En el oasis de Turpan. al noroeste de China, se investiga una momia de hace unos 2.800 años. Lo que le hace diferente a otras encontradas en el mismo sitio es que, junto a su cuerpo, se han hallado una hojas de marihuana. Señalan las noticias de las agencias que los científicos no logran explicarse su presencia en ese lugar, puesto que el consumo de marihuana no era conocido allí. Se añade el misterio de que la momia parece presentar rasgos caucásicos.
Aparte de lo anecdótico de una momia colocada, hay una cosa que me llama la atención: la perplejidad de los científicos recogida por la prensa. El oásis de Turpan, uno de los lugares más calurosos de toda China, situado a 150 metros bajo el nivel del mar, en plena ruta de la seda, debió ser un lugar transitado por todo tipo de comerciantes, aventureros y visionarios. Hoy pensamos que los viajes los hemos inventado en la modernidad cuando lo que hacemos nosotros no es viajar, sino trasladarnos cómodamente. Aunque la mayor parte de los habitantes de este planeta no se moverían nunca de su barrio -o de su cueva- si no tuvieran que comer, siempre hay una pequeña proporción de seres humanos que quiere saber qué hay más allá de la siguiente colina. Estos son los que han cartografiado nuestro planeta con las cicatrices de su cuerpo.
El hombre momificado de Turpan tenía unos cuarenta años y procedía de lejos. Quizá buscaba abrir nuevas rutas comerciales o quizá se había lanzado a la aventura de vivir queriendo descubrir el límite del mundo y para ello cargó con una pequeña bolsa de hojas de aquella planta. Consiguió ser reconocido por alguna razón, porque le embalsamaron.
Aquí sí hay una novela.