiento democrático e impulso económico que proponemos a la sociedad española ante unas cercanas elecciones en las que cada voto puede ser más decisivo que nunca" y anima a confrontarlo con los programas de los partidos políticos. El trabajo ha sido redactado y coordinado por Pedro G. Cuartango, bajo la supervisión de Pedro J. Ramírez, a partir de las propuestas de varios redactores y colaboradores habituales del diario y recogiendo las ideas y sugerencias de los lectores.

Son cien propuestas. Me ocuparé de las que entran en el ámbito de La Acequia: las dieciséis que se recogen en el Capítulo VII, denominado Enseñanza, cultura y medios de comunicación. De ellas, 5 se destinan a la educación, tres a la cultura, 1 al deporte, 3 a los medios de comunicación, 2 a las nuevas tecnologías, 1 a la seguridad vial y otra a los incentivos para la formación de jóvenes trabajadores con ninguna formación universitaria o de grado medio.
Sé que muchas de las propuestas pueden ser entendidas como transversales y que enlazan con diferentes campos, pero quiero detenerme en las que exclusivamente se proponen para el ámbito cultural.
De las tres dedicadas a la cultura (90, 91 y 94), la primera aborda la Política de ayudas al cine y Archivo Nacional audiovisual. Es un texto completamente escrito en cursiva y, por lo tanto, se trata de una propuesta refundida a partir de todas las aportaciones. En ella se propone la eliminación de todo tipo de cuotas de pantalla en función de la nacionalidad de la producción y la reforma de la política de subvenciones de la industria del cine, suprimiendo las discriminaciones que sufren las cadenas privadas de televisión. Además, la creación de un Archivo Nacional, en el que se guardarán todos los documentos visuales y sonoros ahora dispersos en diversas instituciones. Esta segunda idea es necesaria. Como investigador, sé lo que cuesta encontrar documentos de nuestro pasado, incluso del más reciente, la dispersión y carencias de nuestros fondos históricos y la imposibilidad de reconstruir determinados períodos de nuestra Historia. En cuanto a la primera, no está suficientemente elaborada más que en lo negativo. Suprimir la política de cuotas de pantalla sin más no es proteger el cine español alentando su competitividad sino eliminarlo sin más, entregando las salas de exhibición y las pantallas de televisión directamente a las grandes productoras norteamericanas que han conseguido un dominio absoluto del mercado. Me pareció muy inteligente el análisis a este respecto de Román Gubern en su artículo ¿Por qué no gusta el cine español?, publicado en El País y que comenté en una entrada del blog amigo No te detengas. Si se elimina todo tipo de cuotas deberá exigirse que las películas se proyectasen en su integridad artística, es decir, en versión original, por ejemplo. El cine de las grandes productoras norteamericanas compite en situación tal de predominio que si este mismo hecho sucediera para cualquier otro aspecto de la vida española todos reaccionaríamos de forma patriótica saliendo a la calle y convocando manifestaciones. Responde a un viejo argumento del neoliberalismo por el cual se supone que la libre competencia mejora los resultados. En la cultura no es así: los uniforma en beneficio del más fuerte. De hecho, al público mayoritario ya se le ha educado en el gusto fabricado por este tipo de películas y difícilmente le gustará otra cosa. Ahora habría que intentar que las viera en inglés, así, al menos, perfeccionaría sus conocimientos y respetaría la integridad del producto artístico. Nada que objetar en el hecho de que las cadenas privadas tengan los mismos derechos. Pero también deberían tener las mismas obligaciones.
La segunda propuesta pide la Supresión del canon digital que grava a los teléfonos móviles, las cámaras y los reproductores de DVD y otros aparatos electrónicos. A cambio, se deberán promover leyes para proteger los derechos de autor cuando realmente se utiliza la propiedad intelectual ajena. Me parece una medida correcta, con alguna dificultad de aplicación en la segunda parte. Yo añadiría el control de las subvenciones y otros tipos de beneficios de la SGAE, pero siempre respetando la propiedad intelectual en todos sus ámbitos, tan necesitada de protección como la propiedad privada.
Por último, se propone la Recuperación del Patrimonio y Museos gratuitos. En ella se pide la recuperación del patrimonio artístico nacional que se encuentra fuera de España. Me parece bien, pero creo que es una medida más voluntarista que posible sin articular más, porque gran parte del patrimonio artístico español fue vendido por sus propietarios en épocas en las que la ley (o su ausencia) lo permitía y la escasa preocupación que los españoles han tenido en su historia por el patrimonio cultural daba pie a la venta al por mayor de papeles, cuadros, piedras o lo que fuera. El tanto por ciento recuperable con las leyes internacionales en la mano es mínimo y, por lo tanto, podría haberse empleado la propuesta número 94 para algo más ambicioso. Hágase, sin embargo. Como también, si las leyes europeas lo permiten, la entrada gratuita en los museos para todos los ciudadanos de la Unión Europea, cosa buena si se acompaña de unos programas suficientes de divulgación e información de sus contenidos y se evita la masificación que impide su disfrute y su función social.
Y ya está. Escasa atención a la cultura me parece, con ausencia de verdaderas propuestas que contribuyan a mejorarla. Hay demasiadas carencias al respecto en un texto tan ambicioso como que pretende, ni más ni menos que el fortalecimiento de la democracia, pero no es un problema sólo de los que han hecho las propuestas ni de los que han sugerido modificaciones, sino de toda la sociedad española, que toma la cultura como mero espectáculo de diversión. Sólo un tres por ciento del total de las propuestas. Lo malo es que ya es un tres por ciento mayor que las iniciativas de otros. Así nos va.

El mal del paseante



El paseante, como todos, tiene sus días malos. Días en los que duda de la certeza de su mirada, de si interesará a alguien lo que cuenta o si perderá los ánimos. Hace tiempo, para romper el temor al espacio blanco que debe llenarse con palabras y signos, recurrió a los pomelos de Vicent. Todos los que escriben periódicamente y publican su escrito de una forma u otra, antes o después sienten flojear las fuerzas. Pienso que la mejor manera de que no suceda es sentarse a escribir a diario aunque no apetezca, pero a veces fallan los temas o la expresión, o vence la pereza a la constancia. Si, además, no es nuestro oficio, aquel con el que ganamos la soldada, hay otras cosas prioritarias que nos reclaman.

Hace tiempo que decidí que La Acequia debía ser diaria y tratar, sobre todo, de cosas relacionadas con la cultura, la educación y la creación artística, aunque eso me restara lectores. Quería, en este blog, verter con tolerancia mi análisis de la sociedad actual en estos ámbitos. Y, desde entonces, este tiempo que dedico a escribir mi entrada y a comentar en los blogs amigos o dejarme ir por otros con afán de descubrimiento y aprendizaje es el único verdaderamente mío del día, el que guardo celosamente porque si no me faltaría algo. Hay muchas discusiones -tan poco originales que parecen la primera repetida con la técnica del corta y pega- sobre los blogs. He llegado a la conclusión de que me importan poco porque la realidad las ha superado. De aquellos primeros blogs pioneros que consistían poco más que en un almacén de enlaces y cosas que uno encontraba en Internet a la variedad y complejidad de lo que existe ahora hay todo un mundo cuya evolución se ha fraguado en tan poco tiempo que sorprende. Pero somos millones de personas los que dejamos constancia en nuestros blogs de todo lo que interesa: política, tecnología, cultura, creación artística, relaciones sociales.

Por eso continuo con mi entrada diaria, porque sé que amplío mi mundo, que pertenezco a una comunidad social que tiene su núcleo en un lugar concreto del ciberespacio pero se amplía cada mes con nuevos contactos, que me ayudan a comprender mejor el mundo en el que me muevo y a mirarlo de otra manera. También he querido que La Acequia sea un ejercicio periódico para experimentar las posibilidades artísticas de este medio.

Y sigo buscando la mirada. Aunque, a veces, la premura o la ansiedad me la devuelva divertida, irónica y despiadada en disolución azul en las lunas de los automóviles, como en la foto.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Vida acolchada.

El ser humano necesita acolchar su vida. Incluso los vagabundos, cuando prevén dormir varias noches en el mismo sitio, tienden a crear un hogar reconocible y suyo. Quizá está en nuestros genes desde que la especie se dio cuenta de que los individuos solos no sobrevivían mucho tiempo fuera del grupo. Por la conciencia de nuestra fragilidad surgió nuestra soberbia colectiva y el progreso se ha entendido, en gran medida, como el control abusivo y la manipulación exagerada de la naturaleza. El tema ha dado lugar a sesudos tratados y reflexiones filosóficas que leí hace siglos. Pero hoy he querido fijarme en lo más cotidiano. Todos estamos de acuerdo en este primer mundo en que hasta los parques infantiles sean lugares de mínimo riesgo para los niños, que viven en una burbuja de sopreprotección que, curiosamente, no les aleja de la violencia, que muta porque también está en nuestros genes. Sólo admitimos una pequeña ventana al mundo en los noticiarios televisivos en los que vemos niños soldados o abandonados en las grandes ciudades del mundo o realizando penosos trabajos. Los padres de aquí no queremos que nuestros hijos sufran estas penalidades ni percances en sus juegos, como es lógico. Y las administraciones no quieren demandas ni quejas vecinales. Pero la exageración nos llega hasta el pie de los árboles. Fabricamos jardines como si de juguetes se trataran. Y todo es sintético ya en nuestras vidas. Quizá ya hasta la vida misma. Y la muerte.