Desde hace un tiempo persigo más amaneceres. ¿Cómo eran los movimientos del sol que nos explicaron en la escuela? Hoy sé que esto que veo cada amanecer es aparente, provocado por el movimiento de la Tierra, por la inclinación del eje del planeta y la órbita elíptica, pero no le quita misterio. Nunca había prestado tanta atención como ahora, quizá es la certeza de que me quedan menos de los que me pasaron inadvertidos. A veces salgo a la terraza con la taza de desayuno en la mano, a nada, a ver amanecer. Hace nada, el sol me amanecía en el cerro y hoy ya está más al noreste y comenzará su camino de regreso al sureste a partir de San Juan. ¿Cuántos días así sobre la ciudad? Ni la Tierra ni el Sol están fijos, en su caminar hacia el verdadero tiempo que los hace y deshace.
Cuatro astronautas van ahora camino de la Luna en la nave Orion, dentro de la misión Artemis II. Artemisa/Diana fue una diosa muy popular en el mundo clásico. Era la divinidad de la caza y de la vida salvaje, hermana melliza de Apolo. Con el tiempo, Apolo sería el dios del Sol y Artemisa la diosa asociada a la Luna. En este viaje hay una mezcla, como en todo lo humano. Ahí van las ganas de aventuras, conocimiento, descubrimiento y perfeccionamiento técnico de esta curiosa especie que somos; ahí van también el ansia de dominio, la competencia entre países, los intereses comerciales y la necesidad de explotar todo lo que tenemos a nuestro alcance. El cohete más potente del mundo al servicio de la etapa de mayor desarrollo de la inteligencia humana mientras perviven los rasgos más sanguinarios y depredadores de lo que somos. Aquí abajo seguimos matándonos, permitiendo que los intereses más depredadores del mundo financiero controlen nuestras emociones y buscando cualquier grieta para demostrar nuestros sentimientos más despreciables. El ser humano capaz del prodigio y la ternura y de la violencia más extrema. Se nos olvida tan pronto todo lo conseguido.
A media mañana bajé a comprar miel de los montes Torozos que venden en la panadería del barrio. Miel de las colmenas de las ondulaciones del sur de Tierra de Campos, campos de encinas. En cada ocasión, cambio: miel de espliego, tomillo, encina. Se me está terminando el tarro de espliego y me he subido la miel de encina, más oscura. Al guardarla en la estantería he recordado los encinares desde el límite con Zamora hasta la misma ciudad de Palencia y su monte El Viejo, en donde colgamos hace tiempo la vieja estructura de un reloj de cuco con la esperanza de que se convirtiera en nido. Si fuera que una abubilla.

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